24022(29-09-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  24022   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

Aprobado Acta No. 075.  

         

          Bogotá  D.C.,  septiembre veintinueve (29) de dos mil cinco (2005).   

VISTOS  

Decide la Sala sobre la admisibilidad formal  de  la  demanda  de  casación  discrecional  presentada  por  el  defensor  del  procesado  contra  la  sentencia  proferida  por el Tribunal Superior Militar de  fecha  31  de marzo del año en curso, mediante la cual confirmó la dictada por  el  Juzgado  142  de  Primera  Instancia,  adscrito  al Departamento de Policía  Bacatá  de  esta  ciudad,  por cuyo medio condenó, entre otros, a RUBÉN  RAMOS  BARRERO,  por  el delito de  abandono del puesto.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Se originan en el informe  rendido     por     el     capitán     Gilberto   Espinosa   Palacios,  subcomandante  de la Estación Tercera de Policía de Bogotá, de  acuerdo   con   el   cual   los  agentes  RUBÉN    RAMOS    BARRERO   y   Raúl  Prada  Velásquez, adscritos al CAI  Telecom;   así  como los uniformados Juan    Pablo   Ramos   Arias,   asignado  para  el  CAI  Torres  Blancas  y  Jairo      Arias     Ojeda,  a  su  vez  al  CAI  de  Las  Nieves,  fueron  encontrados  en  horas de la madrugada del 11 de octubre de 2000 “evadidos del  servicio”,  en  el  establecimiento  “Residencias  Miraflor”,  ubicado  en  la   carrera  9ª con calle 23 de esta ciudad, en estado de embriaguez y en  compañía  de trabajadoras sexuales.       

Con  fundamento en los hechos anteriores, la  Justicia  Penal  Militar  abrió la investigación penal, en cuyo marco vinculó  mediante   indagatoria   a  los  mencionados,  a  quienes  resolvió  situación  jurídica  con  medida  de aseguramiento de detención preventiva, sin beneficio  de libertad provisional.   

Clausurada la investigación, se calificó el  mérito  del  sumario con resolución de acusación en contra de los uniformados  por  el  delito  de  abandono  del puesto;  decisión que fue confirmada en  segunda  instancia  por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Militar, el 16 de  septiembre de 2004,.   

El  juzgamiento le correspondió adelantarlo  al  Juzgado  142  de  Primera  Instancia,  adscrito  al Departamento de Policía  Bacatá,  con  sede  en  esta  ciudad,  despacho que una vez  surtió   el    trámite  legal  correspondiente,  dictó  sentencia  el  21  de  diciembre  de 2004, por cuyo medio condenó a los procesados a la pena principal  de  un  (1)  año  de  arresto  como  coautores  del  delito  por el cual se les  profirió resolución de acusación.   

La  anterior decisión fue impugnada por los  defensores  de  los  sindicados  y el Tribunal Superior Militar, el pasado 31 de  marzo, la confirmó.   

Inconforme  con  la anterior determinación,  exclusivamente    el   defensor   de   RUBÉN   RAMOS  BARRERO  interpuso recurso extraordinario de casación  por  la  vía  excepcional,  sustentado  mediante demanda, de cuya admisibilidad  formal se ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

          En   el  capítulo  IV  del  libelo,  que  el  actor  destina  a  la  “justificación       de      la      casación  excepcional”,   indica   que   es   necesario   el  pronunciamiento   de   la   Corte   para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  “respecto  del  actuar  deontológico del patrullero  RUBEN RAMOS BARRERO”.   

Lo  anterior,  añade,  porque  “permitirá   de   la  mejor  manera,  solucionar  casos  de  esta  naturaleza,  siendo  mi  representado  judicial,  un  caso  patético  de lo que  diariamente   viven   estos   servidores   públicos   en  el  ejercicio  de  su  profesión”.       

          En  el aparte siguiente, el casacionista postula el único cargo que  formula  contra  el  fallo  impugnado,  con  sustento  en  la  causal primera de  casación,  prevista  legalmente  en el artículo 207 de la Ley 600 de 2000, por  violación  indirecta  de  la  ley sustancial, a consecuencia de un “error  de  hecho cometido en la apreciación de la prueba, lo que  condujo   a   la   aplicación   indebida   del  Art.  124  de  la  Ley  522  de  1999”.   

          Previo  a  exponer los argumentos que dan sustento a su pretensión,  se   refiere   a  los  elementos  de  juicio  “globo  probatural”,  en  que  se  basó  el  Tribunal  para  confirmar la sentencia condenatoria de primera instancia.   

Luego  de  ello,  señala  que  “la  valoración  que  sobre  el  particular hace dicha instancia,  resulta  deleznable  por la potísima razón, que mi defendido por manera alguna  actuó  con  ánimo  delictivo,  como  se  quiere  hacer ver, ya que en su deber  estaba  incluido  como  es  normal perseguir el delito o la posibilidad de   comisión del mismo”.   

Sobre  lo  ocurrido  la noche de los hechos,  refiere  que  el actuar de su defendido tuvo origen en dos circunstancias.   En  primer  lugar,  porque  cumplía  órdenes  de  su  superior y las funciones  propias  de  su  cargo  y, en segundo lugar, que “por  supuesto  depende  de  la primera”, porque de acuerdo  con  la  formación castrense “se exige del individuo  señirse  (sic)  como  deber  imperativo   a   las   ordenes   (sic)   de su superior”.   

Sostiene, a continuación, que el solo hecho  de  haberse  referido  por  Myriam  Torres,  administradora de las residencias, y por la empleada Sura  del  Carmen Orozco que los policiales  se  encontraban  dentro  de  las  habitaciones  del establecimiento “no  es  suficiente para catalogar dicha acción como conteste del  delito   imputado”;   además,  porque  los  demás  elementos  probatorios  de descargo ratifican que los uniformados se encontraban  en el lugar ante la sospecha clara de la comisión de un delito.   

En ese sentido, aduce que se omitió valorar  que   su   defendido   laboró   en  la  Policía  Nacional  durante  dos  años  aproximadamente,   tiempo  en  el  cual  no  presentó  comportamiento  penal  o  disciplinario reprochable.   

Tampoco  se  valoró el hecho que se hubiera  perdido  el  video  que  tomaron los policiales de la SIPOL de la captura de los  procesados  y  que,  como  el  tipo  penal por el que se condenó a su defendido  tiene    verbos    alternativos,    no    se    demostró    ninguna   de   esas  conductas.   

Igualmente,  aduce  que  no  se  apreció la  prueba    de    alcoholemia,   según   la   cual   una   persona   “puede  permanecer  por  un  tiempo  medido  en horas superiores a  diez”;    así   como  las  injuradas  de  los  sindicados,  en  donde  manifestaron las razones que acreditaron su presencia en  el  establecimiento  y,  por el contrario, se otorgó credibilidad a testimonios  de  terceros  que,  en  su  criterio,  no son claros y contundentes.     

En  cuanto  a  la  desaparición  del video,  destaca  que  sin  él  no  es  posible  establecer  si  las afirmaciones de los  policiales  son  ciertas  o no, “porque las reglas de  la  experiencia  enseñan y la sana crítica enseñan que la mentira se presenta  de  dos  formas.   La  primera  mediante  el  ocultamiento de la verdad, la  segunda  por  la  deformación  o  vulneramiento  (sic)  de          la         realidad”.   

De  esa manera, no se tuvo en consideración  que  el  procesado actuó cumpliendo con su deber, como lo señaló Nelson  Vásquez,  cuya  declaración  fue  omitida por el juzgador.   

Ahora  bien,  los  testimonios  de  cargo no  establecen   que  el  procesado  hubiera  estado  bajo  el  influjo  de  bebidas  embriagantes,  ni  acompañado.  En  ese orden de ideas, no se puede endilgar el  delito  por  el  sólo  hecho  de  que  su defendido se hubiere encontrado en la  residencia, lo que obedece a una responsabilidad objetiva.   

Finalmente,  sostiene  que  los  agentes del  orden  que  llevaron  a  cabo  el  operativo  que terminó con la captura de los  enjuiciados    en   ningún  momento  del  proceso  comparecieron  para  la  inmediación  de la prueba, “así que la credibilidad  que  se  asume  en  la  sentencia  de  segunda  instancia,  carece de fundamento  probatorio  pues  pende del hilo del indicio, nunca de la certeza”.   

Con fundamento en lo anterior, solicita   se  case  la  sentencia   recurrida  y en su lugar se profiera “por  vía  excepcional  fallo absolutorio, en razón a que el PT.  RUBEN  RAMOS  BARRERO,  actuó  dentro  de los cánones deontológicos cuando se  desempeñó    como    Patrullero   de   la   Policía   Nacional”.   

                  

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

De conformidad con el artículo 1º de la Ley  553  de  2000  (Diario Oficial No. 43.855 del 15 de enero de 2000, de cuyo texto  sólo     fue    declarada    inexequible    la    expresión    “ejecutoriadas”  mediante sentencia C-252  del  28  de  febrero  de  2001,  con  efectos a partir del 17 de marzo de 2001),  vigente  para  el  11 de octubre de 2000, esto es, para la época de los hechos,  disposición  idéntica  a  la  que  luego  fue adoptada por el legislador en el  artículo  205  de la Ley 600 de 2000 (Diario Oficial No. 44.097 del 24 de julio  de  2000),  en  vigor  para  el  9  de  marzo  del  año en curso, en la que fue  proferido  el fallo de segundo grado en el presente asunto, es viable el recurso  extraordinario  de  casación “en los procesos que se  hubieren  adelantado  por  los delitos que tengan señalada pena privativa de la  libertad  cuyo máximo exceda de ocho años”  (subrayas  fuera  de  texto);   sin  embargo,  también se  estableció  que  la  Sala, de manera excepcional y en forma discrecional, puede  admitir  la  demanda  de casación contra sentencias distintas a las mencionadas  “cuando lo considere necesario para el desarrollo de  la  jurisprudencia  o  la garantía de los derechos fundamentales”.   

Pues  bien,  para  el  caso  que  concita la  atención,  se  tiene  que  el  defensor acude a la vía excepcional del recurso  extraordinario,  impugnando  un fallo de segunda instancia respecto de un delito  que,  de acuerdo con la previsión normativa aludida, no cumple con el requisito  de  la pena máxima privativa de la libertad que se exige, en tanto el procesado  RUBEN   RAMOS  BARRERO  fue  condenado  por la conducta punible de abandono del puesto que, de acuerdo con el  artículo  124  del  Código  Penal Militar, se sanciona con una pena máxima de  tres   (3)   años   de  arresto,  quantum  que  resulta  inferior  a  los  ocho (8) años que para acceder al  recurso  extraordinario  de  casación  por  la vía ordinaria o común exige la  primera disposición en cita.   

Lo  anterior  permite colegir que a pesar de  que  el  fallo  impugnado  fue  proferido  por  el Tribunal Superior Militar, lo  que,   en  principio,  permitiría  a  los  sujetos procesales el acceso al  recurso  extraordinario  de casación por la vía normal, como así lo establece  el  inciso  1°  de  la  aludida disposición, es lo cierto que por razón de la  pena  privativa  de  la  libertad señalada para el delito por el que se procede  -no  superior de ocho años- ello resulta jurídicamente imposible, en tanto que  se   trata  de  exigencias  que  deben  acreditarse  de  manera  conjunta  y  no  simplemente alternativa.   

Por tanto, la posibilidad  que queda por  auscultar  es  la  de  la  casación  excepcional,  que  procederá  sólo si se  demuestra  el  cumplimiento  de  los  requisitos señalados en el inciso 3° del  estatuto  procesal penal, esto es, que se solicite por cualquiera de los sujetos  procesales  y  que  la  Sala  “lo considere necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de  los derechos  fundamentales,  siempre  que  reúna  los  demás  requisitos  exigidos  por  la  ley”.               

Desde  esa  perspectiva,  era imprescindible  para  el  demandante  convencer  o persuadir a esta Corporación de que existía  uno, o los dos motivos, que la hacen viable.   

Sobre  el  particular, también se ha dicho,  que  tales  argumentos han de estar dirigidos a orientar a la Sala en el sentido  de  hacerle ver la necesidad de su pronunciamiento, en forma tal que si se trata  de  reclamar  la  garantía  de un derecho fundamental, al censor le corresponde  precisar   los   derechos   que   fueron   desconocidos,   indicar   las  normas  constitucionales  y  legales  que  los  protegen  y  la  determinación que debe  adoptarse  para  su  salvaguarda. Y si el motivo invocado es el desarrollo de la  jurisprudencia,   tendrá   que  puntualizar  el  tema  jurídico  que  requiere  definición  o  precisión,  sea  porque  es  nuevo  o porque existen posiciones  opuestas que deben ser unificadas.   

En  ese  propósito  no  es necesario que el  casacionista   exponga   fórmulas  sacramentales,  ni  que  elabore  un  aparte  específico  para  desarrollarlos,  pues  basta  con  que  puedan  deducirse del  contexto         de         la        demanda1.   

Al  respecto, pareciera que el demandante es  consciente  de  la carga que le impone proponer el recurso extraordinario por la  modalidad  discrecional, cuando en el capítulo del libelo en el cual alude a la  “justificación       de      la      casación  excepcional”,  refiere  que el pronunciamiento de la  Corte  es  indispensable  para el desarrollo de la jurisprudencia de la Sala, en  tanto  “permitirá  de  la  mejor manera, solucionar  casos  de  esta naturaleza, siendo la situación de mi representado judicial, un  caso  patético  de  los  que diariamente viven estos servidores públicos en el  ejercicio  de su profesión, donde la inconformidad conlleva, en muchos casos, a  que  se  inicie  en  su contra acciones de carácter penal de manera    equivocada        e       injusta”.    

Ante  tal  advertencia  del  demandante  se  esperaba  que  en  el  desarrollo  del  único cargo propuesto esbozara siquiera  someramente  el aspecto sobre el cual debía ocuparse la Sala de  forma que  ameritara  su  pronunciamiento;  dicho de otro modo, el punto jurídico que a su  juicio   entraña  un  problema  diario  que  deben  afrontar  estos  servidores  públicos  cuando  cumplen sus funciones, como lo señaló en el acápite previo  al desarrollo de reproche.     

Sin  embargo,  la  realidad  que  ofrece  su  planteamiento  es  muy  diversa  porque  lejos  de  referir a ese tema jurídico  necesario  de  dilucidar  por la Sala, en el libelo se circunscribió de lleno a  discutir  en  torno a la credibilidad que ofrecen algunos medios probatorios, al  amparo  de  la  causal  primera  de casación por violación indirecta de la ley  sustancial.   

Sobre  ese particular, la Corte ha señalado  reiteradamente  que  las  razones que aduce el demandante para persuadirla sobre  la  necesidad  de  admitir  la  demanda,  deben  guardar correspondencia con los  cargos  que  formule  contra la sentencia. Lo anterior porque sólo así podría  entenderse  cumplido  el requisito de sustentación, de manera que si se reclama  un  pronunciamiento  en  punto de la protección de los derechos fundamentales o  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia,  es  apenas  elemental que la censura le  permita  a  esta  Corporación  examinar en concreto uno o los dos puntos que la  habilitan.   En  otras  palabras,  debe  haber  perfecta  conformidad  entre  el  fundamento  de  la  casación  excepcional  (desarrollo de la jurisprudencia y/o  protección  de garantías fundamentales), el cargo o los cargos que se formulen  contra  el  fallo  y,  por  consiguiente,  el  desarrollo  de  los mismos.    

Es  claro  que  los  presuntos errores en la  apreciación   de   la   prueba  per  se  no  muestran  la  necesidad  de  un  pronunciamiento  de  la Sala en  procura  de  abordar  un  tema  que  hasta  el  momento no cuenta con suficiente  desarrollo  jurisprudencial  o  porque las posturas existentes son yuxtapuestas,  máxime  en  este  caso  cuando  de la propuesta no aflora con claridad el punto  preciso y concreto sobre el cual debe girar la decisión.    

En  consecuencia,  la   propuesta  que  plantea  el  actor  no tiene la entidad para franquear el acceso a la denominada  casación discrecional.   

Como  quiera  que  tales presupuestos fueron  omitidos  por  el  censor,  de  acuerdo  con  lo previsto por la ley en la forma  indicada,  ello impide a la Corte ocuparse de su libelo, que en esas condiciones  no   será   admitido,   tal   como   lo   tiene  definido  la  Sala2.   

Lo   anterior  significa  que  la  demanda  presentada  por  el  impugnante  se  ofrece  inepta  y  hace inviable el recurso  extraordinario;  circunstancia  que  impide que la Sala entre siquiera a revisar  si  el  cargo  único  formulado  contra  el  fallo de segundo grado atacado, se  ajusta a los presupuestos técnicos propios de esta sede.   

Como  el  libelo no reúne los requisitos de  forma,  se  impone inadmitir la demanda, de conformidad con lo establecido en el  artículo  213  de  la  Ley  600  de 2000, norma que dice que si “la  demanda no reúne los requisitos, se inadmitirá y se devolverá  el expediente al despacho de origen.”   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación    interpuesta    por    el   defensor   de   RUBÉN  RAMOS  BARRERO,  por  las  razones  expuestas en la anterior motivación.   

          Contra este proveído no procede recurso alguno.   

Notifíquese   y   cúmplase.   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                                ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                      

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                          ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN           

Comisión de servicio  

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS             YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                      JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

1  Véase,  entre  otros,  auto  de  noviembre  18  de 2004, M.P. Dr. Herman Galán  Castellanos, rad. 22780.    

2  Radicado   19448,   auto   de   marzo   11/03,   M.   P.  Jorge  Aníbal  Gómez  Gallego.     

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