23939(25-05-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23939  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

      SALA    DE    CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta No. 051  

Bogotá D.C., veinticinco (25) de mayo de dos  mil seis (2006).   

Decide la Corte la casación interpuesta por  el  defensor  de  DARÍO ENCINALES MAYORGA, contra la sentencia de segunda instancia  de  diciembre  16  de  2004,  proferida  por  el  Tribunal  Superior de Bogotá,  mediante  la  cual  confirmó  la de primera instancia dictada el 18 de marzo de  2003  por  el  Juzgado  32  Penal  del Circuito con sede en esta capital, que lo  condenó  por los delitos de fraude procesal y estafa agravada, imponiéndole 30  meses  de prisión y multa de $100.000; además, declaró la prescripción de la  acción  penal  por  el  delito  de falsedad material de particular en documento  público.  El ad quem modificó la pena accesoria de inhabilitación de derechos  y  funciones públicas en el sentido de limitarla a un lapso igual al de la pena  privativa de la libertad.   

                            HECHOS   

                              El  Tribunal  Superior  de  Bogotá  se  refirió  a los hechos por los cuales condenó a DARÍO  ENCINALES  MAYORGA,  en  los  siguientes términos:   

“Darío  Encinales  Mayorga solicitó a la  Caja  Nacional  de  Previsión  Social  el  reconocimiento  de  su  pensión  de  jubilación,  la  que  le fue reconocida mediante resolución número 034642 del  09  de  agosto  de 1993, teniendo como soporte un documento apócrifo como lo es  la  certificación  de  invalidez,  otorgándole  un  grado  de  esa  naturaleza  equivalente   al  76%,  porcentaje  sobre  el  cual  se  tasó  la  pensión”.   

                            ANTECEDENTES   

La investigación por lo hechos referidos en  el  acápite  anterior  estuvo  a  cargo  de la Fiscalía 68 Seccional. Luego de  vinculado   mediante   indagatoria   DARÍO  ENCINALES  MAYORGA,  el  citado  despacho  le  impuso  detención  preventiva  por  los  delitos  de  fraude  procesal,  estafa agravada y falsedad  material  de  particular  en  documento público agravada por el uso, medida que  fue revocada mediante resolución del 29 de agosto de 2001.   

La    investigación   estableció   que  DARÍO  ENCINALES  MAYORGA,  para  obtener el reconocimiento de la pensión de invalidez con efectos fiscales  a  partir  del  1° de diciembre de 1992, por medio de la resolución de Cajanal  número  034642 del 09 de agosto de 1993, presentó documentos espurios respecto  de  su   identificación  y la pérdida de capacidad laboral en un del 76%.  Con    base   en   la   citada   resolución   logró   obtener   un   pago   de  $27.329.607.47.   

El  10  de  diciembre  de  2001  se declaró  cerrada  la  investigación,  providencia cuya última notificación se efectúo  por estado el 18 de diciembre de 2001.   

                                    El   funcionario   instructor  calificó  el  mérito  del  sumario  el  30  de  enero  de 2002, imputándole a  DARÍO   ENCINALES  MAYORGA  los  delitos  de  fraude  procesal,  estafa y falsedad  material  de  particular en documento público, decisión que fue confirmada por  la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  de Bogotá el 29 de mayo de 2002 al  resolver  el  recurso  de  apelación  que  interpuso el defensor del procesado,  luego de que se negara la reposición por el a quo.   

                             La  causa  correspondió  al  Juzgado 32  Penal  del  Circuito  de  Bogotá, despacho que el 18 de marzo de 2003 profirió  fallo  de  condena, la que fue confirmada por el Tribunal Superior de Bogotá el  16  de  diciembre  de 2004, decisiones de cuyo contenido y modificaciones se dio  cuenta en el primer capítulo de esta providencia.   

                             

                         LA DEMANDA   

                                  Causal  tercera. Nulidad.   

                            Primer cargo.   

                                  Al amparo de la causal tercera de  casación  se  acusa  la  sentencia de segunda instancia de haberse proferido en  actuación  penal  en la que se desconoció el debido proceso, pues DARÍO   ENCINALES   MAYORGA  fue  condenado  por el delito de fraude procesal, cuya acción penal  había   prescrito   durante   la  fase  del  sumario.                                 

Los funcionarios de instancia al analizar la  prescripción  de  la  acción  penal  incurrieron  en  errores  de  hecho en la  apreciación  de  la  prueba,  lo  que  determinó  la  aplicación indebida del  artículo  182 del Decreto 100 de 1980, falta de aplicación del artículo 29 de  la  C.P.,  1º  del Decreto 2700 de 1991, 6º-1 y 20 de la Ley 600 de 2000 y 6º  de la Ley 599 de 2000.   

El  desconocimiento  de  las  debidas formas  propias  de  cada  juicio es consecuencia de la violación de los artículos 79,  80,  83,  84  y 85 del Decreto 100 de 1980, en concordancia con el artículo 531  de  la Ley 906 de 2004. Igualmente se desconoció el artículo 50 del Decreto 01  de   1984,  según  el  cual,  la  resolución  que  reconoció  la  pensión  a  DARÍO   ENCINALES  MAYORGA  le  puso  fin  al  trámite  y  no  podía  continuar  induciéndose  en  error  al  servidor público.   

Para   contabilizar   el   término   de  prescripción  de  la acción penal es imprescindible considerar la fecha en que  terminó  el  trámite administrativo de reconocimiento de la pensión, pues las  mesadas  percibidas  con  posterioridad  como  consecuencia  de  la  resolución  dictada  por  CAJANAL  son  el  provecho  económico  de  la  conducta  inicial.   

Los funcionarios de instancia incurrieron en  falso  juicio  de identidad al apreciar la resolución 034642 del 9 de agosto de  1993,  pues  se  omitió  reconocer su alcance en cuanto marcaba el derrotero de  cómputo para el fenómeno prescriptivo.   

         

Conforme  al artículo 83 del Decreto 100 de  1980  la  prescripción  comienza  a contarse desde la perpetración del último  acto  para  los  delitos  de conducta permanente, el cual corresponde al último  acto  del  trámite  administrativo adelantado para la obtención de la pensión  de jubilación.   

Desde  el  9  de  agosto de 1993, tomando la  ejecutoria  de  la resolución 034642, hasta el día en que cobró ejecutoria la  resolución  de  acusación,  el  29 de mayo de 2002, transcurrieron 8 años y 9  meses,  tiempo  que  supera  los  5  años previstos como sanción máxima en el  artículo 183 del Decreto 100 de 1980.   

Solicita  a  la  Sala  casar  la  sentencia  recurrida  y  en  su  lugar  declarar  la nulidad de lo actuado, reconociendo el  fenómeno prescriptivo.   

Segundo cargo.  

En  el proceso penal adelantado en contra de  DARÍO   ENCINALES  MAYORGA  se desconoció el debido proceso, por cuanto que no se  celebró  audiencia  de  conciliación  respecto  del  delito  de estafa, la que  procedía,  sin  importar la cuantía, según el criterio fijado en la sentencia  C  –  760  de 2001 por la  Corte  Constitucional, pues en la apertura de investigación se debe fijar fecha  para  realizar  dicha audiencia dentro de los 10 días siguientes (artículos 41  de la Ley 600 de 2000 y 38 del Decreto 2700 de 1991).   

La conciliación no es una mera potestad del  funcionario,  es  un acto establecido para el juzgamiento en consonancia con las  normas  sustanciales  y  procesales,  por lo que la actuación debe retrotraerse  para garantizar la realización de dicha diligencia.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

El   Procurador  Cuarto  Delgado  para  la  Casación   Penal,   solicita  casar  de  oficio  y  parcialmente  la  sentencia  impugnada,  para que se excluya la agravante por la cuantía respecto del delito  de estafa, con la consiguiente redosificación de pena.   

                               

                                  Primer  cargo.   

                             Para  la  Delegada  es manifiesta la sin  razón  del  recurrente  en  cuanto a la prescripción de la acción penal en la  etapa  del  sumario  para  el  delito de fraude procesal, pues tratándose de un  tipo  penal  de  conducta  permanente,  la  fecha  del mes de noviembre de 2000,  cuando  se suspendió el pago de las mesadas posteriores al reconocimiento de la  pensión,  era  la  que  debía  tomarse  como  referencia  para contabilizar el  término  de  prescripción de la acción penal, porque los efectos fraudulentos  tuvieron  vigencia  hasta cuando se detectó por el ente de control fiscal y los  organismos  de  seguridad  del  Estado  el  aporte de los documentos apócrifos.   

                           Se invoca como  apoyo  de  la  anterior conclusión, jurisprudencia de la Sala Penal de la Corte  en  el  sentido  de  que  el  término de prescripción de la acción penal debe  contarse a partir del “último acto de inducción en error”.   

                             En  las condiciones señaladas, desde el  mes  de  noviembre  de  2000  hasta  el mes de mayo de 2002, es obvió que no se  supera  el término establecido en el artículo 80 del C.P. y por ende carece de  éxito la censura.   

                           Segundo cargo.   

                             El  demandante no demuestra el carácter  trascendente  que le atribuye a la omisión de la oportunidad para conciliar, ni  que  en  su  momento  hubiese  protestado  para retrotraer la actuación con ese  exclusivo fin.   

                            En particular  no  se  pone  en  conocimiento en la demanda que durante el trámite procesal el  incriminado  hubiese  estado  dispuesto a resarcir los perjuicios, por lo que en  manera alguna tiene vocación de prosperidad el cargo.   

                            Casación de oficio.   

                             La  resolución de acusación no imputó  el   delito   de  estafa   agravada  de  manera  expresa  y  menos  con  su  nomenclatura  normativa,  pues  hace  referencia  a  la  cuantía  de  los pagos  ($27.329.602.47)   y  al  hecho  de  haber  recibido  el  procesado  dineros  en  “cuantía  millonaria”,  pero  no  se  alude a la circunstancia genérica de  agravación  de  los  delitos  contra  el patrimonio económico por la cuantía,  menos se cita la disposición legal.   

                                Para hacer  congruentes  la  sentencia del ad quem con la resolución de acusación, se debe  dosificar  la  pena  sin  tener en cuenta la agravante por la cuantía, deducida  para la estafa.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

                                      Primer   cargo.   

                             1. Sostiene el demandante que la acción  penal  por  el  delito  de fraude procesal por el que fue condenado DARÍO  ENCINALES MAYORGA prescribió antes  de  la  ejecutoria de la resolución de acusación, pues el último acto para la  consumación   del   reato   corresponde  a  la  ejecutoria  de  la  resolución  administrativa  de  Cajanal número 034642 del 9 de agosto de 1993, por medio de  la  cual  se  reconoció  al procesado el pago de la pensión de jubilación por  invalidez   con   efectos   fiscales   a   partir   del   1º  de  diciembre  de  1992.   

                             2. Antes de ocuparse la Sala de resolver  la  pretensión  casacional  sobre  la  prescripción  de la acción penal, debe  hacer  precisión  en torno a la época en que terminó la ejecución del delito  de  fraude  procesal  por  el  que fue condenado DARÍO  ENCINALES MAYORGA.   

                                 El      señor      ENCINALES   MAYORGA   adelantó  trámite  administrativo  ante  Cajanal  para obtenener pensión de invalidez, presentando  como  soporte  de su petición documentos espurios, una cédula de ciudadanía y  un  certificado  de pérdida de capacidad laboral del 76%. Bajo estos supuestos,  la  entidad  en mención profirió la resolución número 034642 del 9 de agosto  de  1993, la que dispuso notificar, expresándose que contra la misma procedían  los  recursos  de  resposición  o  en  subsidio el de apelación, dentro de los  cinco días siguientes.   

                             La  pensión  de invalidez reconocida al  inculpado   surtió  efectos  fiscales  desde  el  1º  de  diciembre  de  1992,  recibiendo  el  pago  de las mesadas subsiguentes a esta fecha hasta octubre del  año    2000,    pues    cuando    DARÍO   ENCINALES  MAYORGA pretendía cobrar la pensión de noviembre del  último  año  en  mención (fl. 55) fue capturado por el DAS (fl. 1) y puesto a  disposción  de  las  autoridades  judiciales,  informe  con  base en el cual se  inició la presente investigación penal.   

                            No es materia  de  discución el hecho de que el trámite administrativo para el reconocimiento  de  la  pensión  terminó  con  el proferimiento y ejecutoria de la resolución  034642,  no  ocurre lo mismo con su ejecutabilidad posterior para el pago de las  mesadas,  fase  esta  última que el casacionista desvincula de la primera, para  sustentar  la tesis de la prescripción, contada a partir de la firmeza del acto  administrativo proferido por Cajanal.   

                                La conducta  óntica  que  dio  lugar  a la imputación jurídica en examen corresponde a los  momentos   que   representan   la   obtención   del   acto   administrativo  de  reconocimiento  de  la pensión de jubiliación de invalidez y a la utilización  del  mismo  para  el  cobro  de  las  mesadas  pensionales,  los  cuales  fueron  considerados  por  los  funcionarios de instancia como expresiones de una unidad  de  acción  que  materializan  el  fraude  procesal  atribuido  a  DARÍO ENCINALES MAYORGA.   

                             Al  respecto, el Tribunal se refirió en  el fallo recurrido, en los siguientes términos:   

“En  el  caso  de que se ocupa la Sala, es  claro  e  inequívoco,  que a través de documentación espúrea (sic) se obtuvo  que  Cajanal  reconociera  y  ordenara el pago de la pensión de jubilación del  procesado  Darío  Encinales Mayorga según lo plasmado en la resolución 034632  de  agosto  9  de  1993,  fecha  desde  la  cual se indujo en error a la entidad  pública  cuyos efectos se prolongaron hasta el mes de noviembre de 2000, cuando  a  raíz  de la labor investigativa del Das en coordinación con la Jefatura del  Grupo  Especial  de Asuntos Penales de Cajanal, se detectó que tanto la cédula  de  ciudadanía  a nombre del procesado como la certificación sobre pérdida de  su  capacidad  laboral  que se presentaron para la obtención del citado derecho  prestacional  eran  falsos,  trayendo como consecuencia que a partir de allí el  señor  Encinales  Mayorga  no  percibiera  más mesadas por tal concepto, luego  este  último  momento  es  el que debe contarse para efectos de contabilizar el  fenómeno prescriptivo”.   

                               En el fraude  procesal,  la  actividad  fraudulenta  perdura mientras subsista la vulneración  del  interés  protegido  en  la  norma,  afectación  que  se prolonga mientras  subsista  la  maniobra  engañosa  para obtener los efectos buscados. El último  acto   realizado   con   éste   propósito  implica  la  cesación  del  estado  antijurídico  de  la  acción  contra  la  administración  de  justicia. Estos  conceptos  resultan  aplicables conforme a las precisiones hechas por la Sala en  sentencia  del  30  de  marzo  de  2006,  a las cuales se hará referencia en el  próximo numeral de esta decisión.   

                             En  consecuencia, si bien es cierto que,  en  algunos  casos, el último acto consumativo del fraude procesal coincide con  la  resolución  que  pone  fin  a  la  actuación administrativa o judicial, no  siempre  ello  es así, como no lo es en el presente caso, pues en ocasiones, la  conducta  mantiene  la  lesión  al  bien  jurídico, como cuando se persigue el  cumplimiento  de  la  decisión obtenida induciendo en error al funcionario para  tales efectos.   

                             Sobre el particular, la Sala Penal de la  Corte1,  señaló  que  el estado de anitjuridicidad en el fraude procesal  termina  con la “ejecutoria de la resolucion o acto administrativo contrario a  la  ley,  cuya  expedicion  se  buscaba,  si  allí  termina  la  actuacion  del  funcionario,  o  con  los  actos  necesarios  posteriores  para la ejecución de  aquella”.   

                             Pues bien, en las condiciones señaladas,  se  tiene  que  DARÍO  ENCINALES  MAYORGA  mantuvo  en  error  a  los  funcionarios  de  Cajanal  después de  proferida  la  resolución  034632  de  agosto 9 de 1993, lo hizo hasta el 28 de  noviembre   de  2000,  fecha  en  la  que  fue  capturado  por  el  DAS  en  las  instalaciones  del  Banco  Colombia  del  Barrio  Modelia  de Bogotá, cuando se  disponía  a  cobrar  el  cupón  de  pago  33706  correspondiente  a  la mesada  pensional del mes de noviembre de la citada anualidad.   

                             2.  La  Sala2  tiene  establecido  que,  la  ejecución  del  delito  permanente  termina por razones materiales, por ejemplo  cuando  es  dable concretar el instante en que se ejecuta el último acto; o por  motivos   jurídicos,   como  cuando  la  hipótesis  anterior  no  es  posible,  debiéndose  tomar como fecha límite para contar la prescripción de la acción  penal  en el sumario o la causa, según el caso, la ejecutoria de la resolución  de  cierre  de  investigación o el de la resolución de acusación.     

                               En este caso  concreto  y  siguiendo los lineamientos del fallo de la Corte del 30 de marzo de  2006  mencionado,  la  época  de  consumación  del  delito  de fraude procesal  imputado   a   DARÍO  ENCINALES  MAYORGA  fue definida con base en el factor material, se pudo concretar que  el  últmo  acto  ejecutado  para mantener en error a los servidores públicos y  obtener  fraudulentamente  el  pago  de la pensión de invalidez se concretó el  día  28  de noviembre de 2000, según quedó explicado, pues hasta esa fecha se  extendió  la  lesión  al bien jurídico de la administración de justicia, por  lo   que  a  partir  del  día  siguiente  comenzó  a  correr  el  término  de  prescripción de la acción penal durante la fase del sumario.   

                             3. El fraude  procesal   le   fue   imputado   a   DARÍO  ENCINALES  MAYORGA  con  base en el artículo 182 del Decreto Ley  100  de 1980, que establecía una pena de uno (1) a cinco (5) años de prisión.  De  conformidad  con  el  artículo  80 ídem, el término de prescrición de la  acción  penal  en  el sumario para dicho reato es equivalente a la pena máxima  prevista por la referida disposciión.   

                                  La  prescripción  de la acción  penal  en el sumario fue interrumpida con la resolución de acusación proferida  el  29  de  mayo de 2002. En consecuencia, entre esta fecha y el 28 de noviembre  de  2000  no  trascurrió el tiempo exigido como supuesto en el artículo 80 del  C.P.,  por  lo  que  los  funcionarios  que conocieron y decidieron calificar el  sumario  y  proferir  los  fallos  de  instancia  obraron  válidamente, pues la  acción penal no estaba prescrita.   

                                     El   cargo   es   infundado.   

                            Segundo cargo.   

                             El  demandante  reclama  la  nulidad del  proceso  por  no  haberse  citado  a audiencia de conciliación por el delito de  estafa  en  la  resolución  que  declaró  la  apertura  de  la investigación.   

                              El  Tribunal  al  referirse  al  asunto  planteado, señaló que:   

“el  acto  conciliatorio  pretendido  que  consagraba  el artículo 38 del recién derogado Código de Procedimiento Penal,  estaba  reservado  para  los  delitos querellables que por su condición admiten  desistimiento,  entre  los  que  se  halla  la  estafa,  pero en cuantía que no  sobrepase  los diez salarios mínimos legales mensuales vigentes, más como este  tipo  penal  acá investigado sobrepasa dicho monto dado que la mesada pensional  percibida  irregularmente  por  el  procesado  se  extendió  desde  el  mes  de  diciembre  de  1992  hasta  noviembre  de  2000  cuando  los órganos de control  detectaron   el  fraude  dando  pie  para  que  no  se  siguiera  sufragando  la  prestación,  no  era  viable  tal  mecanismo  encaminado  a la extinción de la  acciópn  civil  consecuencialmente  al  fin  del  conflicto,  amén que en este  evento se investigaron conductas conexas”.   

                                       La  conciliación  procede  en  los  casos  de  delitos  que admitan desistimiento o  indemnización  integral,  entre  los  que se encuentran los ilícitos contra el  patrimonio  económico  sin límite de la cuantía. En estos casos, entre otros,  el  funcionario  judicial convoca a audiencia de conciliación en la resolución  de  apertura  de  investigación  si  no  se  hubiere  hecho  petición  por los  intervinientes.  El  carácter  alternativo  que  le  dio  el  legislador  a  la  conciliación  (a  petición  de  parte  o  de  oficio)  y  el hecho de no haber  establecido  dicha  actuación  como  presupuesto  procesal de las subsiguientes  fases  del  proceso,  conllevan  a  señalar, como ya lo ha declarado la Sala en  oportunidad  anterior,  que el hecho de no haberse llamado a conciliación a los  interesados   por   parte  del  operador  de  la  justicia,  no  constituye  una  irregularidad  sustancial  de  la  estructura  de las diligencias ni un atentado  contra las garantías fundamentales.   

                              La discusión  planteada   por   el   recurrente   fue   resuelta   por   la   Sala3   

,  en  providencia  que,  por  venir  al caso  examinado  las  consideraciones  que determinaron dicha decisión, se transcribe  en lo pertinente:   

“Colígese entonces de lo anterior, que el  hecho  de  que  en  la  referida  norma  se disponga que “…En todos los casos,  cuando  no  se  hubiere  hecho  solicitud,  en  la  resolución  de  apertura de  investigación,  el  funcionario señalará fecha y hora para la celebración de  audiencia  de  conciliación,  que  se  llevará  a cabo dentro de los diez (10)  días  siguientes”, no está significando que el propósito del legislador fuera  establecer  un  requisito  de  proseguibilidad  de  la  actuación  penal en los  asuntos  por  los  delitos  allí  señalados,  pues,  de  conformidad  con  las  finalidades  que se trazó la reforma legal, lo único que se buscó fue lograr,  de  una  manera  más  coherente,  que se cumplieran los propósitos de justicia  material,  efectividad  de  los  derechos  y  ahorro  de tiempo, evitando que el  aparato  investigativo  se  desgaste  de  manera inoficiosa en los casos, en los  que,  las  partes  pueden  voluntariamente  acordar  el  monto de los perjuicios  extinguiendo la acción penal.   

Por   ello,   durante   la   etapa  de  la  investigación  previa,  cuando  la  hubiese, las partes tienen la iniciativa de  finiquitar  el  asunto solicitando la audiencia de conciliación y llegando a un  acuerdo  económico,  por manera que si ello no sucede, corresponde al Fiscal en  la  resolución  de  apertura de la investigación sugerir esa posibilidad a fin  de  que, si a bien lo tienen sindicado y titulares de la acción civil, terminen  el  conflicto  por  esta  vía,  pues  no  debe  perderse de vista que lo que se  pretende  es  evitar  la dilación de una investigación que bien puede acabarse  por  voluntad particular, siendo a tal punto flexible la figura, que con el solo  hecho  de  que el perjudicado manifieste haber sido indemnizado o estar conforme  con  el  monto  propuesto  por quien debe responder patrimonialmente, es posible  darle  aplicación  a  este  instituto  para  inhibirse de abrir investigación,  precluir la investigación o cesar procedimiento, según el caso.   

En este sentido, este instrumento procesal lo  que  busca es darle cabida a mecanismos que hagan alternativo el uso del derecho  penal  en  asuntos  que por su naturaleza, pueden arreglarse por voluntad de los  interesados,  y si bien sería lo ideal que, como lo prevé la norma en comento,  así  procediera  el  Fiscal  en  la  resolución de apertura cuando antes no ha  mediado  solicitud  de  parte,  su omisión, no implica resquebrajamiento de las  formas  propias  de  la  instrucción o el juzgamiento, pues en principio, es la  voluntad  privada  la  que prevalece si se tiene en cuenta que la oportunidad de  los  legitimados  para  elevar  la  solicitud  de  la  mencionada  audiencia  de  conciliación,  está  dada “en cualquier tiempo”, por manera que la oficiosidad  autorizada  al funcionario judicial, solo pretende que si ello es posible, se de  (sic)  en  los  albores  del proceso, evitando así, actuaciones dilatadas en el  tiempo que finalmente llegan a iguales resultados”.   

                                    Ha  de  agregarse  a  los  señalamientos  hechos  que,  la actuación penal no registra  conductas  procesales del incriminado tendientes a conciliar con la víctima los  daños  y  perjuicios  ocasionados  con  el  delito,  pues  con posterioridad al  proferimiento  de  la resolución de apertura de investigación y hasta antes de  terminar  el  debate  oral,  era  su  deber  pedir  al  funcionario  judicial la  realización  de  la  diligencia  con  ese propósito, ya que la no realización  oficiosa  de  ésta  no obstaculizaba el ejercicio de ese derecho a petición de  parte.   

                                               Las  reglas  que  regulan  las  irregularidades  sustanciales, entre  ellas,  la  de  protección, validan la actuación en aquellas eventualidades en  las  que  el  sujeto procesal ha contribuido con la omisión denunciada, además  de  que  lo  trascendente es que el inculpado y su defensor hayan contado con la  oportunidad  de  pedir y realizar la audiencia de conciliación, garantía de la  cual  gozaron  y  voluntariamente  no  ejercitaron  el  derecho  que  tenían al  respecto.  De  otra  parte,  dígase  que el sujeto procesal puede convalidar la  irregularidad  y en este caso específico, la defensa lo hizo, al señalar en el  debate  público,  que  “ya  no  valía  la pena realizar” la conciliación,  afirmación  que  resulta consecuente con la tesis principal del apoderado, pues  la  pretensión  fue  la  declaratoria  de la inocencia del procesado (artículo  308, numerales 3 y 4 del C. P. P.).   

                                El cargo no prospera.   

                                               Casación de oficio.   

                              El Procurador  Delegado  sugiere  a  la  Corte  casar  de  oficio  parcialmente la sentencia de  segunda  instancia  para  deducir de la pena impuesta por el delito de estafa el  incremento  de  la  sanción  por  razón de la cuantía, al no haberse imputado  dicha circunstancia en  la resolución de acusación.   

                             La congruencia  impone  que la sentencia debe guardar relación con la resolución de acusación  en  los aspectos personal, fáctico y jurídico. Sobre este supuesto, la Sala ha  sostenido   que   las   circunstancias   que   impliquen   incremento  punitivo,  específicas  o  genéricas, objetivas o valorativas, deben consignarse fáctica  y  jurídicamente  en la calificación del sumario para que puedan ser deducidas  en los fallos de instancia.   

                                  A   partir   del   pronunciamiento  del  23  de  septiembre  de 2003, la Sala viene exigiendo que la imputación del delito, como  toda  causal de agravación -genérica o específica- debe ser determinada en la  resolución  de  acusación  de  manera fáctica y jurídica, para que pueda ser  deducida  en  la sentencia, sin que ello implique convertir en presupuesto de la  imputación  la  enunciación  numérica  del  texto  legal,  es  suficiente  la  valoración  objetiva  y  subjetiva  de  la  circunstancia  de  mayor intensidad  punitiva  mediante raciocinios que no permitan la duda acerca de su atribución.   

                                   En  los  siguientes   términos   se   pronunció  la  Corte4  al  precisar  el  alcance del  concepto a que se viene haciendo referencia:   

“Y  de  esta  manera  fue  reiterado  el  criterio5   ,  según  el  cual,  todas  las  circunstancias  que  impliquen  incremento   punitivo,   específicas   o   genéricas,  en  cualquiera  de  sus  modalidades,  deben  hacer parte de la imputación fáctica de la acusación, de  manera   inequívoca,  para  que  puedan  ser  deducidas  en  la  sentencia,  no  necesariamente  identificada  a través de la norma que la consagra, ni conforme  a   formulas  sacramentales,  predeterminadas, “ pero tampoco suponer que  se  las  dedujo,  donde  no  lo  fueron,  con el argumento de que su imputación  resulta  implícita o sobreentendida, en razón a la naturaleza de los hechos, o  el  simple recuento que de los mismos pudo haber sido efectuado en la acusación  ”   

Concluyéndose   en   la  providencia  en  mención, que:   

“…el solo enunciado en la resolución de  acusación  del  supuesto  fáctico  que la configura, no es suficiente para que  pueda  ser  deducida  en  la sentencia, ya que, como ya se ha dicho, se requiere  inequívoca  imputación jurídica, sin que ello implique que figure en la parte  resolutiva  de  la  acusación,  ni  que  se le identifique por su denominación  jurídica o por la norma que la consagre.”   

                                Le  asiste  razón  a  la  Delegada  en  cuanto  al  error  planteado.  En  efecto, la   acusación  formulada  mediante  las  resoluciones de fechas 30 de enero y 29 de  mayo   de   2002,  en  sus  consideraciones  no  dejó  claramente  imputada  la  circunstancia  genérica  de agravación punitiva prevista en el numeral 2° del  artículo 372 del Decreto 100 de 1980, vigente para ese entonces.   

                               La Fiscalía  68  Seccional  de  Bogotá,  el  30  de  enero  de  2002, en el pliego de cargos  textualmente     acusó     a    DARÍO    ENCINALES  MAYORGA  por  el  delito  de  estafa,  aduciendo  como  supuestos  que  “Mediante  la actividad anterior se obtuvo provecho económico  ilícito,  induciendo  en  error al funcionario al utilizar artificio engañoso.  En  concreto,  se  percibieron  mesadas  a  las  cuales  legalmente no se tenía  derecho,  defraudando  de  esta  manera  al patrimonio de la entidad estatal. De  esta  conducta  conoce  (sic)  Decreto  100 de 1980 en su Libro Segundo, Título  Catorce,  Capítulo  Tercero”.  En  el  capítulo  de  pruebas  aportadas a la  investigación  se  hizo referencia al listado de valores pagados en cuantía de  $27.329.602.47,  agregándose  en  los  considerandos  que el procesado recibió  “dineros  en cuantía millonaria”. En la resolución de fecha 19 de marzo de  2002,  mediante  la  cual  se  resolvió  el  recurso de reposición interpuesto  contra  la  decisión  que  calificó  el sumario, se mantuvieron incólumes los  criterios  referidos,  lo  propio  aconteció  con la resolución de fecha 29 de  mayo  de  2002,  por  medio de la cual se resolvió confirmar la decisión del a  quo  por  la  Fiscalía  Delgada  ante  el  Tribunal  al  resolver el recurso de  apelación.   

                               Del contexto  transcrito  se  advierte  que la acusación se refirió a las circunstancias que  rodearon  el  comportamiento  desplegado  por  el procesado, sin precisar que el  monto  del ilícito jurídicamente agravaba la pena para el delito de estafa. La  referencia   naturalística  al  valor  de  lo  pagado  no  tiene  trascendencia  jurídica  en relación con el incremento punitivo establecido por el legislador  en  el  capítulo  Noveno  del  Título XIV del Libro Segundo del Código Penal,  pues  en  el  pliego  de  cargos  se  advirtió expresamente que la conducta por  estafa  se  imputaba  en  los términos del Capítulo Tercero del citado Libro y  Título del Decreto 100 de 1980.   

                             En apoyo de la  no  imputación  de  la agravante por la cuantía respecto del delito de estafa,  resulta  pertinente  señalar  que  el  a  quo,  en  la  audiencia  preparatoria  celebrada  el  13 de agosto de 2002 (fls. 21 y 22), al resolver petición de los  sujetos  procesales,  alertó  al Delegado de la Fiscalía General de la Nación  para  que  en  la audiencia pública contemplara la posibilidad de “incluir la  agravante  por  el  uso de los documentos públicos falsos y por la cuantía por  el  delito  de  estafa”,  observándose  que  en  el  debate oral el fiscal no  tramitó  la  variación de la calificación del ilícito imputado en el sentido  referido.   

                                    En  la  sentencia  de primera instancia se consideró como delito de mayor gravedad para  efectos  del  concurso  a  la  estafa agravada por la cuantía. La pena del tipo  básico  de  la  estafa (artículo 356 del Decreto 100 de 1980) fue incrementada  con  base  en  el  artículo 372-1 ídem para definir lo extremos punitivos y el  marco  de punibilidad, concluyéndose que el cuarto mínimo era de 14 a 48 meses  de  prisión,  imponiéndose  una  pena  de  24  meses  por  el delito contra el  patrimonio  económico,  por  carecer  el  inculpado de antecedentes penales, no  concurrir  circunstancias  de  mayor  punibilidad  y  dada  la  gravedad  de  la  conducta.  La  sanción  anterior  fue  incrementada en 6 meses por concursar el  delito  de fraude procesal, imponiéndose en definitiva una pena privativa de la  libertad  de  30  meses de prisión y la inhabilitación de derechos y funciones  públicas por el mismo lapso.   

                                  En  esas  condiciones  y  de acuerdo con el texto transcrito de la providencia acusatoria,  se  impone  concluir  que  la  circunstancia  genérica  de agravación punitiva  relacionada  con  la  cuantía  del  objeto material del delito de estafa no fue  imputada  en  el  pliego  de  cargos,  por  lo  que  la Corte procederá a casar  parcialmente y respecto de este punto la sentencia impugnada.   

                                       En  consecuencia,  se  procederá a redosificar el quantum punitivo, de la siguiente  manera:   

                              El Juzgado 32  Penal  del  Circuito  de  Bogotá  adoptó como extremos punitivos del delito de  estafa,   invocando   como   fundamento   la   aplicación   del   principio  de  favorabilidad,  el  mínimo  de  un  (1)  año  de  prisión (que corresponde al  mínimo  establecido  por el artículo 356 del D.L. 100 de 1980) y el máximo de  ocho  (8)  años  (equivalente  al máximo de la pena señalada por el artículo  246  de  la Ley 599 de 2000). Esta ecuación punitiva la incrementó con base en  lo  establecido  por  el  artículo 372 del Código Penal de 1980, por lo que el  marco  punitivo  quedó  definido  en  16  meses  el  mínimo  y en 144 meses el  máximo,  obteniendo  por  esta  vía  un  marco  de movilidad de 128 meses para  distribuirlo proporcionalmente entre todos los cuartos.   

                                                Para  el  critrerio  mayoritario  de  la  Sala  el  a  quo  erró al  establecer  los  extremos punitivos del tipo básico de estafa, pues estableció  una  proposición punitiva que no corresponde a la adoptada por el legislador ni  a  la que por favorabilidad correspondía aplicar en este asunto, por cuanto que  mezcló  indebidamente  el  mínimo  del artículo 356 del D.L. 100 de 1980 y el  máximo  de  la sanción establecida por el artículo 246 de la Ley 599 de 2000.   

                               Sin embargo,  el  yerro  en  mención  en el presente caso resulta intrascendente, en virtud a  que  la sanción se dosificó sobre la base del cuarto de menor punibilidad y la  pena  que  impuso  el  juzgador, considerada sin el error de la agrevante por la  cuantía  de  la  estafa,  corresponde  a  la  que  ha  debido  ser  dosificada.   

                                   En  consecuencia,  teniendo en cuenta que en la sentencia se concluyó que, con base  en  los  criterios  de  individualización  de  la  pena  que  concurrían en el  presente  asunto,  la sanción debía dosificarse con base en el cuarto mínimo,  la  norma favorable a aplicar es la vigente para la época de la cosumación del  delito  de  estafa  y  no  la  que  regía  a  la  fecha  en que se profirió la  sentencia.  Por  tanto,  en este asunto, la proposición punitiva en cuanto a la  pena  de prisión del tipo básico de estafa en el Decreto 100 de 1980 es de 1 a  10 años de prisión.   

                                La   individualización  de  la  pena  por  el  delito de estafa se hace sin tener en  cuenta  la agravante por la cuantía, por las razones expresadas anteriomente, y  acudiendo  a  los  mismos  criterios  de  determinación  de la pena que estimó  viables en este caso el a quo, los cuales se mantienen incólumes.   

                              Sobre la base  de  que  el  cuarto mínimo de punibilidad es de 12 a 39 meses y que el juzgador  partió  de  24  meses  de  prisión para el delito de estafa, quantum en el que  incorporó  4 meses como incremento por la agravante de la cuantía de que trata  el  numeral  1°  del  artículo  372 ídem, se tiene que al deducir ésta, para  ajustar  a  la  congruencia el fallo impugnado con la resolución de acusación,  queda  como pena a imponer 20 meses de prisión por el delito de mayor gravedad,  la  que  se  aumenta  en 6 meses por razón del concurso con el delito de fraude  procesal,  quedando una pena a imponer definitiva de 26 meses de prisión, lapso  al  cual  se  reduce  la  inhabilitación  de derechos y funciones públicas. Se  mantiene  la  multa de cien mil pesos impuesta como pena principal por el delito  contra el patrimonio económico.   

                              En mérito de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la Corte Suprema de Justicia,  administrando  justicia  en  nombre de la República de Colombia y por autoridad  de la Ley,   

                            RESUELVE:   

                             1. No casar por los cargos de la demanda  presentada   por   el  defensor  de  DARÍO  ENCINALES  MAYORGA  contra la sentencia  de    fecha    y    origen    referida    en    los    considerandos   de   esta  providencia.   

         2.  Casar parcial  y  oficiosamente  la  sentencia proferida por el Tribunal Superior de Bogotá el  16  de  diciembre  de  2004,  en  el sentido de que la pena de prisión que debe  purgar    DARÍO    ENCINALES    MAYORGA  por los delitos de estafa en concurso con  fraude  procesal  por  los que se le condenó, es de 26 meses de prisión, lapso  al  cual  se  reduce  la  accesoria  de  inhabilitación de derechos y funciones  públicas,   de   conformidad   a   lo  expresado  en  la  motivación  de  esta  decisión.   

En  lo  demás  se  mantienen incólumes los  fallos de instancia.   

2.  Contra esta decisión no procede recurso  alguno.   

                               

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

                                   

SIGIFREDO   ESPINOSA PÉREZ                                                                       ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO                                 

                                                                                                                                        Permiso   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                                            ÁLVARO    O.    PÉREZ   PINZÓN     

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                                         JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS                                          JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

           TERESA RUIZ  NÚÑEZ   

                     Secretaria   

    

1 C.S.  de J., Sent. De Cas., 05-05 de 2004, Rdo. 20.013   

2 Cfr.  C.S. de J., Sent. de Cas., 30-03-06, Rdo. 22.813.   

3 C.S.  de J., Sent. de Cas. del 16-03-00, Rdo. 12129   

4 Sent.  Unica Inst. Rdo. 16 320, 23 de septiembre de 2003.   

5  Casación de abril 4 de 2001. R. 10868.     

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