23746(14-11-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23746  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº 224  

Bogotá D.C., catorce (14) de noviembre de dos  mil siete (2007).   

V   I   S   T   O   S   

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de  casación  interpuesto  por  el  defensor  de  LUIS  ALEJANDRO  MALDONADO  PILONIETA contra la sentencia de  segunda  instancia proferida por el Tribunal Superior de San Gil, el  21 de  enero  de  2005,  mediante  la  cual confirmó la dictada por el Juzgado Primero  Penal  del Circuito de la misma ciudad, el 21 de enero del 2004, y lo condenó a  la  pena  principal  de  12  meses  de  prisión  y  a  la sanción accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por   el  mismo  lapso  de  la  sanción  privativa  de  la libertad, como autor de la  conducta punible de fraude procesal.   

H E C H O S  

El   juzgador   de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“El  16  de  agosto de 1998 falleció en la  ciudad  de  San Gil la señora Ana Rosa Pico Gualdrón, dejando como herederos a  sus  legítimos hijos Rito, Margarita, María, Martha, Alfonso, Sara, Ana Lucía  y  Ana  Isabel  Bueno  Pico,  habidos  dentro  del  matrimonio  con Rafael Bueno  Perea.   

“En el mes de abril de 2001, el Doctor Luis  Alejandro  Maldonado  Pilonieta  en  su calidad de apoderado de la heredera Sara  Bueno   Pico,   presentó   ante  la  Notaria  Única  de  Charalá  demanda  de  liquidación  de  la  sucesión intestada de su difunta madre Ana Rosa, donde al  darse   el   trámite   correspondiente   y   colocar  los  pertinentes  edictos  emplazatorios,   se  enteraron  los  demás  herederos  quienes  acudieron  ante  Notario,  razón  por  la  cual  el Doctor Maldonado Pilonieta el 24 de abril de  2001  le  presentó un escrito solicitando el retiro de la demanda, argumentando  que no existió acuerdo con los demás interesados.   

“El 11 de mayo de ese mismo año, el Doctor  Maldonado  Pilonieta,  con  poder  otorgado   por la misma Sara Bueno Pico,  presentó   ante   el  Notario  Único  de  Barichara  nuevamente  solicitud  de  liquidación  de  la  sucesión  de  Ana  Rosa,  declarando  en  la demanda bajo  juramento  que  no  se conocían otros interesados con igual o mejor derecho del  que  tiene  su  poderdante,  dándose el trámite correspondiente, incluyendo el  trabajo  de  liquidación  y  partición  de  la  única  partida  por  valor de  $4.000.000.oo,  representados en una letra de cambio, adjudicada a Sara mediante  escritura  pública  No.  201  del  31  de  mayo  de  2001,  ya que ningún otro  interesado  se  hizo  presente  ante  el citado Notario, titulo valor con el que  posteriormente  el  mismo  Doctor  Maldonado inició proceso ejecutivo contra el  respectivo deudor”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  los  anteriores hechos, la Fiscalía  Sexta   Seccional  de  San  Gil,  el  4  de  marzo  de  2003, acusó a Luis  Alejandro    Maldonado    Pilonieta,    por  la  conducta  punible  de  fraude  procesal,  decisión que fue  confirmada  el 8 de mayo de 2003.   

2.  El Juzgado Primero Penal del Circuito  de  San Gil, el 21 de enero de 2004, dictó sentencia de primera instancia en la  que  condenó  al  procesado  a la pena principal de 12 meses de prisión y a la  sanción  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por   el  mismo  lapso  de la sanción privativa de la libertad,  como autor de la conducta punible de fraude procesal.   

3.  Apelado  el  fallo  por  el  defensor, el  Tribunal  Superior de San Gil, el 21 de enero de 2005, al desatar el recurso, lo  confirmó.   

Contra    la   anterior   decisión,   el  defensor  del acusado interpuso recurso de casación.   

L  A      D  E  M  A N D  A   D E   C A S A C I Ó N   

La  defensa técnica del procesado, con base  en  la  causal  primera  de  casación,  presenta  un  único  cargo  contra  la  sentencia, cuyos argumentos se sintetizan de la siguiente manera:   

Único cargo  

El  defensor  del  sentenciado, basado en la  causal  primera  de  casación,  acusa  al  Tribunal   de haber violado, de  manera   “directa”,  una  norma  de derecho sustancial “por aplicación  e  interpretación  errónea   del  Decreto 960 de 1970 artículo 2º y la Ley  29  de  1973 artículo 1º y Decreto 902 de 1988 artículo 2º inciso 5º, a los  que  por  simple  subsunción se le dio un alcance que no tiene la norma, cuerpo  primero  del  artículo  207  de  la  Ley  600  de 2000, por lo que se le dio al  artículo  182  del  Decreto Ley 100 de 1980 un sentido que la misma no tiene, y  que  cubrió  al  notario como servidor público cuya función genera decisiones  que  reconoce  la  existencia de situaciones en derecho, por lo que se condenó,  cuando  debió haberse atribuido el punible de falso testimonio tipificado en el  artículo 172 de la Ley 100 de 1980”.   

Después de reseñar y analizar el artículo  2º  del  Decreto 960 de 1970, acota que  se erró en la interpretación de  la  ley,  yerro  que podría evidenciar la falta de un requisito para configurar  el  delito  de fraude procesal, habida cuenta que, en su criterio, el notario no  produce  “ni  sentencias  ni  resoluciones  ni actos  administrativos   que   si   son   propios   de   quienes  ejercen  autoridad  o  jurisdicción”.   

Así mismo, una vez reseñado y analizado el  artículo  1º de la Ley 29 de 1973, además de enunciar tratadistas, afirma que  el  notario   solo  da  fe   de  lo  que  en su presencia ocurre, para  concluir  que  éste  no es empleado oficial, solamente catalogado de esta forma  como sujeto activo o pasivo de una conducta punible.   

También comenta y analiza el artículo 2º,  inciso  5º,  del   Decreto  902  de  1988,   para  afirmar  que   “el  sólo evento de no manifestar que existen otros  herederos”   configura   es   un  falso  testimonio  consagrado  en  el  artículo  172 de la Ley 100 de 1980, habida cuenta que este  ocultamiento  no  constituye  medio  fraudulento  para  inducir  en  error  a un  empleado  oficial,  sino  que  es  una falta a la verdad propia y a la autoridad  competente.   

Manifiesta  que  en  el  fraude  procesal el  notario  no  tiene  competencia  funcional porque nada resuelve, en tanto que no  puede  ser  sujeto  de  la  conducta  fraudulenta,  dado  que  no   devenga  remuneración por parte del Estado.   

Copia algunos tratadistas y afirma que faltar  a  la  verdad  ante  notario  no  es  elemento  estructural del delito de fraude  procesal.  Asegura  que  situación  distinta  habría  sido  si  se  falta a la  realidad  con  un  instrumento  que  pueda  servir  como  medio  de  prueba y se  utilice.   

Considera    que    aunque   era  obligación   no   ocultar  a  los  herederos,  faltaría   “un  elemento  del  tripartito del tipo cual es la culpabilidad, pues  su  pretensión  no  es  ilegitima,  ya  que  es  heredero  a  secas”.      

Finalmente,  asevera  que  el Tribunal   erró  al interpretar el Decreto 960 de 1970, la Ley 29 de 1973 y el Decreto 902  de  1988,  lo  que  condujo  a la condena de Luis Alejandro Maldonado Pilonieta.  Así  mismo,  señala  que por falta de elementos estructurales del tipo de  fraude  procesal  se debió  absolver, habida cuenta que  “la  conducta  juzgada  es totalmente atípica”, en la medida en  que  se  incursionó en el campo del falso testimonio,  tal como lo señala el artículo 172 de  la Ley 100 de 1980.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar la  sentencia  impugnada y, por lo tanto,  absolver a su defendido “del   delito   de   fraude   procesal   por   ser   atípico   su  comportamiento”.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  De  conformidad  con  lo  previsto por el  artículo  205  de la Ley 600 de 2000, que rige a esta actuación, al recurso de  casación se accede de dos maneras, a saber:   

a)  La  ordinaria,  que  procede  contra  las  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas  por los Tribunales Superiores de  Distrito  Judicial y el Tribunal Penal Militar, por delitos sancionados con pena  privativa de la libertad superior a 8 años; y   

b)  La  excepcional,  que  procede contra los  fallos  de segunda instancia dictados por las mismas corporaciones por conductas  punibles  castigadas  con  pena  privativa  de  la libertad igual o inferior a 8  años,  y por los jueces penales del circuito por cualquier delito, evento en el  cual  la  Sala  podrá  admitir  la  demanda cuando lo considere preciso para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales,  siempre que reúna las demás formalidades.   

2.  En el evento que ocupa la atención de la  Corte,  fácil resulta advertir que sólo procedía la casación excepcional, en  la  medida  en  que  la  conducta  punible  por  la que fue condenado el acusado  contempla  como pena máxima de prisión la de 5 años, según lo reglado por el  artículo 182 del Decreto 100 de 1980.   

Del  mismo  modo, si se aplica, en virtud del  principio  de  favorabilidad,  la  ley  procesal  vigente para el momento en que  ocurrieron  los  hechos,  esto  es,  el  artículo 218 del Decreto 2700 de 1991,  modificado  por  el  artículo 35 de la Ley 81 de 1993, de todos modos, también  procedería  la casación excepcional, en tanto que  la conducta punible de  fraude  procesal  no  contempla pena privativa de la libertad cuyo máximo sea o  exceda  de  seis  (6)  años,  quantum punitivo que se exigía para la casación  común.   

Ahora  bien, también la jurisprudencia de la  Sala  ha sostenido, de manera incansable, que cuando de la casación excepcional  se  trata, el demandante debe exponer así sea de manera sucinta pero clara qué  es  lo  que  pretende  con el recurso, teniendo como norte que solamente procede  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  para  garantizar  los  derechos  fundamentales.   

En  tratándose del primer punto, esto es, el  desarrollo  de  la  jurisprudencia, el casacionista debe mencionar en la demanda  si  con  la  impugnación de la sentencia de segunda instancia persigue unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina, ora para abordar un tópico  aún  no desarrollado, precisando la manera en que la decisión solicitada tiene  la  utilidad  simultánea  de  brindar  solución al asunto y a la par servir de  guía a la actividad judicial.   

Y,  respecto  de  la  protección  de los de  derechos  fundamentales,  el  casacionista  está  obligado  a  desarrollar  una  argumentación  lógica  dirigida  a  evidenciar el desacierto, siendo imperioso  que  demuestre  el desconocimiento de una garantía por quebrantamiento  de  la  estructura básica del proceso o por violación de un derecho fundamental, e  indicar  las  normas  constitucionales  que  protegen  el  derecho invocado y su  concreto conculcamiento con la sentencia.   

Ninguna  consideración  al  respecto hizo el  casacionista  y, por ende, lo que se impone es inadmitir la demanda interpuesta,  amén  de  que  tampoco  cumplió con el deber que le asistía de satisfacer las  demás  exigencias  legales que la demanda de casación conlleva (artículos 212  y  213  del  Código  de  Procedimiento Penal), por cuanto que la misma no es un  escrito  de  libre  formulación  en  el  que resulte procedente hacer cualquier  clase  de  cuestionamientos  a  una  sentencia que por ser la culminación de un  proceso  está  amparada  por  la  doble  presunción  de  acierto  y legalidad,  emergiendo  necesaria  una argumentación lógica y sistemática en la que sólo  es  permitido   denunciar los errores cometidos en el fallo al tenor de los  motivos   expresa   y   taxativamente   señalados   en   la  ley,  demostrarlos  dialécticamente     y    evidenciar    su    trascendencia    en    la    parte  resolutiva.   

En efecto, en lo atinente al único cargo que  el  censor  postula bajo los lineamientos de la violación directa de la ley, no  logra  demostrar  por  qué  el  artículo 182  del Decreto 100 de 1980 fue  interpretado  erróneamente,  esto es, que la hermenéutica dada por el juzgador  a  la norma no consultaba con su texto y el espíritu del legislador, por cuanto  que  la  labor  demostrativa la emprendió a informar que el notario no tiene la  calidad  de  servidor  público  y  que  no  puede  ser  sujeto  activo  de este  comportamiento delictual.   

Dicho de otra forma, el actor no demostró las  presuntas  equivocaciones  en que incurrió el Tribunal al interpretar el citado  artículo  182  del  Decreto  100  de  1980,   puesto  que  sus  argumentos  constituyen  una  personal visión de la las funciones notariales, en procura de  que  se  declare  que  el  comportamiento  atribuido  al  acusado  no  encuentra  adecuación   típica   en   la   conducta  punible  de  fraude  procesal.    

Finalmente,  se advierte que del estudio del  proceso  no  se  vislumbra  violación  de  derechos  fundamentales o garantías  de       LUIS      ALEJANDRO      MALDONADO   PILONIETA,   que  determine  el  ejercicio  de  la facultad oficiosa de índole  legal   que   al  respecto  le  asiste  a  la  Sala  en  punto  de  asegurar  su  salvaguarda.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

          R E S U E L V E   

INADMITIR la demanda  de   casación   presentada   a   nombre   del    procesado,   LUIS  ALEJANDRO  MALDONADO  PILONIETA,  por  lo  anotado  en  la  motivación  de  este  proveído.  En consecuencia, se  DECLARA    DESIERTO   el  recurso.     

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Comisión de servicio  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                              JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                        JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA   

JAVIER  ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

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