23471(11-05-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23471  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado acta número 037  

Bogotá.  once de mayo de dos mil cinco    

          Decide  el  despacho  si es admisible la demanda de casación que el  defensor  de  JORGE ORLANDO BARONA QUINTERO  interpuso contra la sentencia de segunda instancia proferida el 25  de  octubre de 2004 por el Tribunal superior de Cali, mediante la cual confirmó  la  del  Juzgado  doce penal del circuito de la misma sede, que lo condenó a la  pena  principal de doce meses de prisión como autor del delito de encubrimiento  por receptación.   

HECHOS  

          En  las  horas  de  la  noche  del  8 de abril de 2000, la Unidad de  reacción   inmediata   de  la  Policía  de  Bogotá  capturó  a  Jorge  Orlando  Barona  Quintero,  junto a  tres  personas mas, cuando en el sur de la ciudad se movilizaban en la camioneta  Ford  Explorer  de  placas CFL 766, que cuatro días antes había sido reportada  como   hurtada   en   la   ciudad   de   Cali   y   cuya  tenencia  Barona      Quintero      no      supo  explicar.           

ACTUACION PROCESAL  

          La Unidad de reacción  inmediata  de  la  Fiscalía  abrió  investigación penal el día 8 de abril de  2000        (fs.,  47)   y  ordenó  vincular  mediante  diligencia  de  indagatoria  a  Jorge  Orlando  Barona Quintero,  a  quien  mediante  providencia  del  13  de abril de ese año le  impuso   medida  de  aseguramiento  como  posible  autor  del  delito  de  hurto  calificado  y agravado, mientras que se abstuvo de hacerlo respecto a los demás  indagados      (fs.,  99).   

          Luego  de  clausurada  la investigación, la Fiscalía 124 Seccional  de  la  Unidad de Patrimonio Económico, mediante providencia del 20 de junio de  2000,  acusó  al  sindicado  por  la  posible  comisión  del  delito  de hurto  calificado  y  agravado,  al  tiempo  que dispuso precluir la investigación con  respecto    a    los    demás    procesados    (fs.,  195).   

          El  proceso  se  radicó,  por competencia, en el Juzgado doce penal  del  circuito  de Cali, autoridad que luego de preparar el juicio, celebró el 4  de  febrero  de  2003  la diligencia de audiencia pública, en la cual el fiscal  varió  la  calificación  jurídica  por  iniciativa  del  Juez  de  la  causa,  imputándole  al  procesado el delito de encubrimiento por receptación en lugar  del   de   hurto  calificado  y  agravado  que  le  fue  atribuido  inicialmente  (fs.,   275).   

         

          El  30  de  julio  de  2004,  el  Juzgado  declaró  a  Barona             Quintero  penalmente  responsable  de  la  comisión  del  delito de encubrimiento por receptación y lo condenó a la pena  principal  de doce meses de prisión (fs., 302 cuaderno  2),  en  decisión  que  fue confirmada por la Sala de  decisión  penal  del Tribunal superior de Cali el 25 de octubre del año pasado  (fs.,       354      cuaderno      2).   

DEMANDA     DE  CASACION   

          Precisando  que  por  el  quantum  de  la  pena  acude  en casación  discrecional,  el  demandante  con  apoyo  en el causal segunda formula un cargo  contra la sentencia de segunda instancia.   

         

          Es  evidente,  dice  el  demandante,  que  la  fiscalía  acusó  al  sindicado  de  la  comisión  del  delito  de  hurto calificado y agravado; como  también  que fue en la diligencia de audiencia pública en donde aceptó variar  la  calificación  jurídica provisional, para atribuirle al procesado el delito  de  encubrimiento  por  receptación,  por  el  cual  fue  finalmente condenado.   

          A  su  juicio,  de  esa  secuencia  se  puede concluir que no existe  congruencia  entre  los  cargos formulados en la acusación y la sentencia, pues  durante  el  transcurso  de  la  investigación  se  acusó  al procesado por la  comisión  de  un  delito  de  contenido  patrimonial,  para  luego  y  al final  imputarle un delito contra la administración de justicia.   

          Ese  modo  de  actuar  le  habría  impedido  ejercer  el derecho de  defensa,  pues  se  sorprendió al acusado con una imputación que no respeta el  eje  conceptual fáctico en que se funda la acusación. En tal razón, ha debido  absolvérsele  por  el  delito de hurto y no imponerle una pena por una conducta  totalmente distinta.   

          Solicita,  en  consecuencia,  que se case la sentencia y en su lugar  que  la  Corte dicte el fallo de reemplazo en el cual se absuelva a su defendido  del cargo que le fuera imputado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Primero: Teniendo en cuenta que la ley que  gobierna  el  recurso  de casación es la vigente al momento de comisión de los  hechos    1,   la   llamada   a   regirlo   es  la  553  de  2000  2,  teniendo en  cuenta  que aquellos ocurrieron el 8 de abril de ese año. En tal virtud, según  esa  legislación,  el  recurso  de  casación  procede  contra  las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por  los Tribunales superiores y el Tribunal  Superior  Militar,  en  los  procesos que se hubiesen adelantado por delitos que  tengan  señalada  pena privativa de la libertad cuyo máximo exceda de ocho (8)  años.   Para   los  demás,  queda  abierta  la  posibilidad  de  la  casación  discrecional,  siempre  y  cuando  se busque proteger garantías fundamentales o  procurar  el desarrollo jurisprudencial. Como la pena del delito por el cual fue  condenado   el   sindicado  (receptación),  tenía  asignada  para ese tiempo una pena máxima de cinco años  de  prisión,  debía  el  demandante ajustar la demanda a las previsiones de la  casación discrecional.   

          Segundo:  No  expresó  el  demandante  en  concreto  a  cuál  de  la  opciones  vinculadas  con  el  recurso  de casación  discrecional  se  refiere,  pero  de  la  exposición del cargo se deduce que su  finalidad  es  la  de  proteger  las garantías fundamentales del sindicado y en  particular  su derecho al debido proceso, en el entendido que la correspondencia  que  debe  existir entre los cargos formulados en la resolución de acusación y  la  sentencia,  “es  una  garantía  que está ínsita en la matriz del debido  proceso.”   3   

          No  obstante  que  se alcanza a percibir que ese es el motivo por el  cual  acude  en  casación,  lo  cierto es que apenas enuncia ese planteamiento,  destacando  eso  si que la fiscalía varió la calificación jurídica y que por  esa  especifica  conducta  se condenó al acusado, de modo tal que no alcanza la  Corte  a entender porqué se le convoca a que discrecionalmente asuma la defensa  de  la  ecuación  entre  acusación  y  defensa,  si, según lo afirma el mismo  demandante, fue respetada en la sentencia.   

          Tercero:  Podría pensarse, con fundamento  en  la  interpretación  de  un  cargo  elaborado  sin  precisión,  claridad  y  coherencia,  que lo que censura el defensor es la variación de la calificación  jurídica  provisional que en su momento hizo la fiscalía. Sin embargo, si ello  fuese  así,  ese  tema  ya  no corresponde a la estructura de la causal que fue  seleccionada,  sino  a la tercera, pues se trataría no ya de denunciar la falta  de   equivalencia   entre  la  acusación  y  la  sentencia,  sino  de  defectos  implícitos  en  el  acto  de  acusación.  Pese  a  ello,  lo  expuesto  por el  demandante  es  insuficiente  para motivar a la Corte a intervenir en defensa de  una  garantía  que  no  tiene  la  suficiente  acreditación, pues para ello se  requiere,  según  la  legislación de antes y la actual, que se plasme en forma  clara  su  desconocimiento,  cuya  defensa incluso puede asumir oficiosamente la  Corte,  pero  para lo cual ahora, por lo expuesto, carece de motivos suficientes  para hacerlo.   

          Cuarto:  Al incumplir con los presupuestos  de  procedibilidad  que la casación discrecional exige y al no haber articulado  los  cargos  con  claridad, precisión y coherencia, de acuerdo a la opción que  se  busca  –  que  bien  puede  ser  la defensa de garantías fundamentales o el  desarrollo de la jurisprudencia -, la demanda no puede admitirse.   

Tampoco advierte la Sala que sea necesaria su  intervención  en orden a defender garantías fundamentales que le abran espacio  a  la  casación  oficiosa,  de  modo  que  la  inadmisión  de  la  demanda  es  imperiosa.   

Por lo expuesto, LA  CORTE    SUPREMA    DE    JUSTICIA,    SALA    DE   CASACION   PENAL,   

RESUELVE  

          Inadmitir  la  demanda de casación discrecional presentada a nombre  de    JORGE   ORLANDO   BARONA   QUINTERO por su defensor.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Notifíquese, cúmplase y  devuélvase al tribunal de origen.   

MARINA   PULIDO   DE  BARON   

Aclaración de voto  

  SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                      HERMAN                GALAN  CASTELLANOS   

Permiso  

ALFREDO            GÓMEZ  QUINTERO           EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO   

ALVARO         O.        PÉREZ  PINZON                       JORGE   L.  QUINTERO  MILANÉS   

YESID            RAMÍREZ  BASTIDAS              MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA     RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

1 Cfr.,  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de casación penal, auto del 16 de febrero de  2005, M.P. Alfredo Gómez Quintero   

2 Los  efectos  de  la  sentencia  C  252  de  2001,  mediante  la  cual se declaró la  inexequibilidad  de  apartes de la ley 553 de 2000, no afectan la definición de  la  procedencia  del  recurso  en  lo  que  se refiere a los límites punitivos.   

3 Corte  Suprema  de  Justicia,  sentencia  de  casación del 25 de febrero de 2004, M.P.  Jorge Anibal Gómez Gallego.     

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