23406(23-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  23406   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.78  

Bogotá D.C., veintitrés (23) de mayo de dos  mil siete (2007).   

VISTOS  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  los   fundamentos   lógicos  y  de  debida  argumentación  de  la  demanda  de  casación   presentada  por el defensor del procesado GERARDO PORRAS RAMOS,  contra  el  fallo  de  segundo  grado  emitido  el  6  de octubre de 2004 por el  Tribunal  Superior  de  Tunja,  mediante  el  cual  revocó  el proferido por el  Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito del mismo Distrito Judicial, y en su lugar  lo  condenó  como  autor penalmente responsable del delito de homicidio doloso.  En  la  misma decisión se condenó a Froilán Torres Castellanos como autor del  ilícito de homicidio culposo.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Fueron  resumidos  por  el  Tribunal  de  la  siguiente forma:   

“El 14 de septiembre de 1.996 a eso de las  5:00  a  5:30  de  la  tarde,  varias personas departían en la finca El Placer,  vereda  San  Pedro,  jurisdicción del Municipio de San Pablo de Bobur, después  de  haber  asistido  a  unas riñas de gallos y de ingerir bebidas embriagantes.  Gerardo  Porras  y  Rosalba Poveda Porras se encontraban en un cuarto de la casa  de   propiedad   de   Teodolindo   Torres   Zárate,  donde  expendían  bebidas  embriagantes,  y  entre  los  primeros  se presentó una discusión que hizo que  Rosalba  accionara  una  pistola 9 mm en dirección a la calle, hiriendo a José  Teodolindo  Torres  Castellanos  conocido  como  Chepe.  Como  a los dos minutos  Gerardo  Porras  Ramos  empuja  a Rosalba Poveda Porras, la hace caer al suelo y  aprovecha  esa  circunstancia  para dispararle en cuatro oportunidades, causando  su  deceso. Froilán Torres Castellanos al ver agredida a su tía Rosalba Poveda  Porras  saca  una pistola que se le dispara e impacta a Hilda María Castellanos  Franco,  su madre, quien fallece en ese momento, y a sus hermanos Ángel Eduardo  Torres  Castellanos,  Mauricio  Porras  y  a Teodolindo Torres Zárate, a quines  hirió”.   

La Fiscalía General de la Nación adelantó  la  indagación  preliminar  contra GERARDO PORRAS RAMOS a la cual incorporó la  adelantada  en disfavor de Froilán Torres Castellanos y mediante resolución de  4 de noviembre de 1997 abrió formal instrucción penal.   

Vinculados  a  través  de  declaración  de  persona  ausente,  la  situación jurídica de GERARDO PORRAS RAMOS se resolvió  el  13  de  septiembre  de  2001  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  sin beneficio de la libertad provisional, como presunto responsable  del  delito  de  homicidio doloso en la persona de María Rosalba Poveda Porras,  ilícito  por  el cual posteriormente se le acusó mediante resolución de 25 de  septiembre de 2002.   

En  la  misma  decisión  de  calificación,  —al  no  ser  necesario  resolver  previamente  la situación jurídica de Froilán Torres Castellanos en  la  legislación  bajo  cuyo  régimen  se  adelantó  la actuación—, se le acusó del delito de homicidio  culposo  agravado  en la persona de Hilda María Castellanos Franco, en concurso  con  lesiones  personales.  También  ante  la prescripción de la acción penal  derivada  de  los  delitos de lesiones personales ocasionadas a José Teodolindo  Torres  y  porte ilegal de armas se precluyó la investigación a favor de ambos  procesados.   

En  firme la resolución de acusación el 10  de  enero  de  2003  al  no  ser  objeto  de impugnación, la fase del juicio la  adelantó  el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Tunja, despacho que luego de  llevar  a  cabo  el  acto  público  de juzgamiento, a través de fallo de 26 de  noviembre  de  2003  absolvió  a  GERARDO  PORRAS  RAMOS del cargo formulado al  reconocer  la  causal  excluyente  de  responsabilidad  basada  en  la legítima  defensa.  Igual  determinación  adoptó respecto de Froilán Torres Castellanos  al aplicar en su beneficio el principio de resolución de duda.   

En  virtud del recurso de apelación elevado  por  el  representante  del  Ministerio  Público, el Tribunal Superior de Tunja  mediante  fallo  de  6 de octubre de 2004 revocó la decisión absolutoria, y en  su  lugar  condenó  a  GERARDO  PORRAS RAMOS como autor del delito de homicidio  doloso  a  la  pena principal de catorce (14) años de prisión y a la accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el  término  de  diez  (10)  años.  De  la misma manera condenó a Froilán Torres  Castellanos  por  el ilícito de homicidio culposo pero prescindió de imponerle  la  sanción  por  considerarla  innecesaria  ante  la  aflicción  producida al  causarle  la muerte a su progenitora, al tiempo que confirmó la absolución por  el delito de lesiones personales.   

LA  DEMANDA   

El defensor de GERARDO PORRAS RAMOS interpone  recuso  extraordinario  con  la  formulación de un cargo al amparo de la causal  primera de casación por violación indirecta de la ley sustancial.   

Denuncia  la  aplicación  indebida  de  los  artículos  232 de la Ley 600 de 2000 y 103 del Código Penal, con la exclusión  evidente  del  numeral  6º  del  artículo  32 del mismo código sustantivo que  contempla   la   causal   de   ausencia   de  responsabilidad  de  la  legítima  defensa.   

Estima el censor que el Tribunal incurrió en  un   error   de   hecho  por  falso  juicio  de  identidad  al  tergiversar  las  declaraciones  de  Nidia  Johana Cortes Poveda, hija de la occisa Rosalba Poveda  Porras,  de  José Miguel Rodríguez Páez y Willinton Ortiz Porras al tomar sus  dichos   de   forma  fraccionada  para  otorgarles  credibilidad,  a  cambio  de  desestimar  las  manifestaciones de Teodolindo Torres Zarate, Luis Eduardo Ramos  Rincón,  Oscar  Darío  Porras  Ramos,  José  Mauricio  Porras Ramos y Horacio  Sánchez  Cortes  que,  si  bien  contienen algunas diferencias, confluyen en lo  esencial  acerca  de la concurrencia de los elementos de la legítima defensa en  la  que  actuó  su  defendido,  tal  y  como  lo  concluyó  el  juez de primer  grado.   

En  este  orden,  en  criterio del libelista  está      acreditado      que:     i)   la  víctima, María Rosalba Poveda Porras al momento de los  hechos  estaba  armada  y  disparó  no  al  aire  o  hacia  fuera  en señal de  intimidación,  sino hacia la humanidad de GERARDO PORRAS RAMOS hiriendo a José  Teodolindo   Torres  Castellanos  quien  se  encontraba  con  él,  ii)  al  momento  de  disparar  no  sólo  agredió  ilegítimamente a las personas que se encontraban en el lugar sino que  puso  en  peligro  el  bien  jurídico  de  la  vida  de  GERARDO  PORRAS RAMOS,  iii)  tal  agresión  fue  además   antijurídica,   intencional,   actual   e   inminente,   iv)  la  reacción  defensiva  de  PORRAS  RAMOS  fue  necesaria  para impedir que ella siguiera disparando, máxime cuando  vio        herido       a       José       Teodolindo       Torres,    v)  la  defensa  fue  proporcional  a la agresión dada la  actitud  agresiva  de  la  víctima  y  su  avanzado  estado  de  embriaguez,  y  vi)     la  reacción  del  procesado fue legítima  pues el ataque estaba dirigido contra él.   

Por  lo  anterior,  refuta  las  siguientes  conclusiones del Tribunal:   

1.            Que  entre la víctima y el procesado se  hubiera  presentado una discusión al parecer porque éste le quería comprar un  arma  de  fuego  que  ella tenía, porque en criterio del demandante, según las  manifestaciones  de  Teodolindo Torres Zarate y Oscar Darío Porras el altercado  obedeció  a  una  riña  de  gallos  y  por  el  estado  de  embriaguez  de  la  mujer.   

2.              Que  ante  el disparo realizado por la  mujer,  la  reacción no fue inmediata, pues mediaron dos o tres minutos, porque  según  el  censor  tal  expresión  de  tiempo  es  relativa y no se debe tomar  literalmente  dado que ante una situación de emergencia y pánico el transcurso  de  unos  tres  o  cuatro  segundos  debe parecer una eternidad, sin que aún el  eventual  intervalo de uno o dos minutos conllevara la desaparición del peligro  ni la actualidad e inminencia del ataque.   

Agrega  el  defensor  que  los  testigos son  contestes  en  afirmar  que después de escuchar el primer disparo se formó una  balacera  pues  había  allí  gente  armada  al punto que resultó otra persona  muerta y varios heridos.   

3.            Que   el   enjuiciado   haya           empujado   a   la   víctima   y   que   aprovechara   cuando   estaba  en  el  piso  inerme  para  dispararle  en  la cabeza y en el brazo en posición de espaldas causándole la  muerte,  pues  en atención a que el médico rural de  San  Pablo  de  Bobur  no  practicó  debidamente  la necropsia al cadáver para  establecer   la   trayectoria   de   los   proyectiles   y  sólo  practicó  un  reconocimiento  médico,  se  desprende  claramente  que  la  occisa no recibió  algún  golpe previo en los  ojos,  ya  que  se anota que “presenta además edema  periorbitario     derecho    sin    laceración    en    piel    ni    estallido  ocular”,    siendo    así    el    edema  consecuencia lógica de la laceración cerebral, máxime que  ningún  testigo  refiere  algo  relacionado  con  el  golpe.   

Sostiene  que  del  reconocimiento  médico  también  se  establece  que  no  es  cierto  que el procesado le haya propinado  cuatro  disparos  estando  la víctima de espaldas y en el suelo, pues se anotan  allí  sólo  tres  heridas,  ninguna  de  ellas  por  la  espalda,  además, no  presentan  tatuaje,  lo  que  indica  que  fueron  hechos  a más de un metro de  distancia,  pues si hubiera sido como lo concluyó el Tribunal al estar la mujer  en  el  suelo  y  el  victimario  de  pie  debían mediar unos 60 centímetros y  necesariamente habrían vestigios de pólvora.   

Señala  que sólo la hija de la interfecta,  Nidia  Johana  Cortes  Poveda indica que el procesado le pegó dos puños en los  ojos  a  la víctima, lo que avalan sus sobrinos José Miguel Rodríguez Páez y  Willinton  Ortiz Porras, testimonios que “por simple  lógica”,     dada     la    familiaridad,    son  parcializados.   

En  el  mismo  sentido, para el defensor se  denota  la  temeridad  en  el dicho de Nidia Johana Cortes Poveda al indicar que  GERARDO  PORRAS también le  disparó   a   ella   y   le   atravesó   de   lado   a   lado   una   camiseta  ombliguera   sin  causarle  un  rasguño,  cuando  al usarse esta prenda ajustada al cuerpo debió causarle  algún    daño    en   su   integridad,  o  cuando  afirma  la  atestante  que  la    diligencia    de  levantamiento  de  los  cadáveres  la  realizó el inspector de Policía de San  Pablo  de  Borbur,  ya que contrariamente la  misma  fue  adelantada  por el secretario del juzgado municipal  pero   como   persona   particular   ya   que   se   encontraba  disfrutando  de  vacaciones.   

Para  resaltar  el  yerro  del  Tribunal  al  otorgarle  credibilidad  a  los dichos de los menores Nidia Johann Cortes, José  Miguel  Rodríguez  y  Willinton  Ortiz Porras, destaca el censor que aún estos  declarantes  se  equivocan  al  describir  la  indumentaria  del procesado y son  contrarios  a  la  realidad  en  cuanto a la forma como realmente ocurrieron los  hechos.   

Insiste  en  que el disparo realizado por la  víctima  estuvo  dirigido  hacia la humanidad de GERARDO PORRAS como lo refiere  Oscar   Darío   Porras   Ramos,   sólo   que   lo  recibió  José  Teodolindo  Torres.   

Para el censor, las reglas de la lógica y la  experiencia  enseñan que si una persona, como su defendido, está armada y otra  le  dispara  no  va  a reaccionar empujándola y tumbándola al suelo para luego  dispararle,  la  reacción  lógica  es accionar inmediatamente el arma, como en  efecto  lo  hizo,  dado  que  la  agresora  tenía  una  pistola  9  mm con gran  posibilidad de que siguiera disparando.   

La  trascendencia  del yerro la encuentra en  que  en  contra  del  principio  de  presunción  de  inocencia se condenó a su  defendido   a  la  pena  de  catorce  años  afectando  así  su  derecho  a  la  libertad.   

Por lo anterior, solicita a la Sala casar el  fallo  y  emitir  sentencia  de reemplazo de carácter absolutorio a favor de su  representado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

La  Sala ha insistido en que la casación es  un  recurso  de  ámbito  restringido  en  el  que la pretensión de examinar la  legalidad   del   fallo   no  puede  estar  incluida  en  un  escrito  de  libre  formulación   a  manera de simple alegato de instancia, porque ha de tener  unos  contenidos  de  claridad  y  precisión,  amén de coherencia que permitan  entender  el  vicio  que  se  denuncia,  así  como  la  identificación  de sus  consecuencias.   

En  este caso, es evidente que el demandante  incurre  en  graves  deficiencias  en  lo  que tiene que ver con los fundamentos  lógicos  y  de  debida argumentación que se deben observar cuando de atacar la  legalidad del fallo se trata, como se verá:   

El  yerro  fáctico  por  falso  juicio  de  identidad  tiene  lugar  cuando  el  juzgador al apreciar el elemento probatorio  falsea  su  contenido  material  con  agregados  que no corresponde a su texto u  omite  apartes  importantes  o  cambia  su  literalidad,  ello se percibe con la  simple  confrontación  y  referencia  que  del mismo haya hecho el Tribunal, no  obstante,  el censor en manera alguna advierte el cercenamiento o alteración en  relación  con  las  declaraciones  de  Nidia Johana Cortes Poveda, José Miguel  Rodríguez Páez y Willinton Ortiz Porras que denuncia.   

La  arista  que presenta el demandante es la  concurrencia  de  los elementos estructurantes que justificarían el accionar de  su  defendido  por  existir la legítima defensa, sin embargo, no dedica espacio  para  demostrar  el  yerro  de  juicio  del Tribunal, asumiendo  una simple  oposición  a las conclusiones judiciales cuando  enfrenta su criterio a la  fuerza de convicción del material probatorio.   

En  este orden, se limita a controvertir las  conclusiones   judiciales   cuando   resalta   aspectos   que  demeritarían  la  falibilidad  de los testigos de cargo por su capacidad para mentir, yerro que no  sería  de carácter contemplativo por la alteración del contenido material, si  no  de carácter apreciativo que debió encauzar por un error de hecho pero bajo  la  modalidad de falso raciocinio, pues es sabido que éste se presenta luego de  que  el  fallador  ha  aprehendido  el contenido material de la prueba cuando al  asignarle  racionalmente  mérito se aparta caprichosamente de los postulados de  la sana crítica.   

Es cierto que la valoración racional de las  pruebas,  como  obligación  del  sentenciador,  conlleva  la explicación de la  capacidad  de  convicción  razonada científica y técnica que le ofrecen ellas  en  su  conjunto,  de  ahí  que  en  sede casacional sea dable el estudio de la  pretermisión  de  los  postulados  de  la  sana  crítica,  no  para  buscar un  parámetro  jurisprudencial  sobre  una  nueva valoración probatoria, sino para  verificar  si  la  decisión  corresponde a una argumentación estructuradamente  coherente  como enseña la lógica, a la forma como se aplican los principios en  un  espacio  teórico  específico  propio  de la observación científica, así  como  a  los  juicios  que se forman a partir de comportamientos sometidos a una  identidad circunstancial que arrojan las reglas de la vida.   

Pese  a  lo  anterior,  tampoco el libelista  demuestra  algún  desafuero  intelectivo por parte del fallador, mostrando así  simplemente  su  oposición  a los criterios de valoración probatoria judicial,  pues  no  se  detiene  en  el  análisis del rechazo a la defensa necesaria como  justificante   que   basó  el  Tribunal  no  sólo  porque  probatoriamente  se  acreditaba  que  el  inicial  disparo  de  la  víctima no fue dirigido hacia el  procesado,  sino  porque  la  agresión ya había cesado, y el tiempo que medió  para  la  respuesta  eliminaba su inmediatez, sin que tampoco acredite el censor  algún  desafuero  judicial  en  la  delimitación  temporal  de los sucesos que  sirvió para desechar la réplica defensiva.   

Sofísticamente   aduce  que  el  Tribunal  concluyó  que el procesado realizó los disparos por la espalda de la víctima,  cuando  claramente  del  reconocimiento  médico  al  cadáver  al  analizar los  orificios  de  entrada  de  las  heridas, en la región parietal izquierda de la  cabeza  y  en  el  pabellón  auricular  derecho, estimó el juez plural que los  disparos  fueron  hechos  de  lado,  además  si  hubieran  sido  como reacción  defensiva la víctima los habría recibido de frente.    

Por último, tampoco indica el recurrente de  qué   manera  pretermitió  el  juez  colegiado  los  postulados  de  la  libre  apreciación  probatoria  cuando  para  ratificar  la  versión  de  los  hechos  expuesta   por   los  declarantes  Nidia  Johana  Cortes  Poveda,  José  Miguel  Rodríguez  Páez  y  Willinton  Ortiz  Porras  optó  por  dar  crédito  a las  primigenias  declaraciones  de otros atestantes, recién ocurridos los hechos, y  no  a  las  vertidas  siete  años  después,  por  reflejar  más claramente la  secuencia de los acontecimientos.   

Otro  desatino  de  no  menor  entidad  lo  constituye  el  hecho  que el censor incluye dentro de la proposición jurídica  el  artículo 232 del Código de Procedimiento Penal (Ley 600 de 2000), norma de  naturaleza  meramente  instrumental por estar referida a los requisitos exigidos  para la decisión de condena.   

En  consecuencia,  dado  que  las  falencias  destacadas  no  pueden  en modo alguno ser enmendadas por la Corte en virtud del  principio  de  limitación  que  rige  el  trámite  casacional,  se  impone  la  inadmisión  de  la  demanda de conformidad con lo dispuesto en el artículo 213  de la Ley 600 de 2000.   

Finalmente  es  oportuno  resaltar  que  la  Sala  no observa con ocasión del trámite procesal o  en  el  fallo impugnado violación de derechos o garantías del procesado PORRAS  RAMOS,  como  para  que  se  hiciera necesario el ejercicio de la facultad legal  oficiosa   que   le   asiste  a  fin  de  asegurar  su  protección.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE   

INADMITIR       la    demanda    de   casación  interpuesta por  el defensor   

de  GERARDO  PORRAS  RAMOS,  por las razones  expuestas en la anterior motivación.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

Comisión de servicio  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                            ALVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                  JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                               JULIO    ENRIQUE    SOCHA    SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                                     JAVIER    ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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