23386(29-08-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  23386   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.158  

Bogotá  D.C., veintinueve (29) de agosto de  dos mil siete (2007).   

VISTOS  

Decide  la  Sala  la  admisibilidad  de  los  fundamentos  lógicos  y de debida argumentación de la demanda de casación que  por  vía  discrecional presentó el defensor de EPÍMACO SÁNCHEZ ARIZA, contra  el  fallo  del  Juzgado  Cuarenta  y  Ocho  Penal  del  Circuito de Bogotá, que  confirmó  parcialmente  el emitido en el Juzgado Setenta y Uno Penal Municipal,  por    cuyo    medio    lo    condenó    por    el   delito   de   inasistencia  alimentaria.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El  8  de  mayo  de  2001, en Bogotá, Delia  Sánchez  Ariza,  como  representante  de  sus  menores hijos de 10 y 8 años de  edad,  respectivamente,  para  ese  entonces,  formuló denuncia contra EPÍMACO  SÁNCHEZ  ARIZA,  aduciendo  que  éste,  siendo el progenitor de aquellos, a la  fecha  de  su  queja,  llevaba  un  año sin cumplir con la obligación legal de  suministrar alimentos a su prole.   

Con  base  en  lo anterior, el 5 de junio de  2001,  la Fiscal Local 27 de la Unidad Segunda de Delitos Querellables, declaró  abierta  la  investigación  y,  fracasado  el  intento  de conciliación con el  sindicado,  fue  éste  vinculado mediante indagatoria el 7 de septiembre, luego  de  lo  cual,  el  11  de  diciembre  del  mismo  año,  el instructor cerró la  investigación  y  el  22  de  abril de 2002 calificó el mérito probatorio del  sumario  con  resolución  de  acusación  contra  EPÍMACO  SÁNCHEZ  ARIZA, en  calidad  de autor de inasistencia alimentaria, de conformidad con los artículos  263  del  Decreto  Ley  100  de  1980 (anterior Código  Penal),  en  armonía con lo dispuesto en el artículo  270   del  Decreto  Ley  2737  de  1989  (Código  del  Menor),  decisión  que  con  ocasión  del recurso de  apelación  interpuesto  por  la  defensa,  fue  confirmada  el  1 de octubre de  2002.   

La etapa de la causa la adelantó el Juzgado  Setenta  y  uno  Penal  Municipal de Bogotá, despacho que el 30 de mayo de 2003  dictó  sentencia  condenatoria  contra  SÁNCHEZ  ARIZA por la conducta punible  endilgada  en  la acusación, y en tal virtud le impuso las penas principales de  quince  (15)  meses  de  prisión  y  multa en cuantía equivalente a un día de  salario  mínimo legal vigente, más la accesoria de interdicción de derechos y  funciones  públicas  por el mismo lapso de la privativa de libertad. Además lo  condenó  a  pagar  por  concepto  de  perjuicios  doce  (12)  salarios mínimos  mensuales  legales  vigentes,  y  le  concedió la suspensión condicional de la  ejecución de la pena.   

Del  reseñado  fallo apeló la defensa y el  Juzgado  Cuarenta y Ocho Penal del Circuito de Bogotá, mediante sentencia de 15  de  octubre  de 2004, lo modificó en cuanto a la indemnización por perjuicios,  la  cual  fijó  en  seis (6) salarios mínimos mensuales legales vigentes, y en  los  demás  aspectos  impugnados lo confirmó, pero precisando que la decisión  de  condena  por la conducta punible comprendía la omisión en que incurrió el  acusado  desde  un año antes a la fecha de la denuncia, decisión contra la que  el    mismo    sujeto    procesal    interpuso    recurso    extraordinario   de  casación.   

LA DEMANDA  

En  el  trámite  de  notificación  de  la  sentencia  de  segunda instancia el defensor del procesado presentó memorial en  el  que  expresó  acudir  a  la  casación  excepcional,  con  fundamento en el  artículo   205,  inciso  tercero,  de  la  Ley  600  de  2000,  aduciendo  como  justificación del recurso extraordinario:   

A)  La  violación  del  derecho  de defensa  porque  los  argumentos  expuestos  en el fallo de segundo grado “hacen  inútil,  en  vía  de  facto…  el  ejercicio  del  derecho  –constitucional-   de  impugnar   la   sentencia”,   pues   se  desestimó  “sin   razonamientos  teleológicos  la  causal  de  inculpabilidad   propuesta   como   caso  fortuito  o  fuerza  mayor”;   

B)  La  violación  del  debido proceso como  consecuencia   de   una   “falencia   grave  en  la  motivación”,   toda   vez   que   “estudiados  juiciosamente los razonamientos de responsabilidad penal  deprecados  en  las  sentencias  encontramos  que aisladamente son aparentemente  ‘convincentes’,  empero  analizados  a  la luz de la  certeza  son  excluyentes  y  por  ende  resultan  contrarios a la realidad y la  lógica jurídica”; y   

C)       La       “inaplicación  del principio de presunción de inocencia”   dado   que   se   desconoció  “la  prohibición  de  dictar  sentencia sin que obre prueba que acredite en grado de  certeza    la    responsabilidad    penal    a   título   de   dolo”.   

Posteriormente, en la respectiva demanda, el  censor,   al   abrigo   de   la   causal   tercera  de  casación  (Ley  600  de  2000, artículo 207-3), alega  la  configuración  de  tres  irregularidades,  distintas  a  las aludidas en su  anterior libelo, y que se contraen a los siguientes aspectos:   

1.   Desconocimiento  del  debido  proceso  (artículo   306-2   Ley   600   de  2000),  pues  el  acusado  fue  condenado  por el punible descrito en el  artículo  263  del  Decreto  Ley  100  de  1980, norma vigente al tiempo de los  hechos  y  por  favorabilidad  destinada  a  regir  su conducta, pero que no era  aplicable   por  inconstitucional,  dado  que  ese  ordenamiento  sustantivo  lo  expidió   el   entonces   Presidente  de  la  República  con  base  facultades  extraordinarias  y  temporales,  otorgadas  por  el Congreso y sustentadas en la  Constitución  Política de 1886, derogada por la de 1991, artículo 380, con la  cual  también  desapareció  la  prerrogativa  de  revestir  al  Presidente  de  facultades   extraordinarias   para   dictar   códigos,   leyes   estatutarias,  orgánicas,  etc.,  (artículo  150,  inciso final, C.  P.).   

2.  Falta  de  competencia  del  funcionario  judicial  (Ley 600 de 2000, artículo 306-1),  toda  vez  que  el  encausado  fue  condenado  por  inasistencia  alimentaria  respecto  de los menores, pero en cuanto a este último el registro  civil que aportó la denunciante carece del   

reconocimiento  por parte del procesado y en  el  transcurso  de  la  actuación no se allegó sentencia de autoridad judicial  competente  en  la  cual  se  declare que es padre del citado infante, luego los  falladores   “sin  más  ni  menos,  procedieron  en  ausencia  de  reconocimiento  por  parte (del acusado) y sin previa declaración  judicial  de hijo extramatrimonial de mi defendido, de contragolpe, a declararlo  penalmente  responsable”  de  la  anunciada conducta  punible.   

3. Finalmente, invocando la causal primera de  nulidad  (Ley 600 de 2000, artículo 306-1),   sostiene   el   libelista   que  el  proceso  se  tramitó  con  pretermisión  de  las  formalidades  dispuestas  en el Código de Procedimiento  Penal,  como  quiera  que  siendo vinculado mediante indagatoria el procesado en  vigencia  de  la  Ley  600 de 2000, no se dio cumplimiento al perentorio mandato  previsto  en su artículo 338, en el sentido de poner de presente al indagado la  imputación  jurídica  provisional de la conducta, razón por la que procede la  nulidad de lo actuado desde la injurada del acusado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.  De conformidad  con  la  modificación introducida por el artículo 1° de la Ley 553 de 2000 al  artículo  218  del  Decreto  2700 de 1991, legislación vigente en la época de  los  hechos,  y  según  lo  dispuesto  en  el  artículo  205  del  Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de  2000),  estatuto ya en vigor para cuando se  adoptaron  los  fallos  de primero y segundo grado, el recurso extraordinario de  casación      es     viable     respecto     de     sentencias     “proferidas  en  segunda  instancia por  los  Tribunales  Superiores  de Distrito Judicial y el Tribunal Penal Militar en  los  procesos  que  se  hubieren adelantado por los delitos que tengan señalada  pena  privativa  de la libertad cuyo máximo exceda de  ocho   años”  (negrillas  fuera de texto).   

También establecen los citados preceptos en  su  inciso  tercero  que la Sala, de manera excepcional y en forma discrecional,  “puede admitir la demanda  de  casación  contra  sentencias distintas a las arriba mencionadas”              “cuando  lo considere necesario para el  desarrollo   de   la   jurisprudencia   o   la   garantía   de   los   derechos  fundamentales”    y  “siempre  que reúnan los  demás  requisitos  exigidos por la ley”.   

En  el  caso  de  la  especie se observa que  por    tratarse    del   delito   de   inasistencia  alimentaria,  para el cual  el      legislador,     en     el     artículo  263  del  Decreto  Ley 100 de  1980,  en  armonía  con el artículo 270  del  Código de Menor (Decreto Ley 2737  de    1989),  legislación  vigente  al  tiempo  de iniciarse el comportamiento  omisivo,   así   como   en   el  artículo  233  de  la Ley 599 de 2000, dispuso  una  pena  privativa  de  la  libertad  cuyo  máximo  no  supera  los  ocho (8)  años, en punto del recurso  de  casación, se imponía  acudir   a   la   vía   discrecional   como   en   efecto   lo  hizo  el  aquí  demandante.   

2. Sin embargo, en  el  presente evento, unos fueron los aspectos someramente esbozados por el actor  para  justificar  la  necesidad  de  la  casación  discrecional,  y  otros, muy  distintos,  los  que  adujo  en  la  demanda,  disparidad que revela la falta de  seriedad  y  rigor  lógico  de la pretensión impugnativa del demandante, y que  condena  el libelo a su inadmisibilidad, toda vez que esa ambigüedad no permite  desentrañar  los  fines  perseguidos  con  el  recurso,  e  impide  a  la Corte  convencerse  de  la  necesidad de ejercer su discrecionalidad para conocer de un  asunto  que  ordinariamente  no  tendría  casación común, en garantía de los  derechos fundamentales o para el desarrollo de la jurisprudencia.   

Nótese  que  los  dos  primeros  aspectos  expuestos   para  justificar  la  casación  discrecional,  aluden  la  supuesta  violación  del  derecho de defensa y el debido proceso, por aparentes vicios en  la  fundamentación de las sentencia acerca de la responsabilidad del acusado, y  en  el  último  se  anuncia  el desconocimiento de la presunción de inocencia,  porque,  al parecer, se habría dictado fallo condenatorio sin que obren pruebas  demostrativas,  en  grado  de  certeza,  de la omisión dolosa del acusado en la  conducta punible de inasistencia alimentaria.   

La acreditación del desconocimiento de esas  garantías,  ofrecida  por  el  censor  para  la posterior demanda, se quedó en  simple  declaración de propósito, porque en ésta nada consignó acerca de los  reseñados  temas,  sino  que  postuló  otros, consistentes en la excepción de  inconstitucionalidad  del artículo 263 del Decreto Ley 100 de 1980, la falta de  competencia  del juez penal, y la inobservancia de las formalidades sustanciales  en  la recepción de la indagatoria del acusado, aspectos que no guardan la más  mínima  relación  con  aquellos,  quedando  así  sin comprobación la inicial  pretensión  del  recurrente,  en  un  trámite rogado y de facultades limitadas  para la Corporación.   

3.  Aun  cuando lo  anterior  sería  suficiente para inadmitir la demanda, haciendo abstracción de  lo  inicialmente  esbozado  como  motivo de la casación discrecional, y mirando  como  fundamento  de  esa  finalidad  los  tres ítems que por vía de la causal  tercera  alega el recurrente como motivos autónomos para reclamar la nulidad de  la  actuación con ocasión de irregularidades sustanciales, lo cierto es que el  escrito    tampoco    respeta    los    requerimientos    mínimos    para    su  admisión.   

En      efecto,     en     abundante  jurisprudencia1  se ha dicho que los motivos de ineficacia de los actos procesales,  no  son  de libre postulación, en cuanto se hallan sometidos al cumplimiento de  precisos principios que los hacen operantes.   

Es menester recordar que sólo son alegables  las    nulidades    expresamente    previstas    en    la    ley   (taxatividad);   no  puede  invocarlas  el  sujeto  que  con  su  conducta  procesal haya dado lugar a la configuración del  motivo  enervante, excepto el caso de ausencia de defensa técnica (protección);  aún  cuando se presente el  vicio,   puede   convalidarse  con  el  consentimiento  expreso  o  tácito  del  perjudicado,  a  condición  de  que sus garantías fundamentales estén a salvo  (convalidación);   quien  invoque  la  nulidad  está  obligado  a  acreditar  que la irregularidad afecta  garantías  constitucionales  de  los  sujetos  procesales o desconoce las bases  fundamentales    de   la   instrucción   y/o   el   juzgamiento   (trascendencia);  y, además, que no existe  otro  remedio  procesal,  distinto  de la nulidad, para subsanar el yerro que se  advierte            (residualidad).   

4.  Respecto  del  primer  motivo  de nulidad, es manifiesta la ausencia de fundamento fáctico del  presunto  vicio  enervante  de  la  actuación,  como  que  el  fundamento de la  excepción  de  inconstitucionalidad  propuesta por el actor frente al artículo  263  del  Decreto  Ley  100  de  1980, es aspecto ya decantado y definido por la  jurisprudencia de la Corte Constitucional.   

La  queja  del  libelista  se sustenta en la  ausencia  de  formalidades  para  la  expedición  del  derogado  Código  Penal  (Decreto  Ley  100  de 1980),  frente  a  las ritualidades establecidas por la Constitución Política de 1991,  en  cuanto  a  la  competencia y procedimiento para la creación de esa clase de  ordenamientos,  tema  sobre el que el órgano limite en esa materia ha señalado  lo siguiente:   

“Las  nuevas reglas constitucionales sobre  competencia  de  los  órganos  legislativos  ordinarios  o  habilitados de modo  extraordinario,  no  se  aplican  para  juzgar  la inconstitucionalidad por este  aspecto  de  la  legislación anterior, ya que lo que impera en dicho aspecto es  la   norma   constitucional   antecedente.  En  todo  lo  demás  el  juicio  de  constitucionalidad   debe   adelantarse  conforme  a  las  reglas  que  permitan  determinar  la compatibilidad o incompatibilidad de las normas de rango inferior  frente   a   la   nueva   normatividad  superior”2.   

“Cuando el estudio se refiera al contenido  de  los preceptos cuestionados es necesario definir su exequibilidad teniendo en  cuenta  la  preceptiva  superior  vigente  al  momento  de proferir el fallo, es  decir,  la  Constitución  de 1991, cuyo artículo 380 dispuso la derogatoria de  la  Constitución  de  1886  y  sus  reformas.  Según  lo  expresó la Corte en  recientes   sentencias,   instaurado   y   en   vigencia   el   nuevo   Estatuto  Constitucional,  no pueden coexistir con él normas legales ni de otro nivel que  lo  contraríen.  En  cambio,  por  cuanto atañe a los aspectos relativos a las  formalidades  que debieron observarse al expedir las normas demandadas, la Corte  no  puede exigir la sujeción a unos preceptos que no habían entrado a regir en  ese  momento,  sino  que  se  hace  imprescindible considerar tales aspectos con  arreglo  a  la  Carta  Política  que estaba en vigor cuando fueron dictados los  estatutos  de  cuya  constitucionalidad  se trata”3.   

“El  estudio  relativo  a  los  aspectos  formales  de  normas  expedidas con anterioridad a la vigencia de la nueva Carta  debe  efectuarse  en relación con la preceptiva constitucional que regía en el  momento  de  su  expedición  pues era a los requisitos y procedimientos en ella  señalados  a  los  que  se hallaba sujeta la autoridad que expidió la ley o el  decreto  materia de examen. Muy distinta es la situación cuando los motivos por  los  cuales  se ha puesto en tela de juicio la constitucionalidad de una norma o  estatuto  tocan con su materia, pues en tales casos se hace menester efectuar el  correspondiente  cotejo con los principios y mandatos de la nueva Constitución,  en  orden  a  verificar  si las disposiciones impugnadas pueden subsistir dentro  del  ordenamiento  jurídico en razón de su compatibilidad con la Carta vigente  al  tiempo de proferirse el fallo o si, por el contrario, han sido derogadas por  ser   incompatibles   con   ella  y,  en  consecuencia,  no  pueden  continuarse  ejecutando”4.   

“La  Corte Constitucional ha señalado, en  relación  con el examen de inconstitucionalidad de Decretos-leyes expedidos con  base  en  leyes  de  facultades  extraordinarias  conferidas  bajo  la  anterior  normatividad  constitucional,  que  éste se adelanta en dos fases. Una se ocupa  de  la  competencia  y,  la  otra, recae sobre el contenido material de la norma  acusada.  No  puede  exigirse  al  legislador  se  someta  a reglas que, como la  prohibición  de  la  concesión  de  facultades  para  expedir  códigos,  eran  inexistentes  para  la época del otorgamiento y del ejercicio de las facultades  extraordinarias”5.   

En  las  decisiones citadas, y en el más de  medio   centenar   de   fallos  de  constitucionalidad  emitidos  por  la  Corte  Constitucional  en los años inmediatamente posteriores a la entrada en vigencia  de  la  Carta  Fundamental  de  1991,  con  ocasión de las demandas presentadas  contra  Decretos  Ley emitidos con las formalidades de la Constitución de 1886,  la  conclusión  es  la misma: “Si se acusa una norma  preconstituyente   por  no  cumplir  con  exigencias  de  forma,  la  preceptiva  constitucional  aplicable es la Carta de 1886 con sus respectivas reformas, pues  la  formación  de  un  acto jurídico —como  una  ley—  se  rige  por  las  reglas  vigentes  al  momento de su expedición, y no por la  normatividad  posterior. En efecto, la regulación ulterior no puede generar una  inconstitucionalidad  sobreviniente  por vicios de formación de un acto que fue  regularmente  expedido”6.   

Lo  anterior  deja  expuesto  el  carácter  intrascendente  de  la discusión propuesta por el actor en esta sede, acerca de  la  inconstitucionalidad  del  Decreto  Ley  100  de  1980  por  no  cumplir los  requisitos   de  forma  que  para  la  expedición  de  códigos  introdujo  con  posterioridad la Constitución de 1991.   

5.  Ahora bien, el  segundo  motivo  de  nulidad, estriba en que los falladores de primero y segundo  grado  carecían  de  competencia  para  condenar  al procesado por inasistencia  alimentaria  respecto del menor Juan David Sánchez Sánchez, porque el registro  civil  de éste no posee el reconocimiento del acusado como su progenitor, ni en  el  trámite del proceso se allegó sentencia de autoridad competente declarando  al  infante  hijo extramatrimonial de aquél, queja o inconformidad en la que el  censor   pierde   de   vista   el   principio   de   convalidación   de   actos  irregulares.   

Es verdad que la fotocopia del registro civil  de  nacimiento  del  menor en cuestión, aportado por su progenitora al formular  la  denuncia,  no  aparece  suscrita  con la firma autógrafa del enjuiciado, en  señal  de  reconocimiento de paternidad de aquel, pero igualmente es cierto que  dicha  omisión,  que  conspiraría  para dar por acreditado el vínculo legal y  por  ende  la  obligación  alimentaria  de  uno  hacia  otro,  fue expresamente  subsanada  por  el  enjuiciado desde su indagatoria, en la que al preguntarle si  sabía el motivo de la diligencia expresó:   

“Si,   yo  tengo     entendido,    que     tengo    un    proceso   por    alimentos    de    dos   hijos      que      nunca      los     he      desconocido”,      y     más      adelante     precisó   “…hace  más   o  menos  unos   nueve    o   diez   meses   que   he    dejado  de  contribuir  con  la  obligación de alimentos de mis hijos X… X…, la primera  tiene  diez  años  y  el  segundo  de  los  niños  tiene  nueve…”,  además  de reconocer en la misma diligencia que tales menores  los   procreó  con  su  denunciante,  la  señora  Delia  del  Carmen  Sánchez  Ariza.   

6.  Finalmente, en  cuanto   a   la   inobservancia  de  formalidades  sustanciales  al  recibir  la  declaración  injurada  al  acusado,  por  el hecho de que el fiscal comisionado  para  esa diligencia no le puso de presente la imputación jurídica provisional  de  la conducta por la que era indagado, cabe señalar que la formulación de un  tal  reproche,  para  persuadir acerca de la necesaria revisión de ese aspecto,  no  puede  hacerse  prescindiendo  de  la  demostración de su trascendencia, en  relación  con  la  cual el actor se limita a reclamar la nulidad con base en el  simple hecho objetivo.   

Olvidó  el censor que, como lo ha reiterado  la    Sala7,  uno  de  los principios que rigen la declaración de nulidades es  el  de  la instrumentalidad, según el cual, no se declarará la invalidez de un  acto  cuando  cumpla  la finalidad para la cual estaba destinado, siempre que no  se  viole  el  derecho  a  la defensa (Ley 600 de 2000,  artículo  310-1),  y  en  este  evento la indagatoria  cumplió  su  fin  primordial, que no era otro que el de vincular al sentenciado  al  proceso,  a  lo  largo  del  cual, desde la misma injurada, se defendió del  delito de inasistencia alimentaria.   

Ninguna  razón  habría  para  invalidar lo  actuado,  para  vincular  al  diligenciamiento a quien ya fue vinculado, ni para  que   se   defienda   de   una   conducta   punible  cuya  imputación  conoció  oportunamente,  según  se  desprende  de  la  trascripción  hecha  en el punto  inmediatamente  anterior  de  los  apartes  de  su  indagatoria, y del que se ha  defendido,  desde  ese  mismo  instante,  sin  que  haya  habido sorprendimiento  alguno.   

7. En conclusión,  la  falta  de  una  clara  y  concreta  justificación  del motivo por el que se  acudió  en  este  evento  a  la  casación discrecional, y la inobservancia por  parte  del  censor  de las exigencias mínimas, cuando de denunciar nulidades se  trata  en esta sede, obliga a recordar que el recurso de casación es en esencia  un  juicio  técnico,  de  crítica vinculante, y que la ineludible e imperativa  observancia  de  esos  requerimiento  garantizará que la casación no pierda su  naturaleza  de instituto procesal extraordinario, que se desarrolla por fuera de  las  instancias, y que no mude en simple escenario para revivir controversias ya  agotadas  o  para  prolongar,  en  desmedro de la celeridad que debe observar la  administración   de  justicia,  la  discusión  de  asuntos  resueltos  en  una  sentencia   judicial   que   se  presume  acertada  y  emitida  con  arreglo  al  ordenamiento jurídico.   

Los  principios de sustentación suficiente,  limitación,  de crítica vinculante, autonomía de las causales, coherencia, no  exclusión  y  no  contradicción,  ha  sido  dicho  por  la Corte, en cualquier  régimen    gobiernan    la    casación.   Los   dos   primeros   (sustentación  suficiente  y  limitación),  derivan  del  carácter  dispositivo del recurso, e implican que la demanda debe  bastarse  a  sí misma para propiciar la invalidación del fallo, y que la Corte  no    puede    entrar    a    suplir    sus   vacíos,   ni   a   corregir   sus  deficiencias.   

El  de crítica vinculante, presupone que la  alegación  debe  fundarse  en las causales previstas taxativamente por la misma  normatividad,  y  que  se somete a determinados requisitos de forma y contenido,  dependiendo  de  la  causal  invocada.  Y  los  de  autonomía,  coherencia,  no  exclusión   y  no  contradicción,  implican  que  el  discurso  debe  mantener  identidad  temática,  y  ajustarse  a  los  requerimientos  básicos de lógica  general y lógica jurídica.   

La  pretermisión de esos condicionamientos,  como  ocurre en el presente caso, impide la demostración clara y contundente de  uno  cualquiera  de los yerros previstos por el legislador como motivo enervante  del  fallo,  y  veda  a  la Corte su avance hacía el estudio de los fundamentos  fácticos  o  jurídicos de la sentencia atacada, pues en atención al principio  de  limitación,  y  dado el carácter rogado y dispositivo de la casación, las  deficiencias  del  libelo  no pueden ser enmendadas, ni asignarse otro sentido a  la  expresa  pretensión  del  demandante, la cual debe tener un objeto preciso,  claro, definido y coherente.   

Lo  anterior  es suficiente para concluir el  rechazo  del  libelo,  sin  que sobre puntualizar que la Sala no observa que con  ocasión  del  trámite  procesal o en el fallo impugnado, se haya materializado  violación  de  derechos  o garantías del sujeto procesal impugnante, como para  que  se  haga necesario el ejercicio de la facultad legal oficiosa que le asiste  a fin de asegurar su protección.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA    SALA   DE   CASACIÓN   PENAL   DE   LA   CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA,   

RESUELVE:  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  EPÍMACO  SÁNCHEZ ARIZA, contra el fallo de segundo grado emitido en el Juzgado  Cuarenta  y  Ocho  penal  del  Circuito,  mediante  el cual fue condenado por el  delito de inasistencia alimentaria.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                                                                 MARÍA  DEL  R. GONZÁLEZ DE L.   

AUGUSTO  JOSÉ IBÁÑEZ GUZMÁN                                           JORGE   LUÍS   QUINTERO   MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                                               JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

       Comisión    de  servicio   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                                       JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Sentencia  Casación  Penal  de  8  de julio de 2004. Proceso N°  15001.   

2  Sentencia C-435 de 1992.   

3  Sentencia C-479 de 1992.   

4  Sentencia C-514 de 1992.   

5  Sentencia C-486 de 1993.   

6  Sentencia C-176 de 1996.   

7  Sala  de  Casación  Penal,  sentencia  de  21  de julio de 2004.  Proceso N° 14.538.     

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