25161(18-05-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25161  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado Acta No. 048  

Bogotá, D. C., dieciocho (18) de mayo de dos  mil seis (2006).   

V I S T O S :  

Resuelve  la  Corte el recurso de apelación  oportunamente  interpuesto  por  la  Fiscal  Segunda  Delegada  ante el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Valledupar,  Cesar,  contra  la sentencia  proferida  el  5  de  diciembre de 2005, por la Sala Penal de dicha Corporación  que  absolvió  a CAMILO MANRIQUE SERRANO, Juez Penal del Circuito de Aguachica,  del  cargo de prevaricato por acción del cual lo acusó la Fiscalía Tercera de  la misma categoría de la recurrente.   

H E C H O S :  

La  presente  actuación  penal  tiene  como  remoto  punto  de  partida  la  captura  de  Bernabé Maldonado Maldonado, Fabio  Enrique  Sanabria Peñalosa y Rubén Darío Peña Ortega, en compañía de otros  tres  sujetos,  el  28  de  febrero  de  1995, en un cruce vial del Municipio de  Aguachica,   Cesar,   cuando  se  movilizaban  en  un  campero  Lada,  de  placa  IND-596,  en  cuyo  interior  miembros  de  la  Policía descubrieron dentro de la llanta de repuesto tres (3)  revólveres  y  tres  (3)  pistolas de defensa personal, ciento cincuenta y tres  (153)   cartuchos   de   munición  correspondientes  a  dichos  artefactos,  un  pasamontañas, una antena para radio y un par de botas pantaneras.   

En  el  informe  N°  2635  de  la Unidad de  Policía  Judicial  de  Aguachica dando cuenta de la anterior noticia se expresa  que  tres  de  los  capturados  formaban  parte de organizaciones subversivas al  margen  de  la  ley  de  acuerdo  con  labores  de  inteligencia adelantadas por  organismos policiales.   

El 3 de marzo de 1995 la Fiscalía Seccional  Diecinueve,  radicada en Aguachica, se encargó de abrir la investigación penal  por  los  delitos  de  rebelión  y  fabricación y tráfico de armas de fuego o  municiones,  y  después de oír en indagatoria a los aprehendidos, remitió las  diligencias  al  Coordinador  de  la  Unidad,  José  Luis Castro Machuca, quien  fungía  como  Fiscal 25 Delegado ante el Juzgado Penal del Circuito de la misma  ciudad,  funcionario  que  al  resolver la situación jurídica a los implicados  decidió  imponer medida de aseguramiento por el delito de porte ilegal de armas  a  los  sindicados  Sanabria Peñalosa, Peña y Maldonado Maldonado y abstenerse  de cobijar con cautela similar a los restantes.   

El  11 de abril de 1995 el fiscal José Luis  Castro  Machuca ordenó la entrega del vehículo Lada 2121 al señor Erwin Elmes  Rodríguez.   

En la resolución del 18 de octubre de 1995,  el  Fiscal  Castro  Machuca  acusó  a  los  implicados  detenidos del delito de  fabricación  y  tráfico de armas de fuego o municiones mientras que a favor de  los    demás   sindicados   ordenó   la   preclusión   de   la   instrucción  penal.   

Ejecutoriada  la  resolución  acusatoria le  correspondió  tramitar  el  juicio  al Juzgado Penal del Circuito de Aguachica,  por  ese  entonces  a  cargo  de  CAMILO  MANRIQUE  SERRANO,  quien concluyó la  actuación  con  sentencia del 6 de junio de 1996, mediante la cual impuso a los  incriminados  dieciséis  (16)  meses  de prisión e interdicción de derechos y  funciones  públicas por el mismo lapso, como autores responsables del delito de  “porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de defensa personal y ordenó la entrega  definitiva  a  su  propietario  del vehículo y demás bienes decomisados en las  condiciones antes mencionadas”.   

Cuando  aún no había concluido el referido  proceso,  el abogado Óscar Enrique Fuentes Toscano, defensor de los encausados,  denunció  penalmente  a  José Luis Castro Machuca por varios delitos contra la  administración  pública,  noticia  que  la  Oficina  de  la  Veeduría  de  la  Fiscalía  General  de la Nación remitió al Consejo Seccional de la Judicatura  del   Cesar,   mediante   resolución  del  7  de  febrero  de  19961.   

La  Sala  Jurisdiccional Disciplinaria de la  citada  Corporación,  abrió  investigación  contra  Castro  Machuca   en  providencia    del    28   de   febrero   de   19962,  actuación que concluyó con  sentencia    del   22   de   septiembre   de   19973 y la imposición de sanción a  dicho  servidor  público  por incurrir en la falta disciplinaria contemplada en  el  artículo  153,  numeral  1°  de  la  Ley  270  de  1996, decisión que fue  confirmada  por  la Sala jurisdiccional Disciplinaria del Consejo Superior de la  Judicatura,  mediante  providencia  del  18  de  noviembre  de  19974,   en   que  simultáneamente   ordenó   compulsar   copias   para   que   el  A-quo   investigara  disciplinariamente  a  CAMILO  MANRIQUE  SERRANO  por  la  actuación cumplida dentro del proceso penal  inicialmente   descrito,   en   calidad   de   Juez   Penal   del   Circuito  de  Aguachica.   

Las  citadas  reproducciones  documentales  dieron  origen  a  la  apertura  de  investigación  disciplinaria contra CAMILO  MANRIQUE  SERRANO,  según  auto del 19 de marzo de 1998, dictado por el Consejo  antes  nombrado5,  corporación  que decidió, en providencia del 15 de diciembre de  19986,  dar  por  terminado  el  procedimiento previa declaratoria de una  causal  de  improseguibilidad  de  la  acción  y, adicionalmente promovió esta  investigación  penal  en  contra de dicho funcionario, previa la expedición de  copias  de  tales  diligencias,  al  poner  en  entredicho  la  legalidad  de la  providencia  mediante  la  cual  el  nombrado  juez  se  abstuvo  de  anular  la  actuación  en  respuesta  al pedimento en tal sentido elevado por el Fiscal que  intervino  en  la  audiencia  pública,  al proponer falta de competencia de los  funcionarios judiciales directores de aquel proceso penal.   

ACTUACIÓN  PROCESAL:  

1.             Recibidas   en  la  Fiscalía  Tercera  Delegada  ante  el Tribunal Superior de Valledupar las copias compulsadas por el  Consejo  Seccional  de  la  Judicatura  del  mismo  lugar, el 2 de marzo de 1999  ordenó  varias diligencias previas y en resolución del 11 de mayo subsiguiente  dispuso  la  apertura  de  instrucción  contra CAMILO MANRIQUE SERRANO, por las  actuaciones cumplidas como Juez Penal del Circuito de Aguachica.   

2.            El  2  de  junio  de 1999 fue sometido a  indagatoria7   e   interrogado   sobre   las   decisiones   tomadas  dentro  del  proceso   de  los  señores  Sanabria,  Peña  y  Maldonado,  “sin  tener  facultad  para  ello…”;  y  por  las  razones  por  las cuales no acogió la  petición  de  nulidad  elevada  por la Fiscalía en el curso de dicho proceso y  eliminó  la  hipótesis  delictiva de rebelión concurrente con el porte ilegal  de  armas.  Al  resolverle  la  situación  jurídica,  en resolución del 22 de  octubre         del         mismo         año8,   la   Fiscalía   descartó  expresamente  la  configuración  del delito de abuso de función pública y, en  consecuencia, se abstuvo de imponerle medida de aseguramiento.   

3.            Esta  decisión  fue  impugnada  por  el  representante  del  Ministerio  Público  y  al  desatar  la alzada la Unidad de  Fiscalía  Delegada  ante la Corte Suprema de Justicia, en providencia del 31 de  enero  de  20009,   resolvió   imponer   a   CAMILO   MANRIQUE  SERRANO  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva a cumplir en el domicilio, pero por el  delito de prevaricato por acción.   

4.            Al  presentar  los  hechos  motivo de la  acusación,  el  Fiscal Delegado ante el Tribunal señaló que el ex-funcionario  procesado,  en  el curso del  juicio   promovido   contra   los   tres   nombrados   sentenciados,  respondió  negativamente  a  la  petición  de  nulidad  por  falta  de  competencia que le  presentara  la  Fiscalía  en  la  audiencia  pública,  esgrimiendo  argumentos  evasivos  y desconociendo que los episodios investigados configuraban transporte  de  armas  de  fuego  de  defensa  personal  y  no  porte,  conducta  aquella de  conocimiento  de  la  jurisdicción  regional,  y procedió al dictado del fallo  condenatorio.  Además, en lugar de ordenar el comiso  del vehículo dentro  del  cual  fueron  incautadas  las  armas  y  la  munición,  dispuso la entrega  definitiva,  situación  que  enmarcó  en el artículo 140 del Código Penal de  1980,  modificado por la Ley 190 de 1995. El pliego de cargos formulado en estos  términos  fue  objeto  del  recurso  de  reposición interpuesto por el acusado  empero la Fiscalía sostuvo la decisión en su integridad.   

5.            En  el  debate público participaron: el  Delegado  de  la  Fiscalía  quien  solicitó  condena; el Agente del Ministerio  Público   quien  pidió  absolución  por  considerar  que CAMILO MANRIQUE  SERRANO  en  ningún momento actuó dolosamente sino por error, posición que en  lo   fundamental  compartió  el  vocero,  eso  sí,  precisando  la  naturaleza  invencible del error, y el defensor.   

          7.        Antes  de proferir el fallo de primer grado, el Tribunal Superior de  Valledupar  anuló  el  proceso a partir de la resolución acusatoria, decisión  que  fue  impugnada  por  al Fiscalía Delegada ante dicha Corporación, recurso  que  esta  Sala  resolvió  revocando  la  decisión  atacada y que conllevó al  pronunciamiento  de la sentencia mediante la cual CAMILO MANRIQUE SERRANO, en su  calidad  de Juez  Penal del Circuito de Aguachica fue absuelto del cargo de  prevaricato por acción.   

          8.        Contra   dicha  providencia  la  Fiscal  Segunda  Delegada  ante  el  Tribunal  interpuso  recurso de apelación y una vez sustentado oportunamente le  fue concedido.   

LA        PROVIDENCIA   IMPUGNADA:   

          El  Tribunal  sostuvo  que  el  comportamiento  de  CAMILO  MANRIQUE  SERRANO,  cuando  se  desempeñaba como Juez Penal del Circuito de Aguachica, en  el   aspecto  objetivo  se  enmarca  dentro del delito de prevaricato por acción, como quiera que al asumir  el  conocimiento  del  juicio  adelantado  contra  Bernabé Maldonado Maldonado,  Fabio  Enrique  Sanabria Peñalosa y Rubén Darío Peña Ortega por el delito de  porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de defensa personal, se negó a declarar la  nulidad  por  falta de competencia que propusiera la Fiscalía en el curso de la  audiencia   pública,   planteando   que   la   actuación   indicaba   que  los  comportamientos  investigados  eran  subsumibles  en  las  conductas punibles de  transporte  ilegal  de  armas  de  fuego  de  defensa  personal  y rebelión, de  conocimiento       de      la      jurisdicción      regional      -hoy      penal      del      circuito  especializada-,   según  mandato  del  artículo  71,  numeral  4° del Código de Procedimiento Penal de  1991,  usurpación  de  competencia que se materializó con el dictado del fallo  condenatorio  en  contra  de dichas personas lo cual conllevó al reconocimiento  del  subrogado  de  la condena de ejecución condicional, prohibido para quienes  fueran  juzgados  por  la  señalada  jurisdicción  especial,  y, además, a la  entrega  definitiva  del  automotor  incautado  cuando  correspondía ordenar el  comiso   especial,   comportamiento   este   manifiestamente   contrario   a  la  ley.   

          Juicio   opuesto   emitió   en   relación   con   el  aspecto   subjetivo   de  la  mencionada  conducta  punible  que  al  no  considerar  demostrado  declaró enervado por la  concurrencia  de  un error de tipo vencible en el proceder del servidor público  acusado,  constitutivo  de  la causal de ausencia de responsabilidad descrita en  el   artículo  32,  numeral  4°  del  Código  Penal  de  2000,  generador  de  absolución  al  no estar contemplada dentro del ordenamiento penal la modalidad  culposa del prevaricato por acción.   

Los  pilares argumentativos de tal decisión  fueron los siguientes:   

1.            En  primer  lugar, el cambio legislativo  que  en  punto de la inclusión del ilegal “transporte” de armas de fuego de  defensa  personal,  por la época de los hechos, en el artículo 1° del Decreto  3664  de  1986, y a partir de la Ley 599 de 2000, en el artículo 365, conllevó  a  su  vez  variación en la determinación del funcionario judicial competente,  pues  mientras  en  aquel  entonces  lo era el juez regional, según mandato del  artículo  71,  numeral  5°, del Código de Procedimiento Penal de 1991, cuando  entró  en  vigor la Ley 600 de 2000, por disposición del artículo 77, numeral  1°,  literal  b),  en concordancia con el artículo 5° transitorio que excluye  del  catálogo  de  delitos  de  competencia  de los jueces penales del circuito  especializados  el  transporte  ilegal  mencionado,  reasumió la competencia el  juez  penal  del  circuito ordinario, funcionario que simultáneamente recuperó  el  conocimiento  del  delito  de  rebelión  pues  durante  la existencia de la  jurisdicción de orden público careció de ella.   

2.             La   modificación   normativa   antes  reseñada  implicó  la  eliminación  de  la  prohibición  de  la  suspensión  condicional  para  quienes  estaban  sometidos a los jueces regionales, contexto  cuya  favorabilidad  alcanza  a impregnar el reconocimiento de dicho subrogado a  Bernabé  Maldonado  Maldonado, Fabio Enrique Sanabria Peñalosa y Rubén Darío  Peña  Ortega,  dado su completo ajuste a los artículos 68 y 519 del Código de  Procedimiento Penal de 1991, vigentes en aquel momento.   

3.            La tardanza observada por la Fiscalía en  el  planteamiento  de  la  falta  de  competencia  del  juez  y  del  fiscal que  conocieron  del  mencionado  proceso  penal por tratarse de transporte ilegal de  armas  de  fuego de defensa personal, que bien había podido exponer antes de la  audiencia  pública,  pues  según  expresó  en  dicho acto desde el informe de  Policía  Judicial  N°2635  con  base en el cual se inició la instrucción, se  aludió  a la posible realización de un delito de rebelión, lentitud que unida  a  la  ausencia  de  interposición  de recursos por parte de la Fiscalía y del  Ministerio  Público contra el fallo condenatorio adverso al trío delincuencial  y  atinente  exclusivamente  al  porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de defensa  personal,  demerita  el  citado  motivo  contenido  en  la  acusación  a CAMILO  MANRIQUE SERRANO.   

4.            La  noticia  criminosa sobre la supuesta  rebelión  finalmente  fue aclarada a raíz de la insistencia de la Fiscalía en  la  acusación  dictada dentro de este asunto y relativa a la posibilidad de que  Maldonado,  Sanabria  y  Peña  pudieran  estar  incursos adicionalmente en ella  -hipótesis de la cual CAMILO  MANRIQUE  SERRANO  no  se  percató,  según  aseveración  del  ente  acusador,  revelando  la  forma  “sesgada”  como  retuvo la competencia hasta dictar el  fallo-,  pues  el  Tribunal  A-quo,  en  auto  del  13 de  febrero  de 200110,  ordenó  compulsar  copias para promover la investigación por el  punible  contra  el  régimen  constitucional  y  legal,  instrucción precluida  definitivamente  por  la  Fiscalía  Quince  Delegada  ante el Juzgado Penal del  Circuito  de  Aguachica,  en  resolución  del  20  de  junio  de  2002, lo cual  demuestra  claramente  que,  en  principio,  no fue infundada la decisión de la  Fiscalía  a  cargo  de  José  Luis  Castro  Machuca  de  abstenerse de imputar  rebelión   a   aquellos   implicados,  ni  el  caso  omiso  del  ex-juez  procesado  a  la referencia a dicho  punible  en  el  informe policivo N° 2635, que tampoco podía generar actividad  procesal  en  la  etapa  del  juicio  por no haber sido imputado tal cargo en la  resolución  acusatoria  formulada a Maldonado, Sanabria y Peña, sin agravarles  la situación.   

5.            El  respaldo  ofrecido por los numerosos  autos      pronunciados     por     esta     Sala11 al dirimir los conflictos de  competencia  suscitados en razón de las frecuentes confusiones existentes en el  ámbito  judicial  sobre  los  verbos  rectores de transportar y portar armas de  defensa   personal,   indujeron   al   A-quo  a aceptar la manifestación injurada de CAMILO MANRIQUE SERRANO  en  el  sentido de que tales discusiones explican que él hubiera proseguido con  el  juicio, convencido de que la conducta desplegada fue la segunda, después de  resolver  las  contradicciones  que  pudieron  acompañarlo  sobre  dicho punto,  controversias   en   ningún   momento   extrañas  a  los  jueces,  fiscales  y  procuradores  del Distrito Judicial del servidor acusado, según los testimonios  arribados        sobre        dicho        tema12.   

6.             CAMILO  MANRIQUE  SERRANO  contó  con  elementos  de  prueba  concretos para descartar la configuración de la conducta  de  transportar  armamento tales como la información jurada suministrada por el  Suboficial  de  la  Policía  Alexander Osio sobre la potencial utilización del  material   incautado  en  un  secuestro  a  realizar  en  “La  Gloria”,  que  racionalmente  le permitió deducir el porte de un arma por cada uno de las seis  personas  aprehendidas dentro del vehículo en el que fueron descubiertas por la  Policía.   

7.             La  ausencia  de  pronunciamiento  del  funcionario  investigado  sobre  la incautación de munición a los tres actores  delictuales  en  cantidad  superior a aquella para la cual fueron diseñadas las  armas  decomisadas  la  encuentra  explicable  en  la medida en que se ciñó al  cargo  a  ellos  formulado  en la resolución de acusación sin que hubiera sido  eliminada  la  posibilidad  de  calificar  e  imputar  tal hecho a los restantes  vinculados  a  la misma actuación, tanto que finalmente se dio por disposición  del  A-quo  y con resultados  negativos según se dejó anotado en precedencia.   

8.            El  implicado  antes  que  separarse del  referido  proceso  penal ante la petición de nulidad de la Fiscalía, retuvo la  competencia  sin  que  se  advierta un interés personal ilegal o “malsano”,  por  el  contrario,  impuso  condena  de dieciséis (16) meses de prisión a los  vinculados,  dentro  de  los  extremos  de  uno  (1) a cuatro (4) años de dicha  especie  punitiva,  fijados  en  la  norma penal infringida, denotando justicia,  proporcionalidad  y  equidad,  sanción que seguramente hubiera coincidido en la  hipótesis  del  “transporte” ilegal de armas de fuego de defensa personal y  hubiera  sido  impartida  por  el juez regional, luego no es posible predicar de  tal decisión manifiesta contrariedad a la ley.   

9.            Acogió  la  explicación  dada  por  el  enjuiciado  a  la  entrega  definitiva  del  campero  Lada  2121  a su verdadero  propietario  en el sentido de que obedeció a que dicho automotor no constituyó  ni  instrumento,  ni  efecto  con el cual se hubiere podido cometer el delito, y  como  era  de  libre  comercio, no era aplicable el artículo 339 del Código de  Procedimiento  Penal  de  1991,  modificado por el artículo 35 de la Ley 504 de  1999,  reguladores  del  comiso  especial,  sino  los artículos 110 del Código  Penal  de  1980 y 338 del Estatuto Procesal de 1991, modificado por el artículo  43  de la Ley 81 de 1993, planteamiento que acogió partiendo del convencimiento  exteriorizado  por  el acusado de que el delito sometido a su juzgamiento era el  de porte ilegal de armas de defensa personal.   

Fueron las razones antes consignadas las que  fundamentalmente    condujeron    al    Tribunal    Superior   a   absolver   al  justiciable.   

FUNDAMENTOS     DE    LA   APELACIÓN :   

La  Fiscal Segunda Delegada ante el Tribunal  Superior  de  Valledupar,  al  expresar su contrariedad con el fallo absolutorio  proferido  por  dicha  Corporación  concentró  su  actividad  argumentativa en  sostener   que  no  obstante  conocer  CAMILO  MANRIQUE  SERRANO  la  diferencia  existente  entre  los  verbos  rectores  de la conducta punible de fabricación,  tráfico    y    porte   de   armas   de   fuego   o   municiones   -“portar” y transportar”-,    al    plantearle    la   Fiscalía  razonadamente,  en  el  curso  de  la  audiencia  pública,  la  nulidad  de  la  actuación  seguida  contra Bernabé Maldonado Maldonado, Fabio Enrique Sanabria  Peñalosa  y Rubén Darío Peña Ortega, por no estarle asignado el conocimiento  de  la  modalidad  punitiva  integrada  por la segunda conducta mencionada, a su  juicio,  perfectamente demostrada y de competencia del juez regional, conforme a  lo  dispuesto  en el artículo 9°, numeral 4° de la Ley 81 de 1993, contrarió  manifiestamente  la  ley  procesal  penal  al  negarse  a  aplicar dicho remedio  procesal  y retener la competencia mediante el dictado del fallo condenatorio en  el  que  reconoció  a los sancionados el derecho a la suspensión condicional y  ordenó  la  entrega  definitiva  del  automotor  Lada 2121, incautado dentro de  dicho  asunto, decisión ésta última adoptada en desconocimiento del artículo  339  del  Código  de  Procedimiento Penal de 1991, determinaciones ajenas a los  procedimientos  seguidos  por  delitos  de competencia de las justicia penal del  circuito especializada.   

Estima que tal comportamiento fue desplegado  por   el   procesado   de   manera   dolosa,   con   base   en   las  siguientes  razones:   

1.            La  forma  confusa  como CAMILO MANRIQUE  SERRANO  empleó  en la elaboración del fallo dictado dentro de la citada causa  penal  los  términos “transportar” y “portar” armas de fuego de defensa  personal,   revela  la  “malicia”  con  la  cual  hizo  caso  omiso  de  tal  diferencia,  a  pesar  de  conocerla,  según  lo  demuestra  la  inclusión del  significado  del  primer verbo ofrecido por un diccionario, y, además, derrumba  el    argumento    defensivo    y    el    planteamiento    del    A-quo  en  el  sentido  de  que interpretó  erróneamente dichas acepciones lingüísticas.   

2.            No  disculpa  al procesado la confusión  que  sobre  las  señaladas  conductas  se presentó entre la comunidad judicial  dando  lugar a los conflictos de competencia que finalmente esta Sala aclaró al  dirimirlos,  como  quiera que el rechazo de la nulidad se produjo después de la  emisión de dichas providencias.   

3.            El  desconocimiento  inexplicable  de la  información  suministrada  en  el  oficio  policivo N° 2635 y por los testigos  Armando  Moreno  Arévalo  y  Alexander  Osorio, Jefe de la Sijín de Aguachica,  sobre  la  posible  comisión  de un delito de rebelión y transporte de amas de  fuego  de defensa personal por pertenecer al XX Frente de las FARC los nombrados  procesados  y  disponerse  a  realizar  una  transacción  con las armas con las  cuales fueron capturados.   

3.            No  desvertebra  la  responsabilidad del  ex-juez el que finalmente se  hubiera  precluido  definitivamente  la investigación por rebelión con base en  la  compulsación  de  copias  ordenada por el Tribunal, pues esta decisión fue  provocada por la insistencia de la Fiscalía.   

4.            Tampoco  podía abstenerse de aceptar la  configuración  del  transporte  de  armas  de  fuego  con  el  argumento  de la  correspondencia  numérica  entre los capturados y las armas a ellos incautadas,  cuando  ésta era la acción realizada según lo indicaba la abundante munición  descubierta  simultáneamente  y  la  información  de  que  iba a ser objeto de  transacción  dicho  material  bélico,  así  como  el hallazgo coetáneo de un  pasamontañas, una antena radial y unas botas pantaneras.   

5.            La  clara  distinción  consagrada en el  artículo  1°  del  Decreto  3664  de  1986 sobre las acciones de transportar y  portar  armas  de  fuego  de  defensa  personal  y la asignación explícita del  conocimiento  de  la primera a los jueces penales del circuito especializados en  el   artículo  71,  numeral  4°  (en  realidad  es  el  5°)  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  1991, impiden admitir su desconocimiento por parte del  ex-funcionario procesado y la  equivocación    carente    de   dolo   que   le   atribuye   el   A-quo       al       retener       la  competencia.   

6.            La superficialidad de los argumentos del  implicado  al  rechazar el planteamiento de nulidad de la Fiscalía en cuanto se  limitó  a  recurrir,  sin  mayores explicaciones, a la necesidad de mantener la  congruencia  entre  el  juicio  de  tipicidad  formulado  en  la  resolución de  acusación  y  la sentencia que dictó, y al aducir contradictoriamente la falta  de  competencia  de la jurisdicción de orden público debido a que los acusados  no  “…portaban  las armas sino que las transportaban.”, denotan el dolo de  su actuar.   

7.            En  contraste  con  la anterior postura,  destaca  la  realidad  procesal  conformada  por  la  resolución de apertura de  instrucción   contentiva   de   la  orden  de  remitir  las  diligencias  a  la  jurisdicción  regional;  por  las  pruebas que daban cuenta de la rebelión sin  que  tenga  importancia que la investigación promovida por el Tribunal por esta  conducta  punible  hubiera  finalmente  precluido;  y  con  la imputación en la  resolución  de acusación de la conducta de fabricación y tráfico de armas de  fuego  o  municiones  descrita  en el Libro Segundo, Título V, Capítulo II del  Código  Penal  de  1980, “…sobre el verbo rector transportar. Es decir, que  la  calificación jurídica que hizo el instructor fue la transportar y no la de  portar…”.   

          8.        Considera  que  la  retención  de  la  competencia  por  parte  del  implicado  incidió  en  la  suspensión  condicional  de  las penas impuestas a  Maldonado,  Sanabria y Peña, y en la entrega del automotor incautado al momento  de  su  aprehensión al propietario, incompatibles normativamente, en el caso de  la  segunda  decisión,  con el artículo 339 del Código de Procedimiento Penal  de  1991,  y  con  el  ejercicio de la potestad punitiva por parte de los jueces  penales del circuito especializados.   

PLANTEAMIENTOS    DE   LOS   NO  RECURRENTES :   

         1. El defensor:   

          Admitiendo  la  existencia de un episodio procesal confuso, califica  de  errónea la posición impugnaticia de la Fiscalía por no precisar el motivo  de  la  censura  sino  que  se  limita  a cuestionar en forma general el proceso  dentro   del   cual   su   representado   produjo   la  sentencia  presuntamente  delictual.   

Considera  que  contiene  el resultado de la  personal  interpretación  de  preceptos  legales reguladores de la competencia,  realizada  por  su  prohijado  en  forma  completamente  ajena  al propósito de  beneficiar  a  los  procesados,  y interés de transgredir voluntariamente norma  alguna,  luego  carece  del  dolo indispensable para la estructuración del tipo  penal que se le endilga.   

En consecuencia, reclama la confirmación de  la sentencia absolutoria proferida por el Tribunal.   

2.         El acusado:   

          Formuló dos peticiones:   

          2.1.                      Se  declare  desierto  el  recurso de apelación  interpuesto  por la Fiscalía por indebida sustentación, en la medida en que en  lugar  de  atacar los argumentos ponderados contenidos en el fallo, se limitó a  reiterar  situaciones  fácticas  que ya habían sido discutidas en el pliego de  cargos  y  desestimadas,  sin  mencionar los motivos de inconformidad, pedimento  que  respalda con la transcripción parcial de precedentes judiciales elaborados  por  esta  Sala  al  referirse  a  los  defectos de sustentación del mencionado  recurso13.   

2.2.          De  fracasar  la  anterior  pretensión,  solicita  la  confirmación  de la sentencia apelada en cuanto reconoció que al  emitir  el  fallo  condenatorio  referido  incurrió en error de tipo pero, a su  juicio, invencible, y adujo las siguientes variadas razones:   

La  ausencia  de  interés  personal  en las  consecuencias  de  la condena según se puede inferir del desconocimiento de las  personas  sobre  las  cuales recayó y de la imposición a ellas de una sanción  que superó el mínimo.   

La  contrariedad  normativa  de  carácter  procesal  que se le endilga fue inducida por la forma confusa como fue tramitada  la  instrucción  si  en  cuenta  se  tiene  que  fue abierta por los delitos de  rebelión  y  tráfico de armas de fuego de defensa personal, punibles sobre los  cuales  no fueron interrogados los implicados en la indagatoria, sin embargo, al  resolverles   la   situación   jurídica  les  imputaron  el  porte  de  dichos  artefactos,  y  en  la  acusación,  de manera anfibológica, se les endilgó la  fabricación y tráfico de tales armas.   

          Critica   a  la  funcionaria  recurrente  por  negar  la  confusión  existente   en   todo   el   país   entre  los  términos  “transportar”  y  “portar”,  según  declararon  varios funcionarios judiciales dentro de este  proceso,  algunas  de  cuyas providencias arribó, pruebas éstas cuyo contenido  ignoró  la  apelante,  divergencias  que él no estaba obligado a resolver pero  que  finalmente esta Sala solucionó según  consta en los diferentes autos  que  también  allegó.  Para  controvertir la contrariedad con la ley que dicha  funcionaria  le  atribuye  a  su sentencia recurre al ejercicio de la autonomía  judicial  en  la  interpretación  de  las  normas,  sobre  todo  cuando  éstas  contienen expresiones confusas.   

Estima  que dicho galimatías terminológico  obedece  igualmente  a  la  defectuosa  confección por parte del legislador del  artículo  201  del  Código  Penal  de  1980, en cuanto incluyó en su texto la  inflexión  verbal  transportar,  de  difícil comprensión, con lo cual ha dado  lugar  a  la formulación de tesis encontradas al momento de su interpretación,  hasta  que la Ley 504 de 1999 resolvió el problema asignándole el conocimiento  a  los  jueces  penales del circuito especializados, en lo que tiene que ver con  las  armas  de  fuego de defensa personal, únicamente respecto de las conductas  de fabricación y tráfico de municiones para las mismas.   

         

          Confiesa  que él uso la acepción “transportar” en la sentencia  mencionada  recurriendo  al lenguaje coloquial, en ningún momento al jurídico,  y  del  Fiscal  que  dictó la resolución de acusación predica la utilización  inadecuada de dicha palabra.   

Rechaza  la  asimilación incriminatoria que  hizo  la  impugnante  entre  su  actuación  y  la  del fiscal José Luis Castro  Machuca,   quien  aseguró  la  Fiscal  fue  condenado,  empero  no  probó  tal  aseveración,  analogía  inadecuada  en  la  medida  que  cada uno intervino en  etapas procesales diferentes y produjo providencias disímiles.   

Llama  la  atención  sobre  la  conformidad  observada  por  la  Fiscalía  y  el Ministerio Público frente al rechazo de la  solicitud  de nulidad, deducible de la omisión de interposición de recursos, y  considera  que  de  haber  sido  utilizado  tal  mecanismo,  seguramente habría  prosperado  la  sanción  procesal y no se hubiera promovido esta investigación  penal  en  contra suya. Adicionalmente estima que los errores de la Fiscalía en  la  adecuación  típica  obligatoriamente  no  pueden  ser  enmendados  con  la  anulación  de  la  actuación  viciada  por  ellos,  salvo  el  cumplimiento de  exigencias  sustanciales  que  deben  ser  examinadas en cada caso. Opina que el  fiscal  acusador,  en  lugar  de  invocar  en la audiencia pública la causal de  nulidad  de  falta de competencia del juzgador, ha debido proponer una colisión  de competencias.   

La  adecuación  típica  de  los  lejanos  episodios  comentados  en  el  delito  de  porte  de  armas  de fuego de defensa  personal  fue producto del convencimiento que lo acompañó al momento de dictar  el  fallo  de  estar  resolviendo  acertadamente, pues tuvo en cuenta que fueron  seis  las  personas  aprehendidas  e  igual  número  de  dichos  objetos se les  incautó,  y, además, el testimonio del agente de Policía Alexander Osio sobre  el  potencial uso de las armas decomisadas con el fin de perpetrar un secuestro,  elemento  éste  utilizado  por  la  Corte  en la solución de los conflictos de  competencia plurimencionados.   

Aduce  que retuvo la competencia convencido  de  que  la  inclusión  en  el  supuesto de hecho del artículo 201 del Código  Penal  de 1980, de las dos acciones acabadas de mencionar, siempre que recayeran  sobre  armas de defensa personal, eran de conocimiento de la justicia ordinaria,  sin  perjuicio  de  que en la resolución acusatoria se “hablara de transporte  de armas”.   

Disiente del crédito otorgado por la Fiscal  impugnante  al  testimonio de Armando Moreno con el fin de respaldar la tesis de  la  concurrencia  del  delito  de  rebelión,  sin  tener  en  cuenta que no fue  recogido  por  la  autoridad judicial e ignorando el informe suministrado por la  Quinta  Brigada  Militar  de Bucaramanga en que se desvirtúa la vinculación de  los  sentenciados  al  grupo  subversivo  FARC,  punible  cuya  inexistencia fue  declarada  en  la  resolución preclusiva de la investigación promovida para su  averiguación.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA  :   

          1.        La  Corte niega la petición del procesado dirigida a que se declare  desierto  el recurso de apelación interpuesto por la Fiscal, quien no sólo fue  explícita  en  demandar  la  revocatoria  del fallo absolutorio y la pertinente  condena,  sino  que  formuló  reparos  concretos  y  coherentes  a la decisión  impugnada,  sustentados  legal  y  probatoriamente, al punto que le facilitó al  acusado   su   controversia   según  lo  revela  el  contenido  de  su  extenso  memorial.   

2.           Aborda  el  estudio  de  este  asunto de  acuerdo  al principio de limitación que informa el conocimiento de los recursos  por  parte  del  superior,  conforme al cual “la apelación le permite revisar  únicamente  los  aspectos impugnados” (artículo 217 Código de Procedimiento  Penal  de  1991)  aunque  la  autoriza  a  extenderse  a  los temas que resulten  inescindiblemente  vinculados  con  el  objeto de la impugnación (artículo 204  del Código Procesal de 2000).   

3.           La  discusión  a  cerca de si el doctor  CAMILO  MANRIQUE SERRANO al dictar el 6 de junio de 1996, sentencia condenatoria  contra  Bernabé  Maldonado Maldonado, Fabio Enrique Sanabria Peñalosa y Rubén  Darío  Peña  Ortega por el delito de porte ilegal de armas de fuego de defensa  personal,  incurrió o no en el delito de prevaricato por acción, consagrado en  el  artículo  149  del  Código  Penal  de 1980, en vigor cuando ocurrieron los  episodios  averiguados  (reiterado  en el artículo 413 del Estatuto Punitivo de  2000),  es  indispensable  abordarla  a partir de la jurisprudencia de esta Sala  atinente  al  elemento  estructural  de  la  fase  objetiva  analizado en primer  término en el fallo impugnado:   

“…la  acusación  es  por  el  cargo de  prevaricato  por  acción, para la verificación del juicio que aquí se realiza  debe  también  tenerse  en  cuenta  lo  abundante  que ha sido la doctrina y la  jurisprudencia  en  exigir  para  la estructuración típica del prevaricato por  acción  una  interpretación rigurosa del elemento normativo “manifiestamente  contrario  a la ley” y así sólo tener en esa categoría el apartarse grosera  y   evidentemente   de  la  decisión  de  cara  a  su  fundamento  jurídico  o  fáctico,   pues  cualquier  atisbo  de discutibilidad de esa circunstancia  resulta  suficiente  para  infirmar la existencia de esa conducta punible.   Y,  esa  que  es  una  conceptualización generalmente aceptada por la comunidad  jurídica,  ofrece  aún  mayor exigencia cuando se trata de calificar conductas  delictivas   de   prevaricación  achacadas  a  servidores  públicos  como  los  Funcionarios    Judiciales   cuya   misión   funcional   es   precisamente   la  interpretación  de  la  ley, que ejercen con la autonomía que la Constitución  Política          les          reconoce.”14   

Es  necesario  advertir  que  si bien en la  discusión  a  resolver la apelante y el procesado no recurrente introdujeron el  tema  del  delito  de  rebelión involucrado en el proceso adelantado contra las  tres  personas  antes mencionadas, se abstendrá de debatirlo en vista de que la  resolución  de  acusación  no incluyó dicho cargo y que la investigación que  promovió    el    Tribunal   sobre   dicha   conducta   precluyó   en   debida  forma.   

4.            Establecer   si   el  citado  elemento  normativo   obtuvo  demostración  dentro  de  esta  actuación  será  labor  a  adelantar   respecto   de   cada   una   de  las  decisiones  adoptadas  por  el  ex-juez   acusado   en  la  sentencia referida:   

     

1. La  negación  de  la nulidad por falta de competencia propuesta en  la audiencia pública por la Fiscalía.     

4.1.1.               El procesado fundó esta  decisión  en  la extemporaneidad de la solicitud respectiva y si bien es cierto  invocó  el  artículo  304  del Código de Procedimiento Penal de 1991, vigente  por  aquel  entonces,  al  señalar  que  contaban los sujetos procesales con 30  días  para  presentarla,  debe  entenderse  que  se  refería  al artículo 306  ejusdem,  en  cuanto dispone que deben invocarse dentro del término de traslado  común  para preparar la audiencia (artículo 446 ibídem), pues de lo contrario  la vía es la casación.   

Este argumento resulta válido si en cuenta  se  tiene  que el planteamiento de nulidad lo expuso la Fiscalía en el curso de  la audiencia pública invocando la causal de falta de competencia.   

4.1.2.               El acusado al retener la  competencia  expresó  su  acuerdo con la subsunción de los hechos investigados  en  la  conducta  típica  de  portar  ilegalmente  armas  de  fuego  de defensa  personal,  descrita  en  el  artículo  201 del Código Penal de 1980, por haber  sido  ésta  la  imputada  a los procesados en la resolución de acusación, sin  embargo,  revisada  la  mencionada  providencia,  tanto  en su parte motiva como  resolutiva,  se observa que en ningún momento el acusador emitió dicho juicio,  por  el  contrario,  fue  explícito  en adecuar el comportamiento averiguado al  verbo         rector         “transportar”15.   

          Tampoco  CAMILO  MANRIQUE  SERRANO  al  analizar  en su sentencia la  actividad  desarrollada  por  los  justiciables,  sostuvo  que  correspondiera a  “portar  armas  de  fuego  de defensa personal”, así lo indica la siguiente  transcripción:   

“…no portaban las armas encima, sino que  las  transportaban  en su vehículo, y ese “TRANSPORTAR”, está claro en los  artículos   201   del   Código  de  las  penas  y  1°  del  Decreto  3664  de  1986,…”   

(…)  

“El  Decreto  extraordinario 2266 de 1991  adopta  como  legislación  permanente  los artículos del Decreto 3664 de 1986,  que  son  los  artículos  1°  y  2°,  lo que conlleva que, el Despacho sí es  competente  para  conocer  de este proceso, porque transportar armas de fuego de  uso   personal   está   consignado   en   dicho  precepto  y  en  el  artículo  201.”16   

Es  evidente,  entonces,  la inconsistencia  -acertadamente destacada por  la  funcionaria  apelante- del  argumento    esgrimido    por    el   ex-funcionario  procesado  al  negarse  a  declarar  la  nulidad que le  solicitara la Fiscalía durante el debate público.   

También es notoria la ausencia de respuesta  al  sustento normativo del Fiscal que propuso el remedio procesal a partir de la  resolución  que  declaró  cerrada la investigación17,   quien   invocó,   entre  variadas  y atinentes reglas, el artículo 71 del Código de Procedimiento Penal  de  1991, modificado por la Ley 81 de 1993, regulador de la competencia respecto  del  delito  de  fabricación,  tráfico y porte de armas de fuego o municiones,  confeccionado  por  el  legislador con varias conductas alternativas, enunciadas  en  el  artículo  201  del Código Penal de 1980 y el artículo 1° del Decreto  3664 de 1896.   

Estaba  obligado  el doctor CAMILO MANRIQUE  SERRANO  a  aplicar  el artículo 9°, numeral 4° de la Ley 81 de 1993, vigente  al  momento  de  los  sucesos investigados dentro de este proceso, del siguiente  tenor:   

“Los Jueces regionales conocen:  

En primera Instancia:  

4°  De  los delitos contra la existencia y  seguridad  del  Estado  y de los delitos a los que se refiere el Decreto 2266 de  1991,  con la excepción del simple porte de armas de fuego de defensa personal,  de   la   interceptación   de  correspondencia  oficial  y  delitos  contra  el  sufragio.   

A   las   falencias   argumentativas  del  procesado,  resaltadas  idóneamente por la Fiscal impugnante, se une, entonces,  la  manifiesta  contrariedad  legal  de  la negación de la nulidad por falta de  competencia,  en  ningún  momento justificada con el argumento infundado que su  yerro  lo  indujo  el fiscal instructor, si en cuenta se tiene que la estructura  lógico-formal   de   la  resolución  acusatoria  no  merece  ningún  reparo,  independientemente de que  fuera competente o no.   

Por  tanto:  es  innegable  la  tipicidad  objetiva de la comentada decisión.   

     

1. El   reconocimiento   del   derecho  a  la  condena  de  ejecución  condicional de la sentencia.     

Partiendo  de  la  base  que  la  nulidad  reseñada  estaba  llamada  a prosperar, según se dejó esbozado anteriormente,  el  otorgamiento  de dicho subrogado en contravía del artículo 4° del Decreto  2490  de  198818,  que  prohibía  su reconocimiento en los procesos seguido por los  delitos  de  competencia  de  los jueces regionales, implica la ilegalidad de la  citada  decisión,  pues el delito imputado a Maldonado, Sanabria y Peña Ortega  era de competencia de dichos funcionarios y no del que la emitió.   

     

1. La  orden  de  entregar  definitivamente  el  campero Lada 2121, de  placas   IND-596   a  su  propietario.     

Esta decisión, calificada de ilegal por la  Fiscal  recurrente  por desconocer el artículo 339 del Código de Procedimiento  Penal  de  1991,  que  ordena  el  comiso  especial  dentro  de  los procesos de  conocimiento  de  la  jurisdicción penal del circuito especializada19,  efectivamente  tiene  tal  carácter,  como lo adujo el Tribunal, pues el ilegal  mantenimiento   de   la  competencia  por  parte  del  procesado  condujo  a  la  imposibilidad  de  adoptar  dicha  medida  y  torna  típico  objetivamente  tal  proceder.   

    

1. Descartada  la  legalidad  del  mantenimiento    de    la    competencia    por    parte    del   ex-funcionario  acusado  y  de las otras dos  decisiones  derivadas  de  ésta,  se  pasará  a  establecer  si  realizó  tal  comportamiento  de  manera  dolosa,  o  bajo  el  influjo  de  un  error de tipo  vencible,  tal  y como lo sostiene el Tribunal, o invencible como lacónicamente  señala procesado.     

La estructura dogmática del tipo de injusto  de  la  prevaricación  ha sido descrita por la Sala en la jurisprudencia que se  transcribe a continuación:   

“En consecuencia, el cp-2000 indica en los  artículos  21-25,  especialmente,  que los elementos subjetivos se ubican en la  conducta y, por consiguiente,  al  interior  del tipo legal, razón para señalar entre sus especies la dolosa,  culposa  o preterintencional, vale decir, que el conocimiento, representación y  voluntad  son  elementos propios del acto, y como el acto, acción o conducta es  el  núcleo del tipo, deviene  en   consecuente   inferencia  que  en  los  delitos  dolosos,  el  dolo  hace parte de la estructura típica,  como  lo  hace  la ley al definir en el artículo 32-10 el error de tipo, que se  configura  cuando  el  actor obra desconociendo (elemento representativo) que en  su  hacer  concurren  los  elementos  objetivos  del  tipo  o  persuadido de que  concurren presupuestos fácticos de una causal de justificación.   

(…)  

De  otra  manera:  el  cp acoge un concepto  complejo  de  tipo  integrado  básicamente       por       dos      sustratos   o   fases:   subjetiva   y   objetiva.  La  primera,  compuesta  a  la  vez  por dolo,  culpa  o  preterintención  y en algunos tipos,  por los llamados elementos  anímicos  o teleológicos, especiales procesos de motivación o finalidades que  por  excepción  suelen incluirse en el tipo junto al dolo, caso de los móviles  bajos,  eróticos, la piedad, las finalidades de lucro o repercusión política,  etc.  Y  la  segunda, por la  parte  externa de la acción, la afectación al bien jurídico tutelado (lesión  o  peligro  de  lesión)  y  por  la  relación  jurídica que permite imputar o  atribuir el resultado a la conducta del autor.   

“Así  mismo,  el  estatuto penal de 2000  consagró  como causales de ausencia de responsabilidad  (artículo  32)  los  ya  tradicionales  errores  de tipo (num.10) y de prohibición  (num.11),  la primera clase en  su  especie  clásica  (“se obre con error invencible de que no concurre en su  conducta  un  hecho  constitutivo  de la descripción típica”) más “de que  concurren   los   presupuestos   objetivos   de   una   causal  que  excluya  la  responsabilidad”,  errada representación sobre lo material, fenomenológico o  fáctico  de  las  causas  de  justificación,  verbi  gratia,  en  la legítima  defensa,  yerro  en  el  acto  de  agresión,  que otrora configuraba la defensa  putativa,  error  de prohibición o sobre el elemento antijuridicidad (artículo  40-3  cp-80),  que  no  es  sobre  lo  normativo o jurídico de esa institución  (articulo 32-11 cp-2000).   

Esos yerros pueden clasificarse también en  los  rangos  de  invencibles  y vencibles, con consecuencias jurídicas diversas  porque   en  el  error  de  tipo  vencible,  la  conducta se pena si la ley la registra como culposa, mientras  que  en  el  error de prohibición vencible,  se  castiga con una mitigación punitiva de la mitad.     

El  error de tipo  invencible  es la errada interpretación que no le era  exigible  al  autor superar, o en otros términos, que  ni aún actuando en  forma  diligente  y cuidadosa habría podido llegar a otra conclusión, esto es,  que  el  error  invencible no depende de culpa o negligencia. Y, el error  de  tipo  vencible  es aquella falsa  representación  que  el  autor había podido evitar o superar si hubiere podido  colocar  el  esfuerzo,  el  ejercicio  representativo  a su alcance y que le era  exigible,  es  decir,  el  error  que  le  era  dado  superar  atendiendo  a las  condiciones    de    conocimiento,    oportunidad    y   demás   circunstancias  temporo-espaciales   que   rodearon   el   hecho.”20   

6.            Partiendo   de   estas   premisas   se  analizarán  las  explicaciones dadas por el procesado CAMILO MANRIQUE SERRANO a  la  retención  de  la  competencia  en  la citada causa criminal, son ellas: la  confusión  léxica  existente  entre  los  verbos transportar y portar armas de  fuego  de  defensa  personal;  la  necesidad de mantener la congruencia entre el  cargo   formulado   en  la  acusación  y  la  sentencia  que  él  dictó  para  sancionarlo;  el convencimiento que tuvo de la acertada interpretación que hizo  del  artículo  201  del  Código  Penal en cuanto al contener las dos conductas  mencionadas,  le  atribuía la competencia al mismo funcionario, en su opinión,  al  juez  penal  del  circuito;  la  ausencia de parcialidad hacia alguno de los  sentenciados,  evidenciada  con  la pena de prisión que les impuso superando el  mínimo  legal previsto en dicha norma; y la carencia de voluntad de transgredir  la  ley,  tanto  que de haber sido tan evidente la ilegalidad de la negación de  la  nulidad,  la Fiscalía y el Ministerio Público han debido de interponer los  recursos pertinentes contra tal decisión.   

         Dichas  motivaciones  unidas  a  la  larga  trayectoria judicial del  acusado  libre  de  sanciones  penales,  antes  que  revelar  que  obró  con la  representación  de  que en su conducta concurrían los elementos que hacían su  decisión  manifiestamente  ilegal,  reflejan  que  obró  persuadido de que sus  decisiones  eran adecuadas a la ley, y aunque no se puede desconocer el descuido  y  la ligereza observadas al proferirlas, lo cierto es que el ejercicio punitivo  finalmente  se  cumplió  de manera legítima e imparcial, previo el agotamiento  del  trámite  procesal respectivo, salvada la falta de competencia, y a través  de una sentencia que surtió pacífica ejecutoria.   

Aparece  evidente  que  el  ex-juez  obró en la falsa creencia sobre la  legalidad  de  sus  determinaciones,  es  decir,  inducido  por un error pero en  ningún  momento  invencible, como él lo ha reclamado, si se tiene en cuenta el  claro  contenido  literal  de la norma procesal de competencia que ignoró, sino  de  carácter  vencible  según el acertado criterio plasmado por el Tribunal en  el  fallo apelado, que ante la inexistencia de tipicidad culposa de esta especie  delictiva,  conlleva  la  ausencia  de  dolo  por error de tipo y la consecuente  atipicidad  subjetiva  de  su  conducta, luego se impone la convalidación de la  absolución.   

A  mérito   de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre  de la República y por autoridad de la ley,   

R E S U E L V E :  

         

1.               CONFIRMAR      el fallo impugnado. Y,   

2.           ADVERTIR que en  contra de esta providencia no procede ningún recurso.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

  MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                                                                   ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

ÉDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                                            ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN   

No hay firma  

  MARINA   PULIDO  DE  BARÓN                               JORGE       L.       QUINTERO  MILANÉS   

  YESID RAMÍREZ BASTIDAS                                               JAVIER      ZAPATA  ORTIZ   

  TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria.  

    

1 Anexo  N° 1, fol. 2.   

2 Anexo  N° 1, fol. 107.   

3 Anexo  N° 3, fol. 4-12.   

4 Anexo  N° 3, fols. 48-68.   

5 Anexo  N° 3, fol. 72.   

6 Anexo  N° 3, fols. 285-294.   

7  C.  orig. N° 1, fols. 27-31.   

8  C.  orig. N° 1, fols. 33-46.   

9  C.  orig. de segunda instancia, fols. 19.   

10 C.  orig. N° 3, fols. 700-720.   

11  Cita  las  radicaciones  Nos.   10.594  de  1996;  y,  13.385  y  13.455 de  1997.   

12  Cita  a  Franklin  Martínez  Solano,  Cecilia Leonor Olivella Araujo, Margarita  Inés   Aponte  Olivella,  Atilio  Araujo  Murgas  y  Edward  Martínez  Pérez,  declaraciones  obrantes  a  los  folios  171,  178,  179  y 190 del C. orig. N°  1).   

13  CORTE    SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sent.  del  22  de  mayo  de 2002, rad . N° 15.262; del 26 de junio de  2003,  rad.  N° 15.934; del 19 de noviembre de 2002, rad, N° 18.619; del 25 de  octubre  de  2001,  rad  N°  14.647;  del  6  de  octubre  de  2004,  rad.  N°  21.309.   

14  CORTE   SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sent.  de  única  instancia  del 12 de mayo de 2004, radicación 16.955  bis.   

15  Anexo N° 5, fols. 135-137.   

16  Anexo N° 5, fols. 229 y 231.   

17  Anexo N° 5, fols. 192 y s.s.   

18  ARTICULO   4�   El   artículo   45   del   Decreto   180   de   1988,  quedará  así:   

“Artículo  45.  DETENCION,  LIBERTAD  Y  PROHIBICION   DE   REBAJA   DE  PENA.  En  los  delitos  de  competencia  de  la  jurisdicción  de  orden  público,  sólo  procede la detención como medida de  aseguramiento.   

Salvo   lo  dispuesto  en  el  artículo  6�   de   este   Decreto  (colaboradores  eficaces  con  la  administración  de justicia) los imputados o  condenados  no  tendrán  derecho  a libertad provisional, condena de ejecución  condicional, libertad condicional, ni rebaja de pena alguna”.   

19  Indica  la  norma  los  inmuebles,  aviones,  aviones,  helicópteros,  naves  y  artefactos  navales, marítimos y fluviales, automóviles, maquinaria agrícola,  semovientes,  equipos  de  comunicaciones  y radio y demás bienes muebles, así  como  títulos  valores, dineros, divisas, depósitos bancarios y en general los  derechos  y  beneficios  económicos o efectos vinculados a los procesos por los  delitos  de  competencia  de los mencionados funcionarios, o que provengan de su  ejecución,  con el fin de sacarlos del comercio hasta que quede ejecutoriada la  providencia sobre entrega o adjudicación definitiva.   

20  CORTE    SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sent.  de segunda instancia del 6 de julio de  2005, rad. N ° 22.299.     

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