24151(07-03-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  24151   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACION  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr.   MAURO   SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado acta No. 020   

Bogotá,  D. C., siete de marzo del año dos  mil seis.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  JUAN  EDGAR  TAFUR HERRERA.   

Antecedentes.-   

1.- La cuestión fáctica, fue declarada por  el Juzgador de la manera siguiente:   

“La noche del 12 de octubre de 2000, a la  Droguería  Cubillos  de  la calle 42 sur número 13-19 de Bogotá, ingresó una  persona  con  el  pretexto  de  que  se  le aplicara una inyección, por lo cual  fueron  con  el  dueño,  CARLOS  HUMBERTO  CUBILLOS  MARTÍNEZ,  a  la sección  respectiva.  Otro  individuo,  le  manifestó  al  hijo  del propietario, CARLOS  ALBERTO  CUBILLOS  RODRÍGUEZ, que allí era necesitado. Éste ingresó, vio que  aquellos  forcejeaban  por  un revólver que empuñaba el visitante, intervino y  cayeron  los  tres  al  piso.  Llegó  el  segundo  desconocido y disparó en el  glúteo  derecho  a  CARLOS  ALBERTO y efectuó otro tiro que hizo impacto en la  mano   derecha   y   se   alojó   en   la  cabeza  de  CARLOS  HUMBERTO,  quien  falleció.   

“Se  acusa  a JUAN ÉDGAR TAFUR HERRERA y  RONALD   FRANCISCO   ORDÓÑEZ   GALINDO   de   ser   los   autores   de   tales  hechos”.   

2.-  Adelantada las fases correspondientes a  la  investigación y el juzgamiento, previa realización de la vista pública el  Juzgado  Dieciocho  Penal  del Circuito de Bogotá, mediante sentencia proferida  el  dieciséis de diciembre de dos mil dos, puso fin a la instancia condenando a  los  procesados JUAN EDGAR TAFUR HERRERA y RONALD FRANCISCO ORDÓÑEZ GALINDO, a  la  pena  principal  de trescientos setenta y seis (376) meses de prisión, y la  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por tiempo  igual  al  de  la  pena  privativa  de  la  libertad,  entre otras decisiones, a  consecuencia  de  hallarlos  coautores  penalmente  responsables del concurso de  delitos  de  homicidio  agravado, tentativa de homicidio agravado y porte ilegal  de armas de fuego de defensa personal (fls. 171 y ss.).   

Apelado   este   pronunciamiento  por  los  defensores  (fls.  219  y  ss.),  el  Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Bogotá  mediante  el  suyo  de  once  de  febrero  de dos mil cuatro, resolvió  modificarlo  en  el  sentido de que “la pena de prisión impuesta a JUAN EDGAR  TAFUR  HERRERA  y  RONALD  FRANCISCO  ORDÓÑEZ GALINDO, por homicidio agravado,  lesiones  personales  agravadas  y  porte  ilegal  de  armas de fuego de defensa  personal,  es  de  364  meses  de  prisión”.  Asimismo modificó la sentencia  impugnada  “en  el  sentido  de  condenar  a  los  procesados  a  10  años de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas” y confirmar en lo demás  (fls. 27 y ss. cno. Tribunal).   

Contra  este  fallo,  el  procesado  RONALD  FRANCISCO  ORDOÑEZ  GALINDO  (fl. 51), su defensor (fl. 90)  y el defensor  de  JUAN  EDGAR  TAFUR HERRERA (fl. 54), interpusieron recurso extraordinario de  casación,  el  cual fue concedido por el ad quem (fl. 97). Durante el tiempo de  traslado  para  presentación  de la demanda, sólo hizo uso de dicho derecho el  defensor  de  TAFUR  HERRERA  (fls.  123  y  ss.)  sobre  cuya  admisibilidad se  pronuncia   la  Corte,  no  aconteciendo  igual  respecto  de  RONALD  FRANCISCO  ORDÓÑEZ  GALINDO,  cuyo  recurso  fue declarado desierto por el Tribunal (fls.  145 y ss.).   

La  demanda.-   

Después  de  hacer  algunas consideraciones  generales  en  relación  con  la  procedencia  del  recurso,  de identificar la  sentencia  materia  de  impugnación y los sujetos procesales, y de realizar una  síntesis  de  los  hechos  y de la actuación llevada a cabo en las instancias,  con  apoyo  en  la causal primera, cuerpo primero,  un cargo formula contra  el  fallo  del  Tribunal  en  el  que lo acusa de ser directamente violatorio de  disposiciones  de  derecho sustancial por aplicación indebida de los artículos  104.2   y  119 del Código Penal de 2000, referidos a la circunstancia  de  agravación  punitiva  “para  preparar, facilitar o consumar otra conducta  punible;  para  ocultarla,  asegurar su producto o la impunidad, para sí o para  los copartícipes”.   

Manifiesta al respecto que si bien es cierto  se  presentó  el homicidio y las lesiones personales “no menos cierto es, que  no  existe condena por el delito de hurto en cualquiera de sus modalidades, para  que    determinara    la    agravación    punitiva   en   las   dos   conductas  referidas”.   

Dice  no desconocer que desde el comienzo de  la  investigación,  de  acuerdo  con  los  hechos  y  la  prueba  de éstos, se  demostró  la  existencia  del  delito  de  hurto,  pero dicho comportamiento no  culminó  en  fallo  en  contra  de  los  procesados,  a  pesar de los esfuerzos  realizados  en tal sentido, al punto que el a quo decretó la nulidad parcial de  la  audiencia  con el fin de que la fiscalía variara la calificación jurídica  de  la  conducta  imputando  dicho  comportamiento,  pero tal determinación fue  anulada  por  el  Tribunal  al  considerar  que  la  acusación  no  podía  ser  adicionada con un hecho distinto.   

“De  esta  forma,  dice, quedó ausente la  imputación  por  el  delito  de  hurto  en  la  resolución de acusación y por  consiguiente,   ausente  quedó  la  condena  por  el  delito  de  hurto  en  la  sentencia”.   

Por  esto  el  Tribunal  ha  debido  aplicar  exclusivamente  los  artículos 103 y 113 del Código Penal, prescindiendo de la  circunstancia  agravante,  ya  que ésta no existe “por no existir condena por  el  delito  de hurto en cualquiera de sus modalidades”, pero al no proceder de  dicha   manera,   lesionó   los  derechos  del  procesado  agravando  la  pena,  “violando  de  esta  forma  el  debido  proceso  y  el  derecho constitucional  fundamental como es el de la libertad”.   

Con fundamento en lo expuesto, solicita de la  Corte  casar  parcialmente  la  sentencia  ameritada,  condenar  a  su  asistido  exclusivamente  por  los delitos de homicidio simple y lesiones personales, esto  es,  sin  circunstancias  de  agravación  y, consecuencialmente, redosificar la  pena así como la condena al pago de perjuicios (fls. 131).   

SE CONSIDERA:  

De   los   presupuestos  de  admisibilidad  establecidos  por el estatuto procesal penal, la demanda de casación presentada  por   el   defensor   del   procesado   JUAN   EDGAR  TAFUR  HERRERA  cumple  sólo  los  relacionados  con la carga de identificar los  sujetos  procesales y la sentencia materia de impugnación, resumir los hechos y  sintetizar  la  actuación  llevada a cabo en las instancias, pues no acierta en  el  deber  de  seleccionar  adecuadamente  la  causal que aduce para demandar la  infirmación  parcial  del  fallo,  ni  en  la  obligación  de  indicar clara y  precisamente   los   fundamentos   fácticos  y  jurídicos  en  que  se  apoya,  lo  cual  determina  la inadmisión del libelo, tener  que  declarar  desierto  el  recurso  y  devolver  el  expediente al Tribunal de  origen.    

La jurisprudencia de la Corte insistentemente  ha  sostenido  que  los  argumentos relacionados con la violación directa de la  ley  sustancial,  han de ser expuestos en estricto raciocinio jurídico, sin que  en  su  desarrollo  resulte admisible plantear o sugerir la comisión de errores  en  la apreciación probatoria, pues de presentarse éstos, habrá de formularse  el  cargo  en  capítulo separado haciendo mención expresa de la clase de error  probatorio  en  que  incurrió el juzgador, si de hecho o de derecho, y precisar  la  especie  y  trascendencia  que  tuvo  en  la  parte  dispositiva  del  fallo  ameritado.      

Ello  obedece  a  que en la hipótesis de la  violación  directa,  es de cargo del actor aceptar los hechos tal y como fueron  declarados  en  el  fallo, así como el mérito persuasivo asignado a los medios  probatorios  que  sirvieron  de fundamento a la decisión, y, a partir de allí,  demostrar  que  el  yerro  consistió  en  la  selección  o comprensión por el  juzgador  de  la  norma  sustancial  finalmente  aplicada;  en  tanto  que si lo  pretendido  es  denunciar  la  transgresión  de  la  ley  a  través de errores  probatorios,  el casacionista debe precisar los medios sobre los cuales recae el  yerro,  especificar  su  clase,  si  de hecho o de derecho, concretar una de las  diversas  posibilidades  de  error  que  al interior de cada uno de ellos pueden  ocurrir  en  la  estimación  de las pruebas, y demostrar la trascendencia de un  tal  desacierto  en la declaración de justicia contenida en la parte resolutiva  del  fallo,  dando  lugar a la aplicación indebida o la falta de aplicación de  determinado precepto.   

Asimismo,  insistentemente la jurisprudencia  tiene  establecido  que  la   violación  directa  o  indirecta  de  la ley  sustancial,  supone  el  reconocimiento  por  el  censor  de  que  el  fallo fue  proferido  en  juicio  exento  de  vicios,  pues en caso contrario, riñe con la  lógica  demandar  el  proferimiento  de  fallo  de  reemplazo  ya  que  aún de  prosperar  el  cargo  fundado  en  la causal primera, se mantendría el vicio in  procedendo  alegable  al  amparo  de la tercera (cfr. auto cas. dic. 19/01. Rad.  18413).   

Estas  precisiones  son  desatendidas por el  actor  en el caso sub judice, pues no obstante enunciar el cargo como violación  directa  de  la  ley sustancial por falta de aplicación de las normas que allí  señala,  ninguna tarea aborda en orden a la acreditación de un tal desacierto.   

No logra percatarse que si los juzgadores de  instancia  decidieron  aplicar  la  circunstancia de agravación prevista por el  artículo  104-2  del  Código  Penal,  y  su  propósito  era removerla en sede  extraordinaria,  tenía  por  deber confrontar las conclusiones fácticas a  que  se  arribó  en  la  sentencia  que  impugna,  con  los  supuestos de hecho  establecidos  en  las  disposiciones que denuncia como no llamadas a gobernar el  caso,  a  fin  de  demostrar  el error de selección que invoca, nada de lo cual  hace.  Al  proceder de este modo, deja de acreditar que aquellas no corresponden  a  éstos  y  que  por tanto tornan inviable la aplicación de las consecuencias  jurídicas   allí   establecidas,   quedando  por  tanto  la  censura  a  medio  camino.   

Por el contrario, sin relacionar el cargo con  las  declaraciones  fácticas  del fallo, se da a la tarea de suponer que por el  sólo  hecho de no haberse irrogado sentencia de condena en contra del procesado  por  el  delito  contra  el  patrimonio  económico,  no  concurre  la  referida  circunstancia  de  agravación  punitiva,  y  que  dicha  consideración resulta  suficiente para el desquiciamiento parcial del fallo.   

Con  tan  particular  manera  de entender la  casación,  omite  explicar la razón o razones por las cuales la norma que dice  transgredida,  exige  para  su  aplicación acreditar el proferimiento previo de  sentencia  en  que  se  declare la concurrencia del supuesto fáctico a que hace  alusión  el precepto, y al no hacerlo, deja vacuo el desarrollo y demostración  de  la  censura, ya que la pregonada infracción directa de la ley sustancial se  la  hace  depender  de  particulares  consideraciones  no sólo normativas, sino  ajenas a los fundamentos de la sentencia que pretende impugnar.   

Desde otro punto de vista, resulta claro que  al   clausurarse  toda  posibilidad  de  ataque  por  la  vía  directa,  si  la  pretensión  del  censor  era  cuestionar  la  prueba de los supuestos fácticos  establecidos  en  la  disposición  que  denuncia indebidamente aplicada por los  juzgadores,   no   tenía   más   alternativa  que   acogerse  a  la  vía  normativamente   establecida   a  dicho  propósito  y   demostrar  que  la  violación  a la ley tuvo lugar a través de incurrir en errores de apreciación  probatoria,  y  no  afirmar  en la demanda que acepta los hechos tal cual fueron  declarados en el fallo, cuando esto en realidad no es cierto.   

Además de ello, sin desarrollar un capítulo  distinto  como  lo  ordena  la  ley  procesal cuando se pretende formular varios  cargos,  el  censor  deja  de  lado el principio de autonomía de los motivos de  casación  y contradictoriamente sugiere la transgresión del debido proceso, en  cuya   postulación  apenas  menciona  que  la  violación  se  originó  en  la  aplicación  de  una  agravante que estima inexistente, en consideración que no  trasciende  su  solo enunciado pues no indica de qué manera con tal proceder la  solución  en  sede  extraordinaria  sería  la  anulación  del  juicio y no el  proferimiento  de  un  fallo  de  reemplazo,  como  correspondería  a  una  tal  alegación.   

    

Estos  defectos  de  orden  técnico impiden  desentrañar  el  verdadero  alcance  de  la  impugnación, pues en las aludidas  condiciones  no es posible establecer si la inconformidad del demandante estriba  en  que  la  sentencia fue proferida en juicio viciado de nulidad, o si éste es  válido  pero el fallo debe ser casado por haber incurrido el juzgador en vicios  in  iudicando,  por violación directa o indirecta de la ley sustancial, lo cual  amerita  decisiones  de  diversa  índole  que  la  Corte  no  puede escoger por  prohibirlo   el   principio   de   limitación   que   gobierna  el  instrumento  extraordinario.    

En últimas, lo que se observa en la demanda  es  la  inconformidad  del recurrente con el fallo, tan sólo porque se decidió  aplicar  la  referida circunstancia de agravación punitiva, pero sin acogerse a  la  declaración  fáctica  y  la apreciación de los medios de prueba por parte  del  juzgador,  como  correspondería  al  amparo  de  la  vía  directa,  y sin  enunciar,  tampoco demostrar, la configuración de errores de hecho o de derecho  en   al   apreciación  probatoria,  sobre  dicho  particular.      

Entonces,  dado  que  la  demanda  ostenta  insalvables  defectos  de  orden  técnico y de fundamentación, y  como la  Corte  no  puede  corregirla  para  ajustarla  a  los  presupuestos que la hagan  admisible  por prohibirlo el principio de limitación que preside el instrumento  a  que  se acude, no cabe más alternativa que inadmitirla, declarar desierto el  recurso  y ordenar la devolución del expediente al Tribunal de origen, conforme  así  se  establece  de  los artículos 197 del decreto 2700 de 1991 y 213 de la  Ley 600 de 2000.   

Esto  último, si se da en considerar que de  la  revisión  de  lo  actuado  tampoco  se  observa  violación  de  garantías  fundamentales  que  tornen viable el ejercicio de la oficiosidad por parte de la  Sala.   

Contra  estas  decisiones no procede recurso  alguno.   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E:   

INADMITIR   la  demanda   de   casación   presentada   a   nombre   del   procesado   JUAN  EDGAR  TAFUR  HERRERA,  por  lo  anotado  en  la  motivación  de este proveído. En consecuencia se DECLARA  DESIERTO el recurso.     

Contra   este   auto  no  procede  recurso  alguno.   

Notifíquese  y  devuélvase al Tribunal de  origen. Cúmplase.   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ               ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

EDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                 ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                  JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS         

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                    JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

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