23391(15-06-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23391  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado  acta número 48   

Bogotá, D.C., quince (15) de junio de dos mil  cinco (2005).   

          Decide  la  Corte  si  es  admisible la demanda de casación que la  defensa      de      Elmer     Alfonso     Chaparro  Cárdenas  interpuso  contra  la sentencia de segunda  instancia  proferida  el  día 24 de septiembre de 2004 por el Tribunal superior  de  Cundinamarca,  mediante  la cual confirmó la del Juzgado penal del circuito  de  Villeta,  que  lo condenó por la comisión de los delitos de Cohecho, hurto  calificado   y   agravado   y   porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de  defensa  personal.   

HECHOS  

          A  las  diez  de  la noche del once de mayo de 2000, Israel Antonio  Tabares  manejaba el camión de placas TOA 206 a la altura del peaje Jalisco del  Municipio  de  Albán, siendo interceptado por varios individuos que, utilizando  una  arma  de fuego, lo sometieron, apropiándose del automotor y del cargamento  de  ácido sulfúrico que llevaba. En las horas del amanecer del día siguiente,  en  el  casco  urbano  de  Facatativa,  agentes  de  policía  interceptaron  el  vehículo   que   en   ese   momento   lo  conducía  Harold  Alexander  Escobar  Alayón.   

          El  capturado  brindó información relacionada con la identidad de  las  demás personas que lo acompañaron en su propósito delictual, entre ellas  las  de Gloria Cabuya Marín y Carlos Javier Cruz, quienes además de portar una  arma  de  fuego  y  muestras de la mercancía hurtada, pretendieron, mediante el  ofrecimiento  de  una  importante suma de dinero, la liberación del capturado y  la entrega del vehículo incautado.   

De  igual  manera, la información permitió  capturar   a   Elmer  Chaparro  Cárdenas, quien participó en el apoderamiento.   

         

ACTUACION PROCESAL  

          1.  Mediante  informe  del  13 de mayo de  2000,    oficiales   del  departamento  de  Policía  de  la  estación  de  Facatativá, informaron de la  retención  de  los  ciudadanos  Gloria  Cabuya,  Carlos Cruz Tivaquirá, Harold  Escobar  Alayón y Elmer Chaparro Cárdenas, vinculados con la posible comisión  de  los  delitos  de  cohecho,  hurto  y  porte  ilegal  de  armas,  siendo  esa  información  suficiente  para  que  la  Fiscalía  seccional  de  la misma sede  abriera investigación penal el mismo día.   

          2.  Los días 15, 16 y 17 de mayo de 2000,  la  fiscalía  escuchó  en  diligencia  de indagatoria a Harold Escobar Alayón  (fs.,  56),  Carlos Javier  Cruz   (fs.,  75),  Elmer  Alfonso     Chaparro     Cárdenas     (fs.,   81)   y  Gloria  Cabuya  Marín  (fs.,    87),   quienes  estuvieron asistidos por sus abogados de confianza.   

          3.  El  22  de mayo de 2000, la fiscalía  les  impuso  medida  de  aseguramiento  de detención preventiva por la probable  comisión  de  los  delitos  de  hurto,  cohecho  por  dar u ofrecer  y  porte  ilegal  de armas (fs., 125).   

          La  fiscalía  delegada  ante el tribunal, mediante providencia del  25   de   julio   de  2000,  confirmó  la  decisión.   

          4.  Mediante providencia del 11 de agosto  de  2000,  la  fiscalía cerró la investigación (fs.,  271), siendo recurrida esa decisión horizontalmente,  sin   resultados  favorables  (fs.,  288).   

          5.  El  6  de  octubre del mismo año, la  fiscalía  acusó  a  los  procesados  por la comisión de los delitos de hurto,  cohecho    y    porte    ilegal   de   armas   (fs.,  334), luego de que los abogados, todos, intercedieran  por sus clientes en la fase de alegatos.   

          6.  En  el juicio, mediante decisión del  17  de mayo de 2001, el juzgado decretó las pruebas solicitadas por los sujetos  procesales  y  negó  las  nulidades  propuestas (fs.,  417),  y  el  7  de junio resolvió favorablemente la  petición  de  libertad  provisional  de  Elmer  Chaparro Cárdenas (fs., 520).   

          7.  El  19  de mayo de 2003 se convocó a  audiencia  pública,  librando  las comunicaciones correspondientes, entre otras  al  defensor de Elmer Alfonso Chaparro, a quien se le enteró de tal decisión a  la  dirección que aparecía en el expediente (fs., 85  cuaderno 2).   

          8.  Como  la  comparecencia  de todos los  defensores  no  fue  posible, con el fin de no paralizar la actuación, el 20 de  agosto  de  2003  el  juzgado  les  designó  a los procesados  abogados de  oficio  para  que  los  asistieran en la diligencia de audiencia pública que se  inició  el  día  20  de  enero  de  2004  (fs., 111  cuaderno 2).   

          9.  El  20  de  mayo  de 2004  el Juzgado único penal del circuito de  Villeta     condenó  a   los  procesados  como  coautores  del  concurso de delitos de hurto calificado y agravado, porte ilegal  de  armas  de  fuego  de defensa personal y cohecho por dar u ofrecer, a la pena  principal de 51 meses de prisión.   

          10.  El  2  de  junio  de  ese  año,  el  defensor   de   Elmer  Chaparro  Cárdenas  manifestó  que reasumía el poder que le fue otorgado nuevamente  por  el  sindicado, apelando la decisión de instancia que fue confirmada por el  Tribunal  superior  de  Cundinamarca  mediante  la  suya del 24 de septiembre de  2004.    

DEMANDA     DE  CASACION   

          Con  base  en la causal tercera la demandante  formula un solo  cargo contra la sentencia de segunda instancia.   

          Sin  mencionar  los hechos, ni los antecedentes y haciendo alusión  tan  solo  a  algunos  pormenores  de  la  actuación  de  segunda instancia, la  demandante  aduce  que  la  sentencia se dictó en un juicio viciado de nulidad.   

          En  ese  orden,  aduce  que la nulidad, vinculada con la violación  del  derecho  de defensa, surge al habérsele designado al procesado un defensor  de  oficio  para  que  lo  asista  durante  la fase del juicio. No podía, dice,  tomarse  el  juzgado  semejantes  atribuciones,  pues  aquel  había nombrado un  apoderado  para que asumiera su defensa durante el curso del proceso, lo cual se  le  impidió  al  sustituirlo  por  un  defensor  de oficio, en perjuicio de una  defensa técnica adecuada.   

          El  que  tanto el defensor como el procesado no hubiesen concurrido  al  proceso  –  que  fue lo que llevó al juzgado a continuar el trámite con un  defensor  de oficio -, no obedece a una actitud deliberada, sino al hecho de que  les  hubiesen  enviado  comunicaciones  a  direcciones  que  no  figuran  en  el  expediente.   

          Por  lo  expuesto,  la  nulidad denunciada debe enmendarse a partir  del  auto del 20 de agosto de 2003, mediante el cual se le designó al sindicado  el  defensor  de  oficio  que  lo  acompañó  en  la  diligencia  de  audiencia  pública.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Teniendo  en  cuenta  que la ley vigente para la fecha de comisión  de  los  hechos sancionaba el delito de hurto calificado y agravado con una pena  máxima  de  12 años de prisión (artículos 349, 350  y  351  del  decreto  100  de  1980), la modalidad que  permite  acceder  al recurso de casación es la ordinaria, si en cuenta se tiene  que  esa conducta permite extender el recurso a los delitos conexos, como tal lo  disponía  la  ley  553  de  2000,  que  regía  para  cuando  las  conductas se  ejecutaron,   y   como   lo   reitera   la   ley  600  de  2000  en  los  mismos  términos.   

          Si   bien,  por  las  razones  antes  dichas,  no  se  requiere  de  exigencias  adicionales  a  las  generales de toda demanda, como se estila, y es  obligatorio  además hacerlo, cuando se acude en casación discrecional, ello no  significa  que  para  desarrollar  la  causal  tercera  baste  con mencionar, en  términos  genéricos,  que se vulneraron derechos o garantías fundamentales, o  que  la  sentencia  fue dictada en un proceso viciado de nulidad por infracción  al debido proceso o al derecho de defensa.   

          En  efecto,  aun  cuando la postulación de este tipo de ataques no  tiene  los  niveles  de  exigencia  de otras causales, no es menos cierto que el  cargo,  para realizar el principio de autosuficiencia, debe ser claro, coherente  y   preciso   1,  lo  cual traducido al esquema de la causal tercera significa que  el  demandante  está  en  el  deber  de  (i)  indicar  en  concreto  la  o  las  irregularidades  que  se estructuran, (i) destacar cómo y en qué forma afectan  las  garantías  constitucionales  o  las  bases fundamentales de instrucción y  juzgamiento,  y  (iii)  demostrar  que  no  son subsanables, así el sujeto haya  coadyuvado  con  su conducta a la producción del acto irregular (salvo la falta  de defensa técnica).   

          Por  fuerza  de  esas  razones,  en  la  postulación del cargo por  vulneración  al  derecho  de  defensa, como ahora ocurre, además de indicar en  concreto  la irregularidad, ha debido resaltar el por qué la designación de un  defensor  de  oficio  vulneró esa garantía, en lugar de formular apreciaciones  de  tipo general2  ;  o  en  otros  términos,  en  lugar  de  lo hipotético debía  expresar  formulaciones  concretas  y  singulares,  como  entre otras, la manera  cómo  se perturbó el derecho de defensa y la razón del por qué la asistencia  del  abogado de confianza hubiese sido distinta a la del de oficio, y favorable,  con  el  fin  de acoplar el discurso, entre otros, al principio de trascendencia  que a la declaratoria de las nulidades les es consustancial.   

No basta, como se comprende, con mencionar el  vicio  y  dar  por  supuesto  la vulneración del derecho de defensa mediante el  empleo  de  afirmaciones  indefinidas,  tales  como que la “designación de un  defensor   de  oficio  en  lugar  del  de  confianza”,  vulneró  el  derecho,  pretendiendo  sustituir  las indispensables explicaciones acerca del por qué la  actuación   del   juzgado,   en   vez  de  preservar  la  garantías,  terminó  afectándolas.   

          Por  esa  razones,  que  dicen relación con la forma de la demanda  (artículos   207,   212   y   213   del  código  de  procedimiento penal), se inadmitirá.   

          La   Sala,   adicionalmente,   no  advierte  violación  a  derecho  fundamental  alguno que lleve a la Corte a remediarlo oficiosamente.           

En  consecuencia,  La  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

          Inadmitir   la   demanda   de  casación  presentada  a  nombre  de  Elmer    Alfonso    Chaparro   Cárdenas.   

          Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

MARINA PULIDO DE BARON  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ      HERMAN GALAN CASTELLANOS   

ALFREDO            GOMEZ  QUINTERO                  EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO        

ALVARO         O         PEREZ  PINZON              JORGE  QUINTERO MILANES   

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS                 MAURO SOLARTE PORTILLA   

              Permiso   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1 Cfr,  Corte  Suprema de Justicia, auto del 24 de febrero de 2005, radicado 19810, M.P.  Herman Galán Castellanos.    

2 Corte  Suprema  de  Justicia,  auto  del  23  de  febrero de 2005, radicado 23166, M.P.  Sigifredo  Espinosa  Pérez,  en  el  cual  se  dijo:  “Tratándose de la  causal  tercera, no basta la enunciación genérica de la nulidad pues, al igual  que  en  los  demás  motivos  de casación, resulta imprescindible acreditar el  sentido de la violación”.     

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