25354(10-05-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  25354   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 044.  

Bogotá D.C., mayo diez (10) de dos mil seis  (2006).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  en  punto  de  la  admisibilidad  formal  del  libelo  de  casación presentado por el defensor del  procesado  ARGEN  ADOLFO  ALARCÓN  GÓMEZ,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Pereira  el  9 de diciembre de 2005, confirmatoria de la  dictada  por  el  Juzgado Tercero Penal del Circuito de la misma ciudad el 11 de  noviembre  del  referido  año, por cuyo medio lo condenó como autor penalmente  responsable  del  concurso  de  delitos  de  homicidio y porte ilegal de arma de  defensa personal.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los hechos que motivaron esta investigación  fueron   adecuadamente   sintetizados   por   el   ad  quem, en los siguientes términos:   

“El  día  20 de  abril  de  este  año  (2005,  se  aclara),  en  horas  de la noche, el señor Luis Fernando Mosquera Palacio,  quien  desempeñaba  labores de vigilancia en el sector de la carrera 9ª con 15  de   esta  ciudad  (Pereira,  se  precisa),  fue  agredido por una dupleta de sujetos que provistos de arma de  fuego,  le  propinaron  varios impactos que le causaron lesiones de gravedad que  originaron  su  deceso.  Durante  las  labores  de  investigación se recaudaron  suficientes  elementos  de  juicio  que condujeron a la Fiscalía a solicitar la  captura   y   la   vinculación   como   imputado,   del   mencionado   ALARCÓN  GÓMEZ”.   

Legalizada   la  captura  de  ARGEN  ADOLFO  ALARCÓN ante el Juez Cuarto  Penal  Municipal  de  Control de Garantías de Pereira, la Fiscalía le formuló  imputación  en  audiencia por la comisión del concurso de delitos de homicidio  en   Luis   Fernando   Mosquera   Palacio  y  porte ilegal de arma de fuego de defensa personal, a la vez que  solicitó  le fuera impuesta medida de aseguramiento de detención preventiva de  su libertad. El imputado no aceptó los cargos formulados.   

          El  Juez  de Control de Garantías le impuso medida de aseguramiento  consistente en detención preventiva.   

Posteriormente la Fiscalía presentó escrito  de  acusación contra el incriminado y el 4 de agosto de 2005 el Juzgado Tercero  Penal  del  Circuito  de Pereira realizó la respectiva audiencia de acusación,  ulteriormente  efectuó  la  audiencia  preparatoria  y  luego,  la audiencia de  juicio  oral,  para  finalmente  proferir  fallo el 11 de noviembre de 2005, por  cuyo  medio  condenó  al acusado a la pena principal de diecisiete (17) años y  seis  (6)  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por diez (10) años, como autor  penalmente  responsable  del  concurso de delitos por el cual fue acusado. En la  misma  oportunidad  le  negó  el  subrogado  penal  de la condena de ejecución  condicional, así como la prisión domiciliaria.   

          Impugnada  la  sentencia  por  la  defensa,  el Tribunal Superior de  Pereira  la  confirmó  mediante fallo del 9 de diciembre de 2005, decisión que  ahora  es  objeto  de  recurso  extraordinario  de  casación interpuesto por el  defensor  de  ARGEN ADOLFO ALARCÓN GÓMEZ.   

LA DEMANDA  

El  defensor  del  procesado  formula  dos  reproches  contra  el  fallo  de  segundo grado; el primero, por “FALTA  DE  APALICACIÓN  (sic),  INTERPRETACIÓN  ERRÓNEA O APLICACIÓN INDEBIDA DE UNA NORMA DEL  BLOQUE  DE  CONSTITUCIONALIDAD,  CONSTITUCIONAL  O  LEGAL  LLAMADA  A REGULAR EL  CASO”  y  el segundo, por manifiesto desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y  apreciación  de la prueba sobre la cual se  edificó la sentencia.   

Con  el  propósito  de  evitar repeticiones  innecesarias,   metodológicamente   se  optará,  a  continuación,  por  hacer  referencia  separada  a  cada  uno  de los cargos presentados por la defensa y a  realizar acto seguido el correspondiente estudio formal del libelo.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Ha  precisado  la Sala que si bien en la Ley  906  de 2004 no se distingue entre recurso de casación por la vía común y por  la  discrecional,  pues  se eliminó la exigencia del quantum de pena del delito  por  el  que  se  procede  para  acceder  a  tal  impugnación, lo cierto es que  corresponde  al  demandante  acreditar  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,  lo cual le impone contar con interés para impugnar, señalar la  causal,  desarrollar  los cargos de sustentación del recurso y demostrar que es  necesario  el  fallo  de casación para cumplir alguno de los fines establecidos  por  el  legislador  en  el  artículo  180  de la referida normatividad para la  mencionada  impugnación,  es  decir,  la  efectividad  del derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  sufridos   por   estos   y  la  unificación  de  la  jurisprudencia1.   

         Adicionalmente    se   tiene   que   de   acuerdo   con  la  preceptiva  del  artículo 184 de la Ley 906 de 2004, no será  seleccionado  el  libelo  de casación cuando el demandante carezca de interés,  no  señale la causal, no desarrolle adecuadamente los cargos de sustentación o  cuando  se  advierta  que  no  es necesario el fallo para cumplir algunas de las  finalidades del recurso.   

          Es  importante señalar que el recurso de casación en cuanto juicio  técnico   –  jurídico  cuenta  con  una  serie  de  reglas  técnicas  señaladas  por  el legislador y  desarrolladas  por  la  jurisprudencia  a  fin  de  que  no  se convierta en una  tercera instancia, las cuales  no  pasan  de  ser  un  conjunto  de  postulados  orientados  a conseguir que el  demandante   se   sujete  a  unos  mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en  la  postulación  y  desarrollo  de sus reparos, de suerte que resulten inteligibles  en  cuanto  precisos  y claros, dado que no corresponde a la Sala en su función  constitucional   y   legal  develar  o  desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   recurrentes   en  casación.   

Precisado  lo  anterior y conforme se había  anunciado,  serán  abordadas  cada  una  de  las  censuras  postuladas  por  el  impugnante  para  dar  sustento  a  su  pretensión  casacional, de la siguiente  manera:   

1.          Primer  cargo: Violación directa de la  ley sustancial.   

Aduce el censor que existe duda acerca de la  responsabilidad  de  su  representado, pues la ropa que vestía al momento de su  aprehensión  no  coincide  con la descrita por los testigos presenciales de los  hechos investigados.   

Agrega  que no se practicó al procesado la  “prueba de guantelete”,  pese a que así lo solicitó al ser retenido por las autoridades.   

Igualmente  asevera  que  el reconocimiento  fotográfico    realizado    por    Sandra   Milena  Ruíz  fue  irregular  en  cuanto  la  fotografía de  ALARCÓN GÓMEZ era la más  visible,   lo  cual  facilitó  que  luego  lo  reconociera  en  “rueda  de  presos” y adicional a ello,  el  sindicado  no  estuvo  representado  por  su  defensor  de  confianza,  pues  “es   común   que  estas  diligencias  las  firma  posteriormente un abogado de oficio”.   

Finalmente,   sin   hacer  explícita  su  pretensión  con esta censura, el defensor afirma que la declarante Sandra  Milena  Ruíz incurrió en serias  contradicciones,  al  punto  que  se retractó de sus afirmaciones y dijo que el  responsable  del  homicidio  investigado  era  Nelson  Yeferson  Alarcón  Gómez,  quien  falleció el 4 de  junio   de   2005  y  puntualiza,  que  la  mencionada  testigo  “no   obstante   su   juventud,   vive   del   rrebusque  (sic)  sexual en los parques y hoteles  de    mala   reputación,   por   lo   que   asentua  (sic)  su  ignorancia  en  diligencias  legales  ante  despachos  y  notarías,  por  lo  cual  afirma  no haber estado en la Notaría.  SITUACIONES  ESTAS  QUE  LA  HACEN  MENTALMENTE  INCAPAZ  DE  DECLARAR EN JUICIO  PROCESAL”.   

          Considerada   la   Sala   que  en  su  aspecto  formal  el  defensor  se desentiende de las reglas que de tiempo atrás han  sido  establecidas  por  la  jurisprudencia  en  punto  de  la invocación de la  violación directa de la ley sustancial.   

En  efecto,  ha  dicho  la  Sala y ello vale  respecto  de  la Ley 906 de 2004, que la violación directa de la ley sustancial  sólo  se refiere al yerro en el que incurren los sentenciadores cuando a partir  de  la  ponderación  de  los hechos objeto de juzgamiento legal y oportunamente  allegados  a  la actuación, dejan de aplicar la disposición que se ocupa de la  situación  en  concreto,  en  cuanto  yerran  acerca de su existencia (falta de  aplicación  o  exclusión  evidente), realizan una equívoca adecuación de los  hechos   probados  a  los  supuestos  que  contempla  el  precepto  (aplicación  indebida),  o  le  atribuyen  a  la  norma  un sentido que no tiene o le asignan  efectos    diversos    o    contrarios    a    su   contenido   (interpretación  errónea).   

Entonces,  cualquiera  sea  la  modalidad de  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  el  yerro de los juzgadores recae  necesaria  e inmediatamente sobre la normatividad, circunstancia que traslada el  debate  a  un  ámbito  estrictamente  jurídico,  sea porque se deja de lado el  precepto  regulador de la situación específica demostrada, ora porque el hecho  se  adecua a un precepto estructurado con supuestos distintos a los establecidos  o  bien  porque  se desborda la intelección propia de la disposición aplicable  al  caso  concreto,  todo  lo  cual  exige  como  punto de partida, la  aceptación de la realidad fáctica definida en las instancias e  inmodificable dentro del proceso.   

También  ha  sido  puntualizado  que  si el  desacuerdo  se predica de la actividad probatoria y su ulterior ponderación por  parte  de  los funcionarios judiciales, la vía de ataque legalmente adecuada es  la  indirecta,  que  corresponde  a la causal tercera consagrada en el artículo  181  de la Ley 906 de 2004, dado que la infracción a la ley sustancial se lleva  a  cabo  de  manera  mediata,  de  conformidad  con  las diversas modalidades de  errores en que pueden incurrir los sentenciadores en tal materia.   

En  la censura objeto de estudio se observa  que  si bien el casacionista plantea la violación directa de la ley sustancial,  su  queja  no  es de índole jurídico –  conceptual, pues refiere que los falladores no apreciaron ciertas  pruebas  en torno a la ropa que vestía el incriminado al momento de su captura,  critica  la  legalidad  del  reconocimiento fotográfico y del reconocimiento en  fila  de  personas,  echa  de  menos  la  práctica  de  la prueba de absorción  atómica,  cuestiona  la falta de defensa técnica en la practica del último de  los  reconocimientos  mencionados,  ataca la credibilidad otorgada al testimonio  de  Sandra  Milena  Ruíz y  sin   más,   concluye   que   esta   es  incapaz  de  declarar  en  un  estrado  judicial.   

          Como  sin  dificultad puede verificarse de lo anotado, en manifiesto  quebranto  de  toda  ordenación lógica inherente a este medio impugnaticio, el  recurrente  pretende  aducir  errores  de  apreciación probatoria propios de la  causal  tercera  de  casación  en  la  Ley  906  de  2004, circunstancia que le  imponía  acudir a la violación indirecta de la ley sustancial, indicando si se  trató  de  errores  de  hecho  (falso  juicio  de  existencia,  falso juicio de  identidad  o falso raciocinio) o de derecho (falso juicio de convicción o falso  juicio de legalidad), acometiendo la respectiva demostración.   

          El  anterior  equívoco  resulta  suficiente  para establecer que el  cargo  no  satisface  las  exigencias formales dispuestas por el legislador para  que proceda la admisión de la demanda en tal aspecto.   

          Adicionalmente,   tampoco  el  recurrente  señala  a  la  Corte  su  pretensión,  circunstancia  que  le  impide  demostrar que se precisa del fallo  para  cumplir  algunas de las finalidades del recurso de casación, esto es, que  la  violación  de derechos o garantías de su representado debe ser enmendada a  través  de  una  providencia  que  haga  efectivo  su  derecho  material  o sus  garantías,    que    repare    los    agravios    sufridos    o   unifique   la  jurisprudencia.   

2.          Segundo  cargo:  Desconocimiento de las  reglas de producción y apreciación de las pruebas.   

         El   defensor   considera   que   los   falladores   no  ponderaron  adecuadamente   la   declaración  de  Sandra  Milena  Ruíz  quien suministró una descripción física del  homicida  y  de su forma de vestir, la cual resulta sustancialmente diversa a la  de  ARGEN  ADOLFO ALARCÓN,  pero  sí  coincide  con  la  de  su  hermano Yeferson  Alarcón.   

También afirma que no se tuvo en cuenta la  declaración    de    la    esposa    de    Yeferson  Alarcón,  quien  dijo que antes de morir su cónyuge  le  comentó  que  ARGEN era  inocente respecto del homicidio objeto de investigación.   

Para concluir expone que no se presentó un  estado    de    flagrancia    o   cuasiflagrancia   respecto   de   ARGEN   ADOLFO  y  que  pese  a  que  su  residencia   fue   allanada,   las   autoridades  no  encontraron  algo  que  lo  comprometiera,   pues   el   verdadero  homicida  fue  su  hermano  Yeferson, con quien tenía gran parecido  físico.   

         Con  fundamento  en  lo  anterior, el recurrente solicita a la Sala  revocar  la  sentencia  impugnada  y  en  su  lugar  proferir fallo absolutorio,  disponiendo la libertad inmediata de su representado.   

Encuentra la Sala que si bien el casacionista  acierta   en   la  selección  de  la  causal  que  invoca  para  cuestionar  la  apreciación  de las pruebas que sirvieron de fundamento al fallo de condena, lo  cierto   es   que   no  señala  si  se  trató  de  un  error  de  hecho  o  de  derecho.   

En  el  primer  caso, debía precisar si los  falladores  erraron  al  apreciar  la prueba, bien sea porque pese a obrar en el  diligenciamiento  no  fue valorada (falso juicio de existencia por omisión); ya  porque  sin  figurar  en  la  actuación  supusieron  que  allí  aparecía y la  tuvieron   en   cuenta   en   su  decisión  (falso  juicio  de  existencia  por  suposición);   ora   porque   al   considerarla   distorsionaron  su  contenido  cercenándola,  adicionándola  o  tergiversándola (falso juicio de identidad);  también,  cuando  sin  incurrir en alguno de los yerros referidos derivaron del  medio  probatorio  deducciones  que  contravienen  los  principios  de  la  sana  crítica,  esto  es, los postulados de la lógica, las leyes de la ciencia o las  reglas de la experiencia (falso raciocinio).   

          En  el  segundo  caso, esto es, en tratándose de la postulación de  errores  de  derecho,  correspondía  al  recurrente  especificar  si  el  yerro  consistió  en  negar  a  determinado medio probatorio el valor conferido por la  ley  u  otorgarle  un  mérito  diverso al atribuido legalmente (falso juicio de  convicción).  También,  porque  los  falladores  al  apreciar alguna prueba la  asumieron   erradamente   como   legal  aunque  no  satisfacía  las  exigencias  señaladas  por el legislador para tener tal condición, o porque la descartaron  aduciendo  de  manera  errada su ilegalidad, pese a que se cumplieron cabalmente  los  requisitos dispuestos en la ley para su práctica o aducción (falso juicio  de legalidad).   

En  efecto,  ninguna de las referidas reglas  lógicas  fue  acatada  por  el  censor,  quien  se limita a exponer su personal  criterio  sobre  la  ausencia  de  responsabilidad de su representado y sobre la  autoría  del  homicidio en cabeza de Yeferson Alarcón  Gómez,  hermano  de  aquél,  pero  sin  señalar  en  concreto  yerros de los falladores, pues sólo ensaya confrontar su criterio con  el  de  los  juzgadores, en manifiesto desconocimiento de la dual presunción de  legalidad   y  acierto  del  fallo,  con  lo  cual  deja  sin  demostración  el  cargo.   

También  observa  la  Sala  que el defensor  censura  la  apreciación  de  las  pruebas,  pero  no  procede con precisión a  señalar  si  su  queja  apunta  a  que  los falladores las supusieron aunque no  aparecían   en  la  actuación,  las  marginaron  a  pesar  de  figurar  en  el  diligenciamiento,  las  cercenaron  o  adicionaron en su contenido material, las  valoraron  con  quebranto  de  las reglas de la sana crítica, fueron apreciadas  aunque  eran  ilegales, se les marginó pese a ser legales o no les fue otorgado  el  valor  probatorio señalado en la ley, omisiones que le impiden acreditar la  pretendida inocencia de su asistido.   

         Las  razones anteriores irrumpen como suficientes para inadmitir la  demanda objeto de estudio.   

          Para   concluir   es   necesario   señalar  que  no  se   observa  con  ocasión  del  fallo  impugnado  o  dentro  de  la  actuación  violación de derechos o garantías del procesado, como para que tal  circunstancia  impusiera  superar los defectos del libelo para decidir de fondo,  según  lo  dispone  el  inciso  3º  del   artículo  184 de la Ley 906 de  2004.   

          Cuestión final.   

          Habida  cuenta  que  contra  la decisión de inadmitir la demanda de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el mecanismo de insistencia de  conformidad  con  lo  establecido  en  el  artículo  186 de la Ley 906 de 2004,  impera  precisar que como dicha legislación no regula el trámite a seguir para  que  se  aplique  el referido instituto procesal, la Sala ha definido las reglas  que   habrán   de   seguirse  para  su  aplicación2, como sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de la providencia por cuyo medio la Sala decida no seleccionar la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  por alguno de los Delegados del  Ministerio  Público  para  la  Casación  Penal  o  por el Magistrado disidente  dentro del mismo término.   

         ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio  Público,  a través de sus Delegados para la Casación Penal, o  ante  uno  de  los  Magistrados  que hayan salvado voto en cuanto a la decisión  mayoritaria de no seleccionar la demanda.   

          iii)                      Es  potestativo  del  Magistrado disidente o del  Delegado  del  Ministerio  Público  ante quien se formula la insistencia, optar  por  someter  el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su  revisión,  evento último en que informará de ello al peticionario en un plazo  de quince (15) días.   

          iv)                       El  auto  a través del cual no se selecciona la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor del procesado ARGEN  ADOLFO  ALARCÓN  GÓMEZ,  por  las  razones expuestas en la anterior motivación.   

         De  conformidad  con lo dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906  de     2004,    es    facultad    del    demandante    elevar    petición    de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

Salvamento de voto  

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                        ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

Permiso  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Auto  del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322, entre otros.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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