23742(27-09-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23742  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado acta número 73  

Bogotá D.C., veintisiete de septiembre de dos  mil cinco.   

          Decide  el despacho el conflicto de competencias suscitado entre los  Juzgados   sexto  penal  del  circuito  de  Bucaramanga  y  el  Juzgado  segundo  especializado  de  la  misma ciudad, que se rehusan a conocer del proceso que se  sigue     en    contra    de    Javier    Gutiérrez  Cristancho  y  Elkin  Elías  Rivera Serpa.   

ANTECEDENTES  

          1.  A  la  Finca Andalucía, ubicada en el  kilómetro   8  de  la  Vereda  Retiro  Grande,  zona  rural  del  Municipio  de  Bucaramanga,  lugar  en  donde  funciona la Planta de Conglomerados y Triturados  Tricopri  Limitada,  llegaron  a  las tres de la tarde del 15 de agosto de 2001,  seis  sujetos vestidos de civil, quienes portando armas de fuego se dirigieron a  las oficinas de la administración.   

          Luego  de interrogar a doña Ana Matilde Aguilar de Prieto y de auto  presentarse  como líder de un grupo de autodefensas, quien se identificaba como  “el  Gato”  le  ordenó que citara a sus empleados, y en especial a Jesús y  Joaquín  Caicedo, a quienes tildó de guerrilleros. Luego que Jesús Caicedo se  hiciera  presente,  lo  llevaron  a  un  sitio  contiguo  en donde lo ultimaron,  ausentándose en seguida del lugar.   

          Cerca  de  allí,  se  apoderaron  de  la  camioneta  en  la  que se  desplazaba  Marco Tulio Prieto Aguilar, esposo de Ana Matilde Aguilar, ultimando  al  conductor  del  vehículo,  sin  intimidar  ni amenazar al propietario de la  misma,    a    quien    minutos    después   le   permitieron   marcharse   sin  problemas.   

          Al  ser  detenido  por  otros hechos, doña Ana Matilde Aguilar pudo  identificar  en  las  páginas  del  Diario  Vanguardia  Liberal  a Elkin  Elías  Rivera Serpa, quien a juicio  de la testigo participó en los hechos que a ella le tocó vivir.   

          2.  El  12 de octubre de 2001,  La  Fiscalía  quinta  delegada ante los  Juzgados  penales  del circuito especializados, avocó la investigación previa,  ordenando   entre   otras   diligencias,   la  práctica  de  la  diligencia  de  reconocimiento  en  fila de personas (fs., 130 cuaderno  1).      

          3.  El  29  de noviembre de 2001, la misma  fiscalía   abrió   investigación   penal,   ordenando   la   vinculación  de  Elkin  Elías  Rivera Serpa y  Edgardo    Enrique    Rincón    Pabón,  alias  el  gato  (fs., 171 cuaderno 1).  A  éste último, mediante providencia del 10 de abril  de  2002,  le  impuso  medida  de  aseguramiento  por  los  delitos de homicidio  agravado,  concierto  para  delinquir y hurto calificado y agravado (fs.,  202  cuaderno  2),  mientras  que a  Rivera  Serpa  le  definió  su  situación  el 16 de septiembre del mismo año,  imponiéndole  similar  medida  por  los  delitos  de homicidio agravado y hurto  calificado  y  agravado,  mas no por el de concierto para delinquir (fs., 56 cuaderno 2).   

          4.   El  30  de  septiembre  escuchó  en  diligencia   de   indagatoria   a   Javier   Gutiérrez   Cristancho,  alias  el  Baby  (fs.,  77),  a  quien  le  impuso  medida de aseguramiento el 22 de octubre de  2002  por  la  probable  comisión  de los delitos de concierto para delinquir y  homicidio     agravado     (fs.,    104).   

          5.  El  14  de  enero de 2003 la fiscalía  cerró      la      investigación     (fs.,  154)  y el  23   de   marzo   del   mismo   año   la  calificó,  acusando  a  Elkin  Elías  Rivera  Serpa y Javier    Gutiérrez   Cristancho,   como  coautores  del delito de homicidio agravado, hurto calificado y agravado y porte  ilegal  de  armas,  al tiempo que precluyó la investigación a favor de Edgardo  enrique    Rincón    Pabón   (fs.,   264   cuaderno  2).      

          Dispuso  así  mismo que la acción penal por el delito de concierto  para  delinquir  no  era  proseguible,  al  haber  aceptado anticipadamente, los  procesados                              acusados,                             su  responsabilidad.                   

          La  Fiscalía  delegada  ante  el  Tribunal  Superior, al desatar el  recurso  de  apelación  interpuesto  por  la  defensa de Gutiérrez Cristancho,  mediante  providencia  del  1  de  agosto  de 2003, confirmó la decisión en su  integridad. (fs., 11 cuaderno 3)   

          6.  El  Juzgado segundo penal del circuito  especializado  de  Bucaramanga,  mediante  auto del 11 de septiembre de 2003, se  abstuvo  de conocer del proceso, pues adujo que no se acusó a los sindicados de  un  homicidio  agravado por las causales contempladas en los numerales 8, 9 y 10  del  artículo  104  del  código  penal,  ni de fabricación o tráfico de  armas,  o  de  un  hurto  agravado por el numeral 14 del artículo 241 del mismo  estatuto    (fs.,    24    cuaderno   3).   

El  Juzgado sexto penal del circuito atendió  esas  razones  y  el 18 de septiembre de 2003 asumió el conocimiento del juicio  (fs.,   29   cuaderno   3)   

          7.  El 22 de septiembre de 2004 el juzgado  de conocimiento llevó a cabo la audiencia preparatoria.   

          8.   El 1 de marzo del presente año,  en  la  audiencia  pública,  luego de interrogar a los procesados y escuchar la  declaración  de Oliverio Suárez Toro, acerca de la forma como se identificó a  Gutiérrez  Cristancho,  el  Fiscal consideró necesario variar la calificación  jurídica  al  estimar  que los elementos de juicio aconsejan que la imputación  se  centre  sobre  la  base  de  un homicidio con fines terroristas (numeral  8  del  artículo  104 del C.P.),  ejecutado  no  solo  después  de amedrentar y seleccionar a sus víctimas, sino  por  personas  entrenadas  para  lograr  el  desplazamiento  de  propietarios de  inmuebles  del  sector,  tal  y  como  lo  afirmó  el  abogado Ciro Páez en la  denuncia.   

          El  Ministerio  Público  encontró  acertada  la  petición  de  la  fiscalía  y  estimó  que  si  bien en cuanto a la pena la incidencia no sería  mayor,  el  hecho  de  que se hubiese condenado anticipadamente a los procesados  por  el  delito  de  concierto  para  delinquir,  respalda  la nueva adecuación  típica  que el fiscal considera que responde a la apreciación de la situación  investigada.   

          Los  defensores  solicitaron  la  suspensión de la audiencia con el  fin  de  preparar  la defensa ante la nueva imputación, pero sin dar espera, la  Juez  decidió  enviar  el  proceso  al Juzgado penal del circuito especializado  (fs.,       135      cuaderno      3).   

RAZONES DEL CONFLICTO  

          El   Juzgado   segundo   penal   del   circuito  especializado   consideró  que  todo  homicidio causa alarma y temor, pero por mas que ello sea  así  no  significa  que  el  homicidio que ahora se juzga se haya realizado con  fines  o  propósitos  terroristas. Se trata, a su juicio, de un doble homicidio  agravado,  en  los  cuales  está  ausente ese elemento especial y subjetivo del  tipo  penal  dirigido  a  destacar  el  terror,  la  alarma  o  zozobra entre la  población, sin cuyas notas el homicidio no puede estructurarse.   

          Mas  aún,  el  esquema  típico  del  homicidio  terrorista ha sido  claramente  definido  por la Corte, entre otras en la sentencia del 11 de agosto  de  2004,  con  Ponencia  de  la  Magistrada  Marina  Pulido de Barón, de cuyas  directrices   pretende   apartarse   el   fiscal   con   la   tesis   que  ahora  defiende.   

          Por  último,  aduce  que  la  competencia, después de la audiencia  preparatoria,  solo puede discutirse si surge prueba sobreviviente y con base en  la retórica o la especulación del fiscal.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Primero:   Corresponde   a   la  Sala  de  casación  penal  de  la Corte, como lo estipula el artículo 18 transitorio del  código  de  procedimiento  penal,  dirimir los conflictos de competencia que se  susciten   entre  jueces  penales  del  circuito  especializado  y  penales  del  circuito.   

          Segundo:  Es  evidente  que formalmente se  generó  un  error  de procedimiento que podría afectar la validez del proceso,  aun  cuando  por lo que se habrá de exponer, es posible superar esos defectos y  decidir     materialmente    el    conflicto.    1   

          El  artículo  404  del  código  de la ley 600 de 2000, dispone que  finalizada  la  intervención  del  fiscal  en  la cual advierte la necesidad de  variar  la  calificación  jurídica provisional, se correrá traslado de ella a  los  demás  sujetos procesales, quienes pueden solicitar la continuación de la  audiencia  o  la  suspensión de la misma para estudiar la nueva calificación o  la práctica de pruebas.   

         

En  ese  orden,  pese  a  que los defensores,  apoyados  en  esa  disposición, solicitaron el aplazamiento de la audiencia, la  Juez  no  dio  espera  y  remitió  el  expediente  al  Juzgado  que  consideró  competente,  el  cual  estimó suficiente esa decisión para declarar trabado el  conflicto y declinar su competencia.   

No  obstante,  olvidaron  las  autoridades en  conflicto  que mas allá de su negativa a conocer del proceso, su deber es el de  garantizar  el  derecho  de  defensa, como lo expresó la Sala en los siguientes  términos:   

                     “Concluida  la  función acusatoria, con la mutación de la calificación o con la posición  del  fiscal  a la manifestación del Juez sobre la necesidad de hacerlo, hay que  darle  a  los  sujetos  procesales, particularmente a la defensa, la oportunidad  para  controvertirla,  por  lo  cual, finalizada la intervención del fiscal, se  les  corre traslado de la modificación o de la propuesta por el Juez, según el  caso,   pudiendo  aquellos  solicitar  la  continuación  de  la  diligencia  de  audiencia,  su  suspensión para efectos de estudiar la nueva calificación o la  práctica  de  las  pruebas  necesarias,  siguiendo  el  trámite previsto en el  numeral     1     del    artículo    404.”    2   

          De   este   modo,   el   Juez,   antes  de  aceptar  como  un  hecho  incuestionable  la  manifestación  del  Fiscal,  en cuanto tiene que ver con la  variación   de   la  calificación  jurídica  para  agravar  la  conducta  con  fundamento  en  el numeral 8º. del artículo 104 del código penal, que implica  además  variar  la  competencia  para  el  juzgamiento, tenía que arribar a la  conclusión  de  que esa decisión era procedente con el concurso de los sujetos  procesales,  para  lo  cual  era  imperioso  aplazar  la diligencia de audiencia  pública  y  practicar las pruebas a que hubiese lugar, tal y como en su momento  lo solicitó la defensa.   

          Atendiendo  estas  situaciones, el conflicto desde el punto de vista  formal  no  tendría  por  qué  resolverse  y debería remitirse a la autoridad  judicial  para que se surta el trámite indicado en el artículo 404 del código  de  procedimiento  penal.  Sin  embargo,  ha  considerado  la  Sala que en tales  eventos,  cuando  procesalmente  se tiene la suficiente información, es posible  decidir    de    fondo   el   tema   propuesto.   3   

          La  Sala  procederá  en  consecuencia,  con  el  fin de realizar el  concepto  de  juez natural como componente del debido proceso y de viabilizar la  culminación del juicio en la sede que corresponde.   

          Tercero:  Para  empezar, nótese que en la  diligencia   de  audiencia  pública,  en  la  cual  la  única  prueba  que  se  recepcionó  fue  la  declaración  de  Oliverio  Suárez  Toro,  con  el único  objetivo   de   establecer   la   forma   como  se  identificó  a  Gutiérrez  Cristancho, el Fiscal decidió  variar  la  calificación  jurídica para incluir en la imputación (aparte  de  la  sevicia  y  la  de  indefensión con que se dice se  obró) la circunstancia de agravación contenida en el  numeral   8º.   del   artículo   104   del   código  penal,  que  dispone  lo  siguiente:   

                      “La pena  será  de  veinticinco  (25)  a  cuarenta (40) años de prisión, si la conducta  descrita en el artículo anterior se cometiere:   

                      “8.  Con  fines  terroristas  o  en  desarrollo de actividades terroristas.”           

         

          Pues  bien,  la  expresión con fines terroristas o en desarrollo de  tales  actividades  no  puede interpretarse a partir del concepto que la persona  del  común tiene de ellas, o del político, que a pesar de que suelen coincidir  con  el  jurídico,  en  no  pocas  ocasiones  no  corresponden al sentido de la  prohibición de los tipos penales.   

          De  igual  manera, porque aquellas expresiones se refieren a juicios  de   valor  relacionados  con  el  bien  jurídico,  esas  fórmulas  no  pueden  interpretarse  desde  el  punto  de  vista  de  la  impresión o de lecturas que  consideren  en  términos abstractos que el temor o la zozobra o el miedo bastan  para  transformar  un  homicidio  agravado en un homicidio terrorista, con todas  las   implicaciones   que   ello   implica,   incluidas   las   de   cambio   de  competencia.   

          Precisamente  con  el  fin de que conceptos tales como el temor o el  miedo  no se constituyan en la única razón de ser de la prohibición, la Corte  expresó lo siguiente:   

         

          “en  el  homicidio  (con  fines  terroristas),  por  la  modalidad  comportamental  y  los  medios  utilizados,  debe  poner en peligro otros bienes  jurídicos  protegidos, la seguridad y tranquilidad públicas, por cuyo conducto  se   busca   preservar   las  condiciones  objetivas  generales  que  sirven  de  presupuesto  a la comunicación intersubjetiva y las actividades normales de los  individuos  en la sociedad. Además, si el bien el fin terrorista es un elemento  subjetivo  especial  del  tipo  de  homicidio  agravado,  de  todas maneras debe  reflejarse  o  involucrarse en conductas y medios que así lo exterioricen, dado  que  también  en  materia  de  agravantes  el  derecho penal es de acto y no de  autor.” 4   

          Luego,   la   Sala,  mediante  una  línea  jurisprudencial  que  se  mantiene, perfiló la conducta en los siguientes términos:   

                     

“(la finalidad terrorista) … no se logra  por  el  solo miedo acentuado que sienta la población o un sector de ella, como  consecuencia  de  las  aisladas  o  frecuentes  acciones de individuos, bandas o  grupos  armados;  es  necesario  que  ese  resultado  se  consiga,  en razón de  conductas  y  medios  para causar estragos (por ejemplo, utilización de bombas,  granadas,  cohetes,  etc.),  siempre  que dicho uso produzca un peligro común o  general  para las personas, toda vez que además de la ofensa al bien supremo de  la  vida,  se  trata  de  amenazar  otros  bienes  jurídicos tutelados, como la  seguridad   y   la   tranquilidad   públicas.”  5   

Estas  interpretaciones  corresponden  a una  lectura  sistemática  en  donde el bien jurídico no solo le confiere sentido a  la  conducta  sino  que  rescata su finalidad, no por supuesto desde una visión  ontológica,  sino  como una expresión teleológica ligada al valor que el bien  jurídico  protege  y  que  guía el proceso de interpretación del tipo y el de  subsunción de la conducta.   

          El  que  así  sea  explica  por  qué  la finalidad terrorista o en  desarrollo  de  actividades terroristas, no pueden ser entendidas como fórmulas  que  complementan  el tipo de homicidio en términos abstractos y semánticos; o  que  modernizan el tipo para ubicarlo en el lenguaje de un mundo globalizado que  puede  conducir  a  la  creación  de  fórmulas  etéreas para subsumir los mas  variados y disímiles comportamientos.   

          Ha  de  entenderse,  para  encontrar  los  verdaderos perfiles de la  conducta,  como entre otras cosas se ha dicho, que la finalidad terrorista o las  actividades  de  ese  estilo, encuentran explicación en la medida en que se las  ubique   como   un   atentado   contra   la  seguridad  pública,  entendida  no  simbólicamente,  sino  como  un proceso dirigido a crear, consolidar y mantener  la  condiciones  necesarias  para garantizar la vida y libertad de las personas.  6   

          En  consecuencia,  el  delito  de homicidio agravado con finalidades  terroristas  o  cometido  con  ocasión de actividades terroristas, es el que se  comete  por  quienes  lo  ejecutan  en el marco de acciones dirigidas a provocar  estados  de zozobra o temor en la población o parte de ella, mediante actos que  ponen  en  peligro la vida, la integridad física o la libertad de las personas.   

             

Por lo tanto, el temor o  el  miedo  en  sí  mismo  no  le dan sentido al tipo, pues estos son efectos de  conductas  en  las  que  se  utiliza medios para causar estragos, destrucción o  devastación.   

            No  puede, entonces,  aceptarse  como  fundamento  para  variar  la  competencia, que el homicidio con  fines  terroristas se estructure por el hecho de “que se hubiese amedrentado y  seleccionado      a  las víctimas y ejecutado por  personas  entrenadas  para lograr el desplazamiento de propietarios de inmuebles  del  sector,”  pues  de pensar así se extendería la cobertura del tipo penal  por  vía  analógica  a  situaciones  no  previstas en él, hasta el extremo de  hacer   del  desplazamiento  forzado,  que  es  un  delito  contra  la  libertad  individual    y    otras    garantías   (Libro    II,    Título    III,    capítulo    quinto,   artículo  180),   una  modalidad  de  terrorismo, lo cual es francamente inaceptable.   

          Lo  anterior  es  suficiente  para  decir que la competencia la debe  conservar el Juzgado sexto pena del circuito.   

Agréguese  a  ello,  por  último  que  la  racionalidad  y legitimidad del juzgamiento, le impide al fiscal “calificar de  delictuales  los fenómenos que considere inmorales o, en todo caso, merecedores  de  sanción,  sino  solo los que, con independencia de sus valoraciones, vienen  formalmente   designados   por   la   ley  como  presupuestos  de  una  pena.”  7   

          En  otros  términos, la tipicidad de una conducta no depende de los  criterios  éticos  o  subjetivos  del fiscal, ni de la naturaleza de las cosas,  sino  de  comportamientos  empíricos  valorados  por  el tipo penal y por tanto  verificables,  que  permiten  y  garantizan  la posibilidad de refutación de la  acusación.   

         

Cuarto:  De  otra  parte,  el proceso de conocimiento de la verdad como cometido del proceso penal,  condujo  al  Fiscal  de  segunda  instancia con fuerza vinculante a concluir que  ninguna  circunstancia  de las que ahora se aducen se estructura, para que ahora  sin  pruebas  sobrevinientes,  se  califique  la conducta con finalidades terroristas, en perjuicio incluso del  orden, estructura del proceso y jerarquía de las instancias.   

Quinto:   La  conclusión  se  impone.  Se  dirimirá  materialmente la colisión asignando la  competencia  para continuar con el juicio al Juzgado sexto penal del circuito de  Bucaramanga, despacho al cual se remitirá el expediente.   

Copia  de  éste auto se enviará al Juzgado  segundo   penal   del   circuito   especializado   de  la  misma  sede  para  su  conocimiento.   

Decisión   

          En   mérito  de  lo  expuesto,  La  Corte  Suprema  de  Justicia, en Sala  de casación penal,   

Resuelve  

          Primero:  Declarar que la competencia para  adelantar  la fase del juzgamiento radica en el Juzgado sexto penal del circuito  de Bucaramanga, despacho al que se remitirá el expediente.   

          Segundo: Enviar copia del presente auto al  Juzgado    segundo    penal    del    circuito   especializado   de   la   misma  ciudad.   

COMUNIQUESE    y  CUMPLASE   

MARINA   PULIDO   DE  BARON   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ             ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO                  

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO             ALVARO                                 O.                                 PÉREZ  PINZON                     

Comisión de servicio  

JORGE        L.        QUINTERO  MILANÉS           YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

                     

MAURO            SOLARTE  PORTILLA                 JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA     RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

1  En  eventos  similares,  la  Sala ha preferido esta opción, cuando con la decisión  se  realiza  el  derecho sustancial mas allá de inconvenientes procesales   superables.  Cfr,  en  este  sentido, Conflicto de competencias, radicado 23548,  auto del 8 de junio de 2005, M.P. Edgar Lombana Trujillo.   

2 Sala  de  casación penal, auto del 14 de febrero de 2002, M.P. Jorge Córdoba Poveda,  radicación 18457.   

3 Cfr.  providencia citada, radicado 23548   

4 Corte  Suprema  de  Justicia,  providencia  del  23 de abril de 1999, M.P. Jorge Anibal  Gómez Gallego   

5 Corte  Suprema  de  Justicia,  providencia del 19 de diciembre de 2000, radicado 17700,  M.P., Nilson Pinilla Pinilla.   

6 “El  problema  que  toda  cultura,  sociedad  o  estado  debe  resolver es trazar los  límites,  dentro  del  cual  el ser humano puede ejercer esa libertad. Y a esta  delimitación  de  los  márgenes,  dentro  de  los  cuales  se permite el libre  desarrollo  de  la  personalidad  y  el  ejercicio  de libertad por parte de los  individuos,  se  le  llama  seguridad.  Esta  no  es  mas que la expectativa que  razonablemente  podemos  tener  de  que  no  vamos  a ser expuestos a peligros o  ataques  en  nuestros  bienes  jurídicos.”  (Muñoz Conde Francisco, El nuevo  derecho penal autoritario)   

7  Ferrajoli, Luigi, Derecho y razón, , Pag., 35.     

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