25229(19-07-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25229  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

                            Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta Nº: 73   

Bogotá, D.C., diecinueve de julio de dos mil  seis.   

VISTOS  

La  Corte examina si la demanda de casación  presentada  en  nombre  de los procesados, JUAN CARLOS  TRUJILLO   y  JOSÉ  RAMIRO  ECHEVERRY  VANEGAS,  contra  la  sentencia  de segunda  instancia  dictada  por  el  Tribunal  Superior Militar el 31 de agosto de 2005,  confirmatoria  de  la  que profirió el Juzgado de Instancia del Departamento de  Policía  Valle  con  asiento en Santiago de Cali el 19 de abril del mismo año,  por  cuyo  medio  los  condenó a las penas principales de 2 años de prisión y  multa  equivalente  a  30  s.m.l.m.v., como coautores responsables del delito de  cohecho  impropio  -Art.  406,  inciso 2° de la Ley 599 de 2000-, satisface los  presupuestos  de  procedencia  y de viabilidad previstos en los artículos 205 y  212 del C. de P. Penal.   

HECHOS  

          Mediante  labores  de control realizadas al establecimiento público  denominado  “Claudia”  que  funcionaba como casa de lenocinio, ubicado en la  calle  23 N° 19-51 del perímetro urbano de la ciudad de Manizales, miembros de  la  Policía  Judicial al Comando de Policía Caldas pudieron establecer cómo a  eso  de  7:35  de  la  noche  del  1° de noviembre de 2003, aproximadamente, la  patrulla  policial  conformada  por el SI. JUAN CARLOS  TRUJILLO  y  el  AG.  JOSÉ  RAMIRO  ECHEVERRY  VANEGAS recibían de la propietaria  del  citado  local  la  llamada  “cuota”,  como  quiera  que  careciera  de  la  respectiva  licencia  de  funcionamiento.   

          Ordenada  indagación  preliminar por el Juzgado 160 de Instrucción  Penal  Militar  y  practicadas  algunas pruebas, por auto del 30 de diciembre de  2003  el  citado  despacho dispuso la formal apertura de instrucción y vinculó  mediante  indagatoria  a  los  implicados,  a  quienes  luego  de  definirles su  situación  jurídica remitió las diligencias a la Fiscalía 148 Penal Militar,  dependencia  esta  que tras declarar clausurado el ciclo investigativo, mediante  proveído  del 20 de octubre de 2004 los acusó por el delito de cohecho propio,  determinación  que confirmó la Fiscalía 1ª ante el Tribunal Superior Militar  por  la suya del 23 de noviembre del mismo año, al desatar la alzada que contra  aquella resolución interpuso la defensa.   

          Surtido  el  juicio,  se  produjeron los fallos de primero y segundo  grados  de  los  que se hizo mérito en el acápite inicial de esta providencia.  Inconforme  el  defensor  con  la  decisión  del Tribunal, interpuso el recurso  extraordinario  de casación, cuya demanda en su aspecto formal ahora examina la  Sala.       

                

LA  DEMANDA   

Con  fundamento  en la causal 1ª, un único  cargo  propone el censor contra la sentencia recurrida, por violación indirecta  de   la   ley   sustancial   por  error  de  hecho  en  la  estimación  de  las  pruebas.   

Estima  el  censor que el fallo impugnado se  sustenta   en  el  testimonio  de  la  Sra.  Claudia  Idalba  Jaramillo  Botero,  afirmación  tras  la  cual  dice  entrar a analizar dicho medio de prueba, como  también  lo dicho por otros declarantes  -al efecto transcribe los apartes  pertinentes  de  sus  atestaciones-,  para  arribar  a  la conclusión que en el  presente  caso  “no se vislumbra comportamiento por  parte  de  mis  mandantes, que pueda asimilarse al cohecho aparente, por el cual  fueron  condenados”,  como que ni siquiera se logró  determinar  que  los implicados tuviesen conocimiento de la carencia de licencia  de    funcionamiento    del    establecimiento    en   cuestión.   Seguidamente  agrega:   

“Se  ha querido  edificar  la  incriminación,  en  supuestos, esto es, como en un video aparecen  los   implicados   recibiendo   un   billete,   entonces   es   la  ‘cuota’  para  que  permitieran que siguiera  funcionando la casa de citas, que carecía de permiso.   

“Doña  CLAUDIA  IDALBA   afirma   que   los  procesados  nunca  le  pidieron  documentos  de  su  establecimiento,  ni  con  ellos  trató  o  comentó  algo al respecto, así lo  expresa  claramente; considero entonces que es totalmente improcedente, presumir  que  el  dinero que se dice regaló la plurimencionada dama, se relaciona con la  ausencia del permiso.   

“Insisto   y  aclaro,  de  otros policiales sí afirma CLAUDIA IDALBA, que la presionaban y le  exigían plata, pero no TRUJILLO y ECHEVERRY.   

“Sobre  dicho  documento,  bien  se  sabe  que  es  resorte  de  la  secretaría de gobierno de  MANIZALES,  si  lo  expide  o  no;e igualmente es ese organismo a través de una  inspección  de policía, el único que puede ordenar el cierre del negocio, que  funciona  irregularmente.  Lo  anterior  es  totalmente  ajeno  a mis defendidos  (…)”   

A juicio del casacionista, la conducta de sus  asistidos  a lo sumo cabría tipificarse como una infracción disciplinaria, por  la  que  efectivamente  ya  fueron  sancionados,  mas  no como un acto delictivo  sujeto   a   pena.  La  ilegalidad  reconocida  sobre  las  grabaciones  que  se  incorporaron   a   la  actuación,  aduce,  “afecta  igualmente  a  todo  lo que se deriva de las mismas, como las manifestaciones de  la  señora  CLAUDIA  IDALBA  cuando  le  exhibieron  la  película.”   

Tras  reiterar que en este caso la prueba ha  sido  apreciada  erróneamente,  a manera de colofón de sus argumentos sostiene  que  tal  yerro  se  evidencia  en  la  valoración  del  testimonio  de la Sra.  Jaramillo  Botero,  de  cuyo  dicho  mal puede inferirse que sus defendidos sean  responsables  del  delito de cohecho impropio como se considera en los fallos de  instancia,  conclusión  a  la  que  arriba tras citar lo que acerca del tema ha  escrito un conocido doctrinante.    

    

   Casar la sentencia recurrida y en su  lugar  decretar  la  absolución  de  los  implicados,  es  la  pretensión  del  censor.      

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Una vez más reitera la Sala, que frente a la  casación  excepcional se precisan de los mismos requisitos de procedibilidad de  la  casación común u ordinaria, salvo respecto de los fallos contra los cuales  procede,  pues  conforme  a  lo  establecido  en  el inciso 3º del Art. 205 del  Código   de  Procedimiento  Penal,  dicho  medio  impugnativo  solamente  puede  proponerse  en  relación  con  los  fallos  de segundo grado proferidos por los  Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial  y  el  Tribunal Penal Militar en  procesos  adelantados  por  delitos  que  tengan  señalada pena privativa de la  libertad  cuyo  máximo  no  exceda de ocho (8) años, o contra los fallos de la  misma  naturaleza dictados por los Juzgados Penales del Circuito sin importar en  estos     eventos     el    quantum    punitivo.   

En  ese  orden  de ideas, tales presupuestos  dicen  relación con su interposición dentro de la oportunidad legal por sujeto  procesal  legitimado  y  revestido  de  interés  jurídico,  quien además debe  enseñarle  a la Corte la necesidad de su intervención, bien para el desarrollo  de  la  jurisprudencia  -ya porque no exista antecedentes sobre una materia, ora  porque  existiendo  hay  pronunciamientos  enfrentados,  o  porque  es necesario  aclarar  algún  aspecto-,  o  para  la garantía de los derechos fundamentales,  caso  este  en  el  cual  ha  de  especificarse  el derecho objeto de quebranto,  señalando  el  medio que lo garantiza, y la irregularidad en la cual se origina  su  desconocimiento,  atropello  o  vulneración; valga decir, debe indicarse de  manera  concreta  en  qué consistió la violación y su influencia nociva en la  garantía,  que  no  permite  el goce o libre ejercicio del derecho fundamental,  pues,  como  lo  dijo  la  Sala  en  auto  del  25  de  septiembre de 1997, Rdo.  13.401:   

“Como   la  necesidad   del  desarrollo  jurisprudencial  y/o  la  tutela  de  los  derechos  fundamentales  surge del caso concreto, no de una abstracta consideración de la  Corte,  es  obvio  que  ésta  no puede ex-officio hacer una declaración de tal  naturaleza,   previa   revisión   del   proceso,  pues  ello  comportaría  una  inconveniente  anticipación  de  juicios sobre la materia de inconformidad. Por  ello,  de  manera  razonable,  se exige al recurrente que escriba la motivación  concreta  que  lo  impulsa  a  interponer el recurso, referida a uno o a los dos  fines  exclusivos  de  la  casación discrecional, única manera de conciliar el  carácter  rogado  de  las  impugnaciones  con  aquellas  loables necesidades de  interés  público,  pues, aunque con matiz excepcional, sigue siendo un recurso  extraordinario  que  se  radica  en  las partes y no una facultad oficiosa de la  Corte.   

“Aunque  finalmente  todo  depende  de la discrecionalidad reglada de la Corte, lo cierto  es  que  el  peticionario  ha  de  exhibir la argumentación autosuficiente para  mostrar  la  necesidad  de  un desarrollo jurisprudencial o de la protección de  derechos  fundamentales  supuestamente  conculcados,  pues  sólo  a  partir del  señalamiento   concreto   de   falencias   puede  el  órgano  decisor  avanzar  dialécticamente  sobre  temas  que de otra manera le están vedados por obra de  la   legalidad   y   el   acierto   que   se   presumen  en  el  debate  de  las  instancias.”   

Ninguno  de los anteriores derroteros cumple  el  demandante, porque si bien la impugnación se ejercitó oportunamente contra  sentencia  de  segundo  grado expedida por el Tribunal Superior Militar respecto  de  delitos  cuya  penalidad  máxima no supera ese tope de 8 años -la conducta  punible  de  cohecho  impropio  tipificada en el inciso 2° del Art. 406 de  la  Ley  599  de 2000 apenas si alcanza el límite punitivo de cinco (5) años-,  es  lo  cierto  que la argumentación pertinente se halla huérfana de cualquier  planteamiento  serio  que le indique a la Corte la necesidad de su intervención  en  orden  al  cumplimiento  del  cometido  que  le impone una cualquiera de las  alternativas   posibles   que   tornan   viable  el  ejercicio  de  su  potestad  discrecional,   como   con   antelación  se  indicó  y,  del  mismo  modo,  la  acreditación  del  consecuente  agravio  que  para  los  procesados contiene la  sentencia cuestionada.   

         

         Y  como  del  contexto del libelo tampoco se infiere que haya dejado  patente  la  necesidad  de  desarrollar la jurisprudencia o de garantizar algún  derecho  fundamental,  por  cuanto  el  enfoque  de la demanda exclusivamente se  dirigió  a  cuestionar  los razonamientos probatorios de la sentencia, pero sin  desarrollo  alguno  y  sin  mención  atendible  de la forma como esa situación  incidió  en las garantías de los justiciables, finalmente dígase que como los  reparos  relacionados  con  la  apreciación de las pruebas de suyo no entrañan  una  afrenta  directa a derecho fundamental alguno, pues el agravio se mediatiza  por  el  establecimiento  de los errores de juicio en su estimación, los mismos  no   pueden   tenerse  como  sustentación  válida  del  recurso  de  casación  discrecional.   

          Este  medio  de  impugnación  excepcional sólo se justifica por la  urgencia  de  proteger  las garantías fundamentales conculcadas, si el daño se  pone  en  evidencia  con  la sola indicación descriptiva de su ocurrencia o que  surja  del  texto  de  la demanda, cuestión que por completo olvidó el censor.   

Se  insiste,  los razonamientos en relación  con  la  apreciación de las pruebas, dada la indeterminación de los resultados  por  la  posibilidad de meras discrepancias valorativas, no pueden ser argumento  suficiente    para    reclamar   una   casación   sujeta   a   tan   singulares  necesidades.   

         

Lo anterior es suficiente para no acceder al  estudio  de  la  demanda que el defensor de la procesada ha instaurado contra la  sentencia  impugnada,  como  quiera  que no sólo no acreditó los requisitos de  procedencia  de  la  casación  discrecional  -Art. 205, inciso 3° del C. de P.  Penal-,  sino  que  ni  siquiera  la invocó.  Por lo demás no se advierte  violación de garantías fundamentales.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  en  nombre de JUAN  CARLOS   TRUJILLO  y  JOSÉ  RAMIRO  ECHEVERRY  VANEGAS, conforme con lo plasmado en  el   cuerpo   del   presente  proveído,  contra  el  cual  no  procede  recurso  alguno.   

Cópiese, notifíquese y  devuélvase  a  la  oficina de  origen   

Cúmplase.  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

Permiso  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                     ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                       

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN             MARINA PULIDO DE BARÓN          

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                 YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JAVIER           ZAPATA  ORTIZ                                     TERESA RUIZ NÚÑEZ   

                                                          Secretaria             

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