23590(15-08-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  23590   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.146  

Bogotá  D.C.,  quince (15) de agosto de dos  mil siete (2007).   

VISTOS  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  los   fundamentos   lógicos  y  de  debida  argumentación  de  la  demanda  de  casación   presentada  por  el  defensor  del  procesado  JOSÉ DEL CARMEN  BARRERO  FERNÁNDEZ,  contra  el fallo de segundo grado de 21 de octubre de 2004  emitido  por  el Tribunal Superior de Cundinamarca mediante el cual confirmó el  proferido  por  el  Juzgado  Penal  del Circuito de Chocontá del mismo Distrito  Judicial,  por  cuyo  medio  lo condenó como autor del delito de contaminación  ambiental.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Ante  la remisión hecha por la Corporación  Autónoma  Regional de Cundinamarca de las actas de visitas practicadas el 30 de  abril  y  22  de  septiembre  de 1999 a la industria de tratamiento del cuero de  propiedad  de  JOSÉ  DEL  CARMÉN  BARRERO  FERNÁNDEZ,  ubicada  en  la  finca  “El     Triunfo”   de  la  vereda  Quincha  del  municipio  de  Villapinzón,  en  las que se determinó que además de no contar  con  permiso ambiental, tenía un manejo inadecuado de los residuos sólidos con  impacto  negativo  en  el  recurso del suelo, en el agua con su descarga al río  Bogotá,  en  el  aire  y en la salud humana, la Fiscalía General de la Nación  abrió investigación penal y lo vinculó mediante indagatoria.   

Al no ser necesario  resolver  su  situación  jurídica  conforme  con  la  nueva  normatividad   procesal,   al   momento   de  calificar  el  mérito del  sumario  mediante proveído de 9 de diciembre de 2002  lo      acusó      por     el     delito    de  contaminación  ambiental,  previsto   en  el  artículo  247  del  Decreto-Ley  100  de  1980  (modificado    por    el    artículo   24   de   la   Ley 491 de 1999).   

Por la falta de sustentación, el   22   de  enero  de  2003,  se  declaró  desierto  el  recuso de  apelación  interpuesto  por  el   defensor  contra  la  calificación  sumarial y la  etapa   del   juicio   la   adelantó   el   Juzgado   Penal   del  Circuito  de  Chocontá,  despacho  que  tras  llevar a cabo el acto  público  de  juzgamiento,  por  medio de fallo de 6 de julio de 2004 condenó a  JOSÉ  DEL  CARMEN  BARRERO  FERNÁNDEZ  como  autor  penalmente responsable del  delito  de  contaminación  ambiental. Para efectos de la dosificación punitiva  acogió  por  favorabilidad  la pena de prisión prevista en el anterior Código  Penal   (con  la  modificación  de  la  Ley  491  de  1999)  y la de multa del nuevo ordenamiento sustantivo  (Ley   599   de  2000),  en  consecuencia,  le  impuso  veinticuatro  (24)  meses  de  prisión  y cien (100)  salarios  mínimos  legales  mensuales de multa, así como la sanción accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el  mismo término de la pena privativa de la libertad.   

Impugnado  el  fallo  por  el  defensor,  el  Tribunal  Superior  de Cundinamarca, mediante proveído de 21 de octubre de 2004  lo  confirmó  en  su  integridad, por lo que insiste el mismo sujeto procesal a  través    del    recurso    extraordinario    de    casación   por   la   vía  excepcional.   

LA  DEMANDA   

El  defensor dice justificar el recurso  por  la  necesidad  de  unificar  la  jurisprudencia ante la variedad de fallos,  condenatorios  unos  y  absolutorios  otros  en  casos  similares, especialmente  frente  al pronunciamiento del Tribunal Administrativo de Cundinamarca del 25 de  agosto   de   2004   que,  al  resolver  varias  acciones  populares,  exime  de  responsabilidad  a  los  curtidores  y  la  traslada  a  las entidades estatales  encargadas de regular y vigilar tal actividad.   

Para  el censor, del fallo administrativo se  infiere   que  los  curtidores  han  actuado  bajo  la  causal  de  ausencia  de  responsabilidad   de   que   trata   el   numeral  10°  del  artículo  32  del  “Estatuto     Instrumental     Penal”,   pues  tal  sentencia  les  permite  continuar  ejerciendo  la  actividad  industrial  al otorgarles el término de un año para su reubicación  y  ajuste  a  las  exigencias  normativas,  siempre  que las entidades estatales  cumplan  con  sus  obligaciones,  en  cambio,  las  sentencias  penales  los han  condenado  no  sólo  al imponerles penas de prisión y multa, sino al privarlos  del  ejercicio de la actividad industrial con lo cual se les viola el derecho al  trabajo y se los conduce a ejercer la mendicidad.   

También  solicita  la  intervención  de la  Corte  para  la  unificación  jurisprudencial  en relación con el principio de  favorabilidad,  ya  que en algunas ocasiones se ha aplicado el artículo 247 del  Decreto-Ley  100  de  1980  o cuando se considera que la conducta persiste se ha  tomado  la  Ley  491  de  1999,  la  cual resulta más benigna que la Ley 599 de  2000.   

En este orden, formula un cargo al amparo de  la  causal  primera   de  casación,  por  violación  indirecta  de la ley  sustancial,  ante la aplicación indebida de la Ley 491 de 1999 que modificó el  artículo 247 del Código Penal de 1980.   

Señala que el Tribunal incurrió en errores  probatorios  al  otorgar  validez  a  pruebas  allegadas  sin  el  lleno  de los  requisitos  legales  y desconocer otras que acreditaban que el procesado no  estaba  ejerciendo  la  actividad  del  curtido,  con  lo  cual, en criterio del  censor,  se  apartó  de  lo  dispuesto en los artículos 29 de la Constitución  Política;  2°,  6°,  7°, 8°, 232, 234, 238, 239, 255, 257 y 306 del Código  de Procedimiento Penal.   

En    concreto    señala   que   fueron  “defectuosamente  apreciadas” las siguientes  pruebas:   

1.  La  indagatoria  del procesado en la que  indicó  el  error en que la Corporación Autónoma Regional hizo incurrir a los  industriales  del  curtido  al indicarles que les iba a colaborar y enseñar tal  labor, pero nunca lo hizo.   

2.  Otorgar  plena  validez  a  las  pruebas  técnicas  sobre  muestras  y  análisis  recaudadas  por los funcionarios de la  Corporación  Autónoma  Regional,  las  cuales,  además  de practicarse sin la  presencia  del  procesado  o  su  defensor,  se  recogieron  sin el lleno de los  requisitos  legales,  conforme las exigencias del artículo 198 del Decreto 1594  de 1984.   

3.  No  establecer las contradicciones entre  las  fichas  técnicas  elaboradas  por  los  funcionarios  de  la  Corporación  Autónoma Regional.   

4.  No  valorar  los informes realizados por  investigadores  del  Departamento  Administrativo  de  Seguridad  de  la  visita  practicada  el  7  de  marzo  de 2001 que acreditan que el procesado no generaba  contaminación ya que su industria no estaba en funcionamiento.   

De  otro  lado, indica como pruebas omitidas  por el fallador las siguientes:   

1. La indagatoria de su defendido.  

2.  La respuesta del Ministerio de Ambiente,  Vivienda  y  Desarrollo  Territorial  del  23  de  febrero  de  2004  acerca del  interrogante  de  si  la  industria  del  curtido  produce  un  daño grave o la  modificación irreversible del equilibrio ecológico.   

3.  La inspección judicial practicada en la  finca   “El  Triunfo”   de  la  Vereda  Quincha  del  municipio   de  Villapinzón  por  funcionarios  de  la  Corporación  Autónoma  Regional.   

4.  Los múltiples oficios con destino a las  entidades  oficiales  como  al  Ministerio del Medio Ambiente e Inderena, de los  cuales no se obtuvo respuesta.   

5.  El  informe  de  los  investigadores del  Departamento  Administrativo  de  Seguridad  DAS  con  el correspondiente álbum  fotográfico.   

Argumenta que su defendido cesó las labores  de  curtiembre  tan pronto la Corporación Autónoma Regional realizó la visita  el  22  de  septiembre  de 1999, además, en la indagatoria aclaró que para ese  momento  no  ejercía  esa actividad, lo que corroboraron los investigadores del  D.A.S., en la visita hecha el 7 de marzo de 2001.   

Expone  que el Tribunal sólo tuvo en cuenta  los  medios  probatorios  aportados  por  la Corporación Autónoma Regional sin  valorar  las  pruebas en conjunto conforme a las reglas de la sana crítica, sin  considerar  tampoco  que  el  grado  de  analfabetismo  y  la humilde condición  campesina del procesado impedían inferir el dolo en su conducta.   

Por   último,   destaca  la  desidia  del  instructor  para  practicar  pruebas  encaminadas  a  corroborar  o infirmar los  informes  allegados  por  la CAR, y que si bien el juez ordenó un sinnúmero de  probanzas  para  acreditar  la  materialidad y responsabilidad del enjuiciado no  fue  posible  arrimarlas  al  plenario,  como lo fue la falta de respuesta de la  Corporación  Autónoma  Regional  para  establecer en qué terminó el trámite  administrativo  preventivo y sancionatorio o si aún BARRERO FERNÁNDEZ ejercía  la  actividad industrial, quedando así múltiples dudas que debieron resolverse  en  su  favor,  tal  y  como  lo resaltó un Magistrado disidente de la Sala del  Tribunal al salvar su voto.   

Por lo tanto, solicita a la Corte aceptar el  cargo y declarar en qué estado queda el proceso.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

En  atención a que los hechos ocurrieron en  1999  época  para  la  cual el delito de contaminación ambiental se sancionaba  con  prisión  de dos (2) a ocho (8) años, según el artículo 24 de la Ley 491  de  1999  (Diario  oficial  43477  de  15 de enero de  1999)  que  modificó el artículo 247 del Decreto-Ley  100  de 1980, la ley procesal en ese entonces aplicable era el artículo 218 del  Decreto  2700  de  1991,  con la modificación introducida por la Ley 81 de 1993  que  permitía la casación ordinaria en aquellos procesos por delitos cuya pena  máxima  fuese  o  excediese  de seis (6) años de prisión, lo que indica  que  en  este  caso la    vía   apropiada   para   recurrir   en   casación   es   la  común.   

En efecto, ante la aplicación favorable de  los  requisitos  establecidos  por la ley vigente al momento de los hechos, dado  que  en  el  artículo 218 del Decreto 2700 de 1991, la  casación  ordinaria  estaba  establecida  contra  las  sentencias proferidas en  segunda  instancia  por  los tribunales superiores de distrito judicial y por el  Tribunal  Penal  Militar, cuando se procedía por delitos que tuvieran señalada  pena  privativa  de  la  libertad cuyo máximo fuese igual o superior a seis (6)  años,  resultan superfluos los argumentos del censor  encaminados  a  motivar  la  atención  de la Corte por alguna de las vertientes  consagradas legalmente para la casación discrecional.   

No  obstante lo anterior, los razonamientos  del  demandante  con  los que busca la unificación de  la  jurisprudencia para los casos relacionados con el ilícito de contaminación  ambiental  y  el estudio de  la   aplicación   de   la  ley  más  favorable,  se  entenderán  como  fundamento  para  demostrar el cargo formulado, y no como una  exigencia para resolver la aptitud de la demanda.   

La crítica a la legalidad de la sentencia la  funda  el  censor  en  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial por la  aplicación  indebida  de  la Ley 491 de 1999 que modificó el artículo 247 del  Código  Penal de 1980, al tiempo que echa de menos en  el  fallo  la aplicación del principio de resolución  de       duda,      sin      embargo,     son  manifiestos  los  desaciertos  en que incurre al formular el cargo, tanto por su  falta de claridad, como por su precariedad demostrativa.   

Es   sabido  que  cuando  el  juzgador  al  aprehender  o  contemplar  materialmente  los  elementos  de convicción ignora,  desconoce  u omite el reconocimiento de una prueba procesalmente válida incurre  en  un  error  de hecho por falso juicio de existencia por omisión y si bien el  recurrente  opta  por  ésta  modalidad  de  yerro fáctico, del mismo libelo se  advierten  enunciaciones  contradictorias  cuando  para  unos  mismos  elementos  probatorios  dice que no fueron tenidos en cuenta por el Tribunal y seguidamente  anota   que   fueron   “defectuosamente           apreciados”.   

Efectivamente,  tanto en la indagatoria  rendida   por  el  procesado,  como  los  informes  de  los  investigadores  del  Departamento   Administrativo  de  Seguridad  que  daban  cuenta  de  la  visita  practicada  a  la  finca  en  la  que  se  encontró que no estaba ejerciendo la  industria  del  curtido,  funda  el libelista dos clases de yerro incompatibles,  pues  no  puede  ser  que  al  mismo tiempo se deje de considerar un elemento de  prueba y se le aprecie de manera errada.   

La misma infracción del principio lógico de  no  contradicción por parte  del  recurrente  se  advierte cuando para intentar desvirtuar la responsabilidad  de  su defendido resalta que no se encontraba ejerciendo la actividad industrial  del  tratamiento del cuero, pero admite que la suspendió desde el mismo momento  en  que  funcionarios  de  la  Corporación  Autónoma  Regional practicaron las  respectivas  visitas,  esto  es  para el 30 de abril y 23 de septiembre de 1999,  cuya época precedente fue la tenida en cuenta en los fallos.   

Refiere  yerros  de  contemplación  ya  no  fáctica,  sino  jurídica  de  las pruebas debido al error de derecho por falso  juicio  de legalidad al otorgarle mérito a las pruebas técnicas sobre muestras  y  análisis  recopiladas  por  los  funcionarios  de  la Corporación Autónoma  Regional  las  cuales  no  cumplían con los requisitos legales, pero no explica  cómo  procedía su adecuada recolección y estudio, resultando desafortunada la  cita  que  hace  del  artículo  198  del Decreto 1594 de 1984 para demostrar su  aserto,  porque  lejos  de enumerar tales procedimientos legales, simplemente el  precepto  se  relaciona con la imposición de sanciones ante el indebido uso del  agua    y    residuos    líquidos    al    contemplar    que    “aplicada  una  medida  preventiva  o  de seguridad, sus antecedentes  deberán obrar dentro del respectivo proceso sancionatorio”.   

También  basa  el  error  de  derecho  por  la ausencia del procesado o  su  defensor  al  momento  en  que los funcionarios de la Corporación Autónoma  Regional  de  Cundinamarca  procedieron  a  tomar  las  muestras  de  los  desagües  de  la  industria  del  tratamiento   del  cuero,  con  lo  cual  olvida  que  la  presencia  defensiva  no  se  constituye  en  un  requisito  de  validez  para  su  práctica,  por  cuanto  pertenece  al ámbito  del    ejercicio    del    derecho   de  contradicción,  el  cual se  puede  ejercer  de diversas manera en  el diligenciamiento.   

Tampoco es claro el censor acerca de si los  errores   probatorios  tuvieron  que  ver  con  la  prueba  trasladada,  al  ser  aportados   al   proceso  penal  los  análisis  que  sirvieron  para  la  investigación  administrativa de la Corporación Autónoma  Regional   de   Cundinamarca,  caso  en  el  cual  le  correspondía     precisar    el    rito    de    su    traslado    presuntamente    infringido   y   cómo  se   constituyó  en  una  prueba  desconocida para las partes que los haya privado de ejercer su                      respectiva                     contradicción.   

El defensor aduce  que   los  falladores  quebrantaron  las  reglas  de  la  sana  crítica  en  la  apreciación    de    las    pruebas   que   considera   legales,   pero  es evidente que se aparta del cargo  propuesto  e  ingresa  en  el discurrir del error de hecho por falso raciocinio,  evento   en  el  cual  le  correspondía  establecer  qué  dice concretamente el medio probatorio, qué se  infirió  de  él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue el mérito persuasivo  otorgado,  determinar  el  postulado lógico, la ley científica o la máxima de  experiencia  cuyo  contenido  fue  desconocido  en  el  fallo, debiendo a la par  indicar   su  consideración  correcta  y  demostrar  la  trascendencia  del  error  expresando con claridad  cuál  debe  ser su adecuada  apreciación,  con  la indeclinable obligación de acreditar que la enmienda del  yerro  daría lugar a un fallo esencialmente diverso y favorable a los intereses  de su representado, actividad que no acometió.   

Aunque  apela  al contenido de la decisión  del    Tribunal    Contencioso   Administrativo   de  Cundinamarca  del  25 de agosto de 2004 que resolvió  unas  acciones  populares,  para de ella inferir que la actividad del curtido de  pieles  es  lícita,  ya  que  allí  se  les  otorgó el plazo de un año a las  industriales  para  su  reubicación  y  ajuste a la normatividad en la materia,  desconoce  el  libelista el  diferente  ámbito  del derecho administrativo, específicamente cuando se trata  de   resolver   una   acción   popular  —máxime  que no aportó constancia de  su   ejecutoria   al   tratarse   de   una   decisión   adoptada   en   primera  instancia—, del  que  corresponde  en materia penal  sobre  la  entidad  de  comportamientos  lesivos,  como  en  este caso, del bien  jurídico de los recursos naturales.   

Además  de no  esclarecer  la  eventual  infracción  al  principio  de  aplicación  de  la  ley  más favorable para su  defendido,     resulta     claro     que     precisamente     en    acatamiento   de   tal   apotegma  se  escogió  por  el  fallador  la  pena de prisión del anterior Código Penal por  consagrar  un  límite  mínimo  en  todo  caso  menor a la actual, en tanto que respecto de la sanción  pecuniaria     se     optó    por    la  prevista  en la actual normatividad también por resultar más  benéfica para los intereses del procesado.   

Tampoco  se  advierte  el  propósito  del  demandante  de  demostrar  la ilegalidad del fallo en  la  abundante  cita  normativa de carácter procesal  que  hace  por cuanto no desarrolla la forma como a través de su infracción se  llegó  a  la  aplicación  indebida  del  precepto  que  regula  el  delito  de  contaminación ambiental.   

De  manera  impertinente  se  queja  de la  práctica  probatoria  ante  la  pasividad  del instructor que incumplió con el  deber  de investigar tanto la favorable, como lo desfavorable para el procesado,  y  el  infructuoso  esfuerzo  del  juzgador  ya  que  las  varias solicitudes de  información  dirigidas  al  Ministerio del  Medio  Ambiente,  al  Inderena  y demás entidades del ramo no  tuvieron  respuesta,  aspecto que debió postular a través de la causal tercera  de  casación,  por  nulidad,  como  irregularidad  sustancial  que posiblemente   afectara   el   debido  proceso.   

Dada  la naturaleza rogada del recurso, no  puede  la  Corte subsanar  los      vacíos      argumentativos      y      torna      el      libelo   carente   de   la  idoneidad  necesaria  para  su  admisión,  sin  que  tampoco  se  advierta la necesidad de  garantizar     un    derecho    fundamental    del  procesado,   como   para   hacer  uso  de  la  facultad  legal  oficiosa  que le asiste a fin de asegurar  su   protección  en  los  términos  del  artículo  216  del  Código  de Procedimiento Penal   (Ley   600   de   2000).   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  JOSÉ  DEL  CARMEN  BARRERO FERNÁNDEZ, de acuerdo con las razones anteriormente  expuestas.   

Contra  esta  decisión no procede recurso  alguno.   

          Notifíquese y cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                         MARÍA        DEL        ROSARIO        GONZALÉZ        DE       L.             

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANES                   YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                            

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                 MAURO  SOLARTE  PORTILLA                                                                

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *