24012(18-05-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24012  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

      SALA    DE    CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente:   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta No. 048  

Bogotá D.C., dieciocho (18) de mayo de dos  mil seis (2006).   

Decide la Corte la casación interpuesta por  el     defensor    de    JAIME    ORLANDO    ÁVILA  SÁNCHEZ,   contra   la  sentencia  de  segunda  instancia  de  septiembre  27  de 2004, proferida por el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  mediante  la  cual  confirmó  la  de  primera  instancia  del  Juzgado Noveno Penal del Circuito Especializado con sede en esta  capital,  que  lo  condenó por los delitos de homicidio agravado del que fueron  víctimas  JOSÉ  MARCO AURELIO LEGUIZAMÓN RODRÍGUEZ (padre) y NELSON VÁSQUEZ  NIVIA,  secuestro  extorsivo  agravado  en JOSÉ MARCO AURELIO LEGUIZAMÓN RUIZ,  hurto  calificado  y  agravado, tentativa de extorsión y porte ilegal de armas,  imponiéndole  37  años  de  prisión, multa de 1.800 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  para  el año 2000, inhabilitación de derechos y funciones  públicas  por  un  lapso  de  10 años, la obligación de pagar en concreto los  perjuicios  materiales por valor de $104.059.585 y 100 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  por  perjuicios  morales  a  favor  de  JOSÉ MARCO AURELIO  LEGUIZAMÓN  y  ANA  ISABEL PACHÓN y solidariamente se le impuso la obligación  de  pagar 70 salarios mínimos legales mensuales por perjuicios morales en favor  de la familia de NELSON VÁSQUEZ NIVIA.   

                         HECHOS   

                             El  Tribunal  Superior  de  Bogotá  se  refirió  a los hechos por los cuales condenó a JAIME  ORLANDO  ÁVILA  SÁNCHEZ, en  los siguientes términos:   

“El trece de junio del año 2000 el señor  José  Marco  Aurelio  Leguizamón  Ruiz  (hijo),  como  de  costumbre  en horas  matinales  ubicó su taxi frente al conjunto residencial Bosques de Castilla, al  sur  de  la  ciudad  a  fin  (sic) conseguir pasajeros, siendo abordado por tres  sujetos  quienes  le  solicitan  un  servicio  en  Sibaté,  a  los  tres  días  siguientes,  la  familia  Leguizamón  recibe  varias llamadas telefónicas a su  residencia,  manifestándole  al  señor Marcos Leguizamón (padre), que su hijo  se  encontraba  secuestrado por el Frente 53 de las FAR, y que la exigencia para  su liberación era el pago de 500 millones de pesos.   

El 27 de septiembre de ese mismo año, el  señor  Leguizamón  logró rebajar la suma inicial que le estaban exigiendo por  la  liberación de su hijo, a 10 millones de pesos con los cuales se dirigió en  compañía  de  Nelson  Giovanni Vásquez Nivia, socio y amigo íntimo de éste,  quien  le facilitó una camioneta Luv de placas BSQ 282, propiedad de su hermano  Edwin  Vásquez,  y  se trasladaron al lugar convenido por los subversivos, esto  es,    la    vía   hacía   Pasca   – San Juan de Sumapaz.   

Sin  embargo,  durante  el  trayecto fueron  intimidados  por  unos  sujetos  armados  y encapuchados que los habían seguido  desde  Bogotá, los obligaron a bajar de la camioneta, les robaron el dinero del  rescate  y  después los desviaron por un atajo empinado hacia un sitio conocido  como “La Laguna” donde fueron asesinados.   

Al  tercer  día  de su partida, la célula  guerrillera  se  comunica nuevamente con la casa del señor Leguizamón, llamada  que  es  recibida por su hijo Nelson Leguizamón quien les comunica que su padre  había  viajado  para  cumplir  con el pago, y que aún no había regresado, los  subversivos  manifiestan  que ignoraban tales sucesos, pero, que aún su hermano  se  encontraba  en su poder y que seguía vigente la exigencia monetaria para su  liberación.   

Sin  embargo,  continuaron  las  llamadas  telefónicas  en el mes de octubre de la misma anualidad, mediante las cuales se  proseguía  exigiendo  el  pago  de  los  diez millones de pesos para obtener la  liberación de los tres desaparecidos.   

Posteriormente llegaron otras comunicaciones  a   la   casa  de  la  familia  Leguizamón  que  procedían  de  la  guerrilla,  específicamente  del  grupo de “Alberto”, perteneciente al Frente 53 de las  FARC,  que  exigía para la liberación de Marco Aurelio (hijo) la suma de cinco  millones   de   pesos  (4  millones  en  remesas  y  un  millón  en  efectivo).   

Cancelada   dicha  suma  por  la  familia  Leguizamón  el  18 de octubre siguiente, se realiza la entrega del joven, y una  vez  liberado,  recibe  la  familia Leguizamón una última llamada por parte de  las   personas   que   decían   tener   en  su  poder  a  José  Marco  Aurelio  Leguizamón   y  Nelson  Giovanni  Vásquez Nivia preguntando por la suerte  del  joven  liberado,  de  allí  nunca se volvió a tener noticia alguna de los  desparecidos.   

De las interceptaciones telefónicas que se  hicieron  de  la  línea de la familia Leguizamón, se logró capturar al señor  Walter  Alfonso  Cárdenas  Espinosa  el  4  de  noviembre  de  2000,  quien  se  identificó  falsamente como Juan Carlos Villazana González, nombre con el cual  también  obtuvo  un  celular  cuyo  abonado  es  el  3281622, vinculado con las  llamadas extorsivas.    

Gracias  a  la  colaboración  del  joven  liberado,  quien  describe  en  forma  detallada  los  rasgos  físicos de quien  parecía  ser  el  jefe  de  la banda de secuestradores se logró identificar al  señor  Walter Alfonso Cárdenas, quien después de aceptar su participación en  el  secuestro se describió como “comisionista de la operación”, sindicando  a  su  vez  a  Jaime  Orlando  Ávila, vecino de la familia Leguizamón, como la  persona  que le propuso la comisión del plagio de un conocido de éste último,  para  posteriormente  entregarlo a la guerrilla de las FARC. Lo señala a su vez  como  el  autor  de  los  asesinatos  de Marco Aurelio Leguizamón Ruiz y Nelson  Giovanni  Vásquez,  al  ser  identificado  por el primero, pues el señor Jaime  Orlando Ávila era amigo y vecino de la familia Leguizamón.   

Solicita el señor Walter Alfonso Cárdenas  Espinosa  en  la  diligencia  de  ampliación de indagatoria, la aplicación del  artículo  37  del  C.  de  P.P.,  terminación  anormal  del  proceso  mediante  sentencia  anticipada,  la  cual  fuera emitida el 22 de mayo de dos mil uno”.   

                            ANTECEDENTES   

1.  La  Unidad de  Fiscalía  ante  el  Gaula y de Secuestro, a través de las Fiscalías 173 y 6ª  Seccionales,  adelantaron  investigación  preliminar,  fase en la que se le dio  captura  a  WALTER  ALFONSO CÁRDENAS, quien reconoció haber participado, junto  con  JAIME  ORLANDO  ÁVILA, en los hechos a los cuales se hizo referencia en el  acápite  anterior,  persona ésta última a quien igualmente se le privó de la  libertad.   Luego  de  ser  oídos  en  indagatoria  se  les  impuso  detención  preventiva  como  coautores  de los delitos agravados de homicidio, tentativa de  extorsión,  secuestro  extorsivo  y  hurto calificado, haciéndose extensiva la  medida  contra  CÁRDENAS  ESPINOSA  por  los  delitos  de  rebelión,  falsedad  personal  y  en  documento  público  y  en  contra de ÁVILA SÁNCHEZ por porte  ilegal de arma de fuego.     

El  22  de  mayo  de  2001,  WALTER ALFONSO  CÁRDENAS   aceptó   cargos   para  la  terminación  anticipada  del  proceso,  declarándose la ruptura de la unidad procesal.   

                                          El  5  de  julio  de  2001, JAIME ORLANDO  ÁVILA  fue  acusado  por  los  delitos  imputados al  momento  en  que se le resolvió situación jurídica (artículos 201, 268, 323,  324,  ordinales  2 y 7, 349, 350, numeral 10, 351 ordinales 4, 6, 9 y 10 y 371-1  del  C.P.,  Ley  40 de 1993, artículo 30 y Decreto 2266 de 1991), decisión que  fue  confirmada  por  la Fiscalía Delegada ante el Tribunal el 18 de septiembre  siguiente.   

                                          La  causa  correspondió  al Juzgado   Noveno  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Bogotá,  despacho  que junto con la Sala Penal del Tribunal Superior, profirieron condena  en   contra   de   JAIME  ORLANDO  ÁVILA,  sentencias  de  cuyo  contenido  se  dio  cuenta  en  el  primer  capítulo  de  esta providencia. Respecto de WALTER ALFONSO CÁRDENAS se rompió  la unidad procesal por haberse acogido a sentencia anticipada.   

                                  El  fallo  de segundo grado fue  recurrido  en  casación  por  el  defensor  de  JAIME  ORLANDO  ÁVILA, impugnación que en esta oportunidad  resuelve la corporación.   

                                    

                         LA DEMANDA   

                                Causal  tercera. Nulidad.   

                                               El   fallo  de  segundo  grado  se  profirió  en  un  proceso  con  irregularidades       sustanciales       (artículo       306       –2   del   C.P.P.)  que  afectan  las  garantías  fundamentales  del  debido  proceso  y  el  derecho  de  defensa  de  JAIME    ORLANDO    ÁVILA    SÁNCHEZ.   

                                  Sostiene  el  impugnante que el  incriminado  fue  condenado  por  los delitos de homicidio agravado cometidos en  JOSÉ  MARCO  AURELIO  LEGUIZAMÓN  RODRÍGUEZ y NELSON VÁSQUEZ, muertes que no  fueron  establecidas  mediante  “pruebas  idóneas, científicas”, sus   cadáveres  no  fueron  identificados,  lo  propio  ocurrió  con  el  lugar  de  consumación  de  los  ilícitos,  el  que  para  el censor debió ser objeto de  inspección  judicial  con  base  en  los  datos  aportados  por  el secuestrado  liberado.   

                                  Ante  la jurisdicción civil se  debe  dilucidar  las  muertes  de  JOSÉ  MARCO AURELIO LEGUIZAMÓN RODRÍGUEZ y  NELSON  VÁSQUEZ,  declarándolos  muertos por desaparecimiento y no mediante un  fallo penal condenando al procesado por homicidio agravado.   

Agrega el recurrente que otra irregularidad  sustancial  en  la  que  se  incurrió  consiste  en haberse fundado el fallo de  condena  por perjuicios en el dictamen de la perito MAYERLENI BUITRAGO BENÍTEZ,  peritazgo  que  fue  objetado por el defensor del procesado, sin habérsele dado  trámite a ésta.   

Violación  indirecta de la ley sustancial.   

Primer    cargo.    Falso    juicio   de  existencia.   

El  Tribunal de Bogotá ignoró las pruebas  recopiladas,  parceló  el  haz  probatorio,  lo cercenó, giro errático sin el  cual  el  sentido  y  contenido  al  fallo  hubiera  sido  diferente.  El  yerro  denunciado  lo vincula con los testimonios de ERIKA LUCINDA ALDANA MEDINA, EDIER  ALEXANDER  HERNÁNDEZ  NIVIA,  ERNESTINA  NIVIA  DE VÁSQUEZ, JAIME ROJAS TEGUA,  HÉCTOR  JOSÉ  CASTRO CELIS, CECILIA SIERRA, MARÍA ISABEL FERRO DE PINILLA, la  muestra  de  voces tomadas al procesado JAIME ORLANDO ÁVILA SÁNCHEZ, el examen  médico  legal  practicado  al  inculpado  y  los  escritos relacionados con los  procesos  civiles  adelantados  en  contra  de  ÁVILA  SÁNCHEZ, los extractos de sus cuentas bancarias y la  certificación  de  la  junta  de  acción comunal sobre su conducta y tiempo de  vivir en el sector del Llanito.   

                                               Con   la   omisión   denunciada   se   dejó   de   considerar  el  comportamiento,   la   personalidad   y   la  opinión  de  las  personas  sobre  JAIME    ORLANDO    ÁVILA    SÁNCHEZ   y   su   ajenidad   a   las  llamadas  telefónicas  extorsivas  interceptadas,  según se infiere del experticio sobre  comparación de voces.   

                                  Cuando  el caudal probatorio es  incierto,  frágil,  el juicio obedece a conjeturas e incertidumbres, por lo que  lógica  y normativamente se debe aplicar la presunción de inocencia  y el  postulado del in dubio pro reo.   

                                          El  sentenciador  de instancia despreció en forma sistemática los  hechos  referidos  por  las  pruebas dejadas de apreciar, tergiversó los hechos  indicadores  y  llegó a conclusiones con flagrante violación de los principios  de la lógica y la experiencia.   

Segundo  cargo.  Falso  juicio de legalidad.   

El  fallo  impugnado  se  fundamentó en la  indagatoria  de  WALTER  ALFONSO  CÁRDENAS ESPINOSA, la que estuvo precedida de  torturas,  intimidación,  malos  tratos,  amenazas  contra  su vida y la de sus  hijos,   por  parte  de  los  integrantes  del  GAULA,  prueba  de  ello  es  el  reconocimiento  médico  legal  en  el  que  se  le  da  una  incapacidad  de  8  días.   

De  otra  parte, sostiene el recurrente, el  relato  que  hizo  CÁRDENAS  ESPINOSA  es  contradictorio, así por ejemplo, el  lugar descrito como de ocurrencia del homicidio es imaginario.   

La    indagatoria    de    JAIME     ORLANDO    ÁVILA    SÁNCHEZ  es   igualmente   ilegal  porque  fue  precedida  de  torturas,  malos  tratos,  amenazas,  por  parte del GAULA, de ahí que Medicina  Legal  certificó  una incapacidad legal de 12 días y la necesidad de tomar una  placa en el tabique de la nariz.   

Cita  como  prueba  de  lo  argumentado  la  declaración  de  la  madre  de NELSON VASQUEZ, quien se vio obligada a instalar  una  línea  telefónica cuyo número era de conocimiento de su hijo únicamente  y  a  pesar de ello recibió llamadas extorsivas  con fecha posterior al 27  de septiembre de 2000.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

El  Procurador  Primero  Delgado  para  la  Casación  Penal, solicita casar parcialmente la sentencia impugnada, declarando  la  nulidad  de  lo  actuado  en  lo  que tiene que ver con la pretermisión del  trámite  de  contradicción  del  dictamen  sobre  indemnización  de  daños y  perjuicios   formulada  por  el  defensor  de  ÁVILA  SÁNCHEZ,  la  que  obra  al  folio  142  (cd.o.  2).   

                                           Nulidad.   

                          En relación  con  la  prueba de los delitos de homicidio el demandante olvida el principio de  libertad  probatoria que rige nuestro derecho, según el cual, la materialidad y  responsabilidad  penal,  pueden  acreditarse  con  cualquier  medio  probatorio,  respetando siempre los derechos fundamentales.   

                                               Los  juzgadores fundaron sus decisiones en los testimonios de JOSÉ  MARCO  AURELIO  LEGUIZAMÓN  (hijo),  NELSON  LEGUIZAMÓN  PACHÓN,  ANA  ISABEL  PACHÓN  y  la  indagatoria  de  WALTER  CÁRDENAS  ESPINOSA,  aplicando  en  su  apreciación  las  reglas  de la sana crítica, por lo que el cargo por supuesta  violación del principio de investigación integral es infundado.   

                                               Para  la Delegada, los funcionarios desconocieron el debido proceso  y  el  derecho  de  defensa,  al haber omitido darle trámite a la objeción del  dictamen  pericial  presentada  por  el apoderado del procesado el 8 de julio de  2002  (fl. 142, cd. O. 3), cercenándose el derecho de contradicción respecto a  la  tasación  de  los  perjuicios,  razón por la cual solicita a la Sala casar  parcialmente   la   sentencia   impugnada  para  que  se  rehaga  la  actuación  relacionada  con la “solicitud de adición y ampliación del dictamen pericial  de perjuicios”.   

                             Violación  indirecta de la ley sustancial.   

                                               Falso juicio de existencia.   

                                               Para  la  Delegada este cargo no debe prosperar, por las siguientes  razones:   

                                               En  la  forma  que  el  demandante  enunció y desarrolló el cargo  incurrió  en desaciertos técnicos que imponen su inadmisibilidad, pues refunde  los  conceptos de falso juicio de existencia y de identidad para luego reprochar  los  criterios  del  juzgador  en la apreciación de la prueba, desconociendo la  claridad  y  precisión  con la que se deben formular los ataques a la sentencia  de segundo grado.   

                                               Señala  la  Delegada  que  si  bien  los  juzgadores no apreciaron  algunas  declaraciones  relacionadas con la conducta anterior del procesado, las  mismas  no resultan trascendentes respecto de la responsabilidad penal atribuida  al  procesado, agregando que la censura omitió examinar los fallos de instancia  a la luz del principio de unidad jurídica que los rige.   

                                               Las   afirmaciones   del   casacionista  para  sustentar  el  cargo  corresponden  a  hipótesis  aisladas, carentes de fundamento, pues la sentencia  recurrida  se  soporta en prueba testimonial e indiciaria que el actor no logró  desvirtuar.   

                                               Segundo cargo.   

                                               El  cargo de falso juicio de legalidad no puede prosperar porque el  recurrente   incurre   en  desaciertos  técnico-sustanciales  que  lo  conducen  inexorablemente  al  fracaso, además de que en la aducción de las indagatorias  no  se  incurrió  en  ilegalidad alguna, pues aún admitiendo el comportamiento  irregular  de  los  funcionarios del GAULA, no tiene la virtualidad de viciar el  trámite ni las injuradas.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Nulidad.  

Violación  al  principio  de investigación  integral.   

1. Reclama el actor  la  nulidad  de  la  actuación por haberse proferido sentencia en proceso en el  que   se   vulneraron   a   JAIME   ORLANDO   ÁVILA  SÁNCHEZ  los  derechos  al debido proceso y defensa,  por  cuanto  que  se  condenó  al incriminado por los homicidios en JOSÉ MARCO  AURELIO  LEGUIZAMÓN  RODRÍGUEZ  y  NELSON  VÁSQUEZ sin haberse demostrado las  muertes de éstos.   

                                             2.  Los cuestionamientos que en este cargo  hace   el   recurrente   corresponden   al   desconocimiento  del  principio  de  investigación  integral,  con  incidencia  en el derecho de defensa y el debido  proceso,  formulación  que  implicaba  para  el  censor abordar con la técnica  debida  la  determinación de las pruebas no practicadas, señalar racionalmente  su  contenido,  pertinencia,  petición, decreto y no evacuación en el proceso,  así  como  también  establecer  la  posibilidad  de  su  práctica  y hacer el  ejercicio  de  valorarla  y  confrontarla  con  la totalidad de los elementos de  juicio  recaudados,  para  precisar  la  trascendencia, en este caso y de manera  específica,  determinando  si  conducían a la exclusión de la responsabilidad  penal  de  JAIME  ORLANDO ÁVILA SÁNCHEZ  por  no  haberse  demostrado la materialidad de los homicidios de  los  cuales fueron víctimas JOSÉ MARCO AURELIO LEGUIZAMÓN RODRÍGUEZ y NELSON  VÁSQUEZ.   

                                  Cabe como última regla precisar  en  este  acápite  que  la  violación  al principio de investigación integral  impone  al  recurrente  el  deber  de  fijar  el  alcance  de las pruebas que se  denuncian  como  omitidas,  lo  que debe hacer con criterio razonable, exigencia  que  tiene  como  presupuesto la realidad procesal, ésta no puede ser ignorada,  dado  que en casación no es posible revivir los debates, planteando conjeturas,  opiniones    o    especulaciones    hechas   o   dejadas   de   hacer   en   las  instancias.   

                                                    3. La nulidad reclamada por el recurrente  en  la  demanda  de  casación  se  sustenta  en haberse omitido una inspección  judicial  al  lugar  donde  se dice se perpetraron los atentados contra la vida,  una  necropsia  o  la  práctica  de  pruebas  idóneas y científicas para  demostrar  el  deceso  de  JOSÉ  MARCO  AURELIO LEGUIZAMÓN RODRÍGUEZ y NELSON  VÁSQUEZ,  elementos  de  juicio, que a decir del censor, permitían despejar la  supuesta  incertidumbre  sobre  la  materialidad de los delitos de homicidio por  los   que   fue   condenado   JAIME  ORLANDO  ÁVILA  SÁNCHEZ.   

                                               La  pretensión  y  los  fundamentos  del reparo casacional, en los  términos  señalados,  obligan a la Sala a examinar la trascendencia del cargo,  consideraciones  en las que se debe involucrar el examen que el fallador hizo de  la  prueba  allegada  al  proceso  en conjunto, conforme a las reglas de la sana  crítica.   

                                          3.1.  Pues  bien,  en  relación  con  la  muerte  de JOSÉ MARCO AURELIO LEGUIZAMÓN RODRÍGUEZ (padre) y NELSON VÁSQUEZ,  se  tiene que ocurrió en un paraje entre la vía a Pasca y San Juan de Sumapaz,  el  mismo día en que ellos salieron de Bogotá a entregarle a los plagiarios el  dinero  convenido  para  la liberación de JOSÉ MARCO AURELIO LEGUIZAMÓN   (hijo).   Así  lo  narró  WALTER  ALFONSO  CÁRDENAS  ESPINOSA  (fl.  83,  cd.  1):   

“fuimos   el  día  que  ellos  habían  acordado   con  el papá de MARCOS el secuestro (sic) para la entrega de la  plata,  yo  parqueé  la camioneta  que yo manejaba bien lejos y los estaba  observando  cuando  los  señores  que  venían en la camioneta a traer la plata  venían  y  ellos  le  salieron  encapuchados  y  los  hicieron  parar, dejar la  camioneta  y  se  fueron a pie por la montaña hacía arriba, después yo me fui  detrás  como  a  20  minutos de distancia de camino cuando oí que sonaron unos  disparos,  yo  corrí  y llegué hasta donde estaban ellos y vi que los señores  que  habían  llevado el dinero estaban en el piso y le pregunté al “enano”  JAIME  ORLANDO  que  qué había sucedido, él me dijo que el papá del muchacho  lo  había  reconocido  y que por ese motivo habían tenido que dispararle a los  señores y matarlos”   

                                               A  la  anterior  confesión  el  juzgado  le  otorgó credibilidad,  prueba  que  junto  con  el  relato  de  Nelson  Leguizamón Pachón, Ana Isabel  Pachón  y Edwin Jair Vásquez, familiares de las víctimas, quienes refieren la  fecha  en  que  salieron  JOSÉ AURELIO LEGUIZAMÓN RODRÍGUEZ y NELSON VÁSQUEZ  con  una  cantidad de dinero para el rescate del secuestrado y de su no regreso,  le   permitieron   dar   por  demostrada  la  materialidad  de  los  delitos  de  homicidio.   

                             El a quo  desatendió  los  reparos  de  la  defensa  en  cuanto  al  hecho  de no haberse  practicado  una inspección al lugar de los hechos, por cuanto que al requerirse  la  ampliación  de  la  injurada  de  WALTER  ALFONSO  CÁRDENAS  ESPINOSA para  precisar  los  detalles  sobre  el  paradero  de  los  cuerpos,  como  lo había  dispuesto  el  funcionario  instructor,  aquél  se  retractó  de  su  versión  inicial.   

                                 Las  conclusiones  del  a  quo  fueron confirmadas por el Tribunal con las siguientes  apreciaciones:   

“El  hecho  de  que  los cuerpos de José  Marco  Aurelio Leguizamón y Nelson Vásquez nunca hubieran sido recuperados, no  obsta  para  restarle  credibilidad a lo señalado por Cárdenas. Los hechos hay  que  interpretarlos en su forma natural de acontecer, no separadamente, aquí no  surge  ninguna  duda,  no se trata de establecer segmentos probatorios, pues esa  forma  de  valorar  la prueba atenta contra uno de los principios procesales, la  apreciación   conjunta   y   coordinada   de   los  medios  de  convicción”.   

                                 Los elementos de juicio allegados  al  expediente  no  ofrecían razonablemente criterios para ubicar concretamente  el  lugar  en  donde debía hacerse la inspección judicial que echa de menos el  recurrente,  por  lo  que la polémica sobre ese aspecto en casación no es más  que  un  argumento  para  revivir debates que en las instancias fueron resueltos  acertadamente.   

                                                    3.2.  La  pericia médica a través de la  necropsia  fue  de  imposible  aporte  por parte de los funcionarios judiciales,  pues  a  pesar  de  haberse indagado con los medios a su alcance, no fue posible  ubicar  los  cuerpos  de  JOSÉ  MARCO  AURELIO LEGUIZAMÓN RODRÍGUEZ (padre) y  NELSON  VÁSQUEZ,  luego  por  este  aspecto,  no  es  dable  atribuirles  a los  operadores  de  la  justicia  el  incumplimiento  arbitrario  de  sus deberes de  investigar  a  través de las pruebas requeridas los hechos que dieron origen al  proceso  penal  en  contra  de  JAIME  ORLANDO ÁVILA  SÁNCHEZ.   

                                               3.3.  No  cabe  duda  que,  en  términos  generales,  probatoriamente  la inspección judicial y la necropsia, como medios  de  verificación  de  la  muerte  de JOSÉ MARCO AURELIO LEGUIZAMÓN RODRÍGUEZ  (padre)  y NELSON VÁSQUEZ, son conducentes para tales efectos, más si se exima  la  realidad  procesal, en el caso concreto, tales elementos de juicio carecían  de  eficacia  su  incorporación  al  proceso,  pues se carecía de información  específica  para  la  ubicación  de  los  cuerpos,  por  lo que era inútil la  inspección.   

                                               3.4.  De otra parte, tales pruebas no son  los  únicos  medios  idóneos  en  la  legislación  nacional para demostrar la  muerte  de  una persona, pues el Código de Procedimiento Penal adoptó para los  procesos  penales  el  sistema de la libre apreciación de la prueba, regida por  los principios de la sana crítica.   

                                               En  este  caso,  los  falladores  obtuvieron  un  fundamento serio,  creíble,   inequívoco,  sobre  el  deceso  de  las  víctimas  con  la  prueba  testimonial,  indiciaria y la confesión de uno de los coautores, juicio que las  críticas  del  censor  no tienen capacidad para modificarlo, por lo que resulta  intrascendente  la  omisión probatoria en cuanto a las garantías fundamentales  o  respecto  de  la  situación  jurídica del incriminado, pues si la prueba no  aportaba  nada  diferente  a  lo  conocido en las instancias, los efectos que le  hace  derivar  el  impugnante  en  casación  no corresponden objetivamente a lo  registrado  en el proceso y por ende  se convierte en innecesaria la prueba  echada de menos por razón de su no utilidad procesal.    

                                               3.5. El juzgador, acertadamente, llegó a  la  conclusión  que  en  el  proceso  existe  prueba  creíble que conduce a la  certeza  acerca  de la existencia material de los delitos de homicidio agravado,  la  que se mantiene incólume ante la tesis indemostrada de la duda sugerida por  el casacionista.   

Contradicción   del   dictamen  pericial.   

1.  Sostiene  el  demandante  que  se  violó  el  debido  proceso  y  el derecho de defensa al no  habérsele  dado trámite a la objeción que propuso contra el dictamen pericial  rendido por la perito MAYERLINE BUITRAGO BENÍTEZ.   

2.  La  perito  MAYERLINE  BUITRAGO  BENÍTEZ avaluó los perjuicios materiales causados con las  conductas  punibles  imputadas  al  procesado  en  la resolución de acusación,  estimando  el  lucro  cesante  de los delitos contra el patrimonio en la suma de  $39.500.000  y el daño emergente en $42.948.130, por los delitos contra la vida  de  JOSÉ  MARCO  AURELIO  LEGUIZAMÓN  RODRÍGUEZ  se estimaron en $21.611.585,  absteniéndose  de  justipreciar  los  relacionados con NELSON GIOVANNI VÁSQUEZ  NIVIA  por no contar con respaldo probatorio. Los perjuicios morales los dejó a  criterio del juez.   

El  a  quo  mediante  providencia del 20 de  junio  de  2002 ordenó correr traslado por 3 días de la pericia referida en el  párrafo  anterior,  en  los  términos  del artículo 254 del C.P.P., decisión  ésta  que  se  repitió el 5 de julio siguiente, ésta última comunicada a los  sujetos procesales mediante oficios de esa misma fecha.   

El  8 de julio de 2002 el defensor de JAIME  ORLANDO   ÁVILA   SÁNCHEZ,   presentó  escrito  al  juez  de  la  causa,  que  textualmente reza:   

“Comedidamente  me  permito  objetar  el  experticio  pericial  para  que  la  señora  perito amplíe y adicione para los  motivos que expongo:   

“a)  El  señor  WALTER ALFONSO CÁRDENAS  ESPINOSA  pidió  sentencia  anticipada  con  lo  cual  se  separó el proceso y  realizar  el  peritazgo al dictar sentencia en la cual se tasaron los perjuicios  e indemnización (sic).   

“b.  Por  los  mismos daños y perjuicios  estaríamos    efectuando    dos    experticios    y   reconociendo   un   doble  resarcimiento.”   

La  oficial  mayor,  el 16 de julio de 2002  remitió  al despacho las diligencias con el informe de que el dictamen pericial  había  sido  objetado.  Seguidamente se realizaron las sesiones de la audiencia  pública  y  se  profirió  sentencia  de  primer  grado sin haberse    hecho   pronunciamiento      sobre     el     escrito     en  mención.   

3. El escrito a que  se   ha   hecho  referencia  en  el  párrafo  anterior  no  corresponde  a  una  contradicción  por  ampliación  o  adición  ni  a  una objeción del dictamen  pericial,  por  lo que el juez obró acertadamente al no darle el trámite a que  se  refieren  los  artículos  254 y 255 del C.P.P.,  resolviendo el asunto  como  lo  hizo  en  el  fallo de primera instancia, pues las justificaciones que  ofreció  la  defensa  en  el  escrito  presentado  el  8  de julio de 2003 para  objetar,  ampliar y adicionar el dictamen pericial, se refieren a la posibilidad  de  efectuarse dos peritazgos por los mismos daños y perjuicios, en razón a la  ruptura  de  la  unidad  procesal  de  las  actuaciones adelantadas en contra de  WALTER  ALFONSO  CÁRDENAS  ESPINOSA, quien se acogió a sentencia anticipada, y  la   seguida   en  contra  de  JAIME  ORLANDO  ÁVILA  SÁNCHEZ,  que  corresponde a este expediente, y a la  posibilidad  de  un  reconocimiento de un “doble resarcimiento”, fundamentos  que  son  ajenos  al  objeto de la pericia y a la competencia de la perito, pues  tal  asunto  es  del  resorte  del  juez  quien debe resolverlo en la sentencia,  situación   que   en   este   caso   resolvió   aplicando  la  responsabilidad  solidaria.    

La  anterior  conclusión  se  apoya en los  supuestos  que  se  exponen  seguidamente,  los  cuales no reúne el escrito que  indebidamente  tituló  la defensa como de objeción, ampliación y adición del  dictamen pericial.   

3.1.    La  contradicción  del  dictamen  pericial  debe ser garantizada al interior de los  procesos  judiciales, derecho que pueden ejercer los intervinientes a través de  la  aclaración,  ampliación  o  adición mediante manifestación que presenten  dentro  de  los  3  días  siguientes  a  la fecha en que el dictamen es dado en  traslado  a los sujetos procesales. También puede ser objetada la pericia, caso  en  el  cual,  su  proposición  se  puede  hacer hasta antes de que finalice la  audiencia pública.   

Los  mecanismos de contradicción referidos  no  pueden  ser  identificados  en  su  objeto,  pues aclaración, ampliación o  adición  no  se  tramitan  como  incidente  y  su finalidad es superar vacíos,  ambigüedades  o  hacer precisiones sobre determinados aspectos que corresponden  por  naturaleza  a  la  materia  objeto  de  la prueba pericial, en tanto que la  objeción  se  ocupa  del  error  grave, la fuerza y el dolo, censuras estas que  deben  tramitarse  como  incidente  y  habiéndose  solicitado  simultáneamente  ambas,  debe  darse curso primero a aquellas y por último a la objeción.    

El  ejercicio del derecho de contradicción  requiere  de su manifestación oportuna, que el escrito en que se propone, reuna  ciertos  requerimientos, como por ejemplo, la  pertinencia  de lo solicitado, esto es, que lo pretendido esté  vinculado  con  la  materia sobre la cual se pronunció el perito, que se busque  una  aclaración,  ampliación  o  adición  o  una objeción, expresándose los  fundamentos  de hecho y de derecho y los medios de prueba que permitan apoyar lo  solicitado.   

Por  tanto, la contradicción del dictamen  debe  indicar  de manera nítida, en qué consistió el yerro, en qué parte del  dictamen  se  presentó, qué debe ser aclarado, adicionado o complementado y de  qué manera estas falencias dan lugar a variar las conclusiones.   

Implica el escrito de contradicción de la  pericia  una  sustentación  de  la  pertinencia de lo reclamado, pues escapan a  dicho  trámite  las  solicitudes  inmotivadas,  abiertamente infundadas, que no  hagan  precisión  del error o lo que debe ser aclarado, adicionado o enmendado,  o  que  se  vinculen  con aspectos que no tienen que ver con los temas abordados  por  el perito, constituyéndose en hechos ajenos al mismo, así se presenten en  apariencia  relacionados  con la prueba técnica, o que escapen a la competencia  del  auxiliar de la justicia, como por ejemplo cuando se le requiere para que se  pronuncie  sobre  situaciones  que  no  son  de  su competencia sino del juez de  conocimiento.   

3.2. Pues bien, la  motivación  que  ofreció  el  defensor del procesado se vincula con un aspecto  legal,  relacionado  con  la  responsabilidad  civil  generada  por  los delitos  cometidos  y  el  monto  de la indemnización que le corresponde sufragar a cada  uno  de  los coautores, JAIME ORLANDO ÁVILA SÁNCHEZ y WALTER ALFONSO CÁRDENAS  ESPINOSA.  Este  asunto es un aspecto de puro derecho y que por ende escapa a la  competencia  del  perito,  porque  la  respuesta  a  la  inquietud del apoderado  equivale  a  resolver  si  la  responsabilidad  civil  derivada  del  delito  es  solidaria  o  no para los coautores, mecanismo jurídico con el cual se evita el  pago  indebido  o doble por los copartícipes, situación que debía resolver el  juez  a  través  de  la  hipótesis  normativa contenida en el artículo 46 del  C.P.P.  (Ley  600  de 2000) y la hermenéutica que corresponda al caso. Es más,  frente  a  la  ejecutabilidad de la sentencia, tampoco es el concepto del perito  el  que  resulve  el  monto  que  debe  pagar cada uno de los coautores, son las  normas  que  regulan  los  efectos  de las obligaciones solidarias y la conducta  asumida  por  los obligados frente al pago, según se deduce de las regulaciones  contenidas   en   los   Títulos   IX   y   X   del   C.C.   y   demás   normas  concordantes.   

3.3.  El Juez no  está  obligado a adelantar trámites que no se ajusten a los fines del proceso,  pues  lo contrario sería dejar en manos de los sujetos procesales la dirección  de  la  actuación y la resolución de los aspectos normativos a voluntad de los  auxiliares  de  la  justicia,  cuando  ello  es  de  exclusiva  competencia  del  funcionario  judicial  (artículo  37-1 C. de P. C.). La propuesta del defensor,  en  los  términos  señalados,  no  resulta  ser  del  ámbito  propio  al rito  establecido  por los artículos 254 y 255 del C.P.P., sino de la sentencia, pues  el  cuestionamiento  no  responde  a  los  conceptos  de  aclaración, adición,  complementación u objeción del dictamen.   

                                3.4.   El  fallador  obró  acertadamente,   pues   el  Juzgado  Noveno  Penal  del  Circuito  Especializado  con sede en Bogotá, en el  fallo  de  primera instancia, al motivar la condena por los perjuicios, señaló  que  “el  penalmente  responsable  debe resarcir de  acuerdo  a  la  tasación  que  de  ellos  haga  el  juez  siempre  y  cuando la  indemnización          impuesta          en          forma         solidaria  no  sobre pase los mil (1000)  salarios  mínimos  legales  mensuales  y  que los perjuicios estén debidamente  probados”,  por lo que en este caso se “liquidarán  los  daños teniendo en cuenta el dictamen pericial  emitido  por  la  Dra.  MAYERLINE  BUITRAGO  BENÍTEZ en el que se estimaron los  daños  materiales  teniendo  como  parámetros  el  lucro  cesante  y  el daño  emergente,  avalúo  respecto  del cual y en la oportunidad procesal respectiva,  los     intervinientes    guardaron    silencio”.   

En  los  considerandos  de la sentencia se  concluyó  que  por  los  perjuicios  materiales “En  total     el     encartado     deberá     pagar     en    forma    solidaria  la  suma  de  ciento  cuatro  millones   cincuenta   y   nueve   mil   quinientos   ochenta   y   cinco  pesos  ($104.059.585)”.  Los  perjuicios morales los fijó  prudencialmente  el  juzgador en el equivalente a 100 mesadas para las víctimas  de  la muerte de JOSÉ LEGUIZAMÓN y en 70 salarios para los perjudicados con la  muerte de NELSON GIOVANNI VÁSQUEZ.   

En  la  parte  resolutiva,  se  impuso  a  JAIME    ORLANDO    ÁVILA    SÁNCHEZ       la       obligación       de       pagar       solidariamente el monto de los perjuicios  morales   y    materiales,   conforme  a  lo  relacionado  en  el  acápite  correspondiente (numerales tercero y cuarto).   

4. Por las razones  señaldas  no  se  acoge  el concepto del Procurador Delegado, que sin un examen  objetivo  del  caso  concreto  acogió la pretensión casacional del recurrente.   

El cargo no prospera.  

Violación    indirecta   de   la   ley  sustancial.    

Primer    cargo.    Falso   juicio   de  existencia.   

Sostiene el demandante que el sentenciador  omitió  apreciar  pruebas,  tergiversó  los  hechos  indicadores  y  llegó  a  conclusiones  con  flagrante  violación  de  los  principios de la lógica y la  experiencia,   dejando  de  aplicar  la  presunción  de  inocencia   y  el  postulado  del in dubio pro reo, yerros que vincula con los testimonios de ERIKA  LUCINDA  ALDANA  MEDINA,  EDIER  ALEXANDER  HERNÁNDEZ NIVIA, ERNESTINA NIVIA DE  VÁSQUEZ,  JAIME ROJAS TEGUA, HÉCTOR JOSÉ CASTRO CELIS, CECILIA SIERRA, MARÍA  ISABEL  FERRO DE PINILLA, la muestra de voces tomadas al procesado JAIME ORLANDO  ÁVILA  SÁNCHEZ, el examen médico legal practicado al inculpado y los escritos  relacionados  con  los  procesos  civiles  adelantados en contra de ÁVILA  SÁNCHEZ,  los  extractos de sus  cuentas  bancarias  y  la certificación de la junta de acción comunal sobre su  conducta y tiempo de vivir en el sector del Llanito.   

                                               La  postulación del cargo, su desarrollo y demostración desconoce  la  técnica  que  en  casación  exige  el  ataque  de  la sentencia de segunda  instancia  por la vía de los errores de hecho, dado que refunde sus modalidades  en  un  mismo concepto y las aplica a las pruebas que invoca como fundamento del  reproche,  creando  confusión  respecto  del  yerro  atribuido al fallador y el  origen  del  mismo, esta es la conclusión a la que se llega cuando se afirma en  el  cargo  que  las  pruebas  no  se  apreciaron, fueron parceladas, cercenadas,  vulnerándose  los principios de la lógica y la experiencia en su apreciación.   

                                 

No  obstante  las  falencias  en  las  que  incurrió  el  censor en la postulación del cargo, debe la Sala precisar que el  reproche  es  intrascendente  e  infundado, afirmaciones que se sustentan en las  razones que se exponen seguidamente:   

El fallo impugnado no incurrió en el error  que  le  atribuye  el censor respecto de la declaración de ERIKA LUCINDA ALDANA  MEDINA,  pues  esta  versión  fue  valorada por el juzgador, afirmación que se  corrobora  con la lectura del folio 257 de la sentencia proferida por el Juzgado  Noveno  Penal  del  Circuito  Especializado,  cuya motivación se incorpora a la  providencia  del Tribunal en virtud al principio de unidad que rige a los fallos  de instancia.   

Lo propio ocurre con el testimonio de   ALEX  ó  ALEXANDER NIVIA, quien refirió que el día de los hechos entre las 10  y  11:15  A.M. había trasportado en su taxi a ORLANDO  ÁVILA   al  sector  de  San  Andresito  de  la  38,  aseveración  respecto  de  la  que  el  a quo señaló que tal prueba conduce a  demostrar  que  “en  el  momento  del  plagio de Marco Aurelio Leguizamón, el  enjuiciado,   no   estuvo   con  los  tres  sujetos  que  se  encargaron  de  la  aprehensión,  pero de manera alguna nos comprueban su completa ajenidad a estos  hechos” (fl. 269).   

En  cuanto  a la declaración de ERNESTINA  NIVIA  DE  VÁSQUEZ,  se  le  menciona  en  el  cargo para hacer énfasis en las  llamadas  hechas  al  número  telefónico que solamente conocía su hijo NELSON  VÁSQUEZ,  para deducir el actor que la muerte de éste no pudo ocurrir el 27 de  septiembre  de 2000 y se debe “guardar un álito (sic) de esperanza que por lo  menos  esta  persona  se  encuentre  con  vida”.  Pues bien, los juzgadores se  ocuparon  de  examinar  lo  relacionado  con  la  muerte de NELSON VÁSQUEZ y la  probable  época  de  su ocurrencia, por lo que el ataque adolece de objetividad  en  su  formulación  y  por ende el recurrente equivoca la modalidad por la que  debió  censurar  la  decisión  de  segunda  instancia;  pero  aparte  de  esta  falencia,  la propuesta del demandante constituye una hipótesis, una conjetura,  carente  de  respaldo  probatorio,  sustentada  en  suposiciones,  que por tanto  resulta extraña al recurso.   

El  censor  admite  en  el  cargo  que  el  certificado  de  la  Junta  de  Acción Comunal y los testimonios de JAIME ROJAS  TEGUA,  HÉCTOR  JOSÉ  CASTRO  CELIS,  CECILIA  SIERRA  y  MARÍA  ISABEL FERRO  PINILLA,  cuya  apreciación  se  denuncia  como  omitida, hacen referencia a la  conducta,   la   personalidad,  la  vida  familiar  y  laboral  de  JAIME  ORLANDO  ÁVILA SÁNCHEZ, aspectos  con  los  cuales  construye  la  aseveración  de  que éste no está dedicado a  actividades  delictivas,  labor  intrascendente en relación con la orientación  del  fallo  impugnado,  porque tales premisas no conducen de manera concurrente,  convergente  e  inequívoca a demostrar que el inculpado es inocente respecto de  los  delitos  de homicidio agravado del que fueron víctimas JOSÉ MARCO AURELIO  LEGUIZAMÓN  RODRÍGUEZ (padre) y NELSON VÁSQUEZ NIVIA, del secuestro extorsivo  agravado  de  JOSÉ MARCO AURELIO LEGUIZAMÓN RUIZ, hurto calificado y agravado,  tentativa  de  extorsión  y porte ilegal de armas, por los cuales fue condenado  por  el  Tribunal  de  Bogotá.  En  estas  condiciones el reparo es inane, como  igualmente  lo  es,  el  argumento relacionado con el contenido de los extractos  bancarios  y  los escritos que dan cuenta de los procesos civiles adelantados en  contra      de     ÁVILA     SÁNCHEZ.   

Aunque  en  el  cargo  se  aludió  a  la  tergiversación  de  los  hechos  indicadores, el actor no precisó los indicios  que  fueron  indebidamente  construidos, por qué fue distorsionado el contenido  material  de  los  elementos  de  juicio  que  sirvieron  de  soporte  al  hecho  indicante,  quedando  tal aseveración en un enunciado al que se quiso asignarle  autónomamente  mérito  para  desquiciar  la presunción de acierto y legalidad  que  ampara  el  fallo recurrido, sin hacer referencia a la valoración conjunta  de  los medios de prueba recaudados y que sirvieron de fundamento a la decisión  del Tribunal de Bogotá.   

Ninguna  incidencia  probatoria tuvo en el  resultado   del   proceso   la   muestra  de  voces  obtenida  con  JAIME  ORLANDO ÁVILA SÁNCHEZ, en razón  a  que  no  fue posible su cotejo por cuanto que no era apto para tales fines el  material  dubitado  (registros  telefónicos  interceptados por el Grupo Gaula),  luego  ningún  aporte  de  carácter  positivo o negativo ofrece para los fines  pretendidos  con  la demanda de casación la estimación de dicha situación, la  que   no   fue   apreciada   en  los  fallos  de  instancia,  al  ser  obvia  su  intrascendencia  probatoria,  de la que no puede inferirse, como equivocadamente  lo   sugiere   el   actor,   que   el  señor  ÁVILA  SÁNCHEZ     es     ajeno     a    las    llamadas  extorsivas.   

La  eficacia probatoria del examen médico  practicado    a   JAIME   ORLANDO   ÁVILA   SÁCHEZ  será  objeto  de  análisis  al  resolverse el cargo  formulado al amparo del falso juicio de legalidad.   

El cargo no prospera.  

Segundo cargo  

Falso juicio de legalidad.  

1.   Para  el  demandante  la  condena  en  contra  de  JAIME ORLANDO  ÁVILA  SÁNCHEZ  se  sustentó  en la indagatoria de  WALTER  ALFONSO CÁRDENAS ESPINOSA, manifestaciones que estuvieron precedidas de  torturas,  intimidación,  malos  tratos,  amenazas  contra  su vida y la de sus  hijos,   por  parte  de  los  integrantes  del  GAULA,  prueba  de  ello  es  el  reconocimiento  médico  legal  que  le  dio  una  incapacidad  de 8 días. Esta  ilegalidad  la  predica  igualmente  de  la  injurada  rendida  por JAIME    ORLANDO    ÁVILA    SÁNCHEZ,  a   quien   Medicina  Legal  le  certificó  una  incapacidad  de 12 días y la  necesidad de tomar una placa en el tabique de la nariz.   

2. La invocación  del  error  de  derecho  por  falso  juicio de legalidad impone al recurrente el  deber  de  acreditar  que  la  prueba  con  la  que  se  vinculó  el yerro, fue  practicada  o  aducida  al proceso sin las formalidades exigidas por la ley. Tal  inconsistencia,  por  otorgarle validez al medio que no lo tiene o negársela al  que  sí  lo  amerita,  apunta a la existencia jurídica de la prueba, afectando  únicamente  al  medio  ilegalmente  obtenido,  sin proyectarse sobre los demás  elementos  de  juicio  o  la estructura del proceso, de ahí que la solución en  esos  casos  sea  la  exclusión  del  medio  de  prueba  (primario o derivado),  dejándolo sin efectos vinculantes.   

Una  vez  establecido  el yerro, el censor  debe  ocuparse de la incidencia del desacierto en relación con los hechos y las  conclusiones  del  fallador, para lo cual debe del análisis integral del acervo  probatorio  excluir  la prueba denunciada como ilegal y demostrar que los demás  medios  en  los  que  se sustentó la decisión impugnada son insuficientes para  mantener  la  presunción  de acierto y legalidad, debiendo la Corte proferir el  fallo de sustitución correspondiente.   

                                    

                                    3.  Acerca    de   la   prueba   ilícita,   la   Sala1 ha señalado:   

“Existe en el  derecho  comparado,  sobre  un  tema  tan complejo, una variedad de sistemas que  oscilan  entre  el  que  le  concede  al  juez  plena  libertad para apreciar la  prolongación   de   los   efectos  de   la  invalidez   de         la         prueba        principal,       inconstitucionalmente  obtenida,2  al  que  sienta,  como  principio general, que la invalidez de la  prueba  primaria  no  se  pueda  extender  a  otras  que  le  sea relacionadas o  causalmente                vinculadas3  y, otro intermedio, conforme  al  cual  los  efectos  de  la  exclusión  de  la  prueba  constitucionalmente  ilícita  se extienden a las  pruebas   derivadas   de  ella,4   

sistema éste sobre el cual la doctrina ha  venido  estableciendo  una  serie  de  distinciones o excepciones, tales como la  prueba     proveniente     de    una    fuente  independiente,  o  la  conocida  como de atenuación,  cuando  la  regla  oculta  complejidades    concretas,    o    de   la   prueba  inevitable,  esto es, la que de todas maneras habría  sido   conocida   por   otra  vía,  así  como  la  denominada  “acto  de voluntad libre” consistente en  que  el  vínculo  de  esta  prueba  se rompe con la prueba inicialmente viciada  cuando    es    ratificada    mediante    decisión    libre   de   la   persona  afectada.5   

El  inciso  final  del  artículo 29 de la  Carta  Política  y  las  normas  que  lo  desarrollan,  señala  que  tanto  la  estructura  del  Estado de derecho, como de la sociedad para la cual se consagra  esencialmente,  y  de  la  administración  de justicia, soportadas dogmática y  orgánicamente  en la Constitución, no admiten pruebas obtenidas con violación  al  debido proceso, instituido en defensa de derechos fundamentales y garantías  ciudadanas,   por   consiguiente,  exige  la  exclusión  estricta   de  la  prueba   constitucionalmente   ilícita  (prueba principal) y, eventualmente, de  la  prueba  derivada, entendiendo por tal aquella, con  entidad    igualmente    constitucional,      de      ninguna      manera     tenue     a     atenuada,   que   tiene  su  fuente  de  conocimiento  en  dicha  prueba  básica  y no en otra de carácter independiente.     

No  tiene, pues, carácter de prueba  derivada  la prueba que tiene su  arribo  al  proceso,  inevitablemente,  por otra vía  lícita,  como tampoco la que obtiene su ratificación     mediante     el    ejercicio    libre    de    la  voluntad  del  afectado,  pues  en  tales  eventos no  sufren   los   efectos   expansivos   de   la  prueba  principal  ilícita,  por  consiguiente,   tienen validez suficiente para  sustentar providencias  judiciales.   

La  exclusión  de  pruebas  ilícitas por  desconocer  derechos  o  garantías  constitucionales  o  contravenir  el debido  proceso  no  tendría  significado  si  no  es  por su trascendencia a tan caros  derechos,   principios   y   valores,  por  tanto,  su  admisibilidad  no  puede  sustentarse  en  el  celoso propósito de encontrar a cualquier precio la verdad  real,  o  de  evitar la impunidad, fines loables que no admiten medios ilícitos  para   obtenerlos.                                          

Las    decisiones   judiciales   deben  procurar   la  verdad  obtenida  bajo  el  supuesto  de que el método para  obtenerla  se  apoya  en   prueba  recaudada  con  respeto a las garantías  constitucionales,  por  ende,  los  medios probatorios, directa o indirectamente  obtenidos   al  margen  de  la  Carta  Política  o  de  los  preceptos  que  la  desarrollan,      deben      ser     necesariamente     excluidos”.   

                                   

                              4.  Procederá  la  Sala  a examinar si en  este    caso   la   presunción   de   inocencia   a   favor   de   JAIME   ORLANDO   ÁVILA   SÁNCHEZ  fue  destruida  con  pruebas  legal  y regularmente aportadas al proceso, o si por el  contrario,  fueron  desconocidas las garantías procesales y constitucionales en  cuanto  decretó  o  aceptó la aducción de pruebas ilícitas, que sirvieron de  fundamento   a   los   fallos   de   instancia   para  condenar  a  ÁVILA SÁNCHEZ.   

                                               4.1.  Para  el  propósito  señalado  se  referirán  las  circunstancias  que rodearon la aprehensión y la forma como se  obtuvo  la  versión  extraproceso  y  la confesión de WALTER ALFONSO CÁRDENAS  ESPINOSA,  en  la  que  aceptó  responsabilidad  penal y delató como coautor a  JAIME    ORLANDO    ÁVILA    SÁNCHEZ,  igual  alusión  se  hace  respecto  a  las circunstancias de la  aprehensión y diligencia de descargos en cuanto a éste último.   

El  comandante del Gaula informó que el 4  de  julio  de  2000  un  funcionario  de  la  entidad  se percató que frente al  inmueble   de   la   calle  68  A  No.  68-32,  se  encontraba  una  persona  de  características  físicas  que  coincidían con la descripción hecha por JOSÉ  AURELIO  LEGUIZAMÓN  RUIZ como la persona que lo secuestró, por lo que el  investigador  marcó al número celular 3286622 del cual provenían las llamadas  extorsivas,  obteniendo  respuesta  inmediata por parte del sospechoso, quien al  notar   la  presencia  de los agentes huyó, siendo alcanzado cinco cuadras  adelante,  oponiendo resistencia y agrediendo a los funcionarios, ocasionándose  en  el procedimiento una herida a la altura de la cabeza y otra en sus manos. El  aprehendido  se  presentó  inicialmente  como JUAN CARLOS VILLAZANA GONZÁLEZ y  posteriormente  señaló  que  su  verdadera  identidad era la de WALTER ALFONSO  CÁRDENAS ESPINOSA (fl. 70 a 72 del cd. 1).   

En  el acta de imposición de derechos del  capturado  manifestó  haber  recibido buen trato por los captores ( folio 73) y  el  7 de noviembre fue examinado por Medicina Legal, encontrándole equimosis en  el  brazo izquierdo, excoriación en el dorso de la mano izquierda, causadas con  elemento  contundente, por lo que se le reconoció una incapacidad de ocho días  (fl. 81 idem.).   

El  8  de noviembre de 2000 WALTER ALFONSO  CÁRDENAS  ESPINOSA  fue  conducido  a  la  Fiscalía 103 Delegada ante el Gaula  Bogotá  con  el  fin  de  rendir indagatoria, diligencia en la que nombró como  apoderado  al  profesional  del  derecho  con T.P. 46.641 del C.S de la J, se le  hicieron  las  advertencias de estar libre de apremio y juramento, así como del  contenido  de  los  artículos 37, 37A, 358, 359 y 369A del C.P.P, además se le  interrogó  sobre  su  condición  física,  mental  y  su  actitud  para rendir  indagatoria,  manifestando  que  se  encontraba en cabal uso de sus facultades y  dispuesto  para  responder  el  interrogatorio,  informándole  del  derecho que  tenía  de  entrevistarse  con  su  apoderado, derecho que ejercitó, para luego  procederse  al desarrollo de la diligencia, en la que confesó su participación  en  los  delitos  imputados,  así  como  la  de JAIME  ORLANDO  ÁVILA,  sin hacer imputaciones de tortura o  maltrato  físico  a  los  investigadores  del Gaula. En los mismos términos se  cumplió  la  reanudación  de  la  diligencia que fue suspendida entre el medio  día y las 4.30 de la tarde (fl. 82 a fl.92, cd. 1).   

En diligencia de ampliación de indagatoria  realizada  el  13  de  marzo  de  2001  (fl.  298  a  301 cd. 2), WALTER ALFONSO  CÁRDENAS  ESPINOSA  se retractó de la versión ofrecida en la primer versión,  cuestionando  la  actuación del Gaula de la Policía Nacional, aduciendo que el  día  de su captura opuso “resistencia” a las doce personas que participaron  en  el  operativo,  quienes se hicieron pasar por paramilitares, acusándolos de  golpearlo  con  las  cachas de la pistolas, “la boquilla de unas metras”, de  subirlo  a  un  automóvil con la cabeza tapada con una bolsa negra y llevarlo a  una  bodega  donde  lo  tiraron al piso, dándole puntapiés, refiere igualmente  que  le  pusieron  corriente  en  los testículos y lanzaron amenazas contra sus  hijos,  su  hermano y su señora madre, si no contaba lo que sabía en relación  con el secuestro de JOSÉ MARCO AURELIO LEGUIZAMÓN.   

Mediante oficio 3162 del 9 de noviembre de  2000  el  Gaula  puso  a  disposición  del  fiscal  instructor  a  JAIME  ORLANDO ÁVILA SÁNCHEZ, capturado  el  día  anterior,  anotando que “antes de su captura tuvo una discusión con  el  señor  NELSON LEGUIZAMÓN, hijo del ofendido, quién reside frente al lugar  de  los  hechos,  discusión en la cual le propinaron un golpe al capturado” (  fl.99.cd.1).   

En  el acta de imposición de derechos del  capturado  éste  manifestó haber recibido buen trato (fl. 101 ídem) y el 9 de  noviembre  de 2000 Medicina Legal practicó reconocimiento médico, certificando  que  presentaba  equimosis  intraorbitraria  derecha, edema en el muslo derecho,  excoriaciones  y  edemas en el dorso nasal, producido con elemento contundente y  corto  contundente,  fijándose una incapacidad de 12 días y reclamando RX para  próxima evaluación.   

El  9  de  noviembre de 2000, a las 2 y 40  P.M.   JAIME  ORLANDO  ÁVILA  SÁNCHEZ  compareció  a  rendir  indagatoria  ante la Fiscalía 103 Delegada  ante  el  Gaula  Bogotá, diligencia en la que nombró como apoderado al abogado  con  T.P.  16.747  del  C.S.  de  la  J., informándole que estaba libre de todo  apremio  y  juramento,  e  imponiéndole el contenido de los artículos 37, 37A,  358,  359  y  369A  del  C.P.P.  En el acta se hizo constar que “al momento de  rendir  la  presente diligencia presenta una herida en proceso de cicatrización  en  la  parte  superior  de la nariz de aproximadamente 1 cm., manifiesta le fue  causado  por  un  puño  que le causara el hijo de don MARCO AURELIO LEGUIZAMÓN  -ofendido-.  Manifiesta  que  es  la  misma  con  la que fue capturado. Antes de  formularse  el interrogatorio el imputado se entrevistó con el abogado. Durante  la  diligencia no formuló cargos contra los funcionarios del Gaula por torturas  o malos tratos. (fl. 112 a 126 del Cd. 1).   

El  23  de  abril  de  2001  se amplió la  indagatoria   de   JAIME   ORLANDO  ÁVILA  SÁNCHEZ  en  la  que  denuncia  anomalías y violaciones a sus  derechos  fundamentales  al  momento  de la captura, acusando a los funcionarios  del  Gaula  de  realizar  un montaje en su contra y señalando que la “primera  indagatoria  fue  realizada  bajo  la  presión  de  la  tortura  hecha  por las  autoridades  del  Gaula,  copia  de  la  incapacidad  de esta tortura ya ha sido  anexada a  este proceso” .   

4.2. La Sala avala  las  razones  con  base  en  las  cuales  el a quo y el ad quem desestimaron las  ampliaciones  de  las  indagatorias rendidas por JAIME  ORLANDO  ÁVILA  SÁNCHEZ  y WALTER ALFONSO CÁRDENAS  ESPINOSA  y  las  supuestas  intimidaciones,  torturas  y  malos tratos, pues lo  cierto   es  que  son  infundadas  y  carecen  de  respaldo  probatorio  en  las  diligencias.   

Los  reparos  formulados  por JAIME  ORLANDO  ÁVILA  SÁNCHEZ y WALTER  ALFONSO  CÁRDENAS ESPINOSA para demandar la supuesta vulneración de garantías  fundamentales,  se  vinculan  con la captura, no con la aducción y práctica de  las  injuradas  recibidas  los  días  8  y  9  de  noviembre de 2000. Estas dos  actuaciones  se  cumplieron  en lugares, momentos y funcionarios distintos y las  circunstancias  en  que  se cumplieron aportan deducciones lógicas y razonables  para  pregonar acierto y legalidad en las decisiones de instancia que se negaron  a  admitir  la  tesis  de  la  defensa, en cuanto a la presión sicológica como  causa  de  la  confesión  de CÁRDENAS ESPINOSA, único de los incriminados que  aceptó  responsabilidad  penal  en  los hechos y además delató a ÁVILA SÁNCHEZ.   

En  el acta de imposición de derechos del  capturado   y  durante  la  primera  versión  de  indagatoria,  WALTER  ALFONSO  CÁRDENAS   ESPINOSA,  no  obstante  haberse  entrevistado  previamente  con  su  abogado,  no hizo alusión a torturas, intimidación o maltrato por parte de los  Agentes  del  Gaula,  todo lo contrario, su comportamiento y respuestas, revelan  manifestaciones  espontáneas, voluntarias, libres, conscientes, condiciones que  ratificó  ante el fiscal instructor al ser cuestionado en tal sentido, proceder  consecuente con una confesión exenta de vicios.   

De  otra  parte,  con  lo informado por el  GAULA  en  el  oficio  que  puso a WALTER ALFONSO CÁRDENAS a disposición de la  fiscalía,  cuyo contenido no fue desvirtuado en el expediente, se establece que  aquél  huyó  y  se  resistió  a  su  aprehensión,  razón  por la cual en el  operativo  se  causaron  las  lesiones  de  que  dio cuenta Medicina Legal, cuya  descripción  y levedad revelan el trato realmente recibido por el incriminado y  no  el  imaginario  procedimiento  violento,  cruel  e  inhumano  referido en la  ampliación  de  indagatoria del 13 de marzo de 2001, diligencia ésta en la que  por  lo  demás,  admitió  el  inculpado que opuso resistencia al momento de su  captura,  corroborándose  la  objetividad  con la que el GAULA ha informado los  hechos en este proceso.   

La  denuncias  contra los funcionarios del  Gaula  carecen  de respaldo probatorio, su invocación como argucia defensiva es  evidente,  así  se  infiere  i)  del  hecho  de  haberse  omitido  dar  noticia  oportunamente  de  las supuestas torturas, amenazas y malos tratos en la primera  versión  de  indagatoria  en  el  año 2000, ii) de la ausencia de móviles por  parte  de los funcionarios del Gaula para obrar de la manera como lo refieren en  el   año  2001  los  incriminados,   iii)  los  detalles  de  los  sucesos  criminales  no  eran  del  dominio  y conocimiento de los funcionarios del Gaula  sino  de  WALTER  CÁRDENAS,  por  tanto  no  es  de  recibo la hipótesis de la  intimidación  frente a la información detallada y acertada sobre lo acontecido  y  que  fue  suministrada  en la diligencia de indagatoria a la cual no tuvieron  acceso  los  investigadores,  iv)  el  fiscal  que  dirigió  la  diligencia  de  indagatoria  registró  en  el  acta  lo  ocurrido,  en  la  que  se advierte el  cumplimiento  de las garantías fundamentales, al extremo que se les indagó por  las  condiciones  personales  y  sicológicas  en  que  se encontraban al rendir  indagatoria  y  se les permitió dialogar privadamente con el apoderado antes de  iniciarse  el  interrogatorio,  sin  que  durante la diligencia se hubiese hecho  alusión  a  los  supuestos  alegados en casación como causa de vulneración de  las garantías constitucionales y los derechos fundamentales.   

De  ahí que la Sala, para descalificar el  vicio  de  ilegalidad  atribuido  a  la  confesión  de  WALTER CÁRDENAS,   prohíje  en  esta oportunidad las razones aducidas por el Tribunal, al señalar  que:   

“Una   persona  que  por  miedo  está  inventando  semejante  historia  no  hace  un  relato de forma tan espontánea y  continua,  con  el detalle exacto de los episodios vividos, ni aporta como apoyo  a  su  discurso  los  nombres  y los números telefónicos y las direcciones que  dieron  con  el  compañero de fechorías inmediatamente. Y menos, puede creerse  en  casualidades  que  precisamente  en virtud de estos datos, iban a capturar a  una   persona  entrañablemente  cercana  a  la  familia  de  las  víctimas”.   

Además,   una   pluralidad   de   datos  suministrados  por  WALTER  ALFONSO  CÁRDENAS ESPINOSA en su primer versión de  indagatoria,  fueron corroborados por otros medios, así ocurrió con los hechos  narrados  por  JOSÉ  MARCO  AURELIO  LEGUIZAMÓN  respecto  de  su plagio y las  referencias  sobre  el  suceso  criminal por parte de NELSON LEGUIZAMÓN, lo que  viene  en  apoyo  de  la  veracidad  de  lo expresado en la indagatoria del 8 de  noviembre de 2000 rendida por CÁRDENAS.   

Prueba  de  que los funcionarios del GAULA  obraron  conforme  a  derecho,  que  sus  informes  registraron con fidelidad lo  ocurrido  y  que  la  versión traida al expediente por los incriminados un año  despues  de  su indagatoria es una tesis defensiva, intadendible, por carecer de  respaldo  probatorio  y no corresponder a la realidad de lo hechos, se encuentra  en  la  constancia dejada por el fiscal en la injurada rendida el 9 de noviembre  de   2000   por   JAIME   ORLANDO  ÁVILA  SÁNCHEZ,  quien  ante  el  fiscal  y  defensor,  con  quien  se  entrevistó  en  privado,  manifestó  que las lesiones que presentaba le fueron  causadas  por  “el  hijo  de don MARCO AURELIO LEGUIZAMÓN”, corroborando de  esta  manera  el  informe rendido por el Gaula en el que se había expresado que  antes   de   su   captura  ÁVILA  SÁCHEZ    fue    agredido    por   NELSON   LEGUIZAMÓN,   hijo   de   la  víctima.   

4.3. La prueba que  sirvió  de  fundamento  a los fallos de instancia, directa y circunstancial, no  está  contaminada  por  efecto  inmediato,  expansivo  ni  próximo  a ilicitud  constitucional  en  el aporte del caudal probatorio, habida cuenta que la prueba  básica  -la  indagatoria  y  la  confesión- es lícita. Ninguna ilicitud y por  ende  ninguna  conexidad con prueba de este origen existe entre el instante y el  medio  a  través del cual las autoridades judiciales obtuvieron el conocimiento  de  la  confesión extraprocesal y procesal hecha en la narración del inculpado  WALTER  ALFONSO  CÁRDENAS ESPINOSA, por lo que no existe razón para aplicar la  cláusula  de  exclusión  en los términos del artículo 29 de la C.P. Lo mismo  dígase  respecto  de  la indagatoria de JAIME ORLANDO ÁVILA SÁCHEZ y el trato  dado a éste por el GAULA.   

                                               El  ligamen  inmediato  entre  lo  manifestado  por  el incriminado  CÁRDENAS  ESPINOSA  y  su  proceder consciente, voluntario y libre al confesar,  escapan  a la tesis de la ilicitud de la indagatoria y por ende de la confesión  como    un    fruto    derivado    “del    árbol  envenado”,  por  cuanto  que  no  es cierto que los  incriminados  hayan  estado  sometidos  a  amenazas,  tratos  físicos y morales  degradantes  de  su condición humana, que repercutieran gravemente en su estado  de ánimo, según lo expresado en los numerales anteriores.   

                                               El cargo no prospera.   

                             En  mérito  de  lo expuesto la Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

                            RESUELVE   

                                     NO  CASAR  la  sentencia  impugnada,  de  fecha, origen y  contenido consignados en esta providencia.   

                                               Cópiese, notifíquese, cúmplase y devuélvase   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

                               

SIGIFREDO   ESPINOSA PÉREZ                                     ALFREDO                 GÓMEZ                 QUINTERO                                 

                                                           

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                              ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN     

Excusa justificada  

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                        JORGE LUIS  QUINTERO MILANÉS   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS                                          JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

           TERESA  RUIZ  NÚÑEZ   

                      Secretaria   

    

1 C.S.  de   J.,   Sala   Penal,   Sent.   de   Cas.  del  8  de  julio  de  2004,  Rdo.  18.451.   

2  Código  de  Procedimiento  Penal Francés. Artículo 174 inc. 2º. Inglaterra :  Art. 78 Del police and Criminal Evidence.   

3  Si  bien  la  ley  penal  guarda  silencio  al  respecto, la jurisprudencia tiende a  establecer  esta  limitante,  si  bien,  en  algunas  decisiones  recientes,  la  doctrina  tiende  a  ser  favorable  a  admitir el principio del “efecto  lejano”. Sentencia de la Corte  Constitucional    en    cita,   SU   – 159.   

4  La  Corte  Suprema  de  Estados Unidos, desde 1920, invocando la Cuarta Enmienda, La  Suprema  Corte  expuso  que  “la  esencia  de  una  disposición que prohíbe la obtención de la evidencia  por  cierta  vía  es  no sólo que la evidencia así obtenida no sea usada ante  una   Corte   sino   que   no  sea  usada  de  ninguna  manera”,  dejando  a  salvo  el  conocimiento  ganado  a partir de una prueba  independiente.  A  partir  de la década de los años  treinta,  precisó  aún  mas  la  extensión  de  la regla de exclusión cuando  aplicó  la  doctrina  de  los  frutos  del  árbol envenenado (“fruit  of the poisonaus tree doctrine”),  según  la  cual,  las  pruebas  ilícitas  no  pueden  apreciarse  y  todos los  resultados    obtenidos   contra   legem  deben  excluirse  como  fundamentos  de  las  decisiones  en  las  actuaciones  administrativas y judiciales. Esta regla general ha sido moderada a  través  de  elementos  correctores,  como, por ejemplo, sopesar en cada caso si  procede  la  exclusión  (“balacing test”)  o  admitir  de  manera  restringida  el  efecto reflejo de la  contaminación   para   reconocerle   validez   a   ciertas   pruebas  obtenidas  razonablemente       (“good       –     faith    excepcio”),  o  cuando  el sentido común puede indicar que esa conexión  se  han  vuelto  tan  tenue  que la mancha ha sido disipada, excepción conocida  ahora      como     de     atenuación.   

5  SU  159/02.   p.  39.  Así  también  PÉREZ  PINZÓN  Alvaro  Orlando.  PRINCIPIOS  GENERALES  DEL  PROCESO  PENAL.  Ed.  Universidad Externado de Colombia. Ps. 71,  72.     

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