25365(08-06-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25365  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

Aprobado acta número 55  

Bogotá,  D.C,  ocho  de  junio  de  dos  mil  seis.   

Decide la Corte lo pertinente con relación a  la  admisión  de  las  demandas de casación interpuestas por los defensores de  Jovita  María Ruíz Rambao y  Ramses  Sánchez  Callejón,  contra  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal Superior de Bogotá el 21 de  junio  de  2005,  mediante  la  cual confirmó la del Juzgado séptimo penal del  circuito  especializado  de Bogotá, que los condenó, a la primera, como autora  de  los  delitos de concierto para delinquir con fines de narcotráfico y lavado  de  activos,  y al segundo como autor del delito de concierto para delinquir con  fines de narcotráfico y tráfico de estupefacientes agravado.   

HECHOS  

          Así    fueron    narrados    en    la    decisión    de    segunda  instancia:   

          “Entre  los  años 2000 y 2001, autoridades de policía españolas  y  del  D.A.S.  de  Colombia  en  labores  de  inteligencia, descubrieron varias  personas  que  dentro de contenedores exportaban mercancía legalmente, a la vez  que   enviaban   droga   vía   marítima   camuflada  de  Colombia  a  España;  aprehendieron   dos   cargamentos  de  alcaloides  en  el  puerto  marítimo  de  Barranquilla  pertenecientes  a  tal  organización  de narcotráfico, a la cual  (sic) incautaron otra importante cantidad en España.   

          “Mediante   interceptación   de   teléfonos,   se   detectó  la  vinculación   en  el  tráfico  de  Antonio  Manuel  Baselga  Izquierdo,  quien  coordinaba  las  acciones  en  España y que su padre Antonio Baselga Martín lo  hacía  en  Colombia;  a estas actividades también se dedicaban Antonio Baselga  Savater,   hermano   del   primero   e   hijo   del   segundo,   y  Ramses Sánchez Callejón.   

          “Con   el   fruto   de   sus  actividades  ilícitas  los  Baselga  adquirieron  un  emporio  económico; les decomisaron en España sumas de dinero  considerables  en efectivo, inmuebles y vehículos de alta gama, mientras que en  Colombia  se  detectó  capital  de  la  organización,  representado  en varios  inmuebles,  los  cuales  se dijo manejaba Jovita María  Ruíz  Rambao,  ex esposa de Baselga Martín, dama que  además,    se    encargaba    de    ‘blanquear’  moneda europea en Colombia.”   

ACTUACION PROCESAL  

          Una   de   las   fiscalías   especializadas  de  la  ciudad  abrió  investigación  penal  el  31  de agosto de 2001 (fs.,  130  cuaderno  3), luego de lo cual y después de haber  vinculado  a  Ramses Sánchez Callejón y Jovita María  Ruíz  Rambao,  les  definió su situación jurídica,  imponiéndoles  el  21  de  septiembre  de  2001,  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  la cual fue confirmada el 26 de diciembre siguiente por  la  fiscalía delegada ante el Tribunal Superior (fs.,  25 cuaderno de segunda instancia).   

          El  27  de  junio de 2002 cerró la investigación, la que calificó  el   23   de   agosto   de   2002,   acusando,   entre   otros,  a  Ramses   Sánchez   Callejón,   por   los   delitos   de  tráfico  de  estupefacientes  agravado y concierto para delinquir con fines de narcotráfico,  y    a   María   Jovita   Ruíz   Rambao,   por  los  de  lavado  de  activos  y  concierto  para  delinquir  con  fines  de narcotráfico  (fs.,      274      cuaderno      15).   

          El  29  de noviembre de 2002, la fiscalía delegada ante el Tribunal  confirmó  la  decisión  (fs., 69 cuaderno de segunda  instancia).   

          Luego  de  asumir  el  conocimiento  del asunto, el Juzgado séptimo  penal  del  circuito especializado de Bogotá citó a audiencia preparatoria, la  cual  se  inició  el 3 de abril de 2003, como antesala de la audiencia pública  que  comenzó  el  29  de  mayo  siguiente  (fs.,  73  cuaderno  18).            

          Mediante  sentencia  del  12  de  julio de 2004, el Juzgado séptimo  penal   del   circuito   de   Bogotá  condenó,  entre  otros,  a  Ramses   Sánchez  Callejón,  a  la  pena  principal  de 14 años de prisión y multa de 3.200 salarios mínimos legales, y  a    María   Jovita   Ruíz   Rambao   a  la  de  8  años  de  prisión y multa de 3.000 salarios mínimos  legales,  como autores de los delitos que les fueron imputados en la resolución  acusatoria   (fs.,   54   cuaderno   20).   

          A  resolver  el recurso de apelación interpuesto por los defensores  de  los sindicados, el Tribunal Superior de Bogotá, mediante providencia del 21  de   junio   de   2005,   confirmó   la  decisión  de  instancia  (fs., 33 cuaderno tribunal).   

Contra  esta  decisión,  la  defensa  de los  sindicados, interpuso el recurso extraordinario de casación.   

DEMANDAS DE CASACION  

          1.    Demanda    presentada    a    nombre   de   Ramsés   Sánchez  Callejón.   

          Después   de   hacer  referencia  a  los  hechos  juzgados  en  las  instancias,  indicar  la  actuación  procesal  y  los  sujetos  procesales  que  intervinieron  en  la  actuación, el demandante propone, en orden de prioridad,  dos cargos contra la sentencia de segunda instancia.   

          Primer cargo.   

          Con  fundamento  en  la  causal  tercera de casación, el recurrente  acusa  a  la  sentencia  de ilegal por haberse proferido en un juicio viciado de  nulidad.   

          Después  de  solicitarle  a  la  Corte  que  tenga  en  cuenta  los  argumentos  expuestos  en  la  audiencia  pública de juzgamiento, el demandante  aduce  que la sentencia se profirió en un juicio viciado de nulidad, al haberse  aportado   como   prueba   trasladada   algunos   fragmentos  de  conversaciones  telefónicas   que   sostuvieron   Ramsés   Sánchez  Callejón   y  Antonio  Manuel Baselga Izquierdo,  obtenidas   a   través   de   interceptaciones  realizadas  por  investigadores  españoles,  sin  que  se hubiesen aportado los documentos en los que conste que  fueron ordenadas por autoridad judicial.   

          Tal  irregularidad  afecta, a su juicio, el derecho de defensa, pues  al  conocerse  solo  fragmentos  de  aquellas, se  le impidió a la defensa  explicar el sentido exacto de los diálogos.   

          Ante   esa  realidad,  las  instancias  colmaron  esas  deficiencias  mediante  interpretaciones  subjetivas  de  la  prueba,  y  como si eso no fuera  suficiente,  hicieron  caso  omiso de las razones de la defensa, limitándose el  Tribunal  a  una  “muy  lacónica, superficial y en  algunos  aspectos  errónea  exposición  e  interpretación  de mis alegaciones  hasta  el punto de que prácticamente el 90 % de ellas quedó sin los requeridos  examen y atención.”   

          Aparte  de ello, insiste en controvertir la legalidad de la prueba y  reitera   que  la  interceptación  de  las  llamadas  telefónicas  debe  estar  precedida  de  autorización  judicial,  que  es precisamente lo que no ocurrió  durante el trámite del proceso.   

          Segundo cargo.   

          Con  apoyo  en  la causal primera y sin hacer alusión a la clase de  error,  el  censor  señala  que se condenó a su cliente con base en argumentos  que  maniataron  a  la  defensa, no por que el tribunal hubiese expuesto razones  incontrovertibles  en  apoyo de sus tesis, sino porque no enseñó objetivamente  cuales fueron sus apreciaciones frente al material probatorio.   

          Pese  a  ello,  aduce  que en lo poco que dijeron las instancias, se  percibe un error de hecho en la apreciación de la  prueba.   

          “…   el   error   de   hecho  ha  consistido  en  darle  a  las  manifestaciones  de  los  señores  Sánchez Callejón  y   Baselga  Izquierdo,  hechas  a  través  de  les  telefonemas  aludidos, interpretaciones acomodadas a situaciones respecto de las  cuales  no  se  ha  demostrado  que  hayan  tenido relación por lo menos con el  primero  de  ellos, considerando los funcionarios judiciales en todo momento que  el  lenguaje  empleado  por ellos fue críptico pero que, a pesar de no contarse  con    el   código   o   los   equivalentes   linguísticos   correspondientes,  necesariamente  estaba haciendo alusión a actividades delictivas efectuadas por  terceros,   es   decir,  descartando  toda  posibilidad  de  que  realmente  los  interlocutores    estuvieran    hablando    de    temas   distintos   a   dichas  actividades.”   

          En   ese  orden,  lo  que  hizo  el  tribunal  fue  deducir  de  las  expresiones  utilizadas en las llamadas telefónicas la presunta conexión entre  el  autor  y  su  obra.  Mas  como sobre el punto la defensa ya ha anticipado su  criterio  y  a  él se remite, le pide a la Corte considerar lo expresado en las  diligencias  de  audiencia  pública  y  en  la  sustentación  del  recurso  de  apelación propuesto contra la sentencia de primera instancia.   

          2.   Demanda   presentada   a   nombre   de   Jovita   María  Ruíz  Rambao.   

          Tres  cargos  con  fundamento  en  el  cuerpo  segundo  de la causal  primera se formulan contra la sentencia de segunda instancia.   

          Primer cargo.   

          En  él  se  acusa  a la sentencia de haber incurrido en un error de  derecho por falso juicio de legalidad.   

          En  criterio  de  la  demandante,  las interceptaciones telefónicas  –  las  cuales  no indica  – son ilegales, por haber  desconocido  los  requisitos  del  artículo  301  del  código de procedimiento  penal.  Según  esa  norma,  las  grabaciones  deben  trasladarse al proceso por  escrito  certificado  por  el  respectivo  funcionario. Empero, ningún servidor  judicial   corroboró   que  las  transcripciones  realizadas  por  la  policía  correspondieran a la verdad.   

          Al  no  reunir  esas  transcripciones  los presupuestos de legalidad  indicados,  es  evidente que son inexistentes, pues además no fue el juez quien  realizó  la  transcripción  de las mismas, como debe hacerse para preservar la  legalidad  y  fidelidad  de  la  prueba,  según  lo  anotan los mas autorizados  doctrinantes nacionales y extranjeros que en extenso cita.   

          A  su  juicio,  tal error es esencial, pues la prueba con la cual se  condenó  a  su  asistida  es  circunstancial  y  tiene  en las interceptaciones  telefónicas  la  prueba  del hecho indicador. Así que, el indicio carece de la  eficacia  demostrativa  que  un  fallo condenatorio requiere, pues la prueba del  hecho indicador del indicio es en sí mismo ilegal.   

          Segundo cargo.   

          Se  denuncia la infracción indirecta de la ley como consecuencia de  haber    incurrido    el    juzgador    en    errores   de   hecho   por   falso  raciocinio.   

          En  su  concepto, el error surge al elaborar la inferencia lógica y  extraer  el  tribunal  conclusiones  que  mas  que  raciocinios  son conjeturas,  sospechas o probabilidades.   

          En  seguida,  después de transcribir algunos apartes de importantes  jurisprudencias  de la Corte relacionadas con la prueba indiciaria, cuestiona la  construcción  de  la  sentencia y señala que a Jovita  María  Ruíz  Rambao,  el  tribunal  la  condenó sin  mostrar  el  hecho  indicador,  el razonamiento lógico y la regla general de la  experiencia.   

          A  lo sumo, dice, el tribunal elaboró una serie de conceptos que no  constituyen  un  indicio.  Para probarlo, transcribe los apartes de la sentencia  del  tribunal, en los cuales se analiza las conversaciones que la procesada tuvo  con  Baselga  Marín, su madre, un abogado español y José Pardo, de las cuales  el juzgador concluyó lo siguiente:   

          “…  con  lo  anotado  se  deduce  que prestaba su concurso para  blanquear  dinero  producto  del  narcotráfico, bastante representado en moneda  extranjera  que  ingresaba  ilícitamente  y  ella se encargaba de cambiarla. De  todos  modos  sus  ingresos no eran altos y resultó con una serie de bienes que  se  relacionaron  en  el  proceso  y  en  parte anterior de éste proveído, los  cuales superaban ampliamente su capacidad de compra.”   

          Aparte    –  asevera      la      demandante      – de que no se dice de dónde surge esa  conclusión,   todas   las  conversaciones  tienen  explicaciones  coherentes  y  satisfactorias.   

Así, de la sostenida con Antonio Baselga se  puede  deducir  es que le solicitó algún dinero y que sabía de los pormenores  de  la  detención del hijo de aquel en España, pero de allí no se infiere que  ella     estuviese     participando     en    la    comisión    de    conductas  delictivas.   

Otra,  en  la  cual se trata de la renta que  producen  dos  apartamentos  en  la ciudad de Cartagena, se explica en virtud de  que  el  producto  del  arrendamiento  de  esos  bienes  se los entregó Baselga  Martín  a  la  procesada,  con  el  fin de que provea por las necesidades de su  hija.   

Y de la que sostuviera con José Pardo, en la  que  se  tratan  aspectos relacionados con el cambio de francos alemanes, lo que  se  prueba  con  ella  es  que  se  trata de gestionar el cambio de una pequeña  cantidad  de  dinero, mas no de una considerable cantidad proveniente del delito  de narcotráfico, como se pretende hacer creer.   

En  fin,  de aquellas declaraciones, como la  que  tuvo  la  procesada  con  su  madre  y  con  su abogado, respecto a algunos  problemas  de  dineros  con Baselga Marín, no se deduce que ella fuera parte de  una  conspiración  criminal,  pues cada conversación, como se ha visto, tienen  una justificación que las explican satisfactoriamente.   

Que  a  cada  conjetura  del  tribunal se le  oponga  una  razón plausible, es porque no se consideraron mejores opciones. De  manera  que  si,  como  lo  ha  dicho  la  Corte,  el  juez está en el deber de  contemplar  todas  las  hipótesis  que  pueden  afirmar  o  negar la deducción  afincada  en un determinado hecho, tal tarea no la cumplió el tribunal, y en su  lugar,  construyó  un  juicio  de  responsabilidad  sobre  suposiciones y sobre  hechos y reglas de experiencia nunca explicadas.   

Tercer        cargo.   

          Según  la  demandante, la infracción indirecta de la ley originada  en  errores de hecho por falso juicio de existencia, eje del tercer cargo, surge  al  haber  dejado de “apreciar en lo absoluto toda una serie de documentación  que  fue  oportuna  y legalmente aportada por la defensa, en la cual se describe  de  manera  detallada  la  manera como nuestra representada adquirió los bienes  que poseía al momento del proceso.”   

          Cada  bien,  según  lo advierte la demandante, tiene una tradición  impecable  y  el  origen  de  los  recursos con los cuales se adquirieron están  fuera  de  toda  duda,  de manera que el tribunal incurrió en un error de hecho  por   falso  juicio  de  existencia,  al  no  considerar  en  la  decisión  las  explicaciones  de  la  procesada,  y los documentos que aportó durante el curso  del   proceso,   con   el   fin   de   probar  la  procedencia  lícita  de  los  mismos.   

          Pide   casar   la   sentencia   y  disponer  la  absolución  de  la  procesada.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          La  Corte  inadmitirá  las demandas presentadas por las razones que  en  seguida  se expondrán. Para el efecto, indicará las finalidades materiales  del  recurso  y  sus exigencias técnicas, con el fin de exponer las razones por  las     cuales     las     demandas    no    cumplen    las    condiciones    de  admisibilidad.   

          Primero:  El  recurso  de  casación es un  medio  de  impugnación  extraordinario, que está sujeto a puntuales exigencias  formales  y  a  muy  concretos  procesos  de  argumentación,  destinados  no  a  preservar  la  solemnidad  del recurso, sino a realizar los fines que con él se  persiguen.   

         

          Por  tales razones, las fórmulas del artículo 212 de la ley 600 de  2000,  deben  interpretarse no como un fin en sí mismo, sino como un medio para  la  realización  de  la protección de los derechos y garantías fundamentales,  la  efectividad  del  derecho sustancial, la unificación de la jurisprudencia y  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  las  partes,  como finalidades  supremas  del  recurso  (artículo  206  ley  600  de  2000).   

          Segundo:   Desde   esa   perspectiva,  la  selección  de  la  causal  y la coherencia y claridad en la postulación de los  cargos,  tienden a realzar la razón de ser de la finalidad que se persigue y la  autosuficiencia  de los motivos que se exponen, con el fin de que la Corte pueda  abordar  su  estudio  en el marco del principio de limitación que al recurso le  es inherente.   

          En  éste  propósito, la gramática del recurso enseña que, cuando  se  trata  de  atacar  la  validez  y legitimidad de la sentencia con base en la  causal  tercera,  el  censor  debe  diferenciar  los vicios de rito (estructura   del   proceso)  de  los  de  garantía    (derecho    de    defensa),  e indicar de acuerdo a la opción que escoja, en dónde radica el  vicio,  su  trascendencia  y  el  momento  a  partir  del  cual debe anularse la  actuación.   

          Ahora,  si  lo  que  se  pretende  es  cuestionar  el debido proceso  probatorio,  la  sede  para  hacerlo  no  es  la   causal  tercera, sino la  primera,  pues  de lo que se trata es de demostrar cómo mediante la infracción  de  las  reglas  que  regulan  la producción e incorporación al proceso de los  medios  de  prueba, los juzgadores dieron por demostrada una realidad distinta a  la  que  en  el  proceso  legalmente  se  acredita,  en  perjuicio  de la debida  aplicación de una norma de derecho sustancial.   

          A  esta última alternativa es a la que ha debido acudir el defensor  de     Ramsés    Sánchez    Callejón,  para  lo cual, tratándose de una infracción indirecta de la ley  como  consecuencia  de un error de derecho por falso juicio de legalidad, debía  señalar  la  prueba  que  ilegalmente  se  aportó  al  proceso, las normas que  regulan  su producción, y su incidencia en la declaración de justicia final, y  destacar  cómo  al  excluir  la  prueba ilegal, los demás medios no permitían  arribar a la verdad declarada en la sentencia.   

          La  demanda,  como  se comprende, no satisface esas exigencias, pues  el  recurrente seleccionó indebidamente la causal y por lo tanto no desarrolló  la    argumentación    como   corresponde   a   la   causal   que   ha   debido  escoger.   

          Tercero:  El  cuerpo  segundo de la causal  primera  de  casación  permite  denunciar  diversas  modalidades de error en la  apreciación  probatoria,  con  incidencia  en  la recta aplicación del derecho  sustancial.   

          Si  de  errores  de  derecho se trata, el recurrente tiene por deber  distinguir  entre  falsos  juicios  de legalidad y de convicción, pues aquellos  surgen  por  infracción al debido proceso probatorio, mientras que en éstos se  cuestiona  la  apreciación  de  la prueba al haberles conferido un valor que no  corresponde al tarifado en la ley.   

          Frente  a  errores  de  hecho,  habrá  de  distinguir  entre falsos  juicios  de  existencia (por suposición u omisión de  los  medios  de  prueba),  de  identidad  (por   cercenamiento,   adición   o   tergiversación)  y  raciocinio,  cuidando  de  precisar  que  los  dos primeros son  objetivo    contemplativos,    mientras   que   el   último   es   marcadamente  argumentativo.           

          Conservando  la  esencia  de  los errores, tratándose de errores de  hecho,  cuando  son  de  existencia,  el censor debe indicar cuál fue la prueba  supuesta  u  omitida  y  demostrar su incidencia en la decisión final, mediante  una nueva interpretación en sistemática de los medios de prueba.   

Y  si  son  de  identidad,  debe  igualmente  mostrar  mediante  un  juicio comparativo entre lo que dice el medio y lo que de  él  se  expresó  en  la  sentencia,  como  fue  que el juzgado lo tergiversó,  adicionó  o  cercenó  y  demostrar  su  incidencia mediante la apreciación en  conjunto  de  los  medios  de  prueba estimados por el sentenciador.           

En   cambio,   con  base  en  el  énfasis  argumentativo  que es propio del error de raciocinio, el censor debe señalar la  fundamentación  fáctica de la decisión y los medios de prueba, para demostrar  desde  ese  punto de partida, la manera cómo el sentenciador elaboró un juicio  que  no  corresponde  a  las  reglas  de  la sana crítica, a las máximas de la  experiencia o a los dictados de la lógica.   

Cuarto: Con base en  lo  expuesto  es  posible  indicar  otros  defectos  en  los  que  incurren  los  demandantes al formular los cargos.   

Así,  en  el  cargo  segundo  de la demanda  interpuesta    a    nombre    de    Ramses   Sánchez  Callejón,    simplemente    se    mencionan    las  interceptaciones  telefónicas  y  se  denuncia las subjetivas apreciaciones que  hicieron  las  instancias,  sin  indicar  la  clase de error en que incurrió el  juzgador  y  la  incidencia  del  vicio  denunciado,  como  consecuencia  de  no  confrontar  la  totalidad  de los medios de prueba que el tribunal apreció y lo  que de ellos dijo, para declarar la verdad probada en el proceso.   

No solo eso. Como si el recurso de casación  fuese  una  instancia adicional, el censor se remite a lo que dijo en su momento  en  la  audiencia  pública,  pretendiendo  de  ese  modo  colmar  la incompleta  formulación  de  los cargos, que según el artículo 212 de la ley 600 de 2000,  se  han  de  formular  en  forma  clara  y  precisa, como medio para realizar el  principio  de  sustentación  suficiente  y  el de limitación que la Corte debe  observar a la hora de decidir el recurso.   

Las mismas deficiencias de forma se observan  en  la  demanda  propuesta  a  nombre  de Jovita María  Ruíz  Rambao,  pues en el primer cargo se denuncia un  falso  juicio  de  legalidad  y se destaca en dónde radica el error, pero no se  menciona  cuál  fue  su  incidencia  en  la  decisión final y cómo los demás  medios  de  prueba  que  consideró  el  juzgador  en  la  sentencia  resultaban  insuficientes   para   realizar   válidamente   la   declaración  de  justicia  final.   

A  lo sumo, se dijo que la prueba ilegal era  el  soporte  de  la  prueba  del  hecho indicador, pero no expresó cuál fue el  hecho  indicador  que  el  tribunal  estimó  probado con base en esos medios de  prueba y la inferencia que de él extrajo.   

En        el        segundo            cargo,  en  el cual denuncia errores en la  construcción  de  las  inferencias que el tribunal construyó, no explica cuál  fue  la  regla  general  de  la  experiencia  que el tribunal infringió, siendo  esencial  que  lo hiciera en la medida que se trata de atacar el proceso lógico  que permite enlazar el hecho indicador con el hecho indicado.   

En  su  lugar,  aislando  la  prueba y sin  examinarla  en  conjunto,  pretende que se tengan en cuenta sus propias razones,  las  cuales  las  enfrenta  a  las  del  juzgador,  en un lenguaje propio de las  instancias,  que es en todo caso insuficiente para cumplir con las exigencias de  forma que el recurso extraordinario demanda.   

Esas  deficiencias  en  la argumentación se  hacen   evidentes   de   igual   manera  en  la  postulación  del  tercer  cargo,  solo  que  esta  vez,  sin  indicar  en  concreto  a cuáles documentos se refiere, pretende explicarle a la  Corte  que  el  tribunal  los  ignoró,  pero  desde luego sin expresar cuál la  incidencia  de  la  prueba  que se dice fue omitida y la influencia que habrían  tenido  tales  documentos  en  la  demostración  de  una  verdad  distinta a la  declarada en el proceso.   

Quinto:   Las  demandas,  como  se  comprende, no reúnen las exigencias formales del artículo  212  de  la  ley  600  de  2000,  bien  porque  los cargos formulados no guardan  armonía  con  la  causal  seleccionada,  ya porque no reúnen las exigencias de  precisión   y   claridad  que  es  necesaria  para  realizar  el  principio  de  limitación que le impide a la Corte complementar los cargos.   

De  manera que, como se dijo al comienzo, la  Sala  inadmitirá  las  demandas. Pero también porque no se advierte violación  de garantías fundamentales que deba remediar de oficio.   

Por lo expuesto, La  Corte     Suprema    de    Justicia,    Sala de casación Penal,   

Resuelve   

Inadmitir   las  demandas  de  casación  presentadas a nombre de Jovita  María     Ruíz     Rambao     y    Ramses    Sánchez    Callejón.   

          Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

  Notifíquese, Cúmplase y  vuélvase al tribunal de origen.   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ              ALFREDO    GOMEZ  QUINTERO         

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO             ALVARO  O  PEREZ  PINZON                

Permiso  

MARINA         PULIDO        DE  BARON                  JORGE              QUINTERO  MILANES              

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS               JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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