23955(29-09-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23955  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°   075  

         

Bogotá,  D.  C.,  veintinueve (29) de  septiembre de dos mil cinco (2005).   

V   I   S   T   O  S   

Se   pronuncia   la   Corte  respecto  la  admisibilidad  formal  de  la demanda de revisión presentada por el defensor de  los  procesados ANANÍAS ESPÍTIA QUEVEDO y  MARTÍN  ESPÍTIA QUEVEDO  contra  la sentencia del Tribunal Superior de Cundinamarca del 20  de  agosto  de  2002  que  revocó  el  fallo  del Juzgado Penal del Circuito de  Chocontá  proferido  el  19  de febrero del mismo año, y, en consecuencia, los  condenó por el delito de homicidio.   

  H   E   C   H   O  S   

El  juzgador  de  primera  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“Las  familias  Rodríguez  Rubio  y Espitia Quevedo residían en la vereda Retiro de Blancos de  Chocontá  y  entre  estas  surgieron inconvenientes que trascendieron en varias  oportunidades  a  agresiones  de  palabra  y  de obra.  Uno de los últimos  incidentes  se  presentó  el  16  de  noviembre  de 1998 cuando miembros de los  Rodríguez  pasaban  por  un  camino  situado  en  la propiedad de los Espítia,  resultando unos heridos y otros detenidos.   

“Doce días después, el 28 de noviembre,  hacia  las  5  de  la  tarde,  Santiago Rodríguez Rubio salió de su residencia  hacia  Chocontá  y  hacia  las  6:30  fue  hallado  su cadáver, en la vía que  conduce   de   Chocontá   a   Villapinzón.    La  muerte  sobrevino  como  consecuencia  de  las  heridas  que  le  habían  sido  propinadas  con  arma de  fuego.   

“Justamente, esa misma tarde, los hermanos  Ananías  y  Martín  Espitia  Quevedo  luego  de departir con unos amigos en el  casco  urbano  de  Chocontá,  regresaron hacia su residencia a la misma hora en  que  se produjo el fallecimiento de Rodríguez Rubio, por la misma carretera que  éste  utilizó  antes  del  ataque  y  pasando  por  el  mismo  lugar donde fue  encontrado su cadáver.”   

L  A      D  E  M A N D  A   

Bajo  el  amparo  de  la  causal tercera de  revisión,  acota en principio el actor que dentro de la causa seguida en contra  de  los  procesados  no  se  advierte  ninguna  prueba  de  cargo  que determine  directamente la responsabilidad de los mismos.   

En  estos  términos,  asevera  que  fueron  “la  desidia  e  inactividad  de  la  Fiscalía”,  los   elementos  preponderantes  que  condujeron  al  Tribunal a condenar a sus prohijados.   

Al   respecto,   transcribe  apartes  del  testimonio   rendido  por  el  técnico  judicial  Jairo  Contreras,  quien  fue  precisamente   el   agente   encargado   de  llevar  a  cabo  la  diligencia  de  levantamiento  de  cadáver,  para  posteriormente concluir que en la actuación  del  funcionario,  “se utilizó el rumor como fuente  de conocimiento de los hechos”.   

De  igual  forma,  critica  el hecho que el  citado  técnico  judicial  hubiera  plasmado en su informe sin ninguna clase de  objetividad  y  criterio,  los distintos comentarios realizados por las personas  que  se agruparon en las instalaciones del C.T.I. de Chocontá, que incriminaban  a  los  procesados  en  los  hechos  delictivos,  tras  conocerse la noticia del  fallecimiento de Rodríguez Rubio.   

En estas condiciones, continúa el libelista  censurando  la  investigación  realizada  por  el  señor  Contreras,  haciendo  énfasis  además en que al momento de ser interrogado sobre la identidad de una  presunta  testigo  presencial  de  los  hechos,  manifestó  que “en  ningún  momento  se  llegó  a establecer nada a manera de los  comentarios cuando se logra recopilar eso”.   

Así  mismo, considera desatinada e injusta  la  posición  del  ente acusador, al considerar que los testigos se abstuvieron  de  declarar por temor a las represalias que posiblemente tomarían los hermanos  Espitia,  dejando a un lado el hecho que los diferentes declarantes relataron en  sus  respectivas  versiones  una  situación  fáctica totalmente contraria a la  consignada    en    el    informe    elaborado    por   el   técnico   judicial  referenciado.   

Por otro lado, ataca el actor el indicio de  presencia,  al cual se refiere la sentencia de segunda instancia para determinar  el  grado  de  responsabilidad  de  sus  poderdantes,  elaborando  con  base  al  testimonio   rendido   por   la  señora  Juana  Sarmiento,  de  quien  asegura,  “no    miente    ni   dejó   de   declarar   por  temor”,  una serie de teorías sobre la distancia y  el  tiempo  transcurrido  entre  el  acto criminal y el supuesto encuentro de la  víctima con los hermanos Espitia.   

A   tal   efecto,   realiza  una  extensa  exposición  sobre  diferentes  situaciones fácticas, las cuales, analiza desde  su  personal  óptica,  resaltando  algunos  testimonios  surtidos  dentro de la  actuación  que,  igualmente,  interpreta  según su criterio para luego inferir  que  en  la  tarde  en  que  ocurrió  el homicidio objeto de este trámite, los  hermanos   Espitia  se  encontraban  en  un  lugar  distinto  al  de  la  escena  criminal.   

Sostiene que el Tribunal al dar por sentada  en  el  presente  caso  la  existencia del indicio de presencia, “se   equivocó  e  incurrió  en  vía  de  hecho”,  puesto  que  fue  precisamente  aquella prueba indiciaria la que en  últimas  derivó  en  la  revocatoria  del fallo emitido por el a quo.  Al  respecto,   cita   a   diversos  doctrinantes  en  la  materia  para  apoyar  su  postura.   

Luego,  argumenta  el  actor,  no  obstante  encontrarse  demostrado  en  el  plenario el paso de los hermanos Espitia por el  lugar  de  los  hechos  delictivos,  no  le  era  dable  al  juzgador de segunda  instancia  establecer  la hora del crimen, toda vez que la misma no se encuentra  acreditada  y  mucho  menos era posible estimarla como concordante al momento de  la  concurrencia de los procesados en dicho sitio. Por tal motivo, considera que  el  Tribunal,  al  centrar  sus apreciaciones en una premisa falsa, incurrió en  “falacia      de     raciocinio”.   

Al respecto, con base a las versiones de los  testigos  Héctor  Hernando  Malaver  Rincón y José Hernán Garzón Montenegro  quienes  por  razón de la actividad laboral que para ese entonces desempeñaban  se  encontraban  en  inmediaciones  del  lugar  de  los acontecimientos, dice el  libelista:   

“Según  la  descripción  que  hacen  los  testigos,  (Malaver  y  Garzón),   ya   que,   por   negligencia   de   los  investigadores  no  se  realizó  la  diligencia  de inspección, el cadáver se  encontró  a 100 o 150 metros de donde se encontraba Malaver, quien estaba dando  la  vía  al  iniciarse  el espacio ocupado por la obra, o sea, que el ataque no  tuvo  lugar  en el espacio de la obra sino al sur de la misma y con dirección a  Chocontá  y,  en  segundo  lugar,  el  espacio  de  la obra, por donde circuló  Santiago  a las 5 de la tarde, según lo dice Garzón, sólo tenía 400 metros y  no  había obstáculo para la visibilidad, o sea, que tanto Garzón como Malaver  hubieran  podido  ver y oír el momento del ataque y los disparos, en el caso de  que los victimarios hubieran sido los Espitia.”   

De  esta  forma  reitera  el  actor que las  circunstancias  tenidas  en cuenta por el Tribunal al momento de dictar el fallo  cuya  revisión  pretende, en manera alguna constituyen el indicio de presencia,  “en   el   sentido  de  que,  porque  los  ESPITIA  circularon  por  allí,  al  propio  tiempo que SANTIAGO, existe la posibilidad  de  que  aquellos  sean los  autores de la muerte de éste.”   

Luego  de  redundar  extensamente sobre los  argumentos    anteriormente   expuestos,   bajo   el   título   que   denominó  “PRUEBAS   QUE   SIRVEN   DE   FUNDAMENTO   A   LA  PETICIÓN”,    relaciona    el    libelista   las  declaraciones  extraprocesales  de  los  señores  Misael  Garzón  Castañeda y  Eduardo  Castañeda  Rodríguez,  quienes ante notario público manifestaron que  el  señor  Hernando  Díaz  Rodríguez  fue  realmente  el  autor  material del  homicidio de Santiago Rodríguez Rubio.   

Por último, solicita a la Corte revisar el  fallo  demandado,  por  cuanto considera inexistente el indicio de presencia que  determinó  la  responsabilidad  de  sus prohijados en el fallo proferido por el  juzgador de segunda instancia.   

LA  CORTE CONSIDERA  

Como  lo ha reiterado la Sala en múltiples  ocasiones,  al  ser  probable que la sentencia condenatoria o absolutoria, o las  providencias  de  preclusión  o  cesación  de  procedimiento que se encuentran  ejecutoriadas   no  contengan  la  verdad  histórica,  originándose  así  una  injusticia,  el  legislador  penal  instituyó  la  acción  de  revisión  como  mecanismo  idóneo  para  remover  la cosa juzgada y declarar sin valor el fallo  objeto  de  la  acción,  dictando  la providencia que corresponda o disponiendo  tramitar  nuevamente  el  proceso  desde el momento en que se indique, según la  causal invocada y que la Corte encuentre fundada.   

Así, la remoción de la cosa juzgada sólo  es  posible  cuando  frente  a  la  demostración  de  alguna  de  las  causales  taxativamente   señaladas   en  la  ley,  se  evidencia  que  se  cometió  una  injusticia.   

En  el  caso  concreto,  de  la lectura del  libelo  se  colige que el actor no sólo se aparta de los lineamientos en que se  apoya  el  instituto  de  la  revisión, sino que deja a un lado el hecho que el  proceso  ya  terminó  con  sentencia ejecutoriada que ha hecho tránsito a cosa  juzgada  y  que,  por  lo  mismo, no se trata de una instancia más en la que se  puedan  discutir  nuevamente  los  aspectos jurídicos o los elementos de juicio  que  sirvieron  de  fundamento  a  una  decisión  que  tiene  el  carácter  de  definitiva e inmutable.   

En efecto, el libelista asemejó su escrito  a  un  alegato  de  instancia,  toda  vez  que  de la sustentación del mismo se  desprende  una  clara  pretensión  de  subsanar diversos yerros tanto de juicio  como  de  procedimiento  en  los   que,  en su criterio, se incurrió en su  caso.   

Recuérdese que ésta clase de acción debe  ser  incoada  con  sujeción a los parámetros legales y con respeto a la causal  en  que  se  apoya,  pues, no es dable que la demanda se confeccione, como en el  caso  sub  judice,  con el propósito de reexaminar los elementos de convicción  que  sirvieron  de  fundamento  a  una  decisión  que ha hecho tránsito a cosa  juzgada  y  que,  como tal, tiene el carácter de definitiva e inmutable, lo que  constituye    un    desafuero    al    desnaturalizar    los    fines    de   la  revisión.   

De igual forma, observa la Sala que el actor  centra  desatinadamente  el fundamento de su petición, aseverando, incluso, que  el  Tribunal incurrió en “falacia de raciocinio”,  en   la   valoración   probatoria,  al  estimar  la  existencia  del  indicio  de  presencia  de los procesados en el lugar del hecho  criminoso,  resultando  evidente  una  clara  confusión  conceptual  entre  los  lineamientos  en  que  se  ampara  la  acción  de  revisión y los soportes del  recurso extraordinario de casación.   

En efecto, si el propósito del actor era el  de  acusar  al  Tribunal de violar indirectamente la ley sustancial por incurrir  en  errores  de  hecho  en  la  valoración  probatoria,  su  censura debió ser  encaminada  en  su  debido momento a través del sendero de la causal primera de  casación  y  no,  como  erróneamente  lo propuso, por la vía de la acción de  revisión, lo que impone necesariamente la inadmisión del libelo.   

Ahora  bien,  aparte  de  lo  anteriormente  expuesto,  cuando  la  acción  se funda bajo la causal tercera de revisión, es  decir,  la aparición de hechos o pruebas  respecto  de  la   cuales   el   sentenciador  no tuvo oportunidad de pronunciarse por no  haberlas   conocido,   y   que  de  haberlo  hecho  habría   llevado   definitivamente    a    la    absolución   o   a   la   declaración  de  inimputabilidad  del  procesado  frente al acontecer  fáctico  por  el  que fue  condenado,  es  deber  del   demandante    no   sólo   relacionar   y   allegar  al  libelo  los  medios  de  convicción  en que funda su pretensión, sino también  demostrar  que  de haber sido oportunamente conocidas en el curso de los debates  ordinarios  del  proceso,  la solución del asunto habría sido la absolución o  la  declaración  de  inimputabilidad  del  sentenciado,  dada  la  contundencia  demostrativa de tales pruebas.   

En  el caso en comento, observa la Sala que  el  actor se limita a allegar como prueba nueva al presente diligenciamiento las  declaraciones  extrajuicio  de  los señores Misael Garzón Castañeda y Eduardo  Castañeda   Rodríguez,  quienes  de  una  forma  deshilvanada  e  incoherente,  incriminan  sin  soporte  probatorio alguno al señor Hernando Díaz Rodríguez,  persona  desconocida  dentro  del  proceso,  como  el  verdadero responsable del  homicidio  de  Santiago Rodríguez, sin que en momento alguno se demostrara  cómo  éstas  afirmaciones  aportadas como nuevos medios de convicción, pueden  llevar    a    colegir    de    manera    ineludible,   la   inocencia   de   su  representado.   

Recuérdese que no se aviene a la naturaleza  y  alcance  de  esta  causal  la pretensión por aducir cualquier clase de medio  probatorio,  pues  la  revisión,  en  cuanto  a esta causal se refiere, como se  dejó  señalado  en  precedencia,  no  ha  sido  instituida para dar lugar a la  continuación  del  juicio  que culminó con la providencia que hizo tránsito a  cosa  juzgada,  y  que,  como se sabe, goza de la doble presunción de acierto y  legalidad,  y  mucho  menos  para  revivir el debate jurídico-probatorio que se  llevó  a cabo en el fenecido proceso, sino para postular, con base en la prueba  ex  novo,  un cuestionamiento serio a la declaración de justicia que puso fin a  la controversia procesal mediante decisión definitiva e inmutable.   

Por  consiguiente,  al  no  aportarse  los  elementos   de  novedad  y  trascendencia  que  acrediten  la  virtualidad  para  modificar  el  sentido  del  fallo  demandado,  se  impondrá la inadmisión del  libelo.   

En   consecuencia,  no  se  admitirá  la  demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda  de  revisión  contra  el  fallo  proferido por el Tribunal Superior de  Cundinamarca  del  20  de  agosto  de  2002,  mediante  el  cual  se  condenó a  ANANÍAS  ESPITIA  QUEVEDO  Y MARTÍN ESPITIA QUEVEDO  por el delito de homicidio.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Excusa justificada  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                                               ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

EDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                                                               ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

                                                                                                         Comisión de servicio   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                                      YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

                                                                                           Excusa justificada   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                                                              JAVIER DE J. ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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