24720(03-08-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24720  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                           Magistrado Ponente:   

Dr.   ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

                            Aprobado Acta No. 80   

Bogotá, D.C., tres (03) de agosto de dos mil  seis (2.006)   

VISTOS:  

Decide la Corte sobre la admisibilidad formal  de  la  demanda de casación presentada por el defensor de HÉCTOR FABIO FRANCO,  contra  la  sentencia proferida por el Tribunal Superior de Cundinamarca el 4 de  mayo  de  2.005,  confirmatoria  del  fallo  dictado  por  el  Juzgado Penal del  Circuito  de Chocontá el 14 de julio de 2.004, que condenó al procesado, junto  con  Yeim  Weker  Hernández   a   la  pena  principal   de   38   años,  4  meses  de  prisión  y a  la  inhabilitación  para el ejercicio de sus funciones como responsables de los  delitos de homicidio agravado y porte ilegal de armas de fuego.   

HECHOS:  

Aparecen  sintetizados  en  el  fallo  a quo,  así:   

“Estos tuvieron ocurrencia  el tres (3)  de  Septiembre  de  2.003,  en frente de las instalaciones en donde funcionan la  Fiscalía  Local  y el Cuerpo Técnico de Investigación de la Fiscalía General  de  la  Nación  de esta municipalidad, cuando los ciudadanos que respondían en  vida  a  los  nombres  de  Hernando  Díaz Rodríguez, Pedro Nel Bernal Ballen y  Henio  Goyeneche  Blanco  fueron ultimados a disparos de arma de fuego por parte  de  dos  individuos  que  se  movilizaban en una motocicleta marca Yamaha, color  blanco,  quienes  huyeron inmediatamente del lugar. Igualmente, en la población  de  Machetá,  Cund.,  el día 5 de julio y 1° de agosto del mismo año, fueron  muertos  a  disparos de arma de fuego, los ciudadanos Luis Alberto Segura Vargas  y  Luz  Marina  García  Sanabria, al parecer por parte de los mismos individuos  que  cometieron  los  homicidios  de  que  se  ha  dado  cuenta inicialmente”.   

LA DEMANDA:  

Un  solo  cargo  dice formular el defensor de  HÉCTOR  FABIO  FRANCO  contra  el   fallo  impugnado,  por   vulneración  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error  de hecho en que ha  incurrido  el  fallador “al hacer un falso juicio de valoración o valoración  aparente   del   acervo   probatorio,   en  la  apreciación  de  la  prueba  de  participación y responsabilidad”.   

Con  miras  a  desarrollar el cargo, el actor  precisa  que  la  modalidad  del  yerro  acusado  es  por  “suposición  de la  prueba”,  toda  vez  que dada la muerte de cinco personas y el hallazgo de una  pistola,  diversos proveedores y un radio de comunicación, se les atribuyeron a  los  incriminados  los  delitos  de  homicidio  sin  realizar una investigación  “histórica, juiciosa, diligente y honesta”.   

Es   evidente   el   “falso   juicio   de  valoración”,  toda  vez  que  se  crearon  pruebas  inexistentes, como la que  demuestra  la  presencia de los imputados en el lugar de los homicidios, máxime  cuando  si  bien  la  inspección  al  cadáver,  los  registros  de defunción,  necropsias  y  dictamen  de  balística, demuestran la muerte de cinco personas,  como  también  que  algunas  de  las  balas  percutidas  lo  fueron con el arma  vinculada  al  proceso  no  media prueba que conduzca a la certeza exigida en la  ley.   

Para el demandante, el sentenciador supuso la  prueba  demostrativa de que los procesados realizaron las conductas investigadas  y  dispararon el arma de fuego, como también la presencia de indicios graves de  responsabilidad  para  afectarlos  con medidas de aseguramiento, sin resolver en  su  favor  todas  las  dudas  que  campean  en  la  investigación, todo lo cual  conduce,  además  a  la vulneración del artículo 29 de la C.P., por quebranto  del debido proceso.   

Para “fundamentar” el recurso, expresa su  inconformidad  con  el  hecho  de  que  la prueba para condenar a los procesados  fuera  “meramente  indiciaria”,  cuando  además  los testimonios de Alfredo  Gómez y Hernán Guzmán presentan múltiples imprecisiones.   

Enfatiza  en que su defendido no cometió los  delitos  investigados,  pues  se  trata de un hombre trabajador que “de pronto  estuvo  en  el  sitio equivocado, el día equivocado con la persona de pronto no  indicada”, pero eso no significa que sea penalmente responsable.   

Recapitula las pruebas que se afirma obran en  contra  de  los procesados y respecto de las cuales, asegura, se ha incurrido en  violación  indirecta “por falso juicio de valoración”, criticando el hecho  de   infundir   “supuesta   certeza”,   cuando  se  han  sustentado  en  una  “motivación  aparente  y  sofística”, pues los inculpados nunca admitieron  llevar  consigo  el  arma  homicida  y  el  testimonio  de  Jorge Rodríguez que  sustenta    la    responsabilidad    está    “lleno   de   incongruencias   y  contradicciones”.   

Por lo demás, si bien balística definió que  el  arma  incautada  produjo  los  disparos homicidas, eso no significa que haya  sido  accionada  por  los  procesados,  de  donde una afirmación semejante hace  incurso   al   Tribunal   en   “error   de   derecho   por   falso  juicio  de  convicción”.   

Para  el  censor,  no  median  pruebas  que  conduzcan  a  la  certeza  que  exige  la  ley y por el contrario mereció pleno  respaldo  lo  depuesto  por  Reinaldo Millán, Mario Camelo y Santos Cuesta, que  informan  sobre la no presencia de los procesados en Cundinamarca para la época  de los hechos.   

Discrepa  enseguida  en  forma abierta con el  contenido   del  fallo,  así  como  las  respuestas  dadas  a  los  defensores,  resaltando  el testimonio de Jorge Rodríguez y las diversas contradicciones que  dice advertir en el mismo.   

Acusa,  de  este modo, como normas vulneradas  los  artículos 7, 170.4, 232, 233, 234, 238, 314, del C. de P.P. y 12 del C.P.,  reclamando se case el fallo.    

   

   

CONSIDERACIONES:  

1.   Surge manifiesta la ausencia de los  supuestos  de  formulación  y consiguiente desarrollo del cargo que el defensor  del  procesado  HÉCTOR  FABIO  FRANCO ha propuesto contra el fallo objeto de la  impugnación  extraordinaria,  como que no obstante afirmar que tiene soporte en  una  pretendida  vulneración  indirecta  de  la  ley  sustancial, absolutamente  ningún  error  en  la  apreciación de las pruebas de admisible postulación en  esta  sede  es  presentado,  todo  lo  cual  conduce  a  pronosticar  la forzosa  inadmisión del libelo.   

2.  En efecto, aun cuando el demandante acusa  el  sentido  indirecto de violación referido, el extenso escrito no acierta por  una  sola  oportunidad  en  indicar  la índole del “error de hecho” al cual  desde  un  comienzo  hace  referencia  y que confusamente concreta como “falso  juicio   de   valoración  o  valoración  aparente  del  acervo  probatorio”,  presentación     dubitativa    y    equívoca    que    nunca    culmina    por  clarificar.   

3. A continuación afirma que dicha modalidad  del  yerro  lo  es  por  “suposición  de  la  prueba”, pero engloba en esta  generalidad  lo  que  en verdad constituye el esfuerzo predominante –sino  único-,  del escrito de demanda,  esto  es,  oponerse al análisis de los diversos medios de convicción allegados  al  proceso  y con base en los cuales los sentenciadores convinieron en declarar  la   responsabilidad   de   los   inculpados   en   los   delitos   materia   de  investigación.   

4.  Dicha  discrepancia  asume  el censor que  puede  expresarse  bajo  la fórmula “suposición de prueba”, a partir de no  admitir  que  la  obrante  en  el  expediente  pueda  conducir  a  una decisión  condenatoria  como  la  que  es  objeto  del  recurso de casación, sin estar en  aptitud  de señalar cuáles pruebas en particular habrían sido aducidas por el  sentenciador  sin  materialmente  reposar  en  el  proceso, aun cuando lo que en  verdad  traduce  es  un implícito cuestionamiento pero a la valoración que los  juzgadores   han    efectuado   de   los  diversos  medios  de  convicción  allegados.   

5.  No  de  otra forma es comprensible que el  casacionista  discrepe  con el análisis contenido en la sentencia y conforme al  cual   el   hallazgo  de  una  pistola,  diversos  proveedores  y  un  radio  de  comunicación  en poder de los procesados, aunado a diversa prueba testimonial e  informes  policivos –de todo  lo  cual  hace  mención  el  actor-  le haya conducido a la demostración de su  compromiso  penal  y  consiguiente  condena,  mientras  que  para  el  censor la  evidencia  de  esa  responsabilidad  se  ha  “supuesto”, reiterando entonces  indebidamente   un   “falso   juicio   de   valoración”   y  que  relaciona  inesperadamente  con  la  creación  de “pruebas inexistentes”, todo lo cual  hace  palmaria  una  percepción  opuesta y discrepante con los juzgadores en el  mancomunado estudio de las probanzas incorporadas al proceso.   

6. La misma tónica prosigue en los argumentos  del  demandante,  cuando  acepta  que  si  bien  la inspección al cadáver, los  registros  de  defunción,  necropsias  y  dictamen de balística, demuestran la  muerte  de  cinco personas, como también que algunas de las balas percutidas lo  fueron  con  el  arma  vinculada  al  proceso, no media prueba que conduzca a la  certeza  exigida  en  la  ley  para  atribuir  los  delitos  a  los  inculpados,  mostrándose   entonces   distante  e  inconforme  con  la  prueba  de  indicios  construida  en  el  fallo  y  con los demás elementos que en conjunto análisis  condujeron al fallo condenatorio.   

7.  Motivado  en esa falta de coherencia y de  relación  con  los errores fácticos en los que se fundamenta el ataque, es que  el  libelista  acude  a  demeritar  la  propia  investigación en su cobertura y  alcance      –asunto  eventualmente  propio  de  la  causal  tercera- al criticar el hecho de no haber  sido  “histórica,  juiciosa,  diligente  y  honesta”,  aspecto al que luego  agrega  para  mayor  desazón,  la  vulneración del debido proceso, por haberse  “dejado  de  practicar”  algunas  pruebas  que  asume  de  interés  para la  investigación.   

8.  Al  final,  refuta  no  sola  la  prueba  indiciaria,  sino  además  los  testimonios de Alfredo Gómez y Hernán Guzmán  por  calificarlos de imprecisos, excusando a su representado bajo el supuesto de  tratarse  de un trabajador que quizás “estuvo en el sitio equivocado, el día  equivocado  con  la  persona  de  pronto no indicada”, censurando el fallo por  edificarse  en  una  “motivación  aparente  y sofística” y lo depuesto por  Jorge  Rodríguez  por  estar  lleno  “de incongruencias y contradicciones”,  refiriéndose  entonces, inesperadamente, en otra prueba testimonial, al parecer  no  tenida  en  cuenta  –sin  saberse  si  se está aduciendo falso juicio de existencia por omisión- como lo  es lo depuesto por Reinaldo Millán, Mario Camelo y Santos Cuesta.   

Muy  elocuentes  se presentan, en condiciones  semejantes,  los  protuberantes  desaciertos de orden técnico en que incurre el  accionante,  en  forma  tal que como hubo de anticiparlo la Sala, el libelo deba  inadmitirse,  máxime  cuando  no  observa  irregularidad  alguna que la obligue  actuar de oficio conforme al artículo 216 de la Ley 600 de 2.000.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

INADMITIR  la demanda de casación presentada  por el defensor de HÉCTOR FABIO FRANCO.   

Contra esta decisión no procede  recurso  alguno.   

Cópiese,   cúmplase   y   devuélvase  el  expediente al Tribunal de orígen.   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                     ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                      

          Excusa  justificada   

ÁLVARO       ORLANDO       PÉREZ  PINZÓN                      MARINA PULIDO DE BARÓN   

JORGE        LUIS        QUINTERO  MILANÉS                          YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                                              

Permiso  

JULIO        ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

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