23946(07-09-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23946  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado:  Acta No.  065   

Bogotá,  D. C., siete (7) de septiembre del  dos mil cinco (2005).   

VISTOS  

Mediante sentencia del 2 de marzo15 de julio  del  2004,  el  Juzgado  3°29  Penal del Circuito de BogotáSocorro (Santander)  declaró    al    los    señores    Rodolfo   Moreno  Silva,  Jaime Alberto Arenas  Reyes   y   Fran  Giovanny  Beltrán   FuentesJavier   Ulises   Viveros  González  autor     penalmente  responsables  del  concurso  de  delitos  de  falsedad material de particular en  documento  público  agravada  por  el  uso,  falsedad  en  documento  privado y  tentativa  de  estafacelebración de contrato sin cumplimiento de los requisitos  legales,  falsedad  material  de  servidor  público  en  documento  público  y  falsedad  en  documento  privado.  Les  impuso  46 meses8 años de prisión y de  inhabilitación  para el ejercicio dede derechos y  funciones públicas, lo  eximió  de  la  obligación  de  indemnizar perjuicios y le negó y 21 salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes de multa; les negó la condena condicional  y  la  los dos primeros les concedió la prisión domiciliaria, que no concedió  a          Beltrán         Fuentes.   

El  fallo  fue recurrido por el procesadolos  defensores.  El 10 de noviemdiciembre del 2004, el Tribunal Superior de la misma  ciudad resolvióSal Gil resolvió:   

1.  Declarar la prescripción y la cesación  de  procedimiento respecto de la falsedad en documento privadoRevocar la condena  impuesta  a  Arenas Reyes por  los  delitos  de falsedad, “en lo que tiene que ver con el contrato adjudicado  a nombre de Hency Soto Galván”.   

2.  Ratificar  integralmente la sentencia en  relación  con  la  falsedad  material  en  documento público y la tentativa de  estafa,  con  la  modificación  de  imputar  complicidad  y  no  coautoría. En  consecuencia,  dejó  las  penas  de  prisión y de inhabilitación en 28 meses.  Moreno  Silva y Beltrán Fuentes.   

3. Confirmar el fallo en cuanto “condena a  Jaime  Alberto  Arenas  Reyes  por  los delitos de celebración de contratos sin  requisitos  legales  y  falsedad en documento privado en lo que se relaciona con  la  propuesta  presentada  a nombre de Yolanda Carvajal, con la modificación de  fijar  la  pena  en seis (6) años de prisión. Por este mismo lapso se extiende  la accesoria”.   

El nuevo defensor del sindicado Los señores  Moreno  Silva y Arenas  Reyes  acudióeron a la casación,  que fue concedida.   

La  Sala se pronuncia sobre los presupuestos  formales  de  la  demanda  presentada  por  el  apoderado  del primero. Sobre el  segundo,    la   impugnación   fue   declarada   desierta   por   ausencia   de  sustentación.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

El  1°  de  agosto  de  1996, utilizando un  documento  que  en blanco se le hizo firmar al señor Julio César Casas Moreno,  se  simuló  que  éste  confirió  poder al abogado Alfonso Coronado Valenzuela  para  que  realizara  ante  la  Caja Nacional de Previsión Social, Cajanal, los  trámites   necesarios   para  el  reconocimiento  y  pago  de  su  pensión  de  jubilación.   

La  petición fue realizada y como anexos se  aportaron  tres constancias, del Jefe de la Sección de Personal, de la Tesorera  y  del  Liquidador  del  Fondo  Nacional  de Caminos Vecinales, respectivamente,  quienes  certificaban el tiempo de servicio de Casas Moreno en esa institución,  los sueldos devengados y la aceptación de su renuncia.   

El  señor  Julio  César Casas Moreno nunca  estuvo  vinculado  con  el  Fondo  y  las  firmas  y  sellos  de las constancias  descritas fueron adulterados.   

En  su  indagatoria,  el  abogado  Coronado  Valenzuela   señaló   a   Javier   Ulises   Viveros  González, ex empleado de Cajanal, como la persona que  llevó los clientes y los documentos para realizar las gestiones.   

El 11 de septiembre de 1998 el Ministerio de  Minas  y  Energía,  en  su condición de Presidente de la Comisión Nacional de  Regalías,  mediante  resolución  81.812  asignó  al  municipio  de  Guadalupe  (Santander)  $70.000.000  para  la  construcción de la planta de tratamiento de  aguas residuales.   

El  Alcalde  de  la  localidad, Rodolfo  Moreno  Silva, expidió el Decreto  Municipal  número  86  del  15  de  octubre  de ese año creó un rubro con esa  finalidad,  al  que  le  asignó  $67.200.000,  hizo  una invitación pública a  presentar  propuestas,  pero, para eludir la licitación obligatoria, fraccionó  la   obra   en   tres   partes   y   por   contratación  directa  la  adjudicó  así:   

Contrato  de suministro número 16 del 10 de  noviembre  de 1998, suscrito con Fran Giovanny Beltrán  Fuentes,  representante  de  la  Constructora Duarte y  Beltrán  Limitada,  para  la  adquisición  de  una  planta  de tratamiento por  $25.000.000.   

Contrato de obra pública número 17, del 15  de  noviembre,  celebrado  con  Jaime  Alberto  Arenas  Reyes,  para el transporte, instalación y cerramiento  de la planta, por valor de $25.000.000.   

Contrato  de obra pública número 18, del20  de  noviembre,  con  el  ingeniero  Hency Soto Galván, para la construcción de  obras civiles para la instalación de la planta, por $17.200.000.   

Los  convenios  fueron  celebrados  sin  que  previamente  se  lograran  conceptos técnico, económico o de conveniencia. Los  certificados  de  disponibilidad presupuestal fueron expedidos con posterioridad  a la firma de los contratos.   

El señor Hency  Soto  Galván  nunca  participó  en  esos  hechos; su nombre e identidad fueron  suplantados  y  en  los  documentos suscritos como suyos, se falsificó su firma  (oferta  de  obra,  el  contrato,  las actas de iniciación, pago, suspensión y  recibo final de la obra, y las cuentas de cobro)   

Adelantada  la  investigación,  el  19  de  noviembrejulio  del  2001  la  fiscalía  la  precluyó  en  favor  de  Coronado  Valenzuela  y  Casas Moreno.  se Aacusó a Viveros  González  como  autor  de  los  delitos  de  falsedad  material  de  particular  en documento público agravada por el uso, en concurso  homogéneo  y  sucesivo,  falsedad  en  documento  privado y tentativa de estafa  agravada.los  procesados  como  coautores  de los delitos por los que finalmente  fueron condenados.   

Luego  fueron  proferidas  las sentencias ya  indicadas.   

CONSIDERACIONES  

De  conformidad  con  el  artículo  213 del  Código  de  Procedimiento Penal del 2000, la Sala inadmitirá la demanda,   porque  cuanto  no reúne los requisitos previstos en el artículo 212 del mismo  Estatuto.   

Las razones son las siguientes:  

1.   El   defensor   formulópresentó  un  cargocuatro cargos, así:   

por violación directa del artículo 7° del  Código  de  Procedimiento  Penal,  que  recoge  el  principio  del in  dubio  pro  reo,  yerro  causado  por  “error de hecho, surgido de un falso juicio de raciocinio”.   

La  contradicción es patente. La violación  directa  se  da  por  exclusión,  o  aplicación  indebida,  o  interpretación  errónea de una norma de derecho sustancial.   

Primero.  Causal  primera  cuerpo  segundo,  error  de  hecho  por  falso juicio de existencia por  omisión.   

Incurrió     en     las    siguientes  irregularidades:   

No  demostró,  ni siquiera indicó, cuál o  cuáles  fueron los medios probatorios que, habiendo sido llegados legalmente al  proceso, el Tribunal excluyó de su valoración.   

El  desarrollo de la censura se quedó en el  desacuerdo del censor con las deducciones judiciales.   

Se  quejó  de que no se hubieren practicado  algunas  pruebas,  como  un dictamen grafológico y un reconocimiento en fila de  personas.  Estas  irregularidades  infringirían  el  derecho  a  la defensa por  ausencia  de  una investigación integral. Por modo que debieron ser presentadas  por vía de la causal tercera, nulidad, no de la primera.   

Además,  no  probó  la  trascendencia  del  supuesto yerro en la situación jurídica del procesado.   

Presentó  una valoración delos testigos de  cargo  y  resaltó  las  contradicciones  en  que, según él, incurrieron. Este  procedimiento   nada  verifica  sobre  el  yerro  denunciado,  falso  juicio  de  existencia por omisión.   

Segundo. Error de  apreciación o de hecho por falso juicio de identidad.   

“El fallador, dice el recurrente, parcela,  sectoriza    y    divide    la    prueba    testimonial    del   señor   ALIRIO  SUÁREZ”.   

Pero  el  acertado  planteamiento  no  fue  verificado.  El  defensor no precisó los apartes del fallo quien incurrieron en  esas  equivocaciones. Además, se quedó en la enunciación de que otras pruebas  “contradicen  el  decir” del declarante, para concluir que “carece de toda  credibilidad  la  versión”  de  Alirio  Suárez,  porque  otros  testigos  lo  “desmienten” y “no tiene asidero probatorio”.   

Así,  el  supuesto  yerro se hace consistir  exclusivamente  en  que  se le niega veracidad, lo que en modo alguno constituye  la distorsión que correspondía acreditar.   

Tercero.   

Por  su  parte,  el error de hecho por falso  raciocinio  es  una  de  las  formas  a  través  de  las  cuales se presenta la  violación indirecta.   

No obstante, la referencia específica a esta  clase  de  equivocación  judicial permite inferir que el anhelo fue acudir a la  violación   indirecta.   Pero   el   reproche   se  quedó  sin  desarrollo  ni  demostración.   

2.  El  actor, fuera de menciones aisladas a  las  palabras  “lógica” y “ciencia”, nada dijo sobre cuáles fueron las  reglas  de  la  lógica,  las  máximas  de  la  experiencia  o  los  principios  científicos,  componentes de la sana crítica, desconocidos por el Ad  quem.  Tampoco  señaló  las reglas,  máximas o principios que resultaban aplicables.   

3. El casacionista insinuó su inconformidad  con    los    indicios    elaborados    por    los   juzgadores   para   deducir  responsabilidad.   

Sobre   el   proceso   de   construcción  indiciaria,   la   Sala   debe  insistir  en  que  la  técnica  en  el  recurso  extraordinario,  que  no cumplió el demandante, exige del censor que precise si  su  queja radica en la prueba del hecho indicador, en la inferencia lógica o en  el  grado  de  persuasión  concedido  por  el  juez. En cuanto al primero, debe  probar  si  se incurrió en errores de hecho (en sus modalidades de falso juicio  de  existencia,  de  identidad  o  raciocinio)  o de derecho por falso juicio de  legalidad  o  convicción.  Si  se  acusa  la  deducción  lógica,  le  compete  acreditar  que  hubo  un  yerro  en  la  aplicación  de  las  reglas de la sana  crítica.  Finalmente,  si el ataque se dirige al grado de convicción conferido  al  indicio,  ello  comporta  aceptación de la prueba del hecho indicador y del  proceso de inferencia.   

Sobre  el  punto, la Corte reitera que para  cuestionar los indicios en sede de casación   

…  se  debe  tener  en  cuenta que en su  construcción   concurren  dos  aspectos  distintos.  El  hecho  indicador  cuya  existencia  se  revela a través de una prueba y la inferencia lógica que es la  operación   mediante   la  cual  se  deduce  la  existencia  de  un  hecho.  En  consideración  a  la  naturaleza  propia de cada uno de ellos, se han señalado  cuáles  son  las los motivos por los cuales se les puede censurar, lo que ya de  por  sí  excluye  la  posibilidad de postular reproches de manera simultánea y  entremezclada  en  contra  del  hecho  indicador  y  la inferencia lógica, como  ocurrió en el caso en examen.   

En  efecto,  por  virtud  de  que el hecho  indicador  se  manifiesta  a través de una prueba, no surge mayor inconveniente  cuando  se  trate  de  elegir la vía del ataque, pues admite todas las censuras  provenientes de errores de hecho o la de derecho…   

Pero cuando el desacuerdo surge respecto de  la  inferencia  lógica,  debe considerarse, ante todo, la posibilidad de que el  hecho  indicador  no  adolece  de  ningún  defecto,  bien  de  aducción  a  la  actuación  procesal o de apreciación en el análisis efectuado por el fallador  que  diera cabida a la postulación de los respectivos reproches. Esto porque de  ser  así,  no  existe  ninguna  razón  para  entrar  a ocuparse del proceso de  inferencia  lógica que, por obvias razones, estaría avocado al fracaso ante lo  defectuoso  del  hecho  que  sirvió de fuente de las deducciones, inferencias o  resultados que contempló en juzgador en el fallo.   

Ahora  bien,  precisado  como queda que el  hecho  indicador  fue legal, regular y oportunamente demostrado en la actuación  y  que, por consecuencia, está revestido de plena validez, es posible, ahí si,  entrar  a  cuestionar  el  desarrollo  de  la  inferencia  lógica,  esto es, la  indebida  aplicación  u  omisión  total  de las reglas de la sana crítica. En  este  punto  se  ha dejado por sentado que como nuestra legislación no contiene  pautas  mediante  las  cuales se pueda determinar la correcta aplicación de las  reglas  de  la experiencia, la lógica y los postulados de la ciencia o técnica  aplicables  en  el  análisis de determinadas pruebas y, ante la inexistencia de  tarifa  probatoria  en  la  valoración  de los medios de convicción, es viable  censurar  el  desconocimiento  a  las reglas de la sana crítica por la vía del  error    de    hecho    por    falso    juicio    de    identidad   [raciocinio,  aclara  la  Sala ahora], por  entrañar  el  mismo  tergiversación o suposición del fundamento lógico de la  inferencia  o  la  deducción,  la  cual  surge  de  los  hechos  y  no  de  las  normas1.   

4. En forma contradictoria, indistintamente  el  demandante  hizo referencia a que los jueces no demostraron que el procesado  “hubiera  mandado”  cometer  los delitos, o fuera el “autor intelectual”  de  los  mismos,  cuando lo cierto es, según la reseña que hizo de los fallos,  que la deducción de responsabilidad fue a título de cómplice.   

5.  Amparado  en  un  discurso  sobre  lo  “real”  y  lo  “ideal”,  lo  que  el  censor presentó fue su disidencia  respecto  de  la  deducción  judicial que encontró responsabilidad a partir de  prueba  indiciaria,  y  concluyó  en su posición personal según la cual ésta  sería  insuficiente para condenar, porque era necesario demostrar que el sujeto  procesal   a   quien   señalaban   los  indicios  sí  cometió  las  conductas  delictivas.   

Esa  actuación  defensiva  es opuesta a la  razón  de  ser  del  recurso extraordinario, como que se encamina, a modo de un  alegato  de  instancia,  a  reabrir  un debate probatorio ya superado y a que la  Sala de Casación Penal cumpla como una tercera instancia.   

Además,  lo  que  en  últimas  plantea el  casacionista  es que solo es posible derivar responsabilidad a partir de pruebas  directas  de  cargo,  olvidando  que  las  indirectas  (los indicios) son medios  legítimos establecidos por el legislador.   

La Sala inadmitirá, por tanto, la demanda,.  Como  no  se observan violación a derechos fundamentales ni motivos ostensibles  de  nulidad,  la  Corte  no  procede  de  oficio.porque  tampoco  se observa una  manifiesta trasgresión de las garantías fundamentales.   

,  eficacia  a las palabras del testigo, lo  que   la  propuesta  apuntaAsí,  lo propuesto como contrasimple enunciaci,  pues no fueron precizindicados los apartes del fallo   

simñplemente se pretyendió prke acudió  al  expediente adLaEl acertado planteamiento, sin embargo no fue probado, porque  a reglón seguido afirma el demandante   

1. El casacionista  presentó  un  primer cargo,  con  base  en  la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  violación  indirecta  de  la  ley  sustantiva, pero no  señaló las disposiciones materiales infringidas.   

         2.       Anunció       falsos  juicios de identidad cometidos por  el Tribunal.   

         No   obstante  la  presentación  correcta,  en  el  desarrollo  del  reproche   el   censor  dio  la  siguiente  explicación  que  realmente  es  un  galimatías  que, en oposición a la claridad y concisión exigidas, impide a la  Sala conocer sus pretensiones:   

         “…   cotejados  (los  testimonios  de  cargo)  no  solo  tienen  abismales  diferencias  y  por  lo  cual  quiero  aclarar… que aunque esto nos  daría  adicionalmente  un  falso  juicio  de  identidad,  el  que  se cumple en  relación  con  los  medios probatorios existentes que al valorarlos el fallador  de  segunda  instancia  distorsiona  sus  alcances  y le suministra un contenido  diferente  al  que  en  realidad contienen, me inclino a no desgastar la causa y  aferrarme,  en  este  cargo,  solo a que el falso juicio de existencia afecto en  una  forma muy grave la sentencia aludida, debido a que las pruebas tomadas para  fallar,  con  relación  a  la  testimonial,  el  Tribunal  y  el  omitir las ya  trascritas, le dan un giro completo a la sentencia”.   

         3.   No  demostró  que  la  Corporación  hubiera  tergiversado  el  contenido  real  de  algún  medio  de  prueba.  Como  distorsión  señaló,  según sus propias palabras, la “contradicción” que  surgía  de  la  comparación  de  los  testimonios de Isaura Valderrama y de su  padre.   

         Hizo  lo  propio con la declaración de Gloria Lorena González, sin  que,  además,  precisara  la  incidencia que las irregularidades podrían haber  tenido en el sentido de la decisión.   

         Sobre  la  versión  de  José  Agustín Valderrama, el casacionista  indicó  la  conclusión  a  que llegó el Tribunal a partir de las palabras del  testigo,  inferencia  que  no  compartió,  pues  -en  su  criterio-  debió ser  otra.   

         Así  elaboraba,  la  censura  sólo  muestra  la  inteligencia  del  casacionista  sobre  el alcance del testimonio, no la deformación del contenido  de la prueba.   

         Tal  planteamiento,  ajeno  a la tergiversación anunciada, pudo ser  presentado    como    falso   raciocinio.  Pero  tampoco  habría  prosperado,  porque  no  citó las reglas  lógicas,   las   máximas   de  la  experiencia,  o  los  aportes  científicos  –componentes  de  la sana  crítica-   que   fueron   desconocidos   por  el  Ad  quem. Tampoco los que eran aplicables.   

         4. En el segundo  cargo,   el   demandante   anunció  un  falso  juicio  de existencia por omisión.  Incurrió en las siguientes irregularidades:   

         a)  Mezcló  censuras  relacionadas  con  atentados  al debido   proceso   y   al   derecho   a   la   defensa.  Éstas,  por  estructurar   dos   motivos   de  nulidad,   han   debido   ser  formuladas  al  amparo  de  la  causal  tercera  de  casación,  en forma  separada  y  subsidiaria,  pues  apuntarían a la invalidación del trámite, en  tanto  que  la  solución  para el falso juicio de existencia, propio del motivo  primero      parte     segunda     –violación  indirecta  de  la  ley  sustancial-,  sería un fallo de  sustitución.   

         b)  Una  vez más, el censor transcribió el aparte arriba indicado,  para  concluir que las omisiones a la vez generaban falsos juicios de identidad.  La   proposición  comporta  un  contrasentido,  por  cuanto  sobre  los  mismos  elementos  de  juicio  el  Tribunal  sólo  pudo  incurrir  en  una  de  las dos  irregularidades,  pero no en ambas simultáneamente porque son excluyentes: o no  valoró  pruebas  obrantes  en  el expediente, o lo hizo así fuera falseando su  contenido.   

         

         c)   Citó,   como  elementos  excluidos,  dos  declaraciones  y  la  conclusión  médico-legal  sobre  la  probable hora en que se causó la muerte,  así  como  los  testimonios  de  la  progenitora  y del hermano de la víctima,  quienes        aseveraron        –conforme  a  la  demanda-  que el deceso pudo ser consecuencia de un  suicidio o de un crimen pasional.   

         El   impugnante  no  realizó  ningún  estudio  que  demostrara  la  incidencia  que el error pudo haber tenido en el sentido de la sentencia. Por el  contrario,  sus propias palabras verifican su intranscendencia, por cuanto dejó  en  claro  que las deducciones de los testigos eran producto de sus conjeturas y  no de un conocimiento preciso al respecto.   

         Además,  en  la  relación  que  hizo  de  la  actuación procesal,  especificó  que  la  condena  se  fundamentó  en  diversas  declaraciones  que  sindicaron  a  los  dos  soldados  de  ser  responsables  del  hecho,  y  en  la  indagatoria     de     Diógenes    Antonio    Cueto  Cañaveral, quien   

         “en  su  relato  acusa  como  autor a su compañero JHON MAURICIO  CANO GALEANO”.   

         Como  esos  medios  de prueba no fueron cuestionados, permanecerían  incólumes  y  resultarían  suficientes  para la deducción de responsabilidad.  Pero  igual  sucedería  con  la  versión del acusado en la audiencia pública.  Véase lo que dijo la demanda sobre ese acto procesal:   

         “Mi  representado  CANO  GALEANO  en  la  diligencia de AUDIENCIA  PÚBLICA  confiesa  que  una  vez  sale  con su compañero del bar, señor CUETO  CAÑAVERAL,  se  quedaron  sentados  en  la  plazuela y el señor RAFAEL ANTONIO  CARVAJAL  LÓPEZ  se  disgustó  por  que  no  tenía  un trago y que primero lo  manoteo  y cuando vio que se mandaba la mano debajo del poncho, tiró a rayarlo,  ahí fue cuando lo chuzó”.   

         Consecuente  con lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

         

         Inadmitir   la   demanda   de   casación  presentada.   

         Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

Notifíquese y cúmplase.  

HERMAN    GALÁN  CASTELLANOS   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO    ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÉDGAR   LOMBANA  TRUJILLO              ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN               JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

SecretariaMARINA PULIDO DE BARÓN   

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ             ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO                    HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO              ÉDGAR LOMBANA  TRUJILLO              ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN      

ÁLVARO      ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN     JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS      YESID                        RAMÍREZ                       BASTIDAS                    

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                   MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria     

1 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal, sentencia de 7 de octubre de  1998, radicado 10.987, M. P. CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR.     

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