25307(22-06-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  25307   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 059.  

         

Bogotá  D.C.,  junio veintidós (22) de dos  mil seis (2006)   

VISTOS  

Acomete la Sala el estudio formal del libelo  de   casación   presentado   por   el   defensor   del  procesado  FABIO   GIL   MORA   MOSQUERA,  contra  la  sentencia  de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Bogotá el  2  de septiembre de 2005, confirmatoria –   en   cuanto  se  refiere  al  mencionado  ciudadano  –  de  la dictada por el Juzgado Segundo  Penal  del Circuito Especializado de la misma ciudad el 31 de enero de la citada  anualidad,  por  cuyo  medio  lo  condenó como autor penalmente responsable del  delito de tráfico de estupefacientes agravado.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Con  ocasión  de  un  registro  voluntario  adelantado  por  autoridades  de  la  policía  el  15  de  noviembre de 2002 al  inmueble    ubicado    en    la    carrera    81    A    No.   39   –  48  sur de  esta  ciudad,  se encontraron en la terraza cinco paquetes que contenían 19.790  gramos  de  cocaína,  motivo  por  el  cual  fueron  aprehendidos  FABIO  GIL  MORA  MOSQUERA  y José          William          Quimbayo         Vaquiro.   

La  Fiscalía  Local  de  Bogotá  declaró  abierta  la  instrucción,  en  cuyo  marco  vinculó mediante indagatoria a los  aprehendidos  y  la  Fiscalía Especializada de la misma ciudad les resolvió su  situación  jurídica  con  medida de aseguramiento de detención preventiva sin  derecho  a  libertad provisional como posibles coautores del delitos de tráfico  de  estupefacientes  agravado  en  atención  a  que  la  cantidad  de sustancia  incautada supera los cinco (5) kilos.   

Cerrado el ciclo instructivo, el sumario fue  calificado  el  17  de  junio de 2003 con resolución de acusación en contra de  los  vinculados,  como presuntos coautores del delito que sustentó la medida de  aseguramiento,  providencia  que  al  ser impugnada por la defensa fue objeto de  confirmación  por  la  Unidad de Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Bogotá  mediante resolución del 31 de julio de 2003.   

La etapa del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito Especializado de Bogotá, despacho que  una  vez surtido el rito correspondiente profirió fallo el 31 de enero de 2005,  por    cuyo    medio    condenó    a    FABIO   MORA  MOSQUERA  y  a  José William  Quimbayo  a  la  pena  principal de doce (12) años de  prisión  y  multa  de  doce  mil  (12.000)  salarios mínimos legales mensuales  vigentes  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso de la pena privativa de la libertad,  como   coautores   penalmente   responsables  del  delito  por  el  cual  fueron  acusados.   

En  la  misma  decisión  les  fue negada la  suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

          Impugnada  la  sentencia  por  el  defensor  de  los  procesados, el  Tribunal  Superior  de  Bogotá la confirmó en cuanto se refiere a FABIO  GIL  MORA, pero decretó la nulidad  de  lo  actuado  respecto  del  otro  incriminado  a  partir de la providencia a  través  de  la  cual se dio traslado a los sujetos procesales en el juicio para  que  solicitaran  la  práctica  de  pruebas  o la declaratoria de nulidad de la  actuación.   

          Contra  el  fallo  de  segundo  grado  el  defensor  de FABIO   MORA  MOSQUERA  interpuso  recurso  extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

Al amparo de la causal primera de casación,  cuerpo  segundo,  el  censor  presenta  un  solo  cargo  contra la sentencia del  ad  quem, al haber incurrido  en error de derecho por falso juicio de convicción.   

          En  la demostración del reproche aduce que se violó indirectamente  el  artículo  232  de  la  Ley  600 de 2000, pues no se encuentra acreditada en  grado  de  certeza  la  materialidad del delito, habida cuenta que en el informe  del  16  de  noviembre  de 2001 “se exponen de manera  genérica  y  poco  específica  las  circunstancias de modo, tiempo y lugar que  rodearon  la  captura” de su asistido “cuando  éste  se  encontraba  en  el  inmueble materia del registro  voluntario”,  en  especial porque sobre la sustancia  encontrada no se practicó la correspondiente prueba de campo.   

          Manifiesta  que  el  acta  de identificación premilinar y pesaje no  puede  tenerse  como  prueba  de  responsabilidad,  pues  no  se  suscribió  en  “el  teatro  de  los  acontecimientos  como  era  el  imperativo  legal sino en las instalaciones de la Sijin evento que por sí mismo  genera  la duda razonable en el sentido si tales paquetes sometidos a experticio  fueron los mismos que se incautaron”.   

          Agrega   que  en  el  informe  del  18  de  diciembre  de  2002,  la  Coordinación  del  Grupo  de Criminalística del Departamento Administrativo de  Seguridad  DAS  concluyó que la sustancia predominante en el material incautado  no   es  cocaína  sino  Benzocaína,  de  donde  concluye  que  “está   realmente   comprobado   que   la  sustancia  incautada  sea  clorhidrato  de  cocaína,  toda  vez  que  no  se  estableció el porcentaje de  alcaloide     hallado     en    la    sustancia    predominante    (Benzocaína)  incautada”.   

          Igualmente,  considera  el  casacionista  que  tampoco  se encuentra  demostrada  la  responsabilidad de su asistido pues los patrulleros Fredy   Hernán   Alvarez  y  José  Edwin Vera Vera, quienes adelantaron  el  procedimiento  que  motivó  este  diligenciamiento,  se  contradicen en las  declaraciones  que  rindieron,  pues  el primero dice que se practicó prueba de  campo  a  la  sustancia  estableciendo que se trataba de bazuco, “en  tanto  que  la  concedida  arrojó  positivo para clorhidrato de  cocaína” y a su vez, el segundo afirma que  la  sustancia  fue rotulada para su posterior análisis, de donde concluye que no se  adelantó   la  referida  prueba  de  campo  y  que  por  tanto  “de   manera   palmaria  se  quebrantó  la  cadena  de  custodia  en  detrimento        de        la        investigación        integral”.   

          También  indica  que  se  desconoce en dónde se encuentra la bolsa  negra  que  fue  incautada,  lo  cual demuestra que la Fiscalía no aseguró los  elementos  de  prueba,  según  lo establecen los artículos 241 y 288 de la Ley  600 de 2000.   

          Añade  que  si  no  es  de  recibo  la  prueba  ilícita  y  si  es  obligación  de  los  funcionarios  judiciales proteger los medios de prueba, se  quebrantó  el inciso 2º del artículo 29 de la Carta Política en la medida en  que  se  conculcó  la  cadena  de  custodia respecto de la sustancia incautada,  prueba  que  entonces tiene el carácter de ilícita y por tal razón debió ser  inadmitida.   

          Adicionalmente   dice   que   si   se   demostró  que  FABIO  GIL MORA  no  sabía   la   clase   de  sustancia  que manipulaba y que tampoco los  funcionarios  judiciales  consiguieron  establecer  con  precisión  de  qué se  trataba,  se  impone  reconocer que el fallo atacado debe ser casado, para en su  lugar   proferir   sentencia   absolutoria   en  pro  de  los  intereses  de  su  asistido.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Ab  initio  impera  precisar  que  el  recurso  de casación, en cuanto juicio técnico –  jurídico  de  constitucionalidad  y  legalidad  del fallo, cuenta con una serie de reglas técnicas señaladas por el  legislador  y  desarrolladas  por la jurisprudencia a fin de que no se convierta  en  una tercera instancia, las  cuales  no  pasan de ser un conjunto de postulados orientados a conseguir que el  demandante   se   sujete  a  unos  mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en  la  postulación  y  desarrollo  de sus reparos, de suerte que resulten inteligibles  en  cuanto  precisos  y claros, dado que no corresponde a la Sala en su función  constitucional   y   legal  develar  o  desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   recurrentes   en  casación.   

Ahora,  tiene  dicho  la  Sala  que el error  de  derecho por falso juicio  de  convicción  tiene  lugar  cuando  existiendo  tarifa  legal  en punto de la  apreciación  de las pruebas, se niega al medio demostrativo el valor que la ley  le  ha  conferido  o  se le otorga un mérito diferente al atribuido legalmente;  por  tanto, en atención a que en el estatuto procesal penal no se conserva este  método   de   apreciación   probatoria,  por  regla  general,  salvo  contadas  excepciones,  la  denuncia  de ésta clase de yerros no tiene cabida en sede del  recurso de casación.   

          En  el  reproche  objeto  de estudio formal encuentra la Sala que si  bien   el  casacionista  postula  un  error  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción,  no encamina su labor a demostrar que los falladores ponderaron una  prueba  o  grupo  de  ellas  contrariando  el  valor  que  el  legislador les ha  asignado.   

          Además,  reprocha que no se haya cumplido con la cadena de custodia  respecto  de  la sustancia incautada y a partir de ello concluye que el dictamen  por  cuyo medio se establece que se trata de estupefacientes es nulo, pero no se  ocupa de demostrar la razón de su aserto.   

          En  efecto,  el  recurrente  no  dice,  ni  la Sala advierte, de una  parte,  cómo  se  produjo  la  ruptura  de la cadena de custodia respecto de la  sustancia  incautada  y  de  otra,  tampoco  señala  por  qué  el dictamen que  establece la naturaleza de dicha sustancia es ilegal.   

          Es  claro  que  si  lo  pretendido  por el defensor era acreditar la  ilegalidad  del  experticio  sobre  la  sustancia  incautada,  le  correspondía  proponer  la  violación  indirecta  de  la  ley sustancial por error de derecho  derivado  de  un  falso  juicio de legalidad, demostrando a la par que pese a la  ilegalidad  de  la prueba esta fue considerada por los funcionarios judiciales y  a  la  postre  sirvió  de  fundamento  al  fallo  de  condena,  proceder que no  acometió.   

Habida cuenta que la pretensión del actor se  orienta  a  reclamar la configuración de duda razonable, era imprescindible que  señalara  la  vía  de  su  impugnación,  esto es, si se trataba de violación  directa  o indirecta. Si postulaba la primera, le correspondía demostrar que el  fallador  reconoció  en  las  consideraciones  de  la  providencia  atacada  la  existencia   de   dudas   trascendentes   de  imposible  eliminación  sobre  la  materialidad  de  la conducta o la responsabilidad del procesado y, pese a ello,  profirió  sentencia  de  condena  con  exclusión  evidente  de la disposición  normativa  que contiene el principio, cuando le correspondía en consonancia con  su    exposición   absolver,   reglas   que   el   defensor   desatendió   por  completo.   

Pero si el vicio denunciado se fundaba en la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, debía señalar si se trató de un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia, falso juicio de identidad o  falso  raciocinio,  o  de  un error de derecho por falso juicio de convicción o  falso  juicio de legalidad, acreditar su trascendencia y señalar su corrección  e    injerencia    en    la    sentencia   impugnada,   técnica   que   tampoco  utilizó.   

          Por  el  contrario, el casacionista únicamente procede a plasmar su  criterio  personal  y  llega a afirmar sin demostración alguna que no se obtuvo  la   certeza   necesaria   para  condenar  a  su  procurado,  sin  adentrarse  a  especificar,  como  es  su  obligación,  qué  aspectos  no  fueron debidamente  dilucidados  y probados en la actuación y dan lugar a la conformación de dudas  trascendentes  sobre  la  materialidad  del  ilícito  o  la responsabilidad del  procesado.   

          Evidente  resulta,  entonces,  que  el  censor se desentiende de las  reglas  técnicas  de  postulación y desarrollo del reproche, circunstancia que  no  deja  a  la  Sala  camino  diferente  a  seguir que el de la inadmisión del  cargo.   

Finalmente,  si  bien  el  recurrente estima  violado  el  artículo 232 de la Ley 600 de 2000 que se ocupa de la necesidad de  la  prueba,  sin  dificultad  encuentra  la  Sala  que  tal precepto no tiene la  condición  de norma sustancial, en cuanto no define conductas delictivas o hace  referencia  a  la  punibilidad o a la responsabilidad, sino que sólo sirve como  medio  o  instrumento para arribar a los fines de las disposiciones sustantivas,  falencia  que  se  desentiende  de la preceptiva contenida en el numeral 1º del  artículo  207 de la referida legislación, según la cual, la casación procede  “cuando   la   sentencia   sea  violatoria  de  una  norma     de     derecho    sustancial”  (subrayas fuera de texto), cuya cita  resulta   imprescindible   (numeral   3º   del   artículo   212   ejusdem),  razón  de  más  para advertir  falencias lógicas en la presentación de la demanda.   

Así las cosas, encuentra la Sala que si el  impugnante  no  ajusta  su  libelo  a  las  reglas  dispuestas  para  postular y  demostrar  el  reproche  que  presenta  contra  el  fallo de segundo grado y, en  virtud  del principio de limitación que rige el trámite casacional la Corte no  se  encuentra  facultada  para  enmendar las falencias de aquél, de conformidad  con  lo  dispuesto  en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000 se impone de plano  la inadmisión de la demanda.   

          Para   concluir   es   necesario   señalar  que  no  se  observa  dentro  del  trámite  o en el fallo objeto del recurso,  violación    de    derechos    o    garantías   del   procesado   FABIO  GIL  MORA  MOSQUERA, como para que  tal  circunstancia  impusiera  el ejercicio de la facultad oficiosa que sobre el  particular  le  confiere  el  legislador  en  punto de  asegurar su protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor del procesado FABIO  GIL  MORA  MOSQUERA, por las razones  expuestas en la anterior motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 187 del Código de  Procedimiento    Penal,    contra    este    proveído    no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

        Comisión      de  servicio   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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