24587(06-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 24587  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta No. 162  

Bogotá,  D.C., seis (6) de septiembre de dos  mil siete (2007).   

DECISIÓN  

Procede  la  Sala  a resolver de fondo   el   recurso   extraordinario  de  casación, interpuesto contra  el   fallo  emitido  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Armenia, el 19 de julio de 2005,  que  confirmó  la sentencia  del    Juzgado   Penal   del   Circuito  Especializado  de  la  misma  ciudad,  del  12  de  mayo de 2005, en el proceso iniciado contra  ALVEIRO   TORO  HERNÁNDEZ.   

HECHOS  

El 9 de febrero de 2004, en las instalaciones  de  la Estación de Policía del Barrio Santander ubicado en Armenia (Quindío),  en  el  Tercer  Turno de Vigilancia del Centro de Atención Inmediata (CAI), fue  encargado   de   la   custodia   de  los  reclusos  el  uniformado  ALVEIRO  TORO  HERNÁNDEZ; gendarme que le  comunicó  a  los internos “que de allí en adelante  se  las  irían  a  pagar  todos  aquellos  que  se  la  debían”.   

En   el  CAI  se  encontraba  GERMÁM  GUZMÁN  SANTANDER,  interno  que  insultó,  maltrató, le pegó e hizo que fuera golpeado por los otros reclusos,  además  le  ordenó:  “practicar  el sexo oral con  varios  de  los  pares  de  celda y permitir que los genitales de ellos tuvieran  contacto  con  partes  íntimas de la humanidad de la víctima, todo ello con la  concupiscencia  del  procesado  quien  deleitaba su lascivia observando atento y  jactancioso  en la puerta de la macabra celda número cinco y sin que importaran  los   gritos  de  auxilio  que  lanzaba  el  atribulado  recluso”.   

El  mismo  día, arribó al Cai ROBINSON  CUESTA MARÍN, persona que no fue  del  agrado  del  referido  policial, “por lo que le  ordenó  quitarse la ropa e ingresar en pantaloneta a la celda número cinco, en  donde  se  repitió  la  obscenidad  llevada  a  cabo con Guzmán”;  coincidiendo  los  dos  en  el mismo lugar, bajo las órdenes del  procesado  quien  “envilecido  azuzaba la golpiza y  los pervertidos actos”, contra ellos.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  La Fiscalía  Primera  Delegada  ante  los Jueces Penales del Circuito  Especializado   con   sede  en  Armenia,  inició  la  investigación  con  base  en  los  hechos  descritos  y  acusó  al  uniformado  ALVEIRO  TORO  HERNÁNDEZ, el  28   de   diciembre   de   2004,  por  el  delito  de  Tortura1,   agravado  en  su  condición  de  servidor  público;  ordenando  investigar  por  separado  a  los otros policías que también se encontraban de  turno  ese  día.  Providencia  recurrida por la defensa técnica y confirmada    por    la    Fiscalía  Tres  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior de la misma  ciudad,   el   1   de   febrero  de  2005.   

2.  El Juzgado  Penal del Circuito Especializado,  varió   la   calificación   jurídica   al  incluir  circunstancias  de  mayor  punibilidad   consagradas   en   los   incisos   22      y      103, artículo 58  del  Código  Penal,  innovación  que  fue  acogida  por  la fiscalía y no fue  objetada por la defensa.   

El Juez dictó fallo  condenatorio, imponiéndole a  ALVEIRO  TORO  HERNÁNDEZ, la  pena  principal  de  catorce  (14)  años  de prisión, multa de mil setecientos  treinta  y  cuatro  (1734) salarios mínimos e inhabilitación para el ejercicio  de  derechos y funciones públicas por un período igual al de la pena principal  impuesta;       como       autor      responsable   del   punible   de   tortura  agravada.  Sentencia recurrida por la defensa técnica  y  material  que  resolvió el Tribunal confirmando la decisión adoptada por el  Juez.   

3.  La  anterior  decisión  fue  impugnada  en  casación;  libelo admitido el 18 de noviembre de  2005.   

LA DEMANDA  

El censor presentó un cargo contra el fallo  de  segundo  nivel,  indicando  que  la  actuación  judicial iniciada contra su  prohijado  estaba  viciada de nulidad porque en el libro de Minutas “no  se  presentó  ninguna  novedad  durante  el servicio de los  policiales”.   Así  mismo,  que  en  el  sitio  de  reclusión    funcionan    tres    celdas   separadas   por   una   “simple  pared”,  donde  se  llevan a  todos  los  detenidos,  situación  que  fue  denunciada  por la Defensoría del  Pueblo  “en  el  sentido  que no son aptas para que  permanezcan tanta gente”   

El   libelista   citó   los   preceptos  constitucionales  221  y  29,  para  fundamentar  que el Tribunal Militar, es el  único    que    podía   juzgar   a   ALVEIRO   TORO  HERNÁNDEZ;  como  no  fue así, se vulneró el debido  proceso  porque  los  falladores  que  fungieron  como  tal, eran incompetentes;  teniendo  en  cuenta que para el día de los hechos su mandante se encontraba de  servicio,  tenía  asignada una misión específica, su labor estaba determinada  en  un turno y habían otros agentes de la policía en las instalaciones del CAI  quienes no fueron objeto de investigación.   

Por tanto, “la  carencia  de  competencia” se demuestra con el oficio  remitido   por   el   Departamento  de  Policía  del  Quindío,  en  el  que  se  exhibe  la  lista  de  los  uniformados  que  cubrieron  el  turno  donde se presentaron los acontecimientos  ilícitos  denunciados.  Aseveró que su prohijado se encontrada dentro del CAI,  en  compañía  de  otras  personas  que  cumplían  la  misma función y que su  obligación  fue  obedecer  los  reglamentos  internos  que  la  policía tenía  establecidos  para  esta clase de actividad. Por tanto, si eran dos las personas  que  estaban custodiando a los internos, por esta circunstancia, el proceso debe  regresar “a la normalidad jurídica”,  debiéndose  investigar  a  todos  los  que estaban asignados para  determinar   la  clase  de  participación  en  que  pudieron  haber  incurrido.   

Sostiene que el proceso debe ser asumido por  la  justicia  especial militar, toda vez que pensar lo contrario es “perder  la  real  connotación e importancia del juzgamiento”;  pues    la    nulidad   que   propone   “obedece     a     los     perjuicios     sufridos     por     mi  poderdante”,  al  ser  juzgado  por  otra  justicia,  “ya  que  el  acto  imputado  correspondió  a  lo  realizado  supuestamente en ejercicio funcional de su labor que como policía le  correspondía  el  día  de autos, y se encierra en el concepto de que estaba en  servicio,  con  funciones  específicas  y  dependiente del fuero especial, cuya  acción    u    omisión    tiene   que   ser   investigado   por   las   Cortes  Marciales”.   

Finalmente,  el  libelita consideró que sus  argumentos   tienen   “fuerza  legal”  para  declarar  la  nulidad  del  fallo  del  Tribunal,  por ello,  solicitó la remisión del proceso a la justicia penal militar.   

MINISTERIO PÚBLICO  

La señora Procuradora Segunda Delegada para  la  Casación  Penal,  conceptuó  que  el  cargo debe  desestimarse.   

Sostiene  que  al  actor no le asiste ninguna  razón  jurídica,  con  base  en  las  siguientes  aseveraciones:  i)  constitucionalmente  la  policía hace  parte   de   la   fuerza   pública,   ii)  el  artículo  221  de  la  Carta Política estipula las conductas  punibles  realizadas  por la fuerza pública cuya competencia se le asignó a la  justicia  castrense,  iii) la  Corte   Constitucional   ha   señalado   que   el  fuero  militar  “debe  ser  determinado en forma estricta y rigurosa no sólo por  la  ley  sino  por  el  interprete”  y  iv)  los  presupuestos que deben concurrir  para  adquirir competencia esa organización judicial marcial, son dos: primero,  ser  miembro  activo  de  la institución castrense y, segundo, presupone que el  punible  perpetrado  debe  tener  “relación  con el  servicio”.    

Robustece su argumentación con las sentencias  C-399  de 1995 y C-358 de 1997, emanadas de la Corte Constitucional, en donde se  diferenció  las  actividades  propias  de la fuerza pública en ejercicio de un  cargo  con  aquellas  que  realiza  un  particular.  Ilustrando  que los delitos  relacionados con el servicio  son  aquellos  consumados  por los militares en ejercicio activo y directo de la  función  militar  o  policial que la Constitución les ha asignado.     

Advierte junto con la Corte Constitucional que  “el   miembro  de  la  fuerza  pública,  así  se  encuentre  en  servicio  activo,  ha  podido  cometer  el crimen al margen de la  misión   castrense  encomendada…  las  prerrogativas  y  la  investidura  que  ostentan  los  miembros  de  la  fuerza  pública  pierden toda relación con el  servicio  cuando deliberadamente son utilizados para cometer delitos comunes”;  por  tanto,  se  vulnerarían  los  principios de juez  natural  e  igualdad,  al admitir que la jurisdicción  penal  militar  asuma  el  conocimiento de los delitos  comunes.  Además  porque  el mismo Código Penal Militar excluye del ámbito de  su  competencia  el  delito  por el que fue condenado el uniformado TORO HERNÁNDEZ.     

Por último, anuncia que el punible de tortura  es   una   grave   violación   a   los   derechos   humanos,  que  “rompe    todo    nexo   funcional   del   agente   con   el  servicio4,  por  lo  que tal comportamiento ilícito escapa de la competencia  militar.  Concluyendo,  la  Delegada que, la autoridad competente para juzgar al  procesado  es  la  ordinaria, “pues de manera alguna  puede  pregonarse  que  el  delito imputado estaba relacionado con el servicio o  como consecuencia de este”.   

CONSIDERACIONES  

La  censura  pregonada  contra  el fallo del  Tribunal,  no  tiene  la  entidad  jurídica  para  derrumbar  la presunción de  acierto  y  legalidad  que viene consolidada en los fallos de instancia, por las  siguientes razones:   

1.  Atendiendo las  previsiones  contenidas en la Ley 600 de 2000, artículos 73 y siguientes, no es  factor  que  determine,  transforme  o  cambie   la  competencia  el  hecho  afirmado  por  el  actor,  en el sentido que al haberse dejado de judicializar a  los  otros  uniformados  que  hicieron  parte  del  tercer  turno  de vigilancia  iniciado  a  las  2  de  la  tarde y terminado a las 10. p. m., generó el vicio  reclamado.   Más   aún,  cuando  se  equivoca  en  su  apreciación,  pues  la  Fiscalía  Delegada  ante  los  Jueces  Penales  del  Circuito  Especializados,  al  calificar  el  proceso,  además  de  imputarle  el  delito  contra  la  autonomía  personal al policía  TORO   HERNÁNDEZ,  ordenó  compulsar  copias  por  el  punible  de prevaricato por  omisión  al  comandante  de guardia y a los custodios  que  se  encontraban  en  la  parte  interna  del CAI. Incluso, decidió remitir  copias  para  que  también  se  vincularan  a  otra investigación a dos de los  internos  que participaron activamente en los hechos; con lo cual los argumentos  expuestos por el demandante, no escrutaron la verdad procesal.   

2.   La  segunda  motivación  expuesta  por  el  actor menos aún es de recibo para la Sala, pues  jamás  será  un  acto  de  servicio  o relacionado5  con  él,  la consumación de  conductas  antijurídicas  puntualizadas  en  la Ley 599 de 2000, so pretexto de  pertenecer  a  las  fuerzas militares. En esencia, lo que busca el libelista, se  sintetiza  en  el  hecho  que, la jurisdicción castrense debería haber sido la  que  hubiera  adelantado la instrucción y juzgamiento contra el imputado porque  los  actos  perpetrados a los internos se realizaron en el turno citado, con una  misión de servicios y respetando el reglamento de la institución.   

Teoría   confusa  y  emblemática  es  la  propuesta  por  el  demandante, imprimiéndole su particular y exclusiva visión  ortodoxa  al  caso  y,  desechando  de contera, los postulados constitucionales,  legales,   internacionales   y   jurisprudenciales6   que   explican   de  manera  concluyente  por  qué el miembro de la fuerza pública debe ser juzgado, no por  su  par,  sino  por  la administración de justicia ordinaria, cuando vulnera la  ley  penal  por actos desligados del servicio, como en el caso de estudio.    

La   Corte   Constitucional   expuso   que  “el término “servicio” alude a las actividades  concretas  que  se  orientan a cumplir o realizar las finalidades propias de las  fuerzas        militares        –defensa  de  la  soberanía,  la  independencia,  la integridad del  territorio nacional,  y del orden constitucional…”   

Cuando  los  militares  infringen el código  penal,  es claro que si los actos antijurídicos no tienen ninguna conexión con  la  función  que  desempeñan  o  relación  con  aquella  que les hubiere sido  asignado,  será  siempre competente como su juez natural, el ordinario; pues no  es  admisible  que  las infracciones a la ley penal sean un camino expedito para  salvaguardar  una determinada finalidad nacional, por ejemplo, la independencia;  ello   desde   luego,  no  es  un  desempeño  legal  o  constitucional  de  los  funcionarios  que  conforman  la  fuerza  militar:  perpetrar  delitos con tales  connotaciones,  en  un  determinado  caso, conlleva necesariamente a estipularse  que el juez competente es el castrense.    

Las exigencias jurisprudenciales que adoptó  la  Corte  Constitucional7   para   establecer   si   un  comportamiento  ilícito  ejecutado  por un miembro de la fuerza pública, es de  la   esfera   militar,   se   resumen:  i)  la  conducta punible “debe surgir como  una  extralimitación  o un abuso de poder ocurrido en el marco de una actividad  ligada  directamente  a  una  función  propia  del cuerpo armado”,    ii)   tal  vínculo  debe ser “propio y directo, y no puramente  hipotético   y  abstracto”,  iii)  los  delitos  de  lesa   humanidad,  son  muy  graves,  por ello, nunca podría existir ningún enlace entre delito y función,  se  quiebra,  con  lo cual, el proceso deberá ser asignado a la administración  de  justicia  común  “dala la total contradicción  entre    el   delito   y   los   cometidos   constitucionales   de   la   fuerza  publica”; y iv)  corresponderá  probarse  en la respectiva actuación penal que el  servicio  tiene  relación  directa con el acontecer criminal.      

En el caso en estudio, fue un miembro activo  de  la  policía  el  que  realizó  actos  contrarios  a  la  ley para vengarse  regocijándose  con  el  sufrimiento  y  dolor ajeno a fin de satisfacer oscuros  instintos,  los  cuales  no  fueron  realizados  en ejercicio de sus funciones o  ligados  a  ellas,  para  que  se  le  asignara  a  la justicia penal militar la  competencia;  aclarándose que  nunca podrá ser una misión de servicio la  tortura ni jamás alcanzaría  relación  alguna  con  el  cometido  castrense,  por  ende,  no  se  encuentran  aforados8 en tal sentido.   

En  consecuencia,  aceptar  que  el  punible  por     el    que    fue    sentenciado    TORO  HERNÁNDEZ,  es  una función inherente a la actividad  militar   o   tiene   relación   directa  y  objetiva  con  la  misma,  conduce  inexorablemente    a    transformar    el    fuero9     en     una    inmunidad  institucional,  que el mismo código penal militar, Ley 522 de 1999, rechaza, al  disponer   en   el   artículo   3   como   delitos   no   relacionados  con  el  servicio   que              “no obstante lo dispuesto en el artículo  anterior,  en  ningún  caso  podrán  considerarse  como  relacionados  con  el  servicio  los  delitos  de  tortura,  el  genocidio  y la desaparición forzada,  entendidos  en  los  términos definidos en convenios y tratados internacionales  ratificados por Colombia”.   

Tener  como  hechos  ciertos, tal y como los  argumentó    el   demandante,   que   i)  por  no  haberse  plasmado  una  constancia de los acontecimientos  ilegales  en  el  libro  de  minutas,  ii)  que el CAI no es un sitio adecuado para recluir a tantos internos,  iii)  que  su  poderdante se  encontraba   en   servicio   activo,   iv)   que   su   misión   era  cuidar  a  los  internos,  v)  que  tenía  un  turno  específico  y  vi)  que  su  actuar  estuvo  acorde   con   los   reglamentos   de   la  policía;  para  inferir  por  tales  circunstancias,  que  la justicia competente es la penal militar; es aislarse de  la realidad jurídica.   

Contra   lo   precedente,   los   delitos  no   son   una   actividad  funcional  de  las  Fuerzas  Armadas;  por  esa  esencial  razón,  es imposible  transmutar  el  derecho  al parecer del demandante, ni puede una Corte Marcial o  un  Tribunal  Militar juzgar a un funcionario castrense, cuando elige adecuar su  comportamiento  a  las descripciones típicas del código penal, a no ser que en  desarrollo  de  la  actividad  militar se infrinjan  normas criminales o se  conecte  con  ella,  dado  el  caso,  será  la  justicia  especial la autoridad  competente.   

Con  fundamento  en lo expuesto, la    Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

Primero:   No  casar  la  sentencia  de  fecha,  origen  y  contenido  referidos  en  el  cuerpo  de este pronunciamiento, por el cargo formulado en la  demanda.   

Segundo:  Contra la  presente decisión no procede recurso alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

                          

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ           MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN            JORGE LUIS  QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

         

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                      JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                                                                 

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

        Secretaria   

    

1  Artículo  178,  Ley  599  de  2000:  “El que infrinja a una persona dolores o  sufrimientos  graves,  físicos o psíquicos, con el fin de obtener de ella o de  un  tercero  información  o  confesión,  de  castigarla  por  un acto por ella  cometido  o  que se sospeche que ha cometido o de intimidarla o coaccionarla por  cualquier  razón  que  comporte  algún  tipo  de discriminación incurrirá en  prisión de ocho a quince años…”   

2  “Ejecutar  la  conducta  punible por motivo abyecto, fútil o mediante precio,  recompensa o promesa remuneratoria”.   

3  “Obrar en coparticipación Criminal”.   

4 Corte  Constitucional: Sentencia C-358 de 1997.   

5 Coste  Constitucional: sentencia C-361 del 28 de mayo de 2001.   

6 Corte  Suprema  de  Justicia, radicado: 20754 del 23 de agosto de 2006 y 4183 del 23 de  agosto de 1989.   

7  Sentencia C-358 de 1997.   

8 Corte  Constitucional:  (Fuero  Militar)  Sentencia  C-878,  12  julio 2000. Mismo  sentido,  Consejo  de Estado Sala de Consulta y Servicio Civil, concepto número  1729 del 23 de mayo de 2006.   

9 Corte  Constitucional:  Sentencia  T-  932  de  octubre  de  2002:  Las  lesiones a los  pobladores  “Fueron  cometidas  en  forma  cruel  y  masiva…  por  ser  la  jurisdicción  penal militar de carácter excepcional y  especial,  el conocimiento de la investigación y juzgamiento de los mencionados  delitos  no  puede serle atribuido y debe ser atribuido a la jurisdicción penal  común”.     

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