24196(18-10-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24196  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADA PONENTE  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado: Acta No. 079  

Bogotá, D. C., dieciocho (18) de octubre del  dos mil cinco (2005).   

VISTOS  

La  Sala  se  pronuncia  sobre la apelación  interpuesta  por  el  doctor  Cristian José Arregocés  Pinto  contra la providencia del 4 de agosto del 2005,  por  medio  de  la  cual  el Tribunal Superior de Riohacha le negó la rebaja de  pena prevista en el artículo 70 de la Ley 975 del mismo año.   

ANTECEDENTES  PROCESALES   

Mediante sentencia del 31 de julio del 2003,  el   Tribunal   Superior   de   Riohacha   declaró   al   doctor   Cristian   José  Arregocés  Pinto  autor  penalmente  responsable  del  delito  de prevaricato por acción, cometido en su  condición  de  Fiscal  Delegado  ante  los  juzgados penales municipales de esa  ciudad.  Le  impuso  40 meses de prisión, interdicción de derechos y funciones  públicas  por  igual  lapso  y 55 salarios mínimos legales mensuales de multa.  Finalmente,  le  negó  la suspensión condicional de la ejecución de la pena y  la prisión domiciliaria.   

El  fallo  fue  recurrido  por  la defensa y  confirmado  por la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia el 17  de marzo del 2004.   

El doctor Arregocés  Pinto  solicitó  le  fuera  concedido  el  descuento  punitivo  previsto  en  el  artículo  70  de  la  Ley  975  del  2005  y,  como  consecuencia,  la  suspensión  condicional  de la ejecución de la condena, por  reunir los requisitos legales.   

LA PROVIDENCIA RECURRIDA  

Negó lo solicitado porque, porque: i) la Ley  975   del   2005   es   un   estatuto  especial  referido  exclusivamente  a  la  reincorporación  de  los grupos armados ilegales y, por tanto, no surte efectos  para  todos  los  delitos  y  procesos,  y, ii) aún en el supuesto de que fuera  admisible,  no  procedería  conceder la condena condicional, porque no se puede  modificar    una    sentencia   que   ya   hizo   tránsito   a   cosa   juzgada  material.   

LA IMPUGNACIÓN  

El doctor Arregocés  Pinto  afirmó  que  no se puede desconocer el derecho  fundamental  de  la  aplicación  retroactiva  de la ley más favorable y que el  juez  no  puede restringir su alcance cuando la disposición no lo hace. Agregó  que  como  el  descuento  ubica  la pena dentro de las previsiones de la condena  condicional,   debe   otorgársele,   toda   vez   que  los  fallos  la  negaron  exclusivamente porque no se cumplía el presupuesto objetivo.   

CONSIDERACIONES  

Para efectos de la determinación a adoptar,  la Sala observa:   

I. Sobre la rebaja de penas del artículo 70  de la Ley 975 del 2005.   

1. El 25 de julio del 2005 fue promulgada la  Ley  975  (Diario  Oficial  número 45.980), “por la  cual  se  dictan  disposiciones  para  la reincorporación de miembros de grupos  armados  organizados  al  margen de la ley, que contribuyan de manera efectiva a  la  consecución  de  la  paz  nacional  y  se  dictan  otras disposiciones para  acuerdos humanitarios”.   

En  principio, entonces, resultaría válido  el  entendimiento  del  Tribunal,  en  el sentido de que los destinatarios de la  denominada  “ley  de  justicia y paz” serían exclusivamente los miembros de  esos grupos armados ilegales.   

Así  se  infiere de la denominación que se  dio   al  Estatuto  y  así  lo  expresan  los  artículos  1°  y  2°  de  sus  “principios  y  definiciones”,  en  cuanto  el legislador estableció que su  objetivo  era  el  de  “facilitar  los  procesos  de paz y la reincorporación  individual  o  colectiva a la vida civil de miembros de grupos armados al margen  de  la  ley”,  específicamente de “guerrilla o de autodefensas” y aclaró  que  las  reglas  de  investigación, procesamiento, sanción y beneficios allí  previstos tenían como destinatarias esas personas.   

2. No obstante, dentro del Capítulo XII, que  trata    de    la    “Vigencia   y   disposiciones  complementarias”,  se  incluyó  el artículo 70, en  los siguientes términos:   

Rebaja  de Penas.  Las  personas que al momento de entrar en vigencia la presente ley cumplan penas  por  sentencias  ejecutoriadas,  tendrán  derecho  a  que se les rebaje la pena  impuesta  en  una  décima  parte.  Exceptúese  los  condenados por los delitos  contra   la  libertad,  integridad  y  formación  sexuales,  lesa  humanidad  y  narcotráfico.   

Para   la   concesión  y  tasación  del  beneficio,  el  juez  de  ejecución  de penas y medidas de seguridad tendrá en  cuenta  el buen comportamiento del condenado, su compromiso de no repetición de  actos  delictivos, su cooperación con la justicia y sus acciones de reparación  a las víctimas.   

3.  La  ubicación  de la norma –dentro     del     capítulo     de  “disposiciones  complementarias”-  y el tema regulado, permite concluir que,  por  oposición a los argumentos del A quo,  su  aplicación  está  dada  para  todos  los casos, exceptuados  precisamente  los relacionados en la propia disposición y los cometidos por los  integrantes  de  grupos  al  margen  de  la  ley “durante y con ocasión de la  pertenencia a esos grupos”.   

Véase:  

a) La Ley 975 determinó los beneficios a que  se  haría  acreedor el miembro de la organización delictiva que se reintegre a  la  vida  civil:  frente  a  las sanciones normales previstas en la legislación  común, determinó la pena alternativa del artículo 29.   

De  tal  manera  que  si  los miembros de la  guerrilla  o de grupos de autodefensa, cumplidos los presupuestos reglados en la  Ley  975,  se  hacen merecedores a las rebajas previstas en esa disposición, no  tendría  sentido  alguno  que,  con  la  interpretación  del  Tribunal, se les  otorgara  un  descuento  adicional,  el  del  artículo  70. La admisibilidad de  éste,  entonces,  solo  resulta  coherente  para  casos  diversos de los de las  personas  desmovilizadas  y  de  “los  condenados  por  los  delitos contra la  libertad,  integridad  y formación sexuales, lesa humanidad y narcotráfico”,  porque así expresamente lo quiso el legislador.   

b)  La  clase  de  delitos  citados  en  la  disposición,  aporta  un argumento adicional, en el sentido de que el descuento  no  está dirigido a esos grupos ilegales. En efecto, el objetivo de “justicia  y  paz”  perseguido  por  el  estatuto  tiende  a que cese la actividad en que  están inmiscuidas esas agrupaciones.   

En  esas  condiciones, el “premio” de la  pena  alternativa  del  artículo  29  es  para aquellas actividades propias del  conflicto,  de  los  combates  y  conductas  conexas  a  ellas.  Por modo que la  referencia  a  delitos  sexuales,  de narcotráfico y de lesa humanidad comporta  que   la   finalidad   perseguida  por  los  redactores  del  artículo  70  era  “beneficiar”  a  otra  clase  de delincuentes, pues, al menos teóricamente,  esos  comportamientos  no  son propios del conflicto armado ni guardan relación  alguna con ellos.   

c)  Que  la  disposición en cita tuviera el  alcance   de  favorecer  a  penados  diversos  de  los  grupos  de  guerrilla  y  autodefensa  se  explica fácilmente desde criterios de tratamiento igualitario,  de  equidad,  porque  no  parece coincidir con el mandato del artículo 13 de la  Constitución  Política  de  Colombia  que  personas vinculadas las más de las  veces  con  conductas  punibles  de extrema gravedad, resultaran favorecidas con  una  “pena  alternativa”  de  5  a  8 años, en tanto que una gran mayoría,  castigada   por   comportamientos   más   leves,  cumpliría  un  tiempo  mucho  mayor.   

d)   Un   seguimiento  a  los  antecedente  legislativos  del  artículo de que se trata, permite concluir que su inclusión  y  final aprobación estuvo signada con el objetivo de que los condenados que no  eran   destinatarios  del  mecanismo  de  “justicia  y  paz”,  esto  es,  la  delincuencia  común, la ajena al conflicto armado, resultara beneficiada con un  descuento punitivo.   

Véase:  

.  En  el  informe  de  ponencia para primer  debate  (Gaceta  del  Congreso  número  74,  del  4  de  marzo  del  2005),  se  dijo:   

Se  establece  una  rebaja de pena para las  personas   que  al  entrar  [en]  vigencia  la  ley  cumplan  penas  por  hechos  delictivos,    tendrán    derecho    a    que    se    les   rebaje   la   pena  impuesta…   

La  Senadora  Claudia  Blum de Barberi, para  mostrar   su   desacuerdo,   dejó   constancia   en   el   sentido  de  que  la  norma   

…va más allá del marco de la iniciativa  que  se  está  estudiando…  La Senadora considera que esta propuesta debería  analizarse  en  el marco de un proyecto independiente, previo un análisis sobre  su  impacto  frente  a las políticas criminales y de seguridad ciudadana que se  aplican en el país.   

Es  claro,  entonces,  que la propuesta y la  disidencia    tenían    claridad   respecto   del   alcance   general   de   la  disposición.   

.  Por  encargo  de  los  Presidentes de las  Comisiones   Primeras  del  Senado  y  de  la  Cámara  de  Representantes,  una  subcomisión  de  legisladores  presentó  un “Pliego de modificaciones”. Se  infiere  que  propusieron  la exclusión de la disposición (no aparece incluida  en  el  articulado),  sin  que  se  ofreciera  explicación  alguna para hacerlo  (Gaceta del Congreso número 77, del 7 de marzo del 2005).   

.  En el “Informe de ponencia para segundo  debate”  en la Cámara de Representantes se hizo referencia, sin modificación  alguna,  a  la propuesta precedente de excluir el artículo (Gaceta del Congreso  número  273,  del  17  de  mayo del 2005). Otro tanto sucedió con el análisis  presentado  por  el Representante Roberto Camacho, por encargo de la Presidencia  de  la  Cámara  (Gaceta  del  Congreso  número  286, del 24 de mayo del 2005).   

. En la Gaceta del Congreso número 289, del  25  de  mayo  del  2005,  se  observa  que la determinación de excluir la norma  relacionada  con  la  rebaja  fue  objeto  de  apelación,  con  las  siguientes  razones:   

Es  importante  señalar  que el Legislador  dentro  de  sus  funciones  que  le  ha  otorgado  el Constituyente –cláusula   general  de  competencia  legislativa-  consagrada  en los artículos 114 y 150 constitucionales, tiene la  facultad  de  definir  las conductas punibles e imponer las sanciones, así como  de  conceder  las  rebajas  de  penas  que  considere necesarias y apropiadas de  acuerdo  con  la  Política Criminal adelantada por el Estado con observancia de  las  limitaciones  que  en  materia  penal  y  penitenciaria  establece la Carta  Política,  toda  vez  que  se encuentran de por medio derechos fundamentales de  los  asociados,  como  la  libertad  y valores superiores como la represión del  delito o la resocialización del delincuente.   

Nada  se  opone  a  que  el  Congreso de la  República  en  ejercicio de sus facultades constitucionales disponga una rebaja  de  penas,  función  que  le  es  propia  y  que corresponde a una decisión de  carácter   político  que  tiene  su  fundamento  en  la  ponderación  de  las  situaciones  y  realidades  que  en  un  momento  histórico  se presenten en la  sociedad,  teniendo  en cuenta que es el Órgano encargado de señalar las bases  de  la política criminal del Estado. Ponderación, y en ese orden, reflexión y  recelo,  que  conduce  a  excluir  de  la rebaja de pena a quienes se encuentren  condenados  por  delitos  contra  la libertad, integridad y formación sexuales,  lesa humanidad y narcotráfico…   

La realidad social del país y los objetivos  que  se  buscan  con  esta disposición, que son, entre otros, otorgar una mayor  protección  a  la dignidad de las personas privadas de la libertad –artículo 1° de la Carta Política-,  aliviar  el  problema de sobrepoblación que se presenta en los establecimientos  de  reclusión  que  funcionan  en  el  país,  así  como también facilitar la  búsqueda   de  la  reparación,  reconciliación  y  convivencia  pacífica  al  permitir  una  más  rápida reincorporación del condenado a la sociedad y a su  medio  familiar, ubica la presente iniciativa dentro de una política criminal y  penitenciaria razonada…   

… se trata de un  beneficio  preciso  y  determinado,  que  no  es  permanente  y que aliviará la  condición   de  todos  los  condenados  –a excepción de los que el Legislador  considere  que  no deben acceder a él- y de las personas que dependen de ellos,  otorgándoles  una  nueva  oportunidad  de  rehacer  su proyecto de vida, lo que  contribuirá  en  el logro de la paz social (Resalta la  Sala).   

Los  argumentos  transcritos  no  dejan duda  alguna:  la  inclusión  inicial de la norma y la posterior postura de que fuera  reconsiderada   su  exclusión,  con  fundamento  en  la  cláusula  general  de  competencia  legislativa  del Congreso, obedeció a la intención expresa de que  todos  los  condenados fueran beneficiados con un descuento punitivo, en aras de  la   protección   de   la   dignidad  de  los  reclusos,  de  contribuir  a  la  descongestión  carcelaria,  y  de  lograr  la  reincorporación del penado a la  sociedad  y a su familia. La disposición, entonces, fue redactada con carácter  general,  esto  es,  con  destino a la totalidad de penados, con las excepciones  dispuestas en la misma.   

.  La  Presidencia  del Senado delegó en su  similar  de  la  Comisión  Segunda presentar un informe sobre esa impugnación.  Uno  de  los Senadores designados por ésta concluyó que el artículo resultaba  inconveniente y pidió fuera archivado, porque   

…  hace  relativamente  poco  tiempo  fue  reformado  el  Código  Penal,  el  cual incrementó las penas para este tipo de  delitos.  Pretender,  en  este  momento,  rebajarlas  es contradecirnos nosotros  mismos.  Nos  encontramos,  también,  con  los  argumentos  expresados  en  las  Comisiones  Primeras  Conjuntas  de  Senado  y Cámara, en donde vemos cómo con  este   artículo   se   viola   el   principio   erga  omnes y el fin resocializador de la pena.   

La  mayoría  de los congresistas designados  con  ese  mismo fin, allegaron un segundo informe en sentido contrario, esto es,  reclamando   la  inclusión  de  la  disposición,  con  los  mismos  argumentos  iniciales,  esto  es, con su carácter de regla general, con destino a todos los  condenados.   

En   estos   términos   fue  aprobada  la  disposición   por   la  Comisión  Tercera  Constitucional  de  la  Cámara  de  Representantes  en  sesión  del  1°  de junio y se dispuso que, recogida en el  texto  de  la ley, siguiera su curso legal (Gaceta del Congreso número 318, del  3 de junio del 2005).   

. La Gaceta del Congreso número 299, del 27  de  mayo  del  2005, relaciona el debate que se dio en el Senado para determinar  la  viabilidad  o  no  de la apelación. De alguna de tales intervenciones surge  incontrastable  que  la  norma de la rebaja de penas era general, para todos los  sentenciados. En efecto, se dijo que ella recogía el llamado   

…  tema  del  jubileo,  entonces  es  la  propuesta  de una rebaja general de penas del 10% para casi todos los sindicados  y condenados de este país.   

.    Finalmente,    el   “Informe   de  conciliación”  de  la  Comisión  designada  por  los Presidentes de Senado y  Cámara destaca que   

… fueron acogidos del texto aprobado en el  honorable Senado los artículos 5° y 71…   

Los  artículos  71  y  72,  corresponden a  Rebaja  de  Penas y Sedición, respectivamente, cuyos textos fueron aprobados en  virtud   del   recurso   de  apelación  surtido  ante  la  honorable  Comisión  Segunda…   

Frente al artículo 71 denominado “Rebaja  de  Penas”,  el  honorable Representante Luis Fernando Almario Rojas presentó  una  proposición  aditiva  que  no fue acogida por esta Comisión Accidental de  Conciliación, motivo por el cual dejó la siguiente constancia:   

“Por  el  derecho  a  la  igualdad,  dejo  constancia  en  el  acta  de  conciliación,  que  no  estoy  de acuerdo con las  excepciones para al rebaja de penas. La ley debe ser general”.   

Así,  el  texto conciliado y que finalmente  fue  promulgado  como  el  artículo  70  de  la Ley 975 del 2005, fue el que se  introdujo  con  el  fin  expreso de que cobijara a todos los condenados. Nótese  que  la  inconformidad  expuesta  radicó  exclusivamente en que la disposición  debió  ser  aún  más general, esto es, que ni siquiera había lugar a excluir  de  la  redención  a  los  penados  por  delitos  sexuales, de lesa humanidad y  narcotráfico.   

4.  En  las  condiciones  dichas, la persona  adquiere  el  derecho  a la rebaja de pena prevista en el artículo 70 de la Ley  975  del 2005, siempre y cuando satisfaga las siguientes exigencias: i) que haya  sido  condenada  por  conductas  punibles  diversas  de  las  previstas  en  sus  artículos  1°  y  2°  y  aquellas contra la libertad, integridad y formación  sexuales,  lesa  humanidad  y narcotráfico; ii) que “[los condenados] cumplan  penas  por  sentencias  ejecutoriadas”  “al momento de entrar en vigencia la  presente   ley”   (25   de   julio   del  2005);  y,  iii)  que,  con  fundamento en lo probado, el juez de ejecución concluya en la  demostración   de  a)  el  buen  comportamiento  del  condenado;  b)  su  compromiso  de  no  repetición  de  actos delictivos; c) su  cooperación  con  la  justicia;  y,  d)  sus  acciones  de  reparación  a  las  víctimas.   

II.  Sobre  la posibilidad de conceder, por  favorabilidad,  la  condena  condicional con posterioridad a la ejecutoria de la  sentencia.   

1. En la decisión recurrida, el Tribunal no  solo  concluyó  que no procedía la aplicación retroactiva del artículo 70 de  la  Ley  975  del  2005,  sino  que afirmó que aún en el supuesto contrario no  procedería  el  análisis  sobre  la  concesión  del  subrogado  penal  de  la  suspensión  condicional  de  la ejecución de la pena, pues la decisión en ese  sentido,  adoptada  en  los fallos en primera y segunda instancias, había hecho  tránsito   a   cosa  juzgada  y,  por  tanto,  no  podía  ser  modificada  con  posterioridad.   

2.  Esa conclusión comporta una valoración  restringida  del principio y derecho fundamental a que tiene todo procesado para  que  retroactiva  o  ultractivamente  se  le  aplique  la  ley  que resulte más  favorable a su situación.   

Lo  anterior,  porque  el artículo 29 de la  Constitución  Política de Colombia ordena que “la ley permisiva o favorable,  aun  cuando  sea  posterior,  se  aplicará  de  preferencia  a la restrictiva o  desfavorable”.  Así,  el  mandato superior es general, sin limitaciones, que,  obviamente, no puede establecer el intérprete.   

3. Si de la orden constitucional surge que se  impone  aplicar  retroactivamente  la  nueva  ley,  es  evidente que ello obliga  también  respecto  de  las consecuencias que de esa circunstancia deriven, pero  en  el entendido necesario de que no se trate de las mismas situaciones de hecho  y  de derecho valoradas en las sentencias, porque en esta hipótesis, a pretexto  de  la  favorabilidad  lo  que  en  verdad haría el funcionario ejecutor sería  reformar los fallos.   

Por  vía  de  ejemplo,  si  los  falladores  negaron  subrogados  penales  bajo  la  consideración  de  que la pena impuesta  excedía  los  parámetros  objetivos,  motivo  por  el  cual  se abstuvieron de  valorar  los denominados subjetivos, resulta incontrastable que si, en razón de  admitir  retroactivamente  la  nueva  ley,  el nuevo límite se ubica dentro del  previsto  para  ese sustituto, se impone para quien dirige el cumplimiento de la  condena   el  análisis  de  aquellos  aspectos  que  fueron  obviados  por  los  juzgadores.  Esto  en  modo  alguno  implica  reforma, sino aplicación exacta e  incondicional de la favorabilidad.   

4. Las siguientes disposiciones de la Ley 153  de 1887 son de recibo en el tema tratado:   

Artículo  44.  En  materia  penal  la  ley  favorable  o  permisiva  prefiere  en los juicios a la odiosa o restrictiva, aun  cuando   aquella   sea   posterior   al   tiempo   en   que   se   cometió   el  delito.   

Esta  regla  favorece a los reos condenados  que estén sufriendo su condena.   

Artículo  45.  La  precedente disposición  tiene las siguientes aplicaciones:   

La  nueva  ley  que  quita  explícita  o  implícitamente  el carácter de delito a un hecho que antes lo tenía, envuelve  indulto y rehabilitación.   

Si  la  ley nueva minora de un modo fijo la  pena  que  antes  era  también fija, se declarará la correspondiente rebaja de  pena.   

Si  la  ley  nueva reduce el máximum de la  pena  y  aumenta  el  mínimum,  se aplicará de las dos leyes la que invoque el  interesado.   

Si la ley nueva disminuye la pena corporal y  aumenta la pecuniaria, prevalecerá sobre la ley antigua.   

Los  casos  dudosos  se  resolverán  por  interpretación benigna.   

Si, a voces de las disposiciones señaladas,  la  aplicación  irrestricta de la garantía constitucional permite exonerar del  cumplimiento   total   de  un  castigo  impuesto  legalmente,  sin  que  hacerlo  signifique  modificar,  en  contra  de  la cosa juzgada, los fallos en firme, es  obvio  que una consecuencia natural de ese derecho también lo es que se estudie  la     viabilidad     de     otorgar    un    subrogado    penal    –quien  puede lo más, puede lo menos-,  cuando  quiera  que  su  rechazo  haya obedecido exclusivamente a que el límite  punitivo  impuesto  llevó  a que los jueces obviaran el estudio de los factores  subjetivos.   

III. El caso concreto.  

1.   En  contra  del  doctor  Cristian   José   Arregocés   Pinto  se  profirió  fallo  condenatorio  el  31  de  julio  del 2003, que, recurrido, fue  ratificada  por  la  Corte  el  17  de  marzo  del  2004, esto es, el fallo hizo  tránsito  a  cosa  juzgada  con  antelación  a  la  vigencia de la Ley 975 del  2005.   

2. Según certificado 003 del 13 de julio del  2005,   expedido   por  el  Director  de  la  cárcel  de  Riohacha,  el  doctor  Arregocés  Pinto  ejerce la  actividad  de  artesano,  no  ha sido objeto de sanciones disciplinarias y “su  conducta ha sido calificada en el grado de BUENA”.   

Ese documento, debidamente motivado, permite  inferir  el  cumplimiento  del  artículo 70, esto es, “el buen comportamiento  del condenado”.   

3. Igual demostración obra respecto de “su  compromiso  de no repetición de actos delictivos”, como que así expresamente  lo  manifestó  en  su  petición y se desprende de su voluntad de acogerse a la  disposición.   

4. Asiste la razón al solicitante en cuanto  que  en  el  caso  concreto  no  existe  obligación  de  cumplir “acciones de  reparación  a las víctimas”, como que ninguna fue individualizada dentro del  proceso.   

5.  Por  “cooperación con la justicia”,  como  presupuesto para acceder a la rebaja, debe entenderse la colaboración, la  ayuda,  la contribución, el apoyo, la asistencia que el procesado haya prestado  a  los  fiscales  y jueces a cargo de la investigación adelantada en su contra,  aunque  no  se descarta la posibilidad de que se pueda conceder el mismo alcance  a otra que, debidamente probada, haya brindado en asuntos diversos.   

La  cooperación exigida no puede significar  que,  en  contra  del  derecho  fundamental  previsto  en  el artículo 33 de la  Constitución  Política de Colombia, se imponga el deber de confesar, porque la  garantía  de  la  no autoincriminación es fundamental, circunstancia dentro de  la  cual  no  puede  cargarse en contra de quien es sindicado de la comisión de  una conducta punible que no admita su responsabilidad.   

En estas condiciones, se infiere que si, como  en  el caso en estudio, el procesado estuvo presto en todo momento a atender los  requerimientos  de la justicia, esa circunstancia es suficiente para concluir en  su contribución en los términos de la norma.   

Satisfechas así las exigencias del artículo  70  de  la  Ley  975,  se  revocará  la  providencia recurrida. En su lugar, se  concederá   al  doctor  Arregocés  Pinto  el  beneficio  previsto  en  esa  disposición. Para hacerlo, debe  considerarse lo siguiente:   

Con fundamento en el artículo 1° de la Ley  48  de  1987 que otorgó una rebaja “de la sexta parte de la pena privativa de  la  libertad  impuesta, o que llegue a imponerse por delitos cometidos antes del  1°  de julio de 1986”, y frente al artículo 629 del Código de Procedimiento  Penal  de  1987,  que  disponía  que  ese tipo de reducciones, al igual que las  previstas  por  trabajo  y  estudio,  “se  tendrán[n]  en  cuenta  como parte  cumplida  de la pena impuesta o que pudiere imponerse”, la Sala, en  auto  del 9 de agosto de 1989 (M. P. Guillermo Duque Ruiz), expuso:   

Es cierto que la Ley 48 de 1987 consagra una  rebaja  o  aminorante de pena, pero se repite que es una atenuante no referida a  la  ley  sino  al juez que en un momento dado la está dosificando; es decir que  es  una rebaja para la pena “imponible”, para la que llegare a determinar el  juzgador,  y  no  una  rebaja  referida  a  las penas máximas que consagran los  diferentes  dispositivos  legales,  que  es,  ésta sí, la que se debe tener en  cuenta para los efectos de la prescripción.   

Posteriormente, el 18 de septiembre de 1990,  con el mismo Ponente, la Corte agregó:   

Lo primero que debe resolver la Sala, es si  la  rebaja de pena prevista en al Ley 48 de 1987 debe descontarse de la sanción  debidamente  dosificada  según  el  tipo penal violado… para determinar cuál  fue  la  pena impuesta y saber así si por ese aspecto punitivo es procedente la  condena  de  ejecución condicional, o si por el contrario… la referida rebaja  de pena en nada incide sobre “la punibilidad del delito”…   

Para la Sala, es claro que la rebaja de pena  concedida  por  la  Ley  48  de  1987  sí  afecta la punibilidad de los delitos  cometidos  por  las  personas… la pena… se rebajó  en una sexta parte,  afectándose  así  y  de manera general la punibilidad de todos aquellos hechos  punibles comprendidos en dicha normatividad.   

Como  el artículo 70 de la Ley 975 del 2005  concede  un  descuento  similar  a  aquel  a que hacen referencia las decisiones  transcritas,  el  manejo  debería  ser el mismo. No obstante, la Sala considera  que  la  razón  estaba  de  parte  de  quienes  aclararon el voto en la última  providencia,   porque   el  inciso  final  del  artículo  481  del  Código  de  Procedimiento  Penal  del  2000  (similar  al  629  del  Decreto  050  de  1987)  dispone:   

La  reducción  de  penas  por  trabajo  y  estudio,  al  igual  que  cualquier  otra  rebaja de pena que establezca la ley,  se  tendrá  en cuenta como parte cumplida de la pena  impuesta   o   que   pudiera   imponerse  (Resalta  la  Sala).   

El  mandato es claro: cualquier disminución  de  pena  prevista por el legislador debe ser aplicada en las mismas condiciones  dadas  para  los  descuentos  por trabajo y estudio, esto es, no afectará ni la  sanción  prevista  en  el  tipo  ni  la  dosificada por el juez, sino que será  abonada al penado como si ya la hubiera cumplido.   

Un  argumento  adicional  para  esta postura  surge  de  que  tal  interpretación  resulta  benéfica  para  el condenado. En  efecto,  tratándose  de  garantías  como  permisos de fin de semana y libertad  condicional,   entre  otras,  que  exigen  el  cumplimiento  de  un  determinado  porcentaje  de  la  sanción  impuesta, resulta provechoso lograr el mismo de la  base  inicial,  que  es  mayor,  que  de  aquella obtenida luego de aplicarle la  rebaja.  En  el  caso presente, por ejemplo, las 3/5 partes de 40 meses (la pena  impuesta  inicialmente), se cumplirían con 24 meses, pero como se abonarían 4,  realmente  la exigencia quedaría satisfecha con 20. Con la valoración inicial,  ese  porcentaje  equivaldría a 21,6 meses, porque las 3/5 partes se obtendrían  de 36 meses.   

Así,  el descuento del 10% de las sanciones  impuestas   al   doctor  Arregocés  Pinto  no  afectará  las  penas  decretadas  en  los  fallos. Pero se le  abonarán  como  partes  ya  cumplidas  de  ellas  4  meses  de  prisión  y  de  interdicción  de derechos y funciones públicas y 5,5 salarios mínimos legales  mensuales vigentes de multa.   

Esa  circunstancia  comporta  que  como  el  elemento  objetivo  previsto  en el artículo 63 del Código Penal no varió, no  hay  lugar a estudiar la procedencia del subrogado de la suspensión condicional  de  la  ejecución  de  la  pena,  sin  perjuicio de que si con posterioridad se  satisfacen  las  exigencias  legales,  se proceda a ello respecto de la libertad  condicional.   

En  virtud  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

         

1.  Revocar  la  providencia impugnada.   

2.  Conceder  al  doctor  Cristian  José  Arregocés Pinto  la  rebaja de penas prevista en el artículo 70 de la Ley 975 del  2005.  En  consecuencia,  para todos los efectos legales se tendrán como partes  cumplidas  de  las  sanciones  que  le fueran impuestas en los fallos 4 meses de  prisión  y  de  interdicción  de derechos y funciones públicas y 5,5 salarios  mínimos legales mensuales vigentes de multa.   

3.  No otorgar al  doctor  Arregocés Pinto la  suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

         

Notifíquese y cúmplase.  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

         Salvamento de voto   

ÉDGAR    LOMBANA   TRUJILO                                                WILLIAM MONROY VICTORIA   

         Aclaración    de  voto                                               Conjuez   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ  PINZÓN    JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

            Comisión    de  servicio                                                      Salvamento de voto   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO   SOLARTE  PORTILLA            

         Salvamento de voto   

JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

Salvamento    de  voto   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

SALVAMENTO DE VOTO  

         El  Tribunal  Superior  de  Riohacha le  negó  a  Cristian  José  Arregocés  Pinto, quien había sido condenado por el  delito  de  prevaricato  a  la  pena  de 40 meses de prisión, la rebaja de pena  prevista  en  el  artículo  70  de  la  Ley  975 de 2005, negativa ante la cual  interpuso  recurso  de  apelación que la mayoría de la Sala revocó, decisión  de   la   que  me  aparto  con  base  en  los  argumentos  que  a  continuación  expongo:   

1.  La norma  en  referencia dispone que las personas que al momento de entrar en vigencia esa  ley  cumplan  penas  por sentencias ejecutoriadas, tendrán derecho a que se les  rebaje  en  una  décima  parte,  con  excepción  de  los  condenados  por  los  delitos   contra  la  libertad,  integridad  y  formación  sexuales,  lesa  humanidad y narcotráfico.   

2.  En cuanto  al  ámbito  de  aplicación de esa preceptiva, la mayoría de la Sala considera  que cubre a los delincuentes comunes, con estos fundamentos:   

2.1. Los miembros  de  las  organizaciones  delictivas  que  se  reintegren  a la vida civil quedan  sometidos,  por  los  delitos  cometidos,  a  la  pena  alternativa fijada en el  artículo  29,  sustancialmente  menor  a las penas ordinarias.  Si ello es  así,  no  tendría sentido que, además, tengan derecho a la diminuente de pena  consagrada en el artículo 70.   

2.2. La clase de  delitos  citados en la disposición evidencia que el descuento no está dirigido  a  esos  grupos  ilegales  y  que la finalidad de la norma era beneficiar a otra  clase de delincuentes.   

2.3.  No resulta  igual  que  personas  vinculadas  las  más  de las veces con delitos de extrema  gravedad,  resulten  favorecidas  con  una  pena  alternativa  de 5 a 8 años de  prisión,  en  tanto  que una gran mayoría, castigadas por comportamientos más  leves, tenga que purgar penas mayores. Y,   

2.4.   Los  antecedentes  legislativos  evidencian  que  el  propósito que se buscó con la  norma   fue   precisamente   el   de  beneficiar  con  ella  a  la  delincuencia  convencional.   

3. Tengo para mí  que  ninguno de los cuatro argumentos expuestos para avalar la procedencia de la  rebaja  de  pena  invocada  por el condenado parte de supuestos constitucionales  porque  referencias  como  la  ubicación del artículo 70 en el contexto de esa  ley,  los  delitos  en  él  aludidos y los antecedentes legislativos de la ley,  tienen  como  común  denominador el suponer la legitimidad constitucional de la  norma  cuya  aplicación  se  pretende pues la única referencia de esta índole  que  se  hace  remite  a  una desafortunada referencia al derecho fundamental de  igualdad,   desconociendo   que   a  partir  de  una  norma  constitucionalmente  ilegítima  no  se  pueden pretender tratamientos legales igualitarios, los que,  además, deben ser entre iguales.   

4.   En  el  contexto  de  un Estado Constitucional de Derecho el horizonte de proyección de  la  judicatura  se  determina  a  partir de un ámbito normativo que parte de la  Carta  Política y del bloque de constitucionalidad, y si bien la ley vincula al  juez,  éste  está  habilitado para percatarse de la legimitidad o ilegitimidad  de  ésta  y  para  dar  prevalencia  a  las disposiciones superiores en caso de  existir  contradicción  entre aquella y éstas, de suerte que no está obligado  a  aplicar  una  disposición  que  desconoce  instituciones  superiores como el  principio  de  unidad  de materia, las exigencias del procedimiento legislativo,  las  competencias  de  los  distintos  ámbitos  del  poder público y el acervo  valoral del Estatuto Superior.    

5.    En  efecto:  el  artículo  70  de  la  Ley  975  de  2005  se aprobó por fuera del  mencionado  principio  pues  el  tema  de  la  ley  no  era  conceder una rebaja  generalizada  de penas sino determinar el régimen penal y procesal penal al que  quedaban  sometidos  los  miembros  de grupos armados al margen de la ley que se  reintegraran  a  la  vida  civil,  materia  de  la  ley ignorada para incluir la  aminorante  en  un  proceder constitucionalmente ilegítimo al atentar contra la  transparencia   del   procedimiento   legislativo   y  desestimar  el  principio  democrático.   

         En  la  reconstrucción  que  se hace del trámite dado al proyecto  que  dio  origen a la Ley 975, se omiten las irregularidades en que se incurrió  y  que, de acuerdo con doctrina constitucional vigente, serían suficientes para  cuestionar  su  legitimidad  constitucional,  como  ocurre,  por ejemplo, con la  imposibilidad  de  apelar,  en  el  curso  de  los  debates  parlamentarios,  la  negación de artículos específicos de un proyecto de ley.   

         Y  el respeto en la distribución de competencias que hace la Carta  Política  entre  los  distintos  ámbitos  de  la  función pública, es lo que  legitima   los   actos   de  la  legislación,  de  la  administración,  de  la  jurisdicción  y de los órganos de control y electoral, reparto de competencias  que  hace  efectivo  el  principio  de  separación de los poderes públicos tan  central  en  la  historia  del  Estado  de  Derecho,  principio  manifiestamente  desconocido  en  este  caso  pues  bajo  la  forma de una rebaja generalizada de  penas,  se  dio  lugar  a un indulto, institución respecto de la cual existe no  sólo   un   procedimiento   legislativo   agravado  que  fue  desconocido   -artículo   150.17   C.P.-    sino   también  precisas  competencias  del  ejecutivo   -artículo 201.2-, razones que me llevaron  a plantear una  excepción  de  inconstitucionalidad  para  negar  la  aplicación  de  la norma  aludida   y,   en   consecuencia,   la  rebaja  invocada  por  el  peticionario,  planteamientos preliminares que desarrollo a más espacio así:   

         6.   Bien   conocido   es  el  apotegma  constitucional  que  “Los  jueces, en sus providencias, sólo están sometidos  al  imperio  de  la  Ley”  válida:   a)  La  norma superior;  y, b) la ley dictada por el Legislador  en       el       marco      de      competencias         que  le  ha  fijado  la  norma  superior y que, por supuesto, tenga  conexidad  axial  con  ella,  juicios  de validez en titularidad del  juez  en  ejercicio  de  los controles  directo  o difuso que le dispensa un sistema político de separación de poderes  con  cooperación  armónica,  de pesos y contrapesos, de frenos y contrafrenos,  concebido  para  evitar  el  desbordamiento  de  alguno de ellos con incidencias  catastróficas   para   la   vigencia   del  Estado  Social  y  Democrático  de  Derecho.   

En  el  trámite  legislativo  aparece  una  constancia  según  la  cual  “los  artículos  61  sobre  rebaja  de  penas y  64  sobre  sedición,  del  proyecto  de   ley  de  Justicia  y Paz, fueron aprobados por la vía de la  apelación  violando  la Constitución Política y la ley 5ª. de 1992, en vista  de  su  negativa  inicial  que  de esos artículos hizo la Comisión Primera del  Senado.   

“Por ese camino de la inconstitucionalidad  terminaron  convirtiéndose  en los artículos definitivos 70 y 71 de la ley 975  de  2005.  El  artículo  159  de  la  Constitución  Política,  sólo autoriza  la   apelación de proyectos de ley negados en primer debate. Lo mismo hace  el   artículo   166  del  reglamento  del  Congreso  (ley  5ª.  de  1992).  En  consecuencia,  no existe habilitación jurídica para apelar la negación de los  artículos  de ningún proyecto de ley. A esto se suman otras irregularidades de  trámite  que  las consigné en una constancia que oportunamente presenté en la  discusión   del   proyecto   de   ley   de   justicia  y  paz…”1.   

         7.  Al  Congreso  de la República se le  reconoce  el  derecho  a  la libertad de configuración,  limitado de doble  manera    por    el    principio   de   unidad   de   materia   y  el  respeto  de  la  Ley  con  la  norma  constitucional.   

         8.   Sobre  la  primera  limitante,  el  Tribunal   Constitucional   sentenció   que  busca  la  racionalización  y  el  afianzamiento   del   proceso   legislativo,  espacio  por  excelencia  para  la  concreción       de       la      democracia.      En      un      principio,  tiene  implicaciones  en  el  desenvolvimiento  del  proceso  legislativo  pues  “todo  proyecto de ley debe  referirse  a  una  misma materia” y “serán inadmisibles las disposiciones o  modificaciones  que  no  se  relacionen  con  ella” (art. 158 Constitucional),  ofreciendo mecanismos para evitar su desconocimiento.   

“La razón de su  exigencia  constitucional,  la  Corte ha tenido oportunidad de precisar que, por  su  intermedio,  se  busca  racionalizar  y  tecnificar  el  proceso  normativo,  procurando  que  las  disposiciones  incluidas  en un proyecto de ley guarden la  necesaria  armonía  o  conexidad con el tema general que suscitó la iniciativa  legislativa  o,  en su defecto, que converjan en un mismo propósito o finalidad  sociológica.  De  esta  manera,  se logra impedir las incongruencias temáticas  que  tienden  a  aparecer  en  forma  súbita  o  subrepticia en el curso de los  debates  parlamentarios,  las  cuales, además de resultar extrañas al asunto o  materia  que  se somete a discusión, en últimas, lo que pretenden es evadir el  riguroso  trámite  que la Constitución prevé para la formación y expedición  de  las leyes”2.   

         Después,    para   garantizar   “la  deliberación   pública  y  transparente  sobre  temas  conocidos desde el  mismo  surgimiento  de  la propuesta”, materias predefinidas para  “que  en  esa  dirección   se  canalicen   las  discusiones  y  los aportes  previos  a la promulgación de la ley”, y  para que el producto  del  proceso  legislativo  sea  el  resultado de “un sano debate democrático en el  que  los  diversos  puntos  de  regulación  hayan sido objeto de conocimiento y  discernimiento”  evitándose  con  ello  “la  aprobación  de  normas  sobre  materias  que no hacen parte  o  no  se  relacionan con aquella y se impide el acceso de grupos interesados en  lograr normas no visibles en el proceso legislativo”.   

“El principio de unidad de materia que se  instaura,  contribuye  a  darle  un  eje central a los diferentes debates que la  iniciativa  suscita  en  el  órgano  legislativo.  Luego  de su expedición, el  cumplimiento  de  la  norma, diseñada bajo este elemental dictado de coherencia  interna,  facilita  su  cumplimiento,  la  identificación  de sus destinatarios  potenciales  y la precisión de los comportamientos prescritos. El estado social  de  derecho es portador de una radical pretensión de cumplimiento de las normas  dictadas  como  quiera  que  sólo  en su efectiva actualización se realiza. La  seguridad  jurídica,  entendida sustancialmente, reclama, pues, la vigencia del  anotado   principio  y  la  inclusión  de  distintas  cautelas  y  métodos  de  depuración  desde la etapa gestativa de los proyectos que luego se convertirán  en      leyes      de      la      República”3.     

         Y,  al  final,  con  implicaciones también en el terreno del control de constitucionalidad, que  puede  ser  riguroso  – no  lo  supera  “toda   norma  que  no  esté directamente relacionada con la  materia   que   es   objeto   de   regulación”-   o   flexible   –“sólo violarían la Carta aquellas  disposiciones   que   resulten   ajenas  a  la  materia  regulada”4,   y   que  involucra  desde el título y la determinación del núcleo temático de la Ley,  en  lo  que  resultan  importantes  la Exposición de Motivos en cuanto allí se  relacionan   las  razones  por  las  cuales  se promueve el ejercicio de la  función  legislativa  y  se  determinan  los  espacios  de las relaciones   sociales  que  se  pretenden  interferir; los debates de comisiones y plenarias;  las  variaciones  entre los textos originales y los definitivos, etc., de donde,  como  desarrollo  de  los  arts.  158  y  169  Superiores, y 148 y 193 de la Ley  5ª   de 1993 (o Reglamento Interno del Congreso), se requiere inclusive la  titulación  legislativa  y determinar el eje temático de la ley “pues es ese  núcleo  el  que  permite inferir si una disposición cualquiera vulnera o no el  principio     de     unidad     de     materia”5.   

         9.  Así,  pues,  la  Constitución  le  señala  al  Legislativo  un par de condiciones para el correcto ejercicio de su  función  natural  al  indicar  que  éste  se  halla  obligado  a  definir  con  precisión,  como  lo  exige  la  Carta,  desde  el  mismo título del proyecto,  cuáles  habrán  de  ser  las  materias  en  que se ocupe al expedir la ley, y,  simultáneamente  ha  de  observar una estricta relación interna desde el punto  de  vista  sustancial entre las normas que harán parte de la ley para que todas  ellas  estén  referidas a igual materia, de tal manera que el Congreso violará  ese principio constitucional   

“cuando incluye cánones específicos que,  o  bien  no  encajan  dentro  del  título  que  delimita  la  materia objeto de  legislación,  o  bien  no guardan relación interna con el contenido global del  articulado”6.   

         10. Esa cláusula general de competencia  legislativa  que  le  atribuyen  al  Congreso  los  arts. 114 y 150 de la Carta,  traducida  a  libertad  de  configuración  del  legislador  en  materia penal y  penitenciaria,  y  particularmente en lo referente a rebajas de penas privativas  de   la   libertad,   encuentra  ciertos  límites  indiscutibles  en  la  misma  Constitución que   

“no le permite actuar arbitrariamente sino  de  conformidad  con  los  parámetros que ella misma establece. Se trata de una  potestad  suficientemente amplia, pero no por ello ilimitada; y en materia penal  y  penitenciaria,  estos  límites  son particularmente claros, por estar de por  medio  derechos  fundamentales  muy caros para la persona humana, como los de la  libertad   personal  y  el  debido  proceso,  así  como  valores  sociales  tan  importantes  como la represión del delito o la resocialización efectiva de sus  autores”7.   

         11.  La  acción del Legislador en estas  materias tiene el límite que las medidas que adopte   

“deben   estar   orientadas   por   los  parámetros  de  una  verdadera  política  criminal  y  penitenciaria,  que sea  razonada  y  razonable,  y  en ese sentido se ajusta a la Constitución”, esto  es,   “puede   establecer   cuáles   conductas  se  tipifican  como  delitos,  o  cuáles se retiran del  ordenamiento;   puede   asignar   las   penas  máxima  y  mínima  atribuibles  a  cada  una  de ellas, de  acuerdo  con  su  ponderación  del  daño social que genera la lesión del bien  jurídico  tutelado  en cada caso; e igualmente, puede contemplar la  creación de mecanismos que, orientados  hacia  la  efectiva  resocialización de quienes hayan cometido hechos punibles,  favorezcan  el  desestímulo  de  la  criminalidad  y  la  reinserción  de  sus  artífices    a    la    vida    en    sociedad”8.   

         12.  Es  decir: cuando la rebaja de pena  no  obedece  a  una política criminal sino a una “gracia”, a la manera  de       un      “jubileo”      (término  utilizado  en  los debates parlamentarios de esta Ley 975  de   2005),   que   “equivale   a   una   suerte   de   indulto”9,  deben  coincidir   los  requisitos  que  establece  el  art.  150-17    del      Código      Político,      que     son:     a) Que exista una mayoría calificada de  las  dos  terceras partes de los votos de los miembros de ambas cámaras a favor  de  su concesión; b) Que se  otorgue  únicamente  respecto  de delitos políticos;  y,     c)  Que existan graves motivos de conveniencia pública que lo hagan  aconsejable.   

“Lo que el Legislador ha pretendido hacer  –  agregó  la  Corte al  declarar  inexequible  el  Proyecto  de  Ley  No.  36/99 Senado y 196/99 Cámara  “por  la  cual se celebra el gran jubileo y el advenimiento del tercer milenio  de   esta   era,   se   concede   una   rebaja  de  penas,  y  se  dictan  otras  disposiciones”-,  es  perdonar  una  parte  de  la  pena legalmente impuesta o  próxima  a  imponerse,  a  personas  sindicadas de cualquier tipo de delitos, o  condenadas  por  ellos,  contra  la  expresa  directriz constitucional que sólo  permite   ese   perdón   tratándose   de   delitos   políticos”10.   

                                                               13.   La  Exposición  de  Motivos  del  Proyecto  de  Ley  No.  211 de 2005 Senado, titulado de “Justicia y Paz”, le  señala como único núcleo temático   

“contar con un marco jurídico claro para  comenzar  un  proceso  de  paz,  tanto  con los grupos guerrilleros como con las  autodefensas…  que  muestren  un  propósito  sincero”  al  desmovilizarse y  desmantelar  esas  organizaciones criminales, frente a las cuales no son viables  la  amnistía  ni  el  indulto,  pero  a  quienes,  “dentro  de un marco legal  estructurado  en  los  ejes  Verdad,  Justicia  y  Reparación,  dando  especial  importancia  al  derecho  de  las  víctimas,  se puede pensar en conceder   beneficios…   

             “También  es  lógico  que  satisfechas  las  condiciones de verdad, justicia  y   reparación,  sea  indispensable  ofrecer  a  las personas que muestren  propósitos  de  enmienda  y  actitud  de rectificación, un camino para su  reincorporación   a  la   sociedad,  gozando  de  un  beneficio  jurídico  compatible  con  su colaboración  para la recuperación institucional y la  consolidación  de  la  paz.  De  manera general, dicho beneficio consiste en la  posibilidad  de  gozar  de la suspensión condicional de la pena una vez purgado  un  período  básico  de  privación  efectiva  de  la   libertad  y haber  cumplido  los  compromisos  impuestos  por  los  jueces  en   términos  de  reparación,  buen  comportamiento  y  penas  accesorias. Los miembros de grupos  armados  organizados  al  margen  de  la  ley que se desmovilicen y colaboren de  manera  efectiva  en  la  consecución de la paz nacional serán juzgados por un  Tribunal  para  la  Verdad,  la  Justicia  y  la  Reparación, a cuyo cargo  estará  la  atribución  de  dictar  sentencia, imponer penas, asegurar que los  derechos  de  las  víctimas  sean  cabalmente  resarcidos  y   otorgar los  beneficios.  De  esta  manera,  podrá  darse  cumplimiento  a  la  exigencia de  impartir  justicia  de  manera independiente y transparente, propia de un Estado  de  Derecho”11.   

         14.  Y,  en  el Informe de Ponencia para  primer  debate  al  Proyecto de   Ley 211 de 2005 Senado y 293 de 2005  Cámara,  en  cuya  sede  “también  se propone en la iniciativa una rebaja de  penas  entre  una décima y una quinta parte para las personas que al momento de  entrar  en  vigencia  la  Ley cumplan penas por hechos delictivos”(sin aportar  razones    de    la    modificación),    se   precisó   como   contenido   del  proyecto:   

           “En  fin,  para  lograr  la  reincorporación   de los violentos, bajo una nueva  concepción  fundamentada  en la justicia restaurativa  y en menor grado en  la   retributiva,  con compromisos serios de no actuar al margen de la ley,  de  reparar  los  daños ocasionados y trabajar en la consecución de la paz, en  el  proyecto obra una recelosa y reflexiva regulación del marco jurídico en 11  capítulos,   contentivos  de  65  artículos…”12,   

     

                                            15.    El  título  de  la  Ley  975 del 25 de julio de 2005, de  “Justicia  y  Paz”,  y  su  finalidad,13  reiterada  en   el  Capítulo  I  sobre  “Principios  y  definiciones”,  artículos  1.  “Objeto  de  la  presente  ley”  y  2. “Ámbito de la ley”, no se pueden  evadir  a  través de “disposiciones complementarias”, mucho menos cuando ya  el  Tribunal  Constitucional,  a  través de sentencia que hizo tránsito a cosa  juzgada   constitucional,   declaró    inexequibles   los  “jubileos”.   

“Sin embargo, advierte la Corte que entre  los  argumentos  que  se  esgrimieron  en  el Congreso al momento de revisar las  objeciones  presidenciales,  se  encuentra uno según el cual en este caso no se  trata  de  una  medida de política criminal, sino de una “gracia” concedida  por  el  Legislador  a  la  población  reclusa  del  país, en tanto mensaje de  perdón  y  reconciliación; lo cual conduce de inmediato al tema del indulto en  el     ordenamiento    jurídico    colombiano”14.   

         16.  Complementariamente  dígase que la  Ley  debe  también  guardar  afinidad  sustancial  con  el  acervo  de valores,  principios,  derechos  y  deberes que consagra la Carta Política, la cual junto  con  el  Código Penal, la Jurisprudencia y la Doctrina nacionales y comparadas,  diferencian  al  delincuente  político  del  común15,  de donde se desprende que  al  darles   la Ley 975 de 2005 tratamiento punitivo similar, ataca valores  superiores   como  la  justicia,  el  orden  justo,  la  seguridad  ciudadana  y  jurídica,  los  fines  de  la  pena,  la  resocialización del delincuente y la  igualdad  (por  equipar  a  los  que  natural y jurídicamente son completamente  distintos).   

         Esos  fueron  los fundamentos que por repetida ocasión plantié en  Sala  de  manera  inútil,  con el fin de excluir del derecho positivo el tantas  veces  referido  artículo 70 de la llamada “Ley de Justicia y Paz”, dejando  constancia  que  según  decisiones  de  Sala  Penal  que llevaron ponencia mía  (artículo  71), participo del criterio de la unidad de materia flexible pero no  ilimitada.   

Cordialmente,  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Magistrado  

Fecha:   Ut  supra.   

SALVAMENTO DE VOTO  

Al margen de las consideraciones consignadas  en  el   salvamento  de voto del H. Magistrado Yesid Ramírez Bastidas, las  cuales  comparto  íntegramente,  y  por  eso  me plego a ellas, estimo del caso  hacer  una  consideración  adicional para aclarar el alcance de mi posición en  relación  con la interpretación que debió darse al artículo 70 de la Ley 975  de  2005,  la  cual salvaría, en mi criterio, el problema planteado frente a la  falta  de unidad de materia con el título y el núcleo temático de la ley, que  nos    llevó    a    plasmar    nuestra    disidencia    con    la    posición  mayoritaria.   

En  efecto, como se puso en evidencia en el  aludido  salvamento  de  voto,  el  entendimiento de que la rebaja de  pena  contenida    en    la   citada   norma   cobija   a   todos   los   delincuentes  comunes  que cumplen penas  por  delitos  diversos  a  los  exceptuados  en  la  misma  (contra la libertad,  integridad  y  formación  sexuales,  lesa  humanidad y narcotráfico), no sólo  rebasa  los  núcleos  temáticos  de  la  ley  y  la  finalidad contenida en su  título,  sino  que  además  desconoce  la  diferenciación  que la misma Carta  Política  hace  del  delincuente  político  del  común,  de  cuya  tradición  jurídica  se hizo un amplio análisis en la colisión de competencia No. 24.222  de    octubre    18   del   año   en   curso,   con   ponencia   del   suscrito  Magistrado.   

Por lo tanto, con el fin de guardar afinidad  sustancial  con  el objeto de la Ley y, especialmente, con el acervo de valores,  principios,  derechos  y  deberes que consagra la Carta Política, considero que  debió  restringirse  la  aplicación  del artículo 70 de la Ley 975 de 2005, a  los  sujetos  que  al  entrar  en  vigencia  estuvieran  condenados  por  hechos  relacionados  con su militancia en los grupos armados al margen de la ley de que  trata  la misma normatividad (guerrilla y autodefensas), dado que esa condición  los hace destinatarios directos de su objeto.   

De  tal  manera,  se  garantiza la igualdad  entre  los  miembros de los grupos armados al margen de la ley  (guerrillas  y  autodefensas)  que  se  acojan  a los beneficios consagrados en la Ley 975 de  2005   y  aquellos  que  por  estar  ya  condenados  no  pueden  acceder  a  los  mismos.   

Esa  es  la razón por la cual la rebaja de  pena   aludida   en   el   artículo   70   se   dirige   a   las   “personas  que  al  momento de entrar en vigencia la presente ley  cumplan        penas       por       sentencias  ejecutoriadas”,  con las  excepciones       citadas       en       la       misma       norma.       

Pero  además,  como  se  analizó  en  el  salvamento  de  voto del H. Magistrado Yesid Ramírez, en la sentencia C-1404 de  2000,  la  Corte  Constitucional concluyó que cuando una rebaja de pena general  no  obedece  a una determinada política criminal (que en los antecedentes de la  norma   aquí  analizada  jamás  se  mencionó),  sino  a  una  “gracia”,    ello    “equivale  a  una  suerte  de  indulto”,  caso  en  el  cual  deben  concurrir  los  requisitos que establece el artículo  150-17  de  la  Carta,  a  saber:  i)  que  la ley sea aprobada por una mayoría  calificada  de  las  dos  terceras  partes de los votos de los miembros de ambas  cámaras;  ii)  que se otorgue únicamente respecto de  delitos   políticos;  y,  iii)  que  existan  graves  motivos de conveniencia pública que lo hagan aconsejable.   

Véase  cómo  dentro  de ese contexto, los  artículos   70   y   71   del   capítulo  XII  de  la  Ley  975  de  2005,  se  complementarían,  pues,  de  un lado se asume que la rebaja de pena es para los  miembros  de  los  grupos  armados  al  margen  de la ley, entendiendo por estos  “el  grupo  de  guerrilla  o de autodefensas, o una  parte  significativa  e  integral  de  los  mismos como bloques, frentes u otras  modalidades  de  esas  mismas  organizaciones,  de  las  que trate la Ley 782 de  2002”,  que  para  la  fecha de su vigencia cumplan  penas  por  sentencias ejecutoriadas, y, de otro, que la inclusión dentro de la  categoría  de  delito  político  de  la  conducta  de  quienes “conformen  o  hagan  parte  de grupos guerrilleros o de autodefensa  cuyo  accionar interfiera en el normal funcionamiento del orden constitucional y  legal”,  viabiliza  la aplicación de una rebaja de  pena  general, que, como se afirmó, “equivale a una  suerte  de indulto”,  que sólo puede cobijar a  los llamados delincuentes políticos.   

La  interpretación  que  prohíja  la Sala  Mayoritaria,  a  saber  que la rebaja de pena cobija a los delincuentes comunes,  no  sólo desconoce que todo el texto de la ley se refiere de manera exclusiva a  los  miembros  de  los  grupos  armados  al  margen  de  la  ley  -dentro  de la  definición  que  ella misma trae-, y que por lo tanto son ellos el objeto de la  misma,  sino  que  además  lleva a pensar que la rebaja incluida en el referido  artículo  70  configuraría  lo que en el lenguaje parlamentario se conoce como  “un   mico”,   para  destacar  así  una  disposición  aislada,  que  ninguna relación tiene con la  materia de la ley.   

Por  lo  tanto,  para resolver la inquietud  planteada  en  las  discusiones  de  la  decisión  de la que respetuosamente me  aparto,   era  necesario  asumir  una  interpretación  racional  de  la  norma,  atendiendo  a  la  lógica  interna  de  la  ley  objeto  de estudio. Sobre este  presupuesto,  el  precepto  normativo  debió  relacionarse con todos los demás  contenidos  en  la  ley, excluyendo aquella interpretación que daba lugar a una  proposición  carente  de  afinidad  sustancial  con  la  materia regulada en la  Ley.    

Con todo respeto,  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado   

SALVAMENTO     DE    VOTO   

Con  mi  acostumbrado  respeto  me  permito  plasmar  los  motivos que me llevaron a discrepar de la decisión mayoritaria de  la Sala, como a continuación procedo a exponerlo:   

Convencido   me  encuentro   que    el    artículo    70   de   la   Ley   975   del   25  de   julio   de   2005,   el   cual    contempla    una    rebaja   de   pena   a  delincuentes   comunes,   no   guarda  en  manera   alguna     identidad     ni    coherencia    con    la   materia   central   que   motivó  al  legislador   a    su   expedición,   razón   por   la   cual   se   hace   inaplicable   por   parte   del juez,   en   la   medida   en   que  transgrede,  de   manera   flagrante, valores,  principios,  derechos  y   deberes       consagrados      en      la     Constitución   Política.   

Es      claro      e   indiscutible    que   la   Ley,   denominada   de   “Justicia      y      Paz”,    tiene    por    objeto,    según   su           artículo          primero,          “facilitar    los  procesos   de   paz   y   la    reincorporación    individual    o    colectiva   a   la  vida  civil  de  miembros  de  grupos  armados al margen de la ley,  garantizando   los  derechos  de  las  víctimas,   la   justicia   y   la  reparación”,  delineamientos      que      cotejados      con     el   contenido    del   citado    artículo   70   permiten   concluir     que     esta    preceptiva    no    guarda  ninguna    identidad   con   el   eje   temático   que    dio    vida    y   sustento   al  conjunto   de  la  normatividad.   

Cierto es que el legislador está asistido  de  libertad de configuración en la tarea legislativa; no obstante, tal derecho  no  es  absoluto  en  la  medida  en  que  el  mismo encuentra limitación en el  principio  de unidad de materia y, a su vez, en la ineludible concordancia de la  ley frente a lo que se ha denominado el techo constitucional.   

El principio de unidad de materia, como en  reiteradas   oportunidades   lo  ha  referido  la  jurisprudencia  de  la  Corte  Constitucional,  procura  la  racionalización  y  el  afianzamiento del proceso  legislativo,  implicando,  por  mandato  del  artículo  158  de  la  Carta, que  “todo  proyecto  de  ley debe referirse a una misma  materia”,        siendo       “inadmisibles   las   disposiciones   o  modificaciones  que  no  se  relacionen con ella”.   

Es evidente, entonces, que la Constitución  Política  traza  al  legislativo  una  serie  de  derroteros  para  el adecuado  ejercicio  de  su  labor  legislativa,  los  cuales le imponen la obligación de  definir  con exactitud el contenido y alcance de la ley, al punto que, según el  mandato  del  artículo  169,  ibidem,  desde el mismo inicio el “título  de  las  leyes  deberá  corresponder  precisamente  a  su  contenido…”, condición imperativa que implica la  observancia  de  una  relación  sustancial  de  las normas contenidas en la ley  frente a la materia que es objeto de regulación.   

Cuando  dentro  del  conjunto de la ley se  incluye  una  norma  que  no  se ajusta al título que la delimita y es ajena al  objeto  y contenido de la misma, surge evidente la violación de dicho principio  (unidad  de  materia),  motivo por el cual su inaplicación resulta evidente por  desconocimiento  flagrante de los lineamientos constitucionales, situación que,  por  ejemplo,  se presenta con aquellas preceptivas relacionadas  con   rebajas     de    penas    privativas    de    la   libertad    y    que   son    incluidas   en   el   texto     legal,    careciendo    éstas    de    total  compaginación     con    el    objeto    y    la   razón   que   motivó   la   expedición  de  la   ley.   

Al  respecto  han sido también claros los  pronunciamientos  de  la Corte Constitucional, según los cuales, tratándose de  rebajas  de  pena  privativa   de   la   libertad   la   Constitución   le   impone   límites  al legislador que le  impiden  actuar  arbitrariamente,  pues  su  tarea  debe estar orientada por los  parámetros  de  verdadera  política  criminal  y  penitenciaria  y  fundada en  criterios  razonables que se ajusten a una efectiva  resocialización   de   quienes   han  cometido  delitos,  sin  dejar  pasar  por  alto  temas  sensibles  como  el  desestímulo  de  la criminalidad,  su   reinserción   en   la  sociedad  y  la   protección   y   el  restablecimiento de los derechos vulnerados  de las víctimas.   

Tampoco   puede  olvidarse   que   la   Ley  975  de  2005  fue  concebida  para   facilitar   los  procesos  de  paz  y   la   reincorporación  de  miembros de grupos armados organizados  al  margen  de  la ley, implicando  que  sus  destinatarios   son    los    delincuentes    políticos   y   no   los    comunes.    Por   ello,   la   aplicación   del    artículo    70    conlleva    al   tratamiento   similar   de   ambas   clases   de  delincuencia,   lo   que no sólo es absurdo sino también inadmisible, pues bien sabido es  que  la Constitución, la ley y la jurisprudencia de manera clara y concreta las  han diferenciado.   

Por   consiguiente,   considero  que  el  artículo   70   de   la   Ley   de   “Justicia  y  Paz”  resulta  totalmente ajeno al objeto y ámbito  de   la   misma,   mostrándose   de   esa   manera  contrario  a  los  cánones  constitucionales,  razón por la cual estimo resulta improcedente su aplicación  al asunto que ocupó la atención de la Sala.   

Son    estos    breves   argumentos   los   que  sustentan  mi  salvamento   de voto.   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Magistrado  

Fecha, ut supra.  

    

1  DARÍO   MARTÍNEZ   BETANCOURT,   Senador   de   la  República.   

2  CORTE        CONSTITUCIONAL,       Sent. C-657 de 2000, M. P. Dr. VLADIMIRO  NARANJO  MESA. En idéntico sentido, Sents.  C-523  de 1995, M. P., VLADIMIRO NARANJO MESA, C-087 de 2001, M.  P.,  CRISTINA  PARDO  SCHLESINGER  y  C-714  de  2001,  M.  P.,  RODRIGO ESCOBAR  GIL.   

3  CORTE        CONSTITUCIONAL,       Sent. C-025 de 1993, M. P., Dr . EDUARDO  CIFUENTES MUÑOZ.   

4  “La  ley  es un canal de  expresión  democrática  pues  recoge  las  iniciativas  que  existen  para  la  regulación   de   ámbito   de  las  relaciones  sociales,  las  somete  a  una  deliberación  pública   y transparente, capta los aportes de una sociedad  civil  comprometida  con  su propio destino y permite la legitimación del poder  político   tanto   por  la  concurrencia  ciudadana  a  los  procedimientos  de  producción  del  derecho  como  por  su vinculación a la determinación de sus  contenidos”  CORTE  CONSTITUCIONAL, Sent. C-995 de 2001, M. P., Dr. JAIME CÓRDOBA TRIVIÑO.   

5  CORTE        CONSTITUCIONAL,       Sent.  C-  540 de 2001, M. P., Dr. JAIME  CÓRDOBA  TRIVIÑO.  “Según  lo  prescribe  el  artículo  158  de  la  Carta  Política,  todos los proyectos de ley tienen que referirse a una misma materia,  so  pena  de  resultar  inadmisibles  las  disposiciones o modificaciones que no  guarden  relación  con  ella.  Esta  precisión,  interpretada  en armonía con  aquella  que  exige  la necesaria correspondencia entre el título de la leyes y  su  contenido  material (C.  P.,  art.169),  conforman  lo que la doctrina y la jurisprudencia han denominado  el   principio  de  unidad  de  materia  legislativa”.  CORTE  CONSTITUCIONAL,  Sent. C-657 de 2000, M. P.,  Dr.  VLADIMIRO  NARANJO MESA. “Todo proyecto de ley debe referirse a una misma  materia  y  serán  inadmisibles  las  disposiciones  o modificaciones que no se  relacionen   con  ella  ….  El  título  de  las  leyes  deberá  corresponder  precisamente    a    su   contenido”.   CORTE   CONSTITUCIONAL,   Sent.  C-  309 de 2002, M. P., Dr. JAIME  CÓRDOBA TRIVIÑO.   

6  CORTE        CONSTITUCIONAL,       Sent.  C-390  de  1996, M. P., Dr. JOSÉ  GREGORIO HERNÁNDEZ GALINDO.   

7  CORTE        CONSTITUCIONAL,       Sent.  C-1404 de 2000, Mgs. Ptes., Dres.  CARLOS  GAVIRIA  DÍAZ  y ÁLVARO TAFUR GALVIS. La sociedad, los ofendidos y las  víctimas  también  tienen  un cúmulo importante de derechos que les tiene que  garantizar    el  Estado  de  Derecho,  como  aquellos  de  la  verdad,  la  reparación  y a que se haga  justicia cumpliéndose efectivamente  la  pena         impuesta.         CORTE         CONSTITUCIONAL,        Sents.  C- 740 de 2001, SU-1184 de 2001,  C-228  de  2002, C-004 de 2003 y C-014 de 2004. Por todos: JOSÉ JOAQUÍN URBANO  MARTÍNEZ,  Los  nuevos  fundamentos  de  las pruebas  penales,   Obra   sin   publicar,   págs.   30   y  31.   

8  CORTE        CONSTITUCIONAL,       Sent. C- 1404 de 2000,  Mgs. Ptes.,  Dres. CARLOS GAVIRIA DÍAZ y ÁLVARO TAFUR GALVIS.   

9  CORTE        CONSTITUCIONAL,       Sent.   C-260   de  1993,  M.  P.,  Dr.  VLADIMIRO NARANJO MESA.   

10  CORTE        CONSTITUCIONAL,       Sent.  C-1404 de 2000,  Mgs. Ptes.,  Dres. CARLOS GAVIRIA DÍAZ y ÁLVARO TAFUR GALVIS.   

11  “Este  proyecto  de  ley  tiene como fundamento: el  equilibrio  entre  justicia  y  paz,  la  credibilidad  que  suscita por el  avance  en  las  actuales desmovilizaciones y su  alcance universal por ser  aplicable  a  miembros de las autodefensas y de las guerrillas. Una vez aprobado  se  convertirá  en  un  instrumento  valioso  para   consolidar  de manera  progresiva  la  paz  nacional y afianzar el imperio del  Estado de Derecho.  Ahora   bien:   no   puede   ponerse   en  duda  que  a  esta  ley  sólo  podrán  acogerse  quienes  hayan  demostrado  su  voluntad  de  paz  y sólo  respecto  de  los  hechos   cometidos  con  ocasión  de  la  pertenencia  al  grupo armado ilegal y con anterioridad a la promulgación de la  presente normatividad”.    

12  GACETA   DEL   CONGRESO   No.   299,   27   mayo  de  2005.   

13  “por  la  cual se dictan  disposiciones para la reincorporación  de  miembros  de  grupos armados organizados al margen de la ley, que contribuyan de  manera  efectiva  a  la  construcción  de  la  paz  nacional  y se dictan otras  disposiciones para acuerdos humanitarios”.   

14  “Pero  no  obra   el  Legislador dentro de los  parámetros  constitucionales cuando de manera caprichosa decide  favorecer  a  quienes por una  mera cuestión de azar se hallaban en una circunstancia  que  él  resuelve  calificar  de  privilegiada,  sin que corresponda a la   instrumentación  de  una  política  criminal  razonada  y  razonable”. CORTE  CONSTITUCIONAL,    Sent.  C-1404  de  2000,  Mags.  Ptes.,  Dres.  CARLOS  GAVIRIA  DÍAZ  y ÁLVARO TAFUR  GALVIS.   

15  CORTE    SUPREMA    DE    JUSTICIA,    Auto  Col. 21.639, M. P., Dr. ÁLVARO O.  PÉREZ PINZÓN.     

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