23706(13-07-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  23706   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta N°55  

         

Bogotá  D.C.,  julio  trece (13) de dos mil  cinco (2005).   

VISTOS  

Decide la Sala sobre la admisibilidad formal  de  la  demanda  de  casación discrecional presentada por la Fiscal 33 Delegada  ante  el Juzgado Promiscuo del Circuito de Apía, Risaralda, contra la sentencia  de  segunda  instancia  proferida  el  16  de  diciembre de 2004 por el Tribunal  Superior   de   Pereira,   por   cuyo   medio   se   absolvió   a  NOEL   ARCANGEL   ECHEVERRI   HERRERA  del  concurso  de  delitos  de acto sexual con menor de catorce e incesto, por el que  fue radicado en juicio criminal.   

ANTECEDENTES   

El  13  de  noviembre  de  2003  la  menor  Yessica    Tatiana    Echeverry   Ariza,  de  nueve  años  de  edad  para  ese  momento,  concurrió a la  Fiscalía  33  Delegada  ante  el  Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  de  Apía,  Risaralda,  asistida  de  la  Personera Municipal de Santuario, con el objeto de  formular  denuncia  contra  su  abuelo  NOEL ARCANGEL  ECHEVERRI  HERRERA. En tal sentido narró la menor que  en  cuatro  ocasiones  en  que  visitó a su abuelo en el hotel en donde reside,  éste  la  acariciaba,  le  introducía  los dedos en la vagina y le daba besos,  pidiéndole que no dijera nada porque lo metían a la cárcel.   

Abierta  la  instrucción,  la  Fiscalía  vinculó   mediante   indagatoria   a  NOEL  ARCANGEL  ECHEVERRI  HERRERA,  y  le  resolvió  su  situación  jurídica  mediante  resolución  de  diciembre  26  de  2003, absteniéndose de  imponerle  medida  de  aseguramiento  por  ausencia de fines que justificaran su  detención preventiva.   

Cerrada  la  investigación, el sumario fue  calificado  el  12  de abril de 2004 con resolución de acusación por el delito  de acto sexual con menor de catorce años e incesto.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  de Apía, Risaralda, despacho que una vez  surtido  el rito correspondiente profirió fallo el 30 de julio de 2004 por cuyo  medio  declaró penalmente responsable a NOEL ARCANGEL  ECHEVERRI  HERRERA del concurso de delitos por los que  fue  acusado  y  lo  condenó a la pena principal de cincuenta y cuatro meses de  prisión  y  a la accesoria de inhabilitación de derechos y funciones públicas  por el mismo término.   

Impugnada  el  fallo de primer grado por la  defensa,   el  Tribunal  Superior  de  Pereira  decidió  revocarlo  disponiendo  absolver     a     NOEL     ARCANGEL     ECHEVERRI  HERRERA,  mediante  sentencia  del 16 de diciembre de  2004.   

LA DEMANDA  

          Mediante  escritos  independientes  la  censora  eleva  solicitud de  casación  discrecional  contra  la  sentencia  del  16  de  diciembre  de  2004  proferida  por  el  Tribunal Superior de Pereira y presenta demanda de casación  contra dicho fallo.   

Los fundamentos de uno y otro escrito son del  siguiente tenor:   

          1.                      Procedencia    del   recurso   de   casación  discrecional.   

          Con  apoyo en lo normado por el inciso segundo del artículo 205 del  estatuto  procesal  penal,  invoca  la  demandante  tanto  el  desarrollo  de la  jurisprudencia,  como  la  necesidad  de  brindar  protección  efectiva  a  los  derechos   fundamentales   del   menor,   como  motivos  determinantes  para  la  procedencia de la casación discrecional.   

          En  cuanto  hace  al  desarrollo  de  la  jurisprudencia, empieza la  censora  por  señalar  que la casación discrecional fundada en dicho motivo no  sólo  ha  de responder a la necesidad de obtener un pronunciamiento sobre temas  aun  no tratados, sino también para que la Corte Suprema actualice o reitere su  criterio  tradicional,  o  para  buscar  la extensión o reducción de conceptos  sobre  determinada  materia  y la modificación parcial o total de sus puntos de  vista.   

De  suerte  que  ante  los  yerros  en  que  incurrió  el  Tribunal  Superior de Pereira en su sentencia del 16 de diciembre  de  2004,  ello amerita un urgente pronunciamiento de esta Corporación para que  en  virtud  de  la  autoridad  de  que está investida proceda a “mantener  su  jurisprudencia  en  la  temática  del  testimonio  de  menores  y  del testimonio único, si su criterio hoy fuera igual al reiterado o  para  desarrollar  una  nueva jurisprudencia en el evento de haber modificado su  postura   anterior   sobre   estos  aspectos  de  relevante  importancia  en  la  Administración de Justicia”.   

Menciona  la  demandante  que  el  Tribunal  Superior  de  Pereira  basó  su fallo absolutorio en que los testimonios de los  menores  son  mentirosos  debido  a  su  inmadurez, toda vez que su conocimiento  está  limitado  por  la falta de experiencia en el aprendizaje y porque carecen  de  sentido  ético  al no poseer la capacidad para diferenciar entre lo bueno y  lo  malo,  en síntesis los considera testimonios neutros, conceptos que señala  la  demandante  resultan  abiertamente contrarios a la jurisprudencia de la Sala  de  Casación  Penal,  como  lo  hace  notar trayendo a colación lo expuesto en  sentencias  del  29  de  julio  de  1999,  radicado  16.615,  Magistrado Ponente  Jorge Anibal Gómez Gallego y  del  19  de  julio  de  1991,  radicado 5066, Magistrado Ponente Guillermo Duque  Ruiz, relativas a la admisibilidad del testimonio del menor.   

          De  otra  parte,  indica  la  demandante  que  en  el  fallo atacado  también  se cuestionó el testimonio de la menor por ser único, olvidando así  la  reiterada  jurisprudencia de la Sala de Casación Penal en el sentido de que  un  solo  testimonio  proveniente  de  la  víctima  puede  servir de soporte al  dictado  de  una sentencia condenatoria, trayendo a colación el pronunciamiento  que  sobre  dicha  temática se expuso en sentencia del 15 de noviembre de 2000,  proceso  13.119,   Magistrado Ponente Jorge Anibal  Gómez Gallego.   

         

          En segundo término, argumenta la censora  que  la  procedencia  del  recurso  extraordinario  se  justifica  en aras de la  protección  de  los  derechos  fundamentales  de  la menor víctima del delito,  acudiendo  en  apoyo  de  su  tesis  a  la  sentencia  T-554 de 2003 de la Corte  Constitucional  en  la  que  se  desarrollan  aspectos  relativos  a los deberes  especiales  de  garantía  de  la administración de justicia penal frente a los  menores  de edad y las cargas positivas y negativas de las mismas autoridades en  la   investigación   y   juzgamiento   de  delitos  sexuales  cometidos  contra  aquéllos.            En  esa  dirección  se  dirige  a demostrar cómo son numerosos los  instrumentos  internacionales conculcados con la decisión del Tribunal Superior  de  Pereira,  como  la  Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre,  Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y Políticos, Convención Americana  sobre  derechos  Humanos  y  Protocolo  Adicional o de San Salvador, Convención  sobre  Derechos  del  Niño, último de los cuales enfatiza en la protección al  abuso  sexual,  la  prostitución  infantil  y  la utilización de pornografía,  instrumentos  todos  ratificados por el Estado colombiano. Igualmente, indica la  demandante  que  la  Corte  Constitucional  en  varios  fallos  ha  extendido el  concepto  de  bloque de constitucionalidad a la Declaración de los Derechos del  Niño respecto de su identidad sexual y al trabajo infantil.   

          2. La demanda de casación   

          Al  amparo  de  la  causal  primera de casación, cuerpo segundo, la  censora  formula  un  solo  cargo  contra  el fallo de segundo grado, relativo a  haberse  incurrido  en un error de hecho por falso raciocinio, fundado en que el  Tribunal  desobedeció  las  reglas  de la libre persuasión al crear una tarifa  legal  para el testimonio del menor, en cuanto condiciona su admisibilidad a que  esté  soportado  en  un  examen  siquiátrico,  medio  probatorio  que para los  juzgadores  es  necesario en esta clase de procesos. Agrega que la exigencia del  examen  siquiátrico  genera evidente ruptura de las ritualidades valorativas de  los medios probatorios.   

          Igualmente,  manifiesta  la  demandante que el Tribunal incurrió en  una  errónea  inferencia  en  cuanto  al  valor  probatorio que le otorgó a la  sentencia  condenatoria  que  obraba  como  prueba trasladada, proferida en otro  proceso     contra    el    señor    Luis    Carlos  Ramírez  pariente  de  la menor víctima del delito y  quien  también  la sometió a abusos sexuales. Así, en condiciones normales el  Tribunal  debió  derivar como cierto lo expuesto ahora por la niña, al cotejar  su  situación  con  aquélla  de  que  fue  víctima  de  parte  de otro de sus  parientes,  pero al contrario y de manera sorprendente, valoró este hecho en su  contra.  Se  alega  que  la  contradicción  del  Tribunal  en  este  aspecto es  asombrosa,  pues  si  bien  admite que la menor fue víctima de abusos sexuales,  paradójicamente  concluye  que  las  acusaciones que eleva contra su abuelo son  falsas.   

          Un  tercer yerro del Tribunal lo concreta en la forma en que valoró  el  testimonio  de  oídas  de  la  menor Angela María  Zapata  Duque,  amiga de la víctima, a quien ésta le  narró  los  abusos.  En efecto, con apoyo en este testimonio en el que la menor  testigo  brinda  su  percepción  sobre  el  comportamiento  de la víctima, los  falladores  otorgan  a  ésta  última de sólo nueve años la categoría de una  mujer  de  mundo  con  capacidad  de  pervertir adultos y, por ello, carente del  derecho  a  la  tutela  de  sus  intereses jurídicos frente a actos que atentan  contra su formación y dignidad sexual.   

          De  otra  parte, se sostiene en la demanda que el Tribunal incurrió  en   otro  error  de  hecho,  relativo  a  que  “los  testimonios  de  la  menor  ofendida  –hecho  indicador-  fueron indebidamente objeto de inferencia lógica  por  el  Tribunal  al  valorar  erradamente  que  debió haber expuesto en forma  exacta  en  sus  dos  exposiciones,  relatos fieles imposibles de obtener porque  precisamente  su  disparidad  aparente  o  accidental le dan mayor fortaleza”.   

Así,  luego  de  señalar  lo  que  dijo la  víctima  en  sus  dos  intervenciones en el proceso, concluye la demandante que  sus  inconsistencias son apenas marginales, no esenciales, razón por la cual el  Tribunal  no  debió  aventurarse  a proseguir con sus prejuicios respecto de la  menor,  a  quien  se  le  recriminó haberse aferrado en todo momento a una idea  acusadora.   

          Finalmente  la  censora  atribuye  un  último  error al Tribunal en  cuanto  a  la  inferencia derivada del deterioro de la relación existente entre  el  sindicado y la madre de la víctima, hecho que se valoró como indicativo de  que   la   menor  inventó  “las  historias  con  su  abuelo”,  cuando  es  lo cierto que las dificultades  familiares  son normales y, por supuesto, hechos como los ventilados en el curso  del proceso no podían sino agravar las diferencias existentes.   

          Como  conclusión  solicita  la  demandante  se  case  la  sentencia  impugnada   y   se   dicte   fallo   de   reemplazo  condenando  a  NOEL  ARCANGEL  ECHEVERRY HERRERA por haber  actualizado  los  delitos  de  actos  sexuales  con  menor  de  catorce  años e  incesto.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

El inciso 1º del artículo 205 de la Ley 600  de  2000 establece que el recurso extraordinario de casación procede contra las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por los tribunales superiores de  distrito  judicial  y  por  el  Tribunal  Penal  Militar,  cuando se proceda por  “delitos  que  tengan señalada pena privativa de la  libertad    cuyo    máximo    exceda    de    ocho  años” (subrayas fuera de texto).   

En  aquellos casos en los cuales el fallo de  segundo  grado  no  es proferido por los mencionados Tribunales, o que el delito  por  el  cual se procede tiene pena privativa de la libertad inferior al quantum  señalado  en  precedencia  o  sanción no restrictiva de la libertad, el inciso  3º  del  artículo  205  del  estatuto  procesal penal faculta a esta Sala para  admitir    discrecionalmente    las    demandas    de   casación   presentadas,  “cuando lo considere necesario para el desarrollo de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de los derechos fundamentales, siempre que  reúna    los    demás    requisitos    exigidos    por    la   ley”.   

          Respecto   de   la  casación  discrecional  compete  al  demandante  expresar  con  claridad  y  precisión  los motivos por los cuales debe intervenir la Corte, ya para proveer  un  pronunciamiento  con  criterio  de  autoridad  respecto de un tema jurídico  especial,  bien  para  unificar  posturas conceptuales o actualizar la doctrina,  ora  para  abordar  un  tópico aún no desarrollado, con el deber de indicar de  qué  manera  la  decisión  solicitada tiene la utilidad simultánea de brindar  solución   al   asunto   y   a   la   par   servir  de  guía  a  la  actividad  judicial.   

Pero  si lo pretendido por quien demanda es  asegurar  la  garantía  de  derechos  fundamentales,  tiene  la  obligación de  demostrar  la  violación  e indicar las normas constitucionales que protegen el  derecho   invocado,   así  como  su  desconocimiento  en  el  fallo  recurrido,  circunstancias,  que  como  ya  lo  ha  reiterado  la  Sala,  deben evidenciarse   con  la  sola  referencia  descriptiva  hecha  en  la  sustentación.   

En el asunto que concita la atención de la  Sala  se  advierte  en  primer  término  que  el  máximo  de  la  pena  privativa  de la libertad dispuesta por el legislador para el  delito  de  acto  sexual  con  menor  de  catorce años es de cinco (5) años de  prisión,  al  paso  que  el incesto tiene señalada pena de la misma naturaleza  que  oscila  entre uno (1) y cuatro (4) años, circunstancia que determina cómo  no  es  factible  acceder  a  este  medio  impugnaticio  por  la  vía  común u  ordinaria,  motivo  por el cual le asiste razón a la  Fiscal    al    acudir    a    este   recurso   extraordinario   por   la   vía  discrecional.   

En segundo lugar, vistas las razones en que  se   funda   la  demandante  para  sustentar  la  procedencia  de  la  casación  excepcional,  se observa cómo expresa con claridad y precisión los motivos por  los  cuales  debe  pronunciarse  la Corte, reclamando  tanto  el  desarrollo  de  la jurisprudencia como la protección de los derechos  fundamentales de la menor víctima del delito.   

En  efecto,  en lo que tiene que ver con el  desarrollo  de  la  jurisprudencia que la demandante invoca, si bien buena parte  de  sus  argumentos  se centran en hacer notar las divergencias existentes entre  el  fallo atacado y precedentes de esta Sala, aspecto que por si sólo no daría  lugar  a  que  se  admitiera  la  casación discrecional en tanto este mecanismo  “no  es  la  solución   de las diferencias de  pensamiento  entre  las Salas de Decisión de los Tribunales o entre éstas y el  magistrado                disidente”1,  no  lo es menos que acierta  al  concretar  cómo  el  medio  impugnaticio excepcional apoyado en este motivo  bien  puede  obedecer  a  la  necesidad  de que se profundice en una determinada  materia,  o  que  la Corporación actualice o revalúe criterios expuestos sobre  determinada  temática,  aspectos  que evidentemente tienden al desarrollo de la  jurisprudencia   y  que  en  el  presente  caso,  visto  la  importancia  y  trascendencia  del  asunto  que  se plantea, justifican el pronunciamiento de la  Sala.   

Igualmente,  se aprecia adecuado desarrollo  del  segundo  motivo  en  que  apoya  su  solicitud,  concretado  en  el posible  quebranto  del  derecho  fundamental de la menor víctima del delito a un normal  desarrollo  sexual,  con invocación precisa de los instrumentos internacionales  que  protegen  dicha  garantía  y  las  leyes  internas a través de las cuales  Colombia  a  adherido  a  tales  pactos,  que  en  consecuencia se integran a la  legislación  nacional,  así  como  su  carácter  de derecho fundamental y los  motivos  por  los  cuales  éste podría haber resultado vulnerado, en virtud de  las  argumentaciones  expuestas  por el Tribunal en el fallo atacado, las cuales  se  acusa  de  estar soportadas en prejuicios y conceptos de discriminación por  razón de la edad y condición de la víctima.   

Finalmente,  en  cuanto  hace  a  la demanda  presentada  por  la  censora,  ésta  se ajusta a las exigencias legales para su  admisión,  en cuanto se señala con precisión la causal invocada -primera,   cuerpo   segundo-,  el  tipo  y  modalidad   de   error   -de   hecho  por  falso  raciocinio-,  los  yerros  en concreto cuya existencia  acusa,  las reglas de la sana crítica desatendidas y su trascendencia frente al  fallo.   

En  suma,  la  admisión  de  la  demanda de  casación  por la vía discrecional es la decisión que corresponde adoptar a la  Sala  y,  en  consecuencia,  debe  surtirse  el  traslado pertinente para que el  Ministerio Público emita su concepto.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

    

1. ADMITIR     la   demanda  de  casación  discrecional  interpuesta  por la Fiscal 33 Delegada ante el Juzgado Promiscuo del Circuito de  Apía,    Risaralda,    por    las    razones    expuestas    en   la   anterior  motivación.     

2.            SURTIR  el  traslado  previsto  en  el  artículo  213  de  la Ley 600 de 2000 al Procurador  Delegado para que rinda el concepto correspondiente.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cúmplase.  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                 HERMAN      GALÁN  CASTELLANOS   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN           JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1  Sentencia  del  29  de noviembre de 2000, M.P. JORGE E. CÓRDOBA POVEDA, Proceso  Nº 17547     

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