23949(14-03-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  23949   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No. 36  

Bogotá  D.C.,  catorce (14) de marzo de dos  mil siete (2007)   

VISTOS  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos y de debida argumentación de la demanda de casación  presentada  por  el  representante de la parte civil, contra el fallo de segundo  grado  de  26  de mayo de 2004, mediante el cual el Tribunal Superior de Bogotá  confirmó  el emitido por el Juzgado Treinta y Tres Penal del Circuito del mismo  Distrito  Judicial,  por  cuyo  medio absolvió a EDUARDO ORJUELA MATIZ y MARÍA  CLARA   PATRICIA   ZERRATE   TORRES   del  delito  de  estafa  agravada  por  la  cuantía.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Interesados  en  construir un edificio en el  lote  de  terreno  de  la transversal 13-A N° 118-64/68 donde tenían sus casas  bifamiliares,  Amparo  Monsalve  de  Cuadros, Orlando Cuadros Monsalve, Carolina  Grajales  Monsalve  y Ruth Cardona de García, buscaron como constructor para el  proyecto    a   la   sociedad   “EDORCO    Ltda.”,  representada  legalmente  por  MIGUEL  EDUARDO  ORJUELA MATIZ y como Subgerente,  MARÍA  CLARA  PATRICIA  ZERRATE  TORRES,  por  ello,  el 3 de noviembre de 1993  transfirieron  el  derecho  de  dominio  y  la posesión a la citada sociedad, a  cambio  de  que  les  fueran  entregados  sendos  apartamentos  de  la  próxima  edificación.   

En  virtud de lo anterior, el 10 de junio de  1994  MIGUEL  EDUARDO  ORJUELA  MATIZ  firmó  promesa de compraventa a favor de  Amparo  Monsalve  de  Cuadros,  Orlando  Cuadros  Monsalve  y  Carolina Grajales  Monsalve  en relación con los apartamentos 205 y 301 con los garajes números 1  y      2      de     la     correspondiente     edificación     “Aruba”, y el 10 de julio de 1995 hizo lo  propio  con  Ruth  Cardona  de  García  respecto de los apartamentos 302 y 204,  contrato  éste  que  se  modificó el 5 de junio de 1996 al ampliar la fecha de  entrega de los bienes para el 16 de septiembre de 1996.   

El   15  de  septiembre   de  1998  ORJUELA  MATIZ, firmó la   

escritura  pública  3389  ante  la  Notaria  Octava  del Círculo de Bogotá por la venta de los apartamentos 302, garajes 22  y  23  a  favor  de  Amparo  Monsalve  de  Cuadros y Carolina Grajales Monsalve,  estipulando   que  los  inmuebles  estaban  libres  de  todo  gravamen.  Similar  documento  firmó  el  16  de  octubre  de  la  misma anualidad, ante la Notaria  Cincuenta  y  Cuatro del Circulo Notarial de esta ciudad por la venta a Ananías  García  Cardona  y Ruth Lucía García Cardona de los apartamentos 301, garajes  20 y 21 y depósito 18.   

No  obstante,  previamente,  por  escritura  pública  3569 del 12 de junio de 1995 de la Notaria Treinta y Siete del Circulo  Notarial  de Bogotá había constituido hipoteca de mayor extensión sin límite  de  cuantía  a  favor  de  la Corporación de Ahorro y Vivienda “AHORRAMAS”,  razón  por la que luego se  surtió  un proceso ejecutivo hipotecario en el Juzgado 41 Civil del Circuito de  la misma ciudad.   

Con base en la denuncia formulada a nombre de  Amparo  Monsalve  de  Cuadros,  la Fiscalía General de la Nación abrió formal  investigación  y  tras  escuchar en indagatoria a MARÍA CLARA PATRICIA ZERRATE  DE  ORJUELA  le  resolvió  la situación jurídica, mediante proveído de 22 de  septiembre  de  1999,  con  medida  de  aseguramiento de caución prendaria como  probable  responsable  del  delito  de  estafa.  Con  igual  medida se cobijó a  EDUARDO  ORJUELA MATIZ, el 25 de abril de 2000, luego de vincularlo a través de  declaración de persona ausente.   

Reconocidos Amparo Monsalve de Cuadros, Ruth  Lucía  García  Cardona  y  Ananías  García  Cardona  como  parte  civil,  se  clausuró  el ciclo instructivo y el mérito probatorio del sumario se calificó  el  22  de  marzo  de 2001 con resolución de acusación por el delito de estafa  agravada,   pero  se  sustituyó  la  medida  de  aseguramiento  por  detención  preventiva    al    no    haber   sido   constituida   la   caución   prendaria  fijada.   

En  firme  el  acusatorio  el 31 de julio de  2001,  la   fase   del   juicio   la  adelantó  el  Juzgado  Treinta  y  Tres  Penal del Circuito de Bogotá, despacho que tras llevar a cabo  el  acto  público de juzgamiento, emitió fallo el 12 de marzo de 2003 mediante  el  cual  al  concluir la inexistencia de dolo previo a la entrega de los bienes  así  como  conocimiento  de  los  adquirentes  de  la  existencia  del crédito  hipotecario       con       la      entidad      crediticia      “AHORRAMAS”,  absolvió a los enjuiciados  EDUARDO  ORJUELA  MATIZ  y  MARÍA  CLARA  PATRICIA  ZERRATE  TORRES  del  cargo  formulado.   

Impugnado el fallo por el representante de la  parte  civil, el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá lo confirmó  a  través  de  decisión  de  26  de  mayo de 2004, por lo que insiste el mismo  sujeto procesal a través del recurso extraordinario de casación.   

LA  DEMANDA   

Un solo cargo postula el censor al amparo de  la  causal  primera   de   casación,  por  violación   directa  de  la ley sustancial,   

ante  la  falta de aplicación del artículo  246 de la Ley 599 de 2000.   

Para el libelista la vulneración se dio por  la  interpretación  errónea  de  la  norma,  cuando  el  Tribunal equivocó su  significado  o contenido, ya que acertó en la selección del precepto cuando se  refirió  al  artículo  que tipificaría el comportamiento delictivo de estafa,  pero   le   dio   un   alcance   equivocado   al   contrariar  la  voluntad  del  legislador.   

Refuta la conclusión del juzgador acerca de  que  las  pruebas  respaldan la atipicidad de la conducta ya que el procesado no  compareció  al proceso a defenderse, cuando precisamente de la transferencia de  las  casa  bifamiliares,  la  promesa  de  compraventa  y  la venta hecha de los  apartamentos  por  ORJUELA  MATIZ  acerca  de que los estregaría libres de todo  gravamen,  lo  que  no correspondía a la verdad, se establece la ocurrencia del  delito.   

En  suma,  considera  el censor que vista la  prueba  en su conjunto y ante la no comparecencia del procesado se demuestra que  el  constructor  obtuvo  un  provecho  ilícito  con  el  despojo del que fueron  víctimas sus poderdantes.   

Tras  citar  como infringidos los artículos  246  del nuevo Código Penal y  232 del Código de Procedimiento Penal (Ley  600  de  2000)  al insistir que de los hechos narrados y de la prueba documental  obrante  se desprende la certeza para la condena por el error en que incurrieron  sus  poderdantes al ser despojados con engaños de sus casas, solicita a la Sala  casar  el  fallo y en su lugar dictar uno de carácter condenatorio “con  la  pena  accesoria  del  pago de perjuicios.”   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          El  libelo demandatorio sobre la denuncia de la ilegalidad del fallo  debe  cumplir  con  requisitos  mínimos  de  claridad y coherencia que permitan  advertir  la clase de vicio que se presenta, su incidencia en la decisión, así  como ofrecer una decisión acorde con él  mismo.   

Cuando  se  opta  por  la  causal primera de  casación  de  manera  lógica  se  deben  anunciar  las  normas  que se estiman  infringidas,  su  sentido  de  violación,  sea  de manera directa o mediada por  yerros  de  carácter  probatorio  y si se trata de estos precisar los elementos  probatorios en los cuales recayó.   

Es   sabido   que     la     violación        directa de la ley sustancial versa   

exclusivamente  sobre  un  yerro  de juicio  respecto  del precepto que se ocupa de regular el supuesto fáctico en concreto.  Dicho  error puede ser de selección normativa al radicar en la existencia de la  disposición  (falta  de  aplicación o exclusión evidente), por una equivocada  adecuación  de  los  hechos  probados  a  los  supuestos que contempla la norma  (aplicación  indebida),  o bien, de carácter hermenéutico al darle a la norma  un  sentido  que  no  tiene  o  errar  en  su significado  (interpretación  errónea).   

Al     recaer     el     error   de  los  juzgadores  de  manera  directa  sobre  la  normatividad,  el  debate  se  circunscribe  netamente  a lo  jurídico,  para  de  esa  manera  evidenciar  que  se  dejó  de lado el precepto que regula la situación  específica  demostrada,  que tal hecho se ajusta a otra disposición normativa,  o  porque se desbordó el alcance de la norma aplicada al caso concreto, lo cual  exige  necesariamente  aceptar  la  apreciación  y  declaración  de los hechos  realizada     por     los    falladores.   

La  Sala  advierte en el caso de la especie  que  el  censor  plantea  la violación directa de la ley sustancial, pero en el  desarrollo  del  reproche dista de los requerimientos técnicos y argumentativos  dispuestos  para  ello,  pues su reparo no descansa en aspectos jurídicos, sino  que,  por  el  contrario,  se opone a los hechos tal y como fueron plasmados por  los  falladores  y  ataca  la  valoración probatoria judicial con su particular  ponderación  de  tales  medios  de  prueba  en manifiesto desconocimiento de la  presunción  de legalidad y acierto de la que está revestido el fallo objeto de  su ataque.   

Aunque  confusamente  alega dos sentidos de  violación  directa  de  la  ley,  tanto  por interpretación errónea, como por  falta  de  aplicación,  aspecto que sería subsanable si se tiene en cuenta que  añora  la  aplicación del delito de estafa dado que su pretensión apunta a la  emisión  de un fallo de sustitución de carácter condenatorio en contra de los  procesados,  alejado  del principio lógico de razón  suficiente  que  lleva a que  la   fundamentación   del   reproche   se  baste  a sí misma, se queda en el simple anuncio de los yerros  de   juicio,   pues   no  profundiza  en la forma como  el  Tribunal  incurrió en la exclusión evidente del  precepto que tipifica el ilícito contra el patrimonio económico.   

En  este  orden,  no demuestra el impugnante  algún  yerro  de  juicio  en  el  juzgador y por el contrario, asume una simple  oposición  a  las  conclusiones judiciales al enfrentar su criterio a la fuerza  de  convicción  del  material probatorio, cuando la Sala ha insistido en que la  simple  crítica  a  los  criterios  de valoración probatoria empleados por los  juzgadores  no  es  suficiente  para  motivar  el  análisis de la legalidad del  fallo,  porque  debe  sujetarse  a  las  técnicas  establecidas  para probar la  existencia  de  yerros manifiestos y esenciales, con incidencia en el sentido de  la decisión.   

Ante las mencionadas deficiencias, se impone  de  plano  la  inadmisión  del  libelo  de  conformidad  con lo dispuesto en el  artículo 213 de la Ley 600 de 2000.   

          Finalmente    es    oportuno    resaltar    que    la   Sala  no  observa  con ocasión del trámite procesal o en el fallo  impugnado  violación  de  derechos  o garantías de los sujetos procesales como  para  que se hiciera necesario el ejercicio de la facultad legal oficiosa que le  asiste a fin de asegurar su protección.   

          En   mérito   de   lo   expuesto,  la  CORTE   SUPREMA   DE   JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el representante de la parte civil, por  las razones expuestas en la anterior motivación.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Notifíquese  y  cúmplase y devuélvase al  Tribunal de origen.   

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                            ALVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                  JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                               JULIO    ENRIQUE    SOCHA    SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                                     JAVIER    ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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