25228(10-05-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  25228   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 044.  

Bogotá D.C., mayo diez (10) de dos mil seis  (2006).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  en  punto  de  la  admisibilidad  formal  del  libelo  de  casación presentado por el defensor del  procesado    ORLANDO    DÁVILA   CASTRO,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  Militar  el  18  de  octubre  de  2005,  mediante la cual lo  condenó  a  la  pena  principal  de  seis  (6)  meses  de  prisión  como autor  penalmente  responsable  del delito de ataque al inferior, decisión que revocó  el  fallo  dictado  el  8 de junio de 2005 por el Juzgado Séptimo de Brigada de  Primera  Instancia  de  Neiva  que  lo había absuelto del cargo por el referido  delito.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Aproximadamente  a  las  once  de  la noche del 30 de enero de 2003,  cuando   el   Sargento   Viceprimero  ORLANDO  DÁVILA  CASTRO se dirigió a pasar revista a las instalaciones  de  las  fiscalías  locales  ubicadas  cerca  del Palacio de Justicia de Neiva,  escuchó   cuando   un   grupo  de  soldados  entre  los  cuales  se  encontraba  Víctor  Manuel  Pira Garzón  le  gritaban expresiones tales como “viejito cansón,  ciego  y  tuerto”;  entonces, regresó al Palacio de  Justicia  y  le ordenó al mencionado soldado que ingresara, para posteriormente  llamarle  la  atención y propinarle un golpe en el rostro que le determinó una  incapacidad de dos (2) días sin secuelas médico legales.   

          Con  fundamento  en la denuncia presentada por el soldado agredido,  el  Juzgado  Sesenta  y Cuatro de Instrucción Penal Militar declaró abierta la  instrucción,  en  cuyo  desarrollo  vinculó  mediante  injurada a ORLANDO  DÁVILA  CASTRO, resolviéndole  su  situación  jurídica  con  medida de aseguramiento de detención preventiva  sin  beneficio  de  libertad  provisional,  como  posible  autor del concurso de  delitos de ataque al inferior y lesiones personales.   

Posteriormente, mediante auto del 16 de enero  de  2003  se  aceptó  el  desistimiento  de  la acción penal presentado por el  ofendido,  pero  sólo  en  cuanto se refiere al delito de lesiones personales y  continuó   el   diligenciamiento   con   relación   al  delito  de  ataque  al  inferior.   

Mediante  providencia  del 6 de noviembre de  2006  se  adicionó  a  la  resolución de situación jurídica del procesado la  eventual   comisión   del   delito   de   falsedad   ideológica  en  documento  público.   

Concluido el ciclo instructivo, la Fiscalía  Diecinueve  Militar  ante el Juez de Brigada calificó el mérito del sumario el  8  de  noviembre  de 2004 con resolución de acusación en contra del sindicado,  como  presunto  autor  del  concurso de delitos de ataque al inferior y falsedad  ideológica en documento público.   

Impugnada  la acusación por el defensor del  procesado,  la  Fiscalía  Cuarta ante el Tribunal Superior Militar la confirmó  respecto  del  delito  de  ataque al inferior a través de providencia del 28 de  febrero   de  2005,  pero  la  revocó  con  relación  al  delito  de  falsedad  ideológica  en  documento  público  y  dispuso la correspondiente cesación de  procedimiento por la referida conducta.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado Séptimo de la Novena Brigada de Neiva, despacho que una vez surtido  el  rito  pertinente  profirió  fallo  el  8  de  junio de 2005, por cuyo medio  absolvió   a   ORLANDO   DÁVILA  CASTRO por el delito de ataque al inferior.   

El Procurador Judicial impugnó la mencionada  sentencia  y  el  Tribunal  Superior Militar mediante fallo del 18 de octubre de  2005  la  revocó, para en su lugar condenar al procesado a la pena principal de  seis  (6)  meses  de  prisión  y  a la accesoria de separación absoluta de las  Fuerzas  Militares,  como  autor  penalmente responsable del delito de ataque al  inferior.   

El     defensor     de    ORLANDO  DÁVILA  CASTRO interpuso recurso  de  casación  contra  la  sentencia de segundo grado y allegó oportunamente el  correspondiente libelo.   

LA DEMANDA  

Al amparo de la causal primera de casación,  cuerpo  segundo, el defensor manifiesta que el Tribunal violó indirectamente la  ley    sustancial    al    incurrir    en    errores    de   hecho   por   falso  raciocinio.   

          En  punto de la demostración del reproche aduce que al ponderar las  declaraciones  de  los  soldados  Fabio  Nelson  Silva  Esquivel  y  Sergio  Galindo  Fernández,    el    ad  quem  conculcó  las  reglas  de la sana crítica y el  instituto    del   in   dubio   pro   reo,  pues  asumió  que  aquellos  fueron testigos presenciales de los  hechos  investigados y los tuvo como convincentes y sinceros, con lo cual violó  los artículos 7º, 238, 232 y 277 del estatuto procesal penal.   

          Acto  seguido,  el  casacionista  refiere que en el diligenciamiento  obran    declaraciones    como    las    de    Jesús  Chaux,  Remigio  Villarraga  Castañeda,   Julio  Cesar  Castillo   Ruíz,  Santiago  Vélez  Falla y Sergio Galindo  Fernández,   quienes   relatan  que  el  denunciante  Víctor  Manuel  Pira Garzón  se   golpeó   en   la   cara   para   incriminar   al   procesado  ORLANDO  DÁVILA CASTRO, pues entre los dos  existía una vieja rencilla.   

          Igualmente  cuestiona  la distancia desde la cual dicen los testigos  de  cargo  que  observaron  el  desenvolvimiento  de  la  conducta  de ataque al  inferior  y agrega, que de acuerdo con las reglas de la lógica se presentó una  fraternidad  entre  el  denunciante y sus compañeros para conseguir la sanción  de  DÁVILA  CASTRO a fin de  perjudicarlo en su carrera militar.   

          Finalmente  afirma  que  el  Tribunal  Superior desconoció máximas  elementales  de  la  experiencia,  según las cuales, se podía verificar que la  credibilidad  de  los  testigos de cargo estaba afectada y por ello, el fallo de  segundo grado debió ser absolutorio.   

Con fundamento en lo anterior, el impugnante  solicita    a    la   Sala   “CASE   LA   SENTENCIA  RECURRIDA”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

De  conformidad  con  el  inciso  1º  del  artículo  205  de  la  Ley  600  de  2000,  este  mecanismo  extraordinario  de  impugnación  procede  contra las sentencias proferidas en segunda instancia por  los  tribunales superiores de distrito judicial y por el Tribunal Penal Militar,  cuando  se  proceda por “delitos que tengan señalada  pena  privativa  de la libertad cuyo máximo exceda de  ocho años” (subrayas fuera de texto).   

En aquellos casos en que el fallo de segundo  grado  no  es  proferido  por los mencionados tribunales, o que el delito por el  cual  se  procede  tiene  pena  privativa  de  la  libertad  inferior al quantum  señalado  en  precedencia  o  sanción no restrictiva de la libertad, el inciso  3º  del  artículo  205  del  estatuto  procesal penal faculta a esta Sala para  admitir    discrecionalmente    las    demandas    de   casación   presentadas,  “cuando lo considere necesario para el desarrollo de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de los derechos fundamentales, siempre que  reúna    los    demás    requisitos    exigidos    por    la   ley”.   

          Desde  luego,  cuando se trata de la casación discrecional es deber  del    impugnante    exponer    con    claridad   y  precisión  los motivos por los cuales debe intervenir  la  Corte, ya para proveer un pronunciamiento con criterio de autoridad respecto  de  un  tema  jurídico  especial,  bien  para  unificar posturas conceptuales o  actualizar  la  doctrina,  ora para abordar un tópico aún no desarrollado, con  el  deber  de  indicar  de  qué  manera  la  decisión solicitada tiene la dual  utilidad  de  brindar  solución  al  asunto  y  servir  de guía a la actividad  judicial.   

Cuando la pretensión del actor se orienta a  asegurar  la  garantía  de  derechos  fundamentales,  tiene  la  obligación de  demostrar  la  violación  e indicar las normas constitucionales que protegen el  derecho    invocado,    así    como    su    desconocimiento    en   el   fallo  recurrido.   

También  se  tiene  que  el censor no puede  acudir  simultáneamente  a  las dos especies de casación (ordinaria o común y  discrecional)  en  cuanto  son excluyentes, dado que la segunda es sucedánea de  la  primera,  esto es, únicamente procede en la medida en que no resulte viable  la casación ordinaria.   

         Advertido    lo    anterior,  en  el  caso de la especie se observa que por tratarse del delito  de  ataque  al inferior, para el cual el legislador ha dispuesto en el artículo  119  de la Ley 522 de 1999 una pena de seis (6) meses a tres (3) años, esto es,  cuyo  máximo  no  supera los ocho (8) años, en punto  del  recurso  de  casación  se impone acudir a la vía discrecional.   

         Ahora,   pronto  se  establece  que  el  recurrente  no  cumple su cometido de ofrecer argumentos encaminados a demostrar  alguna  de  las  posibilidades  para  que  la  Sala  admita discrecionalmente su  libelo,  pues  no  identifica en concreto la temática  que   debe   abordar   el  pronunciamiento,  no  dice  si  al  respecto  ya  hay  jurisprudencia  y,  de  ser  así,  cuáles son las decisiones que se ocupan del  asunto  y  cómo  se relacionan con el caso objeto de estudio, omisión que a la  postre  le  impide  identificar  el  punto dudoso, la existencia de providencias  contradictorias,  o  el  vacío que corresponde dilucidar jurisprudencialmente y  cómo  el  desarrollo  del concepto reclamado tiene la doble utilidad de servir,  tanto    para    este    trámite,    como    para   la   solución   de   casos  similares.   

Tampoco del cuerpo de la demanda se consigue  establecer  con  precisión  la  denuncia  de  agravio  alguno  a  los  derechos  fundamentales  del  acusado, pues el defensor de manera vaga e imprecisa plantea  la  presencia de errores de hecho por falso raciocinio en la ponderación de las  pruebas  de  cargo  sin  detenerse  a  identificar las reglas de la ciencia, los  principios  de  la  lógica  o las máximas de experiencia conculcadas, sin que,  como  puede  observarse, de tales reproches predique o se evidencie el quebranto  de garantías de su procurado.   

Además,  se  limita  a  cotejar su personal  valoración  de  las  pruebas  obrantes  en la actuación con la plasmada por el  Tribunal  Superior Militar en el fallo cuestionado, proceder inadmisible en este  recurso  extraordinario  y que, por tanto, no conduce en modo alguno a acreditar  la   violación   de   derechos   de  ORLANDO  DÁVILA  CASTRO.   

Lo  expuesto  permite  establecer  que  el  recurrente  no  cumple  con  los  postulados  requeridos para que resulte viable  admitir  discrecionalmente  el  estudio  del  recurso  de casación interpuesto,  además  de  que  tampoco  la  Sala  advierte  violación alguna de los derechos  fundamentales   o  garantías  del  procesado  DÁVILA  CASTRO,  como  para que tal circunstancia impusiera el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa  de  naturaleza legal que le asiste a esta  Corporación sobre el particular.   

          Así  las  cosas,  encuentra  la Sala que el libelo acusa las graves  fallas  destacadas,  que  no  pueden en modo alguno ser enmendadas por la Corte,  pues   ello  lo  impide  el  principio  de  limitación  que  rige  el  trámite  casacional,  imponiéndose  de  plano  su  inadmisión  de  conformidad  con  lo  dispuesto en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación    interpuesta    por    el   defensor   de   ORLANDO  DÁVILA  CASTRO,  por las razones  expuestas en la anterior motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 187 del Código de  Procedimiento    Penal,    contra    esta    decisión    no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

Permiso  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *