19762(07-12-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 19762  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta N° 95   

Bogotá,  D.C., siete de diciembre de dos mil  cinco.   

V I S T O S  

Se pronuncia la Corte sobre la posibilidad de  remitir  la  actuación  al  reparto  de  los  Juzgados de Ejecución de Penas y  Medidas  de  Seguridad  de  Bogotá,  D.C., para que vigile la ejecución de las  penas  impuestas por esta Corporación al doctor HUMBERTO DÍAZ OCHOA, ex Fiscal  Delegado  ante  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Cartagena de  Indias.   

A N T E C E D E N T E S  

El  23  de  febrero  del  año  en curso, con  ponencia  de  quien  aquí  cumple similar actuación, condenó a HUMBERTO DÍAZ  OCHOA  a  la  pena principal de 24 meses de prisión, multa por el equivalente a  10  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes para la fecha de la comisión  de  los  hechos  e  inhabilitación  en  el  ejercicio  de  derechos y funciones  públicas  por  24  meses,  como  autor  responsable  del delito de Prevaricato  por  omisión, concediéndole  la  suspensión  condicional  de  la ejecución de la pena, prestándose para el  efecto   la   caución   prendaria  y  suscribiéndose  el  acta  de  compromiso  respectivas.   

CONSIDERACIONES  

Dado  que  el 1º de enero del año en curso  entró  en  vigencia en algunos distritos judiciales, entre ellos el de Bogotá,  D.C.,  la  Ley  906  de  2004,  corresponde  a  la  Sala  determinar si conserva  competencia  para  continuar  conociendo de la ejecución de las penas impuestas  al  doctor  HUMBERTO  DÍAZ  OCHOA, ex Fiscal Delegado ante el Tribunal Superior  del  Distrito Judicial de Cartagena de Indias, pues aun cuando el inciso segundo  del  artículo 79 de la Ley 600 de 2000 se la concede, por haber ostentado fuero  legal  para su juzgamiento, el parágrafo del numeral 9º del artículo 38 de la  Ley  906  de 2004 se la otorga, en primera instancia, a los jueces de ejecución  de  penas  y  medidas  de  seguridad  del lugar donde se encuentre cumpliendo la  pena, y la segunda instancia al juez de conocimiento respectivo.   

Ahora  bien,  atendiendo  al  principio  de  favorabilidad   que   rige  en  materia  penal  y  procesal  penal  con  efectos  sustanciales,  por disposición del artículo 29 de la Constitución Política y  del  artículo  6º  de  las  leyes  600  de  2000  y 906 de 2004, la Sala viene  insistiendo  en  la  procedencia  de la aplicación retroactiva de la última de  las  leyes  indicadas,  a  asuntos  disciplinados  por  la  primera de las leyes  aludidas,  por  ocurrir  los  hechos  en  su vigencia, cimentada en que no sólo  opera  en  casos  de  sucesión  de  leyes  sino, además, en la coexistencia de  normas,  siempre  y  cuando los preceptos llamados a regular el asunto jurídico  de  los  dos  estatutos  procesales  contemplen  el mismo supuesto de hecho y no  hagan  parte  de  la  esencia  o naturaleza jurídica del sistema procesal penal  acusatorio,   y   el   seleccionado   le   reporte   ventajas   al  procesado  o  condenado.   

Con  la  aplicación  del  nuevo  Código de  Procedimiento  Penal  a  las  conductas punibles ejecutadas con posterioridad al  1º  de  enero  de  2005,  en  los  Distritos  Judiciales  de  Armenia, Bogotá,  Manizales  y  Pereira,  y  la  Ley  600  de  2000 a los comportamientos ilegales  realizados  con  antelación  a  esa  fecha,  o  después  de ella en los demás  distritos  judiciales  del país, y para investigar y juzgar a los congresistas,  según  lo  señalado en el artículo 533 de la Ley 906 de 2004, es evidente que  los procedimientos penales coexisten en su aplicación.   

Además,  comparadas las normas que fijan el  funcionario  competente  para vigilar el cumplimiento de las penas impuestas, se  advierte  que  las  mismas  tienen efectos sustanciales, pues no es lo mismo que  las  decisiones  adoptadas por la Sala de Casación Penal tengan el carácter de  única  instancia,  en razón a que las mismas son inapelables, por ser la Corte  Suprema  de  Justicia  el  máximo  tribunal de la jurisdicción ordinaria en el  país,  a  que  se  materialicen  las garantías fundamentales de impugnación y  segunda  instancia,  las  cuales  hacen  parte  del  derecho  al  debido proceso  (artículo  29,  Constitución  Política),  como  ocurre  con el nuevo Estatuto  Procesal  Penal,  en  razón a que se le asigna el conocimiento de la ejecución  de  la  pena,  en primera instancia, al juez de ejecución de penas y medidas de  seguridad  del  lugar  donde  se  encuentre  cumpliendo  la  pena  y, la segunda  instancia  por  medio del recurso ordinario de apelación, al respectivo juez de  conocimiento.   

Y  como tales preceptos no hacen parte de la  esencia  o  naturaleza jurídica del nuevo sistema de investigación, acusación  y  juzgamiento,  consagrado en la Ley 906 de 2004, lo que conlleva al imperativo  constitucional  y  legal  de  aplicar en forma retroactiva el artículo 38 de la  ley   en   mención,   por   reportarle   beneficios   al  penado  frente  a  la  reglamentación  que  del  mismo  supuesto  de  hecho  se  hace en la Ley 600 de  2000.   

Sobre   el   particular   la  Sala  se  ha  pronunciado,  entre  otras  ocasiones,  el  17 y 31 de agosto del año en curso,  dentro  de  los  radicados  15826  y 16519, con ponencias de los doctores Édgar  Lombana Trujillo y Alfredo Gómez Quintero.   

Adicionalmente, cabe señalarse otro aspecto  que  incide en el asunto.  Como se sabe, por ministerio de la Constitución  Política  (artículo  235,  numeral 4º) y de la Ley 600 de 2000 (artículo 75,  numeral  6º),  entre  sus  atribuciones  la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia  tiene  la  de  juzgar,  entre  otros  funcionarios, a los  fiscales  delegados  ante  los  diferentes  tribunales  superiores  de  distrito  judicial.   De  esta  regulación  se  desprende  el  instituto  del fuero,  consagrado   para   que   estos   altos  dignatarios  respondan  por  eventuales  infracciones  a  la  ley penal, ante un organismo preconstituido, también en la  cúspide  de  la estructura jurisdiccional, como es la Corte, en atención a las  calidades que se desprenden del cargo.   

Pero  tanto  constitución  y ley limitan la  cobertura   del   fuero   respecto   de  tales  servidores  a  esa  fase  de  la  actuación:   el juzgamiento.  Esta termina con la ejecutoria material  del  fallo  que  corresponda.  Si es de carácter condenatorio, a partir de  ese  instante se abre paso a un estadio diferente, pos procesal si se quiere, el  de ejecución de la sanción impuesta.   

Allí, quien tenía la calidad de justiciable  o  procesado,  ya  pasa  a  tener  la de reo.  Expresado de otra manera, el  rigor   de  la  sentencia  condenatoria  lleva  implícita  la  pérdida  de  la  investidura  generadora  del fuero, lo que implica que el procesado, a partir de  allí, pasa a recibir trato similar al de cualquier otro penado.   

Ahora,  que el artículo 79 de la Ley 600 de  2000  señala  que  la  competencia  para la ejecución de las sanciones penales  permanecerá  en  la  autoridad  judicial  de  conocimiento,  cuando se trata de  procesados  o condenados con fuero, no envuelve una prolongación de éste, sino  que  implica  una  simple distribución de competencias, que ahora, en virtud de  lo  dispuesto  en  el  numeral 9º del artículo 38 de la Ley 906 de 2004, queda  asignada  a los jueces de ejecución de penas y medidas de seguridad, como se ha  explicado en esta providencia.   

Por consiguiente, se dispondrá el envío del  proceso  al  Reparto  de  los  Juzgados  de  Ejecución  de  Penas  y Medidas de  Seguridad  de Bogotá, D.C., por ser el competente para vigilar la ejecución de  la  pena  impuesta al doctor DÍAZ OCHOA, por ser la sede de la Corte Suprema de  Justicia,    autoridad    judicial    que    dictó    el    fallo   de   única  instancia.   

Lo anterior de conformidad con lo establecido  en   el   artículo   1º  del  Acuerdo  054  de  1994,  expedido  por  la  Sala  Administrativa   del   Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  que  a  la  letra  dice:   

“Los  jueces  de  ejecución  de  penas y  medidas  de  seguridad  conocen  de  todas  las  cuestiones  relacionadas con la  ejecución  punitiva  de  los  condenados que se encuentren en las cárceles del  respectivo  Circuito  donde  estuvieren  radicados,  sin consideración al lugar  donde se hubiere proferido la respectiva sentencia.   

Asimismo conocerán del cumplimiento de las  sentencias  condenatorias donde no se hubiere dispuesto el descuento efectivo de  la  pena,   siempre  y cuando que el fallo de primera o única instancia se  hubiere     proferido     en     el     lugar     de     su     sede…”       (negrilla      no  original)   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

R E S U E L V E  

Declarar  que la vigilancia de la ejecución  de  la  pena  impuesta  por esta Corporación al doctor HUMBERTO DÍAZ OCHOA, ex  Fiscal   Delegado   ante  el  Tribunal  Superior  de  Cartagena  de  Indias,  le  corresponde  al  Juzgado  de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas  de Seguridad de  Bogotá,  D.C., que por reparto le corresponda, a donde se dispone el envío del  expediente.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                     ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                       ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS               YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                        JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *