26712(28-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26712  

CORTE SUPREMA DE JUTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                               Aprobado acta  No. 28   

                                                 Magistrado  Ponente:   

                                                 Dr.  MAURO  SOLARTE PORTILLA   

Bogotá D. C.,  veintiocho de febrero de  dos mil siete.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  discrecional  presentada  por  el  defensor  de  Humberto   Enrique   Mastrascusa  Salas  contra  la  sentencia  dictada el 31 de julio de 2006 por el Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de  Cartagena,  mediante  la  cual  confirmó  la  proferida  el  16 de agosto de 2005 por el Juzgado Primero Penal Municipal de la  misma  ciudad,  que  lo condenó a la pena principal privativa de la libertad de  35 meses de prisión, por el delito de lesiones personales dolosas.   

Hechos.  

Ocurrieron  en las horas de la noche del 9 de  noviembre  de  2000,  en  el  barrio  Caracoles de la ciudad de Cartagena, en el  marco  de  una   pendencia  entre  dos  grupos  de  personas.   Uno de  estos   grupos  atacó  al  señor Marco Donaldo Montes Camargo, en la vía  pública.   Su   hijo   Juan   Carlos  Montes  Santoya  acudió   en   su  auxilio,  pero  fue  repelido  por  Humberto   Enrique  Mastrascusa  Salas,  quien  le propinó una herida en la región abdominal con el pico de  una botella.   

Actuación  procesal  relevante.   

1. La fiscalía vinculó mediante declaración  de  indagatoria  a  Humberto Enrique Mastrascusa Salas,  y  el  24  de  octubre  de  2001  calificó el mérito  probatorio  del  sumario con resolución de acusación por el delito de lesiones  personales  con  deformidad  física  de carácter permanente. La defensa apeló  esta  decisión  pero no sustentó el recurso, razón por la cual, la fiscalía,  mediante  decisión de 29 de enero de 2002, lo declaró desierto. Esta decisión  causó  ejecutoria  el  primero  de  abril  siguiente1.   

2. Rituado el juicio, el Juzgado Primero Penal  Municipal  de Cartagena condenó al procesado a la pena principal de 35 meses de  prisión  y multa de cinco mil pesos, como autor responsable del delito imputado  en  la  resolución  de  acusación. El Juzgado Tercero Penal del Circuito de la  misma  ciudad revisó este fallo en virtud del recurso de apelación interpuesto  por  la  defensa,  y lo confirmó en todas sus partes2.  Inconforme  el  defensor con  esta decisión, recurre en casación discrecional.   

La         demanda.   

Sostiene  que  las  sentencias  de  primera y  segunda  instancia  son  violatorias  de las garantías fundamentales del debido  proceso  y  el  derecho  de  defensa,  consagradas  en  el  artículo  29  de la  Constitución  Nacional.  La  de  primera  instancia,  por “el desconocimiento  claro  que  se  hace  de  desechar los testimonios de descargo del procesado sin  respaldar  tal decisión en la ley, y la de segunda, al imprimirle confirmación  al  fallo  apelado confirmándolo con asidero exclusivamente con los testigos de  cargo”.   

Explica  que  del  estudio  de  las  pruebas  allegadas  al  proceso  claramente se advierten dos grupos de testigos. Unos que  declaran  a favor de las pretensiones de la víctima y otro que declaran a favor  del  procesado. De estas pruebas, el juzgador de primera instancia, en forma por  demás  gratuita,  tomó  los  testimonios  de Graciela  Santoya  de  Montes, Edwin Flórez Montes, Marco Donaldo Montes Camargo y Marcos  A.  Montes  Santoya,  les  dio  plena  credibilidad, y  fincado en ellos dictó la sentencia condenatoria.   

El  Juzgador  de  segunda instancia, en forma  aún  más  ligera,  desconoció las afirmaciones de los testigos de descargo, e  imprimió  confirmación  al  fallo apelado, en decisión que desconoce en forma  olímpica  el  deber de detallar por qué desechaba los testimonios de descargo,  lo  cual  se  erige  en  una  violación  clara al derecho de defensa, en cuanto  ignora  “exponer  los motivos personales y legales que lo llevaron a confirmar  la  sentencia  apelada  con  consideraciones  únicamente  en  una  parte de las  pruebas”.   

Afirma  que los testimonios desechados fueron  recepcionados  en  forma  legal,  por  autoridad competente, y que frente a esta  realidad   procesal,  era  obligación  del  ad  quem  analizarlos  en  toda  su  extensión,  y  enunciar los motivos que tenía para no otorgarles credibilidad,  pero  no  desecharlos  de  un solo plumazo, como lo hizo, a través de párrafos  ínfimos  en  los que se dice que no merecen credibilidad porque sí. En cambio,  los  de  descargo, sí merecen total credibilidad, no obstante tener como común  denominador   ser   familiares   de  las  víctimas.   

Sostiene  que  esta  actitud  asumida  por el  fallador  de  segundo  grado  afectó  la  actuación  de  nulidad  supralegal y  quebrantó  los  derechos  fundamentales  a la legalidad e igualdad.     

SE CONSIDERA:  

Reiteradamente la Corte ha sostenido que para  tener  acceso  al  recurso  de casación excepcional es necesario que se cumplan  los  siguientes  presupuestos:  (i)  que  se  trate  de una sentencia de segunda  instancia,  (ii)  que el caso no tenga casación común, (iii) que el impugnante  demuestre  la  necesidad de su estudio en sede extraordinaria para el desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales, y (iii) que  la  demanda  cumpla las condiciones mínimas de fondo y contenido requeridas por  la ley y la lógica casacional.   

En  el  caso  que  se  analiza  es  clara  la  confluencia  de  los  dos primeros requerimientos, puesto que la impugnación se  dirige  contra  una  sentencia  de  segunda  instancia,  respecto  de la cual no  procede  la  casación  común  por  haber  sido dictada por un Juez y no por un  Tribunal.  Pero  en  relación  con  las  otras  exigencias,  vinculadas con los  deberes  de justificación y de fundamentación, la situación es bien distinta,  porque  el  demandante no acredita la necesidad de intervención de la Corte, ni  cumple    con    el    deber    de    fundamentar    en    debida    forma    la  censura.       

El artículo 205 del Código de Procedimiento  Penal  de 2000 (aplicable al caso en estudio), en su último inciso, dispone que  la  Corte,  discrecionalmente y de manera excepcional, podrá admitir la demanda  de   casación   contra  sentencias  de  segunda  instancia,  distintas  de  las  proferidas  por  los  tribunales,  cuando lo considere  necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía de los  derechos  fundamentales,  siempre que reúna los demás  requisitos exigidos por la ley.   

La  exigencia resaltada ha sido entendida por  la  Corte  como  una condición de procedibilidad del recurso, es decir, como un  presupuesto  necesario  para tener acceso al mismo, que corresponde concretar al  impugnante,  quien  debe  indicar  por  qué  motivos  el  estudio  del  caso en  casación  resulta necesario para el desarrollo de la jurisprudencia, o por qué  se  precisa  de la intervención de la Corte para la protección de los derechos  o  garantías  fundamentales.  Sin  embargo,  en el presente caso,  ninguna  alusión  en concreto se hace a esta exigencia en el libelo.   

    

Verdad  es  que  el  demandante, en el único  cargo  que  plantea contra la sentencia, alega violación del derecho de defensa  y  del  debido  proceso, garantías que, a no dudarlo, tienen la connotación de  fundamentales.  Pero  la  sola afirmación de su inobservancia no basta para que  la  Corte  declare  cumplido  el  presupuesto de necesidad de su intervención y  admita  el  recurso.  Es  necesario  demostrar  que  su  violación realmente se  presentó,  y  que su enmienda solo es posible a través de la habilitación del  trámite   casacional,  pretensión  en  la  que  también  fracasa  el  libelo.   

Una  lectura  desprevenida de escrito permite  advertir,  sin  dificultades,  que lo pretendido por el actor, a través de esta  modalidad   excepcional   de  impugnación,  es  que  la  Corte  reconsidere  la  valoración  que  los  juzgadores  hicieron  de  la prueba testimonial, sobre el  supuesto  de  que  es  equivocada,  sin  decir  por  qué  erraron,  ni  en qué  equivocaciones  de argumentación incurrieron, y sin señalar siquiera la causal  de  casación  que  sirve  de marco a su alegación. Simplemente se queja porque  los   juzgadores  acogieron  los testimonios de cargo y desestimaron los de  descargos,  lo  cual, en rigor argumentativo, solo trasluce la existencia de una  confrontación de puntos de vista.   

Consciente  de  estas  inconsistencias,  el  casacionista   le   da  un  giro  a  la  alegación,  para  terminar  planteando  tímidamente  una nulidad por defectos de motivación, con el  argumento de  que  el  Tribunal  omitió exponer los motivos “personales y legales” que lo  llevaron  a  confirmar  la  sentencia  apelada. Pero aparte de que no se ocupa a  fondo  de  la demostración de este nuevo reparo, ni de las implicaciones que la  omisión  argumentativa  llegó  a  tener en el derecho de defensa, la revisión  del  contenido  de  la  sentencia  no  muestra  que  esta  situación se hubiese  realmente presentado.   

Imperativo  es  recordar que la respuesta del  juez   de  apelación  está  delimitada  por  los  planteamientos  del  escrito  impugnatorio,  y que sus argumentos para efectos del recurso de casación forman  una  unidad  inescindible con los del fallo de primer grado. Esto, para precisar  que  el  Tribunal,  si bien es cierto no fue prolijo en sus argumentaciones como  lo  hubiese  querido el actor, no rehuyó los planteamientos de la apelación, y  que   al   responder  sus  inquietudes  dejó  expuestas  las  razones  mínimas  necesarias  para  entender  por  qué no las compartía y acogía los argumentos  del fallo de instancia.        

Visto, entonces, que la demanda presentada por  el  defensor  del  procesado  no cumple las condiciones mínimas requeridas  para  abrir  trámite  a  la casación excepcional, se la  inadmitirá y se  ordenará  la  devolución del proceso a la oficina de origen, no advirtiéndose  violación  de  garantías  fundamentales  que  la  Sala  esté  en  el deber de  proteger de manera oficiosa (artículo 216 de la ley 600 de 2000).   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

RESUELVE:  

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de Humberto  Enrique Mastrascusa Salas.     

Contra   esta   decisión   no   proceden  recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE  

ALFREDO GOMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ                 ALVARO  ORLANDO  P. PINZON            

MARINA        PULIDO        DE  BARON                JORGE                                 L.                                QUINTERO  MILANES               

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS                 JULIO                                  E.                                  SOCHA  SALAMANCA               

MAURO            SOLARTE  PORTILLA              JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

1  Folios 10, 162-167, 171 y vuelto del cuaderno 1.   

2  Folios 255-263 del cuaderno 1 y 2-8 del cuaderno 2.     

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