26357(23-11-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  26357   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 133.  

Bogotá  D.C.,  noviembre veintitrés de dos  mil seis (2006)   

VISTOS  

La  Sala  se  pronuncia  en  punto  de  los  requisitos  de  lógica  y  adecuada  fundamentación  del  libelo  de casación  presentado   por  el  defensor  del  procesado  ALIRIO  BAUTISTA   PINEDA,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida por el Tribunal Superior de Florencia el 9 de mayo de 2006,  por  disposición  del  Consejo  Superior  de la Judicatura, confirmatoria de la  dictada  por  el Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de Bucaramanga  el  6  de  mayo  de  2003,  por  cuyo  medio  lo  condenó como autor penalmente  responsable  del  delito de secuestro extorsivo de que fue víctima el ciudadano  Eduardo        Carreño        Díaz.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Aproximadamente a las 7:30 de la noche del 21  de   septiembre   de  1992,  cuando  Eduardo  Carreño  Díaz  se  desplazaba  en su vehículo por la calle 50  con  carrera  16  de  Bucaramanga,  fue  interceptado  por  dos  personas que se  identificaron  como  agentes  de la Policía Nacional, quienes le solicitaron su  identificación.   Luego   se   acercaron   otros  dos  individuos,  los  cuales  manifestaron  ser  miembros  de  la  SIJIN  y se subieron al automotor aduciendo  inicialmente   que   tenía   que  acompañarlos,  pero  luego  le  dijeron  que  pertenecían  a  las  FARC,  lo  vendaron  y  lo llevaron a diferentes lugares y  posteriormente  fue  solicitada  por su liberación la suma de cuarenta millones  de pesos. El plagiado fue liberado el 14 de febrero de 1993.   

Una   Fiscalía  Regional  de  Bucaramanga  declaró  abierta  la instrucción, en cuyo marco vinculó mediante declaratoria  de     persona    ausente    a    ALIRIO    BAUTISTA  PINEDA   y   Fredy  Mancipe  Carrillo,  resolviéndoles su situación jurídica con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  sin  derecho  a  libertad  provisional    como    posibles    coautores    del    delito    de    secuestro  extorsivo.   

Clausurado  el ciclo instructivo, el sumario  fue  calificado  el 6 de febrero de 1998 con resolución de acusación en contra  de  los  procesados  como presuntos coautores del delito que sustentó la medida  de   aseguramiento,   decisión   que  al  ser  impugnada  por  el  defensor  de  Fredy  Mancipe, fue objeto de  revocatoria  respecto  de este, pero fue confirmada con relación a ALIRIO  BAUTISTA por parte de la Unidad de  Fiscalía  Delegada  ante el Tribunal Nacional mediante proveído del 27 de mayo  de la misma anualidad.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito Especializado de Bucaramanga, despacho  que  una  vez  surtido  el  rito correspondiente profirió fallo el 9 de mayo de  2006,  por cuyo medio condenó a ALIRIO BAUTISTA PINEDA  a  la  pena  principal  de  veintisiete  (27) años de  prisión  y multa por mil trescientos cincuenta (1350) salarios mínimos legales  mensuales  vigentes,  a  la  accesoria  de interdicción de derechos y funciones  públicas  por diez (10) años y al pago de la correspondiente indemnización de  perjuicios  como coautor penalmente responsable del delito objeto de acusación.  En  la  misma  decisión  le  fue  negado  el  subrogado  penal de la condena de  ejecución  condicional,  así  como  la prisión domiciliaria sustitutiva de la  intramural.   

          Impugnada  la  sentencia  por  la  defensa,  el Tribunal Superior de  Florencia  la  confirmó  mediante fallo del 9 de mayo de 2006, el cual es ahora  objeto   de   impugnación   extraordinaria  interpuesta  por  el  defensor  del  procesado.   

LA DEMANDA  

Al amparo de la causal primera de casación,  cuerpo  segundo,  el  demandante  manifiesta  que  en la sentencia impugnada los  falladores  incurrieron  en error de hecho por falso raciocinio que condujo a la  aplicación  indebida  del  artículo  169  de la Ley 599 de 2000, a la falta de  aplicación  de  los artículo 7º y 232 del estatuto procesal y a la violación  de los artículos 238 y 287 del mismo ordenamiento.   

En  la fundamentación del reproche aduce el  censor  que  si los sentenciadores manifestaron que la única prueba de cargo en  contra  de  su representado fue la declaración de Juan  Antonio  Romero  Garzón  (alias  El Canoso), debieron  también ponderar la ulterior retractación de éste.   

          Agrega  que  tal  omisión  configura “un  hecho  de gran trascendencia en el resultado final que determinó el fallo, pues  si   se   hubiera  observado  correctamente  el  procedimiento  de  análisis  y  valoración  integral  de  la  abundante  prueba existente en el instructivo por  parte  del  Tribunal  de  Florencia, con toda seguridad el fallo no hubiere sido  confirmatorio,  sino  revocatorio  de la sentencia condenatoria, pues en el peor  de  los  casos  en  aras de preservar la presunción constitucional de inocencia  que  ampara  a  mi  respaldado  y  ante  los  vacíos probatorios, dudas y meras  probabilidades,  por el principio in dubio pro reo se debió resolver el fallo a  favor       del      procesado      ALIRIO      BAUTISTA      PINEDA”.   

          Con  base  en  lo  anterior, el defensor solicita a la Sala casar la  sentencia  impugnada,  para en su lugar proferir fallo de reemplazo de carácter  absolutorio en favor de su procurado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Inicialmente  impera  precisar  que  en  el  análisis formal de las  demandas  de  casación  corresponde  a  la  Sala  verificar que los recurrentes  formulen  sus  reproches  con  sujeción  a los requisitos de lógica y adecuada  argumentación   definidos   por   el   legislador   y   desarrollados   por  la  jurisprudencia,  a fin de que este recurso extraordinario no se convierta en una  tercera   instancia.  Tales  exigencias  se  orientan a conseguir que los libelos se enmarquen dentro de unos  mínimos  lógicos y de coherencia en la postulación y desarrollo de los cargos  propuestos,  de  suerte  que  resulten inteligibles en cuanto precisos y claros,  dado  que no corresponde a la Sala en su función constitucional y legal develar  o   desentrañar   el   sentido  de  confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones de los impugnantes en casación.   

Ahora,  habida cuenta que el censor aduce la  presencia  de un error de hecho por falso raciocinio, es pertinente señalar que  tal  yerro tiene lugar cuando al apreciar las pruebas obrantes en la actuación,  los  juzgadores  extraen conclusiones que violan las reglas de la sana crítica,  caso  en el cual le corresponde al demandante establecer qué dice concretamente  el  medio probatorio, qué se infirió de él en la sentencia atacada, cuál fue  el  mérito  persuasivo  otorgado,  determinar  el  postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el  fallo,  debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta, identificar la  norma   de   derecho   sustancial   que   indirectamente   resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada  y  finalmente,  demostrar  la  trascendencia  del error  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la adecuada apreciación de aquella  prueba,  con  la indeclinable obligación de acreditar que la enmienda del yerro  daría  lugar a un fallo esencialmente diverso y favorable a los intereses de su  representado, proceder que no acometió.   

Además,  es  claro  que  si  el reproche se  orienta  a cuestionar que no fue ponderada la retractación de quien señaló al  procesado  como  coautor  del delito investigado, le correspondía al impugnante  plantear  un  error  de hecho por falso juicio de identidad, el cual tiene lugar  cuando  el  juzgador  se equivoca al apreciar la prueba, dado que, obrando en el  proceso,  al  valorarla distorsiona su contenido cercenándola, adicionándola o  tergiversándola.   

En  tal  caso  debe  el  impugnante señalar  mediante  el  cotejo objetivo de lo dicho en el medio probatorio y lo asumido en  el  fallo,  qué  aparte  fue  omitido  o  añadido a la prueba, qué efectos se  produjeron  a  partir  de  ello y, lo más importante, cuál es la trascendencia  del  yerro en la declaración de justicia contenida en la parte resolutiva de la  sentencia  atacada,  tópico  que  no  puede  ser  demostrado con la exposición  subjetiva  del  criterio  del actor acerca del valor que corresponde al medio de  prueba   que  estima  tergiversado,  pues  menester  resulta  que  materialmente  acredite  que  el  error  condujo  a  la falta de aplicación o a la aplicación  indebida  de  la ley sustancial en el fallo, esto es, que corregido el yerro, la  prueba  debidamente valorada en conjunto con las demás modifica sustancialmente  el  sentido  de  la  decisión  reprochada,  labor  que  tampoco  emprendió  el  casacionista.   

Ahora, si de conformidad con el principio de  claridad  y  precisión que rige la presentación y fundamentación del cargo en  este  trámite, corresponde al actor dentro de la violación indirecta de la ley  sustancial,  identificar  la  especie  de  yerro  que reprocha y conforme a ello  desarrollar  la  censura,  no se aviene al referido principio que respecto de la  misma  prueba  y  en  el  mismo  reproche,  o  en otro postulado sin señalar su  prioridad,  se  confunda la argumentación y acreditación propias de errores de  distinta  especie, como ha ocurrido en este asunto, con el falso raciocinio y el  falso juicio de identidad.   

          La  referida  confusión lógica y conceptual imposibilita a la Sala  para  acometer  el  estudio  de  la censura así planteada, más aún, cuando el  impugnante  no  se  ocupa  de desvirtuar el aporte demostrativo de otras pruebas  que   obran   en   la   actuación,   como  para  derrumbar  la  atribución  de  responsabilidad contenida en el fallo atacado.   

En   cuanto  se  refiere  a  la  falta  de  aplicación  del principio in dubio pro reo,  es  evidente  que  el  defensor  únicamente procede, sin más, a  plasmar  su  criterio  personal  y llega a afirmar sin demostración alguna, que  existen   “dudas,   vacíos   probatorios  y  meras  probabilidades”  en  punto  de la responsabilidad de  ALIRIO  BAUTISTA  PINEDA, sin  adentrarse  a  especificar,  como  es  su  obligación,  qué aspectos no fueron  debidamente   dilucidados  y  probados  en  la  actuación  y  dan  lugar  a  la  conformación  de  dudas  trascendentes  sobre la materialidad del ilícito o la  responsabilidad del incriminado.   

          Adicional  a  lo  anterior  se  tiene que si bien el actor considera  violados  los  artículos 232 (necesidad de la prueba), 238 (apreciación de las  pruebas)  y  287  (apreciación  de  los  indicios)  de  la Ley 600 de 2000, sin  dificultad  encuentra  la  Sala  que  tales preceptos no tienen la condición de  normas   sustanciales,  en  cuanto  no  definen  conductas  delictivas  o  hacen  referencia  a  la punibilidad o a la responsabilidad, sino que sólo sirven como  medio  o  instrumento para arribar a los fines de las disposiciones sustantivas,  falencia  que  se  desentiende  de la preceptiva contenida en el numeral 1º del  artículo  207 de la referida legislación, según la cual, la casación procede  “cuando   la   sentencia   sea  violatoria  de  una  norma     de     derecho    sustancial”  (subrayas fuera de texto), cuya cita  resulta   imprescindible   (numeral   3º   del   artículo   212   ejusdem),  razón  de  más  para advertir  incorrecciones   lógicas   y   de   fundamentación  en  la  presentación  del  cargo.   

Es  claro  que  si el libelo de casación no  corresponde  a  un  alegato  de  libre confección, su presentación con base en  meras  apreciaciones  personales  del  impugnante y sin atenerse a alguna de las  reglas  lógicas  y argumentativas que lo gobiernan, comporta el desconocimiento  de la dual presunción de acierto y legalidad del fallo atacado.   

Así las cosas, encuentra la Sala que si el  censor  no  ajusta  su  demanda  a  las  exigencias  dispuestas  para postular y  demostrar  el  reproche  que  presenta  contra  el  fallo de segundo grado y, en  virtud  del principio de limitación que rige el trámite casacional la Corte no  se  encuentra  facultada  para enmendar las falencias de aquella, de conformidad  con  lo  dispuesto  en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000 se impone de plano  la inadmisión del libelo.   

          Para   concluir   es   necesario   señalar  que  no  se  observa  dentro  del  trámite  o en el fallo objeto del recurso,  violación    de    derechos    o    garantías   del   procesado   BAUTISTA   PINEDA,  como  para  que  tal  circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa que sobre el  particular  le  confiere  el  legislador  en  punto de  asegurar su protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor del procesado ALIRIO  BAUTISTA  PINEDA,  por las razones  expuestas en la anterior motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 187 del Código de  Procedimiento    Penal,    contra    este    proveído    no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                              MARINA    PULIDO    DE  BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES               YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

Comisión de servicio  

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                      JAVIER ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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