25008(23-03-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25008  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 026.  

          Bogotá   D.C.,   marzo   veintitrés   (23)   de   dos   mil   seis  (2006).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  sobre  la  admisibilidad  formal  de la demanda de  casación    presentada    por    el   defensor   del   procesado   LUIS  DELGADO  RADA contra la sentencia del  Tribunal  Superior  de  Barranquilla  de fecha agosto 11 de 2005, por cuyo medio  confirmó  la  dictada  por  el  Juzgado  Penal del Circuito Especializado de la  misma  ciudad,  que lo condenó como coautor de los delitos de secuestro simple,  concierto para delinquir y falsedad personal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Los señores Michelle  Pereira   Fandiño,  Félix  Ramón  Suárez  Mejía y Luis  Eduardo  Urquijo  Camargo formularon denuncias penales  ante  el Gaula Regional de Barranquilla los días 17 de abril de 2002, 6 de mayo  y  21  de  ese mismo mes y año, respectivamente, mediante las cuales informaron  que  un  sujeto  quien  se  hizo  llamar  Juan  Carlos  Osorio,  luego  de  ganarse  su  confianza  los retuvo  físicamente   en   hechos   independientes   y   de   inmediato  procedió,  en  colaboración  con  otros  individuos  y  mediante el empleo de armas de fuego y  cortopunzantes,  a despojarlos de dinero, joyas y tarjetas electrónicas débito  y  crédito,  cuyas claves se les obligó a suministrar para efectuar retiros en  efectivo  a  través  de  cajeros  automáticos.   Posteriormente,  se pudo  establecer  que  estos  actos  eran  perpetrados  por una organización criminal  conformada,  entre  otros, por LUIS RAMÓN y  MIGUEL  ÁNGEL DELGADO RADA.         

Con  sustento  en  las anteriores denuncias,  inicialmente  se  dispuso  la  apertura  de  investigación  previa  y  luego la  Fiscalía  Sexta  Especializada  Delegada ante el Gaula de Barranquilla decretó  la  apertura  de  instrucción  en  cuyo  marco  vinculó mediante indagatoria a  LUIS  RAMÓN  y MIGUEL  ÁNGEL  DELGADO  RADA,  a  quienes  definió   situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  sin  beneficio  de  excarcelación  por  los  delitos  de  secuestro  extorsivo,     extorsión,     falsedad     personal     y     concierto    para  delinquir.     

         

          Clausurada  la  instrucción, la Fiscalía Tercera Delegada ante los  Jueces   Penales   del   Circuito   Especializados   de  Barranquilla  profirió  resolución  de  acusación  el  21  de  noviembre  de  2002  en  contra  de los  sindicados,  como  presuntos  autores  de  los  delitos  de secuestro extorsivo,  falsedad   personal   y   concierto  para  delinquir;   determinación  que  confirmó  posteriormente  la  Fiscalía Segunda Delegada ante el Tribunal de la  misma ciudad el 11 de febrero siguiente.   

          La  etapa  de  juzgamiento  correspondió al Juzgado Penal  del  Circuito  Especializado  de  Barranquilla despacho que, una vez  surtido el  trámite  legal  pertinente,  dictó  sentencia  el  3 de mayo de 2005, por cuyo  medio   condenó   a   los   procesados   LUIS  RAMÓN  y   MIGUEL  ÁNGEL  DELGADO  RADA  como  coautores  de  los  delitos  de  secuestro  simple,  falsedad personal y concierto para delinquir a las penas principales de  ciento  noventa  y  tres  (193)  meses  y  multa  por valor de setecientos (700)  salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes, a la accesoria de interdicción  de  derechos  y funciones públicas por diez (10) años y, al pago de perjuicios  morales   y  materiales  de  acuerdo  con  las  sumas  allí  estipuladas.    

          En  contra  de  la providencia anterior, el defensor conjunto de los  procesados  interpuso  recurso  de  apelación,  sobre  el cual se pronunció el  Tribunal  Superior  de  Barranquilla  el  11 de agosto siguiente, confirmando la  sentencia impugnada.   

Inconforme  con la determinación de segunda  instancia,   el  nuevo  defensor  del  sindicado  LUIS  DELGADO  RADA  interpuso y sustentó, mediante demanda,  recurso  extraordinario  de  casación, sobre cuya admisibilidad formal se ocupa  la Sala.   

LA DEMANDA  

          Un  cargo  formula  el defensor del procesado en contra del fallo de  segundo  grado,  con fundamento en la causal primera de casación prevista en el  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000,  por  violación  directa  de la ley  sustancial  “al incurrir el juez singular y plural en  FALTA  DE  APLICACIÓN  O EXCLUSIÓN EVIDENTE DE UNA NORMA, ARTÍCULO 171 DEL C.  PENAL  O  LEY  599  JULIO  24  DE  2000”.      

Indica  el  demandante  que  los  juzgadores  inobservaron  una  norma  de carácter sustancial “no  sólo  porque  pertenece  al  código  sustantivo  penal,  sino  también porque  consagra    una    diminuente    punitiva   a   favor   del   débil   ciudadano  sentenciado”.   Dicha  disposición,  refiere,  establece  que la pena prevista para el delito de secuestro simple se diminuirá  en    la    mitad    cuando    la    víctima    fuere    dejada   en   libertad  voluntariamente.   

A  renglón  seguido,  señala  que las tres  víctimas  fueron  retenidas  momentáneamente  mientras se cometía el hurto de  los  dineros  existentes en sus cuentas débito y crédito, pero una vez logrado  ese  objetivo  eran  puestas  en  libertad, como lo dice la norma aludida, en un  término  inferior a 15 días, para lo cual transcribe algunos breves apartes de  sus atestaciones.   

A  continuación,  destaca, que “la  señora juez de primera instancia muy a pesar de reconocer la  circunstancia  diminuente  punitiva  no  aplica  la  norma  que  regula  el caso  concreto, como era su deber”.   

Con  fundamento  en lo anterior, solicita se  case  el fallo y dicte el de reemplazo en donde se reconozca la diminuente de la  pena.     

      

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Es  evidente  que  el único reproche que contiene la demanda objeto  de  examen  desconoce  las  exigencias técnicas que regulan este extraordinario  medio de impugnación y por ello se impone su inadmisión.   

De  acuerdo  con lo que prescribe el numeral  3°  del  artículo 212 Ley 600 de 2000, vigente para la fecha en que ocurrieron  las  conductas por las cuales se procede (entre marzo y abril de  2002), la  demanda   de   casación   deberá   contener   “La  enunciación  de la causal y la formulación del cargo, indicando en forma clara  y   precisa   sus   fundamentos   y   las   normas   que  el  demandante  estime  infringidas”.   En  el  siguiente numeral de la  misma  preceptiva,  además  se  exige que “si fueren  varios   los   cargos,   se  sustentarán  en  capítulos  separados  y,  que  “es permitido formular cargos  excluyentes          de          manera          subsidiaria”.     

Pues  bien,  en  el  caso  de  la especie es  indiscutible  que  la  propuesta  del casacionista no se presenta de acuerdo con  los  presupuestos  formales  que  vienen  de  verse y que, como corolario de esa  circunstancia,  se  ha  de  proceder de conformidad con la consecuencia procesal  prevista en el artículo 213 ibídem.   

          Inicialmente  resulta  oportuno  señalar  que  el  casacionista  no  satisface  los  condicionamientos propios de la causal primera de casación -por  violación  directa  de la ley sustancial- que invoca en procura de demostrar la  ilegalidad del fallo impugnado.       

          En   efecto,   tal  como  lo  tiene  dicho  en  forma  pacífica  la  jurisprudencia  de la Sala, cuando se trate de desarrollar violación directa de  la  ley sustancial, el actor está obligado a respetar los fundamentos fácticos  y   probatorios   de   la  decisión  impugnada  para  concentrar  su  atención  exclusivamente  en  el  error de juicio que sin mediación alguna recae sobre la  norma  sustancial,  pues  si  pretende  ventilar  discusiones  en derredor de la  apreciación  de la prueba o de los supuestos fácticos, para ello cuenta con la  causal  que por su naturaleza está concebida para ese propósito, como lo es la  violación indirecta de la ley sustancial.   

          En  el  caso que concita la atención de la Sala, fácil se advierte  que  no  obstante  ser  enfático  el  actor  al  invocar  la  causal primera de  casación  por  violación  directa de la ley sustancial, como ya se dijo, en el  desarrollo  del  ataque  se  pierde en ese objetivo al involucrar una discusión  probatoria,  pues  precisamente  para demostrar que frente a la situación de su  defendido  procede  la  circunstancia  de atenuación prevista para el delito de  secuestro  simple  en el inciso segundo del artículo 171 de la Ley 599 de 2000,  se   limita   a   transcribir   breves  apartes  de  algunas  declaraciones  que  supuestamente                            corroboran                           su  prédica.           

          Con  esa actitud, el casacionista toma distancia de los presupuestos  fácticos  y  probatorios del fallo impugnado que la causal invocada le obligaba  a  respetar,  pues  ya  se  adentra  en  una discusión probatoria que ha debido  plantear  en  un cargo independiente al amparo de la violación indirecta de ley  sustancial  a  lo  que  se  suma  el hecho de que entra en contradicción con su  manifestación  contenida  en  la  parte final del cargo en el sentido de que el  funcionario judicial de primera instancia reconoció la diminuente.   

Es  necesario recalcar que si bien es cierto  se  trata  de  dos  especies  de  una  misma causal, de acuerdo con lo que ya se  señaló,  parten  de presupuestos diversos y excluyentes y de ahí la imperiosa  necesidad  de  plantearlas  en forma independiente, a riesgo, como aquí sucede,  de  sacrificar la claridad y precisión que se exige como requisito formal de la  demanda   en  procura  de  su  admisibilidad;   además,  no  atender  esta  exigencia,  implica desconocer el principio de autonomía que regenta este medio  extraordinario de impugnación.        

         

De  acuerdo  con  el referido principio, las  diversas  propuestas  que apunten hacia el resquebrajamiento del fallo deben ser  esbozadas  de  manera  independiente,  con  el  propósito  de  evitar  mixturas  argumentativas  y  conceptuales  que  puedan  entorpecer su comprensión, lo que  obliga  a  que  se  aborden  por separado y, en el caso de que sean excluyentes,  como  aquí  sucede, no basta con ello sino que, además, debe indicarse cuáles  son subsidiarias.   

A  lo  anterior  se  aúna  la circunstancia  consistente  en  que de la censura tampoco se logra extraer con la indispensable  claridad  y  precisión una discusión compatible con la violación indirecta de  la  ley  sustancial,  esto  es,  que  permita  colegir que el yerro advertido es  meramente  nominal  y que, por ende, no impide seguir adelante con su estudio de  fondo.          

Pero  lo  cierto  es  que  al interior de la  censura  no  se  encuentra  un  desarrollo compatible con alguna de las diversas  modalidades  previstas  para  tal efecto, por los denominados errores de hecho o  de  derecho en la apreciación probatoria, comprendiendo el primero los llamados  falsos  juicio  de  existencia,  de  identidad o raciocinio y el segundo, falsos  juicios  de  legalidad o convicción, cuya verificación genere violación de la  ley  sustancial  bien porque el precepto aplicado no debió serlo o en cuanto se  dejó de aplicar el llamado a regular el caso.   

Al  respecto,  ha señalado la Sala en forma  pacífica  que ocurre la primera de las modalidades referidas del error de hecho  cuando  un  medio  de  prueba  es  excluido  de  la  valoración que efectúa el  juzgador  (ignorancia u omisión) o porque el juzgador lo inventa o crea a pesar  de   que   no  existe  materialmente  en  el  proceso,  otorgándole  un  efecto  trascendente en la sentencia (suposición o ideación).   

A  su  turno,  el  segundo  yerro se origina  cuando  el  sentenciador  aprecia  la  prueba desconociendo los postulados de la  sana  crítica  (raciocinio)  y,  el último, cuando tergiversa o distorsiona su  contenido  objetivo  para  hacerla  decir  lo  que ella no expresa materialmente  (identidad).   

En  lo  que  concierne  al error de derecho,  éste  puede  configurarse  por  dos  situaciones, a través del falso juicio de  legalidad  y  el  de  convicción.   El  primero tiene ocurrencia cuando el  juzgador  otorga  valor  a  un  medio  probatorio que ha sido aducido al proceso  irrespetando  las  formalidades legales previstas para su formación o aporte y,  una  segunda  posibilidad, cuando le resta valor a una prueba por considerar que  ha  sido aportada con desconocimiento de los requisitos formales establecidos en  la ley cuando en realidad los cumple.   

Por otro lado, se incurre en error de derecho  por  falso  juicio  de  convicción  cuando  se  le  otorga  mérito a la prueba  contrariando  el  valor  que  la  ley previamente le ha asignado, situación que  resulta    viable    principalmente    en   los   sistemas   de   tarifa   legal  probatoria.   

En  todos los casos, debe tratarse de prueba  trascendente,  esto  es,  que  tenga  la  entidad de modificar las declaraciones  contenidas en la decisión de forma favorable para quien lo alega.   

Contrario   a   la   elaboración   de  un  cuestionamiento  afín  con  los  anteriores  desarrollos, lo que sin dificultad  alguna  se  logra advertir es que la censura se centra en transcribir fragmentos  de  pruebas  testimoniales  de  las  cuales  no se logra avizorar, sencillamente  porque  ningún  argumento se presenta para respaldar esa premisa, alguna de las  aludidas   modalidades   de  ilegal  apreciación  probatoria.      

Los  defectos técnicos reseñados que acusa  el   libelo   impiden  extraer  “de  forma  clara  y  precisa”  los  fundamentos  de la causal y del cargo  que  se  invoca, por lo que, como se indicó desde el comienzo, la decisión que  se  ofrece  razonable  es  la  de  inadmitirlo;  además, porque el principio de  limitación,  que  regenta  este  medio  extraordinario  de  impugnación,  cuya  regulación  se encuentra en el artículo 216 de la Ley 600 de 2000, impide a la  Sala  subsanar  las  incorrecciones anotadas en las que incurre el casacionista,  por  lo  cual  se colige que el cargo no reúne los requisitos formales exigidos  legalmente.    

          Lo  anterior  constituye razón suficiente para inadmitir la demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  LUIS  DELGADO  RADA  y devolver el expediente al despacho de  origen,    como   lo   indica   el   mencionado   artículo   213   ibídem.   Adicionalmente,  porque no  se  advierte que se haya incurrido en violación de garantías fundamentales que  reclame la intervención oficiosa de la Sala.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  interpuesta  por el defensor del procesado LUIS DELGADO  RADA,  por  las  razones  consignadas  en  la anterior  motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Permiso  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

Excusa justificada  

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

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