25317(18-04-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  25317   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 032.  

          Bogotá    D.C.,    abril   dieciocho   (18)   de   dos   mil   seis  (2006).   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Sala  sobre  la colisión negativa de competencia  suscitada  entre  los Juzgados Penal del Circuito Especializado de Santa Rosa de  Viterbo  y  Primero Penal del Circuito de Sogamoso, en virtud de la cual rehusan  conocer   del  juicio  adelantado  en  contra  de  los  procesados  CHARLES  DE  JESÚS  SAÉNZ ESPITIA, JESÚS ANTONIO MANTILLA LÓPEZ,  HERNANDO  PINTO FORERO y JOSÉ  JULIAN MELO REYES.   

HECHOS     Y  ANTECEDENTES   

          Aproximadamente  a  las  7:30  de  la  noche del 16 de septiembre de  2004,  en  un  establecimiento  de  comercio  de  la  ciudad  de  Sogamoso,  dos  individuos   hirieron   con   proyectiles   de  arma  de  fuego  a  Luis  Eduardo Lozano Franco, a consecuencia  de  lo  cual  se  produjo  su muerte e inmediatamente huyeron en un taxi que los  aguardaba.   Momentos   después  las  autoridades  de  policía  localizaron  a  HERNANDO PINTO, conductor del  mencionado  vehículo,  quien  aceptó su participación en el delito y señaló  como    autores    materiales    a    IVAN    CADENA  ROBLES   y  JESÚS  ANTONIO  MANTILLA,  de  quienes  afirmó  hacían  parte de las  Autodefensas   Campesinas   del  Uraba,  personas  que  fueron  aprehendidas  en  diligencia  de  allanamiento, encontrándose en su poder dos revólveres calibre  38.   

A   su  vez,  en  diligencia  de  injurada  IVAN  CADENA  ROBLES señaló  como  integrantes de grupos de autodefensa a CHARLIE DE  JESÚS  SÁENZ ESPITIA y JOSÉ  JULIAN  MELO REYES, precisando que aquél establecía a  quienes se debía causar la muerte.   

          Una   vez   vinculados  los  sindicados  y  definida  su  situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento de detención preventiva, la Fiscalía  Segunda  Especializada  de  Tunja  calificó  el  mérito  del  sumario el 13 de  octubre  de  2005  con  resolución  de  acusación  en  contra  de JESÚS   ANTONIO  MANTILLA  como  presunto  responsable  del  concurso  de  delitos  de  homicidio  simple,  concierto  para  delinquir  agravado  y  porte  ilegal  de arma de defensa personal. HERNANDO  PINTO, JULIAN MELO y CHARLES  DE  JESÚS  SÁENZ fueron acusados  como   presuntos   responsables   del   delito   de   concierto  para  delinquir  agravado.   

Impugnada  la  acusación por la defensa, la  Unidad  de  Fiscalía  Delegada  ante el Tribunal Superior de Tunja la confirmó  mediante resolución del 22 de noviembre de 2005.   

          Entonces,  las  diligencias  fueron  remitidas  al Juzgado Penal del  Circuito  Especializado  de  Santa  Rosa  de Viterbo a fin de que se surtiera la  fase  del  juicio,  despacho que durante la audiencia preparatoria decidió el 7  de  marzo  de  2006  declarar  que  carece  de  competencia para conocer de este  asunto,  por  considerar  que  el  delito  de  concierto  para  delinquir  en la  modalidad  de  pertenecer  o  conformar  grupos  de  autodefensa  que  le otorga  competencia,  constituye de conformidad con lo establecido en la Ley 975 de 2005  la  conducta  ilícita  de  sedición,  cuyo  conocimiento  radica en los jueces  penales  del  circuito  y  por  tanto,  remitió  el  expediente a los referidos  despachos   judiciales  de  Sogamoso  por  el  factor  territorial,  proponiendo  colisión   negativa   de   competencia  en  caso  de  no  ser  compartidos  sus  planteamientos.   

          A  su  turno,  el  Juzgado  Primero  Penal  del Circuito de Sogamoso  considera   mediante   providencia   del  pasado  16  de  marzo  que  carece  de  competencia,  pues en su criterio, el hecho de pertenecer a un grupo guerrillero  o  de  autodefensa  no  comporta  la comisión de un delito político como el de  sedición,  el  cual supone actuar por motivos altruistas, más aún si aquí se  procede  además  del  delito  de  concierto  para delinquir agravado, por otros  comportamientos  punibles  comunes, como el homicidio y el porte ilegal de armas  de defensa personal.   

Con base en lo anterior, dispone la remisión  de  las  diligencias  a  esta Corporación para que sea dirimida la colisión de  competencias legalmente trabada.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Es   competente   la   Sala  para  dirimir  el  conflicto  negativo de competencia suscitado entre  los  Juzgados  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Santa  Rosa de Viterbo y  Primero  Penal  del  Circuito  de  Sogamoso,  de  conformidad  con la previsión  contenida  en  el  inciso  2°  del  artículo  18  transitorio  del  Código de  Procedimiento Penal.   

          En  orden  a definir la problemática planteada por los funcionarios  trabados  en  conflicto,  bien está precisar que en reiterados pronunciamientos  esta  Sala  ha  señalado  que a partir de la vigencia de la Ley 975 de 2004, la  conducta  consistente en pertenecer a los denominados grupos de autodefensa cuyo  accionar  interfiere  el  normal  funcionamiento  del  régimen constitucional y  legal vigente, pasó a ser típica del delito de sedición.   

Igualmente   ha   sido   enfática   esta  Corporación  al referir que lo anterior no comporta, como no puede serlo, que a  través  del  artículo  71  de la Ley 975 de 2005 se hayan derogado los incisos  2°  y  3°  del  artículo  340  del  Código  Penal, ni que todo actuar de una  persona  que  conforma  o  hace  parte  de  uno  de  los  denominados  grupos de  “autodefensa” constituya  automáticamente   delito   de   sedición,   señalando   como  criterios  para  diferenciar una hipótesis delictiva de la otra, los siguientes:   

a)            Se  está  ante  el delito de sedición,  cuando  la  conducta  imputable  al  procesado  se  hace  consistir en militar o  pertenecer  a  un  grupo  armado  al margen de la ley, bajo órdenes de un mando  responsable,  grupo  del  cual  se pueda predicar que ejerce sobre una parte del  territorio  operaciones  militares  sostenidas  y  concertadas,  dirigidas  bien  contra  las  fuerzas  regulares, bien entre los grupos armados irregulares entre  sí,  con  la  consecuencia  inmediata  de  impedir el normal funcionamiento del  régimen constitucional y legal.   

b)             También  se  tipifica  el  delito  de  sedición  cuando  las  conductas  específicas  ejecutadas por miembros de esos  grupos  armados  irregulares, están razonablemente vinculadas a la realización  de  los objetivos perseguidos por dichas agrupación y, en tal contexto, resulta  predicable  su  relación de medio a fin en el marco de la confrontación armada  que  sostienen  con las autoridades legítimamente constituidas o con los grupos  guerrilleros.   

c)            En  cambio,  se  tipifica  el  delito de  concierto  para  delinquir  cuando  el  acuerdo  para  la  comisión  de delitos  indeterminados  tiene  un fin puramente individual, desligado de las directrices  genéricas  o  específicas  que imparta el mando responsable en el escenario de  la  confrontación armada, o lo que es igual, de las finalidades perseguidas por  la organización armada ilegal.   

Por  ello,  se ha dicho, quedan incluidos en  esta  categoría, no en la sediciosa, quienes hacen parte de bandas o pandillas,  o  conforman  grupos  de  justicia  privada  o de sicarios, pues no obstante que  ellos  acuden  a  la  utilización  de las armas, pueden llegar a ejercer cierto  control   territorial  y  asumen  la  forma  de  una  organización  con  mandos  definidos,   sus   acciones   no  se  enmarcan  en  la  lucha  que  pretende  el  derrocamiento   del   régimen  (guerrilla),  ni tampoco se encamina a la eliminación de dicha disidencia por  vía    de    las   armas   (autodefensas)  de  suerte  que  la sola pertenencia a ellos sigue siendo típica  del delito de concierto para delinquir agravado.   

d)            Igualmente, se ha señalado que la nueva  modalidad  de  sedición  puede  concursar  con  el  delito  de  concierto  para  delinquir,  cuando  no  sólo  se  hace  parte de un grupo de autodefensa con el  compromiso  previo  expreso  o tácito de realizar conductas al margen de la ley  en  el  marco  de  la  confrontación  armada,  sino  que se desarrollan acuerdo  privados  para  la  realización  de delitos indeterminados desligados del grupo  armado ilegal al que se pertenece.   

Es claro, entonces, que siguiendo directrices  trazadas  de  antaño por esta Sala en torno al delito de rebelión, ahora   extensivas  a  la nueva modalidad de sedición, no es la atrocidad predicable de  los   actos   delictivos  efectivamente  ejecutados  por  los  miembros  de  las  autodefensas  lo  que  sirve como criterio diferenciador para ubicar su conducta  en  el  delito  político  o  en  el  de concierto para delinquir previsto en el  inciso   2º   del  artículo  340  del  Código  Penal,  pues,  “…si  los  miembros de un grupo subversivo realizan acciones contra  algún  sector  de  la  población  en  desarrollo  de  directrices   erróneas,   censurables  o  distorsionadas,  impartidas  por  sus  líderes,  los  actos  atroces  que  realicen no podrán desdibujar el delito de  rebelión  –  ni ahora el de sedición –,  sino  que  habrán  de  concurrir  con  éste en la medida en que  tipifiquen   ilícitos   que,   entonces,   serán   catalogados   como  delitos  comunes”.   

          Realizadas  las anteriores precisiones conceptuales sobre el alcance  del  artículo  71  de  la  Ley  975  de  2005,  la  solución  del conflicto de  competencias  que  se plantea impone retomar el marco de la imputación fáctica  que  dio  lugar  a  que  la  Fiscalía  atribuyera a los procesados el delito de  concierto  para  delinquir  consagrado  en  el  inciso 2º del artículo 340 del  Código  Penal,  concretada  en  la  resolución de acusación en los siguientes  términos:   

          Respecto      de     JESÚS     ANTONIO  MANCILLA  dijo  la Fiscalía  que   de   las   declaraciones   de   reinsertados  obrantes  en  la  actuación  “indican que de manera evidente este hombre MANTILLA  LÓPEZ,  pertenecía  de  manera  activa  a un grupo paramilitar al margen de la  ley,  que  operaba  en  el  corredor  de  Tunja  a Sogamoso, ocasionando dolor y  desgracia  a  múltiples  familias  que  debieron  ser  afectadas por la actitud  criminal de la organización”.   

          Sobre   HERNANDO  PINTO   se  afirma  en  la  acusación   que   en   la   ampliación   de   su  indagatoria  “reconoce  que  se  vinculó  a  las  autodefensas  con hombres de la  organización,  de  acuerdo a la invitación de LORENZO FERNANDEZ, hombre que ya  fue  ultimado”  ya  que necesitaba dinero y allí le  pagaban trescientos mil pesos mensuales.   

          Acerca     de    CHARLES    DE    JESÚS  SÁENZ  señala  la  Fiscalía  que  si  bien negó su  participación   criminal,   se   acreditó   con  la  colaboración  eficaz  de  Iván     Cadena    que  “recibía  sueldo  de  la  organización”  y  era  el  que  “decidía  a quien  matar”.   

          Con    relación    a    JOSÉ    JULIAN  MELO en la resolución de acusación se asevera que de  acuerdo  con  varias  declaraciones  se  obtuvo  “la  prueba  de su participación activa y eficiente con el grupo de autodefensas del  Casanare”.   

Si ello es así, no cabe duda entonces que la  conducta   punible  que  como  concierto  para  delinquir  agravado  imputó  la  Fiscalía,  está  estrechamente  ligada  a  la pertenencia de los procesados al  grupo de autodefensas que opera en la región.   

Dado  que  JESÚS  ANTONIO  MANTILLA  LÓPEZ  también  fue  acusado como  presunto  autor  de  los delitos de homicidio y porte ilegal de armas de defensa  personal,  se  impone  señalar que tal delito contra la vida concursa de manera  efectiva  con  el  de  sedición,  como  que  no  constituye  parte integral del  desarrollo  de  éste,  es  decir,  no  se  encuentra  subsumido  en la conducta  sediciosa, en cuanto es independiente de aquella.   

          Situación  diversa tiene lugar respecto del otro delito mencionado,  esto  es,  el  porte  ilegal  de armas de defensa personal, pues si el delito de  sedición  definido  en  el artículo 468 del estatuto penal y adicionado por el  artículo  71 de la Ley 975 de 2005 supone “el empleo  de  las  armas”  (subraya  fuera  de  texto),  se  colige  que  el  porte  de  armas  de  defensa  personal  corresponde  a uno de los elementos constitutivos de el comportamiento sedicioso  y  por  tanto,  se  impone la aplicación del principio de especialidad en favor  del  artículo  71 de la Ley 795 de 2005, a fin de eliminar el concurso aparente  de delitos suscitado entre las normas en cita.   

Lo  dicho  en  precedencia  determina que la  colisión  planteada  deba  resolverse  asignando el conocimiento del proceso al  Juez  Primero  Penal  del  Circuito de Sogamoso, por ser a quien la ley atribuye  competencia  para  conocer de los delitos por los cuales se procede (sedición y  homicidio),  dado  que  en  el  presente  asunto  no  procede  la  prórroga  de  competencia   en  cabeza  del  juzgado  penal  del  circuito  especializado,  en  atención  al  estado  en  el  que se encuentra actualmente el proceso, esto es,  porque  hasta  ahora  va a comenzar la fase del juicio (apenas se ha iniciado la  diligencia  de  audiencia  preparatoria) y, en consecuencia, la citada prórroga  conllevaría  modificaciones  sustanciales  en el trámite, como por ejemplo, la  duplicación  del  término  para  que  el acusado tuviera derecho a su libertad  provisional  de  acuerdo  con lo establecido en el numeral 5º del artículo 365  de  la Ley 600 de 2000 en concordancia con el artículo 15 transitorio del mismo  ordenamiento.   

Acerca  de  las consecuencias procesales que  apareja  la  decisión que adoptará la Sala, es preciso señalar que si bien es  notorio  que  erró la Fiscalía en la calificación de la conducta, como quiera  que  a  la fecha en que se profirió la resolución de acusación (13 de octubre  de  2005)  y  cuando  fue  confirmada  tal decisión en segunda instancia (22 de  noviembre  de  2005) ya se encontraba vigente la modalidad de sedición prevista  en  la  Ley 975 de 2004, ello no impone retrotraer lo actuado a la fase anterior  a  la  calificación  para  ajustar  el  pliego  de cargos a la tipicidad que en  realidad corresponde.   

Lo anterior, porque la legislación aplicable  al  asunto  conlleva  una  degradación de la responsabilidad de los procesados,  que  se  traduce  en  la  menor  punibilidad  dispuesta  para  la sedición y la  imposibilidad  de  considerar  el  delito  de porte ilegal de arma de fuego como  conducta punible autónoma.   

De  manera que, como la Fiscalía aún no ha  intervenido   dentro  de  la  audiencia  pública,  le  corresponde  en  su  momento  variar  la  imputación  en punto del cambio en el  nomen iuris de la conducta a  la  que  se  ha  hecho  referencia  (concierto  para delinquir, por el delito de  sedición  establecido  en  el  artículo  71  de  la  Ley 975 de 2005), con las  consecuencias  que  ello  comporta  frente al delito de porte ilegal de armas de  fuego,  calificación  que  resulta  más  favorable  a  los  procesados  que la  derivada  de aplicar la Ley 599 de 2000; todo ello, con  la  finalidad  de  que  el  fallador  pondere  una  tal situación al momento de  proferir la sentencia.   

Resta  señalar  que  la  anterior solución  procesal  no  afecta el principio de congruencia, la estructura del proceso o el  derecho  de  defensa  de  los acusados, pues si una de las conductas imputadas a  los  procesados  fue  calificada  de  conformidad  con  la  Ley 599 de 2000 y la  sentencia  (absolutoria  o  condenatoria)  se  profiere  de  conformidad  con la  denominación  jurídica  de  la  Ley  975  de  2005,  se  estaría partiendo de  idénticos  supuesto  fácticos pero con consecuencias jurídicas diversas a las  inicialmente   previstas,   de  las  cuales  resultan  sensibles  ventajas  para  aquellos.   

Cuestión  final.   

Se  debatió  en  Sala si la ley 975 de 2005  podría  contrariar  principios  de  justicia y del derecho penal con incidencia  negativa  en  la  constitucionalidad de sus disposiciones, pero mayoritariamente  se  desechó  tal  hipótesis  con  fundamento en los siguientes planteamientos:   

No obstante que el artículo 4° de la Carta  Política   permite   inaplicar   aquellas   disposiciones   que   se   ofrezcan  incompatibles  con  el  Estatuto Superior, para ello se requiere de la abierta y  ostensible   contradicción   de   sus  reglas  con  las  superiores1,  de modo que  la  presunción de constitucionalidad que las ampara quede desvirtuada, pudiendo  el    funcionario   judicial,   cuando   eso   ocurre,   preferir   las   normas  constitucionales  sobre  las  de  inferior  jerarquía, con efectos inter   partes  y  en  relación  con  las  personas  involucradas  en  un  conflicto específico, sin que pueda exceder ese  preciso           marco           jurídico2, pues lo contrario implicaría  invadir  la  esfera  de  competencia  de  la  Corte  Constitucional encargada de  definir   por   vía   general   y  con  efectos  erga  omnes    el    ajuste    de   un   precepto   a   la  Constitución.   

          Ahora,   tratándose   de   una   ley  sui  generis,  que  regula  un  tema   muy  puntual en  materia  de  penas  en  el  contexto  de  una justicia transicional, la Corte no  encuentra  establecida esa abierta y evidente contradicción entre los preceptos  en  ella  contenidos  y  el  Orden  Superior, como condición indispensable para  realizar  el  juicio  de constitucionalidad que un mecanismo excepcional como el  control  difuso requiere, lo cual además en modo alguno la puede autorizar para  hacerlo acudiendo a criterios de conveniencia.   

Esta  postura, no es, desde luego, novedosa,  pues  tal  ha  sido  el  criterio  de  la Sala en torno al tema, al precisar que  presupuesto  necesario  para  dar  lugar a tan especial recurso en guarda de los  Preceptos Superiores, es que:   

“el  quebranto  objetivo  de la norma constitucional sea de tal forma flagrante o manifiesto que  no  permita  la mínima interpretación en contrario y,  por  ende, no se requiera de sofisticados argumentos para sustentarla; lo que de  suyo  deslegitima  al  juez colisionante a hacer un pronunciamiento propio de la  jurisdicción  facultada para ello como lo es la Constitucional, por tratarse de  una  ley  expedida  por  el  Congreso  de  la  República  en  ejercicio  de las  facultades        constitucionales”3. (resaltado fuera de texto).   

Además,  en  dicho  pronunciamiento la sala  concluyó,   que   en   tales   circunstancias,   como   aquí  ocurre,  resulta  “inconveniente  adelantarse  a  la  decisión  de la  autoridad  con  atribución  constitucional para juzgar la inexequibilidad de la  comentada disposición”.   

          De  otra  parte,  el  valor  justicia y los principios de igualdad y  proporcionalidad,  en  orden  a  juzgar  la  constitucionalidad de una norma, no  pueden  estudiarse  tal como si se tratara de una ley ordinaria, sino tomando en  cuenta  las singularidades de la que ahora se analiza, expedida con la finalidad  de  resolver  la  tensión  que  en este caso surge entre los conceptos de paz y  justicia,  que  son  también  fundamentos  del  Estado,  y  de  los compromisos  internacionales adquiridos por Colombia.   

Por lo mismo, la vinculación entre política  y  derecho  alcanza  un  nivel  mayor  al  que  de  ordinario  se presenta en la  legislación  común,  en  la  cual,  por  ejemplo,  la  proporcionalidad  de la  respuesta  estatal y la simetría con la agresión a bienes jurídicos, responde  a  la gravedad del injusto y grado de culpabilidad, mientras que, tratándose de  una  ley  especial,  como  aquí  sucede,  se sujetan a otros valores, según se  indicó.   

Lo  anterior,  se insiste, sin perjuicio del  criterio  de  la  Sala  en  cuanto  a  la  conveniencia  o inconveniencia de las  disposiciones  contenidas en la ley de justicia y paz, lo cual es, por supuesto,  irrelevante  para  efectos  de  adoptar  decisiones del tipo de aquella a que se  alude en párrafos precedentes.   

No  obstante las consideraciones anteriores,  conviene  aclarar que un sector de la Sala encontró precisamente esa ostensible  contradicción  entre la norma superior y la legal, respecto del artículo 70 de  la  ley de justicia y paz, fundamentalmente por violación al principio de   la unidad de materia.   

          En  mérito  a  lo  expuesto,  la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACION PENAL,   

RESUELVE   

          1.        DIRIMIR  la  colisión legalmente trabada,  asignando  el  conocimiento  del  presente  asunto  al Juzgado Primero Penal del  Circuito  de Sogamoso, despacho a donde se remitirá el expediente para lo de su  cargo conforme a las razones expuestas en la anterior motivación.   

2.             COMUNICAR  lo  aquí  decidido  al  Juzgado  Penal  del Circuito Especializado de Santa Rosa de  Viterbo, remitiéndole copia de la presente decisión.   

Contra  esta  providencia no procede recurso  alguno.   

Comuníquese    y  cúmplase,   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Permiso   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Cfr,  Corte  Constitucional,  sentencia  T-1290  de  2000,  en la cual se expresó que  “el  antagonismo  entre  los  dos  extremos  de  la  proposición  ha  de  ser  tan  ostensible que salte a la vista del intérprete,  haciendo  superflua  cualquier  elaboración  jurídica  que busque establecer o  demostrar  que existe. De lo cual se concluye que, en tales casos, si no hay una  oposición  flagrante  con  los mandatos de la Carta, habrá de estarse a lo que  resuelva  con  efectos  erga  omnes  el  juez  de constitucionalidad, según las  reglas expuestas”.   

2 Corte  Constitucional, sentencias C-600 de 1998 y T-1290 de 2000.   

3 Auto  del  18  de  junio  de  2002, colisión de competencias. Rad. 19516. En el mismo  sentido, auto del 2 de julio de 2002. Rad. 19517.     

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