23405(05-07-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 23405  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrados Ponentes:  

Dr. YESID RAMÍREZ BASTIDAS y  

Dr. JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta N° 112  

Bogotá, D. C., cinco (5)  de julio de dos mil siete (2007).   

V   I   S   T   O   S  :   

Se decide el recurso de casación interpuesto  por  el defensor de NELLY MARTÍNEZ POVEDA, contra el fallo del 12 de octubre de  2004  proferido  por  el Tribunal Superior de San Gil, que confirmara el emitido  por  el  Juzgado  Primero  Promiscuo del Circuito de Charalá, el 20 de mayo del  mismo  año,  a  través  del  cual  la  antes  nombrada  fue  declarada  autora  penalmente responsable de un delito de peculado por apropiación.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL :  

1.            En  la  sentencia  de  segundo grado los  primeros fueron narrados de la siguiente manera:   

“La investigación tuvo como fundamento un  escrito  en  el  que  se  denunciaba  que algunos notarios de la región y entre  ellos  la  de Charalá, Nelly Martínez Poveda, estaban omitiendo el pago de los  aportes  que  por  concepto del impuesto al valor agregado (IVA) y retención en  la  fuente, así como otras obligaciones parafiscales con la Superintendencia de  Notariado  y  Registro.  En efecto, se demostró que la aludida, en ejercicio de  la  función  pública  que  desempeñaba  no  efectuó  el  pago de los dineros  recaudados  por  concepto  de  IVA  desde  agosto de 1995 a abril de 1998, y los  recibidos  por  retención  en  la  fuente  desde  la  misma época señalada en  precedencia   hasta   abril   del  año  últimamente  citado,  en  cuantía  no  determinada  en el proceso. Del mismo modo incumplió con los pagos por recaudos  y  aportes  al  Fondo  Nacional de Notariado y Registro en la suma de $1.442.266  por los años de 1997, 1998 y 1999 hasta abril.   

Esos  dineros fueron utilizados en una serie  de  gastos  como pagos de salarios, servicios, mantenimiento de equipos y otros,  esto  es,  hubo  apropiación  de  los  mismos.  Sin  embargo, en el curso de la  investigación  y  antes  de  proferirse sentencia, la sindicada se puso a paz y  salvo con la DIAN y la otra entidad cancelando las obligaciones.”   

2.            Después de recogidas algunas pruebas en  el  curso  de  indagación  preliminar,  la Fiscalía Séptima Delegada ante los  Juzgados  Penales  del  Circuito de San Gil, en resolución del 1° de noviembre  de  2002  dispuso  la  apertura  de  investigación  y la vinculación a ella, a  través  de  indagatoria,  de NELLY MARTÍNEZ POVEDA, diligencia que se cumplió  el       3      de      abril      de      20031.  Al  momento  de definirle la  situación  jurídica  en  providencia  del 16 de mayo subsiguiente, se declaró  que   no   era   necesario   imponerle   medida   de   aseguramiento2.   

3.            El mérito probatorio del ciclo sumarial  concluyó  con  la  formulación  de  acusación  a  NELLY MARTÍNEZ POVEDA como  presunta   autora  de  peculado  por  apropiación,  conducta  punible  que  fue  enmarcada  por  favorabilidad  en el artículo 133, inciso 2° del Código Penal  de  1980,  en razón de que la cuantía del objeto materia del delito no superó  los  cincuenta (50) salarios mínimos legales mensuales vigentes, determinación  adoptada  en  resolución  del 11 de febrero de 20043.   

4.            Al Juzgado Primero Promiscuo del Circuito  de  Charalá  le  correspondió  pronunciar  la  sentencia  el  20  de  mayo  de  20044  y  resolvió imponer a la acusada las penas principales de dos (2)  años   de  prisión  y  multa  de  $1’618.266.00,  así  como  la accesoria de interdicción de derechos y  funciones  públicas  por el mismo término de la privativa de la libertad, como  autora  responsable  del injusto penal por el cual fue acusada, que encuadró en  el  invocado  artículo  133 del Estatuto Punitivo de 1980, con la modificación  introducida  por  la  Ley  190  de  1995,  sanciones  cuya ejecución suspendió  condicionalmente por igual período.   

5.            La providencia anterior fue impugnada por  el  defensor  de  la  procesada  y el Tribunal Superior de San Gil, a través de  sentencia    del    12    de   octubre   de   20045  le impartió confirmación en  su integridad.   

6.              La   sentencia   del   Ad-quem fue objeto del recurso de casación  que  ahora  se  decide,  interpuesto  por  el  representante  judicial  de NELLY  MARTÍNEZ POVEDA ante la Corporación de segunda instancia.   

LA  DEMANDA :  

Cargo   único:  Violación   directa   de   la   ley  sustancial  por  aplicación indebida o exclusión evidente.   

Al amparo de la causal de casación prevista  en   el   numeral   1°,  cuerpo  primero  del  artículo  207  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  el  recurrente  acusa  la  sentencia  de segundo grado de  violar  directamente  una norma sustancial en cuanto se aplicó indebidamente el  artículo  133  del  Código  Penal de 1980 y se dejó de aplicar o fue excluido  evidentemente  el  artículo  402  de  la  Ley  599  de 2000 y el parágrafo del  artículo  42  de  la Ley 633 de 2000,  preceptos que a pesar de contemplar  una  respuesta  punitiva  menos drástica que la consagrada en el artículo 133,  no  gobernaron  el  presente  caso,  con lo cual se conculcó la garantía de la  favorabilidad   en   materia   penal   consagrada  en  el  artículo  29  de  la  Constitución Política.   

Considera   que   dentro   del   tránsito  legislativo  presentado  desde  la  ocurrencia  de  los  hechos  al  momento del  pronunciamiento  del  fallo  de  segundo  grado  han regido el artículo 133 del  Decreto  100 de 1980, y los artículos 18 y 19 de la Ley 190 de 1995 que regulan  el  delito  de peculado por apropiación, y, después, el artículo 42 de la Ley  633  de  2000  que  unificó  los  parágrafos  1°  y 2° del artículo 665 del  Estatuto        Tributario       ─declarado     inexequible     mediante    sentencia    C─285  de  1996 en la cual se recomendó  una  mejor  configuración  para  la  conducta  punible del agente retenedor que  omite  consignar  los recaudos fiscales─  y  derogó  tácitamente el parágrafo del artículo 402 de la Ley  599  de 2000, normas que punen la omisión mencionada y de las cuales la última  invocada  fue  declarada  exequible  por la Corte Constitucional en la sentencia  C─009  del 23 de enero de  2003,  aunque  exclusivamente  los  tres  primeros  incisos  demandados, pues el  artículo 42 no fue atacado.   

Las múltiples modificaciones introducidas al  comportamiento  del agente retenedor y sus consecuencias jurídicas, llevaron al  demandante a afirmar que el comportamiento de su representada:   

“…pareciera que se mantenía sólo en una  sanción  administrativa,  pero  bastaron  los  fallos de la Sala penal de la H.  Corte  Suprema  de  Justicia, en especial aquellos de julio 15 de 1998 y abril 7  de  1999, para que la situación cambiara, y la conducta del servidor público o  del  particular  con funciones públicas de retenedor o recaudador, se equiparó  al  delito de peculado por apropiación cuando el mismo agente no consignaba los  valores retenidos o recaudados en cierto plazo legal.”   

También  alude a la estructura de los tipos  confeccionados  por el legislador de manera sucesiva6   

para   destacar   que  inicialmente  el  comportamiento  mencionado  no  fue  concebido  como  un  delito  autónomo sino  vinculado  a  las  consecuencias jurídicas del peculado por apropiación, y tan  sólo  con el artículo 402 de la Ley 599 de 2000 alcanzó dicha categoría, que  a   la  vez  comportó  una  variación  en  la  respuesta  punitiva  y  en  las  posibilidades  de exoneración de responsabilidad penal en caso del cumplimiento  de  la obligación tributaria, acorde con el artículo 42 de la Ley 633 de 2000,  de  indiscutible  efecto benéfico para el procesado, por cuanto en el artículo  133  del  Decreto  100  las  sanciones  eran  más  drásticas y no se preveían  causales  de extinción de la acción penal, luego erró el Tribunal al no haber  aplicado  aquellas  normas  y  proferir  fallo  absolutorio  por haber pagado la  procesada  y  “…compensado  con  creces lo dejado de consignar…”, según  correspondía   a   la  obligatoria  preferente  selección  de  la  norma  más  favorable, conforme manda el artículo 29 constitucional.   

Al  final  solicita casar el fallo recurrido  para  que  en su defecto se profiera el de reemplazo en el cual sea absuelta del  cargo de peculado por apropiación a NELLY MARTÍNEZ POVEDA.   

CONCEPTO  DE LA PROCURADORA TERCERA DELEGADA  PARA LA CASACIÓN PENAL   

Dicha     funcionaria    encuentra   fundado   el  reproche  por  violación  directa de la ley sustancial formulado    por    el    demandante    alegando    la  exclusión  del  artículo 402 del Código Penal de 2000, por ser  la  norma  más favorable a  la   procesada   de  las  que  rigieron  durante      el      tránsito      normativo     surtido  entre  la  fecha de los hechos y  la    promulgación    de    dicho    Estatuto,   aunque   estima   que   la  trasgresión  normativa no  recayó  sobre la totalidad  del   precepto  conforme  al  estudio  que  adelantó  sobre   los   siguientes  puntos:   

    

1. En relación con el artículo  402  de  la Ley 599 de 2000, en  lo atinente a la conducta punible y sus consecuencias.     

         Con  el  fin  de establecer la validez de  dicha   norma   hizo  una  exploración   de   los   antecedentes  normativos       y      de         la        jurisprudencia  mediante  la cual ha sido  examinada  su constitucionalidad así:   

Invoca   la  sentencia  de la Corte Constitucional C─009      de     2003     para    afirmar    que   el  artículo  10°  de  la  Ley 38 de 1969  equiparó  la  pena  fijada  para el peculado por apropiación a la omisión del  agente  recaudador de consignar a favor del erario las  sumas  recibidas  por  concepto  de retención  en  la fuente y el impuesto sobre las ventas (IVA),  dentro de  los  quince  días  del  mes  siguiente  a    su    recepción,    conforme   a   lo   dispuesto   en   su  artículo 4°.   

Mediante      el      Decreto   2503   de   1987,  el  Presidente de la República derogó  expresamente  el  artículo 4° antes reseñado y en el artículo 16 dispuso que  los    términos    para    el    pago    de   impuestos   y   retenciones debía efectuarse en los lugares  y  dentro  de los plazos determinados por el Gobierno  Nacional,  sin embargo, a  pesar  de  que  el  Decreto 624 de 1989, al   cual  fue  integrado  el  Estatuto  Tributario,  en  el  artículo  665 que atribuyó        “Responsabilidad   penal  por  no  consignar  las  retenciones”,  no determinó el elemento  temporal  a  partir del cual se configuraba el delito  de  peculado  cuando los retenedores no cumplían   dicha   obligación,   fue  demandada  su  constitucionalidad,  pretensión  que  prosperó según sentencia  C─285      de  1996.   

En atención a la exhortación realizada en  dicha   providencia   al   legislador   para   que  tipificara   penalmente  el      señalado     comportamiento,   fue  promulgada   la   Ley   383  de  1997  que  en  el artículo 22, a la vez que lo incorporó,    incluyó    la   fijación   de  un  plazo  de  dos  meses  para  consignar   las   sumas   retenidas,  contado  a     partir     de     su    recaudo,    le  extendió  la  respuesta  punitiva  prevista para el  peculado     por     apropiación    y  agregó dos parágrafos para     consagrar    causales    de  exoneración  de responsabilidad penal para el agente  retenedor  que  extinguiera la obligación tributaria por pago o compensación y  para  las  sociedades que se encontraran en    proceso    concordatario    o    en   liquidación   forzosa  administrativa.   

Estos         parágrafos  fueron  modificados  por el artículo 71 de la Ley 488  de   1998  en  los  siguientes  términos:  i)  1°,  cuando el agente retenedor o responsable del impuesto a las ventas extinga  en  su totalidad la obligación tributaria, junto con  sus  correspondientes  intereses  y  sanciones,  mediante  pago, compensación o  acuerdo   de   pago   de   las   sumas   adeudadas   no  habrá  responsabilidad  penal;   ii)  2°,  lo  dispuesto  en  el  presente  artículo  no  será  aplicable  para el caso de las  sociedades   que   se   encuentren   en    procesos    concordatarios,    o    en   liquidación  forzosa  administrativa, o en proceso de toma de posesión en  el  caso  de las vigiladas por la Superintendencia Bancaria, en relación con el  impuesto  sobre  las  ventas y las retenciones en la fuente causadas.   

En  sentencia  C─1144  de  2000,  la  Corte Constitucional declaró exequible el artículo  22   de   la   Ley  383  de  1997,  salvo  el  dúo  de  parágrafos  mencionados  en  penúltimo término  porque      habían      sido      sustituidos        por  los del  artículo  71  de  la  Ley  488  de 1998 en    términos    que   hacían  más  rigurosas  las causas de  exclusión  de  la  responsabilidad  penal  para los  procesados  por la citada  conducta  punible,  razón por la cual aquellos estaban llamados a ser aplicados  ultra-activamente por favorabilidad.   

La  Ley 599 del  24  de  julio  2000  definió en el artículo 402 el  delito  de omisión del agente retenedor o recaudador  y   la   Ley   633   publicada  el   29  de  diciembre  del  mismo  año,  unificó  los  parágrafos  1°  y 2° del artículo  665    del   Estatuto  Tributario,  y a pesar de  que   la   primera   empezó  a  regir  por  expresa  disposición  de  su  artículo 476 el 24 de julio de  2001  y  la  segunda en la  fecha    de    su    edición    en    el   Diario  oficial,  cada      una     adquirió   validez   en  el  orden  de  su  promulgación,   según  declaración     contenida     en    la      sentencia     C─009   de   2003   de   la   Corte  Constitucional,  providencia en la cual, además, se  declaró   exequible   la  preceptiva  402,  dejando  incólume  el  parágrafo  porque  no  fue  incluido  en  la demanda y porque el  artículo   42  de  la  Ley  633  lo  había  derogado  tácitamente7   

, aunque posteriormente fue modificado por  el artículo 21 de la Ley 1066 de 2006.   

Haciendo  referencia  al  asunto debatido, señala que   como   NELLY  MARTÍNEZ  POVEDA  terminó  de  pagar  las  obligaciones  pendientes  con  la  Superintendencia de  Notariado  y  Registro  el  11  de marzo de 2004, la  norma   aplicable  era  la  vigente  en  ese  entonces,  esto  es,  la   integrada   por   los  tres primeros incisos del artículo  402   del   Código   Penal  de  2000,  excluido   el  Parágrafo    cuya   derogatoria   tácita   se   produjo   con        el       advenimiento  del  artículo  42 de la  Ley  633  de  2000, vigente en la actualidad  y,  según  el  cual,  cuando  el agente retenedor o el responsable del impuesto a las  ventas  extinga  en  su  totalidad  la  obligación  tributaria,  junto  con sus  correspondientes  intereses  y  sanciones,  mediante pago o compensación de las  sumas adeudadas, no habrá lugar a responsabilidad penal.   

Discrepa  del encuadramiento de los hechos  en  el  delito de peculado por apropiación consagrado en el artículo 133 de la  Ley  100  de  1980,  modificado  por la Ley 190 de 1995, recogido a su vez en el  artículo  397  de  la  Ley 599 de 2000, realizado  en  los fallos de primera y  segunda  instancia  proferidos  en contra de NELLY MARTÍNEZ POVEDA bajo   el  presupuesto  de  la  debida  demostración  de  la “apropiación”   de   los   aportes   y   recaudos  que  dejó  de  depositar  a  favor de la DIAN y de la  Superintendencia    de   Notariado   y   Registro,  más   no   por   “…mora     en  su  consignación…”  en  las  cuentas  de  dichas  instituciones,  según  lo  reconociera  la  acusada  en  el  curso  de  la  indagatoria,  porque las providencias de esta Sala en  las  cuales  fundaron  dicha conclusión no resultan completamente aplicables al  caso.   

De  un  lado,  porque  la del 15   de   julio   de   1998,   rad.   N°   11.290,   soluciona   el  problema  propuesto  sobre  el  desplazamiento de  tipicidad   de   la   modalidad   de   peculado   por   apropiación   al  de  uso,  luego no se asimila  al  dilema  planteado   en  el  libelo,        aunque        estima        rescatable       de  dicha  jurisprudencia el  rechazo  a      la     existencia     de     solución      de     continuidad     legislativa     en  el  tratamiento  delictivo  dado al  mencionado  comportamiento;  y de otra parte, porque  la  proferida  el  7  de  abril  de 1999,  rad.  N°  10.399,  fue  dictada en  vigencia  del  artículo  10°  de  la  Ley  38  de  1969 que consideraba como  una  forma  de  peculado  por  apropiación   la  no  consignación de las  sumas   retenidas   dentro  de  los  plazos  legales  establecidos,  contexto  dentro   del   cual  la  diferencia  entre  el mencionado paratipo penal y el  peculado   mencionado  era  tenue  dado  que  la  omisión  de  entrega  de  las  sumas  retenidas  en  la  fuente  de              todas             maneras             constituía     un     acto     de  apropiación.    

Estas    dificultades   de  interpretación,  en  su opinión, se  superaron    con   el   surgimiento   del   artículo   402   de   la  Ley  599  de  2000,  que     creó    un    tipo    penal  especial para la omisión  del  agente  retenedor  o recaudador, según también  lo   confirma   la   exposición   de   motivos   del  Proyecto  de  Ley  40  de  1998     que    lo    antecedió,    razón   por   la   cual  el  análisis  procede  a  la  luz del  principio  de  favorabilidad dado que dicha disposición contempla una pena más  favorable que la señalada para el peculado por apropiación.   

Después   de   verificar   la    adecuación    del   comportamiento   omisivo   observado    por   NELLY   MARTÍNEZ  POVEDA,   entre   agosto  de  1995  y  abril  de  1998,   a  la  conducta  punible  descrita  en  el artículo 402 de la Ley 599  de  2000,  considera  que  tanto  en la instrucción  ─abierta  el  1°  de  noviembre  de 2002─ como  en    el   juicio   ha   debido   considerarse   su  aplicación  en  punto de la respuesta punitiva más  favorable   durante  el  tránsito  legislativo  previamente  descrito, acorde  con   el   axioma   contenido   en   el   artículo   29   de  la  Constitución  Política  y  desarrollado  en  la jurisprudencia de  las           Altas           Cortes8      y,     bajo     tal  presupuesto, solicita  casar la sentencia impugnada  y   en   su  reemplazo  proferir fallo en el que  se   irroguen   las   penas   fijadas  en la preceptiva inicialmente invocada.   

        2.                     Respecto        del        Parágrafo  del  artículo  402  de la  Ley     599     de    2000,    en    cuanto   atañe  a  las  causales  de  extinción  de  la  acción  penal.   

Advertida   su   vigencia   ─no  obstante  su derogatoria por el  artículo  42  de  la  Ley 633 de 2000─  y su reincorporación al artículo 21  de  la  Ley  1066  de  2006,  menciona  los  siguientes  eventos  extintivos de  la   acción   penal   del   delito   de   omisión   de   agente   retenedor  o  recaudador:   i)   el  cumplimiento  en  su  totalidad  de  la  obligación  tributaria,   junto  con  sus  intereses  y  sanciones;  ii)  el  pago o compensación de las sumas adeudadas.   

Remitiéndose  al  caudal  probatorio,  la  Procuradora    Delegada   considera   que  en  el  presente  caso no concurre  ninguna  de  tales  causales porque no obstante haber  certificado   la  DIAN  que  la  procesada  está  a  paz  y salvo con sus obligaciones, tal estado no fue  producto   del   “pago  puro    y   simple”  que  ella  efectuara,  única manera de extinguir   las   obligaciones,   sino  resultado  del  proceso  ejecutivo  promovido en su contra y que culminó con el  remate    de    un    bien    inmueble    de    su  propiedad,  aun  cuando  insuficiente  para  el  cumplimiento  de  la obligación fiscal en su totalidad,  pues  quedó  un  saldo  insoluto  de  $176.000.00,  cuyo cobró se vio frustrado por la prescripción de  la acción respectiva.   

En  resumen: se  opone  a la cesación de procedimiento penal por pago  de la obligación tributaria.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE:   

1.            La  Sala  no  alberga  duda  acerca  del  acierto  del demandante en la selección de la causal de casación de violación  directa  de  la ley sustancial en cuyo ámbito ubicó el yerro consistente en la  falta  de  aplicación  del  artículo  402  de  la Ley 599 de 2000 que define y  sanciona  el  delito  de  omisión  del  agente  retenedor o recaudador, así no  hubiera  construido  en  debida forma la proposición jurídica, como quiera que  omitió  indicar  la  norma sustancial indebidamente aplicada, aunque de acuerdo  con  la  sustentación  del  cargo  se colige que se trata del artículo 133 del  Decreto  100  de  1980,  modificado  por los artículos 18 y 19 de la Ley 190 de  1995, que regula el peculado por apropiación.   

Se  establecerá, entonces, si la reseñada  inaplicación       normativa      conlleva  a casar el fallo impugnado,    estudio   que          se         orientará         fundamentalmente   a  verificar,  en respuesta a  los   argumentos   del  casacionista,   si   se   quebrantó   el              principio              de             favorabilidad,       incluido  en los artículos 29 del Ordenamiento Superior y 6° de la  Ley  599  de  2000,  en  cuanto  garantía  integrante  del  núcleo del derecho  fundamental  al  debido proceso de todos los sujetos e intervienes procesales, y  cuya  protección  culminante  ha sido encomendada a la Corte Suprema en sede de  casación  por  el  artículo  206 de la Ley 600 de 2000 (y 180 de la Ley 906 de  2004),    al    determinar    las    finalidades    del   extraordinario   medio  impugnaticio.   

2.             En  punto  de  la  violación  directa    de    normas   sustanciales,  sabido es que el censor debe estar de  acuerdo  con  los  hechos  fijados  en  el  fallo atacado y la forma como fueron  declarados probados, posición que en efecto asumió  el     recurrente.   

Los     supuestos     fácticos  en los cuales el  Tribunal  fundó  su pronunciamiento  son  los  relacionados  a  continuación:   

2.1.                  Cuando    NELLY    MARTÍNEZ   POVEDA   fungía  como    Notaria    Única    del    Municipio   de  Charalá,                entre   el   24   de  junio  de  1995  y  el  11  de  abril  de  1999,   cumplió   la  función   de   recaudar   dineros  por  concepto  del  impuesto  a  las  ventas  (IVA),     hacer  retenciones   en   la  fuente       y       cobrar      contribuciones  parafiscales  con  destino  al  Fondo  Nacional  de  Notariado      y  Registro.   

2.2.                  Los     valores  recaudados  y  retenidos  por  los anteriores conceptos no  fueron  “pagados”  a la Administración de Impuestos Nacionales ni  al  Fondo  de  Nacional  de  Notariado y Registro como estaba obligada legalmente a hacerlo.   

2.3.              La  procesada  cumplió    sus    obligaciones    con    la    DIAN   de   manera  coactiva,  sin   embargo   quedó   pendiente   de   pago   un  saldo  de  $176.000.00,    cuyo  cobro      no      pudo     ser     obtenido  debido  a la prescripción de  la  acción  respectiva.  A  la  Superintendencia de  Notariado  y  Registro sí  le    pagó    la    totalidad    de    la    suma  adeudada.   

2.4.                En   el   curso   de   la  indagatoria,   NELLY  MARTÍNEZ  POVEDA  confesó el incumplimiento de los pagos aludidos dentro   de   los   plazos   fijados   en   la  ley,  aunque   pretendió   justificar  tal  comportamiento   argumentando   que   los   dineros  retenidos los destinó al funcionamiento de la Notaría a su cargo.   

3.                    El     Tribunal    subsumió   la  anterior  relación  fáctica en el  delito  de  peculado  por  apropiación,  definido y  sancionado  en artículo 133 del Decreto 100 de 1980,  al   considerar   que  la   actuación  de  la  acusada        consistió       en:    

“…el           apoderamiento   de   esos  caudales  y  debido  a  eso  no  fueron  entregados  en  su  oportunidad  a  las  entidades  con  destino a las cuales se  recaudaba”,   

sin que por el  hecho  de  haberlos  cancelado finalmente,     su    comportamiento    dejara  de        ser       punible       ─como   pretendiera  la         defensa─,  aunque  tampoco   podía   ser   subsumido  en  la  conducta  de  omisión  del  agente  retenedor,  predicable de  quien   

“…simplemente  deja  de consignar en la oportunidad legal…”,   

prevista en  el  artículo  402  de la Ley 599 de 2000,  modificado por el artículo 42 de la Ley   633   de  2000,  razón  por  la  cual  descartó  la         aplicación      de      éstas           reglas.   

4.            Con fundamente en el     juicio    de    tipicidad   previamente   evocado,     los    juzgadores    de  instancia   realizaron  la     siguiente     labor    de    dosificación  punitiva:   

El Aquo:  

Seleccionó  el artículo 133 del Código  Penal  de  1980, con la modificación introducida por  el artículo 19 de la Ley  190  de  1995, que para el peculado por apropiación  fija  las siguientes penas:  prisión  de  seis  (6)  a  quince  (15) años, multa equivalente al valor de lo  apropiado  e  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas de seis (6) a  quince (15) años.   

Reconoció   la   diminuente  específica  consagrada  en el inciso segundo de la última norma invocada en cuanto el valor  apropiado  no  superó  los  cincuenta  (50) salarios mínimos legales mensuales  vigentes   ─considera  la  Sala  que  seguramente  ante el descuido observado en la fijación exacta de las  cifras  retenidas  ilícitamente que bien podía haberse logrado a través de la  DIAN,  el  A-quo  acogió  la  aseveración  de  la  Fiscalía en la resolución  acusatoria  en  el  sentido  que  el monto dejado de consignar por la acusada no  superó  los  50  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  en la época  delictual─  y  por  eso  redujo  los  topes  superiores  en la mitad (1/2) y los inferiores en una cuarta  parte  (1/4)  ─deducción a  la  cual se arriba al observar que determinó el mínimo en 36 meses de prisión  y    el    máximo   en   135   meses─,  a  pesar del anuncio sobre la aplicación de la proporción mayor  a  aquellos  que, de haber cumplido, se hubiera reflejado en la disminución del  límite  mínimo  en  tres cuartas (3/4) partes y del máximo en la mitad (1/2),  según  manda el artículo 60, numeral 5° del Código Penal de 20009.    

Después  de establecer el ámbito punitivo  de  movilidad entre 36 meses y 135 meses de prisión, redujo dichas cifras en la  tercera  (1/3)  parte en consideración al reintegro “total” de lo apropiado  conforme  lo  prevé  el  2°  inciso  del  artículo  401  de  la  Ley  599  de  200010   

,  para  la citada modalidad de peculado, y  aseveró:   

“Por  lo  que  al  dividirlo  en cuartos,  arroja  el  primer cuarto mínimo entre 36 meses de prisión y 60 meses (sic) 22  días,  y  dentro  de  él  hemos  de  movernos, como que solo podemos deducirle  atenuantes  por  su  buena  conducta  anterior,  pues  no  obran  en  su  contra  sentencias  condenatorias  por  lo que la pena a imponer será de tres (3) años  de  prisión,  pero hemos de deducirle la otra atenuante punitiva de una tercera  parte  (1/3)  arrojando  en definitiva una pena de prisión de dos (2) años. No  empece  la  gravedad  y  modalidad  del  hecho punible, grado de culpabilidad de  (sic)  título de dolo directo, circunstancias de atenuación por la cuantía de  lo  apropiado,  la carencia de prueba que indique que la señora NELLY MARTÍNEZ  POVEDA  sea  proclive  a  estas  conductas  lesivas  contra  la  Administración  Pública  como  que  no  obran  sentencias  condenatorias  en este sentido en su  contra,  esa (sic) habrá de ser el monto definitivo a imponerse; así como a la  de  multa  igual  al monto de lo apropiado, por una parte $1.442.666 y $176.000,  es  decir,  para  un  gran  total de $1’618.266.   

Como  accesoria  se  le  impone  a la aquí  condenada  la interdicción de derechos y funciones públicas por un lapso igual  al de la pena principal.”   

         

El         Ad─quem  convalidó   la   operación   antes   relacionada  así:   

Adujo que como  el  artículo  397 de la Ley 599 de 2000, que pune el peculado por apropiación,  contempla   sanciones  menos  favorables  que  las  señaladas  en  el  derogado  artículo   133   del   Código   Penal   de  1980,  corresponde               irrogar  las  determinadas  en  éste  precepto.   

Además, acotó:  

“Cuando  se  trata  de  esta  clase  de  peculado  porque  la  apropiación  de  los fondos se  suscita  en  ejercicio  de una función pública, la  devolución     total     o    parcial    de    lo    apropiado    es   circunstancia   de   atenuación  punitiva  e  implica una disminución de la sanción  que  fue  aplicada  en  la  sentencia,  pero  no  conduce  a la extinción de la  pena.   

En   consecuencia,   la  Sala  entiende  que  no  es  lo  mismo apropiarse que no consignar y  demostrándose  la apropiación no sólo porque se desprende de lo aseverado por  la  acusada,  sino del considerable tiempo que transcurrió hasta cuando se puso  a  paz  y salvo, no procede la aplicación del parágrafo que menciona el censor  (antes   señala   que   el  apelante  solicita la  aplicación   del  artículo  42  de  la  Ley  633)  que  a pesar de ser derogado tácitamente aparece en  la Ley 633 del año 2000.”   

5.            En este  punto de la discusión la  Sala      estima      necesario     hacer  las  siguientes  precisiones  en  respuesta  a los reproches  formulados     por     el     censor:   

5.1.           Adecuación típica de  los hechos investigados     durante     el    tránsito  legislativo operado entre su  ocurrencia y sanción.   

De      acuerdo      con       los       sucesos    fijados   en   el   fallo  impugnado,  la  conducta  que  dio  lugar  a  la  vinculación  penal de NELLY  MARTÍNEZ  POVEDA,  a  su  acusación  y subsiguiente  condena,  consistió  en  que se abstuviera de  consignar  las  sumas  de  dinero  que ella recaudó  en  ejercicio  de  la  función  pública  notarial,  correspondientes        al        impuesto    a   las   ventas   (IVA),  a  la  retención  en la  fuente  y  a los      aportes      parafiscales       destinados      al      Fondo      Nacional   de  Notariado  y  Registro,  dentro  del  plazo de los  dos   meses  siguientes  a  su  recaudo.   

La  connotación  delictiva  atribuida  a  dicho  comportamiento  data de varios lustros atrás  y  ha  sido  continua según revela las siguientes normas:   

Ley  39  de  1968:  “Artículo  10.  Los  retenedores  que no consignen las sumas retenidas dentro  del  plazo  establecido en el artículo 4º. de esta Ley, quedan sometidos a las  mismas  sanciones  previstas  en  la  ley penal para los empleados públicos que  incurren en apropiación indebida de fondos del Tesoro Público.”   

Decreto   624   de   1989,   Estatuto  Tributario,  “Artículo  665.  RESPONSABILIDAD  PENAL  POR  NO CONSIGNAR LAS RETENCIONES. Los retenedores  que  no  consignen  las sumas retenidas, quedan sometidos a las mismas sanciones  previstas  en  la  ley  penal  para  los  empleados  públicos  que  incurran en  apropiación indebida de fondos del Tesoro Público.”   

Ley    383    de    1997,  Artículo 22. Adiciónase el Estatuto  Tributario con el siguiente artículo:   

“Artículo 665. Responsabilidad penal por no  consignar  las  retenciones  en  la  fuente y el IVA. El Agente Retenedor que no  consigne  las  sumas retenidas dentro de los dos (2) meses siguientes a aquel en  que  se efectuó la respectiva retención, queda sometido a las mismas sanciones  previstas  en  la  ley  penal  para  los servidores públicos que incurran en el  delito de peculado por apropiación.”   

Por      tanto:      entre   los  años  1968  y  2000  fue  constante la remisión  del  legislador  en materia  tributaria   a   las  normas  penales  al  momento  de determinar las  sanciones  para  las conductas      antes     descritas,  específicamente    a  las    reglas    que  tradicionalmente  han  consagrado  los  delitos   contra   la   administración   pública,   y     concretamente    en     1997,     a     la  preceptiva atinente al peculado  por  apropiación,      concebido      por ese entonces así:   

Ley  190  de 1995,  ARTÍCULO 19. El artículo 133 del Código Penal quedara así:   

Artículo 133. Peculado por apropiación. El  servidor  público que se apropie en provecho suyo o de un tercero de bienes del  Estado  o  de  empresas  o  instituciones en que éste tenga parte o de bienes o  fondos  parafiscales, o de bienes de particulares cuya administración, tenencia  o  custodia  se  le  hayan  confiado por razón o con ocasión de sus funciones,  incurrirá  en  prisión  de  seis (6) a quince (15) años, multa equivalente al  valor  de lo apropiado e interdicción de derechos y funciones públicas de seis  (6) a quince (15) años.   

Si  lo  apropiado  no  supera  un  valor de  cincuenta  (50)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes, dicha pena se  disminuirá de la mitad (1/2) a las tres cuartas (3/4) partes.   

Si   lo  apropiado  supera  un  valor  de  doscientos  (200)  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes, dicha pena se  aumentara hasta en la mitad (1/2).   

Seguramente  la  vigencia  de ésta norma  al   momento   de   la  comisión  de  la  conducta  investigada  incidió  en la calificación jurídica  de  los  hechos realizada en la resolución acusatoria y en los fallos de primer  y  segundo  grado  emitidos  dentro  de esta actuación, dada la remisión a las  penas  previstas  para  dicho  delito,  pues  solamente a partir de la   Ley   599   de   2000,   adquirió   autonomía  el         delito         tributario         comentado,  conforme  al siguiente texto:   

“Artículo     402.    Omisión    del    agente   retenedor   o   recaudador.  El  agente  retenedor  o autorretenedor que no consigne las sumas  retenidas  o  autorretenidas  por  concepto de retención en la fuente dentro de  los  dos (2) meses siguientes a la fecha fijada por el Gobierno Nacional para la  presentación  y pago de la respectiva declaración de retención en la fuente o  quien  encargado  de  recaudar  tasas o contribuciones públicas no las consigne  dentro  del  término legal, incurrirá en prisión de tres (3) a seis (6) años  y  multa  equivalente al doble de lo no consignado sin que supere el equivalente  a    cincuenta    mil    (50.000)    salarios    mínimos    legales   mensuales  vigentes.”   

Los     sucesivos     cambios   normativos   previamente    evocados    conducen  a  afirmar  que la      conducta      del  agente retenedor que omite la obligación de consignar dentro  de   los   plazos   estipulados   legalmente  los  dineros  que  recauda  en  el  ejercicio   de   funciones  públicas  no     ha    perdido    connotación  delictiva  desde     1968    a    la    fecha11        y,    en    realidad,    últimamente  lo   que   ha   ocurrido  es  que  el  legislador   ha   adecuado   en  forma  más   sistemática   ese   modelo   comportamental  ubicándolo dentro de los  delitos     contra    la    administración  pública.   

La    utilización   dada  por el agente retenedor a        los        recursos   fiscales   ─es   decir,   si   los   dedica o no  a  sufragar los gastos de  sostenimiento  de  la  oficina a su cargo, conforme a  la  explicación  suministrada  por  NELLY  MARTÍNEZ  POVEDA  en el curso de la  indagatoria─  no            está           contemplada  como    elemento    estructural   ni   del    tipo    de    peculado    por  apropiación,  ni  del de  omisión   del   agente   retenedor,   luego  no  sirve  como parámetro de identificación de uno u otro  comportamiento  como quiera que desde el momento que  el     funcionario  recauda     tales  dineros,  estos     adquieren    la   naturaleza   de  estatales  y  su  destino    no   puede  ser  otro  que  su  consignación  oportuna  en  la  institución señalada en  las  disposiciones  legales  pertinentes,    como    en    el   presente    caso,   en   la  DIAN  y  en  el  Fondo Nacional de  Notariado y Registro.   

Dicho  en  otros  términos, tal   circunstancia   no  determina  la  incardinación  de  los  hechos     juzgados     en     el     supuesto     de     hecho     del  peculado     por     apropiación    con  exclusión del de omisión del agente retenedor, ni        aún       durante    la    prolongada    época    en    que    éste   delito  no  estuvo  consagrado  en  su  integridad en el Código Penal, de  manera que se equivocó el Tribunal  al    descartar   la  posibilidad  de  imponer  las  penas  previstas en el  pluricitado   artículo   402,   bajo   la   única  consideración   que  la  acusada  incurrió en un “apoderamiento”  de  recursos  fiscales,  más  no  en  la  “omisión  de  consignarlos”  a favor  del Estado.   

Si   bien   el   tránsito   normativo  descrito por el censor y  por    la    Procuradora    Delegada   revela       la      inicial     pertenencia         de        las  normas      reguladoras     del     comportamiento  materia  de juzgamiento  a estatutos de naturaleza  tributaria  y  penal,  en  cuanto  el  supuesto  de hecho surgió en aquellas y  las  consecuencias  jurídicas  fueron  determinadas                 mediante                 reenvíos         en  éstas,  lo    cierto    es   que   solamente   en  el  artículo  402 del Estatuto  Punitivo de 2000         fue        incluida    en    la   codificación  penal  la  norma penal completa definitoria de dicho  delito,  abandonando  así  su condición de paratipo  penal  y  adquiriendo  la  del  genuino  tipo penal,  según     acertada  apreciación    del    Ministerio    Público.   

Su  desplazamiento  por  cuerpos  normativos  de materias  diferentes  ─tributaria  y     penal─    no  impide    calificarlo  jurídicamente  de una u  otra   manera,   siempre   y   cuando  su     consumación,    investigación  y  juzgamiento  haya  recibido  el  influjo de las  legislaciones  de  derecho  penal  y  complementario  que    han   dado  lugar  a  denominarlo  de manera diversa,  y teniendo el cuidado, claro está,  de   escoger  la  respuesta  punitiva  más    benigna   para   al acusado.   

En conclusión:  establecido  que  la  conducta  desplegada por NELLY  MARTÍNEZ   POVEDA  consistió  en  la  omisión  de  consignar  los  dineros  que por concepto del impuesto a las ventas (IVA),  retención  en la fuente y aportes  parafiscales  recaudó  en  el  ejercicio  de la función notarial, las  sanciones  que  se  le  deben  imponer  son  aquellas  que le  reporten  un  mayor  beneficio  entre  las  que  han  consagrado      dicho      comportamiento     como     punible,     desde  1995  a  la fecha, por      cuanto     los     hechos     ocurrieron     durante          dicha   anualidad  y  1999.   

5.2.            Individualización   de   las   penas   

Retomando  la  censura  por  la  conculcación  de  la  garantía  procesal  de  la aplicación  preferente de la ley más  favorable  al  procesado,  se  ocupará  la Sala de  comparar     las  consecuencias  punitivas  establecidas en     las    normas    que    han  gobernado      los      hechos     investigados,  específicamente  las  seleccionadas  por los  juzgadores  y aquellas  cuya  falta  de aplicación demanda el recurrente,       quien          se         abstuvo         de         abordar         dicha        tarea    como    le    correspondía   hacerlo   al   desarrollar   el  cargo,  omisión  en  la  cual  también  incurrió  el         Ministerio         Público   a   pesar   de  respaldar  la    pretensión  contenida  en  la  demanda  relacionada  con  este  tópico.   

Es necesario  advertir   que   la  reducción   punitiva   reconocida   a   favor   de  la  procesada  por  los juzgadores de instancia con  fundamento  en  el  inciso  2°  del  artículo  401  del Código Penal de 2000,  fue    desacertada    en    cuanto   equipararon     la    “recuperación     total”   por  el  Estado  de  los  dineros  recaudados  por la procesada como resultado de la ejecución emprendida  en        su        contra       ─recuérdese  que fue parcial pues  quedó  un  saldo  insoluto cuyo cobró no se pudo promover por prescripción de  la       acción      respectiva─, al   

“…reintegro de los dineros objeto de  apropiación,   realizado  por  la  señora  NELLY  MARTÍNEZ  POVEDA  …en  su  totalidad…antes de la sentencia de segunda instancia”.   

Si         reintegrar,  significa  según  la  Real  Academia  de  la  Lengua  Española,  “Restituir  o  satisfacer  íntegramente  una cosa”, acción que  supone  la  voluntad  del  sujeto  que  la realiza, resulta impropio afirmar que  NELLY   MARTÍNEZ   POVEDA   reintegró   las  sumas  de  dinero  recaudadas  en  cumplimiento   de  sus  funciones  notariales,  cuando,  como  ya  se  dijo,  la  Administración      Pública      se  vio  impelida  a  instaurar  un proceso ejecutivo como única  vía para recobrar sus recursos.   

Esta   equivocación   configuraría  violación   directa  de  la  ley  sustancial  por  indebida  aplicación  del  inciso  2°  del  artículo 401 del Código Penal de  2000,  que  le  correspondería  a la Sala corregir,  sino       fuera      porque      obedeció    a   una   interpretación  que  hizo  el  juez  de dicha norma sin  alterar su contenido,   al  entender       que       la       reparación   coactiva   y   parcial  podía  ser  equiparada al reintegro total de lo dejado de consignar,   razón  por  la  cual  no  será  rectificada       en      el      ejercicio      de      comparación     punitiva     recogido       en       el      siguiente      cuadro:   

Con  fundamento en las normas aplicadas en los fallos de 1° y 2° grado             

Normas  excluidas a juicio del censor  

Art.  133    del   CP/80,  modificado  por  el  Art.  19  de  la  Ley 190/95, inciso 1°             

Prisión   e  interdicción       derechos      Y            funciones  públicas  de 6 a 15 años             

Multa:  Igual  al  valor    de    lo    apropiado    ─$1’618.266─        pero       sin     exceder     de     50.000  smlmvs.12             

Artículo 402 del  CP/00             

Prisión   de  3   a   6  años  y  multa  equivalente  al doble de lo no consignado  sin que supere los 50.000 smlmvs.  

Art. 133 del CP/80  inciso     2°,  disminución  de  la ½ a las ¾ partes, en concordancia con el art. 60, num. 5° ibídem.             

Deducidas las ¾ al  mínimo,   queda  1 año y  6  meses,  y  restada la ½ al máximo  quedan 7 años y  6 meses.             

La  multa  oscilaría  entre $404.566,50       y 25.000 smlmvs.  

Art.  401, inciso  2°, CP/00.   

Reducción     en     1/3     parte   de   la   pena  individualizada.             

El mínimo queda en  1 año; y el máximo en 5 años.             

La  multa   estaría  entre  $269.711,00       y 16.666,66 smlmvs.  

Luego  si el  artículo  402  de  la  Ley  599  de  2000  reprime  el      actuar     investigado     con  prisión de 3 a 6 años y multa  equivalente  al doble de lo no consignado sin que supere los 50.000 salarios   mínimos   legales  mensuales  vigentes,  en   tanto   que   el  artículo   133   del   Decreto   100   de   1980,   modificado     por    los  artículos  19 de la Ley 190 de  1995  y 401 del Código Penal de 2000, establece  las  siguientes  sanciones  principales:  prisión  de     1    a    5  años;   en  iguales  cifras la interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas; y   la  multa  entre  $269.711,00  y  16.666,66   salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes, no  cabe  duda  que  las   reglas   aplicadas  en  el  fallo  condenatorio   resultan   ser   más  benéficas   para   la  acusada  que  el                   pluricitado       artículo 402.   

En    conclusión:    obró   con   tino  el  Ad─quem       al      negarse         a         aplicar        esta        norma          y,  por  tanto,  no incurrió en  la   trasgresión   normativa   de   la  cual  lo  acusa  el  censor,        ni       tampoco  en  el desconocimiento      del     axioma    jurídico   de  la  aplicación preferente de la  norma   más   benigna   al   acusado   pues  entre  las    que    ejercieron   influjo   en   desarrollo   del   proceso   seguido  en  contra  de su representada, el Ad─quem  convalidó  la  aplicación de  las      más      favorables,     así     los     argumentos    que  esgrimiera,  según se  dejó  explicado  en  precedencia,  no hubieran sido  del  todo  acertados.   

En  suma,  desatendiendo  la opinión de la  Procuradora  Delegada  en  el  sentido  de considerar que la norma llamada a ser  aplicada  era  el artículo 402 del Código Penal de 2000, se impone declarar la  improsperidad del cargo.   

5.3.          Comprobación de la causal específica de  extinción  de  la  acción  penal  para  la  omisión  del  agente  retenedor o  recaudador.   

Dada  la incidencia del cumplimiento de las  obligaciones  tributarias por parte de NELLY MARTÍNEZ POVEDA en la punición de  los  episodios  investigados,  es  indispensable  establecer, como lo reclama el  casacionista,  si  tal  actividad  conlleva  o  no a la extinción de la acción  penal  contemplada  en  la  parte  inicial  del Parágrafo del artículo 402 del  Código Penal de 2000, en los siguientes términos:   

“Parágrafo.   El  agente  retenedor  o  autorretenedor,  responsable  del impuesto a las ventas o el recaudador de tasas  o  contribuciones  públicas,  que  extinga la obligación tributaria por pago o  compensación   de   las   sumas  adeudadas,  según  el  caso,  junto  con  sus  correspondientes  intereses  previstos  en  el  Estatuto  Tributario,  y  normas  legales   respectivas,   se   hará  beneficiario  de  resolución  inhibitoria,  preclusión  de  investigación, o cesación de procedimiento dentro del proceso  penal  que  se  hubiera  iniciado por tal motivo, sin perjuicio de las sanciones  administrativas a que haya lugar.   

Dicho   texto   sufrió  la  siguiente  modificación   en   el   artículo   42  de  la  Ley  633  de  2000,     vigente     por    la   época   delictual:   

“Parágrafo.  Cuando  el agente retenedor o  responsable  del  impuesto  a  las ventas extinga en su totalidad la obligación  tributaria,  junto con sus correspondientes intereses y sanciones, mediante pago  o  compensación  de  las  sumas  adeudadas,  no  habrá lugar a responsabilidad  penal.”13   

Revisado  el proceso se tiene que según  certificación  expedida  por la División de Cobranzas de Bucaramanga, adscrita  a  la  Administración  de  Impuestos  Nacionales14,  NELLY  MARTÍNEZ POVEDA  no  sólo  se negó a cumplir voluntariamente la obligación tributaria generada  por  la  delictual  omisión  reseñada,  razón  por  la  cual fue  necesario  rematar un inmueble de su propiedad el 19 de mayo  de  2000, sino que no la extinguió en su totalidad pues dejó un saldo insoluto  de  $176.000.00  de  imposible  recuperación  por  el  Estado  porque operó la  prescripción  de  la  respectiva  acción coactiva por circunstancias ajenas al  acreedor fiscal.   

En estas condiciones la nombrada deudora  no   puede   resultar   beneficiada  con  la  extinción  de  la  acción  penal  por   cuanto  no  pagó  voluntariamente,  ni  en  su  totalidad,  los  recursos  estatales  que retuvo en  ejercicio   de   sus  funciones  notariales,  originalmente  llamados  a  reposar  temporalmente en su  poder,  sino  que los usufructuó a su acomodo y hasta que el Estado culminó el  referido  proceso  coactivo,  por medio del cual, de  todas  maneras,  no logró la recuperación total de  la deuda tributaria.   

No  hay  que  olvidar  que  la política  criminal  del  Estado  está  cifrada  en  el  objetivo  de  lograr  eficacia  y  eficiencia  en  la  administración de justicia y por ello han sido incorporadas  una  serie  de  instituciones  del  Derecho  Penal  premial,  entre  ellas,  las  que   recompensan al procesado con la extinción de la acción penal por el  restablecimiento  y  reparación  de  los  derechos  de las personas naturales y  jurídicas  afectadas  con el delito ─erigido  como  principio  rector en el artículo 21 de la Ley 600  de  2000─, alternativa  prevista  en  el  parágrafo  del  artículo  402  de  la  Ley 599 de 2000, cuya  aplicación reclama el casacionista.   

Empero, este  tipo  de  recompensas exige del beneficiado acciones  voluntarias      orientadas      en      tal      sentido     y     precisamente  NELLY MARTÍNEZ POVEDA  no    las    realizó,   si   en   cuenta   se   tiene   que   no   extinguió  la  obligación  tributaria intencionalmente sino que al  Estado  le  correspondió  promover  en  su  contra  cobro coactivo y asumir los  respectivos  costos,  esfuerzo  de  todas  maneras  insuficiente  para lograr la  satisfacción        total       ─conforme  exige  el parágrafo del artículo 42 del Código Penal de  2000─ pues quedó un saldo  insoluto.   

La   declaratoria  del  citado  fenómeno  extintivo  en  las  circunstancias  mencionadas, comportaría el otorgamiento de  un  premio  inmerecido  a la acusada y constituiría   un  mensaje  dañino  para   la   sociedad  que  creería  que  a  pesar  del  incumplimiento de las exigencias legales  el       Estado       hace       graciosas  concesiones con las cuales  genera impunidad.   

En      conclusión:   la  falta  de  aplicación  del  parágrafo  del artículo 402 que reprocha el censor resulta infundada, opinión  con la  cual está de acuerdo la Procuradora Delegada.   

CASACIÓN OFICIOSA Y PARCIAL  

En  virtud del principio de la legalidad  de  la pena cuya naturaleza comporta una verdadera garantía para el procesado y  para  la sociedad, no se le podrán imponer al acusado penas o restricciones que  no  hayan  sido  establecidas  previamente  a  la  realización  de  la conducta  punible,  ni  se podrán  superar los límites cuantitativos y cualitativos  consagrados  en  el  ordenamiento  jurídico. Adicionalmente, su observancia por  parte  de  la  jurisdicción  genera  seguridad  jurídica  para  los asociados,  indispensable  para el logro de la convivencia pacífica que es uno de los fines  pretendidos  por el Estado Social de Derecho según declaración contenida en el  artículo 1° de la Carta Política de 1991.   

En  relación  con  la normatividad que por  favorabilidad   aplicaron  los  juzgadores  en  este  caso,  esto  es,  el   artículo   133  del  Código Penal de 1980, modificado por el artículo 19  de  la  Ley  190  de  1995  y  por  el  artículo  401 del Código Penal de 2000  ─éste último a pesar de  haber  sido  advertida  su  improcedencia,  aunque  no  sea rectificable en esta  instancia  extraordinaria  en  respeto de la garantía procesal consagrada en el  artículo    31    constitucional    ─   halla   la  Sala  que  erraron  los  juzgadores  al  aplicar  los  parámetros  reductores  fijados  en el inciso 2° de la Ley 190 de 1995, según  se  explicó  en precedencia, en cuanto los invirtieron en desconocimiento de la  instrucción  impartida  en el numeral 5° del artículo 60 del Código Penal de  2000.   

Luego  si  el ámbito punitivo de movilidad  determinado  para  la  prisión  y  la  interdicción  de  derechos  y funciones  públicas   en  el  fallo  recurrido  ─desatendieron  los  funcionarios el carácter principal escogido por  el  legislador para la última respuesta punitiva mencionada, razón por la cual  se  corregirá  tal  falla  dada  la  ausencia de repercusión en disfavor de la  acusada─ se estableció a  partir  de  unos  límites  que  no consultan las reglas creadas para el efecto,  pues  se  fijó  entre  36  y 135 meses de prisión, cuando debió oscilar entre  1    año   y   6  meses,  y  7  años  y   6  meses, deducida la proporción mayor (¾  )        al        límite       mínimo,    y   la   menor   al   máximo  (1/2),   operación   ésta  que  no  se  efectuó  en relación con la multa, es evidente que  se  rebasaron  los  topes  señalados  por  la  ley, y  consecuentemente  se  vulneró  el  principio  de  legalidad  de la pena, que la  Constitución Política consagra y garantiza en su artículo 29.   

En tales condiciones y dada la trascendencia  del  mencionado defecto de aplicación normativa en la individualización de las  penas  irrogadas  a  NELLY  MARTÍNEZ  POVEDA y su incidencia en la declaración  final  de  justicia,  en  cuanto  la  degradación  punitiva  fue  materializada  equivocadamente  en  la  sentencia  impugnada,  la  Sala debe corregir tal yerro  casando  oficiosa y parcialmente la sentencia, con fundamento en la facultad que  le otorga el artículo 216 de la ley 600 de 2000.   

En   consecuencia,   fijará   las  penas  principales    en   un   (1)   año   y  la  multa  en  doscientos sesenta y nueve mil setecientos once  mil     pesos     ($269.711,00)     ─conforme se explicó en el cuadro  inserto    en    esta   providencia─,   respetando   de   esta   manera  la  motivación  vertida  en  el  fallo  de primera  instancia     al     individualizar     la     pena     de     prisión, con  referencia  expresa al artículo 61 del Estatuto       Punitivo      de  2000.   

A mérito de  lo   expuesto,   la   CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de la República y por autoridad de la ley,   

R E S U E L V E :  

1.            NO  CASAR  el  fallo recurrido en la forma demandada por el accionante.   

2.           CASAR oficiosa y  parcialmente la sentencia impugnada y, en consecuencia:   

3.           IMPONER  a  la  procesada  NELLY  MARTÍNEZ  POVEDA  las  penas  principales  de  prisión  y de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por un (1) año y multa de  doscientos  sesenta  y  nueve mil setecientos once mil pesos ($269.711,00), cuyo  pago  deberá  efectuar a favor del Consejo Superior de la Judicatura (artículo  42   Código   Penal  de  2000)  dentro  del  mes  siguiente  a  la  fecha  esta  providencia.   

4.           PRECISAR que las  restantes determinaciones del fallo se mantienen incólumes.   

5.            ADVERTIR  que  contra esta providencia no procede ningún recurso.   

Notifíquese,  devuélvase al Tribunal de origen y cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ    MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

ÁLVARO       O.       PÉREZ  PINZÓN                                         JORGE L. QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                     JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

Aclaración de voto  

   

MAURO SOLARTE PORTILLA                                                                 JAVIER  ZAPATA  ORTIZ   

   

   

   

  TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria.  

ACLARACIÓN DE VOTO  

Respetuosamente quiero hacer las siguientes  precisiones   sobre  la  providencia  adoptada  en  el  punto mayoritario y  renovar  mi  ya  viejo  planteamiento  en  lo  que  tiene  que  ver con  la  legalidad  de  las  penas  y  la  no  reformatio  in  pejus:   

  1. Ante todo es de significar que en  este  proceso  los  jueces de instancia no se inventaron norma que transgrediera  de  manera grosera y manifiesta el principio de legalidad de las penas, sino que  frente  a  la reducción punitiva establecida en el inciso 2° del artículo 401  de  la  ley  599  de  2000,  dieron  razones equivocadas para su concesión como  consecuencia  de  la indebida interpretación otorgada a la figura del reintegro  que  no  fue  realizada  voluntariamente  por  la procesada ni en su integridad.   

2. Aprovecho para reiterar que participo de  la   transcendencia   indiscutible   de   la   garantía   de   la  no  reforma  peyorativa  para quien actúa  como  recurrente único –no  sólo   el   procesado-recurrente,   como   algunos  fraccionan  sin  razón  la  prerrogativa-,  pero  siempre  y  cuando previamente se haya respetado el debido  proceso  en  su  acepción  de  legalidad de los delitos y de las penas, como lo  argumento enseguida:   

I  

Punto  de  partida en el esquema del Estado  democrático   y   social   de   Derecho   es   reconocer  que  la  Constitución  Política expresa no solo el  orden  jurídico  fundamental del Estado sino también y necesariamente el orden  jurídico  fundamental de la comunidad y de la persona humana. En atención a su  elevada  jerarquía  y  validez, las normas constitucionales pretenden valorar y  establecer  un  sistema  de  vida, además que poseen capacidad axiológica para  incidir  en  la realidad social y modificarla originando a partir de la vigencia  y  difusión  de  sus  normas  un “estado de conciencia” impersonal sobre la  forma  en  que  se  concibe  el  Estado,  los  derechos  de los ciudadanos y los  límites  y  funciones  del  poder  público. En tal virtud, le corresponde a la  Carta  la  primacía respecto  de  todo  el  resto  del  Derecho interno (art. 4), lo cual facilita la tarea de  cumplir  una  función  de  ordenamiento fundamental de la comunidad15    para  imponerse   como   “norma   de   normas”  o  preceptiva jurídica superior y dominante sobre el resto del  orden normativo.   

          La  Ley  Fundamental,  como  el  conjunto de principios básicos que  adoptan  y  describen  el  modelo  de  sociedad  dentro  de  un marco conceptual  general,  no  es  una  codificación cerrada ni un modelo descriptivo completo y  exhaustivo,  sino  que  sus  previsiones  establecen el contenido esencial o los  esquemas  que  engloban  los  valores  esenciales  de  la comunidad, la forma de  Estado,   los   límites   de   los   poderes   públicos,   sus   funciones   y  responsabilidades,  la  forma  de  organización política, económica y social;  pero  al  lado  de  esa concepción estructural del modelo de Estado, se levanta  como    razón   y   esencia   misma   del  Pacto Constitucional el reconocimiento del valor superior de la  persona    humana,  la  supremacía  de  los derechos  humanos como metas y fines esenciales del Estado.   

          El  reconociendo  constitucional  del  valor  superior de la persona  humana,  nos ubica en el entorno de un modelo de Estado  antropocéntrico,   esto   es,   de   una   forma  de  organización  política  y  jurídica  que tiene como su valor central, como el  objeto  de  toda su actividad, como responsabilidad de todas las autoridades, el  compromiso  indeclinable  de  garantizar  las  condiciones  para la dignificación    del   hombre   y   para  procurarle  el  desenvolvimiento  de  sus  potencialidades, así como establecer  condiciones  individuales  y  sociales de vida que posibiliten que su existencia  discurra    de    la    manera    más    feliz    posible.    El   hombre   se  destaca  no  solo  sobre  la  naturaleza  como un ser superior dotado de facultades para transformar el mundo,  sino   que   también   es   reconocido  por  la  organización  política  como  “el  ser  en  sí  en  esencia  valioso”,  para  el  cual  y  alrededor  del cual se crean la estructuras  estatales,  las  construcciones  jurídicas, políticas, económicas y sociales,  hasta  llegar a la ideal del Estado de servicio, y a la indeclinable conclusión  de   que  todo  debe  servir  al  fin  central  de  dignificar  al  hombre. Estado, leyes, órganos del poder,  vida   económica,  vida  política,  justicia,  actividad  estatal,  todo  debe  funcionar  y  girar  alrededor  del  hombre,  como  instrumentos  y medios para el fin superior de facilitar el  desenvolvimiento de los destinos humanos.   

          A  diferencia  de  las  cosas  que  tienen  su  fin fuera de sí, el  hombre   se  concibe  como  el  fin  en  sí mismo16,   posee   innatamente   el  derecho  y  la  misión  inherente  de  concebirse  y realizarse tal como él se  piensa   y   se   sueña,   y   por   eso   se   le  garantiza  el  libre  ejercicio  de  su voluntad; no es  una   simple  existencia  biológica,  un  dato  más  en  la  realidad  de  las  interacciones    sociales,   sino   que   la   existencia   siendo   enteramente  suya17,  es  además  libre  para darse los rumbos que su razón le dicte,  para  imprimir  a su días y a sus años de tránsito en la tierra las formas de  vida  que  mejor  lo  realicen  y  le  permitan  un  superior  desarrollo de sus  potencialidades:   

“El   valor  de  la  persona  consiste, por lo pronto, en ser más que el mero existir, en tener  dominio  sobre la propia vida,  y   esta   superación,   este   dominio,   es   la  raíz  de  la  dignidad  de  la  persona”, ha dicho con  acierto  Legaz y  Lacambra.18   

          Hay    entonces   una   supremacía   del  hombre  sobre  los  valores del mundo, el hombre es el  fin  en  sí  mismo,  ello  hace  que  no  pueda  ser  tratado  como cosa o como  instrumento  para  fines  ultra  personalistas; lo anterior conlleva así mismo,  que  cada  hombre sea visto como fin en sí mismo y por tanto como igual a todos  los  demás hombres; por esa también innata igualdad resultan inadmisibles todo  tipo  de  discriminaciones  por  razones  de  nacimiento, raza, sexo, condición  social, religión, credo político o convicciones.   

          La  anterior  base axiológica  reconocida  en  los  artículos  1  y  2  de  la  Ley Fundamental,  desemboca    lógicamente    en    el    reconocimiento   de   la   titularidad    innata   de   derechos   y  obligaciones:  todo  hombre  es  persona  y  se  le  reconoce  una  personalidad  jurídica,  principio  plasmado  en  el  artículo 14 de la Constitución, y que  conlleva  el  reconocimiento  de  derechos  y obligaciones, comprometiéndose el  Estado a ser el garante de su  eficacia y respeto.   

          Así  es  como  al  adoptarse  como  paradigma  jurídico central el  principio      dignitas     hominis,  que  nos  recuerda la antigua visión griega de “el hombre como  la  medida  de  todas las cosas”, necesariamente se tiene que desembocar en el  reconocimiento   y   supremacía   de   los  derechos  humanos,  que  se  convierten  así  en instrumentos y  medios  sin  los  cuales  no es posible concebir ni lograr la dignificación del  ser humano.   

          Entonces,  si  la  dignidad   del  ser  humano  y  la  garantía  y  eficacia de los derechos  fundamentales  se  constituyen  en los valores y fines  constitucionales  centrales,  en  piedra  angular  del  Estado Constitucional de  Derecho,  deviene como lógica consecuencia que a los preceptos constitucionales  que   reglamentan   y   desarrollan   esos   valores   fundantes,   se   les   atribuya   política  y  jurídicamente  no  solo  una  axiología  superior, sino una especial y superior jerarquía aún con relación  a  otros  preceptos  de  la  misma  Carta Política. Lo  anterior   explica  y  justifica  que  en  el  constitucionalismo  democrático,  antropológicamente  fundamentado  y  concebido,  se  llegue  al  reconocimiento  expreso  de  la existencia al interior de la preceptiva constitucional de normas  de  superior  jerarquía,  peso  jurídico  o  rango,  cuyos contenidos priman y  prevalecen   sobre   el   resto   de   los   dispositivos   constitucionales   y  legales.   

          Luego       hay       un       núcleo  irreductible  de  valores superiores, de “principios  fundamentales”  que  constituyen  la  quinta  esencia  del  orden  axiológico  constitucional,  en  cuanto  esas  normas  interpretan y recogen la visión  central  del orden establecido, y  sin   los   cuales   se  desnaturalizaría  y  haría  nugatorio  el  modelo  de  organización   adoptado   por  el  pueblo en el pacto superior:   

dignidad humana, prevalencia de los derechos  humanos,  solidaridad  social,  prevalencia  del  interés  general,  democracia  participativa  y  pluralista, orden de justicia, libertad e igualdad, soberanía  popular,  diversidad  étnica  y  cultural  de  la  nación, son entre otros los  valores que constituyen lo fundamental de la vida social.   

          Así  vino a concretarse históricamente este reconocimiento a nivel  universal,  en  la  Declaración de Derechos Humanos de 10 de diciembre de 1948,  en  los  Convenios  Internacionales  sobre Derechos Civiles y Políticos y sobre  Derechos  Económicos,  Sociales  y  Culturales  de  19 de diciembre de 1966, lo  mismo   que  en  la  Convención  Americana  sobre  Derechos  Humanos  de  1969,  normatividad  superior que se recogió en su universalidad en la Carta Política  colombiana de 1991.   

II  

          Dentro  del  anterior esquema axiológico y  normativo,  los  derechos  humanos,  y entre ellos los  fundamentales,  vienen  a  cobrar  elevada  connotación  y  obligatoriedad. Los  mismos  se  conciben como valores y medios sin cuyo reconocimiento y eficacia no  es    posible    considerar   al   hombre  como  persona  digna, de allí que ellos se convierten, además de  valores   superiores   de   obligatorio  respeto,  en  medios  indispensables  y  necesarios  para  tratar  al  hombre  como  persona.  Es  así  entonces, que la  eficacia   y   logro   de   esos  derechos  se viene a constituir en el constitucionalismo contemporáneo como  uno  de  los “fines esenciales del Estado”,  tal  como  lo reconoce el artículo 2° de la Carta Política,  lo  cual  determina  que  los mismos estén revestidos en la Ley Fundamental, no  solo  de una superior jerarquía, sino de un imperio, protección, universidad y  obligatoriedad  especiales, que les dan prevalencia, primacía e inviolabilidad.  (arts. 2, inc. 2, 5, 53, 85, 86, 93, 94 Const. Pol.).   

          Luego  la  propia  Carta Política expresa en forma manifiesta en la  denominación que da a los  Títulos  I  y  II,  Capítulo  1, “De los Principios  Fundamentales”    y    “De    los   Derechos  Fundamentales”, todo el valor,  jerarquía,  esencialidad  y  carácter  que  otorga  a  esos principios y a los  derechos.  La  jerarquización  y  especial  protección  que  se atribuye a esa normatividad está encaminada a  crear  y mantener en la vida en sociedad, las condiciones elementales y básicas  para   asegurar   a   todos   una   vida  en  igualdad,  libertad  y  dignidad.   

          El   bien  más  preciado  del  hombre  es  su  propia  existencia  (la  vida);  sin  ella ningún  otro  derecho  es  posible  ni  significativo. Pero lo que protege y reconoce la  Carta  no  es  la vida como simple fenómeno biológico, sino la “vida   digna”  o  en  dignidad,  y  ello  implica  necesariamente  el entorno que la eleve y dignifique, deviniendo así a  surgir  la  necesaria  triade  de derechos  que  constituyen  el  núcleo  clásico alrededor del cual gira la  dignidad     humana:  vida-libertad-igualdad.  Por  ser  valores  fundantes  del  sistema,  estos  derechos  no  sólo encarnan  derechos  subjetivos  o sea pertenecientes al hombre como persona, sino también  adquieren  el  valor  de  principios  objetivos,  característicos y propios del  orden   constitucional,   que   implica   la   necesidad  de  su  protección  y  obligatoriedad   en   muchos   casos,  más  allá  del  ámbito  de  la  simple  subjetividad  individual.  De  esta manera los derechos  fundamentales  interesan  no solo al individuo titular  sino  también  a toda la comunidad, en tanto los mismos se entienden como fines  y    funciones    del    Estado    y    del   ordenamiento   jurídico   en   su  totalidad.   

          Pero  en  la vida en comunidad y de cara a la organización estatal,  a     la     par     de     los     derechos    esenciales    de    vida-libertad-igualdad,  cobra  especial  relieve  para  hacer  real  y  efectivo  el  valor  de dignidad, el derecho   a   la  seguridad,  y  dentro  de este el de seguridad    jurídica.  No  en  vano  ya  desde  Declaración francesa de los Derechos del  Hombre  de  1789, se ubicó dentro de los “derechos  imprescriptibles   del  hombre,  la  libertad,  la  propiedad,  la  seguridad  y  la  resistencia  a  la  opresión”19, siendo esta disposición el  precedente  histórico  más  claro  del  actual artículo 5 de la Constitución  colombiana,  cuando  reconoce “la primacía de los derechos inalienables de la  persona”.   

          Así   es   como   el   derecho  a  la  seguridad  viene  a  cobrar  especial relevancia en el  orden  a  la protección de la dignidad, la vida, la libertad y la igualdad. Sin  seguridad    material    y    jurídica   de   nada   sirve  la  formulación  abstracta  de  derechos,  el  establecimiento  de  un  Estado  de Derecho se tornaría inane e insignificante,  pues  la incertidumbre, la inseguridad, la variabilidad de las situaciones y por  tanto  la injusticia, cundirían, anegándose la vida social y la justicia en un  subjetivismo  peligroso  que  propiciaría  la  inconformidad, la violencia y la  guerra civil.   

III  

          Devienen     entonces    los    derechos  fundamentales    en    garantías    sustantivas   y  procedimentales   que   hacen   posible  la  seguridad  material  y  jurídica,  los  cuales  por  su especial  significación    cobraron   ya   entre   los   clásicos   desde   Beccaría,          John  Locke y otros, especial valoración  e  importancia,  para  constituir la visión demo-liberal de la sociedad fundada  en   el   principio   de  dignidad  humana.  La dignidad de la persona no solo está amparada en forma directa  por  el postulado fundamental que así lo proclama, sino que el mismo se expresa  mediante  otros  desarrollos  o  porciones  del  principio  de dignidad y que lo  materializan   y   concretan.   Precisamente   el   principio   de  legalidad     del     delito     y     de     la    pena, es en el  campo  penal,  un desarrollo  y  aplicación del principio  esencial   de   dignidad  humana,   pues  en  este  ámbito  sólo mediante él se garantiza al individuo ser tratado como persona e  innato  titular  de derechos y garantías. Es así, visto como corolario lógico  del   principio   de   dignidad   humana,   que  el  principio  de  legalidad  penal cobra especial jerarquía  y  prevalencia  en  el ámbito de los valores constitucionales, más aún cuando  el  mismo  tiene  innegables  y  claras vinculaciones con otros derechos como la  libertad20,  la  presunción  de  inocencia,  el  buen  nombre,  etc.,  que se  encuentran     íntimamente     ligados    al    principio    de    dignidad humana.   

          Ante  el abuso de la autoridad y el subjetivismo de los detentadores  del    poder,    surge    la    limitación    garantista    del    principio  de  legalidad  de  los  delitos,  la  pena,  el debido  proceso  y  el  juez  natural.  De  cara  a  las penas  crueles,   inhumanas  y  a  las  torturas  judiciales,  emergieron  los  valores  inmarcesibles  de  penas  limitadas,  humanas  y  dignificantes  lo mismo que la  proscripción   de   las   torturas   y   los   tratos   crueles   inhumanos   y  degradantes.   

          Las  anteriores  garantías,  al  lado de otras como la presunción  de  inocencia,  favorabilidad, irretroactividad de la  ley   penal,   etc.,   a   la  vez  que  derechos,   devienen   en  principios    objetivos    del   ordenamiento   constitucional   y  jurídico,  situación que los reviste de una especial  connotación,  valor jurídico y jerarquía  frente  a  otros valores del mismo ordenamiento, de suerte tal que  dado  el  carácter de “imprescriptibles” o “inalienables”, priman  aún  sobre otros constitucionales  que reconocen y reglamentan otros derechos y garantía.   

          Así  como  en  el Estado Constitucional de  Derecho   las  normas  sobre  Principios  y  Derechos  Fundamentales  consagrados  en  la  Carta  Política (arts 1 a 41 C.Pol.) tienen  primacía  sobre otros textos  constitucionales,  de  igual  manera en el entorno de los derechos fundamentales  se   reconoce   también   una  jerarquía  especial  a  determinados  principios,  lo  cual  hace  que estén  revestidos   de   mayor   peso   jurídico  y  aún  respecto  de  otras  normas  fundamentales.  Así  ocurre  con  los  derechos  y  garantías  de legalidad  del  delito  y  de  la  pena,  debido  proceso y derecho a la defensa, derecho a un  recurso  ante  los tribunales competentes, que desde la  preceptiva  de  los pactos y convenios internacionales sobre derechos humanos se  consideran   como  principios  de  mayor  jerarquía.   

          Lo       anterior       se       explica      como      desarrollo  del  principio  nuclear  de la  Carta    de    “la   dignidad   humana”,  y  de  la  propia  naturaleza  de  las garantías materiales y  formales   encaminadas   a   hacer  viable  y  real  el  principio  basilar.  La  consideración  de todo hombre como persona, la dignidad humana, la libertad, en  una  palabra  los  derechos  fundamentales, no sólo se consideran prejurídicos  sino  aún preestatales y por tanto vinculan y limitan al legislador ordinario y  al  juez; es más, en el ámbito constitucional existen derechos y prohibiciones  absolutos  cuya violación o desconocimiento hace a la norma  o al acto que  los  desconoce  inexistente  o  inaplicable,  tal  es  el caso de los derechos a  no   ser   torturado,  a  no  ser  desaparecido,  a  no    ser    sometido   a   esclavitud,  los  cuales  no  admiten ni suspensión o limitaciones, por tanto  cualquier  decisión  o  acto  jurídico  que  los  vulnere  deviene  en  nulo o  inexistente.   

IV  

          La  Carta  Política  de  1991,  siguiendo el modelo de Estado   Democrático   de   Derecho,  ha  incorporado  a  su  texto  las  principales  garantías y principios del Derecho  Penal,  y  especialmente  en  el  artículo  29,  luego  de relacionar el debido  proceso,     enuncia     como     uno    de    los    principios    fundamentales  el  de  legalidad  del  delito  y  de  la pena. En el contexto del Capítulo de  los  derechos  fundamentales,  la  Carta  incorporó  también  la  prohibición  de  agravación  desfavorable de la pena  impuesta  cuando  “el  condenado sea apelante único” (art. 31  inc. 2°).   

          El  problema  que  ahora se plantea es determinar si la prohibición  de   reforma  peyorativa  tiene  aplicación  aún  frente  a  una  sentencia    ilegal    o    ante   el  desconocimiento  del  principio  de  legalidad,  o  sea,  si  aún  frente a una  sentencia  condenatoria  que  desconozca  el tipo aplicable o la pena que la ley  impone,  prima  el  principio  de  la prohibición al superior para que no pueda  agravar  la  pena  cuando  el  condenado sea apelante único. De ser positiva la  respuesta  significaría  no  otra cosa que la prevalencia de la prohibición de  reforma peyorativa sobre el principio de legalidad:   

          Como  se  ha  dicho  con  antelación,  el constitucionalismo actual  prevé  que  aun  dentro  de  las normas que regulan  derechos   fundamentales   existen  unas  de  mayor  jerarquía  por  cuanto  contienen  disposiciones  que  constituyen   la   base,   la   esencia  o  el  punto  de  partida  del  sistema  constitucional  de  Estado Democrático Social y de Derecho, y de los postulados  de    valor    en    que    este    se    sustenta21.   

          Así  ocurre  por  ejemplo con el principio  de  dignidad  humana  que a la vez que “derecho   fundamental”   es  también  “principio”, es decir,  que  no  solo  se  ha establecido en beneficio de la persona concreta, sino como  punto   de   inicio,   base   o  umbral  del  sistema  de  Estado Constitucional de Derecho, y por tanto se  edifica en garantía de toda la sociedad:   

“Los principios  constitucionales  son  la  base axiológico-jurídica sobre la cual se construye  todo  el  sistema  normativo.  En consecuencia, ninguna norma o institución del  sistema  puede  estar  en  contradicción  con  los  postulados expuestos en los  principios.  De  aquí  se  deriva  el  hecho  de  que  toda la discrecionalidad  otorgada  a los órganos y creadores del derecho debe estar fundada a partir del  hilo  conductor  de  los  principios.  La  movilidad del sentido de una norma se  encuentra   limitada   por   una   interpretación  acorde  con  los  principios  constitucionales.”22   

          Para   nosotros  el  principio  enuncia  o  encierra  el contenido que las normas deben tener, por  eso  el  principio  gobierna  el  contenido  de  las normas que lo desarrollan o  aplican;  los  principios vinculan y deben prevalecer sobre la normatividad y se  imponen  al aplicador de la ley. Las llamadas normas  rectoras   del  derecho  penal,  son  la  decantación  positiva  de  los  principios  ya  especificados, formulados y concretados en el  sistema       de       la       ley       penal23,  normas que siendo legales,  prevalecen  sobre  las demás de la ley penal, por ser desarrollo, aplicación y  concreción  de  principios más generales y universales de rango supralegal. La  idea  que  sustenta  que  los  principios no son vinculantes no parece aceptable  pues  desconoce  la  supremacía  de  los  principios  universales  del  derecho  establecidos  en  Convenios  Internacionales y reconocido en la Carta Política,  art.   93,   así   como   la  supremacía  y  obligatoriedad  del  jus  cogens  o derecho de gentes, aunque  aquí    téngase   en   cuenta   que   el   término   principio   no   se   utiliza   como   sinónimo   de  “principios  generales del derecho” a que se refiere  el art. 230 de la  Constitución.”24   

          Al  interior  del  sistema  penal se advierte similar situación: el  “fundamento”  del  sistema  punitivo es la dignidad  humana  (art. 1° C.P.), en tanto que la norma rectora  o  principio  central, pie edificante de toda la estructura punitiva del Estado,  es  el  principio de “legalidad del delito y de la  pena”,   que  a  la  vez  que  derecho  fundamental  establecido  a  favor  de  las  personas,  también es una garantía general que  caracteriza   desde   la   perspectiva   constitucional  el  sistema  penal.  El  principio  es  el inicio,  aquello  que  se constituye en el pié o el punto de partida de algo, y a partir  del   cual   devienen   otras  aplicaciones  más  concretas;  el  principio  es  un  antes del sistema o sea  un  valor  antelado  a un desarrollo posterior; y por eso informa y se convierte  en  línea  directriz  u  orientación  axiológica,  política  y jurídica del  sistema  que  se  desarrolla a partir de él. Por tanto, el principio debe regir  para  el  legislador  como  para  el  intérprete y aplicador de la ley, pues el  mismo  informa  y  penetra  con su fuerza ideológica toda disposición penal lo  mismo   que   la   concreta   aplicación   del   sistema  punitivo  a  un  caso  concreto.   

          No  hay  duda  que  en materia del sistema punitivo, el principio  de  legalidad  es  el cimiento,  base  y  umbral  de toda la estructura formal punitiva. Históricamente fue este  postulado,  surgido luego de un largo proceso histórico, el que dio identidad y  nacimiento  al  advenimiento  de  un  nuevo  orden de cosas en el ámbito de los  delitos  y  las  penas, pues a partir de su instauración definitiva la historia  se  parte  en  un antes y un después del mismo, y por tanto se constituye en el  alma   misma   de  la  edificación  político-conceptual.   A  partir  del  principio  de legalidad se  construye  el  actual  sistema  de  Derecho Penal: no puede haber delito sin ley  previa  que  lo  defina,  como no puede imponerse pena sin que la misma aparezca  previamente   establecida   en   disposición   legal;   por  tanto,  estas  dos  consecuencias  del postulado de legalidad  resultan  necesarias  e  indispensables para que alguien pueda ser  condenado como responsable de un hecho punible.   

Pero   el   principio   de   legalidad  penal,  nulla  poena  sine  lege,  que  como se ha dicho se establece en garantía  de   las  personas  y  de  la  sociedad,  no  sólo  comprende  un  límite   imperativo  para  el  poder  punitivo  del  Estado  (ius  puniendi)  legislador,  y  que  se  concreta  en  la necesidad de una norma legal que defina el delito y la  pena,  sino  que  también  comporta un límite y una  obligación  para  el  juez  sobre  el  cual  recae  la  obligación  constitucional  y  legal de aplicar con  exclusividad  la  norma típica a la cual se adecúa la conducta realizada, y la  pena   que  establece  la  ley.  Como  principio  básico y fundamental del  sistema  penal,  el  principio de legalidad  se proyecta en la legalidad del delito,  legalidad  de la pena y de la medida de seguridad, legalidad del debido proceso,  legalidad   del   juez   competente   y   legalidad   de  la  ejecución  de  la  pena.   

          Pero   en   cuanto   a   exigencia  constitucional  y  legal  de  la  preexistencia  de una ley que  defina  el delito y la sanción, la decantación y evolución constitucional del  principio  lo  ha  precisado  bajo  las  exigencias  que  del  mismo emanan como  postulados:  la ley penal debe ser escrita, estricta,  previa    y    cierta,    esto    es    scripta,   stricta,   praevia  y  certa,  según   la   expresión   latina.   Precisamente   el   carácter  estricto  del  principio  de  legalidad  conlleva  la  exigencia rigurosa de su aplicación, vale decir, que exige que el  delito  y  la  pena  aplicables  sólo  pueden  ser aquellos que precisamente la  ley  ha establecido en forma  previa y precisa para el acto realizado.   

V  

          Consecuentemente:    si    no    se    aplican    la    ley       y      la      pena              legalmente  establecidas para el hecho, se  vulneraría la Constitución  y   de   esta   manera   el   principio  legalidad.  De  cara  a  una  sentencia  que  en  estricto  sentido  vulnere el principio de  legalidad  del  delito  y  de  la  pena, no  puede  operar  la  prohibición de no reforma peyorativa frente al  apelante  único, pues de lo contrario se estaría convalidando una flagrante  violación  no sólo a la Carta  Política,  sino  al principio fundante de legalidad, el cual siendo el de mayor  jerarquía    constituye   el   punto   de   partida   para   las   sentencias  judiciales  y  respecto de las  cuales  en caso de ser condenatorias y recurridas por el procesado, se predica o  refiere la prohibición de reforma peyorativa.   

          Demuestra  la  mayor jerarquía  y  prevalencia  de que está jurídicamente investido el principio  de    legalidad,    su  positivación  expresa  tanto  en  el  Pacto Internacional de Derechos Civiles y  Políticos  (art.  15),  como en la Convención Americana sobre Derechos Humanos  (art.  9),  lo  que  no sucede con la prohibición de reforma desfavorable de la  sentencia  cuando  el  condenado  es  apelante  único, sin que escape a nuestra  consideración   que  la  Constitución  Política  incorporó  expresamente  la  prohibición  de  reforma  peyorativa  con  el  siguiente texto: “El   superior  no  podrá  agravar  la  pena  impuesta  cuando  el  condenado  sea  apelante  único”  (art. 31 Inc. 2°  C.Pol.),    no    obstante    lo   cual   cuando   la   sentencia   desconoce  la  Constitución Política por  inaplicación   del   principio   de   legalidad   de   la   pena,  no  se  está  agravando la sanción si el  superior  corrige  el  error y en lugar de la pena equivocada, declara y pone de  manifiesto la pena aplicable según la ley.   

         Así  por  ejemplo: si el juez por error condenara al procesado a la  pena  principal  de arresto (inexistente en el Código Penal), omitiendo aplicar  la  pena de prisión, o le irroga una cantidad de pena por fuera de los límites  mínimos  o  máximos,  resulta  evidente  que  tal error debe enmendarse por el  superior    toda    vez    que    en    estricto    rigor    ello   no        implica       agravar  la pena al apelante único, sino  declarar  la pena que la ley establece para el caso concreto, como ocurre diaria  y   uniformemente   con   penas   que   desbordan  máximos  legales25 y cuando no  se  explicita  la  pena  intemporal  que  tipifica  el art. 122 Const. Pol. y el  superior sí lo hace aún mediando apelante único:   

“Tratándose de una inhabilidad, es decir,  de  una  situación  que le impide a una persona ejercer, obtener o conservar un  empleo,  oficio,  cargo  o  ventaja,  bien podría sostenerse que opera de pleno  derecho,  con la sola condición de que, como lo precisa la Ley 734 del 2002, el  supuesto  fáctico  –que la  conducta  objeto de sentencia condenatoria constituya un delito doloso contra el  patrimonio   del  Estado-  se  haga  explícito  en  el  fallo  que  declara  la  responsabilidad penal.   

En este sentido, para la aplicación de esa  restricción  sería irrelevante que la consecuencia del comportamiento ilícito  –la     inhabilidad  intemporal-  se  expresara  o  no  en la correspondiente sentencia, pues en todo  caso  “el servidor público que sea condenado por delitos contra el patrimonio  del  Estado,  quedará inhabilitado para el desempeño de funciones públicas”  como reza, se repite, la norma que se comenta.   

Que  la  circunstancia  impediente opere de  pleno  derecho,  implica  que rige aunque no se declare. Hacerla expresa en este  caso,    en    el    que    el    señor    TRUJILLO  SCARPETTA ha sido condenado por delitos dolosos contra  el  patrimonio  del  Estado,  no  significa  entonces agravar su situación sino  ponerla  de  manifiesto,  de  manera  que  no  podrá afirmarse que respecto del  recurrente  único se ha desconocido la prohibición de  reforma   peyorativa”26.   

         A   nuestro   juicio   es   claro   que   siendo   la   Constitución  “norma de normas” y sus  preceptos  de  obligatorio  cumplimiento  por  los  jueces  de la República, la  prohibición   prevista  en  el  inciso  2°  del  artículo  31  de  la  Carta,  presupone   una  decisión  judicial     condenatoria     respetuosa  de  la  Constitución y de la Ley, esto es, una fallo proferido en  acatamiento   del  principio  de  legalidad,  pues  de  lo  contrario   una  aberrante  vulneración a la  propia  Carta  Política  y  a  los  principios  más  esenciales  de dignidad y  legalidad,  se  podría convalidar al amparo de la no  reformatio      in  peius.   

Cordialmente,  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Magistrado  

Fecha   ut  supra   

    

1  C.  orig. N° 1, fols. 61-63.   

2  C.  orig. N° 1, fols. 117-120.   

3  C.  orig. N° 1, fols. 190-195.   

4  C.  orig. N° 1, fols. 230-242.   

5  C.  orig. N° 2, fols. 3-10.   

6  “…sin  excepción  alguna,  desde 1969 con la ley  38,  posteriormente  el decreto 2503 de 1997, el decreto 624 de 1989, la ley 383  de  1997,  la  ley  488  de 1998 hasta llegar a la ley 633 de 2000, esta última  difiere radicalmente de las anteriores tributarias.”   

7  Pronunciamiento   ratificado   por   la   CORTE   CONSTITUCIONAL,   Sents.          C─129      y    C─652 de 2003.   

8 De la  CORTE   CONSTITUCIONAL  cita  las  Sents.  C─592 de  2005,  C─619  de 2001 y  C─200  de 2002; y de la  CORTE   SUPREMA  DE  JUSTICIA,  el  Auto del 30 de noviembre de 2006, rad. N° 25.825.   

9  “Parámetros  para  la  determinación  de los mínimos y máximos aplicables.  Para  efectuar  el  proceso  de  individualización  de  la pena el sentenciador  deberá  fijar,  en primer término, los límites mínimos y máximos en los que  se  ha  de  mover.  Para  ello, y cuando hubiere circunstancias modificadoras de  dichos límites, aplicará las siguientes reglas: (…)   

5.  Si  la  pena  se  disminuye  en  dos  proporciones,  la  mayor  se  aplicará  al  mínimo y la menor al máximo de la  infracción básica.”   

10  “Artículo         401.         Circunstancias  de atenuación punitiva.  (…)   

Si  el  reintegro  se  efectuare  antes de  dictarse  sentencia  de segunda instancia, la pena se disminuirá en una tercera  parte.”   

11  CORTE   SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Auto del 30 de noviembre de 2006, rad. N° 25.825.   

12 La  fijación  de  este  parámetro,  omitido por los juzgadores, se encuentra en el  artículo 39, numeral 1° del Código Penal de 2000.   

13 El  texto  siguiente:  “Tampoco  habrá  responsabilidad  penal  cuando  el agente  retenedor  o responsable del impuesto sobre las ventas demuestre que ha suscrito  un  acuerdo  de  pago  por  las sumas debidas y que éste se está cumpliendo en  debida  forma”,  fue  la  única  derogatoria  declarada  expresamente  en  el  artículo 21 de la Ley 1066 de 2006.   

14 C.  orig. N° 1, fol. 148.   

15  CONRADO    HESSE,    Constitución    y    Derecho  Constitucional,  en Manual  de   Derecho  Constitucional,  Edit.  Marcial  Ponds,  Madrid, 2001, pág. 6.   

16  INMANUEL  KABT,  Antropología práctica, Edit. Tecnos, Madrid, 1990, pág. 4 s.s.   

17  JESÚS  GONZÁLEZ  PÉREZ,  La dignidad de la persona  humana,   Edit. Civitas, Madrid, 1986, pág. 23 s.s.   

18  LUIS  LEGAZ  y  LACAMBRA,  La noción jurídica de la  persona  humana  y los derechos del hombre, Revista de  Estudios  Políticos, núm. 55, pág. 15, cita de González Pérez, La  dignidad de la persona humana. pág.  23.   

19  Arts.  2  de la Declaración francesa de los Derechos del Hombre y del Ciudadano  de  1789:  “El objeto de toda asociación política es la conservación de los  derechos   naturales  e  imprescriptibles  del  hombre.  Esos  derechos  son  la  libertad,  la  propiedad,  la  seguridad y la resistencia a la opresión”.   

20  ERNESTO  BENDA,  Dignidad  humana  y  derechos de la  personalidad,  en Manual de  Derecho  Constitucional,  Edit. Marcial Pons, Madrid,  2001, pág. 123.   

21  Además:  “Los  últimos desarrollos de la concepción  de Alexy ponen de  manifiesto  que  la  ponderación  es concebida  de un modo particularista.  Según   Alexy,  podemos  dividir   el grado de afección a un derecho  determinado  en  tres   rangos:  leve,  medio  y grave. Como es obvio,  estos  grados de afección son  relativos  al contexto establecido por  el  caso  concreto.  De ello resulta  lo siguiente: las vulneraciones leves  de  un  derecho  fundamental ceden ante la  protección media y la grave de  otro  derecho fundamental, y las medias ceden  ante las graves. Quedan tres  casos   de   empate,   en   donde   –si  entiendo  bien  la  propuesta de Alexy- el legislador goza  de  discreción   para  afectar uno u otro  derecho, lo que equivale a  decir  que,  en los casos de empate, las restricciones legislativas al ejercicio  de  un  derecho  fundamental  están  justificadas”.   JUAN JOSÉ MORESO,  Constitución  y  derechos fundamentales,  Madrid,  Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2004,  pág. 482.   

22  CORTE      CONSTITUCIONAL,      Sent.  T-406  de  junio  5  de  l992.  “En  materia  de  derecho  los  principios  son  preceptos  de  valor  que  implican  la  adopción de formas de  solución  universales  que  deben  ser  aplicadas en cada caso concreto, por lo  mismo  el  principio  rige  y  sobredetermina  una  forma de ser de otras normas  respecto  de las cuales es su soporte, aplicación o desarrollo, en este sentido  el   principio    rige   y   prevalece”.  JUAN  FERNÁNDEZ  CARRASQUILLA,  Principios    y    normas    rectoras, pág. 5.   

23  FERNANDO     VELÁSQUEZ     VELÁSQUEZ,    Derecho  Penal,  Edit. Temis, Santa fe de Bogotá, l994, pág.  219.   

24  JESÚS  ORLANDO  GÓMEZ  LÓPEZ,  Tratado de Derecho  Penal, T. I  pág. 479.   

25  “Acorde  con  la normativa sustancial por la que se  rige  el  presente  asunto,  cuando  la  pena  de  interdicción  de  derechos y  funciones  públicas  se  impone  como  accesoria a la de prisión, su tiempo de  duración  debe  ser igual a ésta, sin que pueda exceder de 10 años, según lo  establecen  los artículos 44 (modificado por el 28 de la ley 40 de 1993 y luego  por  el  3º  de la ley 365 de 1997) y 52 del Código penal de 1980 aplicable al  caso.  El  procesado  ANTONIO  MARÍA  CARDOZO  CASTRO  fue  condenado a la pena  privativa  de la libertad de veintiocho (28) años, nueve (9) meses, quince (15)  días  de  prisión,  y  la  accesoria  de interdicción de derechos y funciones  públicas  “por  el  término de veinte (20) años que es el máximo permitido  en  la  Ley Art. 51 inciso final del Código Penal vigente”, pena esta última  que  supera  en  diez  (10)  años  la  legalmente  aplicable.  Con  el  fin  de  salvaguardar      el     principio     de     la  legalidad  de  las penas, establecido en el artículo  29  de  la  Carta  Política,  la Corte hará uso de la facultad otorgada por el  artículo  216  del  estatuto Procesal de 2000, para corregir oficiosamente este  desacierto”.    CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, Cas.  Rad. 21.305.   

26  CORTE    SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Cas.  Rad.  20.944,  Mag.  Pte.,  Dr. ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN. “El  principio  de  legalidad  de  la  pena  es  una  garantía  para el procesado, y  también  para  la   sociedad, en el sentido de que el Estado impondrá las  que  hayan sido estatuidas previamente a la realización de la conducta punible,  dentro  de  los límites cuantitativos y   cualitativos consagrados en  el  ordenamiento  jurídico,  sin  que  se  puedan  imponer penas por arbitrio o  imaginación   del  juez,  que  no  respeten  los  parámetros legales, con  quebranto  de  la  igualdad  y  de  la  seguridad jurídica”. CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  Cas. Rad. 25.385, Mg. Pte., Dr. ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN. Agréguese  que  el  olvido,  el  error  o el delito judicial no pueden crear derechos, como  tampoco  la  negligencia de  la  Fiscalía  o  de  la  Procuraduría para recurrir, que a menudo se trae como  criterio  de  convalidación  de  esos  fraudes  a  la  Constitución y a la Ley  válida.     

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