23886(14-11-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23886  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº  224  

Bogotá D.C., catorce (14) de noviembre de dos  mil siete (2007).   

V   I   S   T   O   S   

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de  casación  interpuesto  por  el  defensor de NELSON  FERNÁNDEZ  LÓPEZ  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal Superior de Cundinamarca, el  24 de  enero  de 2005, mediante la cual confirmó la dictada por el Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Chocontá,  el  7  de septiembre de 2004, y lo condenó a las  penas  principales  de  24  meses de prisión y multa equivalente a 100 salarios  mínimos   legales   mensuales   vigentes   y   a   la   sanción  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  de la sanción privativa de la libertad, como autor de la conducta  punible de contaminación ambiental.   

H E C H O S  

El   juzgador   de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“El  grupo  de  calidad  ambiental  de  la  Corporación  Autónoma  Regional  (CAR), Seccional Zipaquirá, Cundinamarca, el  25  de  noviembre  de  1999, practicó visita técnica a las instalaciones de la  industria  de  cuero  denominada  ALASKA,  ubicado  en la finca EL COCUY, vereda  REATOVA,  comprensión  del  municipio  de Villapinzón, de propiedad del señor  NELSON  FERNÁNDEZ  LÓPEZ,  donde  pudieron constatar  el impacto negativo  generado  por el manejo y disposición de residuos sólidos sobre el recurso del  suelo,  el cual se evidencia por daño de la textura y estructura del suelo, que  están  estrechamente  relacionadas  con  la  porosidad  y  el  mal manejo en la  disposición  de  los  residuos  sólidos industriales y de subproductos como la  carnaza que producen   

‘lexiviano’,  contentivos de sustancias altamente contaminantes.   

“Por  tal  razón,  mediante  Resolución  000-771  del  21  de  diciembre  de  1999,  se  dispuso  expedir  copias  de tal  actuación  a  la  Fiscalia  General de la Nación , para que se estableciera la  posible  ‘vulneración de  las   normas   penales’,  relacionadas  con  la  protección  de  los  recursos naturales renovables y del  medio ambiente”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  los  anteriores hechos, la Fiscalía  Seccional   06   adscrita   a   la   Unidad  de   Delitos   contra  la  Administración  Pública,  de Justicia y Otros, el 24 de mayo de 2003, acusó a  Nelson  Fernández  López  por  la  conducta  punible  de   contaminación  ambiental, decisión que fue confirmada el 10 de febrero de 2004.   

2.   El Juzgado  Penal del Circuito  de  Chocontá, el 7 de septiembre de 2004, dictó sentencia de primera instancia  en  la  que  condenó al citado procesado a las penas principales de 24 meses de  prisión  y multa equivalente a 100 salarios mínimos legales mensuales vigentes  y  a  la  sanción  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas por el mismo lapso de la sanción privativa de la libertad,  como autor de la conducta punible de contaminación ambiental.   

3.  Apelado el fallo por el defensor del  acusado,  el Tribunal Superior de Cundinamarca, el  24 de enero de 2005, al  desatar el recurso, lo confirmó.   

Contra  la anterior decisión, el defensor de  Nelson Fernández López interpuso recurso de casación.   

L  A      D  E  M  A N D  A   D E   C A S A C I Ó N   

La  defensa técnica del procesado, con base  en  la  causal  primera  de  casación,  presenta  un  único  cargo  contra  la  sentencia, cuyos argumentos se sintetizan de la siguiente manera:   

Único cargo  

El  citado  defensor,  basado  en  la causal  primera  de casación, acusa al Tribunal de  haber violado, de manera   indirecta,  una norma de derecho sustancial por error de derecho “por  falso  juicio  de  legalidad  en  la práctica de los medios de  convicción”.   

Comenta que las pruebas no se les debió dar  valor   probatorio”por  no  haberse  aportado   legalmente”,   motivo   por   el  cual  de  haberse  reconocido  el  error  otra  habría  sido  la  decisión  adoptada  en la parte  resolutiva de la sentencia.   

Asevera  que  la  cadena  de custodia de las  pruebas  no  cumple  con  los  presupuestos legales, en tanto que no se señaló  “si   esta  tomas  de  muestras cumplen con los  requisitos  de  embalaje,  transporte en medios adecuados, a temperaturas que no  alteren  sus  características,  si su almacenamiento se hizo en las condiciones  adecuadas   para  su preservación, protección y vigilancia”.   

De otro lado, manifiesta que en el proceso  no  existe  registros  que  evidencien  la  presencia  de prueba “de    tomas    de   muestra,   pero   sí   aparece   análisis   de  laboratorio  obrante dentro del plenario caso que pude  estar   presentando   en   esta  misma  situación”.  Dice  que todas estas situaciones conllevan a predicar  que  hay  apreciación  falsa  de  las  pruebas que llevan a desquiciar el fallo  impugnado,  en la medida en que se desconoció lo preceptuado por los artículos  20,   232,   234,   238,   239,   254   y   257  del  Código  de  Procedimiento  Penal.   

Sostiene  que  los informes sobre la toma de  muestras  allegadas  a  la actuación  no fueron recopiladas conforme a las  exigencias  del  artículo  198  del  Decreto  1594 de 1984 y, además,  en  forma  unilateral  por  la  corporación,  ordenó  expedir  copias a Fernández  López.   

Asevera  que  el Tribunal vulneró el debido  proceso,  habida  cuenta   que  dedujo  la comisión de una “conducta  contaminante”  en contra de su  defendido,   como   consecuencia   de  apreciar   defectuosamente   el  material  probatorio,  es  decir,   darle  credibilidad  a  unos  medios de  convicción   sin  el  lleno  de  los  requisitos  legales,  dado  “que  los  mismos no permiten acreditar con el grado  de    certeza”,     la    materialidad    del  comportamiento delictual y la responsabilidad del procesado.   

Señala     como     “ERRORES   DEL  JUEZ  COLEGIADO DE SEGUNDA INSTANCIA”, los siguientes:   

a)  Que le otorgó validez a las pruebas  aportadas  a la actuación sin el lleno de los requisitos legales. (Artículo 23  del  Código  de  Procedimiento  Penal  y  el  artículo  198 de Decreto 1594 de  1984).     

b)  Que se consideró acreditada  “la  materialidad  del  punible  de CONTAMINACIÓN AMBIENTAL con  base  en  las  pruebas practicadas unilateralmente por la Corporación Autónoma  Regional”,  en  tanto  que  partir del año 1999, no  existen archivos de las muestras para el sector curtiembres.   

c)    Que  se  infirió  “la  responsabilidad  del  procesado a titulo de autor del punible  de   CONTAMINACIÓN  AMBIENTAL”,  solamente  con  el  análisis de laboratorio practicado por la CAR.   

d)    Que   se   dio  “por  demostradas sin estarlo, tanto la materialidad del punible como  la  responsabilidad del procesado. Con los análisis de laboratorio aportado por  la CAR”.   

En   el   capítulo  al  que  llamó   “ERROR  DE  DERECHO POR FALSO JUICIO DE LEGALIDAD EN  LA   PRÁCTICA  DE  LOS  MEDIOS  DE  PRUEBA”,  anota  que el Tribunal otorgó total  credibilidad  a  las  pruebas, es decir, a los análisis realizados por  la  CAR.  Insiste que éstas no fueron practicadas con el lleno de los requisitos de  ley,  máxime  cuando el instrumento contiene un formato que rige para todos los  curtidores,  donde  no  se  analizan  los  químicos  utilizados por cada uno de  éstos,  situación  que lleva a predicar  que los análisis de laboratorio  son distintos.   

Como  otro  error  del   Tribunal anota  que   se  admitió  como  medio  de  prueba  los  informes emitidos por los  funcionarios  de  la  CAR  sin  el  lleno  de  los  requisitos  señalados en el  artículo 198 del Decreto 1594 de 1984.   

En el acápite que denominó “DEMOSTRACION  DEL  CARGO”,  después  de  hacer  unos  comentarios  sobre la prueba y su legalidad, señala que las que se  allegaron  al  proceso  no  cumplen  con  los  requisitos  exigidos en el citado  Decreto   1594,    que   regula  el  procedimiento  a  seguir   en  la  recopilación y aporte de la muestras.   

Acota  que  en  el  presente asunto  se  condenó  con  los  informes  que  remitió  la  CAR.  Señala que además de no  existir  “auto o decisión administrativa”  para  la  toma de la muestra  y el análisis ésta se  practicó  sin  la presencia de Fernández López o de su abogado, motivo por el  cual  discute  su  legalidad,  al punto que manifiesta que se vulneró el debido  proceso.     

Sostiene que los yerros de los juzgadores se  fundan  en  que  condenaron  al  procesado con la documentación que remitió la  Corporación  Autónoma  Regional  –  CAR,  habida cuenta que no obstante que la  defensa  deprecó  otros medios de convicción no fueron practicados, razón por  la  cual  concluye  que el sustento probatorio expuesto por juez de conocimiento  fueron    “exiguos”,  aflorando  el grado de conocimiento de la duda que no fue resuelta a favor de su  procurado.   

Aduce    que    las    “exiguas”  probanzas,  entre  otras,  la  diligencia  de  inspección  judicial  y los informes del DAS, desvirtúan   las  de la CAR, en la medida en que anotan que el plan de manejo ambiental de la  industria    “se    ajusta    a   las   exigencias  normativas    de   no   contaminación”.    

Insiste  que  las  pruebas realizadas por la  CAR,   en   la   que   se  predica  los  índices  de  contaminación,   no  contienen   los  presupuestos  que  condicionan su validez, en tanto que se  encuentran  alejadas  de  la  realidad  y  se  realizaron  sin  la presencia del  encausado o su defensor.   

Argumenta que no hay nexo de causalidad entre  el  error  y  la  parte resolutiva, toda vez que si se excluye las que envió la  CAR  se  concluirá la falta  de materialidad de la conducta punible y, sin  embargo, se condenó a su defendido.    

Reitera  que  la  decisión  del Tribunal no  “trajo  a colación medio de prueba alguno diferente  a  los  aportados  por la Corporación Autónoma Regional en virtud de la famosa  prueba traslada”.   

Manifiesta  que el juzgador incurrió en una  violación  indirecta de la ley sustancial, en tanto que le dio valor probatorio  a  elementos de juicio que no reúnen los requisitos que condicionan su validez.  Así, anota que la prueba es ilegal.   

De    acuerdo   con   lo   anteriormente  expuesto,   asevera  que  se  demostró la causal alegada y, así mismo, se  muestra  inconforme con la desidia mostrada por el instructor en la práctica de  pruebas  que  le  permitieran corroborar “o desmentir  los   informes   allegados   por  la  entidad  que  ordenó  la  expedición  de  copias”.   

En síntesis, argumenta que la actuación no  cuenta   las   pruebas   suficientes   para   concluir   en  la  “materialidad”  de la conducta por la que  se condenó al acusado.   

En  tales  condiciones,  solicita a la Corte  casar  la  sentencia recurrida y, en su lugar, revocar la dictada por el Juzgado  Penal del Circuito de Chocontá.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.   En  la  medida  en  que  los hechos  sucedieron  en  el  año  1999,  fecha  en  la  cual regía el artículo 218 del  Decreto  2700  de 1991, modificado por el artículo 35 de la Ley 81 de 1993, que  reglaba  la  procedencia  de  la casación común para delitos que tuvieran pena  privativa  de  libertad  que fuera o excediera de 6 años de prisión, en virtud  del  principio  de  favorabilidad,  la  Sala abordará su estudio de acuerdo con  dicha norma.   

2.  De acuerdo con la pacifica jurisprudencia  de  la Sala, se sabe que la violación indirecta de la ley sustancial surge como  consecuencia  de  la  errada apreciación de las pruebas, por errores de hecho y  de  derecho, según el caso, que conducen a excluir una norma que era la llamada  a  gobernar  el  asunto o, a aplicar otra que resulta extraña con el objeto del  debate.   

Por   manera   que   en   el  punto  de  la  demostración,  corresponde  al censor que demuestre en qué consistió el error  que  le  atribuye al sentenciador en el acto de la apreciación probatoria; así  mismo,   debe   evidenciar   cómo  de  no  haberse  incurrido  en  dicho  yerro  necesariamente  el  fallo  habría sido favorable a los intereses que representa  el libelista.   

Ahora  bien,  como  también  lo  ha dicho la  jurisprudencia  de  la  Corte, el error de derecho por falso juicio de legalidad  consiste  en que el juzgador al momento de apreciar un medio de convicción pasa  por  alto  que  el mismo no cumple con los requisitos que condicionan su validez  para  ser  tenido  como apto en la  apreciación, motivo por el cual debía  ser excluido de la unidad probatoria.   

3. En el supuesto que ocupa la atención de la  Corte,  resulta  fácil  advertir  que  el  único  cargo  formulado  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia carece de la claridad y precisión exigida, en  tanto  que  la censura se quedó en el plano de la confrontación probatoria sin  que se demuestre el error invocado.   

En  efecto,  si  bien es cierto que el censor  acusa  que  el  medio de convicción que sirvió de soporte a la CAR no cumplió  con  la cadena de custodia de acuerdo con lo consagrado por el artículo 198 del  Decreto  1594  de  1984, también lo es que no demostró, como era su deber, que  la  citada  normativa  exigía que para la toma de muestras debía cumplirse con  unos   presupuestos   técnicos  determinados  con  el  objeto  de  concluir  en  existencia  de  la  contaminación  ambiental,  y que aquí no fueron tenidos en  cuenta para recolectar las muestras del suelo.   

El discurso argumentativo el censor lo centró  a  criticar  que  el  juzgador de segundo grado le otorgó validez a las pruebas  aportadas  al  proceso, en la medida en que, a su juicio, no cumplían  con  los  presupuestos  que  condicionan  su validez, yerro que condujo a predicar la  existencia  del  hecho  y la responsabilidad del procesado con base en la prueba  trasladada  del  proceso  administrativo que adelantó la Corporación Autónoma  Regional- CAR.   

De acuerdo con los argumentos expuestos por el  casacionista,  se  avizora        

que  su  inconformidad  radica en el grado de  apreciación  probatoria  que  el  juzgador le dio a las pruebas trasladadas del  citado  proceso  administrativo,  argumentación  que  sólo  puede ser sustento  dentro  del  trámite  que  cursa  en  las  instancias  pero no en el recurso de  casación,  en  tanto  que  el  sistema  de  apreciación  de  las probanzas que  contempla  la  ley  procesal, es decir, el de la sana crítica, el juzgador goza  de  libertad  para  justipreciar los medios de convicción, sólo limitado   por  los  principios  de  la  ciencias,  los  postulados  de  la lógica y/o las  máximas  de  la experiencia,  cuya trasgresión se postula a través de la  causal  primera  de  casación  por  la  vía  del error de hecho por falso  raciocinio,  evento  que  aquí  no  ocurrió,  en  la  medida  en que el censor  presenta  una  personal  forma  de  valorar los medios de convicción en abierta  contraposición con lo concluido por el juzgador.   

Además,  no  sobra recalcar que la sentencia  impugnada  llega  amparada  a  esta  sede  por la doble presunción de acierto y  legalidad,  esto  es,  que  los hechos y las pruebas declaradas como probadas en  los  fallos  corresponden  a  la  actividad  probatoria  desplegada  dentro  del  proceso,  y  que  la norma sustancial escogida para resolver el conflicto era la  llamada a gobernar el asunto.   

Por  manera que argumentar que en el trámite  judicial,   de   acuerdo  con  las  pruebas   allegadas  validamente  a  la  actuación,  no se logró demostrar la existencia del hecho y la responsabilidad  del  procesado con la simple apreciación personal de los medios de convicción,  no  constituye  argumento  que  sustente la causal de casación invocada, habida  cuenta  que  el discurso en manera alguna logra evidenciar el error demandado en  la apreciación probatoria.   

Finalmente,  también  vale  recordar  que el  sistema  de  apreciación  probatoria  que  rige nuestro sistema procesal penal,  impera  el  principio  de la libertad probatoria, esto es, que el juzgador puede  llegar  al  conocimiento  de  certeza  con  base  en  uno  o en varios medios de  convicción,  motivo por el cual tampoco constituye argumento válido del censor  que  increpe  al Tribunal por haber concluido en la existencia del hecho y en la  responsabilidad  del  procesado, apoyado únicamente en la prueba trasladada que  denuncia    que   no   cumple   con   los   presupuestos   que   condiciona   su  validez.   

Ante  la  falta  de claridad y precisión, el  único    cargo    contra    la    sentencia    de    segunda    instancia    se  inadmitirá.   

Finalmente,  se  advierte que del estudio del  proceso  no  se  vislumbra  violación  de  derechos  fundamentales o garantías  de     NELSON     FERNÁNDEZ     LÓPEZ,   que  determine  el  ejercicio  de  la  facultad oficiosa de  índole  legal  que  al  respecto  le  asiste  a la Sala en punto de asegurar su  salvaguarda.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a nombre del   procesado,   NELSON  FERNÁNDEZ  LÓPEZ,  por  lo  anotado en la motivación de  este    proveído.    En   consecuencia,    se   DECLARA   DESIERTO el recurso.     

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Comuníquese       y              cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Comisión de servicio  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                              JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                        JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA   

JAVIER  ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

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