24927(23-03-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  24927   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 26  

Bogotá, D. C., veintitrés (23) de marzo de  dos mil seis (2006).   

VISTOS  

Decide  la  Sala si es procedente admitir la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   JAVIER      GARCÍA,     ÁLVARO  MORENO  VALENCIA  y HANNER  DÍAZ  MUÑOZ  contra la sentencia  dictada   el   27   de   septiembre   del  2005  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá.   

HECHOS Y ACTUACIÓN  PROCESAL  

Como una tractomula que transportaba 5 rollos  de  lámina  hacia  Bogotá no llegó a su destino, la empresa de carga informó  el  hecho  a  la  policía.  La  búsqueda  que  luego  se  emprendió permitió  localizar  el vehículo y la mercancía en esta ciudad el 25 de junio del 2005 y  capturar  a  JAVIER GARCÍA,  ÁLVARO        MORENO       VALENCIA,   HANNER   DÍAZ   MUÑOZ y NELSON ERIBERTO GUERRERO PEÑA.   

De acuerdo con las previsiones contenidas en  el  Código  de  Procedimiento  Penal  del 2004, el 26 de junio del 2005 el juez  10º  penal  municipal de Bogotá con función de control de garantías realizó  las  audiencias  preliminares  de  legalización  de captura, formulación de la  imputación,   imposición   de  medida  de  aseguramiento  y  legalización  de  incautación  solicitadas  por  la fiscalía, oportunidad en la que los señores  GARCÍA,   DÍAZ  y  MORENO  se  allanaron  al cargo que se les hizo por un delito  agravado de receptación.   

Dispuesta  por  el  juez  de  garantías  la  ruptura  de  la  unidad  procesal  respecto de GUERRERO PEÑA y EVARISTO FLÓREZ  CARRERO,  vinculado  más tarde a la investigación, el 13 de julio la fiscalía  presentó el escrito de acusación.   

Mediante sentencia del 16 de agosto del 2005,  el  Juzgado  34  Penal  del  Circuito  condenó  a  los procesados a 38 meses de  prisión,  multa por valor equivalente a 4 salarios mínimos legales mensuales e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  término  de 38 meses y les negó la suspensión condicional de la ejecución de  la pena.   

El  fallo, recurrido por la defensa para que  se  concediera  el  subrogado  o,  en  subsidio,  la  prisión domiciliaria, fue  confirmado por el Tribunal Superior.   

LA DEMANDA Y SUS CONSIDERACIONES  

El censor invoca la causal 1ª de casación,  falta  de  aplicación,  interpretación  errónea o aplicación indebida de una  norma  del  bloque  de  constitucionalidad,  constitucional  o  legal  llamada a  regular el caso.   

Pero.  

Dejando  de  lado  el  sentido  obvio  del  artículo  40  de  la  Ley  153  de  1887,  al  que  le hace decir que ordena la  prevalencia  de  la ley que regula la ritualidad de los juicios sobre cualquiera  otra  anterior,  y  asimilando  sin  ninguna  explicación  los institutos de la  detención  y  la  prisión  domiciliarias,  acusa el fallo de segunda instancia  porque  aplicó  indebidamente  el  artículo  38 del Código Penal –prisión     domiciliaria,    como  sustitutiva-,   interpretó  erróneamente  los  artículos  307.2  –detención  preventiva residencial- y  314.1  –primer requisito  de  la  detención  residencial-  del  Código de Procedimiento Penal y dejó de  aplicar   el   artículo   312   ibídem    –no  comparecencia del imputado y arraigo comunitario-.   

Sostiene con relación al primer tema que si  el  artículo  40  de la Ley 153 de 1887 manda que la ley que fija la ritualidad  de  los  juicios  prevalece  sobre todas las anteriores, entonces los artículos  307-2  y  314-1  de  la  Ley 906 del 2004 tienen aplicación preferente sobre el  artículo  38  de  la Ley 599 del 2000, de manera que el requisito punitivo para  la  procedencia  de  la  prisión domiciliaria que fija esta última norma, debe  ceder   ante   el   silencio   que   sobre   el   punto  guardan  las  primeras.  Consecuencialmente,  debió  aplicar el artículo 312 del mismo estatuto, porque  está  demostrado  que  los procesados tienen arraigo en la comunidad, el delito  imputado  no  es  de  suma  gravedad, se allanaron de una vez a los cargos y han  comparecido a todas las audiencias que se han celebrado.   

Agrega  que  para  sustituir  la  prisión  intramural  por  la  domiciliaria  se deben evaluar negativamente los requisitos  consagrados  en  el  artículo  308  de  la  Ley  906, tarea que no acometió el  Ad  quem y que lo llevó a  la    desacertada    conclusión    de   la   improcedencia   de   la   prisión  sustitutiva.   

Así,  como el fundamento de la decisión es  que  el delito de receptación tiene fijada una pena mínima que sobrepasa los 5  años  previstos  en  el  artículo  38 del Código Penal, pero esta norma no es  aplicable  por  las  razones dadas, se debe casar la sentencia impugnada y en su  lugar   recluir   a   sus  clientes  en  sus  residencias  para  pagar  la  pena  impuesta.   

Formulado en estos términos el reproche, es  claro     que    la    demanda    no    puede    ser    admitida    –no  seleccionada- porque no    desarrolla    los    cargos    de   sustentación,  como lo prevé el inciso 2º del artículo 184 de la Ley 906 del  2004.   

Aunque el nuevo estatuto procesal no enumera  rigurosamente  los  requisitos que debe cumplir una demanda de casación como lo  hacía  el anterior artículo 212, de los artículos 183 y 184 se pueden deducir  esencialmente los siguientes:   

1.  Que  se  señalen de manera precisa    y   concisa   las   causales  invocadas.   

2.  Que  se desarrollen los cargos, esto es,  que   se   expresen   sus   fundamentos   o   se   ofrezca   una   sustentación  mínima.   

3. Que se demuestre que el fallo es necesario  para cumplir algunas de las finalidades del recurso.   

Si  se  quisiese  parangonar  con el sistema  anterior,  se  podría afirmar, entre otras cosas, que actualmente la demanda de  casación  debe  observar  el  requisito que antes contemplaba el inciso 3º del  artículo  212  y  la  sustentación  de  su  procedencia  que para la casación  discrecional exigía el artículo 205.   

Esto  último es así, pues si el inciso 2º  del   artículo  184  permite  excluir  la  demanda  “cuando  de  su contexto se advierta fundadamente que  no  se precisa del fallo para cumplir algunas de las finalidades del recurso”,  es  porque en ella se debe demostrar expresamente -o del desarrollo del cargo se  pueda  razonablemente  inferir-  que  se requiere el pronunciamiento de la Corte  para  hacer  efectivo  el  derecho  material,  proteger  las  garantías  de los  intervinientes,   reparar   los   agravios  inferidos  a  estos  o  unificar  la  jurisprudencia.   

Pero,  a diferencia del anterior sistema, en  el  que la inadmisión de la demanda sólo procedía por falta de interés o por  inobservancia  de  los requisitos lógicos  y  formales,  en  el  nuevo  es  posible  no  seleccionarla  a  pesar de colmar las exigencias  legales  o escoger una que, no obstante los defectos en su elaboración, amerite  un  pronunciamiento  de  fondo  “atendiendo  a  los  fines  de  la  casación,  fundamentación  de  los  mismos,  posición del impugnante dentro del proceso e  índole  de  la  controversia  planteada”,  como lo autoriza el inciso 3º del  artículo  184  y lo venía haciendo la Corte desde el 19 de agosto del 2004, si  bien  únicamente cuando su intervención era necesaria para proteger garantías  fundamentales.   

Se trata sin duda de un importante cambio en  la  concepción del recurso de casación, en buena medida apoyado en los avances  de  la  jurisprudencia  de  la  Sala  Penal  de  la Corte Suprema de Justicia en  materia  de  casación,  que  exige  realizar  la  revisión  previa y total del  proceso  y  no  sólo  de  los  aspectos lógicos y formales de la demanda, como  complemento  y más allá del carácter rogado del recurso, del que se conservan  vestigios en la primera parte del inciso 3º:   

En  principio, la  Corte  no  podrá  tener  en  cuenta  causales diferentes de las alegadas por el  demandante.   

No  de  otra  manera, si no es examinando la  integridad  del  proceso para determinar si selecciona la demanda de casación o  supera  los  defectos  para  decidir de fondo, podría la Corte garantizar “la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  estos,  y  la  unificación  de  la jurisprudencia”, como reza el artículo 180 para expresar  la finalidad del recurso.   

Retornando  al caso concreto, se reitera que  la  demanda  no  cumple  los  requisitos  para ser seleccionada porque el actor,  además  de  no  demostrar  que el fallo es necesario  para   cumplir   alguna   de   las   finalidades   de  la  casación,  tema  que  ni  siquiera  trató,  no  expresó  el  fundamento  de  los  dos  aspectos  que  reprocha.  Lo  anterior  se  constata  con  la  simple comparación objetiva  de  lo  plasmado en el escrito  presentado con la ley:   

En primer lugar, cuando el artículo 40 de la  Ley  153  de  1887  dispone que “Las leyes concernientes a la sustanciación y  ritualidad  de  los  juicios prevalecen sobre las anteriores desde el momento en  que  deben empezar a regir”, no está consagrando una derogatoria de todas las  leyes  que  preceden  a  la  nueva  sino  tan sólo de las que fijan también la  sustanciación y ritualidad de los juicios.   

Por    eso,    a    renglón    seguido  señala:   

Pero  los términos que hubieren empezado á  correr,  y  las  actuaciones  y  diligencias  que  ya  estuvieren  iniciadas, se  regirán por la ley vigente al tiempo de su iniciación.   

Desde  este punto de vista, por lo tanto, la  Ley  906  del  2004  no  modificó  ni  derogó ninguna disposición del Código  Penal.   

En  segundo lugar, como equipara sin ninguna  explicación  dos  instituciones  diferentes  -la  detención  domiciliaria y la  prisión  domiciliaria-  para reclamar se conceda la segunda con el lleno de los  requisitos   de   la   primera,   las  críticas  que  formula  al  Ad  quem  por  no  otorgarla  se  tornan  infundadas.   

En auto del 23 de febrero del 2006, radicado  24.082,  si  bien  examinando  un  proceso tramitado al amparo de la Ley 600 del  2000,  dijo  la  Sala  sobre las diferencias entre la prisión domiciliaria y la  detención domiciliaria:   

[c]uando  se  estudia  la  procedencia de la  segunda  se  aprecian,  además  de los requisitos legales y los fines legales y  constitucionales  de  la  medida,  las  exigencias  del artículo 38 del Código  Penal  –por remisión del  parágrafo  del artículo 357 del Código de Procedimiento Penal- pero cuando se  trata    de   la   primera   es   indispensable   valorar   además   de   estas  últimas   

[l]as funciones de la pena, de manera que la  definición  de cada asunto responda a la idea básica según la cual, al tiempo  que  se  propenda  por la resocialización del sentenciado, no se obstaculice la  estabilidad  del  ordenamiento  jurídico  por la sensación de desprotección e  incertidumbre    que   una   errada   decisión   generaría   en   el   entorno  social.1   

Y señaló que esas diferencias se sustentan  en que   

[c]uando  se  cambia  de  la  posición  de  procesado  a  la  de  condenado,  se  produce  también  una  variación  en  la  naturaleza  y finalidades de la privación de libertad, que de medida preventiva  para  asegurar  el  cumplimiento  de los fines previstos en el artículo 355 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  se torna en pena cuya efectiva ejecución se  condiciona  al  cumplimiento de las funciones señaladas en el artículo 4º del  Código Penal.   

Quizás  por ello el nuevo estatuto procesal  no  remite al Código Penal cuando regula la detención domiciliaria, eliminando  el  requisito  objetivo  de  la  cantidad  de  pena  prevista  para  el delito y  limitando  la  exigencia  respecto  de  la  causal  general  del numeral 1º del  artículo  314  –precepto  que   consagra   otros  motivos  de  detención  domiciliaria  para  situaciones  específicas-  a  que el juez estime que la reclusión en el lugar de residencia  sea  suficiente  para  el  cumplimiento de los fines previstos para la medida de  aseguramiento.   

La  prisión domiciliaria, en cambio, regida  por  el  artículo  38 del Código Penal, sólo es viable cuando la pena mínima  señalada  para la conducta punible por la que se procede, no supere los 5 años  de prisión.   

En  consecuencia,  se insiste, la demanda no  será   seleccionada   y,   como  la  Sala  tampoco  advierte  la  necesidad  de  pronunciarse  de  oficio  en  los  términos  indicados  en  el  inciso  3º del  artículo  184  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  ordenará  devolver  la  actuación al Tribunal de origen.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Inadmitir la demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de JAVIER  GARCÍA,   ÁLVARO  MORENO  VALENCIA   y  HANNER  DÍAZ  MUÑOZ.  En  consecuencia,  se  ordena  devolver  la  actuación al Tribunal de origen.   

Procede la insistencia, en los términos del  inciso 2º del artículo 184 del Código de Procedimiento Penal.   

Notifíquese y cúmplase.  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

Permiso   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ             ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO   

         Aclaración de voto   

ÉDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                              ÁLVARO    O.    PÉREZ  PINZÓN                    

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                              JORGE    L.    QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                        JAVIER ZAPATA ORTIZ   

Excusa  justificada   

TERESA     RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

1 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, sentencia del 17 de junio del  2003, radicado 18.684.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *