24106(07-09-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  24106   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 065.  

Bogotá D.C., septiembre siete (7) de dos mil  cinco (2005).   

VISTOS  

Decide  la Sala sobre la admisión formal de  los  libelos  de  casación  discrecional  presentados por los defensores de los  procesados  LUIS AUGUSTO GARCIA PEREA, DIDIER VALENCIA  SANCHEZ  y ANTONIO FRANCISCO  SANCHEZ  CABRALES,  contra  el  fallo de segundo grado  proferido  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  el  31  de  agosto de 2004,  confirmatorio  con  algunas  modificaciones  del  dictado  por el Juzgado Octavo  Penal  del  Circuito  de  la misma ciudad el 12 de julio de 2002, por cuyo medio  los  condenó  como  coautores  penalmente  responsables  del delito de peculado  culposo.   

HECHOS   Y  ACTUACION  PROCESAL   

Los    hechos    que    motivaron   esta  diligenciamiento   fueron   resumidos   por   el   ad  quem en los siguientes términos:   

         “El  23  de mayo de 1997, LUIS AUGUSTO  GARCIA  PEREA,  Director  del  INSTITUTO  COLOMBIANO  DE ENERGIA ELECTRICA ICEL,  empresa  industrial  y  comercial del Estado, aprovechando excedentes de capital  en  cuantía  de  veinte  mil millones ($20.000.000.000.oo) de pesos y acogiendo  una  política  para  la  eficiencia  y  productividad  en el manejo de recursos  propios,  previa  aprobación  del  Comité  de  Inversiones  Financieras de esa  institución,  compuesto  por  DIDIER  VALENCIA SANCHEZ, Jefe de la División de  Presupuesto  (encargado  además  de  las funciones de Subdirector Financiero) y  ANTONIO  FRANCISCO  SANCHEZ  CABRALES,  Jefe  de  la División de Contabilidad y  Tesorería,  obtuvo a través de la COMPAÑÍA DE FINANCIAMIENTO COMERCIAL ARFIN  S.A.,  la  expedición  del certificado de depósito a término número 0007319,  por  dos mil millones ($2.000.000.000.oo) de pesos y con plazo de vencimiento de  180 días”.   

“Posteriormente,  para  el  18  de  junio  de  1997, GARCIA PEREA suscribe el CDT número 0007421,  también  por dos mil millones ($2.000.000.000.oo) de pesos y un término de 210  días,  contando sólo con la autorización de DIDIER VALENCIA SANCHEZ, esto es,  sin  haberse  reunido  el  Comité  de  Inversiones  Financieras, ya que ANTONIO  FRANCISCO  SANCHEZ  CABRALES, que era el otro miembro, se encontraba de disfrute  de vacaciones”.   

“El  20  de  noviembre  de  1997,  previo  al vencimiento de los mencionados títulos valores  –   CDT   –,  la  compañía  de  financiamiento  obligada  fue intervenida por la SUPERINTENDENCIA BANCARIA por los malos manejos  que  ésta venía efectuando de tiempo atrás, debiendo el INSTITUTTO COLOMBIANO  DE  ENERGIA  ELECTRICA  –  ICEL,  hacerse  presente en el proceso de liquidación para efectos de recuperar  sus    acreencias,   las   cuales   no   pudieron   ser   reembolsadas   en   su  totalidad”.   

La Fiscalía Seccional de Bogotá dispuso la  correspondiente  investigación  previa, para posteriormente declarar abierta la  instrucción,  en  cuyo  desarrollo  vinculó mediante indagatoria a  LUIS  AUGUSTO  GARCIA  PEREA,  DIDIER  VALENCIA  SANCHEZ, ANTONIO  FRANCISCO  SANCHEZ  CABRALES,  Orlando  Castro  Garavito  y  Jairo  Iván Frías  Carreño, resolviéndoles su situación jurídica con  medida  de  aseguramiento  de  conminación para los tres primeros como posibles  autores  del  concurso  de  delitos  de  peculado culposo. En la misma decisión  precluyó    la    investigación    adelantada    contra   los   dos   últimos  mencionados.   

Cerrada la fase instructiva, el sumario fue  calificado  el  31 de octubre de 2000 con resolución de acusación en contra de  LUIS    AUGUSTO    GARCIA    PEREA    y  DIDIER  VALENCIA  SANCHEZ  como  presuntos  autores del concurso de delitos que sustentó la  imposición  de  medida  de  aseguramiento.  A su vez,  ANTONIO  FRANCISCO  SANCHEZ  CABRALES fue acusado como  presumible autor del delito de peculado culposo.   

Impugnada  la resolución calificatoria por  los  defensores  de ANTONIO FRANCISCO SANCHEZ CABRALES  y  LUIS  AUGUSTO  GARCIA  PEREA,   la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  la  confirmó  mediante  providencia  del  7  de marzo de  2001.   

La  etapa de juzgamiento fue adelantada por  Juzgado  Octavo  Penal  del Circuito de Bogotá, despacho que una vez surtido el  rito  establecido  por  el legislador profirió fallo el 12 de julio de 2002 por  cuyo  medio  condenó  a  GARCIA  PEREA  y     VALENCIA    SANCHEZ  a la pena principal de veinticuatro (24) meses de prisión, multa  de  cuarenta  (40)  salarios  mínimos  legales  mensuales  e  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo lapso de la sanción privativa de  la  libertad  como  coautores  penalmente  responsables  del concurso de delitos  objeto  de  acusación.  También  fueron  condenados a pagar la correspondiente  indemnización  de  perjuicios  y  les  fue  otorgado  el  subrogado penal de la  condena de ejecución condicional.   

En   la   misma   decisión   condenó  a  ANTONIO   FRANCISCO  SANCHEZ  CABRALES  a  la  pena  principal  de  doce  (12)  meses de prisión, multa de  veinte  (20)  salarios  mínimos legales mensuales e interdicción de derechos y  funciones  públicas  por  tiempo  igual al de la pena de prisión, como coautor  del  delito  de  peculado  culposo por el cual fue acusado. No se le condenó al  pago  de  perjuicios  por  haber  sido  recuperado  el dinero correspondiente al  primer  certificado de depósito a término y le fue suspendida condicionalmente  la ejecución de la pena.   

Impugnada  la sentencia por los defensores,  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá la confirmó, pero dispuso para LUIS  AUGUSTO  GARCIA PEREA y  DIDIER  VALENCIA  SANCHEZ  una pena de  veintidós  (22)  meses  de  prisión,  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo lapso y multa de treinta y siete  (37) salarios mínimos legales mensuales.   

Además,   precisó   el   Tribunal   que  a  ANTONIO  FRANCISCO  SANCHEZ  CABRALES le    correspondía    también   como   pena   principal   la   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  de  la pena privativa de la libertad y no, la referida sanción de  interdicción.   

         Contra  el  fallo  proferido  por  el  ad  quem,  interpusieron recurso de casación por la vía  discrecional los defensores de los procesados.   

LAS DEMANDAS  

1.             Demandas   a  nombre  de  DIDIER   VALENCIA  SANCHEZ  y      ANTONIO      FRANCISCO      SANCHEZ      CABRALES.   

Como se observa que el texto de los referidos  libelos  es  similar,  la Sala hará un solo resumen de ambos, labor que acomete  de inmediato.   

Procedencia  del recurso de casación por la  vía discrecional.   

          Dado  que el delito de peculado culposo por el cual fue proferido el  fallo  de  segundo  grado  no  cumple la exigencia establecida para acceder a la  casación  ordinaria  en  razón  del  quantum  punitivo,  pues  la pena máxima  establecida  en  el  Decreto  100 de 1980 es de dos (2) años de arresto y en el  artículo  400 de la Ley 599 de 2000 es de tres (3) años de prisión, argumenta  el  censor  que  acude al mencionado recurso por la vía discrecional, en cuanto  considera  que  es necesario garantizar el derecho fundamental al debido proceso  de  sus  representados,  pues  la  jurisprudencia  ha  definido  que para hechos  cometidos  en  vigencia del derogado estatuto sustantivo, la sanción de arresto  es  “inaplicable  como  pena  principal y que en los  eventos,  como  el  que nos ocupa, se haya cambiado por prisión, ninguna de las  dos son aplicables”.   

          También  aduce  que  es  necesario  el  desarrollo  jurisprudencial  “en lo referente a la inaplicación del arresto y de  la  prisión  (…)  de  acuerdo con la jurisprudencia del 13 de agosto de 2003,  radicación     20.946     Magistrado     Ponente     Doctor     HERMAN    GALAN  CASTELLANOS”.   

          Igualmente  expresa  que  de  conformidad  con  lo establecido en el  artículo  531  de  la  Ley 906 de 2004, la acción penal derivada del delito de  peculado culposo se encuentra prescrita.   

          De  acuerdo  con  lo anterior, el recurrente solicita que se admitan  los libelos de casación que presenta por la vía discrecional.   

          1.1.                      Primer  cargo:  Violación  indirecta  de la ley  sustancial por falso juicio de existencia.   

          Al  amparo  de  la  causal  primera de casación, cuerpo segundo, el  demandante   manifiesta  que  el  ad  quem  no  tuvo en cuenta los documentos que obran a folios 246 a 258 del  cuaderno  No  1,  6  y  118  a  128  del cuaderno No. 2 y 30 al 40 y 71 y 72 del  cuaderno  No.  3,  con  los cuales se acredita que sus asistidos no actuaron con  negligencia  al  recomendar  a  la compañía ARFIN para la constitución de los  citados certificados de depósito a término.   

Afirma que según la certificación expedida  por  el  IPSE,  obrante a folios 71 y 72 del cuaderno No. 3, el dinero pendiente  de  recuperación  equivale  a  $1.470.436.836.oo  que  corresponde  al  título  0007421,  luego  el  CDT  0007319,  del  cual  se  predica la responsabilidad de  ANTONIO   FRANCISCO   SANCHEZ   CABRALES  “se  encuentra  cancelado, y jamás se  perdió  ese  dinero”,  motivo  por  el  cual  no se  estructura  el  delito de peculado culposo, pues de acuerdo con sentencia del 15  de  septiembre  de  1997,  radicación  12665, con ponencia del Magistrado Jorge  Aníbal  Gómez  Gallego,  para  que  se  configure tal ilícito es necesaria la  pérdida   del  dinero  y,  según  la  aludida  certificación,  el  dinero  se  pagó.   

Agrega que tal pago fue tenido en cuenta por  la  Procuraduría  General de la Nación para absolver a su representado, según  consta en los citados folios.   

Concluye  que se encuentra acreditado que su  asistido  no  actuó  con negligencia, que el dinero jamás se perdió y que por  tanto,  es  necesario  variar  el  sentido  del fallo de condena proferido en su  contra.   

Como preceptos violados indica los artículos  29  de la Carta Política, 3º del Código Penal, 7º y 20 de la Ley 600 de 2000  y 655 del Código Civil.   

A  partir  de  lo  anterior,  el  recurrente  solicita  a  la  Sala  casar  el  fallo atacado y en su lugar proferir sentencia  absolutoria  en  favor  de  ANTONIO  FRANCISCO SANCHEZ  CABRALES  y  DIDIER VALENCIA  SANCHEZ.   

1.2.          Segundo  cargo: Violación directa de la  ley  sustancial  por  interpretación errónea del artículo 137 del Decreto 100  de 1980.   

Afirma el censor que los falladores violaron  de  manera  directa  el artículo 137 del derogado estatuto penal, habida cuenta  que  en  el  fallo de primer grado se dice que se aplicará el referido precepto  en  virtud  del  principio de favorabilidad, pero  al interpretarlo deciden  sancionar  a  sus  representados a la pena principal de veintidós (22) meses de  prisión   y   multa   de   treinta  y  siete  (37)  salarios  mínimos  legales  mensuales.   

Precisa  que  no  se  tuvo  en cuenta que la  sanción  establecida  en  el  Decreto  100  de  1980 para el delito de peculado  culposo  era  de  arresto  de  seis  (6) meses a dos (2) años y multa de un mil  ($1.000.oo)  a veinte mil pesos ($20.000.oo), pero que si el artículo 400 de la  Ley  599 de 2000 dispuso para tal comportamiento punible una pena de prisión de  uno  (1)  a  tres  (3)  años  y  multa  de  diez (10) a cincuenta (50) salarios  mínimos  legales  mensuales,  de  conformidad  con el fallo del 13 de agosto de  2003,  con  ponencia  del  Magistrado  doctor  Herman  Galán Castellanos, sólo  podía  imponerse  la  pena  de multa, pues “tanto el  arresto  como  la prisión resultan inaplicables, el arresto porque desapareció  y      la      prisión      porque      le      es     desfavorable”.   

          Agrega   que   también   el   fallo   desconoció   “la  rebaja  de  pena  prevista  en el artículo 401 de la Ley 599 de  2000”, “debido a que a la  fecha todo se encuentra cancelado” .   

          Como  normas  infringidas  menciona  los  artículos  29 de la Carta  Política,   7º,  8º,  9º,  13,  16,  217,  232  y  238  de  la  Ley  600  de  2000.   

          De   acuerdo   con   lo   anterior,  el  recurrente  solicita  casar  parcialmente  el  fallo atacado, para en su lugar disponer que la pena principal  sea  únicamente de multa y tener en cuenta la rebaja punitiva establecida en el  artículo 401 de la Ley 599 de 2000.   

2.             Demanda   a   nombre  de  LUIS AUGUSTO GARCIA PEREA.   

          Las  razones  que expone el defensor para conseguir la admisión del  libelo  por  la  vía  discrecional y la casación de la sentencia impugnada son  las siguientes.   

Procedencia  del recurso de casación por la  vía discrecional.   

          Asevera  el actor que es procedente el recurso de casación por vía  excepcional,   “por   violación  de  la  garantía  fundamental  del  debido  proceso,  que  implica   la  observancia  de  los  principios  de  la  legalidad  y  prevalencia  de  la  ley  favorable  sobre  la  desfavorable”;  además,  porque  es  necesario  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  en  punto  de  la  pena  principal aplicable  respecto  de  delitos  de peculado culposo ocurridos en vigencia del decreto 100  de 1980.   

          2.1.                      Cargo  único:  Violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  interpretación  errónea  del artículo 137 del Decreto 100 de  1980.   

          Con  base  en  la  causal  primera  de casación, cuerpo primero, el  demandante  expresa  que si en el mencionado precepto sustancial, modificado por  el  artículo  32  de  la  Ley  190  de  1995,  el delito de peculado tenía una  sanción  de  seis  (6)  meses a dos (2) años de arresto y multa de diez (10) a  cincuenta  (50) salarios mínimos legales mensuales, no se puede entender que su  procurado  haya  resultado  sancionado con pena de prisión que no existía para  cuando   se   cometió   el   delito  “y  sólo  fue  introducida  mediante disposición posterior que dice el fallador no aplicar por  favorabilidad”.   

          Luego  de transcribir apartes de los artículos 1º, 2º y 9º   de  la  Carta Política, 1º y 6º del Decreto 100 de 1980, afirma el recurrente  que  la  violación  de  derechos  fundamentales  de su asistido impone casar la  sentencia  atacada  y  en su lugar proferir “la   que corresponda”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Cuestión inicial.   

          En  atención  a  que el defensor de DIDIER  VALENCIA  y ANTONIO FRANCISCO  SANCHEZ  afirma  que de conformidad con lo establecido  en  el artículo 531 de la Ley 906 de 2004, la acción penal derivada del delito  de  peculado  culposo  por  el cual fueron condenados se encuentra prescrita, se  impone  ab initio resolver tal  planteamiento,  pues  en  caso  de  prosperar  tornaría inane cualquier estudio  sobre la admisión formal de las demandas.   

El  artículo  137  del Decreto 100 de 1980,  modificado  por  el  artículo  18 de la Ley 190 de 1995, vigente para cuando se  cometieron  los  hechos  investigados  establecía  para  el  delito de peculado  culposo  una  pena  arresto  de  seis  (6)  meses  a dos (2) años. A su vez, el  artículo  400  de  la  Ley  599  de  2000 dispone una sanción para el referido  comportamiento de uno (1) a tres (3) años de prisión.   

Por tanto, de conformidad con lo establecido  en  el  artículo  80 del derogado estatuto penal, el cual equivale al artículo  83  del  Código  Penal vigente, la acción penal derivada de tal comportamiento  prescribía  tanto  en  la  fase de la instrucción como de juzgamiento en cinco  (5)  años,  que  corresponde  al mínimo establecido por el legislador para tal  efecto.   

          Ahora,  si  bien  el  artículo 531 de la Ley 906 de 2004 preceptúa  que  “los  términos de prescripción y caducidad de  las  acciones  que hubiesen tenido ocurrencia antes de la entrada en vigencia de  este   código   (1º   de  septiembre  de  2004,  se  aclara),  serán  reducidos en una cuarta parte que se  restará  de  los  términos  fijados  en la ley”, lo  cierto  es  que  la  misma  norma  expresamente  establece  que  “estarán  por  fuera  del  proceso  de descongestión, depuración y  liquidación  de procesos (…) las actuaciones en las  que   se  haya  emitido  resolución  de  cierre  de  investigación”  (subrayas  fuera  de  texto), como en efecto ha sido reconocido  por  esta  Sala1.   

          En  el  asunto  objeto  de estudio se tiene que si la resolución de  cierre  de  investigación  cobró  ejecutoria el 13 de septiembre de 2000, esto  es,  mucho  antes  del  1º  de  septiembre de 2004, fecha en la cual comenzó a  regir  la  Ley  906  de 2004, tal circunstancia configura una de las excepciones  expresamente  establecidas  por  el  legislador para que no resulte aplicable el  artículo    531    de    la    referida    normatividad    que    solicita   el  demandante.   

Además, si tanto en el Decreto 100 de 1980,  como  en la Ley 599 de 2000, el término de prescripción de la acción derivada  de  cualquier  comportamiento  ilícito no puede ser inferior a cinco (5) años,  se  impone concluir que el lapso de prescripción de la acción penal adelantada  contra  los procesados en este asunto por el delito de peculado culposo equivale  a  tal  mínimo,  es decir, se cumple en cinco (5) años contados a partir de la  ejecutoria  de  la  resolución de acusación proferida en su contra (7 de marzo  de  2001),  el  cual  aún  no  ha  transcurrido  y  por  ello, la decisión que  corresponde  adoptar  no  es otra que la de negar la solicitud presentada por el  defensor  de DIDIER VALENCIA y  ANTONIO       FRANCISCO       SANCHEZ.   

          Estudio formal de la demanda.   

1.            Procedencia del recurso de casación por  la vía discrecional.   

Como  sin  dificultad  se  observa  que  los  motivos  invocados por los censores para acceder a la casación discrecional son  similares,  procede la Sala a decidir de manera conjunta sobre tal aspecto, como  sigue.   

Según  la preceptiva contenida en el inciso  1º  del  artículo  205  de  la  Ley  600 de 2000, el recurso extraordinario de  casación  procede  contra  los  fallos  de  segundo  grado  proferidos  por los  tribunales  superiores  de  distrito  judicial  y por el Tribunal Penal Militar,  cuando  se  trate  de  “delitos que tengan señalada  pena  privativa  de la libertad cuyo máximo exceda de  ocho años” (subrayas fuera de texto).   

No obstante, en aquellos casos en los cuales  la  sentencia de segunda instancia no es dictada por las referidas colegiaturas,  o  que  la  conducta  punible  por la cual se procede tiene pena privativa de la  libertad  inferior al quantum señalado en precedencia o sanción no restrictiva  de  la  libertad,  el  inciso 3º del precepto atrás citado faculta a esta Sala  para  admitir  de  manera  discrecional  los  libelos  de casación presentados,  “cuando lo considere necesario para el desarrollo de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de los derechos fundamentales, siempre que  reúna    los    demás    requisitos    exigidos    por    la   ley”.   

          Cuando  el  recurrente  acude  a  este recurso extraordinario por la  vía  discrecional  le  resulta  ineludible  expresar  con  claridad  y  precisión  los  argumentos  por los  cuales  corresponde  intervenir  la  Corte, ya para pronunciarse con criterio de  autoridad  con  relación  a  un  tema  jurídico particular, bien para unificar  planteamientos  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina,  ora  para abordar un  tópico  aún  no  tratado,  con  la  obligación  de  indicar de qué manera la  decisión  solicitada  es  útil para solucionar el asunto y, a su vez, sirve de  guía a la actividad judicial.   

Si  lo  pretendido  por  el  demandante  es  asegurar  la  garantía  de  derechos  fundamentales,  es  su deber acreditar la  violación  y  señalar  las  disposiciones  constitucionales  que  protegen  el  derecho  invocado,  así  como  su  quebranto en la sentencia impugnada, todo lo  cual,  como  ha  sido  puntualizado  por  la  Sala  de  tiempo  atrás, debe ser  advertido   de   manera   palmaria   en   la   misma   sustentación.   

Observa  la  Sala  en  este  asunto  que el  máximo  de  la  sanción  privativa  de  la libertad  dispuesta  por  el  legislador para el delito de peculado culposo es inferior al  quantum  señalado  para  acceder  al  recurso de casación por la vía común u  ordinaria,  motivo por el cual le asiste razón a los  recurrentes  al  impugnar  en  casación  por  la  vía  discrecional,  también  denominada excepcional.   

Como   los   demandantes  afirman  que  de  conformidad  con  la  sentencia  de  casación  proferida por esta Sala el 13 de  agosto  de  2003,  por tratarse de un delito de peculado culposo no procedía en  virtud  del  principio  de  favorabilidad  imponer  a los condenados pena alguna  privativa  de  la  libertad,  sino  únicamente la sanción pecuniaria de multa,  pronto  se  advierte  que un tal planteamiento expresa con claridad y precisión  las   razones  por  las  cuales  debe  intervenir  la  Corte,  pues  reclama  la  materialización  del  derecho fundamental a la aplicación de la ley penal más  favorable, presuntamente quebrantado a los procesados.   

Para el cometido anterior, los censores citan  los  artículos  137  del  Decreto  100  de 1980 y 400 de la Ley 599 de 2000 que  estiman   conculcados.   Igualmente  exponen  las  razones  por  las  cuales  es  pertinente  que la jurisprudencia corrija la declaración de justicia impugnada,  en  la medida que no resulta consonante con decisiones antecedentes de esta Sala  y  a  la  postre  podría  eventualmente  comportar la violación del derecho de  favorabilidad de los incriminados.   

Además,  señalan  en  qué  consiste  el  agravio  y  orientan su discurrir a acreditar la referida violación en el fallo  impugnado,  todo  lo cual permite concluir que satisfacen las exigencias legales  para  conseguir  que  la Sala admita discrecionalmente  los  libelos en punto de la protección del derecho fundamental a la aplicación  de  la  ley  penal  más  favorable  de  LUIS  AUGUSTO  GARCIA  PEREA,  DIDIER VALENCIA SANCHEZ y     ANTONIO    FRANCISCO    SANCHEZ  CABRALES.   

          Si  bien  el  defensor  de  DIDIER     VALENCIA    y    ANTONIO    FRANCISCO    SANCHEZ   asevera  adicionalmente  que  es  necesario desarrollar la jurisprudencia “en  lo  referente  a  la  inaplicación del arresto y de la prisión  (…)  de  acuerdo  con  la jurisprudencia del 13 de agosto de 2003, radicación  20.946   Magistrado   Ponente   Doctor   HERMAN   GALAN  CASTELLANOS”,  el  mismo planteamiento del recurrente permite observar que si  sobre  la  temática señalada ya existe un pronunciamiento de esta Sala, carece  de  sentido  afirmar  que  es necesaria otra decisión sobre el mismo tópico en  pro  de  desarrollar la jurisprudencia, todo lo cual conduce a concluir que este  motivo  no  cumple  con  las exigencias para que proceda el recurso de casación  por la vía discrecional.   

          2.        Violación  directa  del  artículo  137  del  Decreto  100  de 1980  (cargo   segundo   de   las   demandas  a  nombre  de  DIDIER   VALENCIA   y   ANTONIO   SANCHEZ   y   cargo   único   de  la  demanda  a  nombre  de  LUIS AUGUSTO GARCIA).   

         

En   cuanto  comporta  la  formulación  y  desarrollo  del  cargo,  encuentra  la  Sala  que  los censores se ajustan a las  exigencias  legales  para  acceder al recurso, pues invocan la causal primera de  casación,  cuerpo  primero,  señalan la incorrección que cuestionan y dirigen  su  esfuerzo  a  acreditar  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial sin  adentrase  en  la  ponderación  de  las pruebas y ocupándose únicamente de la  problemática  jurídica  en  torno  a las disposiciones sustantivas que estiman  quebrantadas,  circunstancias  que  permiten concluir que formalmente la censura  se encuentra planteada de manera adecuada.   

          3.        Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  falso juicio de  existencia  (primer  cargo de las demandas a nombre de  DIDIER    VALENCIA    y  ANTONIO SANCHEZ).   

          Habida   cuenta   que   el   demandante   afirma   que  ad  quem  no tuvo en cuenta los documentos  obrantes  a folios 246 a 258 del cuaderno No 1; 6 y 118 a 128 del cuaderno No. 2  y  30  al  40  y 71 y 72 del cuaderno No. 3, con los cuales se demuestra que sus  representados  no fueron negligentes al recomendar a la compañía ARFIN para la  constitución  de  los  citados  certificados  de  depósito a término o que el  dinero  representado  en  los títulos a término finalmente se canceló, estima  la  Sala  que  una  tal  censura debía proponerla como error de hecho por falso  juicio de existencia.   

En   tal   caso   asistía  al  censor  la  indeclinable  obligación  de  identificar en concreto las pruebas marginadas de  apreciación  judicial,  cuál  es la información que objetivamente brinda cada  una  de  ellas,  qué  mérito  demostrativo  debe  serles  asignado  y cómo su  estimación   conjunta  con  el  resto  de  elementos  que  integran  el  acervo  probatorio  conduce  a trastrocar las conclusiones del fallo censurado, proceder  que no acometió.   

          Las  omisiones destacadas tornan improcedente la admisión del cargo  objeto de estudio.   

En  suma,  la  admisión  de las demandas de  casación   presentadas a nombre de los procesados por la vía discrecional  es  la  decisión  que  corresponde  adoptar  a  la Sala en punto de la eventual  protección  de  su  derecho  fundamental  a la aplicación de la ley penal más  favorable  y,  en consecuencia, debe surtirse el traslado pertinente para que el  Ministerio Público emita su concepto.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         1.                     NEGAR  la solicitud  de  cesación  de  procedimiento  por prescripción de la acción penal derivada  del  delito  de  peculado  culposo  presentada  por  el defensor de DIDIER     VALENCIA    y  ANTONIO FRANCISCO SANCHEZ, de acuerdo  con los argumentos contenidos en esta decisión.   

        2.                     INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  a nombre de ANTONIO  FRANCISCO  SANCHEZ  CABRALES y  DIDIER  VALENCIA  SANCHEZ,  en  cuanto  se  refiere al  segundo cargo planteado.   

        3.                     ADMITIR    las  demandas  de  casación  discrecional interpuestas por  los   defensores   de   ANTONIO   FRANCISCO   SANCHEZ  CABRALES,  DIDIER  VALENCIA  SANCHEZ  y LUIS AUGUSTO GARCIA  PEREA,   en   punto  de  la  protección  del  derecho  fundamental  a  la  aplicación  de la ley penal más  favorable,   según   se   precisó  en  la  anterior  motivación.   

        4.                     SURTIR el traslado  previsto  en  el artículo 213 de la Ley 600 de 2000 al Procurador Delegado para  que rinda el concepto correspondiente.   

Contra  esta  decisión no procede recurso  alguno.   

Cúmplase.  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                               ALFREDO     GÓMEZ  QUINTERO   

ÉDGAR LOMBANA  TRUJILLO                        ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

Salvamento de voto  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES             YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

SALVAMENTO DE VOTO  

(Casación 24.106)  

En otra ocasión, a propósito de un asunto  similar,   escribía   lo  siguiente,  que  ahora  reitero  porque  conserva  su  vigencia.   

He  salvado  el  voto  porque creo que las  disposiciones  del  artículo  531  del nuevo Código de Procedimiento Penal sí  son  aplicables  en  la  etapa  del  juicio y que, por tanto, la Corte ha debido  pronunciarse  de  fondo  sobre  el  tema  de la prescripción. Las razones de la  afirmación son las siguientes:   

1.  En  los  antecedentes  inmediatos  del  último  intento  de  reforma  constitucional  orientado a la incorporación del  “sistema  acusatorio”  a nuestra legislación, que culminó con la adopción  del  acto  legislativo  03  del 2002, texto con base en el cual fue elaborado el  nuevo  código de procedimiento penal, francamente se lee que una de las razones  -tal  vez  la  más  importante- por las cuales era menester cambiar el estatuto  procesal   era   la   demora   y   la   congestión  judicial.  Y expresamente se dijo que ese mal estaba  detectado    tanto    en    la    instrucción    como    en   el   juicio. He aquí algunas de las frases  que  confirman  lo anterior, de cuyo contenido resaltaremos lo más preciso para  efectos de este escrito:   

i)  Es  necesario  modelar el juicio   de   tal   manera   que  sea  efectivamente  oral,  público  y  contradictorio  (Acta  No.  1 de la Comisión  Preparatoria del Sistema Acusatorio).   

ii) Uno de los temas centrales de estudio,  el     primero,    debe    ser    el    relacionado    con    la    congestión,  la  impunidad y los tiempos promedio de duración de  los procesos penales (Acta No. 4).   

iii)   Hay  que  dotar  al  juez  de  los  instrumentos necesarios  para evitar la dilación del proceso (Id).   

iv)  La  reforma  planteada  es  sobre  la  fiscalía       pero      también      recae      en      los      jueces  y, por tanto, estos igualmente  deben ser enfocados (Acta No. 5).   

v)  Se  busca  fortalecer  el sistema  judicial,  que ya hizo crisis  (Acta No. 9).   

vi) La iniciativa de reforma constitucional  tiene     por    misión    modificar    la    estructura    del    esquema  de procesamiento, para adoptar  una  de  clara  tendencia  acusatoria,  “en  donde  el  eje del proceso sea el  juicio  oral, y por esta  vía  se  respeten  de  mejor  manera  los derechos de los ciudadanos durante la  investigación    y    el   juzgamiento”  (Gaceta  del  Congreso  No.  134  de  2002, presentación del  proyecto de acto legislativo y exposición de motivos).   

vii)   “El   gobierno  nacional  está  convencido  de  la  necesidad  de  asumir  el  reto  de reformar la justicia  penal, pues cada día es más  dramática    la    situación    de    la    rama  penal   del   poder   judicial,  toda  vez  que  la  inoperancia  del  sistema  hace  que,  aún  a  pesar  de los múltiples esfuerzos de los funcionarios, las  decisiones son demoradas,  es  decir,  la justicia es  ineficaz” (Id).   

viii)  Por  las deficiencias que genera el  sistema         actual         –inquisitivo,  mixto-  es imprescindible incorporar uno acusatorio.  Mientras  el centro de gravedad del sistema inquisitivo es la investigación, el  del  sistema  acusatorio es el juicio público, oral,  contradictorio y concentrado (Id).   

ix)   Mediante  el  fortalecimiento  del  juicio  público, “eje  central  en  todo  sistema  acusatorio”,  se  podrán  subsanar  varias de las  deficiencias que presenta el sistema actual Id).   

x)  Uno  de  los  temas  fundamentales del  proyecto  de  reforma  constitucional es “el fortalecimiento de un  juicio público, oral, contradictorio  y concentrado” (Id).   

xi)  El  gran  número  de procesos en los  despachos,  “que  generan altos niveles de congestión en el aparato judicial,  tiene  como  consecuencia el atraso en las decisiones  judiciales      que      deben      ponerle  fin  a los procesos penales”  (Id).   

xii)  Una investigación ha demostrado que  la  parte  procesal donde se presenta la mayor demora “es durante la etapa del  juicio”  (Id).   

xiii)  El  derecho  del  procesado  a  un  juicio  sin  dilaciones  injustificadas es una garantía (Id).   

xiv)  El  gran  número de procesos en los  juzgados  genera  altos  niveles  de  congestión  en  el  aparato  judicial,  “lo  cual  posterga casi  indefinidamente          la         elaboración         de         sentencias   que  pongan  fin  a  los  procesos  penales”  (Gaceta del Congreso No. 148 de 2002, ponencia para primer  debate en la Cámara de Representantes).   

xv)  Es  necesario modificar el sistema de  procesamiento   “debido   a   las  deficiencias  que  genera  el  sistema actual” (Id).   

xvi)   El  proyecto  propone  el  ajuste  del  juzgamiento penal a  los  cánones  internacionales  de derechos humanos (ponencia para primer debate  en segunda vuelta, Cámara de Representantes).   

En los antecedentes inmediatos del Código  de  Procedimiento  Penal se siguió la misma línea. Por ejemplo, se dijo que el  colapso  de  la  justicia  era     grande,     pues    la    demora    para    tomar    una    decisión    en   los   procesos  podía  ser  de  5 y 6 años  (Gaceta  del  Congreso  No.  44  del  2004,  acta  No.  20);  que  era necesario  descongestionar   la  Sala    Penal    de    la    Corte    Suprema   de  Justicia (G. C. No. 46 del 2004, acta No. 27); y que  el   Gobierno  reconocía  que  la  depuración  de  procesos  era importante  para  que el nuevo sistema  fuera  operante  (G. C. No. 400. Objeciones del gobierno al proyecto de Código,  relacionadas con el artículo 531).   

Como se detecta con facilidad, en el querer  del  reformador  de  la  Constitución  y  del  creador  del  nuevo  Código  de  Procedimiento  Penal  existía  una  idea  clara:  es  necesario  crear un nuevo  sistema,  porque  el actual no funciona, ni en la etapa de la investigación, ni  en     la     etapa     del     juicio.   

Coinciden en su finalidad, pues, legislador  constituyente  y  legislador común. Y si no coincidieran, sin duda primaría el  querer de aquel.   

La Sala mayoritaria cita unos antecedentes,  pero  tal  como  se percibe en las actas correspondientes, es nítido que cuando  se  hablaba  de  ejecutoria  de  la resolución de acusación o del cierre de la  investigación  se  estaba  pensando  en los límites  para   el  decreto  de  prescripción,  dentro  de  la  instrucción.  Y el hecho de que se hayan fijado fronteras a esa declaratoria,  repítese,  dentro  de  la  investigación, no significa que se hubieran cerrado  las    puertas    para    hacerlo    en   sede   de  juicio.   

Para contrarrestar ese argumento basta leer  en  detalle  aquello  que  se dijo, así como tener en cuenta que el 31 de marzo  del  2004,  para  responder  a  inquietudes  que tenían unos congresistas sobre  posibles  impedimentos,  el Fiscal General fue claro al referirse a los procesos  de    depuración    mediante    prescripción   dentro   de   la   causa,  en  el  juicio. Así se observa  en  la  Gaceta  del  Congreso  No. 209, del miércoles 19 de mayo del 2004, Acta  094,   correspondiente   a   la   sesión   plena   ordinaria   del  31  de  marzo.   

El  Código  Civil,  entonces, mantiene la  vigencia  de su artículo 27: cuando el sentido de la ley es claro, se impone su  tenor  literal  sobre  su  espíritu.  Pero  si no lo es, porque lo acompaña la  oscuridad,   se  puede  recurrir  a  la  intención o espíritu del legislador, sin duda manifestados en  ella misma o en la historia fidedigna de su establecimiento.   

Como la Sala da a entender que ciertamente  el  artículo  531  no  es  claro,  bien  recibida  es la norma civil acabada de  mencionar.   

En  síntesis,  la  historia de la reforma  procesal,  incluido  el  cambio del soporte constitucional, indica a todas luces  que  como  el  sistema  procesal anterior no funcionaba, era menester cambiarlo,  particularmente   para   descongestionar   tanto   la   investigación  como  el  juicio.   

2.  El  Libro  VII  del  nuevo  Código de  Procedimiento  Penal  ha sido bautizado como “Régimen de implementación” y  ha  sido  conformado  con  tres capítulos: disposiciones generales, régimen de  transición  y  disposiciones finales. El primero de ellos fija los “criterios  de       implementación”      –artículo  529-,  dentro  de  los  cuales  se  encuentran tener en  cuenta   el  número  de  despachos  y  procesos  en  la fiscalía y en los  juzgados  penales,  así  como   la   proyección  del  número  de  salas  de  audiencia requeridas.   

El segundo, en su artículo 531, explica en  cinco  incisos  el  proceso  de  descongestión,  depuración  y liquidación de  procesos.   

El     inciso    1º    generaliza    los    términos    de  prescripción     y     caducidad,    sin    hacer  distinción     alguna     entre     sumario    y  juicio.   

El 2º se ocupa de la prescripción en las  investigaciones          previas.   

El  3º  se  detiene  en  la prescripción  durante       la      investigación,    la    limita    al    cierre    de    ésta    y    establece  excepciones.   

El    4º    vuelve   a   generalizar  para  exigir a fiscales y  jueces,   frente   al  contenido  de  los  incisos  anteriores,  es decir, 1º, 2º y 3º, la inmediata  adopción   de   medidas   tendientes   a   la   depuración,  descongestión  y  liquidación.   

Y   el  5º  afirma  que  los  términos  contemplados  en  las  reglas  anteriores  se  aplican en todos los distritos judiciales.   

El   artículo  532,  dentro  del  mismo  capítulo,  apunta  a  los  ajustes  de  planta de personal en varias entidades,  entre    ellas    la    fiscalía    y    la   Rama  Judicial.   

Si  todavía  rige  el  inciso  1º  del  artículo  30 del Código Civil, de acuerdo con el cual “El contexto de la ley  servirá  para ilustrar el sentido de cada una de sus partes, de manera que haya  entre  todas ellas la debida correspondencia y armonía”, no se entiende cómo  pueda  ser posible desmembrar la norma para reducir su alcance. En efecto, si se  dispone  tomar  medidas  sobre  despachos  y procesos en materia de juzgados;  proyectar  el  número  de  recintos  para  audiencia;  ajustar   la   planta   de   personal   de  la  Rama  Judicial y referir los términos del artículo 531 a  los  distritos judiciales,  no  es  concebible la hipótesis de desmontar toda esa estructura constitucional  y   legal   para   decir   tácitamente   que   las   alusiones  a  juzgados,      a      procesos,      a      salas   de   audiencia   y  a  distritos  judiciales,  es inane,  írrita   e   inútil  porque  la  depuración  sólo  se  refiere  a investigaciones, con exclusión de juicios.   

La  Sala, así, cercena la ley y en vez de  cumplir         con         el         Código        Civil,        descontextualiza   el   Código   de  Procedimiento Penal.   

         

3.  El  artículo  531  del  Código  de  Procedimiento  Penal  tiene por nombre “Proceso de descongestión, depuración  y  liquidación  de  procesos”.  Ese  nombre,  desde luego, no forma parte del  contenido  esencial  de  la  disposición. Pero es sumamente importante, pues el  rótulo  o  rúbrica  se  erige  como  guía, como  faro,  como  punto  de  partida  de   interpretación  de la misma. Y si se  refiere   a   descongestión,   depuración   y   liquidación  de  procesos,      y      proceso  incluye  también  la fase de  juicio,  no  hay  duda  alguna    en    cuanto    el   artículo   también   apunta   al   juicio.  Por esta vía, es notorio que  a  la  norma  o  enunciado  se  le  puede atribuir el significado que sugiere su  título.           

4.  Con el Diccionario de la Real Academia  de    la    Lengua    en    la    mano,    se    concluye    que    descongestionar  es disminuir o quitar  la  congestión;  depurar  es  limpiar,  purificar,  eliminar  lo disidente, quitar a una cosa lo que le es  extraño,  dejándola  en el ser y perfección que debe tener según su calidad;  y  liquidar  es hacer el  ajuste  formal  de  una  cuenta,     saldar,  pagar  enteramente  una  cuenta,  poner término a  una  cosa  o a un estado de cosas, romper o dar por terminadas las relaciones personas.   

El  significado de esas palabras no merece  ningún  comentario.  Ellas  mismas lo hacen cristalino. Pero hay algo aún más  evidente:  como  para que no quedaran dudas, el legislador fue al extremo: no se  trata  sólo  de  reducir,  de  sacar  una  parte  extraña  (descongestionar  y  depurar);  se  trata,  sí,  de terminar, de acabar, de suprimir, de extirpar el  mal  (liquidar).  Y  el  legislador no puede ser entendido tan ingenuo como para  creer  que  pensaba  en erradicar el mal en su totalidad pero dejar por fuera el  juicio,  menos  si  se  recuerda que en los antecedentes quedó claro que en tal  parte    del    proceso    se    hallaba   lo   más   difícil   en   tema   de  congestión.   

Este ejercicio no es gratuito. No se trata  de  leer  por  leer  Diccionarios.  Se  trata  de  cumplir los mandatos legales,  específicamente,  en este caso, el artículo 28 del Código Civil, pues como el  Código  de  Procedimiento  Penal  no  define  descongestión,  depuración,  ni  liquidación,  estas  palabras  deben  ser  entendidas  en  su sentido natural y  obvio,  según  el  uso  general de ellas. Y el Diccionario es quien seguramente  mejor aporta  ese uso.   

5.     De     los     antecedentes  de  las reformas resulta  que   la   congestión  judicial  se  halla  más  marcada  en  el  juicio.  Eso se dijo por los creadores  de  los proyectos y se reiteró en el Congreso de la República. Si se admitiera  que  la  ley  previó  la  descongestión,  la  depuración y la liquidación de  procesos   en  la  instrucción,  dada  la  congestión  de  la  fiscalía,  con  mayor  razón habría que  admitirlas  en  el juicio.  Es   lo   que   denominan   argumento   a  fortiori  (ratione),  de  acuerdo con el cual un precepto debe  ser  aplicado  aún en los casos que no aparecen contemplados por el legislador,  cuando  existen  para ello razones más poderosas que las que han determinado su  establecimiento en un caso especial.   

Si  fuera cierta la claridad del artículo  531  para  arribar  a la conclusión de que toca solamente a la instrucción, se  impondría, entonces, el argumento mencionado.   

6.  Como  se sabe, en el juego de reglas y  excepciones,          éstas          deben          estar          expresamente  establecidas,  como  lo  hace,  por  ejemplo,  el  inciso  3º  del  artículo  531,  al  sustraer  de la  posibilidad  de  prescripción  y  caducidad  las  investigaciones clausuradas y  determinados  delitos.  Sin  embargo,  la  norma  no  establece una regla, vgr.,  prescripción  y  caducidad,  y  a renglón seguido exceptúa el juicio. Todo lo  contrario:  fija una regla, prescripción y caducidad, que comprende diligencias  preliminares,  instrucción  y  juicio.  Fácil le habría quedado al legislador  sustraer,  por  excepción,  los  casos  ya  en  estado  de  juicio.  Pero no lo  hizo.   

7.  Aprobado  el  Código de Procedimiento  Penal,  el  penúltimo  inciso  del  artículo 531 aludía a los casos previstos  “en  el  inciso  anterior”. El propio legislador corrigió el yerro mediante  el  Decreto  2770 del 2004, que en su considerando número 30 dijo: “Que en el  inciso  4º  del  artículo  531  de  la  Ley  906 de 2004 se incurrió en error  tipográfico  al  referir en singular la expresión “en el inciso anterior”,  cuando  lo  correcto  es  “en los incisos anteriores” porque al señalar una  función    a    fiscales    y   jueces,  necesariamente  remite  a  los incisos anteriores”. Y ello es  lógico,  pues  si el inciso 4º mirara exclusivamente el anterior, la remisión  sería  solamente  a  las  hipótesis de instrucción, con lo cual quedaría por  fuera  la  fase  de juicio. Al enmendar y dejar el reenvío en plural, el inciso  4º  comprende  también  el  inciso  1º  y  éste, como se dijo,  incluye  procesos  en  instrucción  y  en  juicio,  sencillamente  porque si el legislador no distingue, tampoco lo  puede hacer el intérprete.   

8.   Si   el   artículo   531  generara  incertidumbres,  bastaría  acudir  al  principio  in  dubio  pro reo interpretativo, de acuerdo con el cual  ante   la  perplejidad  hermenéutica  prima  la  interpretación  a  favor  del  procesado.   

9.  Para  culminar,  si  hubiera  dudas,  vuélvase  al Código Civil, a su artículo 32: “En los casos a que no pudiera  aplicarse  las  reglas  de  interpretación  anteriores,  se  interpretarán los  pasajes  oscuros  o  contradictorios  del  modo  que  más  conforme  parezca al  espíritu  general  de  la  legislación  y  a  la  equidad natural”.   

Uno de los comisionados más asiduos de los  estudios  modificatorios  del  sistema  procesal,  y  desde  hace  tiempos, dijo  –con palabras que no ha  objetado  ninguno  de los creadores de la nueva legislación- que se buscaba que  la   reforma   iniciara  su  aplicación  con  carga  procesal  cero, es decir, con fiscales y jueces   que   se   estrenan   en  la  investigación  y  conocimiento  de hechos delictivos sucedidos a partir del 1º  de  enero de 2005 (Mauricio González Cuervo. Sistema  penal  acusatorio:  una  política criminal para la lucha contra la impunidad en  un  marco  reforzado de derechos. En “Nuevo Código  de  Procedimiento Penal. Ley 906 de 2004”. Bogotá, Corporación Excelencia en  la Justicia, Tomo IV, 2004, página 35).   

Si    ese    fue    el    espíritu    del    legislador,   la  conclusión  es elemental: toda la justicia, en investigación o en juicio, debe  acudir   a  la  prescripción.  Aparte  de  lo  anterior,  no  tendría  sentido  descongestionar una parte y dejar atiborrada otra.   

Y si la equidad  natural  es aquella que esencialmente se funda en la  igualdad, no se ve motivo  para  decir  que  los  “investigados”  pueden  ser objeto de prescripción y  caducidad  y  que los “enjuiciados” no. Y menos si se tiene en cuenta que el  procesado  no  es  responsable  de hallarse en instrucción o en juicio pues que  esté  en  una  u  otra  fase  del  proceso  depende,  entre otras cosas, de las  posibilidades  de  trabajo  y  de la mayor o menor agilidad de fiscales y jueces  para  el  día  1º de septiembre del 2004. No se puede decir, entonces, que una  decisión      cronológica      –momento   de  la  vigencia  de  la  nueva  ley-  haya  establecido  diferencias  entre  unos  y  otros para beneficiar a los primeros y perjudicar a  los  otros. Mejor dicho, en casos como este no es viable afirmar que no se viola  la  igualdad  porque  esta  se predica sólo de personas en la misma situación,  mientras la ley diversifica: sindicados y juzgados.   

         

Álvaro Orlando Pérez Pinzón  

31. 3. 2006.  

    

1  Providencias  de  8  de  septiembre  de 2004. Rad. 22545. M.P. Dr. Mauro Solarte  Portilla.  29  de  septiembre  de  2004.  Rad.  22676.  M.P.  Dr.  Herman Galán  Castellanos  y  27  de  octubre  de  2004.  Rad  21090.  M.P. Dr. Alfredo Gómez  Quintero.     

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