25214(23-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25214  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

         Magistrado  Ponente   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No.  78   

Bogotá  D. C., veintitrés (23) de mayo de  dos mil siete 2007.   

VISTOS  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne los  requisitos  formales que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda de  casación  presentada por el defensor de ENRIQUE HURTADO CASTRO, contra el fallo  del  2  de  noviembre  de  2005,  mediante  el cual el Tribunal Superior de Cali  confirmó  íntegramente  la  sentencia  de  primera instancia, dictada el 24 de  junio  de  2004  por  el  Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de la  misma  ciudad,  que  condenó  a  dicho  implicado  por  el  delito extorsión,  a la pena principal de doce  (12)  años  de  prisión; a interdicción de derechos y funciones públicas por  el  lapso  de  diez  (10) años, al pago de multa por valor de seiscientos (600)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes;  y le negó el subrogado de la  suspensión   condicional   de   la   ejecución   de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria.   

HECHOS  

Fueron  relatados de la siguiente manera en  la sentencia de primera instancia:   

“Ante   las   oficinas   del   GAULA   de   la   Policía  Nacional,  el   cinco  (5)  de  febrero  de  2002 se presentó el  señor   Fernando  Ariel  Trejos  Múnera     informando     que    desde    el  cuatro    (4) de junio de  2001,   estaba   siendo   extorsionado   por   parte   de   un  individuo  quien  telefónicamente  se  identificó  como  “Arturo” y miembro del Ejército de  Liberación  Nacional  (ELN)  exigiéndole  la suma de  cinco     millones     de     pesos    ($5.000.000.oo),  de  los  cuales     entregó    dos    millones,  que consignó en la cuenta de ahorros  número   837-06859511   del   banco   de   Colombia   Sucursal   Unicentro   de  Cali.   

Con    posterioridad,    el        primero       (1) de febrero  de  dos  mil  dos  (2002),  otra persona lo contactó  telefónicamente,  exigiéndole esta vez la entrega de  veinte     millones     de    pesos    ($20.000.000.oo),  de  los cuales entregó cuatro   millones,  por  intermedio  del  señor  Guillermo Pescador.  Como  quiera  que  las  llamadas extorsivas continuaron exigiendo la entrega del  excedente  del  dinero solicitado, decidió informar de estos hechos al personal  especializado  de  la  Policía Nacional, lográndose la captura de Orlando     Alfonso    Caro    Guzmán  y  Víctor  Manuel  Rivera  Bonilla,  el         seis        (6)   de   febrero  y  la  de   Enrique  Hurtado  Castro     el  ocho    (8)  del mismo  mes  y  año. (Folio 155 cdno. 2)   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

1.  La Fiscalía  Especializada   Delegada  ante  el  GAULA  Urbano  de  Cali,  con  base en las diligencias practicadas en el  periodo  de  indagación  preliminar,  el  7  de  febrero  de  2002, decretó la  apertura  de instrucción, ordenando, entre otras diligencias, la indagatoria de  los  capturados,  luego  de lo cual se les resolvió la situación jurídica con  medida  de  aseguramiento, consistente en detención preventiva por el delito de extorsión.   

2. Los procesados  ORLANDO  ALFONSO  CARO GUZMÁN y VÍCTOR MANUEL RIVERA  BONILLA  manifestaron  su  voluntad  de  someterse  a  la  justicia;  se  llevó  a  cabo  diligencia  de  formulación de cargos para  sentencia  anticipada, aceptaron su responsabilidad;  y se rompió la unidad procesal.   

3.    Continuó    por   separado   la  investigación      respecto      de  ENRIQUE  HURTADO  CASTRO;  y clausurado el ciclo instructivo, al  calificar   el   mérito   del  sumario,  el  23  de  octubre  de 2002,        la        Fiscalía  Especializada  profirió  resolución  acusatoria  en su contra por    el    delito    de   extorsión.   

5.  Después  de  surtirse  a cabalidad la  etapa  de  la  causa,  mediante  sentencia del 24 de  junio  de  2004,  el  Juzgado  Primero  Penal del Circuito Especializado de Cali  condenó  a  ENRIQUE  HURTADO  CASTRO,  como  coautor del delito de extorsión,  a  la  pena  principal de  doce  (12)  años  de prisión, y adoptó las otras determinaciones indicadas en  la parte inicial de este proveído.   

6.  El defensor del implicado interpuso el  recurso  de  apelación.  No  obstante, con fallo del 2 de noviembre de 2005, el  Tribunal  Superior  de  Cali  confirmó  íntegramente  la  sentencia  de primer  grado.   

7.   Inconforme  con  la  determinación  anterior,  el  defensor  de HURTADO CASTRO instauró el recurso extraordinario y  allegó  la demanda de casación, cuyo aspecto formal califica la Sala a través  del presente auto.   

LA  DEMANDA   

Un  cargo  propone  el  defensor de ENRIQUE  HURTADO  CASTRO contra el fallo del Tribunal Superior Cali, con fundamento en la  causal  tercera  de  casación  prevista  en  el  artículo  207  del Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  600 de 2000),  que  tiene  lugar  cuando  la sentencia se hubiere dictado en un  juicio viciado de nulidad.   

Dice  el  libelista  que  los  coprocesados  ORLANDO  ALFONSO  CARO  y  VÍCTOR  MANUEL  RIVERA  se  acogieron a la sentencia  anticipada  convencidos  de que en su caso era aplicable la rebaja de la tercera  parte  de  la pena; pero no fue así, porque ya estaba en vigencia la Ley 733 de  2002,   que   prohibía   tal   beneficio   para   el   delito  de  extorsión.   

“La  Fiscalía  tenía  que hacer claridad a los procesados en el sentido de que no se le iban a  tener  en  cuenta  esos beneficios de ley; y los procesados evidentemente fueron  sentenciados  con  los  ojos vendados, ya que no sólo perseguían una rebaja de  1/3  parte de la pena sino que además un beneficio por colaboración eficaz con  la justicia”.   

No  haber  conseguido la disminución de la  pena    –agrega   el  libelista-  incidió  en las posteriores versiones que ellos rindieron, ya no en  calidad  de  sindicados, sino como testigos en contra de ENRIQUE HURTADO CASTRO,  a quien perjudicaron significativamente al no decir la verdad.   

Solicita a la Corte casar el fallo impugnado  en   el   sentido   de   decretar  la  nulidad  de  lo  actuado  “a   partir   del   acogimento  a  sentencia  anticipada”.   

CONSIDERACIONES  DE LA  SALA   

La demanda de casación presentada a nombre  de  ENRIQUE  HURTADO CASTRO no satisface los requisitos formales establecidos en  el   artículo   212   de   la  Ley  600  de  2000;  y,  debido  a  ello,  será  inadmitida.   

1.  Dado  que  el recurso extraordinario de  casación  se  rige por el principio dispositivo, las pretensiones de la demanda  delimitan  la  competencia  de  la Sala de Casación Penal, con excepción de la  nulidad  que  puede ser decretada oficiosamente en aras de la protección de las  garantías fundamentales.   

Por  tanto,  no  constituye  una especie de  tercera  instancia; no consiste en someter a un nuevo juicio al procesado, ni en  sede  de  casación  puede  postularse  un  debate probatorio generalizado y sin  acatamiento  de  la  lógica  argumentativa  que  le es inherente, puesto que el  recurso  extraordinario  no  fue  concebido como un medio adicional para litigar  libremente,  sino  como  una  excepcional  manera  de  llevar a conocimiento del  máximo  tribunal  de  la  jurisdicción  ordinaria  el  fallo  proferido por el  Ad-quem,  por las causales  taxativamente   señaladas   en  la  ley,  que  hubiesen  sido  seleccionadas  y  adecuadamente desarrolladas en la demanda.   

De  ahí  que,  el  recurso de casación se  concibe  como  un  instituto  procesal extraordinario que busca remediar o poner  fin   a   la   violación   de  la  Constitución  Política,  del  bloque   de   constitucionalidad  en  lo  pertinente  y  de  la  ley,  que  hubiese  ocurrido  en  la sentencia de segunda  instancia,  por  errores  de  juicio  o  de  actividad,  y  como tal comporta la  elaboración  de un juicio lógico jurídico sobre la sentencia misma, siguiendo  el derrotero trazado en las causales invocadas.   

No  se  trata  de  exigir  que el libelista  estructure  fórmulas únicas o sacramentales para postular sus reproches, ni se  precisa  siquiera  que  utilice  la  terminología acuñada por la doctrina y la  jurisprudencia  para  designar  las  distintas  causales o  las especies de  yerros   que  pueden  cometerse.  Sin  embargo,  sí  es  de  esperarse  que  el  casacionista  discurra de un modo claro, lógico y profundo, hasta demostrar que  el  fallo  refleja  defectos  protuberantes  de  garantía  o  en  su estructura  jurídica, de tal suerte que no es factible mantener su vigencia.   

2.  Si bien la causal tercera de casación,  vale  decir cuando la sentencia se haya dictado en un juicio viciado de nulidad,  aparentemente  no  exige  en  su  redacción  formas  específicas  en cuanto su  proposición  y  desarrollo,  la  demanda no es un escrito de libre confección,  puesto  que,  igual  que  en  las  otras  causales,  debe  ajustarse  a  ciertos  parámetros  lógicos  de  modo  que se comprendan con claridad y precisión los  motivos  de  la  nulidad,  las irregularidades sustanciales alegadas y la manera  como  se  quebranta la estructura del proceso o se afectan las garantías de los  sujetos procesales.   

En  particular,  cuando  se  denuncia  la  vulneración  del  debido  proceso, corresponde al censor determinar en cuál de  los  diferentes eslabones concatenados y subsiguientes que estructuran el debido  proceso  se  presenta  el  irremediable  defecto; por ejemplo, en la apertura de  investigación,  en la indagatoria, en la definición de situación jurídica si  a  ello hay lugar, en la clausura del ciclo instructivo, en la calificación, en  las   audiencias   preparatoria   o   de   juzgamiento,   o  en  los  fallos  de  instancia.   

En punto de esta causal corresponde también  al  recurrente demostrar que la irregularidad cometida durante el desarrollo del  proceso  e  inadvertida en el fallo incide de tal manera, que para remediarla no  queda  ninguna  alternativa  distinta  a  invalidar  las diligencias, y por ello  quien  así  alega debe indicar con precisión el momento procesal al que han de  retrotraerse   las  actuaciones,  una  vez  excluidas  las  alcanzadas  por  los  vicios.   

3. Ninguno de los anteriores lineamientos se  observa  en  el  libelo  presentado  por  el  defensor  de HURTADO CASTRO, quien  protesta  porque  los  coprocesados  se  sometieron  a  la  justicia, obteniendo  sentencia   anticipada,   sin   que,   al  parecer,  la  sanción  que  a  ellos  correspondía  fuera disminuida en la tercera parte, como establece el artículo  40  de  la  Ley  600  de  2000; porque, según el libelista lo insinúa, aquella  rebaja  de  la  pena  fue prohibida por la Ley 702 de 2002 cuando se trataba del  delito  de  extorsión;  y  esta  situación indispuso de tal manera a sus compañeros, que luego declararon  en    contra    de   ENRIQUE   HURTADO   CASTRO,   inclusive   faltando   a   la  verdad.   

El  párrafo  anterior  sintetiza  toda  la  “demanda”,  que  en  realidad  es  un memorial confeccionado libremente, sin  argumentos  de  respaldo  de ninguna clase y sin la confrontación necesaria con  los fundamentos del fallo.   

El  defensor  no  menciona,  ni mucho menos  demuestra,  algún  defecto de estructura o de garantía que hubiese ocurrido en  el  trámite  del  proceso; y aún así, pretende ligar su extraño discurso con  alguna  circunstancia  desconocida a la que atribuye la virtualidad invalidar lo  actuado  “a  partir  del  acogimiento  a  sentencia  anticipada”;    pero   sin   demostrar   con   la  argumentación  correlativa  la  manera  en  que tal determinación –el   acogimiento   a  la  sentencia  anticipada-  en  el  caso  concreto  de  ENRIQUE  HURTADO  CASTRO  comportó  el  desconocimiento  de  garantías  fundamentales, le impidió acceder los derechos  de sujeto procesal u obstaculizó su ejercicio.   

Ello  ratifica  que no se está frente a la  postulación  de  un  motivo  invalidante  con  ocurrencia  real,  sino ante una  alegato  de  difícil comprensión y sin respaldo argumentativo, contrario a las  exigencias que comporta la lógica del recurso extraordinario.   

5.  De otra parte, en su lacónico escrito,  el  apoderado  de ENRIQUE HURTADO CASTRO menciona que los testimonios de ORLANDO  ALFONSO   CARO   y   VÍCTOR   MANUEL   RIVERA   no   son   el   reflejo  de  la  verdad.   

Tal  afirmación  escueta  no  alcanza  a  configurar  al  menos  un  esbozo  de cargo casacional que pudiese considerarse,  pues   no   se   identifican   los   contenidos  de  aquellas  versiones,  donde  supuestamente  se constata la ausencia de verdad y mucho menos se alude siquiera  a los cimientos de fallo.   

6. Es que si el libelista quería protestar  por  algún defecto en la estimación probatoria, porque el Tribunal Superior de  Cali  tomó como fuentes de verdad las declaraciones de los coprocesados, tenía  que  acometer  la  labor  de  enseñar  o  dar a entender que dicha corporación  incurrió    en    errores   de   hecho,  esto  es,  invocando la causal primera de casación; y solicitar  el  correspondiente  fallo de reemplazo, en lugar de la nulidad; dado que a esta  solución   drástica  podría  llegarse  únicamente  cuando  se  demuestre  la  incursión  en  defectos  esenciales  de  estructura procesal o atentados graves  contra  las  garantías  fundamentales  de  los procesados; mas no por yerros de  juicio frente a la valoración del plexo probatorio.   

No  sobra  recordar  que,  según  lo  ha  reiterado  la  jurisprudencia  de  la  Sala  de  Casación  Penal, la violación  indirecta   de   la   ley   sustancial  por   errores  de  hecho,  pueden  ocurrir  por  falso  juicio  de existencia, falso juicio de  identidad y falso raciocinio, que consisten en lo siguiente:   

-.  Falso juicio  de  existencia:  el  juez  omite  apreciar una prueba  legalmente   producida   o  incorporada  al  proceso,  o  infiere  consecuencias  valorativas  a  partir  de  un  medio  de  convicción  que  no  forma parte del  mismo.   

-.  Falso juicio  de  identidad:  el  juez  tiene  en  cuenta  el medio  probatorio  legal  y  oportunamente  producido  o  incorporado;  sin embargo, al  valorarlo  lo  distorsiona,  tergiversa,  recorta  o  adiciona  en  su contenido  literal,  hasta llegar a conclusiones distintas a las que habría obtenido si lo  hubiese considerado en su integridad.   

-.   Falso  raciocinio: cuando a una prueba que existe legalmente  y  es  valorada  en  su integridad, el juzgador le asigna un mérito o fuerza de  convicción  que  transgrede  los  postulados de la sana crítica; es decir, las  reglas    de    la    lógica,    la   experiencia   común   y   los   dictados  científicos.   

Esta  especie de error exige al demandante  indicar  cuál  postulado  científico,  o cuál principio de la lógica, o cual  máxima  de  la  experiencia  fue desconocido por el juez; además, demostrar la  trascendencia  de  ese  yerro,  de  modo  que  sin  él,  el  fallo hubiera sido  diferente;   y   concomitantemente  indicar  cuál  era  el  aporte  científico  correcto,  o  cuál el raciocinio lógico, o cuál la deducción por experiencia  que debió aplicarse para esclarecer el asunto debatido.   

En  todo  caso,  es  preciso  referir  la  trascendencia  del yerro aducido, lo cual se consigue analizando cuál sería el  sentido  del  fallo  si hubiese sopesado correctamente la prueba sobre la que se  hace  recaer  el  defecto,  en  conjunto y armonía con los restantes medios que  conforman el conjunto probatorio en su integridad.   

Ninguna  de  esas  especies  de  error fue  desarrollada   por  el  libelista,  pese  a  que  de  la  causal  de  nulidad  que  enunció,  dio  un  giro  inopinado   hacia   las   lindes   de  la  violación  indirecta.   

7.   Las  impropiedades  advertidas  con  antelación  conllevan  a  inadmitir la demanda,  máxime  que  tampoco  en  la  revisión del  expediente  se  observa  la  vulneración de alguna garantía  fundamental,  que amerite el ejercicio de las facultades oficiosas de la Sala de  Casación  Penal, en los  términos  del  artículo  216  del  Código  de Procedimiento Penal, Ley 600 de  2000.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada a nombre de ENRIQUE  HURTADO CASTRO.   

Contra la presente providencia no procede  recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Comisión de servicio  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                        ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN                                        JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                        JULIO   ENRIQUE  SOCHA   SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                        JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

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