24249(21-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24249  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado ponente:  

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

Aprobado   Acta   N°  025   

Bogotá, D. C., veintiuno (21) de febrero de  dos mil siete (2007).   

V I S T O S  

Resuelve  la  Sala  el recurso de casación  interpuesto  por  el  defensor  de  los  procesados  FERNANDO MARTÍNEZ FAJARDO,  RUBÉN  DARÍO  FAJARDO HERNÁNDEZ y LEONARDO GUAYARA MESA, condenados en fallos  proferidos  por  el Juzgado Cuarenta y Siete Penal del Circuito de Bogotá, y el  Tribunal   Superior   de  este  Distrito  Judicial,  como  coautores  penalmente  responsables  de  las  conductas  punibles  de  hurto  calificado  y agravado, y  fabricación, tráfico y porte de armas de fuego y municiones.   

HECHOS   Y   ACTUACIÓN  PROCESAL   

    

1. El Procurador Cuarto Delegado para  la Casación Penal así los narró:     

“El  12  de  agosto de 1995 Carlos Arturo  Regalado  Hernández  conducía  el  vehículo  de  servicio  público de placas  SEH─110  en el sector de  “La  Sevillana” del perímetro urbano de la ciudad de Bogotá y hacia las 11  de  la  noche  tres  sujetos  lo requirieron para que los llevara al destino del  barrio  Santa  Librada  por la vía de la Avenida al Llano, pero a la altura del  botadero  de  basura  “Doña Juana” uno de ellos lo intimidó con un arma de  fuego obligándolo a entregarles el automotor.   

Solicitó  la  ayuda  de  los  agentes  de  Policía  de  un  Centro  de  Atención  Inmediata y media hora más tarde en el  cruce  de  las  Avenidas Boyacá con Candelaria se logró la aprehensión de los  delincuentes,   quienes   fueron  identificados  con  los  nombres  de  Fernando  Martínez   Fajardo,   Rubén  Darío  Fajardo  Hernández  y  Leonardo  Guayara  Mesa.”   

2.           Abierta  la  investigación  mediante  resolución    del    13   de   agosto   de   19951,  fueron  vinculados mediante  indagatoria      LEONARDO      GUAYARA      MESA2,     FERNANDO    MARTÍNEZ  FAJARDO3  y  RUBÉN  DARÍO  FAJARDO HERNÁNDEZ4,   y  la  Fiscalía  130  de  Delitos  contra  la  Fe  Pública  y  el  Patrimonio  Económico  de Bogotá, al  resolverles  la  situación  jurídica  les  impuso  medida  de aseguramiento de  detención  preventiva  por  el  delito  de  hurto  calificado  y  agravado,  en  resolución   del  22  de  agosto  del  mismo  año5,  sin  beneficio  liberatorio  alguno.  Posteriormente, en providencia del 18 de septiembre de 19956, les imputó  fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de fuego y municiones y mantuvo la  medida precautelar personal en las mismas condiciones.   

3.          El  13  de  octubre de 19957 la Unidad de  Fiscalía  Delegada ante los Tribunales Superiores de Bogotá y Cundinamarca, al  desatar  el  recurso  de  apelación  interpuesto  contra  las  dos resoluciones  acabadas  de  mencionar,  confirmó  la  detención  preventiva  impuesta  a los  implicados  por  el  delito  contra  el patrimonio económico, revocó la medida  irrogada  por  el  injusto  contra  la  seguridad  pública  y oficiosamente les  reconoció el derecho a la libertad provisional.   

4.           Cerrada  la  instrucción,  el  19  de  noviembre             de             20028 la Fiscalía Seccional Ciento  Treinta  de  Bogotá al calificar el mérito del sumario acusó a los procesados  como  presuntos  coautores del delito de hurto calificado y agravado (artículos  349,    350─1º    y  351─6º   y  10º  del  Código  Penal  de  1980),  en  concurso  con  porte  ilegal de armas de defensa  personal (artículo 201 del antes citado Estatuto Punitivo).   

5.          Correspondió  al  Juzgado  Cuarenta  y  Siete  Penal  del  Circuito  de Bogotá adelantar el juicio y mediante sentencia  del      10      de      octubre     de     20039  condenó  a LEONARDO GUAYARA  MESA,  FERNANDO  MARTÍNEZ  FAJARDO  y  RUBÉN DARÍO FAJARDO HERNÁNDEZ por las  conductas  punibles  endilgadas  en  el pliego de cargos, a la pena principal de  cuarenta  y  dos  (42)  meses  de prisión, y a la accesoria de interdicción de  derechos   y   funciones   publicas   por   el   mismo   término   ─en  aplicación favorable del Código  Penal  de 1980─, sanciones  cuya  ejecución  ordenó en el recinto carcelario. No impuso condena al pago de  perjuicios.   

6.          La providencia anterior fue apelada por  el  defensor  de  los  procesados  y  el  Tribunal  Superior de Bogotá, el 9 de  noviembre             de             200410   la   confirmó   en   su  integridad,  decisión  contra la cual el mismo impugnante interpuso y sustentó  el recurso extraordinario de casación que ahora se decide.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  :   

    

* Las demandas:     

En   representación  de  los  procesados  FERNANDO  MARTÍNEZ FAJARDO, RUBÉN DARÍO FAJARDO HERNÁNDEZ y LEONARDO GUAYARA  MESA,  el  mismo  actor formula contra la sentencia de segundo grado, en libelos  separados, los siguientes ataques:   

Primer  cargo,  común a todos los acusados.   

         Invocando   la  causal  tercera  de  casación,  consagrada  en  el  artículo  207  del   Código  de Procedimiento Penal, propone nulidad  “sustancial  y procesal” con  fundamento  en  varios  motivos  que si bien es cierto anuncia que desarrollará  siguiendo  un  orden  de  subordinación,  en  realidad  no  cumple  pues mezcla  indistintamente   los   argumentos,   obstáculo   que   la   Sala  por  razones  metodológicas  salvará  diferenciando  los planteamientos relacionados con los  vicios  de  garantía  de  los  de  estructura, sin desconocer que eventualmente  pueden  existir  deficiencias  que  afectan  simultáneamente  los dos ámbitos,  según  lo  ha  establecido  en  su  jurisprudencia11.   

         1.        El    quebranto   al   derecho   de   defensa   técnica    lo    deriva    de    las   irregularidades   a   continuación  sintetizadas:   

         1.1.                     La  ausencia de notificación de las siguientes  providencias:  la que clausura la fase sumarial, la acusatoria, la que ordena el  traslado  previsto  en el artículo 400 del  Código de Procedimiento Penal  y   aquellas   mediante  las  cuales  se  convoca  a  las  audiencias,  omisión  reprochable  e  imputable  a  los funcionarios judiciales que en lugar de enviar  las  comunicaciones  respectivas  a la dirección registrada por los acusados en  el   acta   de  compromiso  que  suscribieron  ante  la  Fiscalía  ─carrera  51  Este N° 92B─28  Sur, barrio Virrey de esta ciudad  (fl.    145)─    las  remitieron,  en  el  caso  de FERNANDO MARTÍNEZ FAJARDO, a la siguiente confusa  dirección  “Finca,  Municipio  Valparaíso,  Florencia, Caquetá”, mientras  que  a  LEONARDO  GUAYARA MESA, con el erróneo apellido GUAYACÁN, a la manzana  6,  casa  10,  urbanización  Bella  Vista,  Primera Etapa de la citada capital,  razón  por  la  cual  no  las  recibieron  y  se vieron privados del derecho de  controvertir   las   providencias   dictadas   en  su  contra  con  repercusión  desfavorable en el derecho fundamental de defensa.   

         1.2.                     Igual  situación asegura se presentó respecto  del  defensor,  cargo  inicialmente  ocupado  por  él,  pues  no obstante haber  informado  en diligencia de descargos del 5 de octubre de 1995, obrante al folio  111  del  cuaderno original, la nueva dirección de su oficina, la comunicación  del  cierre  de  la  investigación  y  de  la  resolución calificatoria le fue  enviada  inexplicablemente  a  la calle 19 No. 3A-43, oficina 204, según consta  en  el  folio  145 ibídem, y como no pudo ser localizado fue reemplazado por un  defensor  de  oficio,  anomalía  a  la cual suma la imposibilidad que tuvo para  revisar  el  expediente  durante  el  período  comprendido  entre  los meses de  diciembre  de  1995  y  mayo  de  2002,  por  haberlo  refundido  la  Fiscalía,  inconvenientes  que le impidieron impugnar no sólo las mencionadas providencias  sino los fallos recaídos en contra de sus representados.   

         

          El  Procurador  Cuarto  Delegado para la Casación Penal  le  niega  éxito a la tacha propuesta por la indebida dirección  imprimida  a  la  correspondencia enviada a los procesados para comunicarles las  decisiones  importantes tomadas dentro del plenario porque el libelista no logra  demostrar  la  incidencia de tal deficiencia en las providencias que afectaron a  sus  representados  y, en el caso del defensor, porque no advirtió expresamente  el  traslado de su oficina, pues la diligencia de descargos por la violación de  la  reserva  sumarial  que  menciona,  se  produjo  sin conexión directa con el  objeto  del  proceso,  aparte  de  que  su gestión fue efímera si en cuenta se  tiene  que  cuando  presentó  los  títulos  correspondientes  a  las cauciones  prendarias  exigidas  a sus representados, faltaban seis días para que perdiera  vigencia la Licencia Profesional temporalmente a él otorgada.   

         

         Además,  expresa  sorpresa por el silencio guardado por la defensa  ante  el  extravío  durante  siete  años  del  expediente en la Fiscalía, sin  otorgarle capacidad anulatoria.   

         1.3.                     El  censor  estima  que  también  conculcó la  mencionada  garantía  la  inactividad de la defensora de oficio traducida en la  omisión  de  apelación  del  pliego de cargos, cuyo contenido estaba llamado a  ser  impugnado  dada  la indebida inclusión del delito de porte ilegal de armas  en  relación  con  el  cual  ya había prescrito la acción penal, así como el  silencio  guardado  durante  el  traslado  del  artículo  400  del  Código  de  Procedimiento  Penal  a  pesar de la existencia de nulidades y la inasistencia a  la  audiencia  preparatoria, abandono que culminó con la renuncia injustificada  a sus deberes de asistencia profesional.   

         

          El    Representante    del    Ministerio    Público    no  le otorga poder invalidante a la reseñada ausencia de gestión  de  la defensa por estar entre las prerrogativas que legítimamente puede elegir  con  el  propósito  de  beneficiarse  en  el  futuro de eventuales deficiencias  investigativas.   

    

* Examen de la censura     

         De  las  diferentes  irregularidades  indicadas  por  el  censor al  postular  el  cargo  por vulneración al derecho de defensa la Sala establecerá  si  la  notificación  de  la resolución acusatoria se ciñó a los parámetros  fijados  en  el artículo 396 del  Código de Procedimiento Penal, precepto  vigente  cuando  se  tramitó  el presente proceso, pues de lo contrario podría  sobrevenir    la   anulación   de   la   presente   actuación.   Dicha   norma  dispone:   

“Al defensor y al procesado que estuviere  en  libertad,  se  les  citará por el medio más eficaz a la última dirección  conocida  en  el  proceso,  por  comunicación  emitida  a  más  tardar el día  siguiente hábil a la fecha de la providencia.   

Transcurridos ocho (8) días desde la fecha  de  la  comunicación  sin  que  comparecieren, se presentare excusa válida del  defensor  para seguir actuando o exista renuencia a comparecer, se le designará  un defensor de oficio, con quien se continuará la actuación.   

Notificada  personalmente la resolución de  acusación  al  procesado  o  a  su  defensor,  los demás sujetos procesales se  notificarán por estado.”   

Revisada  la  actuación  se observa que de  manera  infundada  afirma el demandante que a sus representados LEONARDO GUAYARA  MESA  y  RUBÉN  DARÍO FAJARDO HERNÁNDEZ no se les comunicó la emisión de la  resolución  acusatoria  a la dirección por ellos suministrada, como quiera que  en  las  copias de las citaciones elaboradas por la Fiscalía el 28 de noviembre  de    200212,  con  dicha  finalidad, aparece signada la nomenclatura que ellos  indicaron  el 19 de octubre de 1995, al suscribir las actas de compromiso con el  fin   de   disfrutar  de  la  libertad  provisional13         ─carrera   51  Este  #92B─28   Sur,   barrio   El   Virrey  de  Bogotá14─,   correspondencia   que   permite  concluir  que  fueron  debidamente  enterados  de  la  producción  de la citada  resolución.   

Situación   diferente   se  presenta  en  relación  con  FERNANDO  MARTÍNEZ  FAJARDO a quien se le envió la citación a  una  finca  indeterminada  del  Municipio  de  Valparaíso, Caquetá15,  seguramente  porque fue ésta el área por él indicada como lugar de residencia  al     momento     de     rendir     indagatoria16,  luego  le asiste razón a  censor  al  descalificar  dicha actividad pues ha debido ser citado a la última  dirección  conocida  en  el  proceso,  es  decir,  la del acta compromisoria ya  mencionada  que, valga anotar, coincide con la de la residencia de RUBÉN DARÍO  FAJARDO HERNÁNDEZ.   

Sin  embargo, la anomalía antes mencionada  tendría  la  capacidad  de  enervar  la  actuación en caso de constatar que al  defensor  no  le  fue  notificada  personalmente la providencia calificatoria, a  tono  con  lo  dispuesto  en  el  penúltimo  inciso  de  la  norma  previamente  copiada.   

Bajo el entendido que el legislador penal ha  diseñado  un  determinado esquema procesal con el fin primordial de realizar el  derecho   sustancial,   es  indispensable  examinar  todas  las  actuaciones  en  conjunto,  por  ser  esta la forma idónea para detectar la verdadera incidencia  del yerro denunciado.   

Se  tiene  que durante las indagatorias los  tres  procesados  estuvieron  asistidos por los abogados designados por cada uno  de   ellos17;  después  asumió  la  defensa  del  trío  tan sólo uno de los  profesionales      que      venía      actuando18  (suministró  la siguiente  dirección:    la   calle   19   #3ª─43,  oficina  204  de Bogotá, teléfonos 7100392 y 3425928), quien  impugnó  las  providencias  mediante  las  cuales se adoptó medida precautelar  personal  en  contra  de  los  imputados,  inicialmente  por  el delito de hurto  calificado  y agravado ─en  relación       con       el       cual      planteó      tentativa─,  y  después  por  la fabricación,  tráfico y porte de armas de fuego y municiones.   

También  obra  en el ciclo instructivo una  diligencia  de  descargos por violación de la reserva sumarial, firmada el 5 de  octubre  de 1995 por el abogado común a todos los procesados, oportunidad en la  cual  indicó  la  siguiente dirección de residencia: Carrera 60 Bis #42-32 Sur  de   Bogotá19.   

Ahora bien: las citaciones para notificarlo  de  las resoluciones mediante las cuales se clausuró dicha etapa y se calificó  su  mérito  probatorio  fueron  remitidas a la dirección de la oficina por él  indicada20,  luego  por el hecho de no haber sido enviadas a su residencia no  se  puede afirmar que se incumplió con el deber legal de citación, como quiera  que  la  experiencia  enseña que las actividades laborales deben comunicarse al  lugar  en  donde  el  profesional las ejerce y si este no enteró a la Fiscalía  del    cambio    de    dirección    ─sino  que  indicó  otra  marginalmente en la señalada diligencia,  según  destaca  el Ministerio Público─,  no  se  le  puede  imputar  a la citada entidad el fracaso de su  localización,  registrado  dentro  del proceso en constancia del 5 de diciembre  de    200221.   

Al  no  contar,  entonces, los acusados con  defensor  a  quien enterar del pliego de cargos, oficiosamente fue designada una  abogada   para   que  los  asistiera  en  adelante,  a  quien  se  le  notificó  personalmente   su   contenido   el   10   de   diciembre   de  200222,  cumpliéndose  de  esta  manera  con  las  exigencias  fijadas  en  el  invocado  artículo 396.   

A  esta  profesional  se  le  comunicó  el  traslado  previsto en el artículo 400 del Estatuto Punitivo; la providencia que  señaló  fecha  para audiencia preparatoria, sin que la inasistencia a tal acto  configure  irregularidad  dada  la  ausencia  de  los  procesados  por  no estar  privados  de  la  libertad  (artículo  401  del   Código de Procedimiento  Penal);  se  le  informó de la fecha fijada para la audiencia pública el 31 de  julio  de  2003, momento a partir del cual renunció al cargo a ella encomendado  por  haber trasladado su residencia de esta capital para Chocontá, ante lo cual  el  Juzgado  designó un nuevo defensor quien intervino ampliamente en el debate  oral23;  y  notificado  del  fallo  condenatorio  interpuso  y  sustentó  oportunamente el recurso de apelación.   

La  precedente  relación  procesal permite  concluir  que  los procesados no estuvieron privados de defensor durante ningún  segmento  de  la actuación procesal; los diferentes abogados que los asistieron  de  manera  sucesiva  y  permanente  fueron  citados  para  que  concurrieran  a  notificarse  de  las  providencias  emitidas,  y  el  de  turno,  fue notificado  personalmente  de  la  resolución acusatoria; cada uno de los profesionales, en  el  momento procesal oportuno, impugnaron las decisiones mediante las cuales les  fue  limitada  la  libertad a sus representados, incluido el fallo condenatorio,  luego  la  omisión de interposición de recursos contra el pliego de cargos, el  silencio  guardado  durante  el  traslado  previsto al inicio del juicio para su  preparación  y la inasistencia a la audiencia preparatoria, contempladas dentro  de      la     totalidad     del     procedimiento     cumplido     ─y  no individualmente como lo hizo el  libelista─, no evidencian  cómo  las  supuestas  irregularidades reseñadas por el actor y, especialmente,  la  falta  de  citación  del  procesado FERNANDO MARTÍNEZ FAJARDO a la última  dirección  por él indicada, para que se enterara de la resolución acusatoria,  avasallan  el  derecho  de  defensa  de  los  procesados,  aparte de que, según  acertada  opinión  del  Ministerio  Público, las ocasionales inactividades del  representante  de  los  acusados,  bien  pudieron  corresponder a una estrategia  defensiva.   

El  prolongado  extravío  del  expediente  denunciado   tardíamente   en   la  demanda  de  casación  y  su  ausencia  de  demostración,  no  tiene  vocación  alguna  para  afectar  la  validez  de  la  actuación según opina también el Procurador Delegado.   

Al  no lograr el censor demostrar el ataque  analizado su pretensión de anulación no prospera.   

         2.                      La  trasgresión  al  debido proceso,   a   juicio   del   recurrente,   proviene   de  los  siguientes  defectos:   

         2.1.                     De  la  prosecución  de  este  procedimiento a  pesar  de  la  configuración  del  fenómeno  de la prescripción de la acción  penal    del   delito   contra   la   seguridad   pública   endilgado   a   los  acusados.   

         

         El  Procurador  Cuarto Delegado para la Casación Penal encuentra  fundado  el  señalado  motivo  de anulación, previa la  realización  de los cálculos temporales indispensables y la aplicación de las  normas   pertinentes   que   lo  llevaron  a  coincidir  con  el  censor  en  la  consolidación  de  la referida causal de extinción de la acción penal durante  la  fase  sumarial,  motivo  por  el cual recomienda casar parcialmente el fallo  impugnado  para eliminar el incremento de seis meses de prisión aplicado por la  conducta  contra  la  seguridad pública, al momento de individualizar las penas  irrogadas por el concurso delictual.   

         2.2.                     También  planteó el recurrente como factor de  conculcación  del debido proceso, la indiferencia de la Fiscalía que actuó en  primera   instancia   ante   la   revocatoria   expresa  de  la  imputación  de  fabricación,  tráfico  y porte de armas de fuego y municiones, adoptada por la  oficina  que  desató  ─en  resolución  del  13 de octubre de 1995─  la  apelación interpuesta contra la providencia mediante la cual  se  impuso  medida  de  aseguramiento  a  los  justiciables  por  dicha conducta  punible,  pues  en  la providencia calificatoria de primer grado fueron acusados  de  dicha conducta a pesar de no habérseles incautado arma alguna al momento de  la   aprehensión,   ni   haberse   demostrado   que  la  hubieran  arrojado  al  suelo.   

         Asegura  que los vicios antes descritos conllevaron al quebranto de  las  siguientes  normas  sustanciales: artículos 27, 61, 62, 63, 64─1°─7°, 79 y 90 del Decreto 100 de 1980;  y  el artículo 1° del Decreto 3664 de 1986. Del Código de Procedimiento Penal  de  1991  invoca los artículos 38, 307─5° y 310.   

Como colofón, solicita se declaren nulas de  pleno  derecho  las actuaciones enunciadas en su demanda por violar los derechos  fundamentales  de  sus  patrocinados  y  “…poner  en  peligro  la  seguridad  jurídica  del  Estado…”,  lo  cual  conllevaría  a  la prescripción de la  acción  penal  de  los  dos delitos por los cuales fueron acusados ─fenómeno  que  considera  abarca  el  injusto  patrimonial  dada  su  imperfecta  ejecución,  tesis  que fundó en el  argumento  único  de la recuperación del automotor objeto de la acción quince  minutos  después  de  haber  sido  despojado  de él su propietario─ y a la cesación de procedimiento, e  implicaría casar el fallo condenatorio.   

         El  Procurador  se  abstuvo  de acoger el  planteamiento  de la prescripción de la acción penal elaborado por el actor en  relación  con el punible patrimonial bajo el presupuesto de que no se consumó,  pues  tanto  en  la  resolución  acusatoria  como  en  los fallos de condena se  imputó en dicho grado de ejecución.   

    

* Análisis del quebranto:     

         En  primer  lugar,  observa  la Sala que  efectivamente  la  acción penal por el delito de fabricación, tráfico y porte  de armas de fuego y municiones se encuentra prescrita.   

En  efecto,  dispone  el  artículo  83 del  Código  Penal  que  la acción penal prescribe en un tiempo igual al máximo de  la  pena  fijada  en  la  ley,  si  fuere privativa de libertad, pero sin que en  ningún caso pueda ser inferior a cinco (5) años.   

El  injusto  penal  en mención tanto en el  Código  Penal  de 1980 como en el del año 2000, contempla pena de prisión que  oscila  entre  uno  (1)  y  cuatro  (4)  años,  siempre  y  cuando  no concurra  circunstancia    específica    de    agravación   punitiva,   como   en   este  evento.   

Quiere decir lo anterior que el término de  prescripción  para  este  punible  es  de  cinco (5) años, lapso que contado a  partir  del  12  de  agosto  de  1995  ─fecha    en    la    cual    ocurrieron    los   hechos─  y  hasta el 30 de diciembre de 2002  ─cuando    adquirió  ejecutoria  resolución  de  acusación─,  lleva a concluir que evidentemente se ha superado, razón por la  cual  se  extinguirá  la acción penal por dicho punible en la forma solicitada  por el casacionista y prohijada por el Procurador Delegado.   

Ahora,  como  desde  la  perspectiva  de la  casación  cuando  la  prescripción se produce antes de la sentencia de segunda  instancia,  conforme  sucedió en este caso, el fallo impugnado está impregnado  de  ilegalidad  porque  el  mismo  no  se  podía  dictar en consideración a la  pérdida  de  la  potestad  punitiva  del  Estado originada en el transcurso del  tiempo,  anomalía  que  no  cabe  duda  genera  nulidad  violatoria  del debido  proceso,   pues   el   juicio   se   adelantó   por   un   delito  ─específicamente  por  fabricación,  tráfico    y    porte    de    armas    de   fuego   y   municiones─ cuya acción penal estaba prescrita,  se      casará     parcialmente     el     fallo     impugnado     ─como  quiera  situación diferente se  presenta    con    el    punible    restante,    según   se   analizará   más  adelante─, para declarar  dicho  fenómeno,  en  la  forma  solicitada  por  el recurrente y el Procurador  Delegado.   

Se  impone  a  la Corte determinar la pena  nuevamente,  respetando  el  principio  de  favorabilidad,  al  unísono con los  juzgadores  de  instancia,  luego  si  a  los  procesados se les acusó y se les  condenó  por  lo  reglado  en  el  artículo  201  del Decreto 100 de 1980, que  contemplaba  una  pena  privativa  de  libertad de uno (1) a cuatro (4) años de  prisión  y  previa  la aplicación de los parámetros de dosificación punitiva  consagrados  en  el  artículo  61 del mismo ordenamiento jurídico ─y   en  criterio  de  la  Sala,  del  artículo  31  del Código Penal de 2000, contentivo de la regla aplicable a los  casos       de       concurso       de       conductas      punibles─  se  les  impuso  seis  (6) meses de  prisión,  será reducida en dicho guarismo la pena de cuarenta y dos (42) meses  finalmente  irrogada, lo cual arroja como resultado treinta y seis (36) meses de  prisión,    pena    ésta    que    en    definitiva   se   impondrá   a   los  procesados.   

Aclarado  lo  anterior, y como lo reclaman  los  sujetos procesales intervinientes en el presente trámite, se estudiará la  posibilidad  de  reconocer  el  mecanismo sustitutivo de la pena privativa de la  libertad previsto en el artículo 63 del Código Penal de 2000.   

De  los  condicionamientos  estipulados en  dicha  norma  encuentra  la  Sala  que se cumple el de índole objetiva, pues la  prisión  impuesta no excede de tres años, sin embargo, situación diferente se  presenta  con  el  restante,  por  cuanto  la  modalidad  y  gravedad del ataque  patrimonial  realizado  por los acusados tornan necesaria la ejecución de dicha  sanción.   

Tal determinación constituye un imperativo  jurídico  en  casos  de  la naturaleza del aquí examinado por la trascendencia  social  que  éstos  tienen,  en  aras  de  las  funciones  que  de  la  pena ha  establecido   el   artículo   4º   ibídem,   esto  es,  prevención  general,  retribución  justa  y prevención especial, pues, si de la primera se trata, la  comunidad  debe  tener  muy  claro  que  las conductas punibles realizadas sobre  automotores  con  los  cuales  las  personas  se  dedican  a  la prestación del  servicio  público  de  transporte,  y,  en  especial  de  quienes  tienen  como  principal  fuente  de ingresos dicha actividad, les causan grave daño a quienes  les   son   arrebatados,   más   aún,  cuando  se  utilizan  armas  de  fuego, como ocurrió en el despojo del taxi a Carlos Arturo  Regalado,  que de no haber sido por la eficaz acción policial seguramente no lo  habría  recuperado, pues sabido es que los vehículos  hurtados   suelen   ser  rápidamente  enajenados  o  “deshuesados”  por  las  mafias dedicadas a su comercialización   ilícita,  actividad  que,  además,  termina  afectando  a  toda  la  sociedad y generando zozobra permanente dada la  vulnerabilidad  puesta  de  presente  con  esta  clase  de hechos que merecen un  tratamiento  severo  orientado  a  que los autores expíen su conducta, en tanto  retribución  justa, sino que además, como prevención especial, los disuada de  reincidir en nuevos comportamientos criminales.   

Acertadamente en el fallo de primer grado,  en  punto  de  la improcedencia de la sustitución de la pena de prisión por la  prisión  domiciliaria,  bajo  la  consideración  de que la recuperación de la  libertad  por  los justiciables pondría nuevamente en peligro a la sociedad, se  acotó:   

“… atendiendo al hecho que poco y nada  les  interesó  asociarse,  portar un arma y atentar contra el patrimonio ajeno,  en  donde  igualmente  pusieron  en  riesgo  la vida e integridad personal de la  víctima  al  exhibir  un  arma  de  fuego,  que  ante una reacción diversa del  perjudicado,   hubiese   llevado   a  consecuencias  aún  más  funestas…”,   

         

         En  consecuencia  se  mantendrá la decisión de ejecutar las penas  irrogadas.   

         En    segundo    término,  la  Sala  considera  que  si  bien  el  censor hizo una genérica  alusión  a la prescripción de la acción penal del hurto calificado y agravado  bajo  el  supuesto  de no haber alcanzado su perfecta ejecución, la ausencia de  desarrollo  de  dicho planteamiento condena al fracaso la tacha formulada por el  dictado  de  sentencia  condenatoria  por  tal delito, y liberaría a la Sala de  discusión,  empero  dada  la  tendencia  positiva  de transformar el recurso de  extraordinario  de  casación  en  verdadero  recurso de amparo, se abordará el  examen del punto.   

         No   incurrió   el  Tribunal  en  violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  falta  de  aplicación  del  artículo 27 del Código Penal que  regula  el  dispositivo  amplificador  del tipo de la tentativa, pues en ningún  momento  los  juzgadores  declararon demostrados los presupuestos condicionantes  exigidos para la configuración de dicha figura.   

         Tampoco  hay  razón  para pensar que transgredieron indirectamente  la  norma  sustancial  antes citada por supuesta falta de aplicación, en razón  de  haber  incurrido  en  errores  de  hecho  en  la  valoración  del  material  probatorio   recaudado,   en   cualquiera  de  las  especies  admitidas  por  la  jurisprudencia  de  esta  Sala, a saber, por falso juicio de existencia, o falso  juicio  de  identidad  o derivados de falso raciocinio, conceptos que en ningún  momento  mencionó  el  libelista  revelando  el  desconocimiento  de las pautas  técnicas   fijadas   por   esta   Corporación   para   la   sustentación  del  extraordinario recurso de casación.   

         

         Pero  lo  cierto  es  que  la  revisión de los elementos de prueba  indican  que  en proximidades al depósito de basuras “Doña Juana”, ubicado  en  la  avenida  que de esta capital conduce a los Llanos orientales, a la media  noche  del  12  de  agosto  de  1995,  le fue arrebatado el taxi a Carlos Arturo  Regalado  Hernández,  bajo  intimidación  con arma de fuego, cuando prestaba a  tres  personas  desconocidas  un  servicio  de  transporte,  lugar  en donde fue  obligado  a abandonar el automotor, y como reportara inmediatamente tal suceso a  las  autoridades  policivas,  éstas al avistar el vehículo en la intersección  de  la  avenida  Boyacá  y el puente de “La Candelaria”, lo interceptaron y  dieron  captura  a  sus  ocupantes  que  resultaron  ser  los  aquí procesados.   

         Estos  episodios  fueron  confirmados  testimonialmente  de  manera  coherente,  circunstanciada  e imparcial por el perjudicado antes nombrado y por  los   dos   funcionarios   que   realizaron  el  operativo  descrito24  ─Fredy   Alonso   Piñeros  y  Luis  Felipe  Blanco  Leal─, luego no hay razón para considerar  equivocado  el  encuadramiento que los juzgadores hicieron en el delito de hurto  calificado y agravado consumado.   

         

         Ha  señalado  la  Corte  en  reciente  pronunciamiento25 y ahora lo  reitera,  que  el  momento  consumativo del delito de hurto se produce cuando el  sujeto  activo  de  la  conducta  extrae  el bien de la esfera de custodia de su  dueño,  poseedor  o  tenedor, con la intención de lucro pues de acuerdo con la  norma   no   se   requiere   la  materialización  o  logro  de  la  utilidad  o  ganancia.   

         En  este  caso  la  guardia  policial obstaculizó el escape de los  asaltantes  y  permitió  su  captura  en  poder del automotor que pocos minutos  antes  había  sido  arrebatado  a su dueño, lo cual indica que se completó la  ejecución    del    delito    y    como   efectivamente   salió   ─aunque        haya        sido  brevemente─ de la esfera  de  custodia de su dueño, se consumó, por lo tanto, cabe la conclusión de que  la conducta superó la tentativa.   

         En  consecuencia,  la  tacha formulada lacónicamente por el censor  no tiene ninguna vocación de éxito.   

Segundo  reparo,  postulado  en la demanda presentada a nombre de RUBÉN DARÍO FAJARDO HERNÁNDEZ  y LEONARDO GUAYARA MESA:   

         Acusa  la sentencia recurrida bajo el contexto de la causal primera  de  casación, consagrada en el artículo 207 del  Código de Procedimiento  Penal  de  2000,  a  raíz de la violación indirecta de la norma sustancial que  define  y sanciona el delito de fabricación, tráfico y porte de armas de fuego  y  municiones  (artículo  1°, Decreto 3664 de 1986, adoptado como legislación  permanente  por  igual  preceptiva  del  Decreto  2266  de  1991, vigente cuando  ocurrieron  los  hechos  juzgados) derivada de los errores de hecho ─aunque      no     precisa     la  especie─ consistentes en  la  falta  de  apreciación del informe policivo que da cuenta de la ausencia de  armas.   

         El  libelista  anuncia  otra gama de yerros de la misma categoría,  sin  embargo,  se  limita  a  volver  a  quejarse por la acusación formulada en  primera  instancia  por  la  fabricación,  tráfico y porte de armas de fuego y  municiones  en  contravía  de  la  decisión  adoptada en sentido opuesto en la  resolución   de  segundo  grado,  y,  a  su  juicio,  sin  respaldo  probatorio  alguno.   

         Las   normas   transgredidas  como  consecuencia  de  los  defectos  mencionados  son,  a  juicio  del actor, los artículos 232 y 238 del Código de  Procedimiento Penal de 2000.   

         Al  final,  solicita  casar  en su integridad el fallo impugnado; y  declarar  prescrita la acción penal por el hurto calificado y agravado en grado  de  tentativa,  y  la  fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de  fuego y  municiones,  endilgados  a  sus  representados  y,  en consecuencia, disponer la  cesación de procedimiento.   

El  representante  del Ministerio Público  opina  que  la eventualidad propuesta en esta censura  decae  no sólo porque el demandante ya se había inclinado por la extinción de  la  acción  penal  de  la  fabricación,  tráfico  y porte de armas de fuego y  municiones   ─lo  cual  tornaba  innecesario  el esfuerzo argumentativo sobre las supuestas falencias de  valoración  probatoria  sobre  la  responsabilidad  de  los  acusados  en dicho  delito─,  sino  porque  encuentra  acertada  la  ponderación  probatoria  realizada  por los juzgadores  sobre dicha categoría jurídica.   

En  conclusión, insiste en la procedencia  de  casar  parcialmente  el  fallo  impugnado  con el fin de anular lo actuado a  partir  de  la clausura de la investigación dada la prescripción de la acción  penal  por  el  atentado contra la seguridad pública, y resalta la necesidad de  redosificar las sanciones impuestas por el restante delito.   

    

* Omisión  del  estudio  del  reparo  por  sustracción  de  materia     

En  virtud  de la extinción de la acción  penal  de  la  fabricación, tráfico y porte de armas de fuego y municiones, no  se  escrutará  la  tacha  atinente  a dicha conducta punible, según destaca el  Procurador  Delegado,  cargo  que  resulta  inabordable,  además,  por la forma  antitécnica   como   lo   presentó   el   libelista,   lo   cual   impone   su  desestimación.   

En  suma,  la Sala casará parcialmente el  fallo impugnado.   

A mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la Ley,   

R E S U E L V E :  

1.           CASAR        PARCIALMENTE  la  sentencia  impugnada  y   declarar  prescrita la acción  penal  por  el  delito  de  fabricación,  tráfico  y porte de armas de fuego y  municiones,   y,   por   consiguiente,   CESAR       PROCEDIMIENTO  a  favor  de  FERNANDO MARTÍNEZ FAJARDO, LEONARDO GUAYARA MESA y  RUBÉN  DARÍO  FAJARDO  HERNÁNDEZ en relación con la conducta punible acabada  de mencionar.   

2.             En    consecuencia,    FIJAR  en  treinta  y  seis (36) meses la  pena  de  prisión  y  la  accesoria  de  interdicción  de derechos y funciones  públicas  a  las  cuales  son  acreedores  FERNANDO MARTÍNEZ FAJARDO, LEONARDO  GUAYARA  MESA  y  RUBÉN  DARÍO  FAJARDO  HERNÁNDEZ  por  el  delito  de hurto  calificado y agravado.   

3.            NEGAR   la  suspensión   condicional  de  la  ejecución  de  las  penas  irrogadas  a  los  procesados antes nombrados.   

4.           NO  CASAR  el  fallo en lo demás. Y,   

5.           ADVERTIR  que  contra esta providencia no procede ningún recurso.   

Notifíquese,  devuélvase  al Tribunal de  origen y cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                             ÁLVARO    O.   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                  JORGE L. QUINTERO MILANÉS   

  YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS              JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                         JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

  TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria.  

    

1  C.  orig. N° 1, fol. 7.   

2  C.  orig. N° 1,  fls 33 a 37.   

3  C.  orig. N° 1, fls. 29 a 32.   

4  C.  orig. N° 1, fls. 38 a 41.   

5  C.  orig. N° 1, fls. 42 a 50.   

6  C.  orig. N° 1, fols. 83-88.   

7  C.  orig. de la Fiscalía de segunda instancia, fols.6-18.   

8  C.  orig. N° 1, fls. 149 a 153.   

9  C.  orig. N° 3, fls. 3-7.   

10 C.  orig. N° 4, fls. 3 a 7   

11  CORTE   SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Auto  del  23  de  febrero  de  2005,  rad.  N°  23.166.   

12 C.  orig. N° 1, fol. 155.   

13  Antecede  la resolución mediante la cual la Fiscalía  Delegada  ante los Tribunales Superiores con sede en esta ciudad, en providencia  del  13 de octubre de 1995, es reconoció el   derecho   a  la  libertad  provisional  de  anotar, según se constata en el C. orig. N° 2, fols. 6-19.   

14 C.  orig. N° 2, fols. 29-30.   

15 C.  orig. N° 1, fol. 154.   

16 C.  orig. N° 1, fol. 29.   

17  FERNANDO  MARTÍNEZ  FAJARDO  y  LEONARDO  GUAYARA  MESA,  por el doctor Juan de  Jesús  López  Mendieta, según se lee a los folios 29-33 y 38 del C. orig. N°  1;  y  RUBÉN  DARÍO  FAJARDO  HERNÁNDEZ, por el doctor Esteban Ossa Collazos,  conforme obra al fol. 41 ibídem.   

18 El  doctor  Esteban  Ossa Collazos como se puede ver en el poder visible al folio 63  del mismo cuaderno.   

19 C.  orig. N° 1, fol. 111.   

20 C.  orig. N° 1, fols. 144 y 156.   

21 C.  orig. N° 1, fol. 157.   

22 C.  orig. N° 1, fols. 158, 159 y 153.   

23  Esta   actuación   se   verificó   en   el   cuaderno   de  primera  instancia  correspondiente al juicio.   

24 C.  orig. N° 1, fols. 13, 8 y 10.   

25  CORTE    SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sent. del 20 de septiembre de 2005, rad. N° 21.558.     

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