21308(15-06-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  21308   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 048  

Bogotá  D. C., quince (15) de junio de dos  mil cinco (2005).   

V   I   S   T   O  S   

Se pronuncia la Corte sobre la prescripción  de  la  acción  penal  en el presente proceso, dada la solicitud elevada por la  Procuradora Segunda Delegada para la Casación Penal.   

H   E   C   H   O  S   

El  sentenciador  de  segundo  grado  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“Fueron  denunciados  por  el  señor  JAVIER  ENRIQUE  QUINTERO  CAMACHO  ante la Unidad  antiextorsión  y  secuestro Unase de Bogotá, quien narró lo sucedido el 25 de  mayo  de  1994,  cuando  se encontraba en el establecimiento público denominado  ‘Asadero de Pollos Brasa  de  Cali’, ubicado en la  carrera  77  N°  7ª  33,  barrio Castilla de esta ciudad, fue abordado por dos  individuos  quienes  identificándose  en  calidad  de  miembros  activos  de la  Fiscalía  y  portando  armas  de fuego lo forzaron junto con su compañero LUIS  FELIPE  QUINTERO  a abordar el vehículo Renault 18 de placa LH-9543.     

“Enseguida  fueron  obligados  a  subir  al  rodante y sus dos ocupantes le manifestaron que  necesitaban  dinero,  despojándolo de la cantidad de $1.500.000 en efectivo que  portaba.  Posteriormente  fueron llevados al sector del barrio Sauzalito, siendo  obligado  a  subir  a  su  apartamento  JAVIER  QUINTERO CAMACHO y bajo amenazas  procedieron  a  registrar  el  apartamento en busca del dinero que supuestamente  era      adeudado      al      denominado     Cartel     de     Cali.   

“Como quiera que  no  fue  hallado  dinero  alguno  y  sintiéndose intimidado por las amenazas de  atentar  contra  su  integridad,  JAVIER  QUINTERO  hizo  entrega  de la tarjeta  débito  de  la  Corporación Conavi de donde sustrajeron la suma de trescientos  mil  pesos  y  después  de manifestarle que tenían que dialogar con el patrón  sobre  los  pasos  a seguir, informándole que para su liberación debía vender  el  carro  de su propiedad y reunir la suma de dieciséis millones de pesos, fue  despojado  del  beeper manifestando sus captores que sería utilizado este medio  de   comunicación   con   ellos   para  la  obtención  del  dinero.   

“Transcurridas  varias  horas fue llevado junto con su compañero LUIS FELIPE a quien en momento  alguno  dejaron  ir,  en  un  vehículo en el cual iban dos sujetos seguidos por  otro  automotor  y  abandonados  en  la  Avenida  26  con  carrera  50  bajo  la  advertencia   de  no  dar  aviso  a  las  autoridades  so  pena  de  sufrir  las  consecuencias”.   

A  N  T E C E D E N T E  S   

1.   Clausurada  la investigación, un  Fiscal  Regional  de  la  Unidad Antiextorsión y Secuestro de Bogotá, el 16 de  julio  de 1997 calificó el mérito del sumario con resolución de acusación en  contra    del    procesado   Carlos   Arturo   Gasca  Sepúlveda,  por el delito de secuestro extorsivo que  preveía  el  artículo 268 del Decreto 100 de 1980, modificado por el artículo  1°  de  la  Ley  40  de  1993,  y, así mismo, reconoció a favor del sindicado  “la  circunstancia de atenuación punitiva prevista  en  el  inciso primero del artículo 4° de la citada Ley 40 de 1993”,   decisión   que   cobró   ejecutoria   el   7   de  octubre  siguiente.   

2.     Culminado     el   juicio,    el    Juzgado    Primero   Penal   del   Circuito  Especializado   de  Bogotá  el  29  de   julio   de   2002   dictó  sentencia,  por medio   de      la     cual     condenó     a     Carlos     Arturo    Gasca    Sepúlveda   a  las penas  principales  de  13   años    y    4    meses   de   prisión   y   multa   de  80 salarios  mínimos  legales,  como   “autor    del    delito    de   secuestro    extorsivo    atenuado”   imputado   en  el  pliego  de  cargos.  Cabe   precisar    que    el    juzgador,    atendiendo    el   principio   de   favorabilidad,  aplicó  el artículo   169    (secuestro   extorsivo)   del   nuevo   Código   Penal   (Ley   599   de  2000),  preceptiva que contiene un marco  punitivo   más   benigno.   Así   mismo,  tuvo  en  cuenta  el  artículo  171  (circunstancia  de  atenuación  punitiva)  de  la mencionada codificación, aun  cuando  contempla  la  misma  proporción  en  la  disminución  de  la pena que  establecía la derogada normatividad.   

3.   Apelado   el   fallo   por   el   procesado   y   su  defensor,  la   Sala     de    Decisión     Penal     del    Tribunal   Superior   del   Distrito  Judicial  de  Bogotá,   el    21    de   noviembre   de   2002,   lo   confirmó,     decisión     contra    la    cual    la  defensa    interpuso    el    recurso   extraordinario   de      casación.     Presentada     la    correspondiente   demanda   y   habiendo   sido   declarada   formalmente  ajustada   a   derecho,   se   corrió   traslado   de      la      misma      a     la    correspondiente   Procuraduría  Delegada.   

SOLICITUD   DE   LA  PROCURADORA SEGUNDA   

DELEGADA PARA LA CASACIÓN PENAL  

Sostiene  la  Procuradora  Delegada  que le  correspondería  emitir concepto sobre la viabilidad de la respectiva demanda si  no  fuera  “porque que advierte que a la presente ha  operado  el  fenómeno  de  la  prescripción  de  la  acción penal”, como a continuación procede a exponerlo.   

Luego  de referirse sobre los hechos objeto  de  juzgamiento  y de hacer una sinopsis de la actuación, recuerda que el 16 de  julio  de  1997  se  profirió en contra del procesado resolución de acusación  por  el delito de secuestro extorsivo atenuado, decisión que surtió ejecutoria  el 7 de octubre siguiente.   

Igualmente, precisa que el artículo 169 de  la  Ley 599 de 2000, sin tener en cuenta la modificación de la Ley 733 de 2002,  por  razón  de  la  favorabilidad, consagra para el secuestro extorsivo pena de  prisión  de  18  a  28  años.  Así  mismo,  advierte  que al procesado le fue  deducida  la  causal  de  atenuación  prevista en el artículo 171 de la citada  normatividad,  la  cual  contempla  que  “la pena se  disminuirá hasta en la mitad”.   

En esas condiciones, concluye que, teniendo  en  cuenta el contenido de los artículos 83 y 86 ibidem, sobre la acción penal  del  delito  de  secuestro  extorsivo  atenuado  imputado  en  la resolución de  acusación ha operado el fenómeno de la prescripción.   

“En efecto, el  delito  de  secuestro  extorsivo  tipificado en el artículo 169 del C. penal de  2000,  sin  la modificación de la Ley 733, tiene asignada una pena de dieciocho  18  a  veintiocho  28  años de prisión, la cual se disminuye hasta en la mitad  por  concurrir  la circunstancia de atenuación prevista en el artículo 171, lo  que  da  como  resultante un marco punitivo cuyo mínimo es de nueve (9) años y  el máximo de catorce (14) años.   

“Si  la  resolución de acusación que  interrumpió  el  término  prescriptivo  de  la  etapa  de  instrucción quedó  ejecutoriada  el  7  de  octubre de 1997 y el nuevo término para la etapa de la  causa  debe  empezarse  a contar a partir de esa fecha y por la mitad de aquél,  se  advierte que hasta cuando se emite este concepto ha transcurrido un lapso de  siete  (7)  años,  siete  (7)  meses y unos días, superior a la mitad de siete  años  que  debía  transcurrir  para  que se consolide el fenómeno”.   

Por  lo  expuesto,  el  Ministerio Público  solicita  a  la  Corte  declarar  prescrita  la  acción  penal por el delito de  secuestro  extorsivo  atenuado  y, en consecuencia, cesar procedimiento respecto  del  procesado Carlos Arturo  Gasca              Sepúlveda.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1. Sea lo primero recordar que al procesado  Carlos    Arturo    Gasca    Sepúlveda,  el  16  de  julio  de  1997,  se  le  profirió  resolución  de  acusación  por  el  delito  de  secuestro  extorsivo  que,  para  la  época de  ocurrencia  de  los hechos, tipificaba el artículo 268 del Decreto 100 de 1980,  modificado  por  el  artículo  1°  de  la Ley 40 de 1993. Así mismo, en dicho  pliego  de  cargos  se  dedujo  la  circunstancia  de  atenuación  punitiva que  contemplaba  el artículo 271 de derogado Código Penal, también modificado por  el artículo 4° de la citada Ley 40 de 1993.   

Ahora  bien,  consecuente con la acusación  pero  aplicando  el  principio de favorabilidad, el juzgador condenó al acusado  con  base  en  las  normas  del  nuevo  Código  Penal,  toda vez que las mismas  consagran penas menos drásticas.   

Así,  entonces, el artículo 169 de la Ley  599  de  2000, antes de la reforma prevista en el artículo 1° de la ley 733 de  2002,    tipifica    el    delito    de    secuestro  extorsivo de la siguiente manera:   

“El   que  arrebate,  sustraiga, retenga u oculte a una persona con el propósito de exigir  por  su  libertad  un  provecho o cualquier utilidad, o para que se haga u omita  algo,   con   fines  publicitarios  o  de  carácter  político,  incurrirá  en  prisión    de    dieciocho   (18)   a   veintiocho  años y multa de dos mil (2.000) a cuatro mil (4.000)  salarios   mínimos   legales  mensuales  vigentes”  (subraya ajena al texto).   

A  su  vez,  el  artículo 171 de la citada  codificación,  que contempla una circunstancia de atenuación punitiva, la cual  fue   reconocida  a  favor  del  procesado  en  la  resolución  de  acusación,  textualmente reza:   

“Si  dentro de  los  quince  (15)  días  siguientes  al secuestro, se dejare voluntariamente en  libertad  a  la  víctima,  sin  que  se  hubiere  obtenido  alguno de los fines  previstos  para  el  secuestro  extorsivo,  la pena se  disminuirá    hasta    en    la   mitad…”   (se  resaltó).   

2.   Considera la Procuradora Delegada  que  la  acción  penal se encuentra prescrita, toda vez que desde la ejecutoria  de  la  resolución de acusación a la fecha, han transcurrido más de siete (7)  años,   conclusión   a   la  que  llega  luego  de  disminuir  “en   la   mitad”   la   pena  máxima  contemplada  para  el  delito de secuestro extorsivo, es decir, a los veintiocho  (28)   años   de   prisión   le   disminuyó  “la  mitad”  por  razón  de la mencionada circunstancia  específica  de  atenuación  punitiva,  obteniendo  así 14 años. Pero como se  produjo  la interrupción del término prescriptivo dispuesta en el artículo 86  del  Código  Penal,  dicha  cifra la redujo a la mitad, quedando en los citados  siete (7) años.   

3.   Planteado  así  el  problema  y  teniendo  en  cuenta  los fundamentos reales modificadores de los límites de la  pena,  resulta  evidente  el  desacierto  en que incurre el Ministerio Público,  pues  de  manera  equivocada  y para efectos de la prescripción disminuye de la  pena  máxima  la  totalidad  de la proporción que el artículo 171 del Código  Penal   consagra   por  razón  de  la  deducida  circunstancia  específica  de  atenuación punitiva.   

En   efecto,   recuérdese   que       para       establecer       el      término   prescriptivo     de    la     acción     penal     es   necesario            precisar           el           término     máximo     de    la    pena   fijado   en   la   ley  para  el  respectivo   delito,       teniéndose      en   cuenta,   como  lo   dispone   el   artículo  83   del   Código   Penal   (antes  artículo  80  del  Decreto   100   de   1980),   las  causales  sustanciales  modificadoras  de  la  punibilidad.   

Significa    ello    que,   para   tal   efecto,   hay   que  acudir  al   máximo     de    la   pena    fijada    en    el   correspondiente     tipo     penal,    respecto    del   cual   se  deben  hacer  las  adiciones o disminuciones que resulten de las  anteriormente   denominadas   circunstancias   de   agravación   o  atenuación  concurrentes,  hoy  conocidas  como  causales  modificadoras  de la punibilidad,  contabilizando,  para  ello, el máximo posible del incremento, cuando concurren  agravantes,  o  el mínimo posible de disminución, si  de atenuantes se trata.   

Así, entonces, cuando la norma señala que  la  sanción  se  debe  disminuir  en  una determinada medida, como sucede en el  presente  caso,  pues  la  circunstancia  de atenuación punitiva prevista en el  artículo  171  indica  que  “la pena se disminuirá  hasta  en  la  mitad” (recuérdese que el secuestro  extorsivo  consagra  una  pena  que  oscila entre 18 y 28 años), necesariamente  implica  que  el  espacio dentro del cual se ha de fijar la sanción se extiende  desde  la  mínima  contemplada  en el respectivo tipo penal pero reducida en la  mencionada     proporción,     hasta    la    pena  máxima.   

Sobre   éste   neurálgico   tema   los  pronunciamientos  de  la  Corte  han  sido pacíficos y reiterados, al punto que  hace  poco  más  dos  años  la  Sala  hizo  al  respecto una detallada reseña  jurisprudencial, la cual ahora se impone recordar:   

“No pocas veces  la jurisprudencia trató el asunto:   

“Así   por  ejemplo,  en pronunciamiento de 24 de abril de 1981, con ponencia del Magistrado  Darío Velásquez Gaviria, precisó:   

‘Para efectos de  la  prescripción  de  la  acción penal, el máximo de la sanción fijada en la  ley  a  que  se  alude  en  la  norma  (artículo 105 del C.P. anterior y 80 del  vigente),  se forma de la señalada para el respectivo delito más las adiciones  o  menos las disminuciones que resultaren de las circunstancias de agravación o  atenuación  concurrentes,  contabilizando,  para  ello,  el  máximo posible de  incremento,  en  caso de agravantes, o el mínimo posible de disminución, si se  trata    de    atenuantes.    Así    lo    ha    entendido   y   precisado   la  jurisprudencia’.   

“En  pronunciamiento  de  segunda  instancia,  proferido  el  21  de mayo de 1981 con  ponencia  del  Magistrado  Pedro  Elías  Serrano  Abadía,  se  indicó  por la  Sala:   

‘La providencia  que  se  consulta  está  equivocada  en  toda  su  longitud  en lo tocante a la  prescripción  de  la  acción  penal  que en ella se decreta. Contradice muchos  años  de  jurisprudencia  constante  que se creía suficientemente conocida por  encontrarse  reproducida  en multitud de libros, folletos, códigos concordados,  etc.  Data  desde  que  la  Corte  empezó  a  ocuparse del tema con base en las  disposiciones   del  Código  Penal  de  1936  y  se  reitera  recientemente  en  providencia de 12 de diciembre de 1980 y 24 de abril de 1981.   

‘Para computar  el  lapso  de  prescripción  de la acción penal, se repite una vez más, no se  toma  la  cantidad  de  pena  que  se  puede aplicar en una sentencia de condena  –que  es precisamente lo  que  ha  hecho  el  Tribunal Superior de Cartagena en el caso concreto-, sino la  que  aparece indicada como máxima en la correspondiente norma sustantiva en que  pueda  ubicarse la delincuencia en examen, con las adiciones y disminuciones que  surjan  de las circunstancias específicas de agravación o de disminución, sin  que  pueda  excederse  del tope de treinta (30) años y del mínimo de cinco (5)  si  se  fundamenta el juzgador en las disposiciones del Código Penal de 1936, o  de  veinte  (20)  y  cinco  (5) si se aplican las normas pertinentes del Código  penal de 1980.   

‘Además, y como  de  prescripción  se  trata,  debe  tenerse  en cuenta que las adiciones llegan  hasta  el  punto  máximo que la circunstancia de agravación permite y hasta el  mínimo   de   la   disminución   en   el   caso   de   atenuación” (Se destaca).   

“El  doce  de  diciembre  de  mil  novecientos  ochenta  y  tres,  con  ponencia del Magistrado  Alfonso Reyes Echandía, indicó la Corte:   

‘Sabido es que  la  prescripción  constituye  fenómeno  jurídico de extinción de la potestad  punitiva  del  Estado  cuando ha transcurrido término  superior  al  máximo  de  sanción imponible para un determinado hecho punible,  contado  a  partir  de la fecha en que ocurrió. Como  quiera  que  es  el  correr  del tiempo lo que el legislador ha tenido en cuenta  para  la consagración de tal institución, lo que importa precisar en cada caso  es  el  día en que el hecho sucedió y si este constituye comportamiento humano  descrito  en  la  (ley)  penal  como  delito o contravención; por manera que la  identificación  misma  de  su  autor o cómplice o el que estos hayan o no sido  vinculados  al  proceso en legal forma, resulta indiferente para los efectos del  reconocimiento  de  que  se  ha consumado el lapso prescriptivo; pudiera decirse  entonces  que  no  es  este  un fenómeno referido esencialmente a la persona de  quien  realizó  o  contribuyó  a  la  ejecución  del  hecho  punible,  sino a  comportamiento   penalmente  típico  respecto  del  cual  ha  corrido  término  superior  al  legalmente  fijado  para  que dentro de él la jurisdicción penal  haga    pronunciamiento    definitivo’ (se destaca).   

“En providencia  de  11  de  noviembre de 1986, con ponencia del Magistrado Jaime Giraldo Ángel,  indicó la Corte:   

‘El artículo 80  del  Código  Penal enseña que la acción penal prescribe en un tiempo igual al  máximo  de la pena fijada en la ley si fuere privativa de la libertad, pero, en  ningún  caso,  será  inferior  a  cinco (5) años ni excederá de veinte (20).  Para  este  efecto  se  tendrán  en  cuenta las circunstancias de atenuación y  agravación concurrentes.   

‘Es decir, que  si  la  respectiva  disposición penal contempla circunstancias de atenuación o  agravación      concurrentes,       debe      el      juez   previamente   determinar cuál es el tiempo máximo de pena privativa de la  libertad que puede imponer al procesado por su concreta conducta.   

‘Por ejemplo, si  un  empleado  oficial  se apropia en provecho suyo o de un tercero de bienes del  Estado,  en  cuantía  superior  a  quinientos  mil pesos ($500.000) el término  prescriptivo  será  de  quince  (15)  años,  si  no  reintegrare  lo apropiado  (artículo   133,   inciso  2º),  incrementado  dicho  término   en   una   tercera  parte,  es  decir,  en  cinco   (5)  años  (artículo  82),  o  sea  veinte  (20) años, lapso que no supera el  máximo      previsto      en     el     artículo     80     ibidem’ (se destaca).   

“En  decisión  del  12  de noviembre de 1986, también con ponencia  del Magistrado Jaime Giraldo Ángel, indicó la Corte:   

‘El cómputo del  tiempo   requerido   para   la   prescripción   deberá   hacerse  teniendo   en  cuenta  el  máximo  de  la  pena  señalada  en  la  respectiva  infracción, disminuida en el mínimo si se presentan circunstancias  de  atenuación,  y  en  el  máximo  aumentada  para  el caso de circunstancias  agravantes,    según    lo   tiene   decidido   la  Corte…’  (Se destaca).   

“Mediante  pronunciamiento  de  ocho  de  septiembre de mil novecientos ochenta y siete, la  Corte,   con   ponencia   del  Magistrado  Guillermo  Duque  Ruiz,  reiteró  la  jurisprudencia  sentada en auto proferido el 24 de abril de 1981, y en relación  con  la  circunstancia  de atenuación punitiva contemplada en el inciso primero  del  artículo  139  del  Código penal por razón del reintegro de lo apropiado  con anterioridad a la apertura de investigación, señaló:   

‘El soslayo del  sentido  correcto  de  la preposición ‘HASTA’  que  la  Sala  acaba  de destacar, explica de suyo el yerro cardinal en el cual se ha  incurrido  aquí  con  sorprendente unanimidad al interpretar el fenómeno de la  prescripción  frente  a  la  atenuante. En efecto, dicha preposición significa  que  la  pena  debe disminuirse no en una proporción fija, como se ha entendido  en    una    suerte    de    sinonimia    con   la   preposición   ‘EN’,  sino dentro del campo cronológico  respectivo,  aquí  marcado  en  su  mínimo  con  un  (1)  día  y  en su   máximo   con   noventa   (90)   meses,  cantidad   ésta       que      corresponde     a      las      ‘tres         cuartas   partes’   del   tope   de   pena  señalado en el artículo 133 del Código Penal (120  meses)’.   

“En  decisión  del 14 de febrero de 1989, también con ponencia del  Magistrado Guillermo Duque Ruiz, precisó la Corte:   

‘La afirmación  que  combate  abiertamente  el  actor,  viene  siendo  sostenida  específica  y  unánimemente  por  esta  Sala desde hace muchos años. Así, en casaciones de 7  de  octubre  de  1954 y 25 de marzo de 1955, y autos de 14 de febrero de 1957, 2  de  abril  de  1963  y  29  de  julio de 1965 ha dicho al respecto: ‘Para  determinar  el tiempo necesario  de  la  prescripción  de  la  acción  penal,  se  busca  el máximo de la pena  señalada  en  la  ley  para  el  delito  sub  judice,  pero,  según  el  caso,  relacionando  ese  máximo  con  los  aumentos  o disminuciones que la misma ley  establece  para  las  modalidades  específicas  que agraven o atenúen el hecho  criminoso’.   

“Y en auto de 30  de octubre de 1984 reiteró:   

‘Ni  bajo  la  vigencia   del   código   anterior…  ni  de  acuerdo  con  las  disposiciones  actualmente  en  vigor,  es posible afirmar que la acción penal prescribe en un  tiempo  igual  al  de  la  pena  imponible al procesado, en caso de llegar a ser  éste  condenado  por  el  delito  que  se  le  acusa,  sino como, claramente lo  disponen  las  normas anteriores y las actuales, en un tiempo igual ‘al  máximo  de  la pena FIJADA EN LA  LEY’   (resalta  la  Corte),   esto   es,   no   en   el   tiempo   en   que,  en  caso  de  condena,  pudiera  llegar  a  determinarse  por el  Juez    como    pena   imponible,   sino   aquél   en   el   que,   sin  acudir   éste  a  las   específicas      situaciones      referentes     a    cada   procesado   en   particular,   se   indican   por   ministerio  de   la  ley, objetiva y expresamente, como circunstancias  que  atenúan  o  que  agravan  las  penas respecto de cada delito, en sí mismo  considerado (mayúsculas y paréntesis del original).   

‘Obvio que esa  jurisprudencia  se  mantenga hoy inmodificable, como que no sólo es fruto de la  sencilla  lectura  del  respectivo  articulado,  sino  que se corresponde con la  misma  naturaleza  del  instituto de la prescripción de la acción  penal.  En  efecto,  si ésta dependiera de la cantidad de pena que el Juez en cada caso  puede  imponer  dentro de las pautas que la misma ley diseña (arts. 36 y 61 del  Código  P. de 1936 y 1980, respectivamente), se tornaría vaga e incierta   y   por   lo  mismo  inaplicable,  al  menos   con    anterioridad    al    proferimiento    de    la   sentencia,   ya   que hasta ese momento no se sabría el quantum de la  pena  imponible.   Si   la  prescripción  no  es   otra   cosa   que   la  extinción  de  la  acción  penal por el  transcurso  de  determinado   tiempo,  ella  no  puede   moverse   sino   dentro  de  límites  ciertos  y   precisos,     que     son     justamente     los   que   consagra   la   ley;   certeza  y  precisión,  en  cambio,  que,  de  suyo,  resultan  excluidas  en  el marco de una dosificación  ‘con    fundamento  subjetivo’ o ‘individual’,  que  surge  cuando  se aplican las  referidas        circunstancias        de       tipo       genérico’.   

“Posteriormente,  el  siete  de  marzo  de mil novecientos noventa y  cinco,  con  ponencia  del  Magistrado  Carlos  E.  Mejía  Escobar, en torno al  fenómeno de la prescripción concluyó la Corte:   

‘Debe señalarse  la  improsperidad de esta alegación en vista de que para establecer el término  prescriptivo  de la acción penal es necesario establecer el término máximo de  la  pena fijada en la ley para el respectivo delito, teniéndose en cuenta, como  lo  dispone  el  artículo  80  del  C.P.,  las  circunstancias de atenuación y  agravación concurrentes.   

‘Como  circunstancias  han de entenderse aquellas que tienen la virtud de modificar los  mínimos  y  máximos  previstos en la ley para el delito base, sean aquellas de  carácter  objetivo  o subjetivo, pues que los factores dosimétricos no inciden  en  la  contabilización  del  término  prescriptivo,  según  lo  ha  aceptado  pacíficamente la doctrina de esta Corte.   

‘Tampoco inciden  aquí  factores  de  punibilidad  que  eventualmente  puedan hacer acreedor a un  condenado  al derecho a una rebaja o a gozar de una gracia especial, como ocurre  con  las  rebajas  de  pena  por  trabajo y estudio, o con aquellas que pudieren  llegar  a suscitarse con ocasión de colaboración con la justicia producida con  posterioridad  a  la  sentencia,  o  con  topes de pena cumplida a partir de las  cuales  es  posible  gozar  de  ciertos  subrogados  o beneficios penitenciarios  (libertad preparatoria, libertad condicional, etc.).   

‘Tal es el caso  de  la  rebaja  prevista  en  la Ley 48 de 1987, que dispuso un descuento en las  penas  impuestas  o  que  llegaran  a  imponerse  respecto  de  ciertos  delitos  cometidos  antes  del  primero  de  julio  de  1986,  sin  afectar para nada los  máximos  y  los  mínimos  previstos  en la ley para esa clase de ilícitos, es  decir   sin   modificar  su  naturaleza,  ni  su  estructura,  ni  su  penalidad  abstracta’.   

“Con  posterioridad,  en  pronunciamiento de dos de octubre de mil novecientos noventa  y  seis,  con  ponencia  del  Magistrado  Ricardo  Calvete  Rangel, no  obstante  las  aclaraciones  que  más adelante se harán en el  cuerpo  de  este proveído, la Corte reiteró la tesis  expuesta  desde  el  auto  proferido  el  24  de  abril de 1981 a iniciativa del  magistrado Darío Velásquez Gaviria, y señaló:   

‘b) Análisis de  la prescripción frente al Código Penal de 1980.   

‘Las   tres  apropiaciones  fueron  tenidas  como un concurso material homogéneo y sucesivo,  de  modo  que  la  acción  prescribe  respecto  de  cada  una de ellas en forma  independiente,    de    acuerdo    con   lo   que   ordena   el   artículo   85  ibídem.   

‘De esta forma,  y  para  los  efectos  que  se han venido analizando, el máximo de la pena para  cada  uno de esos tres hechos delictivos es de diez años de prisión (artículo  133  del  Código  Penal),  aumentada en tres (3) años cuatro (4) meses por ser  delitos  cometidos  dentro  del  país  por empleado oficial en ejercicio de sus  funciones  (art.  82  del  C.P.)  disminuida en un (1)  día   por   el   reintegro   efectuado   antes   de  la  sentencia  de  segunda  instancia     (art.    139,    inciso    2º    del    C.   P.)’ (se destaca).   

                     

“Esta extensa,  pero  necesaria  reseña  jurisprudencial, con el sólo propósito de denotar la  amplia,  pacífica,  reiterada  y difundida, por lo mismo, conocida, doctrina de  la  Corte  en  torno  al fenómeno de la prescripción de la acción penal, y el  cabal  entendimiento  del  artículo  80  del Código penal de 1980, donde una y  otra  vez  se  reitera que para efectos de la prescripción de la acción penal,  el  máximo  de  la  sanción  fijada  en  la  ley  a  que se alude en la norma,  ‘se  forma  de  la  pena  señalada   para   el   respectivo   delito  más  las  adiciones  o  menos  las  disminuciones  que resultaren de las circunstancias de agravación o atenuación  concurrentes,  contabilizando,  para ello, el máximo posible del incremento, en  caso   de   agravantes,   o  el  mínimo  posible  de  disminución,       si       se       trata       de      atenuantes’,   en   entendimiento   que  ha  de  mantenerse  ante  la  legislación  que  entró  a regir en 2001, no obstante el  cambio  de  metodología  para su cómputo que mayoritariamente adoptó la Sala.   

“Debe aclararse,  no  obstante,  que  la  Corte  posteriormente precisó que las circunstancias de  atenuación  punitiva consagradas en el artículo 139 del Código penal de 1980,  no  podían  ser  consideradas  para  efectos  de la prescripción de la acción  penal,  afirmando  que ‘es  un  mecanismo  de reducción de la pena, no una atenuante de responsabilidad. La  rebaja  en  ella  establecida  no se deriva de una circunstancia concomitante al  hecho   punible,   que   pueda   incidir  en  la  tipicidad,  antijuridicidad  o  culpabilidad,  o  en  los grados o formas de participación, sino de una actitud  posdelictual  del  imputado,  de  carácter  procesal,  que  para nada varía el  juicio  de responsabilidad penal, y que como tal sólo puede afectar la pena una  vez    ha    sido    individualizada’  (cfr.  sent.  Cas.  Nov.  23 de 1998. M. P. Arboleda Ripoll. Rad.  9657),  precisión  reiterada en pronunciamientos de 11 de julio de 2000 y 18 de  diciembre  de  2001 con ponencia del Magistrado Gómez Gallego, donde se sostuvo  que     ‘para    la  determinación  del  término  de  prescripción de la acción penal, es cierto,  han  de  computarse  ‘las  circunstancias    de    atenuación   y   agravación   concurrentes’  (art. 80 C.P.). La misma expresión  ‘concurrentes’  que  usa el texto legal, indica que  debe  tratarse  de  factores  contingentes  de  comportamiento  coetáneos  a la  realización  del  hecho  punible, no de conductas posteriores a la consumación  del  mismo,  que  de  pronto  puedan llegar a  amainar la cantidad de pena,  sencillamente  porque  las  últimas  se identifican como simples reductoras del  monto  de  la  sanción,  al  paso  que  los  primeros  son verdaderos elementos  accidentales  que  están  dentro  de  la  estructura  del delito”. Agregó el  pronunciamiento,  que  “en  fin,  las circunstancias (atenuantes o agravantes)  son  ingredientes  accidentales,  que  como  tales  no  pueden  ser  fundantes o  cofundantes  del injusto ni de la responsabilidad del sujeto, que de  todas  maneras    pertenecen    a   la   estructura   del   hecho   punible’.   

“Indicó,  además,   que   ‘esta  doctrina  jurisprudencial  fue  recibida  normativamente  en  el  inciso 4º del  artículo  84 del nuevo Código Penal (ley 599 de 2000), cuando dispone que para  efectos  del  cómputo  de  la  prescripción  de  la acción penal ‘se  tendrán  en  cuenta las causales  sustanciales       modificadoras       de       la       punibilidad’.  El  precepto se refiere entonces a  las  causales  sustanciales  (no  a  las  normas  sustanciales), porque atañe a  factores  estructurantes  o  desencadenantes  del  hecho  punible  y  no  a  sus  consecuencias  jurídicas  bien  obligadas  ora  voluntariamente asumidas por el  procesado,  de  modo  que  toca  con  cualquier  elemento  relacionado  con  los  presupuestos   del   hecho   punible  (conducta,  tipicidad,  antijuridicidad  y  culpabilidad),  siempre  que  afecte los límites de la sanción, y no con otros  fundamentos  que  pueden  variar  la  pena  pero  ocurren  como  manifestaciones  posteriores       al       delito’”.1   

Son  claras  y  suficientes  las  razones  jurídicas  transcritas  para  colegir  que  tratándose  del  fenómeno  de  la  prescripción  de  la  acción penal y de conformidad  con  el  artículo  83  del  actual Código Penal (antes artículo 80),  el  máximo  de  la  pena  fijada  en  la  ley se forma de la pena señalada para el  respectivo  delito  más  las adiciones o menos las disminuciones que resultaren  de  las  “causales sustanciales modificadoras de la  punibilidad”     (anteriormente     denominadas  circunstancias  de agravación o atenuación concurrentes), contabilizando, para  ello,  el  máximo  posible  del incremento, en caso de agravantes, o   el   mínimo   posible   de   disminución,   si  se  trata  de  atenuantes.   

Tanto  es  así que, como lo ha afirmado la  Sala,2  la multicitada posición jurisprudencial  fue acogida por el  legislador  en  el nuevo Código Penal (Ley 599 de 2000), que en orden a regular  dicha   materia   estableció  en  su  artículo  60  los  parámetros  para  la  determinación  de  los máximos y mínimos aplicables, siendo la regla prevista  en su numeral 3° la que recoge el caso aquí planteado.   

4.   Así  las  cosas,   surge   evidente   que   en   este  asunto  no ha operado el  fenómeno  de  la  prescripción,  pues,  teniendo  en  cuenta  lo anteriormente  expuesto  y  de  conformidad  con  el artículo 169 del Código Penal, norma que  consagra  el delito de secuestro extorsivo, la pena máxima para dicho efecto es  de veintiocho (28) años de prisión.   

Ahora  bien,  como  el   7      de      octubre     de     1997     quedó   ejecutoriada   la  resolución  de  acusación,  acto  que  interrumpió la  prescripción  de  la acción penal, en virtud de lo ordenado en el artículo 86  ibidem  aquél  tope  de  pena se reduce a la mitad pero sin ser superior a diez  (10) años, lapso que no se ha agotado.   

Por   lo   tanto,   es   obvio   que   a  la  fecha  aun  no  ha   transcurrido   el  término de prescripción de la acción penal del delito  de  secuestro  extorsivo, razón por la cual se negará la solicitud elevada por  el Ministerio Público.   

En consecuencia, se devolverá la actuación  a  la  Procuraduría  Segunda Delegada para la Casación Penal para que emita el  concepto   de   que   trata  el  artículo  213  del  Código  de  Procedimiento  Penal.   

En  mérito  de lo expuesto, la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R     E  S     U  E     L  V     E   

1.  Negar la petición de prescripción  de  la  acción  penal  elevada  por  la  Procuradora  Segunda  Delegada para la  Casación   Penal,   dentro   de  la  presente  causa  que  se  adelanta  contra  CARLOS    ARTURO    GASCA    SEPÚLVEDA.   

2.    Ejecutoriada  esta  decisión,  devolver  el  expediente  a  la Procuraduría Segunda Delegada para la Casación  Penal   para   los   fines  señalados  en  el  artículo  213  del  Código  de  Procedimiento Penal.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                       HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                        EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                        

ÁLVARO      ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN            JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID          RAMÍREZ  BASTIDAS                             MAURO SOLARTE PORTILLA   

Permiso  

                     TERESA RUÍZ NÚÑEZ   

                                                       Secretaria   

    

1 Rad.  17898,  sentencia  de única instancia del 8 de abril de 2003, M.P. Dr. Fernando  Arboleda Ripoll.   

2  Casación  19496  del  24  de abril de 2003, M.P.  Dr. Jorge Aníbal Gómez  Gallego.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *