23302(23-08-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 23302  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 063.  

          Bogotá   D.C.,   agosto   veintitrés   (23)   de   dos  mil  cinco  (2005).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  sobre  la  admisibilidad  formal  de la demanda de  casación  presentada por el apoderado de la parte civil contra la sentencia del  Tribunal  Superior de Bogotá de fecha mayo 20 de 2004, por cuyo medio confirmó  la  dictada  por el Juzgado Primero Penal del Circuito de la misma ciudad el 1°  de  septiembre  de  2003,  que  absolvió  a LUZ MARINA  CUELLAR   DE   ROMERO   por   el   delito  de  estafa  agravada.   

  HECHOS   Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Entre     el    señor    Walter  Maya  Escobar  y  el  GRUPO   ROMERO   CUELLAR   Y  CIA.  LTDA.,  representado    por    el   señor   Carlos   Alberto  Romero,    se  llevó  a  cabo  contrato  de  compraventa  sobre el inmueble de  propiedad  del  primero ubicado en la carrera 14 # 83-53 y 83-57 de Bogotá, por  valor  de  $ 5.000.000,oo, el cual se formalizó mediante escritura pública No.  577  del  26  de  marzo  de  1992  corrida  en  la Notaría 41 de la misma   ciudad.   

El  vendedor Walter  Maya   Escobar   formuló   denuncia   penal   contra  Carlos  Alberto  Romero  y su  cónyuge  Luz Marina Cuellar,  en  la cual señaló que con el fin de cancelar el valor real de la negociación  el  primero  de  los  mencionados  giró  a su favor el 15 de agosto de 1997 los  cheques  No. 5734963-8 y 5734961-1 contra la cuenta corriente No. 0161005149 del  Banco  Colpatria,  oficina  Chicó  de Bogotá, por valor de $ 22.440.000,oo y $  44.000.000,oo,  respectivamente,  y  una  letra  de  cambio  (sin fecha), con el  objeto   de   respaldarlos,  por  la  suma  de  $  65.000.000,oo.   Al  ser  presentados  los  cheques  para su cobro, el banco se abstuvo de pagarlos por la  causal  de  “orden  de  no  pago”,  sin  que se le hubiere cancelado la suma  adeudada.                            

          Con   fundamento   en   lo   anterior,   se   decretó  la  apertura  de    instrucción  en  cuyo  marco  fueron  vinculados  como personas  ausentes   LUZ  MARINA  CUELLAR  ROMERO  y   Carlos   Alberto   Romero,   a  quienes  se  definió  situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención preventiva como presuntos autores responsables del  delito de estafa.   

Una  vez  clausurada  la  instrucción,  se  calificó  el  mérito  del  sumario  el  28 de junio de 2002 con resolución de  acusación  en  contra  de  los  procesados por el mismo delito que sustentó la  medida detentiva.    

          La  fase  del  juzgamiento le correspondió al Juzgado Primero   Penal  del  Circuito  de Bogotá despacho que, luego de surtir el trámite legal  pertinente,  profirió  sentencia  el  1° de septiembre de 2004, por cuyo medio  absolvió  a  LUZ  MARINA  CUELLAR ROMERO del  cargo  imputado  en  la resolución de acusación y decretó la  extinción   de   la   acción  penal  por  muerte  del  procesado  Carlos Alberto Romero.   

          En  contra  del  proveído  anterior, el apoderado de la parte civil  interpuso  recurso  de  apelación,  sobre  el  cual  se  pronunció el Tribunal  Superior  de  Bogotá,  mediante  providencia  del  20  de  mayo  20  siguiente,  confirmando la decisión impugnada.   

Inconforme  con la determinación de segunda  instancia,   el  mismo  sujeto  procesal  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación,  que  luego  sustentó  mediante  demanda,  sobre  cuya admisibilidad  formal se ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

          El  censor  formula  un  único  cargo contra el fallo impugnado con  soporte  en  la  causal  primera de casación prevista en el artículo 207 de la  Ley  600  de  2000,  por  violación  directa de la ley sustancial, “al  haber  aplicado  indebidamente  los  artículos  45  y 46 del  Código  de Procedimiento Penal.  También al haber incurrido el ad-quem en  la  aplicación  indebida  de  los  artículos  246, 247 y 248 del Código Penal  (Decreto 100 de 1980)”.   

          En  la  demostración  del  reproche,  el  demandante  comienza  por  referir  a  los que considera constituyeron los fundamentos de orden jurídico y  probatorio   del   fallo   impugnado   “en  aras  a  materializar   la   violación   directa   de   la   ley  sustancial.   A la vez, indica que las pruebas que obran en el expediente  no fueron apreciadas en su justa dimensión.   

          De  esa forma, sostiene que se incurrió  en  un  error  de  hecho  por  no  valorarse algunas probanzas, como los cheques  5734961-1  por  valor  de  $ 44.000.000,oo y 5734963-8 por $ 22.000.000,oo de la  cuenta  corriente No. 0161005149 del Banco Colpatria, sucursal Chicó de Bogotá  y   la   letra   de   cambio   girada   con   la   finalidad  de  respaldar  los  cheques.   

          Si  se  hubieran  valorado  tales medios de convicción “fácil  podría  el  Juez  de Conocimiento… concluir en el nexo  causal  y  en  el ardid, de la señora Luz Marina Cuellar Romero, para estafar a  Walter               Maya”.        

          Agrega  que  también  se dejó de apreciar la certificación del 20  de  agosto  de  1999  expedida por Colpatria, según la cual la cuenta corriente  No.  016-0-005149,  a  nombre  de  la  procesada, para dicha fecha se encontraba  inactiva         con         un         saldo         de         cero        (0)  pesos.               

          Lo  anterior, a su juicio, comprueba el error en el que incurrió el  Tribunal,  “puesto que la titular de la cuenta era la  señora   Luz   Marina   Cuellar   …   y   no   el   difunto   Carlos  Alberto  Romero”;  por lo tanto, dejaron de analizar los  juzgadores  que  la primera fue “su cómplice en este  ardid” para engañar a su representado.   

          Si  se  hubieran valorado estas pruebas, destaca, se habría llegado  a  la  conclusión  inequívoca  sobre  la  responsabilidad de la procesada como  coautora del delito de estafa.   

          En  el  mismo  sentido,  continúa,  se  dejó  de  apreciar  que la  sindicada  no  se hizo presente durante el proceso, lo que para la ley configura  un  indicio  grave;  además, porque el error de hecho consistió en que no  se  presentó  en  tanto  sabía  que  había  puesto  a  firmar  los  cheques a  Carlos  Alberto Romero, quien  no tenía firma registrada.   

          Tampoco  se  analizó  el  certificado  de Cámara de Comercio de la  sociedad  GRUPO  ROMERO  CUELLAR  y  CIA.  S en C., en el que aparece como socio  gestor    Carlos    Alberto    Romero   y  como  su  delegada LUZ MARINA CUELLAR DE  ROMERO,  autorizada  para firmar letras (folios 9 y 10  del c.o. 1).   

          Igualmente,  no  fue  valorada la escritura pública No. 5777 del 26  de  marzo  de  1992  de  la Notaría 41, que certifica la venta del inmueble, de  acuerdo  con  la  cual  se  advierte que Carlos Alberto  Romero,  actuó  como  socio  gestor  de  la  sociedad  compradora  y  la  procesada  como su delegada, por lo que no es viable predicar  que  esta  última, beneficiada con la estafa, no fue autora del ilícito.    

          En   atención   a  lo  expuesto,  señala  que  tanto  Carlos    Alberto     Romero   como  LUZ  MARINA CUELLAR emplearon  artificios  y  engaños  con  capacidad  de  inducir  en  error  a  la  víctima  generándole  una  lesión  a  su  patrimonio económico y, correlativamente, un  provecho  ilícito  para  la  sociedad  compradora del inmueble, de la que ambos  hacían  parte.   Dicho  engaño  consistió  en que hacían creer que eran  dueños  de  varias  sociedades  girando  cheques conjuntamente y, de este modo,  presentaban una fachada falsa.   

          Insiste,  entonces,  en  que  el  error de los falladores se generó  porque  omitieron las pruebas señaladas y no vieron la firma de la procesada en  la  letra  de cambio con la que se pretendió garantizar el pago de los cheques,  lo  cual  permite  inferir  que no es cierto que Carlos  Romero los haya tomado a espaldas de su cónyuge o que  los    giró    con    su   autorización,   por   el   contrario   “fácil  se  observa que los cheques fueron creados en consonancia  con  la letra de cambio y con conocimiento de Carlos Romero y Luz Marina Cuellar  de  Romero”, además de que esta última de su puño  y  letra  estampó  el  número  de  su  cédula  en  dicho título valor.    

En   consecuencia,  solicita  se  case  la  sentencia  impugnada  “y, en su lugar proferir fallo  condenatorio  en  contra  de  LUZ  MARINA  CUELLAR  DE  ROMERO  por  TIPICIDAD Y  CONSUMACION DE LA CONDUCTA”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Tiene  dicho  en  forma  pacífica  la jurisprudencia de la Sala que  cuando  se  trate  de  desarrollar  la  causal  de  casación  consistente en la  violación  directa  de  la ley sustancial el demandante está en la obligación  de  sujetarse  a  los  fundamentos  fácticos  y  probatorios  de  la  decisión  impugnada,  pues es de la esencia de este motivo que el error se concentre en un  debate  puramente  jurídico  que  deviene  de  la  falta  de aplicación (no se  selecciona  la  norma llamada a regular el caso), de su aplicación indebida (se  escoge  para  solucionar  el  caso  una  preceptiva  que no es atinente) o de su  interpretación   errónea   (en  donde  si  bien  se  selecciona  la  normativa  correctamente, se le otorga una hermenéutica equivocada).   

Ahora,  si el cuestionamiento a la sentencia  deriva  de  errores  en  la  apreciación de las probazas, la vía expedita para  llevar  a  cabo  tal cometido en sede del recurso extraordinario de casación es  el  motivo segundo de la causal primera, esto es, por violación indirecta de la  ley  sustancial,  a  condición  de  que  el  censor  demuestre  que el fallador  incurrió  en  errores  de  hecho  o de derecho, los primeros producto de falsos  juicios  de  existencia,  de  identidad  o  raciocinio  y, los segundos, por los  llamados  falsos  juicios  de  legalidad  o de convicción, que a su vez generan  violación  de  la  ley  sustancial  bien  porque el precepto aplicado no debió  serlo   o   en   cuanto   se   dejó   de   aplicar  el  llamado  a  regular  el  caso.    

            Ocurre  la  primera  de  las modalidades  señaladas  del  error  de  hecho  cuando  un  medio de prueba es excluido de la  valoración  que  efectúa  el  juzgador  (ignorancia  u  omisión)  o porque el  juzgador  lo  inventa  o  crea  a  pesar  de  que  no existe materialmente en el  proceso,  otorgándole  un  efecto  trascendente  en la sentencia (suposición o  ideación).   

A  su  turno,  el  segundo  yerro se origina  cuando  el  sentenciador  aprecia  la  prueba desconociendo los postulados de la  sana  crítica  (raciocinio)  y,  el último, cuando tergiversa o distorsiona su  contenido  objetivo  para  hacerla  decir  lo  que ella no expresa materialmente  (identidad).   

En  lo  que  concierne  al error de derecho,  éste  puede  configurarse  por  dos  situaciones, a través del falso juicio de  legalidad  y  el  de  convicción.   El  primero tiene ocurrencia cuando el  juzgador  otorga  valor  a  un  medio  probatorio que ha sido aducido al proceso  irrespetando  las  formalidades legales previstas para su formación o aporte y,  una  segunda  posibilidad, cuando le resta valor a una prueba por considerar que  ha  sido aportada con desconocimiento de los requisitos formales establecidos en  la ley cuando en realidad los cumple.   

Por otro lado, se incurre en error de derecho  por  falso  juicio  de  convicción  cuando  se  le  otorga  mérito a la prueba  contrariando  el  valor  que  la  ley previamente le ha asignado, situación que  resulta frecuente en los sistemas de tarifa legal probatoria.   

En  todos los casos, debe tratarse de prueba  trascendente,  esto  es,  que  tenga  la  entidad de modificar las declaraciones  contenidas en la decisión de forma favorable para quien lo alega.   

Del único reparo que contiene la demanda sin  ninguna   dificultad   se   advierte  que  el  casacionista  se  aparta  de  los  presupuestos  fácticos y probatorios del fallo impugnado que la causal invocada  le  obligaba  a  respetar, de ahí que surja como conclusión irrefutable que la  violación  directa  de la ley sustancial no era la vía apropiada para impugnar  la  decisión  de  acuerdo  con  los  planteamientos  que  esboza  y,  desde esa  perspectiva,  incurre  en  un  defecto técnico que conduce a la inadmisión del  libelo.   

          A  esa  conclusión  se  llega  desde  el  mismo  momento  en que el  casacionista  construye el enunciado del cargo, pues no obstante proponer que la  sentencia  es violatoria directamente de la ley sustancial, al tiempo indica que  tal  situación  se  derivó  de un error de hecho en torno a la apreciación de  las  pruebas,  modalidad  que,  de acuerdo con lo expuesto, por manera alguna es  compatible con tal forma de quebranto.      

          Sin  embargo, es preciso señalar que el demandante no sólo incurre  en  el  desacierto  meramente  nominal  de denunciar un yerro bajo una modalidad  equivocada,  puesto  que  a  partir  de su argumentación fácil se advierte que  tampoco  desarrolla  el  error  de hecho que postula con fundamento en que no se  apreciaron  algunas  pruebas,  así  como  ningún  otro que tenga la entidad de  socavar la legalidad del fallo que impugna.   

Ciertamente,   la   revisión   de   los  planteamientos  en  los que el actor fundamenta su propuesta permite colegir que  no  desarrolló  el  reproche  bajo ninguna de las modalidades que le concede la  causal  invocada.   En  efecto, no lo hizo acorde con los parámetros de la  violación  directa  de  la  ley sustancial estableciendo el yerro de juicio que  recae  sobre  la norma y el sentido de esa violación, ni tampoco con fundamento  en  la  violación  indirecta atacando la apreciación que el juzgador otorgó a  los  medios  de  prueba que a la postre habría desembocado en el conculcamiento  de tales preceptos.   

La pretensión del actor que solamente desde  el  plano  nominal  se  enmarca  en el error de hecho, por cuanto como él   mismo  lo  señala se produce porque “las pruebas que  obran    dentro    del   expediente   no   fueron   apreciadas   en   su   justa  dimensión”,  única  y  exclusivamente  revela  su  inconformidad personal con el criterio del Tribunal.   

En  efecto,  el  casacionista pregona que no  fueron  valoradas  algunas  pruebas  que  de  haberse  apreciado inevitablemente  habrían  conducido  a emitir un reproche de responsabilidad penal por el delito  de   estafa   en  contra  de  LUZ  MARINA  CUELLAR  DE  ROMERO,  tales  como  los cheques Nos. 5734961-1 por $  44.000.000  y 5734963-8 por valor de $ 22.4000.000,oo,  pertenecientes a la  cuenta  0161005149 del Banco Colpatria, oficina Chicó de esta ciudad y la letra  de  cambio  girada con la finalidad de respaldarlos; una certificación de fecha  agosto  20  de  1999  expedida  por  el  banco Colpatria en el sentido de que la  mencionada  era  la  titular de la cuenta referida; el hecho de que la procesada  no  se  hizo  presente  a esta actuación; el certificado de Cámara de Comercio  del  grupo  ROMERO  CUELLAR  Y  CIA S. en   C., de acuerdo con el cual  estaba  autorizada  para  firmar  letras  y; la escritura 577, por cuyo medio se  formalizó la venta del inmueble.   

Es evidente que documentos como los títulos  valores  a  los  que  hace  referencia,  cuyo presunto incumplimiento en el pago  habría  dado  lugar al delito por el cual se adelantó la presenta actuación y  se  profirió  resolución  de  acusación  en contra de la procesada y la misma  escritura  que  formalizó  la venta del inmueble, fueron debidamente apreciados  en  el  fallo  y  que lo único que pretende en forma abierta el casacionista es  discutir sobre su credibilidad.   

Lo mismo se puede inferir de cada una de las  pruebas  que  en  su sentir no fueron apreciadas, pues sin mayores razonamientos  al  respecto  simplemente  colige  que de haberse apreciado otra hubiera sido la  conclusión  del  fallo,  lo  cual  no  es  suficiente  en  orden a demostrar la  trascendencia de tales omisiones  probatorias.   

De  ese  modo,  lo  que  claramente se logra  inferir  es  que  su    disertación está cifrada sobre una omisión,  pero  no  de  las  probanzas,  sino de la particular “valoración” que tiene  sobre ellas.   

Bastante se ha insistido por la Sala, cuando  se  aborda  la  naturaleza  de  este medio extraordinario de impugnación, en el  sentido  de  que  no está concebido para dirimir cuestionamientos que surjan de  la  convicción personal que se tenga sobre la apreciación probatoria, en tanto  no  constituye  una  tercera instancia.  Además, tampoco se tuvo en cuenta  que  el  fallo  llega  a  la sede cobijado por la doble presunción de acierto y  legalidad,  la  cual  no  se desvirtúa con la simple exposición de un criterio  particular,  sino con la demostración de errores trascendentes que derrumben su  legalidad.   

              Los defectos técnicos reseñados  que  acusa  el libelo impiden extraer “de forma clara  y  precisa”  los fundamentos de la causal y del cargo  que  se  invoca,  por  lo  que  la decisión que se impone es la de inadmitirlo;  además,   porque   el   principio   de   limitación  que  regenta  este  medio  extraordinario  de  impugnación,  cuya  regulación  legal  se  encuentra en el  artículo   216  de  la  Ley  600  de  2000,  impide  a  la  Sala  subsanar  las  incorrecciones  anotadas  en  las  que  incurre  el  casacionista, por lo que se  colige  que  el  cargo  no  reúne  los requisitos formales exigidos legalmente.   

         

Lo anterior constituye razón suficiente para  inadmitir  la demanda de casación presentada por el apoderado de la parte civil  y  devolver el expediente al despacho de origen, como lo indica el artículo 213  ibídem.    Además,  porque  no  se  advierte  que  se  haya  incurrido  en  violación de garantías  fundamentales que reclame la intervención oficiosa de la Sala.   

     

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

         

INADMITIR la demanda  de  casación  interpuesta  por  el apoderado de la parte civil, por las razones  consignadas en la anterior motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                 HERMAN      GALÁN  CASTELLANOS   

ALFREDO    GÓMEZ   QUINTERO                        ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN           JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *