23010(26-01-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso  23010   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 002  

Bogotá, D. C., veintiséis (26) de enero del  dos mil cinco (2005).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  si  es procedente admitir la demanda de casación  presentada  por  el  defensor  de  JOSÉ HÉCTOR SILVA  HERNÁNDEZ  contra la sentencia dictada el 14 de julio  del 2004 por el Tribunal Superior de Neiva.   

HECHOS Y ACTUACIÓN  PROCESAL  

          En  la noche del 17 de octubre de 1999, dos hombres, que más tarde  serían  identificados  como  JOSÉ  BERLEY  NARVÁEZ  MARTÍNEZ  y JOSÉ    HÉCTOR    SILVA    HERNÁNDEZ,  ingresaron  a la vivienda de Luz Hermila Ramírez Ángel en el barrio Primero de  mayo  de  la  ciudad  de  Neiva y, luego de atarla e introducirle un trapo en la  boca,  la accedieron sexualmente y se apropiaron de objetos por valor aproximado  al millón de pesos.   

          Capturado  el señor NARVÁEZ y asegurado con detención preventiva  por  los  delitos de hurto y acceso carnal violento, la posterior aceptación de  los  cargos  que  se le formularon con fines de sentencia anticipada dio lugar a  la ruptura de la unidad procesal.   

También  a  SILVA  HERNÁNDEZ,  previo  emplazamiento  y declaración de  persona  ausente,  se le dictó medida semejante, y el 26 de febrero del 2004 se  le  acusó  por los ilícitos indicados. Días después, cuando ya se encontraba  en  firme  la resolución acusatoria, fue privado de su libertad y pidió que de  una  vez  se  le  condenara  por los hechos imputados, como en efecto lo hizo el  Juzgado  Segundo  Penal del Circuito de Neiva mediante sentencia del 10 de mayo,  que  le  impuso  101  meses y 19 días de prisión e interdicción de derechos y  funciones públicas por el término de 6 años.   

La providencia, recurrida por el sindicado y  por  su  defensora  porque no se redujo la pena por confesión, pues como tal se  debía  considerar la aceptación del cargo ya que no tuvo oportunidad de rendir  indagatoria,  la  ratificó  el  14  de  julio siguiente el Tribunal Superior de  Neiva.   

LA DEMANDA Y SUS CONSIDERACIONES  

          La  defensora  acusa el fallo de segunda instancia porque se dictó  en   un   juicio   viciado   de   nulidad,    por    violación    del    debido  proceso  y  del  derecho de  defensa.   

          Sostiene    que   la   participación   del   señor   SILVA  en la audiencia de formulación de  cargos  con  fines  de  sentencia  anticipada  era  la  primera que hacía en el  proceso,  lo  que  explica  la  insistencia en que se le escuchara su confesión  para  que  se  le pudiera reconocer la correspondiente rebaja de pena, petición  que  fue  negada  por el juez con el argumento que como la actuación se hallaba  en  la  etapa  de  la  causa,  el procesado tenía que limitarse a manifestar si  reconocía o no la imputación.   

          En  todo  caso,  la  aceptación  del  cargo, como lo dijo la Corte  Constitucional  en  la  sentencia  SU-1300  del  2001, “implica una confesión  simple”  y  su  efecto  benéfico  sobre  la  pena debió ser aplicado por los  falladores.   Como  no  se  procedió  así,  se  incurrió  en  una  causal  de  nulidad       constitucional       porque se afectó el artículo 29 de la Carta.   

Solicita que, por lo tanto, se case el fallo  impugnado  y, en su lugar, se invalide la actuación a partir del auto que fijó  fecha para formular cargos con fines de sentencia anticipada.   

          Presentado  el  ataque  en  esos  términos,  la Corte constata dos  defectos insalvables que conducen a la inadmisión de la demanda:   

          Uno,  que se postuló el reproche por la  vía  de  la  causal tercera de casación, cuando lo adecuado es que se presente  al   amparo   de  la  primera,  bien  por  violación  directa si en el fallo se reconocen tanto la ausencia  de  flagrancia  como  la confesión y se acepta que ésta fue su fundamento pero  no    se    concede    la    reducción    punitiva,   bien   por   violación  indirecta  derivada  de  los  errores  de hecho o de derecho que se hubieren cometido en la apreciación de la  prueba.   

          Dos,  que si el reproche consiste en que  se  desconocieron  los  beneficios  punitivos  que  se  le  debían  conceder al  procesado  porque  la  aceptación  del  cargo  que  se le formuló con fines de  sentencia   anticipada   constituye   una   verdadera  confesión,  la  adecuada  presentación  de  la  censura  exigía  no  sólo que se demostrara por qué la  admisión  de  la  imputación  que  se  hace  para acelerar el fallo de condena  equivale  a una confesión, sino que ésta se ajustaba a la previsión normativa  que autoriza la rebaja.   

          Por  el  primer  aspecto, se contentó la demandante con reproducir  una  afirmación  de  la  Corte  Constitucional que -para darle pleno valor a la  aceptación  de responsabilidad que en un caso concreto hizo un procesado, quien  luego   cuestionó   por   defectos  probatorios  la  sentencia  anticipada  que  solicitó- sostuvo:   

“La   institución   de   la   sentencia  anticipada,  implica  renuncias  mutuas  del Estado y del sindicado: la renuncia  del  Estado a seguir ejerciendo sus poderes de investigación, y la del imputado  a  que  se  agoten  los  trámites normales del proceso, a la controversia de la  acusación  y  de  la  pruebas  en  que  se  funda.  El  Estado reconoce que los  elementos  de  juicio aportados hasta ese momento son suficientes para respaldar  un  fallo  condenatorio  que debe partir de la certeza del hecho punible y de la  responsabilidad  del  sindicado,  certeza  que  se  corrobora con la aceptación  integral  de  los  hechos  por  parte del imputado. La aceptación de los hechos  obra       como      confesión      simple”.1    

          Que  obre como  confesión  no  significa  que se asimile a ella en todas sus características y  consecuencias  pues, como lo dijo la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema  de Justicia en alguna oportunidad,   

“…  una cosa es la aceptación de cargos  con  miras  a la sentencia anticipada y otra muy distinta la confesión, la cual  no  puede confundirse con aquella y mucho menos extenderse al extremo de afirmar  que  la  primera  versión  rendida  por el sindicado ante la autoridad judicial  constituya  el  fundamento  de  la  sentencia,  pues  se trata de dos institutos  distintos  que  por lo mismo tienen consecuencias procesales diferentes, pues de  ser  así  en  todos  los  casos  en que el acusado acepte los cargos y se dicte  sentencia  de  condena como consecuencia, habría de reconocerse, adicionalmente  a  la  rebaja  de  pena propia de la sentencia anticipada, la prevista en la ley  para  los casos de confesión, cuando, además, se den los otros presupuestos de  la norma relativos a la no captura en situación de flagrancia.”   

(…)  

“En  la sentencia anticipada, los hechos y  circunstancias  con  base  en  los  cuales se formula el cargo que habrá de ser  aceptado  o  no  por  el  procesado  los propone el Fiscal con base en la prueba  recaudada.  En  la  confesión,  los hechos y sus circunstancias son narrados al  funcionario  por  el  procesado  a  su  propia  iniciativa  y  de  acuerdo  a su  participación  en la comisión del delito. El instructor o el Juez no rechaza o  acepta  la  confesión,  simplemente  los valora y confronta con otros medios de  prueba para constatar su veracidad.”   

“Desde  este  punto de vista, entonces, el  hecho  de  que finalmente el proceso haya terminado sin agotar el rito ordinario  no  se debió precisamente a la confesión del sindicado, sino a la decisión de  acogerse    a    la    sentencia    anticipada”.2   

          Por  el  segundo  aspecto,  como  se  sabe,  para  que  proceda  la  reducción  de  pena  por  confesión  es  indispensable  no  sólo  que ella se  produzca  durante  la primera versión del procesado y que éste no hubiese sido  capturado  en  flagrancia,  sino que sea la prueba sustancial en la que se apoye  la  sentencia,  requisito  que  la demandante tampoco se preocupó por demostrar  aunque  sí reveló conocerlo, pues reprodujo el texto legal que lo contiene, es  decir, el artículo 283 del Código de Procedimiento Penal.   

          En  todo  caso,  no  se  ve  cómo la aceptación de la imputación  pueda  ser  el fundamento de la sentencia  si,  como  se  dijo,  el  cargo  se formula con base en la prueba  recaudada,  mucho  más decantada, desde luego, cuando la diligencia que con ese  objeto   se   realiza   se  celebra  después  de  haberse  dictado  resolución  acusatoria, como ocurrió en este proceso.   

          Por  lo  tanto,  como  la  demanda  no  cumple  con  los requisitos  previstos  en  el  numeral  3º  del  artículo 212 del Código de Procedimiento  Penal,  porque  el  reproche  carece  de  todo fundamento frente a la ley y a la  jurisprudencia,  la  Corte  la  inadmitirá  y  ordenará  que el expediente sea  devuelto  al  Tribunal  de  origen, de acuerdo con lo dispuesto por el artículo  213 del mismo estatuto.   

          Y  como  no se observa violación alguna de derechos fundamentales,  tampoco es viable la casación oficiosa.   

              En mérito de lo expuesto,  la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de  casación  presentada  por  la  defensora del señor JOSÉ HÉCTOR  SILVA  HERNÁNDEZ  y, en consecuencia, ordenar que el  expediente sea devuelto al Tribunal de origen.   

          Contra este auto no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

  MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ              HERMAN  GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO    GÓMEZ   QUINTERO                                ÉDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

                                                                Excusa justificada   

ÁLVARO   O.   PÉREZ  PINZÓN                                             JORGE L. QUINTERO  MILANÉS           

                                                                                

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS                       MAURO SOLARTE  PORTILLA   

         Excusa  justificada   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  SU-1.300   del   6   de   diciembre   del  2001,  M.  P.  Marco  Gerardo  Monroy  Cabra.   

2  Sentencia  del  7  de  noviembre del 2002, radicado 11.874, M. P. Carlos Augusto  Gálvez Argote.     

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