25178(05-12-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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                          Proceso No  25178   

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

         Magistrado  Ponente   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No. 245   

Bogotá D. C., cinco (5) de diciembre de dos  mil siete (2007).   

VISTOS  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne los  requisitos  formales que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda de  casación  presentada  por  el defensor de YIMMY LOZANO BONILLA, contra el fallo  del  1°  de  agosto  de  2005,  mediante  el cual el Tribunal Superior de Neiva  confirmó  íntegramente  la  sentencia  de  primera instancia, dictada el 10 de  febrero  del  mismo año por el Juzgado Tercero Penal del Circuito de Neiva, que  condenó  a dicho procesado por el delito de rebelión  (artículo  467  de  la  Ley  599  de 2000), a la pena  principal  de  seis  (6)  años  de  prisión,  a  interdicción  de  derechos y  funciones  públicas  por  igual lapso, al pago de multa por valor equivalente a  cien  (100) salarios mínimos legales mensuales; decretó el comiso de las armas  y  elementos  incautados;  y le negó el subrogado de la suspensión condicional  de la ejecución de la pena.   

HECHOS  

Fueron  relatados de la siguiente manera en  la sentencia de primera instancia:   

“Origina  la  presente  investigación el  informe  rendido el 14 de marzo de 2004 por un oficial de la Cuarta División de  la  Novena  Brigada Batallón de Artillería No. 9 Tenerife, dando cuenta que el  12   anterior  cuando  el  sub  oficial  Hernán  Guerrero  Bolaños  practicaba  operaciones  de  Registro  y  Control  Militar  de Área en el sector Motilones,  Platanillal,  los  Cauchos jurisdicción del municipio de Neiva fue alertado por  un  informante,  que  en  la  vereda  los cauchos se encontraba un miliciano del  Frente  17  Angelino  Godoy de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia ,  FARC.,  el que guardaba armas largas y material de intendencia de la agrupación  subversiva,  por  lo  que  de inmediato se dispuso un operativo que permitió la  incautación  el  13  de  marzo a las 03 a.m. de los fusiles AK-47, una escopeta  calibre  12 Winchester y 6 cartuchos para la misma, cinco proveedores AK-47, 164  cartuchos  para  los  fusiles  indicados,  tres  celulares,  dos uniformes de la  Policía  Nacional  y  un chaleco porta proveedores y la captura de YIMMY LOZANO  BONILLA,  quien  manifestó tener la responsabilidad de cuidar ese material, por  instrucción  de  Wilson García alias El negro, integrante del citado Frente de  las FARC y del cual él mismo (el retenido) hace parte.”   

LA  DEMANDA   

Un cargo propone el defensor de YIMMY LOZANO  BONILLA  contra la sentencia del Tribunal Superior de Neiva, invocando la causal  primera  de  casación prevista en el artículo 207 del Código de Procedimiento  Penal,  Ley  600  de  2000,  por  violación  directa  de la ley sustancial, por  error   de   derecho  en  la      modalidad     falso     juicio     de  convicción.   

Sostiene  el  libelista que el Ad-quem          “yerra  respecto  de  las  normas que regulan el valor probatorio de  las  pruebas en las que se fundamentó la decisión, porque por exceso les da un  valor       que       legalmente       no       les      corresponde”.   

A  continuación,  dice  que  se  trata  de  violación  indirecta de la  ley,  porque  los jueces de instancia interpretaron indebidamente las normas del  Código  de  Procedimiento  Penal relativas a la apreciación probatoria, por lo  cual    condenaron    al    implicado    por    el    delito   de   rebelión,  sin  existir  prueba directa  para adoptar tal decisión.   

Recuerda  que  el  Tribunal  Superior,  con  fundamento  en  jurisprudencia  de  esa  Sala,  explicó que para ser rebelde no  necesariamente  hay  que  estar  en  el  ejercicio  de  las  armas,  sino que la  pertenencia  al  grupo  beligerante  puede  presentarse  también  en calidad de  informante,   en   el   área   de   reclutamiento,   formación   de  milicias,  financiamiento, etc.   

No obstante, para el censor, el hallazgo de  las  armas en poder de JIMMY LOZANO BONILLA, a cincuenta metros del Batallón de  Contraguerrilla,  no  es indicativo de alguna actividad subversiva de él, si se  tiene  en  cuenta  lo  explicado  en  su indagatoria, en el sentido que  el  responsable  de las armas “simplemente me dijo allá  queda  eso simplemente me la cuida no más”, lo cual  configuraría  a  lo sumo el delito de porte ilegal de  armas,     pero     no    el    de    rebelión.   

Solicita  a  la  Sala  casar  el  fallo del  Tribunal   Superior   de   Neiva   y   en   su   lugar,  proferir  la  que  deba  reemplazarla.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

El  libelo  presentado  por  el defensor de  WILSON  COPETE  RIVAS  no  satisface  los  requisitos legales establecidos en el  artículo    212   de   la   Ley   600   de   2000.   Debido   a   ello,   será  inadmitido.   

1.  Dado  que  el recurso extraordinario de  casación  se  rige por el principio dispositivo, las pretensiones de la demanda  delimitan  la  competencia  de  la Sala de Casación Penal, con excepción de la  nulidad  que  puede ser decretada oficiosamente en aras de la protección de los  derechos   fundamentales   y   la  eventual  intervención  de  oficio  para  el  restablecimiento  de  garantías  superiores a los sujetos procesales, si a ello  hubiere lugar.   

Por  tanto,  no  constituye  una especie de  tercera  instancia; no consiste en someter a un nuevo juicio al procesado, ni en  sede  de  casación  puede  postularse  un  debate probatorio generalizado y sin  acatamiento  de  la  lógica  argumentativa  que  le es inherente, puesto que el  recurso  extraordinario  no  fue  concebido como un medio adicional para litigar  libremente,  sino  como  una  excepcional  manera  de  llevar a conocimiento del  máximo  tribunal  de  la  jurisdicción  ordinaria  el  fallo  proferido por el  Ad-quem,  por las causales  taxativamente   señaladas   en  la  ley,  que  hubiesen  sido  seleccionadas  y  adecuadamente desarrolladas en la demanda.   

De  ahí  que,  el  recurso de casación se  concibe  como  un  instituto  procesal extraordinario que busca remediar o poner  fin   a   la   violación   de  la  Constitución  Política,  del  bloque   de   constitucionalidad  en  lo  pertinente  y de la ley, que hubiese ocurrido por errores de juicio o actividad,  no  advertidos  ni  enmendados en la sentencia de segunda instancia; y como tal,  comporta  la  elaboración  de  un  juicio  lógico jurídico sobre la sentencia  misma, siguiendo el derrotero trazado en las causales invocadas.   

No  se  trata  de  exigir  que el libelista  estructure  fórmulas únicas o sacramentales para postular sus reproches, ni se  precisa  siquiera  que  utilice  la  terminología acuñada por la doctrina y la  jurisprudencia   para   designar   las  distintas  especies  de  errores  en  la  estimación  probatoria.  Sin  embargo,  sí es de esperarse que el casacionista  discurra  de  un  modo  claro, lógico, y profundo, hasta demostrar que el fallo  presenta  defectos  protuberantes  en su estructura jurídica, de tal suerte que  no es factible mantener su vigencia.   

2.  El libelista hace su postulación en el  marco   de   la   violación   directa   de  la  ley  sustancial,  por  aplicación  indebida del artículo  467  del  Código  Penal (Ley 599 de 2000),      que      sanciona      el     delito     de     rebelión,  y  por  falta de aplicación  del  artículo  366 ibídem,  ya  que,  desde  su punto de vista, el implicado sólo incurrió en porte  ilegal  de armas de fuego de las fuerzas armadas.   

La  argumentación  lógica que comporta el  recurso  extraordinario  de  casación,  implica  que  si el censor postula como  yerro   in  iudicando  la  violación  directa  de la ley sustancial,  acepta  los hechos, las pruebas y la valoración que de ellas se  hizo  en  las  instancias; caso en el cual no le es factible discutir cuestiones  de  facto,  toda  vez que la impugnación es de estricto orden jurídico y recae  sobre la ley sustancial por una de estas razones:   

2.1  Falta  de  aplicación  o  exclusión  evidente:  el  juez yerra  acerca  de  la existencia de la norma y por eso no la aplica al caso específico  que  la  reclama,  Ignora o desconoce la ley que regula la materia y no la tiene  en  cuenta,  debido a que ha incurrido en error sobre su existencia o validez en  el tiempo o el espacio.   

2.2  Aplicación  indebida:  el  juez  desatina en la adecuación de la  norma.  El  error se manifiesta en la falsa adecuación de los hechos probados a  los  supuestos  que  contempla  la  norma,  ya  que  los  sucesos  procesalmente  reconocidos    no    coinciden    con    las   hipótesis   condicionantes   del  precepto.   

2.3          Interpretación   errónea:   el   juez  selecciona  bien  y acertadamente la norma que corresponde al caso en cuestión,  pero  yerra  al interpretarla y le atribuye un sentido jurídico que no tiene, o  le asigna efectos distintos o contrarios a su real contenido.   

3.  En  un caso como el presente, donde los  jueces  de instancia sopesaron el conjunto probatorio, pluralidad de testimonios  y   documentos;  y  además,  por  inferencias  racionales  concluyeron  que  el  implicado  era  miembro  del  grupo  armado  ilegal  FARC,  no  es  correcta  la  postulación  del  cargo  por violación directa de la  ley  sustancial; pues fue la valoración del conjunto  de   medios   lo   que   sirvió   de   fundamento   a   las   motivaciones  del  fallo.   

Es  por  ello  que,  en  la  senda  de  la  violación  directa  de la ley sustancial  resulta un contrasentido partir de la aceptación de los hechos y  las     pruebas     como     fueron     valoradas     por     el    Ad-quem,  para  en seguida protestar por  las    inferencias    que    hizo    tomando    como   base   esos   medios   de  convicción.   

En  las anteriores condiciones, para que en  el  presente  caso  pudiere  hablarse  de  violación  directa  de  la  ley  sustancial, sería necesario que  los  jueces de instancia hubiesen admitido que JIMMY LOZANO BONILLA era extraño  a  la  organización subversiva y, no obstante, apartándose de esa declaración  previa,   hubieren   decidido   condenarlo   por   el   delito  de  rebelión.   

De lo contrario, como aquí ocurre, si a la  decisión  de  condenar  se  arribó después de apreciar el recaudo probatorio,  para  que  el  casacionista  pudiese  alegar que la conducta del procesado sólo  configuraba  el  delito  de  porte ilegal de armas de  fuego  de  las fuerzas armadas, era imprescindible que  planteara   la   violación   indirecta  de  la  ley  sustancial,  por errores de  hecho         o         de        derecho     en     la     estimación  probatoria.   

3.  No  obstante, el libelista parece haber  entendido    que    para    confeccionar    una    censura    por   violación   directa   de   la   ley  es  suficiente   mencionar   las   normas  de  derecho  sustancial  que  se  estiman  vulneradas,  y  exponer  luego  en  modo  libre el punto de vista de la defensa,  acerca de hechos que el Tribunal Superior encontró demostrados.   

Esa comprensión es equivocada, puesto que,  por   exigencia  del  discernimiento  lógico  en  materia  de  esta  causal  de  casación,  no  sólo es necesario admitir los hechos, sino también las pruebas  y  la  valoración que de ellas se hizo en las instancias; porque esa especie de  vulneración  de  la  ley  sustancial  –la  violación  directa-  consiste en la  proposición  de  una  controversia  de  orden jurídico exclusivamente; y no ha  lugar,  cuando se trata de poner en tela de juicio la legalidad o validez de las  pruebas,   o   la  razonabilidad  de  las  inferencias  obtenidas  a  partir  de  ellas.   

Y aunque el defensor parte del supuesto que  no  discutirá  cuestiones  fácticas,  de  inmediato,  en  el  desarrollo de la  censura  se  aparta  de ese propósito, pues evidentemente plantea un alegato en  términos  fácticos  y  probatorios,  cuando afirma que no es relevante que las  armas  se  hubiesen  encontrado a pocos metros del Batallón de Neiva y que debe  creerse  al  implicado,  cuando  dijo que simplemente estaba encargado de cuidar  “eso”, es decir, las armas.   

Sin  duda,  con  tal  modo de argumentar se  cuestiona  el  alcance  dado  por el Tribunal a tales medios de convicción, los  cuales  fueron  analizados  junto  a  otros  medios  e  inferencias –   que   el   defensor  ni  siquiera  menciona-  para deducir los elementos estructurales del ilícito de rebelión.  Así  que,  la  censura  se  traslada  al  terreno  de  la  valoración  probatoria  y, entonces, abandona la  lógica  propia  de  la violación directa      para      ubicarse      en      la      vía     indirecta  de  vulneración  de  la  ley  sustancial,  temática  que  no  fue  desarrollada  en  el  ámbito  del recurso  extraordinario.   

Aquella  simbiosis atenta contra la lógica  de  la  postulación,  al  punto  de  tornarla inadmisible, pues si se parte del  supuesto  que  se  aceptarán  los  hechos y la valoración de las pruebas sobre  ellos,  es  evidente la contradicción cuando al mismo tiempo se protesta por el  alcance conferido a las pruebas sopesadas por el Tribunal Superior.   

4. No es menor la impropiedad que se observa  en  el  libelo,  cuando  afirma  que el Juez colegiado incurrió en error  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción   por   desconocer  “las  normas  que  regulan  el  valor  probatorio  de  las  pruebas  en  las  que se fundamentó la  decisión,   porque   por   exceso  les  da  un  valor  que  legalmente  no  les  corresponde”.   

La  Sala de Casación Penal ha insistido en  que    el    juicio    de   convicción,  que  consiste  en  una actividad de pensamiento, a través de la  cual  se  reconoce  el valor que la ley asigna a determinadas pruebas, presupone  la  existencia  de  una  “tarifa  legal”,  en la cual, por voluntad de la ley, a las pruebas corresponde  un  valor  demostrativo  o  de persuasión único, predeterminado y que no puede  ser alterado por el interprete.   

Y  bajo  tal  entendimiento,  por lo tanto,  podría    incurrirse    en    falso    juicio   de  convicción  cuando  se  niegue a la prueba ese valor  que  la ley le atribuye, o se le haga corresponder uno distinto al que la ley le  otorga.   

Sin  embargo,  con  la  desaparición de la  tarifa  probatoria,  en  materia procesal penal, sustituida por el sistema de la  sana  crítica,  en principio, no es posible para los jueces incurrir en errores  de     derecho     por     falso     juicio     de  convicción,  en  la medida en que la normatividad no  somete  por  lo  general  su  raciocinio  a  evaluaciones  probatorias obligadas  dependientes de una tarifa legal probatoria.   

Ese  presupuesto  procesal  restringe  la  posibilidad  de que un sentenciador infrinja el ordenamiento por el simple hecho  de  conceder o negar credibilidad a un medio probatorio, dada la libertad de que  goza  en  esa  materia,  por  ministerio  de  la ley, para estimar su mérito de  persuasión  en  sana  crítica,  vale  decir,  dentro  de  los  márgenes de la  experiencia, las ciencias y la lógica.   

En  efecto,  el  régimen de procedimiento  penal  colombiano  no es tarifado, sino que, por el contrario, se adoptó en él  un  método de apreciación probatoria denominado sana  crítica,  regulado  en los artículos 238, 257, 277,  282  y  287  del Código de Procedimiento Penal (Ley 600 de 2000), en virtud del  cual  el juez tiene cierto grado de libertad frente al conjunto de pruebas, para  arribar   a   un   estado  de  conocimiento  acerca  de  los  sucesos  y  de  la  responsabilidad penal.   

5.  Amén  de  lo anterior, aún cuando el  defensor   también   menciona  la  existencia  de  errores  en  la  valoración  probatoria,  se  dispersa  en  afirmaciones  personales  en  tal sentido, sin la  argumentación  analítica  y  profunda  que  en  cada  caso requiere el recurso  extraordinario;  de  suerte  que  no es factible desentrañar la formulación de  los  cargos, ni su fundamentación “en forma clara y  precisa”,  según  exige el artículo 212 de la Ley  600 de 2000.   

La  jurisprudencia de la Sala ha reiterado  en  múltiples  ocasiones  que  puede  demandarse  la  casación  del  fallo con  fundamento   en   la   causal   primera,   cuerpo   segundo,   por  violación    indirecta    de    la    ley   sustancial,  cuando el Tribunal en el ejercicio de la apreciación probatoria  haya incurrido en errores de hecho o de derecho   

El  error  de  hecho,  que al parecer fue el camino que el libelista  quiso  seguir,  puede  estar  determinado por: falso juicio de existencia, falso  juicio de identidad y falso raciocinio.   

5.1   Incurre  en  error  de  hecho  por  falso  juicio de existencia  el  juez que omite apreciar una prueba legalmente aportada al proceso, o cuando,  contrario  sensu,  infiere  consecuencias  valorativas  a  partir de un medio de  convicción    que    no   forma   parte   del   mismo   por   no   haber   sido  incorporado.   

5.2  El  error  de  hecho por falso  juicio  de  identidad  supone, en  cambio,  que  el  juzgador  sí  tiene  en  cuenta  el  medio probatorio legal y  oportunamente  practicado; no obstante, al sopesarlo lo distorsiona, tergiversa,  recorta o adiciona en su contenido literal.   

En este evento, el censor tiene la carga de  confrontar  por  separado  el  tenor  literal  de  cada prueba sobre la que hace  recaer  el  yerro,  con  lo  que  el  Tribunal pensó que ellas decían; y así,  demostrada  la diferencia y el desfase, debe continuar hacia la trascendencia de  aquella impropiedad.   

5.3  Si  la  prueba existe legalmente y es  valorada  en  su  integridad,  pero  se  le asigna una fuerza de convicción que  contraviene  los  postulados  de  la  sana  crítica, es decir, las reglas de la  lógica,  las  máximas  de la experiencia común y los aportes de las ciencias,  se   incurre   en   error   de   hecho   por   falso  raciocinio.   

En esta hipótesis, el demandante corre con  la  carga  de  demostrar  cuál  postulado  científico, o cuál principio de la  lógica,  o  cual  máxima  de  la  experiencia  fue  desconocido por el juez, e  igualmente  tiene  el deber de indicar cuál era el aporte científico correcto,  o  cuál el raciocinio lógico, o cuál la deducción por experiencia que debió  aplicarse para esclarecer el asunto debatido.   

La  trascendencia de los yerros endilgados  al  Ad-quem  no  consiste,  como  suele  creerse,  en  las  afirmaciones  personales que al respecto haga el  demandante,  sino en demostrar con argumentos razonables que de haberse valorado  correctamente  las  pruebas  sobre las que se hacen recaer los errores, entonces  el   sentido   del  fallo  sería  distinto,  porque  sus  fundamentos  actuales  perderían sustento y no podrían subsistir.   

6.  El  libelo  que examina se asemeja por  entero  a  un  alegato  de  instancia,  confeccionado  libremente,  sin el rigor  argumentativo  condigno a la pretensión de quebrar el fallo, conformado por las  sentencias  convergentes  en  el  mismo  sentido;  y,  además,  no  postula  ni  desarrolla  alguna  de las modalidades de error, independientemente de que no lo  mencione  con  el  nombre atribuido por la jurisprudencia y la doctrina, de modo  que no es factible deducir su verdadero sentido.   

El  censor  asegura  que  los  Jueces  de  instancia  apreciaron  defectuosamente  los  medios  de  prueba, los cuales, sin  embargo,  no especifica en su contenido material, ni los confronta de una manera  crítica  con  todos  los  fundamentos  de  las sentencias convergentes; pues en  lugar  de  ofrecer  una  sustentación  de  ese talante persiste en anteponer su  propia  versión,  acerca  de  la  manera como debe adecuarse la conducta en que  incurrió el implicado.   

La   exposición   del  pensamiento  del  defensor,  con  la  esperanza  de  que prevalezca sobre el criterio del Tribunal  Superior,  pero  sin  ligarla a la demostración de algún error en el ejercicio  de  estimación  probatoria,  no  alcanza la entidad de un cargo a la altura del  recurso extraordinario.   

Todo  ello significa que, sin demostrar la  incursión  en falso juicios  existencia   (omisión  o  suposición     de     prueba)    o    falso     juicio    de    identidad  (tergiversación,  recorte  o  adición   de   la   prueba)   o   en   falso            raciocinio   (distanciamiento   de  los  parámetros  de  la  sana crítica: lógica, experiencia y ciencias),  como  en  el presente caso, la discrepancia de la defensa con la  valoración  otorgada  por  el Tribunal Superior a algunos medios probatorios no  es  discutible  en  casación, a la manera de un falso  juicio  de  convicción, simple y llanamente porque no  existe  un  parámetro  legal  o  tarifa  de  persuasión  que  pueda haber sido  transgredida en la sentencia que se impugna.   

Es   desacertado,   pues,   intentar  el  quebrantamiento   del   fallo  condenatorio  atacando  la  credibilidad  que  el  Ad-quem asignó a la prueba  que  al  libelista interesa, sin demostrar la presencia de errores de hecho o de  derecho  en  el  ejercicio  de  la  estimación  de las pruebas que cimientan el  fallo.   

7.    Las  impropiedades  advertidas  con  antelación  conllevan  a  inadmitir la demanda,  máxime  que  tampoco  en la revisión del expediente se observa la vulneración  de  alguna  garantía  fundamental,  que  amerite el ejercicio de las facultades  oficiosas  de  la Sala de Casación Penal en los términos del artículo 216 del  Código de Procedimiento Penal, Ley 600 de 2000.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre de YIMMY  LOZANO BONILLA.   

Contra  la presente providencia no procede  recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ GUZMÁN                             JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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