25000(16-06-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25000  

CORTE SUPREMA DE JUTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                               Aprobado acta  No. 57    

                                                 Magistrado  Ponente:   

                                                 Dr.  MAURO  SOLARTE PORTILLA   

Bogotá  D.  C.,  dieciséis de junio de  dos mil seis.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  David Arévalo Barrero contra  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de  Bogotá,  de  10  de  mayo  de  2005,  mediante  la cual fue condenado a la pena  principal  de  35  meses  de  prisión  como autor responsable de los delitos de  falsedad  material  de  particular  en documento público agravada por el uso en  concurso   homogéneo   sucesivo,   y   falsedad   en  documento  privado.    

Antecedentes.   

1.  El primero de abril de 2000, David  Arévalo  Barrero fue sorprendido en  la  Universidad  Militar  de  Bogotá, en posesión de los siguientes documentos  falsos:  (1)  Cédula  de  identidad  militar  con su nombre y foto personal que  acreditaba  la  calidad de oficial de reserva. (2) Certificado de Registro de la  Secretaría  Distrital de Salud a su nombre, como psicólogo profesional, con su  foto,  documento  que  originalmente había sido expedido a nombre de una mujer.  (3)  Credenciales  como  periodista.  (4) Una credencial con el escudo de Quinta  División  del  Ejército  Nacional.  (5)  Tarjetas  con el escudo del Ejército  Nacional  a  su nombre como psicólogo clínico y subintendente de reserva y (6)  diploma de la universidad Javeriana como psicólogo.   

2.  La  fiscalía  inició investigación por  estos  hechos  y  en decisión de primero de octubre de 2002 acusó al procesado  por  los  delitos falsedad material de particular en documento público agravado  por  el uso en concurso homogéneo, y falsedad en documento privado. Contra esta  decisión  el  defensor  interpuso  recurso  de  apelación,  pero fue declarado  desierto  por  falta  de  sustentación  (fls.115-120, 120 vuelto, 122 y 125 del  cuaderno No.1).    

3.  Rituado  el  juicio,  el Juzgado Cuarenta  Penal   del  Circuito  de  Bogotá  condenó  a  David  Arévalo  Barrero  a  la pena principal de 35 meses de  prisión  y  la  accesoria de interdicción de derechos y funciones pública por  el  mismo  término,  como  autor  responsable  de  los  delitos imputados en le  resolución  de  acusación  (fls.66-77/2). El defensor recurrió en apelación,  pero  el  Tribunal, mediante el suyo de 10 de mayo de 2005, mantuvo la decisión  impugnada (fls.3-13 del cuaderno del Tribunal).   

La demanda.  

Con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo  primero, el actor acusa la sentencia de ser violatoria de la  ley  sustancial,  en  forma  directa, por aplicación indebida de los artículos  287,  288 y 290 de la ley 599 de 2000, al igual que de los artículos 220, 221 y  222  del  Decreto  100 de 1980, que describen y sancionan las conductas típicas  por los cuales fue condenado el procesado.   

Argumenta  que los juzgadores en el análisis  que  hacen  de  la  conducta,  se  refieren  al  conocimiento  que  David   Arévalo   Barrera  tenía  de  la  falsedad  de  los  documentos,  pero  no se detienen a examinar la trascendencia  jurídico  penal  o relevancia del comportamiento, lo que equivale a estudiar el  dolo,  como  elemento  anímico  que  se  traduce  en  el  atentado contra la fe  pública.    

Explica que la conducta causa daño solo en la  medida  que  el  documento  sea  utilizado  para los propósitos por los que fue  creado.  Así,  quien  falsifica un tarjeta profesional de abogado es un peligro  para  la  comunidad, puesto que los asociados pueden confiar en dicha condición  para  la  atención  de procesos judiciales. Quien falsifica un título médico,  puede  ser  buscado  para  la  obtención de diagnósticos o medicaciones. Quien  falsifica  un  certificado  de  bachiller  puede  utilizarlo  para ingresar a la  universidad.    En    estas    hipótesis   se   estaría   engañando   la   fe  pública.   

Pero el caso analizado es bien distinto. Aquí  el  procesado  “fue  sorprendido con una constancia de psicólogo, pero jamás  utilizó  dicha  fotocopia  para  desempeñarse como tal; hay una constancia del  sistema  de  seguridad  social  en  salud,  que ni siquiera aparece a nombre del  sindicado;  una  fotocopia  de  su cédula de ciudadanía, que no merece ningún  reproche:  y  unas  constancias  de  periodismo que no lo habilitan para ningún  ejercicio  profesional  en  el  campo  de  las  comunicaciones. Así se trata de  documentos  inocuos  ante la  ley”.   

Reconoce   que   al   procesado  le  fueron  encontrados  algunos  documentos  que  no  corresponden  con  su enunciado, pero  explica  que  ninguno  de  ellos  fue  elaborado con fines malévolos de atentar  contra  la  fe  pública,  como  que  solo  se  perseguía  con ellos ingresar a  ceremonias  militares,  lo  cual  es  cierto,  puesto  que  fue  en  una de esas  celebraciones   donde   se  descubrió  la  inexactitud  de  las  controvertidas  tarjetas.  Siendo  ello  así se está ante una conducta humana irrelevante para  el  derecho penal, dado que el bien jurídico de la fe pública siempre estuvo a  salvo de cualquier atentado.   

SE CONSIDERA:  

Una  vez  más  debe la Corte reiterar que la  demanda  de  casación  es  un  escrito  vinculado  al  cumplimiento  de ciertas  condiciones  mínimas  de  forma  y contenido, sin las cuales no resulta posible  declararla   apta   para  abrir  paso  al  trámite  casacional.  Una  de  estas  condiciones  tiene  que  ver  con  las  exigencias  de claridad y precisión del  ataque,  requerimiento  que impone, entre otras cosas, la adecuada selección de  las   causales   y   la   ausencia   de   contradicciones   al  interior  de  su  fundamentación.   

En  el  caso  analizado el demandante plantea  violación  directa  de  la ley. Esta modalidad de ataque presupone que el cargo  debe   desarrollarse  en  el  marco  del  raciocinio  puramente  jurídico,  sin  afectación  de  lo  factual  o  lo probatorio, y que el actor debe aceptar, por  tanto,  la verdad fáctica declarada en la decisión impugnada y la apreciación  que  los  juzgadores hicieron de la prueba, no siéndole permitido desconocerlas  ni discutirlas.     

Estas  directrices técnicas no son atendidas  por  el  casacionista.  Para  empezar dígase que la demanda adolece de falta de  coherencia  interna,  como  quiera  que  dentro  de  un  mismo  cargo y un mismo  discurso  argumentativo  plantea  a  la  vez,  como  si  se  tratara de un mismo  fenómeno,  (i)  atipicidad  de  la conducta por inocuidad e irrelevancia de las  falsedades,  y  (ii)  ausencia de dolo por inexistencia de intención de atentar  contra  la  fe  pública,  lo  cual,  de suyo, traduce una contradicción en los  términos   del   planteamiento,   por  tratarse  de  entidades  dogmáticas  de  contenidos                 distintos1.   

Esta confusión conceptual en la que el censor  incurre,  torna  inestudiable el cargo, por no encontrarse clara su pretensión,  ni  delimitado  de  manera  inequívoca  el  alcance de la impugnación, pues no  permite  establecer  si  lo que se plantea es atipicidad objetiva de la conducta  por  ausencia de aptitud lesiva de la misma, o atipicidad subjetiva por ausencia  de  dolo,  ni permite tampoco identificar los fundamentos que sustentan cada una  de  estas  posturas  en  particular.  Y  sabido  es  que la Corte, en virtud del  principio   de   limitación,   no  puede  corregir  los  defectos  del  libelo.   

Una  segunda falencia, no menos trascendente,  guarda  relación  con la selección de la causal dentro de la cual el ataque se  enmarca.  Como ya se dejó consignado en la resumen de la demanda, y los apartes  precedentes,  el  cargo  se  fundamenta  en la afirmación de que los documentos  falsos  no  fueron  usados  para  el desempeño de las profesiones que acreditan  (militar,  psicólogo,  periodista),  sino para ingresar a reuniones sociales, y  que  la  intención  del  procesado no fue lesionar la fe pública, afirmaciones  que  se contraponen a las conclusiones probatorias de los fallos de instancia, y  que   se  traducen,  por  tanto,  en  apreciaciones  fácticas,  no  jurídicas.   

Siendo  ello  así,  el  ataque  debió  ser  propuesto  dentro  del  ámbito  de  la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  por  violación  indirecta  de  la  ley,  con  indicación  clara  de  los errores de  apreciación  probatoria  cometidos por los juzgadores de instancia (si de hecho  por  falsos  juicios  de existencia, de identidad o raciocinio, o de derecho por  falsos  juicios  de  legalidad  o  convicción), el señalamiento de las pruebas  indebidamente  apreciadas  y  la demostración de la trascendencia del yerro, en  procura  de  mostrar  que  las conclusiones de los fallos son equivocadas, y que  las  correctas  son  las  que  la  demanda  propone,  nada  de  lo  cual intenta  desarrollar el actor.   

Visto, entonces, que la demanda no cumple los  presupuestos  mínimos  requeridos para declarar en trámite la impugnación, se  la  inadmitirá  y  se  ordenará devolver el proceso a la oficina de origen, no  advirtiéndose  violaciones  a las garantías fundamentales que la Sala esté en  el deber de proteger de manera oficiosa.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

RESUELVE:  

INADMITIR la demanda  de   casación   presentada   por   el   defensor   del  procesado  David Arévalo Barrero.     

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA    

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ                   ALFREDO GOMEZ QUINTERO   

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO                  ALVARO O. PEREZ PINZON   

MARINA        PULIDO        DE  BARON                  JORGE                                 L.                                QUINTERO  MILANES               

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS                    JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

Teresa  Ruiz  Núñez   

SECRETARIA  

    

1  La  inocuidad  es  objetiva  y  pertenece  a la conducta. El dolo es presupuesto del  tipo subjetivo.     

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