24087(14-11-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24087  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº 224  

Bogotá D.C., catorce (14) de noviembre de dos  mil siete (2007).   

V   I   S   T   O   S   

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de  casación  interpuesto  por  el  defensor  de OSCAR  AFRANIO  GARCÍA FLÓREZ contra la sentencia de segunda  instancia  proferida  por el Tribunal Superior de Pasto, el  11 de marzo de  2005,  mediante  la  cual  confirmó la dictada por el Juzgado Primero Penal del  Circuito  de  Pasto,  el  25  de  noviembre  de  2004, y lo condenó a las penas  principales  de  6  años  y  2  meses  de  prisión y multa equivalente a 3.000  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  y  a  la sanción accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  de la sanción privativa de la libertad, como autor de la conducta  punible   de   tráfico   de   sustancias  para  procesamiento  de  narcóticos.   

H E C H O S  

El   juzgador   de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“El  19 de junio del 2003, 400 metros antes  de  llegar  al  reten  militar  ubicado  en  el kilómetro 56 en la vía que del  municipio  de Tumaco (Nariño) conduce a la ciudad de Pasto, se inspeccionó una  camioneta  Toyota  Hilux  con  placas  GDY 365 de Ecuador, que conducía el  señor  OSCAR  AFRANIO  GARCÍA FLÓREZ; en su interior se encontraron 22 bultos  (550  kilos)  de  carbonato  de  sodio,  sin ningún documento que autorizara su  movilización; hecho por el cual fue aprehendido”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  los  anteriores hechos, la Fiscalía  Novena  Delegada ante los Juzgados Penales del Circuito Especializados de Pasto,  el  24  de  febrero  de  2004,  acusó  a  Oscar  Afranio García Flórez por la  conducta  punible  de   tráfico  de sustancias para  procesamiento de  narcóticos.   

2.  El Juzgado Primero Penal del Circuito  de  Pasto,  el 25 de noviembre de 2004, dictó sentencia de primera instancia en  la  que  condenó  al  citado  procesado  a las penas principales de 6 años y 2  meses  de  prisión  y  multa equivalente a 3.000 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  y  a  la  sanción  accesoria  de  inhabilitación  para el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el mismo lapso de la sanción  privativa  de  la libertad, como autor del delito de tráfico de sustancias para  procesamiento de narcóticos.   

3.  Apelado el fallo por el defensor del  acusado,  el  Tribunal  Superior de Pasto, el 11 de marzo de 2005, al desatar el  recurso, lo confirmó.   

Contra  la anterior decisión, el defensor de  Oscar Afranio García Flórez interpuso recurso de casación.   

L  A      D  E  M  A N D  A   D E   C A S A C I Ó N   

La  defensa técnica del procesado, con base  en  las  causales  tercera y primera de casación, presenta dos cargos contra la  sentencia, cuyos argumentos se sintetizan de la siguiente manera:   

Primer cargo  

El  citado  defensor,  basado  en  la causal  tercera   de   casación,   acusa   al   Tribunal   de   haber   “dictado sentencia en un proceso viciado de nulidad”.   

Como         “graves”     irregularidades    que  afectan    el   debido   proceso   y   el   derecho  de  defensa  cita  las  siguientes:   

a) Aduce que el Fiscal de conocimiento   indagó  al acusado pero no firmó la diligencia, en la medida en que en el acta  aparece  la  firma  de un extraño, motivo por el cual considera que la misma es  ineficaz  y  violatoria  del  debido  proceso,  habida  cuenta  que  con ella se  vinculó formalmente a García Flórez a la investigación.   

b)  Afirma que se omitió por parte de  la  fiscalía  y  del  juzgado  correr  traslado  del  informe  con  el  cual se  “captura,   se    detiene,   se   acusa  y  se  condena”   a  su  defendido,  vulnerándose los  artículos 262 y 265 del Código de Procedimiento Penal.   

c)  Sostiene  que se practicó diligencia de  inspección  judicial  en  la que se determinó, entre otras cosas, la sustancia  incautada,  su  peso,  etc.,  sin la presencia de su defendido, el defensor o el  representante  del  Ministerio  Público,  desconociéndose  lo  reglado  por el  inciso  2º  de los artículos 245, 246 y  254 del Código de Procedimiento  Penal y el artículo 79 de la Ley 30 de 1986.   

Dice  que  si  la  prueba  viola  derechos  fundamentales   o  si  no se practicó con los presupuestos exigidos por la  ley,          necesariamente          tiene          que         “descartarse”    y   no   someterse   a  valoración del juzgador.   

Comenta  que  el  Tribunal  permitió con su  fallo  la  violación  flagrante  del  debido  proceso y del derecho de defensa,  pasando  por  alto  las normas procedimentales, además vulnerando los numerales  2°  y  3°   del  artículo  306 del Código de Procedimiento Penal,   dado  que con esas pruebas viciadas fue que se detuvo, se acusó y se condenó a  García Flórez.   

Anota  que  la  sentencia  de  segundo grado  omitió  pronunciarse  sobre   el  por  qué “el  Juez  de  Primera  Instancia  corre  los  traslados  después  de  realizada  la  Audiencia  Pública”,  vulnerando con ello el debido  proceso.   

Reconoce  que  si  el  trámite  se  hubiera  desarrollado   dentro  del  marco  legalmente  establecido,  se  habría  podido  verificar   de   manera   fehaciente  “el  grado  de  participación” de su defendido.   

Aduce  que para que la  inspección  judicial  fuera  lícita  debía  cumplir  con  los requisitos legales  que  regulan  su  incorporación al proceso, respetando la libertad y los derechos de  los intervinientes.    

En consecuencia, solicita a la Corte casar la  sentencia  impugnada  y,  en  su  lugar, declarar “la  nulidad  de  lo  actuado,  desde  la  diligencia  de  indagatoria”.   

Segundo cargo   

El  defensor, basado en la causal primera de  casación,  acusa al Tribunal de  haber violado, de manera  indirecta,  una norma de derecho sustancial por error de derecho.   

Manifiesta  que  el  Tribunal   aceptó  pruebas   “que  penetraron  al  proceso”  sin  el  lleno  de  las  exigencias  legales.  Por  manera  que  considera  que  los  informes presentados en contra del procesado vulneraron los  artículos  29 y 85 de la Constitución Política, 262, 264 y 265 del Código de  Procedimiento Penal.   

Con  respecto a la inspección judicial cita  los   artículos   147,  inciso  2º,   249,  254  y  255  del  Código  de  Procedimiento Penal y el 79 de la Ley 30 de 1986.   

Reitera,   como  lo  hizo  en el primer  cargo,  que  la firma del Fiscal 29 Seccional de Tumaco no corresponde  con  la  del  funcionario que intervino en la diligencia de indagatoria, yerro que, a  su  juicio,  con  sólo  comparar la rúbrica conllevaría a la inexistencia del  trámite  “por  falta de firma del llamado a recibir  la INDAGATORIA”.    

Por  lo  anterior,  afirma  que si no existe  indagatoria  válida  no  hay  vinculación  formal  a  la  investigación  o al  proceso,  de  tal  manera  que su defendido no estaría vinculado al trámite y,  por ende, no se le podría condenar.   

Recalca  que  la  inspección  judicial  se  realizó  sin  los  requisitos que condicionan su validez, tal como lo ha venido  aseverando a lo largo de la demanda.   

Aduce nuevamente que a Oscar Afranio García  Flórez  ni  a su defensor ni al agente del Ministerio Público se les permitió  intervenir  en  la  práctica  de dicha diligencia, en la cual se determinó: la  sustancia  incautada  y  el  peso  de  la misma. Frente a este punto señala que  tampoco   “existió pesaje real y se calculó al  ojo   el  peso  de  los  supuestos  bultos  de  CARBONATO  DE  SODIO”, lo cual le permite concluir que existe duda.   

Considera  que  la  actividad  probatoria se  encontraba   viciada   de   nulidad  y,  sin  embargo,  fueron  apreciados  como  “prueba plena”  para  condenar a su defendido.   

Añade  que  el informe  rendido por el  “Militar”  Rubén Ibarra  respecto  de  la  captura  de  García  Flórez no  le fue dado a conocer a  éste  con  el  fin  de  que  lo  admitiera  o  lo rechazara, motivo por el cual  concluye     que     el     “documento    es   inauténtico”,  al  punto que no alcanza el concepto  de prueba sumaria.   

Sostiene    que    “la  sentencia  demandada en Casación, aceptó que NO SE HICIERON LOS  TRASLADOS  de  rigor,”  al igual que “acepta  silenciosamente  la  ilegalidad  DEL  INFORME rendido por el  Militar RUBEN IBARRA”.   

En consecuencia, solicita a la Corte casar la  sentencia   impugnada   y,   en   su   lugar,   dictar   la   que   en   derecho  corresponda.   CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1. A partir de que el recurso de casación es  de  naturaleza  rogada,  corresponde  al  censor  que  indique  el  error en que  incurrió  el  sentenciador al momento de elaborar la sentencia, es decir, si es  de  derecho o de actividad. Así mismo, dentro de los presupuestos formales como  sustento  de  la  lógica  y  la  debida  fundamentación  que  debe contener el  reproche  elevado  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia, también   constituye  una  carga  para el libelista que encaje el error invocado dentro de  cualquiera  de  las  precisas  causales  contempladas  por  el  legislador  para  recurrir en esta sede.   

De la misma manera, no basta con denunciar la  existencia  del  vicio  que  se  invoca  sino que el casacionista debe demostrar  cómo  el  mismo  tiene  la trascendencia suficiente para romper la sentencia de  segunda  instancia  y,  por  lo  mismo, que la Corte intervenga como Tribunal de  Casación  en  procura  de reparar, entre otros fines, los agravios sufridos por  los intervinientes en el proceso objeto de censura.   

En  virtud  del principio de limitación, que  también  rige   la  casación,  la  Corte  no  puede entrar a enmendar los  errores  en  la  confección  de  la demanda, pues tal situación equivaldría a  suplantar al libelista.   

2.  La Sala observa que los cargos formulados  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  carecen  de  la debida claridad y  precisión   requerida  para  su  admisibilidad,  por  las  siguientes  razones:   

En  lo  que  atañe al primer cargo formulado  bajo  los lineamientos de la causal tercera de casación, en tanto que, a juicio  del   censor,   se   dictó   sentencia   en   juicio  viciado  de  nulidad  por  irregularidades  que afectaron el debido proceso y el derecho defensa, considera  la  Sala  que  lo dejó en el simple enunciado, en la medida en que no demostró  la  trascendencia del vicio y, en otros eventos, equivocó la vía para demandar  el yerro.   

Respecto  de  que  el  fiscal que recibió la  diligencia  de indagatoria al acusado no estampó su firma sino que lo hizo otra  persona,  para lo cual, en su criterio, basta confrontar dos folios del proceso,  constituye   una   afirmación  insular  del  libelista  carente  de  la  debida  demostración,   habida   cuenta   que  no  evidenció  cómo  efectivamente  el  funcionario  que  interrogó  no  fue  la  misma persona que aparece dando fe de  dicho  acto  a  través  de  la  firma  y  que, por tal circunstancia, se impone  predicar   que   García  Flórez  no  se  encuentra  debidamente  vinculado  al  proceso.    

De la misma manera, tampoco demostró cómo el  informe   con  el  cual se “captura, se detiene,  se  acusa  y  se  condena” a su defendido debía ser  objeto  de traslado a las partes con el fin de ejercer el contradictorio, habida  cuenta  que era un requisito condicionante de su validez y cuya omisión conduce  necesariamente  a  predicar  la  violación  de  las  garantías de los derechos  fundamentales en precedencia citados.   

En  este  punto  es  bueno recalcar que si el  vicio  radica  en  que el medio de prueba no cumplió con los ritos establecidos  en  la  ley  para su eficacia respecto de su producción y aducción, atendiendo  al  sistema  de  enjuiciamiento reglado en la Ley 600 de 2000, claro resulta que  el   censor   equivocó   la   vía   para  demandar  el  yerro,  pues  tal  irregularidad  ha  debido  postularla  por  el  sendero  de la causal primera de  casación  a  través  de  los lineamientos de la violación indirecta de la ley  sustancial  por  error de derecho por falso juicio de legalidad, en la medida en  que  se  desconocieron  las normas que regulan  los anteriores pasos dentro  de la actividad probatoria.   

Así mismo,  respecto a que la diligencia  de  inspección  judicial  en  la  que  se  pesó  y  se determinó la sustancia  incautada   se   hizo   sin  la  presencia  del  procesado,  su  defensor  y  el  representante  del  Ministerio Público, también ha debido de postularlo por la  vía  de  la  causal  primera  de casación, pues, se repite, cuando se pretende  demandar  en  esta  sede  que  el medio de convicción no cumplió con los ritos  señalados  en  la  ley  para su eficacia jurídica, su escenario natural es por  este  motivo  y no por la de nulidad, en la medida en que no constituye un error  de actividad sino de derecho.   

Ahora  bien,  la Corte advierte que el censor  también  se  aparta  del enunciado para fundar el reparo contra la sentencia de  segunda  instancia  cuando  critica  que  el  juzgador valoró algunos medios de  prueba  que no cumplían con los requisitos que condicionan su validez, y que de  la  actividad  probatoria  desplegada  en  el  juicio  no se pudo establecer, de  manera  fehaciente, el grado de participación del acusado, habida cuenta que la  disparidad  de  criterios  en  torno  al  mérito dado a los elementos de prueba  recogidos  en  el  proceso  no constituye yerro demandable en casación, a menos  que  se  advierta   que  para  el  acto de la valoración se vulneraron los  postulados  de  la  ciencia, los principios de la lógica y/o las máximas de la  experiencia, evento que aquí no ocurrió.   

Finalmente, en lo que atañe al segundo cargo  que  el  casacionista  fundamenta  por  los  senderos  de  la  causal primera de  casación  por  error  de  derecho,  también  se advierte que mezcla, de manera  antitécnica, errores in uidicando con los in procedendo.   

En  efecto,  si persiste que la diligencia de  indagatoria  no  se  realizó  con los requisitos que condicionan su validez, en  tanto   que    no   fue   firmada   por  el  funcionario  que  realizó  el  interrogatorio   y  que,  por  tal  motivo,  el  acusado  no  se  encuentra  legalmente  vinculado  al  proceso, debió ser objeto de denuncia por vía de la  causal  tercera de casación, toda vez que no vincular formalmente a una persona  al  tramite  judicial  se  erige  en una trasgresión del debido proceso, habida  cuenta  que  constituye  un presupuesto para posteriormente calificar el mérito  del sumario y, por supuesto, para dictar el correspondiente fallo.   

Si  se  pudiera  pensar  que  el casacionista  cumplió  con dicha carga en el anterior reproche, de todos modos, como  se  advirtió,  lo  dejó  a  mitad  de  camino,  por  cuanto  que  no demostró que  efectivamente  la  situación  planteada  ocurrió  y  cómo la misma afectó el  debido proceso y el derecho de defensa.     

De  otro  lado,  respecto  de  la  diligencia  de   inspección  judicial que se realizó sobre la sustancia incautada, en  el  sentido  que  no  cumplía  con los requisitos legales, debió, entonces, el  censor  enseñar  que  para  la  validez  del  medio de prueba necesariamente se  requería  que  participara  el  acusado,  su  defensor   y  el  agente del  Ministerio  Público.  Así  mismo,  como  se dijo en la anterior censura, de la  misma  manera  correspondía  al  casacionista  ilustrar a la Corte cómo la ley  procesal  regula  que  el  informe  a que se hace referencia debía conocerlo el  procesado  con  el  fin  de  que  lo  admitiera  o  lo  rechazara y que, en caso  contrario,  el instrumento carecería de la debida autenticidad, al punto que no  alcanzaría    a    ser    ni    siquiera   “prueba  sumaria”.    

Dicho  de  otra  forma,  en  los  dos  cargos  formulados  contra  la  sentencia  se  advierte  que  el  censor  desconoce  los  lineamientos  para demandar los errores de derecho y de actividad de acuerdo con  las  estrictas  causales establecidas por el legislador para tal cometido y, por  lo   mismo,   demostrar   su   trascendencia   frente  a  las  conclusiones  del  fallo.   

En  esas  condiciones,  ninguno de los cargos  postulados  por  el  casacionista  tienen  la  claridad  y  precisión  para ser  admitidos.    

Finalmente,  se  advierte que del estudio del  proceso  no  se  vislumbra  violación  de  derechos  fundamentales o garantías  de   OSCAR   AFRANIO   GARCÍA   FLÓREZ,   que  determine  el  ejercicio  de  la  facultad oficiosa de  índole  legal  que  al  respecto  le  asiste  a la Sala en punto de asegurar su  salvaguarda.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a nombre del   procesado,      OSCAR      AFRANIO      GARCÍA  FLÓREZ,  por lo anotado en  la     motivación    de    este    proveído.    En    consecuencia,  se  DECLARA  DESIERTO el recurso.     

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Comuníquese       y              cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Comisión de servicio  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                            JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER  ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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