28789(05-12-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28789  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado    acta    N°    245    

Bogotá,  D.  C.,  cinco (5) de diciembre de dos mil siete (2007).   

V   I   S   T   O  S   

La Corte resuelve la admisibilidad dentro de  los  postulados  de  la  lógica  y  debida  fundamentación  de  la  demanda de  casación   presentada  a  nombre  de  JOSÉ  ANÍBAL  PULECIO  GAMBOA  contra la sentencia del 14 de agosto  de  2007,  mediante la cual el Tribunal Superior de Armenia confirmó la dictada  por  el  Juzgado  Primero  Penal Municipal de Conocimiento de la misma ciudad, a  través  de  la cual lo condenó a las penas principales de 48 meses de prisión  y  multa  equivalente de $15.034.933,33 y a la accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el mismo lapso de la pena  privativa  de  la  libertad,  como  autor  de  la  conducta  punible de lesiones  personales dolosas.   

  H   E   C   H   O  S   

El  juzgador  de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“Conforme  al  escrito  de  acusación se sabe que los hechos sucedieron el 12 de marzo de 2005  aproximadamente  a  la  una de la tarde, cuando en el hotel “La Floresta” de  esta  ciudad,  se  llevaba a cabo la asamblea general de la cooperativa de buses  urbanos  COOBURQUÍN,  reunión  en la cual participaban en calidad de asociados  los  señores JOSÉ ANÍBAL PULECIO GAMBOA  y ÓSCAR CASTELLANOS TABARES, cuando en desarrollo de la misma se  presentaron  diferencias  entre  un  grupo minoritario del que era integrante el  imputado  y  otro mayoritario del cual hacía parte la víctima.  De manera  repentina  aquél  agredió  a éste propinándole un golpe en el rostro, que le  produjo  incapacidad  médico legal definitiva de 25 días y secuela consistente  en   perturbación  funcional  del  órgano  de  la  respiración  de  carácter  permanente”.   

ACTUACIÓN    PROCESAL   

Ante el Juzgado 4° de Control de Garantías  de  la  ciudad  de  Armenia  se  llevó  a  cabo,  el 7 de noviembre de 2006, la  audiencia  de  formulación  de  imputación,  en  desarrollo de la cual  a  José    Aníbal    Pulecio   Gamboa   le  fueron  formulados  cargos  por  el presunto delito de lesiones  personales  con incapacidad para trabajar o enfermedad y perturbación funcional  de órgano o miembro, que no fue aceptado por el procesado.   

El Fiscal 19 Local de la misma ciudad, el 13  de   diciembre   de  2006,  radicó  el  escrito  de  acusación  por  el  mismo  comportamiento  penal  imputado  y el 22 de diciembre siguiente, ante el Juzgado  1°  Penal  Municipal  de Conocimiento, se celebró la audiencia de formulación  de  acusación,  en  donde  el   fiscal  lo hizo oralmente por “el  delito  de  Lesiones  Personales definido y sancionado en el  Libro  segundo,  Título  C,  Capítulo III, artículos 111, 112 inciso 1°, 114  inciso  2°  y  117  del  C.P.,  aumentada  su  pena  según las previsiones del  artículo 14 de la ley 890 de 2004”.   

El 24 de abril de 2007, el juzgado citado en  precedencia,  celebró  la  audiencia  de lectura del fallo de primera instancia  por  medio  del  cual condenó a José Aníbal Pulecio  Gamboa  a  las penas principales de 48 meses de   prisión   y   multa   de   $15.034.933,33  y   a   la   accesoria   de   inhabilitación   para   el   ejercicio   de derechos y funciones públicas por un periodo igual al de la  penal  principal,  como  autor de la conducta punible de lesiones personales. No  le  concedió  el  sustitutivo de la suspensión condicional de la ejecución de  la pena, pero sí la prisión domiciliaria.   

Apelado  el  fallo  por  el  defensor,  el  Tribunal  Superior  de  Armenia,  el  14  de  agosto de 2007, lo confirmó en su  integridad.   

L  A      D  E  M A N D  A   D E     C A S A C I Ó N   

El  defensor  del  procesado,  basado en la  causal  3°  de  casación,  según  el  artículo  181  de  la Ley 906 de 2004,  presenta  un único cargo contra la sentencia de segunda instancia, en la medida  en  que se vulneró, de manera indirecta, la ley sustancial como consecuencia de  la  errada  apreciación  de  las  pruebas,  yerro  que  condujo  a  predicar la  existencia  del  hecho  y  el  grado  de  conocimiento  más  allá de toda duda  razonable.   

Dice  que  dos  fueron  los  errores  que  cometió el Tribunal, a saber:   

a)  Anota  que  no comparte la apreciación  probatoria  que  el  juzgador hizo respecto de los informes y de los testimonios  de  los  expertos  médicos,  puesto  que el citado error condujo a predicar que  efectivamente la víctima fue agredida por el hoy procesado.   

Manifiesta que se cercenó el testimonio del  médico  Carlos Hernán Collazos Gamboa, en tanto que el examen que le practicó  a  la  víctima  fue  externo  y concluyó con una incapacidad médico legal, de  carácter provisional, de 25 días.   

Recuerda  que  al  interior  del  trámite  también  se  incorporó el informe fechado el 26 de abril de 2005, suscrito por  el  médico  Juan  Guillermo  Gouzy  Muñoz,  que  le  otorgó  una  incapacidad  definitiva de 25 días.   

Por su parte, el especialista en la medicina  Carlos  Andrés  Quimbayo   Arcila  en  su  testimonio,  concluyó  que  la  víctima  presentaba  una  obstrucción  severa “Del  lumen  de  ambas  narinas de un 90% cada una, lo que dificulta el paso de aire a  través de las mismas”.   

En consecuencia, manifiesta que el Tribunal  omitió  valorar  un informe rendido por otro médico; que el médico legista no  realizó  ningún  procedimiento  científico  ni  técnico  que  lo  llevara  a  concluir  en  el  dictamen  anteriormente  citado, habida cuenta que no realizó  “la  comprobación científica ni técnica de dicha  obstrucción…”;  que  omitió  un  fragmento  del  dictamen  pericial  rendido  por  el  doctor Quimbayo Arcila y que se omitió el  testimonio  del  señor  Oscar  Castellanos Tabares, referido a las dificultades  que presentaba la víctima al respirar antes del suceso.   

Asevera que los yerros son trascendentes, en  la  medida  en  que  el  citado  error en la apreciación de la prueba condujo a  predicar   la   existencia   del   hecho   por   la   que   fue   condenado   el  procesado.   

b)  Por  último,  critica  al  juzgador de  segunda  instancia  por  haber  desechado  los  testimonios  presentados  por la  defensa,  en  tanto  que del fallo no se advierten las razones por las cuales se  les restó credibilidad.   

En tales condiciones, asevera que se omitió  el  testimonio  del  acusado, en lo referente a que él nunca tuvo rivalidad con  el  señor  Óscar Castellanos Tabares, razón por la cual no había motivo para  agredir a la víctima.   

Así   mismo,   tampoco   se  le  otorgó  credibilidad  a  los  testimonios  de José Flaminio Reyes, Mario Cruz Cruz, Luz  Marina  Zambrano,  Rodrigo  Bolívar  Diaza  y  de  la señora Magally Colorado,  personas  que  corroboraban  el  dicho de su defendido, como por ejemplo, que la  víctima  se golpeó con una ventana y que Pulecio Gamboa no fue el autor de las  lesiones.   

Anota que el yerro es trascendente, toda vez  que       de       habérseles      dado      credibilidad,      “indefectiblemente  la  conclusión sería que existe duda razonable  acerca  de  la  responsabilidad penal del señor JOSÉ  ANÍBAL  PULECIO  GAMBOA y, por consiguiente, el fallo  sería absolutorio”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.  De  acuerdo  con  la  jurisprudencia pacífica y  reiterada       de       la       Sala,  con el  sistema  procesal contemplado en la Ley 906 de 2004 se amplió la cobertura para  acceder  a la casación, puesto que hoy es susceptible dicha impugnación contra  decisiones  de  segunda  instancia  proferidas  en  todo  tipo  de  delitos, sin  importar   el   quantum   de   pena,   como   se   imponía   en   los  códigos  anteriores.   

Por  tanto,  para  que  la  demanda sea admitida se  requiere  que  el  libelista,  además de contar con interés,  acredite la  afectación  de  derechos  o  garantías  fundamentales,  para  lo cual también  deberá   formular   y  desarrollar  los  correspondientes  cargos  y,  por  supuesto,  demostrar algunos de los fines establecidos para la casación, según  lo  previsto  en  el  artículo 180 de esa normatividad, esto es, la efectividad  del  derecho  material,  el  respeto de las garantías de los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y  la  unificación de la  jurisprudencia.   

2.  En   el  supuesto  que  ocupa    la    atención    de    la    Sala,  sin  duda  que el censor tiene interés  para    recurrir  en  esta  sede,  habida  cuenta  que  el  reproche se  circunscribe  a insistir en  sus  argumentos  exhibidos  para  sustentar el recurso de apelación interpuesto  contra   el   fallo   de   primera   instancia,   esto  es,  que  de acuerdo    con   la   actividad    probatoria    desplegada    en   el   proceso   no   se   puede  concluir,    dentro    del    grado   de   conocimiento  más       allá      de      toda      duda  razonable, en la existencia  del  hecho y en la responsabilidad del acusado, en tanto que, en su criterio, se  ha   debido  reconocer  la  duda  a  favor  de  su  defendido.   

En   síntesis,  los  argumentos  del  casacionista  expuestos  al  sustentar el recurso de apelación  contra  el  fallo  de primera instancia guardan unidad temática respecto de los  que  hoy  exhibe al postular  el  único  cargo en sede de  casación.   

Ahora  bien,  en  lo atinente a la  lógica    y    debida    fundamentación,  la Corte observa que el libelista, de acuerdo con los argumentos  sustento  del reproche, no está demostrando que el juzgador de segundo grado se  hubiese  equivocado al apreciar el testimonio del perito en cuanto a las heridas  que    padeció    la    víctima    y   su   posible   incapacidad.    

En  efecto, el actor en  vez  de  señalar  a la Corte en qué consistió   el   yerro   de  apreciación  probatoria,  esto  es, si fue de hecho o de derecho, y el  falso   juicio   que   lo  determinó,  es  decir,  de  existencia,  identidad,  raciocinio, legalidad o convicción, procede a criticar  la  credibilidad  que  se  le  otorgó al testimonio del  especialista         del         Instituto   de  Medicina   Legal,   habida  cuenta  que  no  comparte  las  razones  que  tuvo el Tribunal para concluir que  efectivamente  las  heridas  que  padecía  la  víctima  fueron  como  consecuencia  de  los  golpes que recibió  del hoy acusado.   

El demandante se aparta  de  la  anterior  conclusión,  dado que el experto en el acto del juicio oral y  público  se  remitió  a valorar la historia clínica del agredido y a realizar  un    examen,    en    criterio   del   libelista  de  manera  superficial,  puesto  que no efectuó ningún procedimiento científico ni  técnico  que  lo hubiese llevado a emitir la conclusión plasmada en su informe  y    reiterada    en    su    testimonio.    

De     ahí  que surja necesario reiterar  que  el  recurso de casación  no  fue  estatuido con el fin  de  mostrar  una  disparidad  de  criterios  en torno al mérito dado a los elementos de juicio, en procura de  hacer  prevalecer  las  razones  del  libelista,  sino  que  fue erigido como la  impugnación  tendiente  a  realizar  un  control constitucional al interior del  trámite  con  el  fin  de  depurar  el  fallo  de  los  vicios  de derecho o de  actividad,   al   tenor   de   las   precisas  causales   que  el legislador  elevó   para   dicho   efecto   y   de   acuerdo   con  una  lógica  y  debida  fundamentación.   

Además,   la  Sala  advierte,  como  se  expuso en precedencia, que el sentenciador de segundo grado  explicó  de manera razonada por qué el dictamen que rindió el médico forense  merece  credibilidad.   Esto    es,    que    el    especialista  realizó  una  valoración  apoyado  en la historia clínica que  elaboró  el  galeno  que  prestó  la  primera  atención,  soporte   que  se  consideró  ajustado  a  la  realidad,  en  la  medida en  que  ningún médico legista  “con el propósito de dar  un  verdadero y cabal diagnóstico de la incapacidad que pueda tener una persona  lesionada,  se  viera  precisado  a  constatar  personalmente las consecuencias,  cuando  éstas,  se  insiste,  son  consideradas  y tratadas en centros médicos  especializados  en  esta  clase de lesiones, donde adoptan las medidas urgentes,  realizan  las  cirugías  requeridas y prescriben el tratamiento necesario, todo  lo  cual,  sin  lugar a dudas servirá al médico oficial para la labor que debe  cumplir   en   cuanto   a   la  determinación  de  la  incapacidad  y  posibles  secuelas”.   

De  otro  lado,  los  argumentos  expuestos por el  casacionista  dejan entrever  una  posible  falta  de motivación de la sentencia respecto de la construcción  del  juicio  de  hecho,  cuando anota que el sentenciador no dio las razones por  las   cuales  le  otorgaba  mérito  al  citado  testimonio, argumento que ha debido postular, respetando el  principio   de   prioridad,   por   la   causal   de  nulidad,   esto   es,   por   la   segunda  de casación por trasgresión del debido proceso.   

Así,  el libelista no  pone  en evidencia un error en la actividad probatoria, sino que pretende que la  Corte  acoja  su  personal  estimación  y que se concluya que las heridas de la  víctima    no   fueron  ocasionadas por el acusado.   

Respecto  al  segundo  reparo,    esto    es,   que   el   juzgador   no   dio   credibilidad   a   los  testimonios  que presentó  la   defensa   como   sustento   de   la   teoría   del   caso,  tampoco  está  soportado  dentro  de  los    presupuestos    de    la    lógica    y    debida    fundamentación,    en    tanto    que    sus    argumentos no son más que  una forma personal de ver los hechos objeto del debate.   

En efecto, en lo que se  podría     entender     como     la    argumentación   del   cargo,   el   actor  resalta algunos fragmentos de los testimonios que tilda como mal  apreciados   con   el   fin   de   que   se   concluya   que   la   lesión  que  presenta el ofendido no tiene como causa la agresión  de       Pulecio  Gamboa,  sino  de un golpe  que  recibió  de  un  objeto  contundente  ante  un acto reflejo personal de la  víctima.   

En  tales condiciones,  tampoco  en  este  reparo  el  censor  demuestra la existencia de un error en la  apreciación  probatoria,  puesto  que su discurso resulta de una personal forma  de   apreciar   las   pruebas,  confrontación  de  argumentos  probatorios  que  hacen  prevalecer   los   del  juzgador, máxime cuando la  sentencia  llega  amparada  a  esta  sede  por la doble presunción de acierto y  legalidad,  esto es, que los hechos y las pruebas encuentran correspondencia con  los    elementos    de    convicción    incorporados   en   el   juicio   oral,  y  que la norma sustancial  escogida  era la llamada a  gobernar          el         asunto.   

De  otro  lado,  en el  fallo  de  segundo grado se dieron las razones precisas por las cuales no se les  debía    dar    crédito    a   los   testimonios  aportados    por   la   defensa,   es   decir,   que   habían   motivos   para   que    el  procesado  atacara  al  señor  Castellanos  Tabares,  por  cuanto  que  en  el momento de los hechos éste y su  grupo     contaban     con    los    votos    necesarios    para    lograr    la  mayoría,  que   previo   a   los  mismos      no      hubo      discusión      ni  reclamo  y  que  todos los  “deponentes   de   la  Fiscalía,   amigos   del  ofendido  y  si  se  quiere  de  la  misma  fracción  al   interior  de  la Cooperativa, coincidieron en  advertir  que  el  ofendido fue atacado por quien se dice presenta un patrón de  conducta    similar”.   

Así  mismo,  el Tribunal consideró que no  debía  darles  credibilidad  a  los  testimonios  que  aportó la defensa en el  juicio  oral,   por  cuanto  que  “ninguno  de  ellos   califican  al  señor  Castellanos de la misma manera, esto es, que  sin  discusión  o motivo aparente la emprenda a golpes contra sus adversarios o  personas  de  diferente  opinión,  como  sí se hizo por los otros testigos con  respecto     al     comportamiento     anterior    del    señor    PULECIO  y las acciones emprendidas en su  contra  por  la  misma  razón”.  Y que tampoco  hay  claridad  respecto  de los presuntos insultos que el acusado lanzaba contra  la  presidenta  de  la asamblea, motivo por el cual también impedía considerar  “los   reclamos   que   se   dijo   le  hacía  el  ofendido”.   

Dicho  de  otra manera, para el juzgador de  segunda  instancia  los  testigos  presentados  por  la  defensa  no encontraron  correspondencia  con  los  hechos  declarados  como  probados  en  la  sentencia  impugnada.   

En consecuencia, ninguno de los dos reparos  que  presenta  el  casacionista  en el único cargo,  ofrecen la claridad y  precisión  que  lleven a la Corte a colegir la existencia del invocado error de  apreciación  probatoria,  razón  por  la  cual se inadmitirá el libelo.   Además,  tampoco  logra  conectar  dichos  presuntos  errores  de  apreciación  probatoria con los fines de la casación.   

Resta  señalar  que  no se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaron derechos o  garantías   del   procesado   José  Anibal  Pulecio  Gamboa,  como  para  que  tal  circunstancia  imponga  superar  los  defectos  del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el  inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el defensor del procesado JOSÉ  ANÍBAL  PULECIO  GAMBOA, por las  razones expuestas en la parte motiva de esta providencia   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo 184 de la Ley 906 de 2004, procede la insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                       MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ GUZMÁN                            JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                       JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                                              JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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