23491(20-04-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  23491   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 027.  

         

Bogotá  D.C.,  abril veinte (20) de dos mil  cinco (2005).   

VISTOS  

Decide la Sala sobre la admisibilidad formal  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  ISIDRO  CASTRO  ORJUELA contra la sentencia  proferida  por el Tribunal Superior de Cundinamarca de fecha octubre 27 de 2004,  por  cuyo  medio  modificó en lo relativo a la pena la sentencia dictada por el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Chocontá  que  lo  condenó por el delito de  concusión.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El  supuesto  fáctico que dio origen a este  proceso   fue  declarado  por  el  ad-quem, en la sentencia  impugnada, de la siguiente manera:   

“El  Personero  Municipal del municipio de  Machetá,   CARLOS  HIPÓLITO  VARGAS  el  20  de  noviembre  de  2000  puso  en  conocimiento  de  la  fiscalía  que  el  Alcalde de ese municipio ISIDRO CASTRO  ORJUELA  declaró  insubsistente  a  VICTOR  ALFONSO  HERNÁNDEZ  PEÑA quien se  desempeñaba  como  Secretario  de Gobierno a través de un procedimiento que no  está  previsto  en ley y que JUAN DE JESÚS MORENO le comento que el mencionado  alcalde  era  deshonesto ya que pedía plata para la asignación de contratos de  obras  y  de transporte e inclusive le contó que él le había entregado el 10%  del  producto  de  una   contratación  que realizó con el municipio y que  sobre  el  contrato  de  alquiler  de  una  moto niveladora le había exigido el  15%.   Dicho  señor  también le hizo saber que su hermano HERNANDO MORENO  CASAS  quien  efectuó  contratos por la suma de $ 200.000.000.00 tuvo que darle  mucha  plata  al  Alcalde  para  que  le  asignara  los contratos.  Preciso  además  el  señor Personero que RICARDO CASTRO SANABRIA le dijo que el Alcalde  no  le tenía  más trabajo porque tenía que darle $ 1.800.000.00 y él no  los   tenía.   Por  tales  hechos  se  vinculó  al  proceso  a  ISIDRO  CASTRO  ORJUELA”.                 

Con  fundamento  en  los  hechos anteriores,  inicialmente  se  abrió investigación previa y, posteriormente, se declaró la  apertura  de  la investigación penal, dentro de la cual fue vinculado, mediante  indagatoria,    ISIDRO   CASTRO   ORJUELA,  a  quien  se  le  definió situación jurídica absteniéndose de  decretar  en  su  contra  medida  de  aseguramiento.   Dicha  decisión fue  revocada  en segunda instancia para, en su lugar, imponer la medida afectiva por  el delito de concusión.   

Clausurada la investigación, se calificó el  mérito  del  sumario  el  14  de enero de 2004 con resolución de acusación en  contra  del  procesado  por  el  mismo delito cobijado en la medida detentiva de  segunda instancia.   

El   trámite   del  juicio  correspondió  adelantarlo  al  Juzgado  Penal del Circuito de Chocontá, despacho que, una vez  surtió  el  rito  legal pertinente, dictó sentencia el 28 de junio de 2004 por  cuyo  medio  condenó al procesado a las penas principales de setenta y dos (72)  meses  de  prisión,  multa por sesenta (60) salarios mínimos legales mensuales  vigentes  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  un  tiempo igual a la prisión, al encontrarlo autor penalmente responsable  del  delito  de  concusión, “cometido en CONCURSO DE  CONDUCTAS PUNIBLES”.   

Contra  la  decisión adversa, interpusieron  recurso  de  apelación  el  procesado  y  su  defensor,  sobre  los  cuales  se  pronunció  el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca  el  27 de octubre de 2004,  modificándola  “en  el  sentido  de  que  la pena a  imponer  es  la  de 48 meses de prisión” y revocando  el  numeral  4°  de  la parte resolutiva para conceder a favor del procesado el  beneficio   de   la  prisión  domiciliaria.          

Dentro  del término de ejecutoria del fallo  anterior,  la  defensa  interpuso  recurso  extraordinario de casación, el cual  sustentó mediante demanda, sobre cuya viabilidad se ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

       

Con fundamento legal en la causal primera de  casación,  el  defensor  del  procesado  formula  un  cargo contra la sentencia  impugnada,  al  considerar  que  incurre  en  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  falso  juicio  de existencia “lo que  llevó  a la aplicación indebida de los artículos 404 del código penal;   a  la  vez  una  falta  de  aplicación de los artículos 29 de la constitución  nacional,  artículo  2°  del  código penal y 7° del código de procedimiento  penal”.   

En  la demostración del cargo, comienza por  señalar   el   libelista   que  se  incurrió  en  el  aludido  yerro  por  dos  razones.   En  primer  lugar,  indica,  por  cuanto  se  omitió una prueba  existente  en  el proceso y, en segundo lugar, por tergiversación del contenido  fáctico de varias pruebas testimoniales.    

Respecto  del  primer enunciado, señala que  ninguno  de  los  funcionarios  que  intervino  en  el  proceso  se  percató de  las   pruebas  documentales   “que ponen de  relieve  el  cumplimiento  estricto  con apego a la ley de la contratación, las  relaciones  contractuales  con  el  municipio de Machetá en cabeza del entonces  alcalde  Isidro  Castro  Orjuela,  con  las  personas que acuden al proceso como  testigos”.   

De  tal magnitud fue el yerro, sostiene, que  su   inobservancia  fue  determinante  para  que  se  hubiera  concluido  en  la  declaratoria    de  responsabilidad  de  su  defendido,  porque  permitían  demostrar  que  la  escogencia  de  los  contratistas  se  hacía por un comité  compuesto  por  funcionarios  de la administración en cumplimiento del deber de  selección objetiva y escogiendo a los mejores oferentes.   

Por  consiguiente,  si  los funcionarios que  intervinieron   en  el  proceso  hubieran  revisado  y  analizado  la  relación  contractual,  habrían  concluido que no hubo ningún tipo de atentado contra la  buena  fe  en  el  ejercicio  de  los  derechos  y las potestades de los sujetos  contractuales  e,  igualmente,  que  no  tenía  ningún  sustento  concebir  la  exigencia  de  dinero por parte del burgomaestre, puesto que simplemente era uno  de  los  seleccionadores;  de suerte que, de existir dicha presión, debió  comprender  a  todos los miembros del comité para asegurar la adjudicación del  contrato.   

Sobre  el  segundo postulado que encierra su  propuesta,  sostiene  que  el  fallador  tergiversó los sentidos de las pruebas  testimoniales obrantes en el proceso.   

De  ese  modo, destaca que se tergiversó el  dicho     de     Carlos     Germán     Castellanos  Cárdenas,  pues  pese  a  que  asegura  que  no tiene  conocimiento  de  las  “situaciones planteadas por la  fiscalía”,  se  le atribuye un grado de certeza que  no  se  ajusta  a  la  realidad  probatoria;  en especial cuando refiere al  episodio  relativo  a  la  presión  ejercida  por  el mandatario que sucedió a  CASTRO  ORJUELA en el sentido  de  otorgarle  contratos siempre y cuando declarara en este proceso en contra de  su prohijado.   

El   mismo   tratamiento  de  “no-evaluación,   conforme   a  la  sana  crítica”,    señala,   se   dio   a   los   testimonios   de   Hernando  Moreno  Casas, quien desmiente a  su  hermano  Juan  de Jesús,  sobre  la exigencia de dinero y al asentir que los pagos efectuados eran legales  y  que  correspondían a pólizas, publicación, impuesto de timbre, etc.;   de  allí,  que  el origen de la sindicación está en desavenencias políticas,  lo    cual    también    ratificó    José   Yesid  Moreno,  al  ser  enfático  en  ratificar  la actitud  asumida  por  Julio Cárdenas,  burgomaestre  que reemplazó al procesado, y el personero municipal, presionando  para  conceder  contratos solo a quien declarara en contra de  CASTRO ORJUELA.     

Así  mismo, Santos  Manuel  Salcedo  en la audiencia pública adujo que no  le  constaba  nada  acerca de la exigencia de dineros para otorgar contratos por  parte  del  mandatario  local;   a su vez, Arnulfo  Garzón  Hernández,  quien  fuera tesorero durante su  gestión,  manifestó lo mismo, y además puso de relieve que entre el alcalde y  Carlos  Vargas  se presentó  enemistad  política,  hasta el punto de que este último había manifestado que  lo  sacaría  en  menos  de un año y ella la razón para haber instaurado en su  contra  varias  denuncias.  También advirtió dicho deponente que la selección  del  contratista  la  tomaba  un  comité,  del  cual  formaban parte el jefe de  planeación, el tesorero y el secretario de gobierno.   

Por su parte, Jairo  Castillo  Ramírez fue concluyente en señalar que como  contratista  no  le fue exigida ninguna suma de dinero ni por parte del alcalde,  ni  por  ningún  miembro de su  administración municipal, mientras que el  alcalde  Julio Cárdenas y el  personero  constriñeron  para  que  se  declarara  en  contra de su defendido a  cambio    de    la   adjudicación   de   contratos   con   la   administración  municipal.   

Infiere de lo anterior que en el fallo objeto  del  recurso  se olvidaron pruebas de gran importancia incurriéndose así en un  falso  juicio de existencia por omisión que concluyó en una decisión distante  de  la  realidad procesal y probatoria “puesto que se  demostró  que la actividad realizada por Isidro Castro Orjuela estaba enmarcada  dentro  de  las  funciones legítimas de su cargo público, el cual desempañaba  de  buena  fe  y  conforme  a la Ley, es decir, en su comportamiento no existió  dolo,  quedando  necesariamente  exento  de responsabilidad penal”.   

Concluye,  entonces,  que  si el fallador de  segunda    instancia    hubiera    apreciado    los    documentos   “y    analizado    a   fondo   los   testimonios”   reseñados,  no  habría  incurrido en el yerro referido, lo cual le  conduce  a  solicitar  se  case  la sentencia impugnada y, en su lugar, se dicte  “la   que   en  derecho  corresponde”.           

               CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Único  cargo contenido en la demanda:   Causal   primera,    error   de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia:   

         

          1.   La  demanda  de  casación  presentada por el defensor del  procesado    ISIDRO   CASTRO   ORUJELA   no  satisface  los  presupuestos  formales previstos en el artículo  212  de  la  Ley  600  de  2000, motivo por el cual la decisión que corresponde  adoptar  es  la  de  inadmitirla,  de  conformidad con el efecto señalado en la  siguiente disposición del mismo ordenamiento.   

A  la  anterior  conclusión  se  llega  de  conformidad  con  las  siguientes  razones  que  surgen  luego  de confrontar la  demanda con el fallo de segundo grado y con el proceso:   

El  demandante  invoca  la causal primera de  casación  por considerar que la sentencia incurre en violación indirecta de la  ley  sustancial  y refiere al respecto que el yerro que se suscita en torno a la  apreciación   de  la  pruebas  es  un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia;   sin  embargo,  en  el  desarrollo  del  cargo  alude  que  se  verificó  por  confluir  dos  situaciones:   por  una  parte  por omisión  probatoria   y,  por  otra,  porque  se  habrían  tergiversado  los  contenidos  fácticos    de    algunas    declaraciones   que   obran   en   favor   de   su  defendido.   

Si  bien es cierto, como lo tiene sentado la  reiterada   jurisprudencia   de   la  Sala,  la  omisión  de  la  prueba  y  la  tergiversación  de  su  contenido  son  modalidades  del  error  de  hecho,  su  naturaleza   es   diversa.   El  primero  constituye  un  falso  juicio  de  existencia,  mientras  el  segundo  un falso juicio de identidad;  luego es  incorrecto,  como  lo  hace  el  censor,  aducir que ambos hacen parte del falso  juicio de existencia.        

La  anterior incorrección no tendría mayor  incidencia  si  el en contexto de la censura se hubiera desarrollado cada uno de  los  errores  planteados  de  acuerdo con su verdadera esencia y en forma clara,  pues  de  ese modo se estaría ante un simple desacierto nominal que no tendría  la  entidad  suficiente  para frustrar el propósito que se traza el impugnante,  como   en  forma  pacífica  lo  ha  sostenido  la  Sala  en  procura  de  darle  preponderancia      al     derecho     sustancial     sobre     el     meramente  instrumental.   

Empero,  lo  que se logra colegir, es que el  casacionista  no  diferencia  correctamente la naturaleza de los diversos yerros  de  apreciación  probatoria que configuran el denominado error de hecho, en esa  medida,  termina  por  confundirlos  y,  lo  que  es más grave, no denuncia una  falencia   que   ponga   de  manifiesto  la  ilegalidad  del  fallo  que  ataca.   

Por lo anterior, oportuno se ofrece recordar  las  características  que  identifican  las diferentes modalidades del error de  hecho  y  los  pasos  que  debe  seguir  el  casacionista con el objeto de   demostrar su producción.   

                En efecto, de acuerdo con  la  inveterada  jurisprudencia  de  la  Sala se incurre en error de hecho por la  comprobación  fehaciente  de  que  el  sentenciador  incurrió  en los llamados  falsos  juicios  de  existencia,  raciocinio,  o  de  identidad.  Ocurre el  primero  cuando un medio de prueba es excluido de la valoración que efectúa el  juzgador  no  obstante obrar materialmente en el proceso (ignorancia u omisión)  o  porque  el  juzgador  lo  inventa  o  crea  a  pesar  de  que no existe en el  expediente (suposición o ideación).   

A  su  turno,  el  segundo  yerro se origina  cuando  el  sentenciador  aprecia  la  prueba desconociendo los postulados de la  sana  crítica  (raciocinio)  y,  el último, cuando tergiversa o distorsiona su  contenido  objetivo,  para  hacerla  decir  lo que ella no expresa materialmente  (identidad).   

Si  se  trata de un error de hecho por falso  juicio  de  existencia  por  omisión,  modalidad  que invoca el censor, resulta  necesario  identificar la prueba ignorada en la sentencia sobre la cual recae el  yerro  que  se denuncia; subsiguientemente, es indispensable hacer ver que dicha  probanza existe en el proceso.    

Por su parte, cuando lo que se alega es un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de identidad debido a la tergiversación o  distorsión  de  la  prueba,  es  necesario  que  se individualice o concrete la  prueba  sobre  la  cual recae el supuesto yerro.  Luego de estar plenamente  determinado  el  medio  de  persuasión  que acusa el defecto que se endilga, el  demandante  debe mostrar cómo fue apreciada por el fallador y de qué forma esa  valoración  tergiversa  o distorsiona su contenido material, en tanto esa es la  circunstancia   que   determina  su  procedencia;  en  otras  palabras,  resulta  indispensable  que se enseñe mediante un cotejo objetivo efectuado entre lo que  valoró  el  fallador y lo que en verdad contiene la prueba, que hubo supresión  o  agregación  de  su  contexto real para inferir que en realidad se alteró su  sentido.      

Y,  por  último,  si  lo  que se procura es  demostrar  que  se  incurrió  en  un  error  de  hecho por falso raciocinio por  desatención  de  las  reglas  de  la  sana  crítica, el demandante está en la  obligación  de  identificar  la  prueba  sobre la cual recae el yerro; luego, a  establecer  el  mérito  que  se  le  otorgó  al  medio  de  convicción  en la  sentencia,  a la vez que debe señalar cuál es el postulado de la sana crítica  que  en  su criterio fue vulnerado, esto es, el principio lógico, la máxima de  la  experiencia o la regla científica quebrantada. Inmediatamente debe vincular  esa   apreciación  con  la  regla  aludida  demostrando  en  dónde  radica  el  desvío.   

En  todos  los casos es preciso que el actor  efectúe  la  demostración  atinente  a  que el medio de prueba tergiversado es  incidente  de  cara  a  lo  resuelto  en  el  fallo,  esto es, que de no haberse  incurrido  en  el  error  necesariamente  lo  decidido debe variar de una manera  favorable  para  quien pretexta el error y, si es el caso (cuando el fallo está  sustentado  en  otras  pruebas),  es  necesario efectuar una labor de cotejo con  esos  restantes medios de prueba a fin de establecer que no son suficientes para  mantenerlo,  pues en el evento de que ello se vislumbre, es claro que la censura  carece   de   trascendencia  y,  en  consecuencia,  no  fructifica  la  crítica  emprendida.        

Vistas las diferentes modalidades de error de  hecho,  es  claro  que  son  disímiles y excluyentes entre sí cuando se alegan  respecto  de un misma prueba, por lo que no es correcto el manejo indiscriminado  que el censor les otorgó en la única censura que propone.   

Especialmente  se  vislumbra  la  anterior  falencia  en  la segunda parte de su propuesta, al referir que las declaraciones  que  favorecen  a  su  prohijado no fueron evaluadas (falso juicio de existencia  por  omisión),  a  la  vez  se  tergiversaron  (falso  juicio  de identidad) y,  además,  no se valoraron conforme a la sana crítica (falso raciocinio), con lo  cual        pone        en        evidencia        su        confusión       al  respecto.          

Sobre el particular, conviene precisar que de  acuerdo  con  lo  señalado en precedencia el acto de distorsionar o tergiversar  la  prueba  no consulta con la naturaleza del error de hecho por falso juicio de  existencia  por  omisión  toda  vez  que  sólo  se  puede  distorsionar lo que  necesariamente  ha  sido  apreciado  y,  por consiguiente, no se verificaría la  preterición  que  pregona  el  censor. Lo mismo ocurre con el falso raciocinio,  pues  también  es  indispensable  para que se desconozcan las reglas de la sana  crítica  en  la  ponderación  de  una  prueba,  que  ésta haya sido objeto de  valoración,  lo  cual  desde  el  punto  de vista fenomenológico se opone a la  exclusión   propia   del   falso   juicio   de   existencia   invocado  por  el  actor.   

Por   otra   parte,   se   tiene   que  el  cuestionamiento  contenido en todo el reproche, tanto en la primera parte, en la  cual   destaca  la  omisión  in  genere  de  los  documentos  referidos  al  trámite contractual, como en la  segunda,  en  donde refiere a la tergiversación y desconocimiento de las reglas  de  la  sana  crítica  en la valoración de algunas declaraciones favorables al  procesado,  apunta  exclusivamente  a  controvertir  desde  su  estricta visión  personal        el        mérito        que        les       confirió       el  sentenciador.        

Ciertamente, en torno al reparo contenido en  la  primera  parte  de  la  censura,  sin  dificultad  alguna se advierte que el  propósito  del  actor  no  es demostrar que dichos documentos fueron omitidos y  que  esa  omisión  fue incidente en el juicio de responsabilidad del procesado,  sino  que  de  tales  pruebas  surgen conclusiones favorables para su defendido,  distintas,  desde  luego, a las que dedujo el fallador; vbg. señala que como en  la  selección  de  los  contratistas  intervino  un  comité, no es creíble la  exigencia  económica aislada de parte del mandatario, cuestionamiento que no se  aviene  ni  con  la  naturaleza  del  yerro  invocado,  ni  con  la  del recurso  extraordinario que concita la atención.      

El   otro   efecto  que  pretende  con  la  apreciación  de  los  documentos es demostrar que en el trámite contractual no  se  desconocieron  las  reglas  que  regulan  la materia, aspecto que en momento  alguno  se  cuestionó  en  la  sentencia  impugnada  y  que precisamente por no  constituir  aspecto  medular  del  proceso  seguido  en  contra  de ISIDRO  CASTRO  ORJUELA, cuya atención se  focalizó  en  las  exigencias económicas del mandatario a los contratistas, no  ameritó   el  despliegue  que  pretende,  lo  cual  no  implica  que  se  hayan  desconocido,   por  tratarse  simplemente  de  una  temática  que  se  dio  por  sentada.           

Con mayor énfasis se evidencia la anterior  falencia  en  la  segunda  parte  de  la  censura  en  donde  el  actor  refiere  principalmente  a  la  tergiversación  de  algunas  declaraciones  favorables a  CASTRO      ORJUELA,  cuestionamiento  que  no resulta ser otra cosa que la directa contraposición de  su  criterio  con  el  de  los  juzgadores,  discusión  que,  como ya se había  expuesto,  no  tiene  cabida  en  el  marco  del  recurso  que se ventila.    

Bastante  se  ha  insistido  por esta Sala,  cuando  se aborda la naturaleza de este medio extraordinario de impugnación, en  el  sentido de que no está concebido para dirimir confrontaciones que surjan de  la  convicción personal que se tenga sobre la apreciación probatoria, en tanto  no  constituye  una  tercera instancia.  Además, tampoco se tuvo en cuenta  que  el  fallo  llega  a  la sede cobijado por la doble presunción de acierto y  legalidad,  la  cual  no  se desvirtúa con la simple exposición de un criterio  particular,  sino  con  la demostración de errores trascendentes que socaven su  legalidad.   

El principio de limitación que regenta este  medio   extraordinario   de   impugnación,  y  que  por  vía  legal  encuentra  consagración  en  el  artículo  216 del estatuto procesal penal, impide a esta  Sala  subsanar  las  incorrecciones señaladas de la demanda, razón por la cual  se  impone  su  inadmisión,  tal  como lo señala el artículo 213 ejusdem.   

2.   Ahora  bien,  no  obstante que la  decisión  que  corresponde adoptar es la de inadmitir el libelo, de conformidad  con  las  precisiones  contenidas  en  el  anterior  acápite,  se  advierte una  eventual  vulneración  de garantías fundamentales en la actuación, situación  que   amerita   escuchar  el  concepto  del  señor  Procurador  Delegado,  como  recientemente   se   ha   procedido   por   la   Sala   frente   a   situaciones  similares1.        

En     efecto,     el    ad-quem  modificó  la  pena  de  prisión  impuesta  al  procesado reduciéndola de 72 a 48 meses, tras verificar que se le  condenó    por    un    concurso    de    conductas    punibles    “cuando  en  la  resolución de acusación tan solo se le endilgó  una          conducta          delictiva”2;  sin  embargo,  no  se  tomó  igual  determinación  con respecto a la pena de multa que se le impuso, la cual  fue  incrementada  en  diez  salarios  mínimos legales mensuales por el juez de  primer grado en virtud del concurso.   

La anterior situación puede comprometer las  garantías  fundamentales de CASTRO ORJUELA,  por  lo  que  amerita  escuchar  el  concepto  del  señor  Procurador  Delegado  en  lo Penal  únicamente en cuanto a este tópico.   

         3.   Lo expuesto constituye razón suficiente para que la Corte  inadmita  la  demanda  presentada  por  el  defensor  del procesado ISIDRO    CASTRO    ORJUELA,   pero   disponga   correr  traslado  al  Ministerio  Público  para  que  se  pronuncie  en  relación  con  la  eventual  vulneración  de  garantías  fundamentales  que  se evidencia en la actuación.             

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

        1.-                     INADMITIR  la demanda  de   casación   interpuesta   por   el  defensor  de  ISIDRO  CASTRO  ORJUELA, por  las razones expuestas en la anterior motivación.   

         

2.-  CORRER  traslado al Ministerio Público por  el  término  de  20  días para que conceptúe sobre la posible vulneración de  garantías   fundamentales   del   procesado   CASTRO  ORJUELA.   

Contra  este  proveído  no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                                 HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                     ÉDGAR     LOMBANA  TRUJILLO           

ÁLVARO      ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN           JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            MAURO SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

1  Véanse  entre otros, autos de fecha agosto 19 de 2004, radicación 21302;   M.P.  Dr.  Yesid  Ramírez  Bastidas, 22082, del 18 de noviembre del mismo año;  M.P.  Dr.  Mauro  Solarte  Portilla  y  22135 del 19 de enero de 2005; M.P. Dra.  Marina Pulido de Barón.         

2 Folio  55 del cuaderno del Tribunal.     

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