19139(04-05-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 19139  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                     Magistrado Ponente:   

                                     Dr. YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

                                        Aprobado   Acta  No.  034   

Bogotá  D.C.,  mayo  cuatro  (4) de dos mil  cinco (2005).   

VISTOS:  

Resuelve  la  Sala  el  recurso de casación  interpuesto  por  el  defensor  de  MARTHA  CECILIA  CASTRILLÓN SOTO, contra la  sentencia  condenatoria  que  le  dictó  el  Juzgado  12  Penal del Circuito de  Medellín  y  que  confirmó  el  Tribunal Superior del Distrito Judicial de esa  ciudad.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1. La mencionada, en  su  condición  de  concejal del municipio de Medellín (Antioquia), haciéndose  pasar  como  profesional  del  derecho  obtuvo  el  cupo para ser admitida en la  Universidad  de Salamanca (España), en un curso de postgrado que se ofrecía en  enero  de  1999  anexando  documentación  incompleta  a  la  exigida, y una vez  aceptada  presentó  ante  la  corporación  edilicia  la solicitud a fin de que  ésta  le  contribuyera con el pago de los estudios, la estadía en la ciudad de  Salamanca   y   los   pasajes   respectivos  lo  que  ascendió  a  la  suma  de  $19´813.528,oo.   

2.  MARTHA CECILIA  CASTRILLÓN  SOTO  fue  vinculada  al  proceso  a  través  de  indagatoria y la  Fiscalía   le  resolvió  situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento  consistente  en  detención  preventiva  por los delitos de falsedad material de  particular  en  documento público agravado por el uso en concurso con el delito  de  estafa,  el  13  de  marzo  de 2000 y profirió resolución acusatoria en su  contra el 23 de junio siguiente.   

3.  Tramitado  el  juicio,  mediante  sentencia  del  2  de  agosto de 2001 el Juzgado 12 Penal del  Circuito  de  Medellín  la condenó por el delito de estafa a 57 meses y 1 día  de  prisión,  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas por idéntico  lapso  y  multa  de  $100.000,oo. Además, a pagar como perjuicios materiales la  suma   de   $19.813.528,oo   indexados   a   la   fecha  que  se  haga  real  el  pago.   

4. La defensa apeló  ese  pronunciamiento  y  el  Tribunal  Superior  de  Medellín lo confirmó pero  modificó  la  pena  privativa  de  la  libertad  disminuyéndola  a 30 meses de  prisión  y  $10.000,oo  la  multa  a  favor  del Tesoro Nacional y por el mismo  término  la  pena  accesoria  de  interdicción  en  el ejercicio de derechos y  funciones  públicas, a través del fallo recurrido en casación, expedido el 26  de septiembre de 2001.   

LA DEMANDA:  

Cargo principal.  

1.  Señaló  el  demandante,  con  apoyo  en  el cuerpo primero de la causal primera de casación  del  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000 <violación directa de la ley  sustancial>     que     el     Tribunal     dispensó     una    interpretación    errónea   del   tipo   penal   básico   de   la  estafa,  por  lo que se vulneraron los artículos 29 y  228  de  la  Constitución  Política,  1,2,3  y 356 del Código Penal y 247 del  Código de Procedimiento Penal.   

2.  El defensor al  sustentar  el  recurso  de   apelación  contra  la  sentencia  de  primera  instancia  manifestó  su  inconformidad  por  la  exigencia  de  doble caución  prendaria,  desatino  en  la tasación punitiva por desfavorabilidad de la norma  seleccionada  y  que  no  podía  imputársele a su representada el cargo por el  cual  se le condenó en razón a que no engañó al Concejo de Medellín ni a la  Universidad  de Salamanca a donde no allegó documento que acreditara la calidad  de  abogada,  e  incluso  que ésta no obtuvo provecho ilícito y tampoco causó  perjuicio ajeno.   

Respondió  el  Tribunal en lo atinente a la  adecuación  típica  de  la  conducta  reprochada  a MARTHA CECILIA CASTRILLÓN  SOTO:   

“que la señora CASTRILLÓN SOTO obteniendo  la  admisión  en el postgrado en forma fraudulenta hizo incurrir en el error al  concejo  de  Medellín  de  estimar  que  llenaba  efectivamente  los requisitos  exigidos   para   realizar  estudios  académicos  superiores,     no   de   otra   

manera  podía  obtener las resoluciones que  autorizaban  de  los  pagos  los mismos (sic) y, fue como consecuencia directa y  determinante   del  error   del  Concejo  que  se  dispuso  de  la  partida  presupuestal  para  cubrir este gasto por capacitación, ya que si no se hubiera  aportado  el  documento  expedido por la Universidad de Salamanca, no se hubiera  autorizado  el  pago,  resultando  evidente  que  la  edil  creó  la situación  propicia  para  consumar  la estafa y obtener el provecho económico ilícito en  perjuicio  de  la  Corporación   de  la que hacía parte…”1   

3. Los Juzgadores de  Instancia se equivocaron,   

“cuando  le  dispensan  a  los  elementos  estructurales  propios del tipo básico de la estafa un sentido y alcance que no  solamente  ellos  no  tienen sino que, lo que es más, riñe abiertamente con la  dinámica   propia  de  tal  figura  delictual…”2   

Le reprocha al fallo de primera instancia que  su  inconsistencia  radica  en sostener que se materializaron dos errores con la  conducta  asumida por su defendida; uno, frente a la Universidad de Salamanca; y  el  otro, al Concejo de Medellín. De esa visión de la norma desfiguró el juez  los  elementos  estructurales de la estafa en lo atinente al error en el que cae  la víctima  y que por ese motivo verifica el acto   

“disposicional  a favor del victimario por  esta  vía,  se  pone de manifiesto una errónea interpretación de una norma de  derecho  sustancial  y,  se  actualiza  la causal de casación contemplada en el  cuerpo   primero   del   ordinal  primero  del  artículo  207  del  Código  de  Procedimiento         Penal         vigente”3.   

Pareciera,  dice  el  casacionista,  que  lo  protegido  por  el  legislador penal fuera el engaño y no la propiedad, o fuera  la buena fe y no el patrimonio económico.   

De  la  segunda  instancia critica, sobre el  punto  en cuestión, que no solamente realizó una inversión de lo afirmado por  la primera sino que estableció un nexo causal   

“absolutamente improcedente, desde el punto  de  vista  jurídico,  como  es el de sostener que el por supuesto engaño   desplegado  respecto  de  la  Universidad,  se generó un error para el Concejo,  asimilando  a  la teoría conforme a la cual “la causa de la causa es la causa  de  lo  causado”: el error de la Universidad genera el error del Concejo y, de  allí,  la  estructuración  que  de  la  Estafa verifica el Juzgador de Segundo  Grado  lastimando,  y  de  manera  grave, no sólo la estructura y dinámica del  tipo  penal  en comento sino también, y lo que es más, la noción propia de la  causalidad  que  en  su  momento  contemplaba  el artículo 21 del Código Penal  contenido   en   el   Decreto   100   de  1980…”4   

4.  Sostiene que las dos  instancias  preveen  una  configuración del delito equivocada, ya que la estafa  no   contempla  dos  errores  sino  uno  y  que  ha  de  ser  por  inducción  o  mantenimiento  pero  no  por  las  dos  vías,  a  la vez, lo que deviene en una  conducta atípica.   

         Agrega que:   

“Si  la deducción del juicio de tipicidad  en   relación  con  una  determinada  conducta,  comporta  la  conjugación  de  todos   y  cada  uno de los elementos previstos en el correspondiente   tipo  penal, por parte de una conducta observada en el mundo fenoménico, habrá  de  decirse  que  cuando  falta  alguno o varios de sus componentes, vale decir,  cuando  la conducta materializada en el mundo exterior no reúne la totalidad de  los  componentes  previstos  en  el correspondiente tipo penal, aquella conducta  deviene  atípica…Una  tal  situación,  como  lógica consecuencia, a más de  reportar  la  atipicidad  de  la conducta conduce, inexorablemente, a establecer  que   no  se  cuenta  con  un  real  y  verdadero  “hecho  punible”  (en  la  terminología  propia  del  Código Penal anteriormente vigente) con sujeción y  amparo   al   cual  proceder,  pues  que  no  otra  puede  ser  la  conclusión,  considerando  la  ausencia  manifiesta  de  una  de  las categorías propias que  estructuran  el  comportamiento  delictual, según la definición a tal respecto  consagrada   en  el  artículo  2º.  del  V.C.P.”5   

          Luego,   indica   la  relación  existente  entre  la  violación  directa  de  la  ley sustancial por  errónea   interpretación   y   la   sentencia   condenatoria,  puesto  que  al  considerar   típica  la  conducta  “que  no  era tal”, partiendo de la  errónea    interpretación   de   los   elementos   estructurales   y   de   la   

“dinámica  propia del  tipo  penal  de la Estafa, se estima satisfecho el primero de los requisitos que  para  el  proferimiento  de  sentencia condenatoria contemplaba el artículo 247  del    VCPP,   a   saber,   la   certeza   sobre   la   existencia   del   hecho  punible”6.   

Pero  que, si se hubiera  tenido  una  “atenta  revisión  de  las  cosas” ante la trascendencia de la  equivocación,  la  sentencia  habría  sido  absolutoria  por  atipicidad de la  conducta.   

Solicita  que se case la  sentencia demandada y se dicte fallo de reemplazo.   

         Primer cargo subsidiario.   

1. El casacionista,  esta  vez, cita violación indirecta de la ley sustancial contenida en el cuerpo  segundo   de   la   causal  primera   del  artículo  207  del  Código  de  Procedimiento   Penal,   “por   error   de   hecho,   por   falso   juicio  de  existencia”   toda  vez  que  en las sentencias de condena “se dió por  demostrado  algo  que  no  se  encontraba  procesalmente establecido, como es lo  relativo   al   perjuicio   económico   supuestamente  causado  al  Concejo  de  Medellín…”   

          Invoca  como normas infringidas los artículos 1 – 2 – 3 del Código  Penal y, 1 – 6 – 247 del Código de Procedimiento Penal.   

          2. Propone el cargo, partiendo de sostener  que  no  se  verificó  el  perjuicio  supuestamente  causado  al patrimonio del  Concejo Municipal de Medellín y que:   

          “No  aparece  en  el  plenario prueba alguna que esté demostrando  que  los  hechos en que se fundamenta la sentencia de condena, hubiesen irrogado  serios  gastos  y  profundos  perjuicios  económicos  al  Concejo  Municipal de  Medellín.  En  tal  sentido,  la  prueba  que  demuestre  dichos  perjuicios es  inexistente,  pues simplemente se afirma en el razonamiento de los juzgadores de  instancia  que  se  irrogó  deterioro en el patrimonio económico de un cabildo  municipal cuando ello no tiene respaldo probatorio alguno”.   

          Los   concejales,  afirma,  tienen  una  partida  presupuestal  para  capacitación,  gastos  de  permanencia  y  transporte  y  como  MARTHA  CECILIA  CASTRILLÓN  SOTO  era  concejal con aptitud para recibir formación académica,  estuvo  en  la  ciudad  de  Salamanca (España), asistió al curso en que había  sido  admitida  por  esa  Universidad  y  recibió  el  diploma  que respalda su  participación   intelectual;   entonces,  no  entiende  en  dónde  aparece  el  perjuicio  ajeno  ni el provecho ilegal frente a esas circunstancias demostradas  en   el  proceso.  Contrario  al  anunciado  detrimento  patrimonial,  ganó  la  corporación  y  la  comunidad  por los conocimientos adquiridos en el postgrado  recibidos por la concejal.   

          3.  Destaca la trascendencia en los fallos  de instancia por cuanto que:   

       “De no  haberse  incurrido  en  aquel  error  de  hecho, por falso juicio de existencia,  cuando   se   asume   como   demostrado   lo   que   no  lo  está  –y,  lo  que  es  peor  aún, cuando se  exige  la  prueba  en contrario, esto es, que no hubo perjuicio, como compromiso  procesal  supuestamente  radicado  en  cabeza del procesado, invirtiendo así la  “carga  de  la  prueba”-,  no  se habría sostenido la teoría referida a la  tipicidad  (siquiera) de la conducta por razón de la cual se procede. O, cuando  menos,  en  otro sentido, se habría destacado la ausencia de certeza en torno a  la  existencia  del  hecho  punible  y/o  de su responsabilidad como radicada en  cabeza           del           procesado”7.   

Termina  el  acápite  reclamando  un  fallo  absolutorio  ante  la  ausencia  de los requisitos establecidos por el artículo  247 del Código de Procedimiento Penal.   

          Segundo cargo subsidiario.   

1. Ataca, esta vez,  la  sentencia  por  violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  falta  de  aplicación  del artículo 68 del Código Penal en razón a que no se le otorgó  el  subrogado  penal  o suspensión condicional de la ejecución de la pena a su  protegida,  por  lo  que  se  configura  la causal primera del artículo 207 del  Código  de  Procedimiento Penal (Ley 600 de 2000) en tanto prescribe: “Cuando  la sentencia sea violatoria de una norma de derecho sustancial.”   

          Como   normas   violadas  cita  los  artículos  228  y  248  de  la  Constitución  Política,  artículo  68  del  “Viejo  Código  Penal”  (hoy  63).   

          2.  Aclara  que  en  primera  instancia se  sustrajeron  a  la  concesión del subrogado por la cantidad de la pena impuesta  pero  que  la  segunda  instancia  rebajó  de  manera  considerable la sanción  principal  y  sin  embargo  se  abstuvo de conceder la sustitución referida por  razones subjetivas limitando el ataque solo contra ésta decisión.   

          Las  expresiones  internas  del  fallador  deben  soportarse  en  el  proceso,  no  pueden  quedar sometidas a la “libre consideración del servidor  del  Estado”  y  está  llamado  a  tener en cuenta tres elementos -a más del  objetivo  que hace relación a la pena impuesta-, la personalidad del procesado,  la   naturaleza  del  comportamiento criminal y la modalidad del delito que  no  pertenecen  a  la  íntima convicción del juez sino a un ponderado respaldo  objetivo en el proceso.   

          3.   Al   transcribir  un  aparte  de  la  sentencia        de        segundo        grado8 critica que el subrogado no se  niega  por  las tres causas subjetivas antes aludidas, sino por “lo que puedan  pensar  los  demás  coasociados”.  Considera  un  desacierto  esa parte de la  providencia  ya  que  no se ajusta al contenido del artículo 68 del Decreto 100  de 1980, hoy artículo 63 de la ley 599 de 2000.   

          4.  Llama la atención de la Sala para que  considere  el  desconocimiento  que  hizo  el  Tribunal  del artículo 248 de la  Constitución  Política   sobre  la “reiterada actividad delictiva” de  la   procesada   al   enrostrarle   “las   falsedades   en  que  ha  incurrido  constantemente,  así  alguna  de  ellas se hayan declarado prescritas, pero que  develan  su  personalidad  proclive  al  delito…”  desconociendo la realidad  judicial  de  su defendida que no registra antecedentes penales y además revive  la cosa juzgada para negar la sustitución aludida.   

          5.  No  es  lo  mismo  la  aplicación del  artículo  38  del  nuevo  Código de Procedimiento Penal donde se instituyó la  figura  de  la  prisión  domiciliaria  partiendo  de  la  base que el procesado  requiere  tratamiento  penitenciario, mientras el subrogado del artículo 68 del  Código  Penal  justamente  es  del  caso contrario, que el procesado no amerita  dicho diagnóstico intracarcelario.   

          6.   Concluye  su  inconformidad  con  la  sentencia   aduciendo  que:             

         

          “El  no  reconocimiento  a  favor  de  la  concejal MARTHA CECILIA  CASTRILLÓN    SOTO,    del    subrogado    penal   en   mención   –artículo  68  del  VCP-, apareja como  inevitable  consecuencia  que  en  la  sentencia  de condena no se le conceda el  mencionado  mecanismo  sustitutivo  de la pena (corta) privativa de la libertad,  por  supuesta  necesidad de tratamiento penitenciario. Ello, consecuencialmente,  desemboca  en  el  desconocimiento de la preceptiva número 68 del VCP., que es,  por  tanto,  lo que habilita formular este cargo por falta de aplicación de una  norma       de       derecho       sustancial”9   

          Solicita  en consecuencia, que se case la sentencia y se profiera el  fallo de reemplazo.   

CONCEPTO    DE    LA   PROCURADORA   1ª  DELEGADA:   

    

1. Cargo principal.     

1.1.  No le asiste  razón  al  casacionista  al  acusar la violación directa de la ley sustancial,  por  interpretación  errónea  del  artículo  356 <delito de estafa> del  anterior código penal porque,   

“Desde  el punto de vista técnico resulta  errado  el  planteamiento  indicado, pues como es sabido, dentro de los sentidos  de  la  violación directa, la interpretación errónea parte del supuesto de la  correcta  selección  de  la  norma.  El  yerro  del  sentenciador radica en los  efectos  que  le  asigna,  pues  le  atribuye  un sentido jurídico que no le es  propio   o   unas   consecuencias  que  no  causa”10   

          1.2.  La  solicitud del actor riñe con la  vía escogida, pues según ésta   

        “sería  correcta la aplicación del tipo consagratorio de la estafa, solo que  el  dispensador  de  justicia  habría  errado  en  relación  con  su sentido y  efectos,  lo cual no compagina con la declaratoria de atipicidad que pretende el  libelista”11.   

          A  la  aplicación  indebida  o  falta  de  aplicación  de  la  ley  sustancial   –   según  jurisprudencia reiterada- puede llegarse cuando   

       “…el  fallador  la interpreta de manera equivocada. Sin embargo, la determinación del  sentido  de  la  violación  no depende de las razones que determinaron el error  (Cfr.   Sent.   May.3/01   y  abr.18/02   M.P.  Dr.  Jorge  Aníbal  Gómez  Gallego)”12.   

1.3.   Incluso,  sustancialmente,  el libelista tampoco demuestra la violación directa de la ley  por aplicación indebida del art. 356 del Código Penal.   

         El  legislador  relacionó  en  orden lógico una serie de elementos  para  le  estructuración  del  delito  de  estafa,  partiendo  de  una fórmula  abstracta,  sostiene  la  delegada. Es así, como se hace acreedor a la sanción  pertinente  aquella  persona que obtenga un provecho ilícito para sí o para un  tercero,  con  perjuicio  ajeno, al inducir o mantener a otra en error a través  de medios artificiosos o engañosos.   

         El  Tribunal  en  su  sentencia  señala esa doble relación causal,   

       “pues  la  acción  engañosa  debe  ser la causa generadora del error y éste a su vez  debe  ser lo que conduce a la víctima a desprenderse de sus bienes, en la forma  indicada  por  el  timador.  La  estafa  se  consuma cuando se logra el provecho  económico     indebido     con    el    correlativo    perjuicio    patrimonial  ajeno”13.   

        Hizo  bien el Tribunal al configurar la estafa así:   

“La procesada engañó a la universidad de  Salamanca,  al  haberse  hecho  pasar  por  abogada, sin serlo, y así lograr su  admisión  en  un  curso  de  postgrado  para  licenciados en derecho y carreras  afines,  el  cual  se  iba  a realizar entre el 7 y el 27 de enero de 1.999. Por  escrito  calendado  el  26  de  octubre de 1.998, le fue comunicada su admisión  para   el   VI  Curso  de  Postgrado  en  Derecho,  Política  y  Criminología,  específicamente  en  el  área  de  Ciencia  Política.  Sobre  dicha admisión  fraudulenta  se  sustentó  el paso siguiente que fue lograr, de modo igualmente  engañoso,  que  el  Concejo  de Medellín, del cual hacía parte como Concejal,  sufragara  los gastos de inscripción, desplazamiento y estadía en España, los  cuales  ascendieron  a  $19.813.528,oo.   Esta suma constituye el perjuicio  patrimonial  sufrido por la corporación, que giró el dinero determinada por el  error  en que fue inducida en forma dolosa por la ahora procesada”14.   

         No  encuentra  la  Procuraduría confusión alguna que amerite tener  por  cierta la crítica que hace el censor a las instancias pues se evidencia en  el  proceso  la  prueba  de  la manera delictual como obró la enjuiciada MARTHA  CECILIA CASTRILLÓN SOTO para lograr sus propósitos ilegales.   

         Inadmite  por  infundado  el argumento del recurrente en cuanto a la  presencia  de  doble  error  considerados  independientes  y autónomos sin nexo  causal que los una:   

       “Nada  más   alejado  de  la  realidad  procesal  que  dicho  planteamiento   del  casacionista,  pues  los  errores que ocasionaron los comportamientos engañosos  de  la  procesada, fueron ideados y cristalizados en perfecta relación de medio  a  fin,  pues  a través del engaño a la universidad, que se materializó en la  carta  de  admisión, se logró sustentar el ilícito pedido de capacitación al  Concejo  de  la referida ciudad, con lo cual la relación causal  no admite  controversia                 alguna”15.   

         Por  estos  y  otros apuntalados fundamentos la Procuradora delegada  considera que el cargo no debe prosperar.   

    

1. Segundo cargo  -subsidiario-.     

2.1.  Rechaza  la  inconformidad  del demandante cuando sostiene que los sentenciadores incurrieron  en  error  de hecho por falso juicio de existencia, “consistente en haber dado  por  demostrado,  sin  estarlo, el perjuicio económico supuestamente causado al  Concejo de Medellín”.   

Responde  a  esa  crítica  que  obra en el  plenario  copias  de  las  resoluciones  MD 182 del 26 de octubre, 198 del 17 de  noviembre  y  217 del 23 de diciembre de 1998 a través de las cuales el Concejo  autorizó  el  pago  del  curso y la estadía de la concejal CASTRILLÓN SOTO en  Salamanca  para  la  asistencia  a  esa  capacitación  por  una  cifra bastante  considerable.   

2.2.   Agrega:   

“No  se  entiende,  en un plano racional,  qué  otra  prueba  pretende el libelista que se allegara respecto del perjuicio  económico   causado   con  la  maniobra  defraudatoria,  máxime  cuando  está  demostrado  igualmente  que  efectivamente  la  procesada concurrió al referido  curso  internacional,  como  se deduce del diploma que en tal sentido se aportó  al        proceso       (fl.70       c.cit.)”16.   

2.3. Al engañar a  la  Universidad  y  al Concejo para hacerse costear un curso en España, al cual  no   podía   acceder   sino  hubiese  utilizado  esa  maniobra,  logró  de  la  Corporación  el  apoyo  económico al que no tenía derecho legítimo con claro  desmedro en el patrimonio ajeno.   

         Concluye entonces, que el cargo debe ser rechazado.   

    

1. Tercer cargo -subsidiario-.     

3.1. El censor no  demostró  la  supuesta  violación  directa  de la ley sustancial por parte del  Tribunal,  al  negar  el  subrogado  de  la  condena  de  ejecución condicional  previsto   en   el   Código   Penal   de   1980   en   el   artículo   68  (63  actual).   

3.2. Descontenta la  delegada con la tesis del libelista afirma:   

“El   fallador   encontró  que  dichas  características  de  la  función  pública riñen abiertamente con la conducta  desplegada  por  la  señora CASTRILLÓN SOTO, en la que con absoluta pobreza de  valores  éticos,  faltó  a  la  verdad con el decidido propósito de lograr un  indebido  beneficio  económico,  en  perjuicio  ostensible del patrimonio de la  entidad a la que estaba obligada a servir con honestidad”.   

3.3. No consiente  la  observación  al  Tribunal  de  haber revivido situaciones protegidas por la  cosa  juzgada  y  la  carencia de antecedentes penales o judiciales, pues fueron  tan  evidentes las infracciones a la ley, que sólo por el fenómeno procesal de  la  prescripción  de  la acción penal no se acreditaron, pero que precisamente  le  permitieron  al juez su advertencia al momento de estudiar la posibilidad de  conceder  el  subrogado  de la condena de ejecución condicional para definir si  la  procesada  requería  o no tratamiento penitenciario, como finalmente le fue  ordenado.   

Sugiere, finalmente, a la Sala que el cargo  no debe prosperar.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

Cargo principal.  

1.  La  conducta  punible  de  estafa  por  la cual resultó condenada la procesada MARTHA CECILIA  CASTRILLÓN  SOTO   se  encuentra  descrita en el artículo 356 del Código  Penal de 1980 en los siguientes términos:   

“El que induciendo o manteniendo a otro en  error,  por medio de artificios o engaños, obtenga provecho  ilícito para  sí  o para un tercero con perjuicio ajeno, incurrirá en prisión de uno a diez  años y multa de un mil a quinientos mil pesos…”   

Es  la prohibición que  transgredió  MARTHA  CECILIA  CASTRILLÓN  SOTO  al solicitar su admisión a la  Universidad  de  Salamanca  (España),  aduciendo en el formato una condición o  requisito  inexcusable como era la exigencia de un título universitario, que no  lo  tenía,  sin  embargo  embaucó  a  la  Institución  de Educación Superior  manifestando  que era “abogada”, como reiteradamente lo sostenía ante otras  entidades con ilícito éxito.   

Luego  de  obtener la  admisión  para  hacer  el  curso  de  postgrado presentó ese documento ante el  Concejo  Municipal  de  Medellín   con  el  fin de tramitar el subsidio en  dinero  de  la  capacitación,  desplazamiento  y  estadía del curso, sin tener  derecho  a  ese  beneficio económico por cuanto la exigencia sine qua nom de la  Universidad  no lo reunía, según se puntualizó en la resolución acusatoria y  en las sentencias objeto de censura.   

         2. El  juzgador  consideró demostrado integralmente  el  delito de estafa con todos los elementos que le son inherentes al tipo penal  en       cuestión17,  deduciendo  de  la  situación  fáctica  denunciada  y  con  base  en la prueba  suficientemente  demostrativa de la existencia del hecho y la responsabilidad de  la  procesada  MARTHA  CECILIA  CASTRILLÓN SOTO, haciendo descender de la norma  penal  sustantiva  todas  sus  exigencias  de  adecuación al hecho investigado.   

Las  circunstancias  de  modo  que  maliciosa  e  intencionalmente  acondicionó  la  procesada  ante  la  Universidad  de  Salamanca y después ante el Concejo de Medellín para unificar  su  propósito  defraudador engañando al Coordinador de los postgrados quien al  exigirle  información  veraz en un formato del alma máter para ser admitida en  el  curso  dirigido  a  profesionales, únicamente, aunque de diversos programas  educativos  superiores, CASTRILLÓN SOTO registró una apariencia, simulando ser  abogada     de     la     Universidad     Autónoma     Latinoamericana,    sede  Medellín.   

De esta manera indujo en  error  al Dr. Eduardo A. Fabián Caparrós –Coordinador  de  los  VIII  cursos  de  postgrado de la Universidad de Salamanca-, quien así  engañado,  expidió  un documento admitiendo a la edil en el curso de postgrado  para  el  que  había  manifestado  ser  titulada en Derecho y anexado cartas de  recomendación   y   refrendación   de   su   ejercicio   profesional,  lo  que  incuestionablemente  le  produjo la seducción errónea de una aparente verdad o  una verdad defraudada.    

         Pero  esta era una primera parte de su ilegal proceder. La siguiente  consistía  en  engañar  de  manera  audaz a sus mismos compañeros del Concejo  para  obtener  el  beneficio  patrimonial ilícito con el objeto de costearse la  capacitación,  lucrarse  de  gastos  de  viaje  y  de  permanencia por una suma  económica bastante representativa.   

          Persuadió  a  la  Corporación  edilicia  para que a través de las  resoluciones  MD-182  del  26  de  octubre  de  1998,18   le  reconociera  la  Mesa  Directiva  gastos de viaje e inscripción al postgrado US $1.000 equivalente, al  cambio  en  ese  momento en pesos colombianos, a la suma de $1.579.970,oo; y, la  MD-198       del       17      de      noviembre19  siguiente,  gastos de viaje  por  viáticos  US  $400  día  pernoctado  que  durante  25  serían  en  pesos  colombianos      $15.809.900,oo      y      por      el      tiquete      aéreo  Medellín-Salamanca-Medellín  US $1.533 o sea $2.423.658,oo en moneda nacional,  para   un  gran  total  de  $19.813.528,oo  recibidos  por  la  aquí  procesada  CASTRILLÓN                    SOTO20.   

Todo esto en claro detrimento de su segunda  víctima,  el  Concejo  Municipal  y,  en  reciprocidad  lógica, para su propio  provecho  ilícito  asida  del  elemento  subjetivo  adecuado  consistente en la  conciencia  de  la  utilización  del  engaño  a  sus  compañeros  de  la Mesa  Directiva   de   la  Corporación  a  quienes  les  llevó  a  un  juicio  falso  procurándose   personalmente  la  utilidad  económica  indebida.             

La  enjuiciada  al proceder de esta manera,  agotó íntegramente el tipo penal de la estafa.   

4. Así las cosas,  no  le  asiste  la  razón  al  recurrente pues su argumento acerca de que no se  estructuran  los elementos integrantes del tipo penal de la estafa por la manera  de  presentarlos  en  una  construcción  muy  particular de su estilo, no es de  recibo  para  la Sala pues, como lo consideraron los falladores, se evidencia la  perfecta  armonía  entre la situación fáctica y su adecuación típica con el  lleno  de  las  exigencias  de  la  norma  sin  que haya quedado uno solo de sus  elementos por fuera.   

Tanto  la  conducta  de  MARTHA  CECILIA  CASTRILLÓN  SOTO estuvo orientada a la obtención del provecho  ilícito  representativo patrimonialmente que se tradujo en un daño de la misma  especie  al  Concejo  de  Medellín,  consecuencia  del error en que indujo a la  víctima,  como  que  utilizó  medios  engañosos  previamente  para  lograr su  nefasto  propósito  al  punto  que  de  ese  error,  la  Mesa  Directiva  de la  Corporación  Edilicia se despojó de una suma considerable de dinero que le fue  entregado  a  la  concejal,  obteniendo  así,  finalmente,  su buscado provecho  ilícito.   

Es claro, por lo tanto, que la irregularidad  denunciada  en el cargo principal no tuvo ocurrencia y, por ende, de acuerdo con  el concepto de la  Delegada, está llamado a fracasar.   

Primer      cargo      –Subsidiario-.   

1. Por no existir  en  el  proceso prueba que demuestre que la conducta desplegada por su defendida  ocasionó  serios  y  profundos  perjuicios  económicos al Concejo Municipal de  Medellín,  afirma  el  recurrente,  incurrieron  los sentenciadores en error de  hecho por falso juicio de existencia.   

2.  Adjudica  el  casacionista  a los falladores que erraron en la apreciación probatoria, lo que  daría  lugar a configurar la causal primera de casación, apartado segundo, por  violación  indirecta  de  la ley sustancial, la consecuente invalidación de la  sentencia  y la exigencia de proferir fallo de reemplazo por cuanto se supuso la  existencia    de    una    prueba    sin    estarlo    <falso    juicio    de  existencia>.   

Contrario   a   su   apreciación,   la  investigación  realizada  por  el  ente  fiscal vertió al proceso una serie de  pruebas  documentales  de sin igual importancia, consistente en las resoluciones  emitidas  por  el  Concejo  Municipal  de  Medellín, donde dan cuenta de manera  precisa  y  clara  de  la  cantidad  de dinero dado a la concejal MARTHA CECILIA  CASTRILLÓN  SOTO,  la  fecha de su entrega, el motivo de ese descuento al rubro  presupuestal  y  el nombre, con sus cargos, de las personas que ordenaron dichos  pagos.   

3.  Acertadamente  dice  la  Delegada  “  en  un  plano  racional,  qué  otra prueba pretende el  libelista  que  se  allegara  respecto  del  perjuicio económico causado con la  maniobra  defraudatoria”  demostrado como está que la procesada concurrió al  curso de postgrado como se verifica con el diploma otorgado.   

4.   Como   lo  señalaron  las  instancias ante la presencia de la evidencia recaudada regular,  legal  y  oportunamente  valoraron acertadamente el acervo probatorio llegando a  la  conclusión  diversa  del  recurrente,  demostrando  que  hubo defraudación  patrimonial  al Concejo de Medellín, por lo que no se degrada la estafa ante la  supuesta   falta   de  uno  de  sus  elementos  que  la  integran  <perjuicio  económico>,  alegada  por el casacionista, pues al obtener ilícitamente sin  ninguna   causalidad   jurídica  un  beneficio  ilegítimo,  se  perjudicó  el  patrimonio  económico  de esa Corporación y de contera, consiguió CASTRILLÓN  SOTO la finalidad propuesta.   

         El cargo subsidiario está llamado a fracasar.   

         Segundo      cargo     –subsidiario-.                  

         Lo  hace  consistir  el libelista en alegar violación directa de la  ley  sustancial  por  falta de aplicación del artículo 68 del Código Penal de  1980,  hoy  artículo 63, por no habérsele concedido el subrogado de la condena  de  ejecución  condicional  a  su  defendida  MARTHA  CECILIA  CASTRILLÓN SOTO  teniendo ese derecho.   

         La  violación directa de la ley, se sabe, admite tres formas: falta  de   aplicación,   aplicación   indebida   e   interpretación   errónea.  La  seleccionada  ha  sido  falta  de  aplicación  porque  el  juzgador  de segunda  instancia,   en   decir  del  libelista,  ignoró  la  existencia  de  la  norma  inequívocamente  aplicable  al  caso, esto es, no reconoció el subrogado penal  del artículo 68 debiendo hacerlo.   

         En  consideración de la Sala, el Tribunal hizo bien al no reconocer  el  subrogado  penal  de  la condena de ejecución condicional. Tuvo suficientes  argumentos  para ello. Ese criterio subjetivo al que acudió fue acertado en sus  disquisiciones  al  calificar  la conducta de la procesada CASTRILLÓN SOTO como  de  una  “marcada  gravedad”  así  como  la  censura  sobre su personalidad  haciendo aconsejable un tratamiento penitenciario.   

De un lado se observa que la concejal no fue  leal   y   honesta   con   sus  electores  al  traicionar  su  voluntad  de  una  representación  digna en esa importante Corporación edilicia y de otra, porque  ciertamente,   denota  una  permanente  dedicación  a  la  simulación  de  una  profesión  que  le  era  esquiva  y  huidiza  a  sus estudios para aparentar el  altísimo honor de ser abogado.   

Esa personalidad, calificada de “proclive  al  delito”,  no  obstante que la procesada carece de sentencias ejecutoriadas  anteriores,  lo único que demuestra es que no registra antecedentes judiciales,  requisito  no  incluido  en  el  artículo 68 del Código Penal de 1980, pues la  exigencia  de  la  norma  bajo  el  criterio  subjetivo,  es el análisis de sus  antecedentes                personales21,  sociales y familiares, que  no  penales.  Esos precedentes personales son imprescriptibles y no se someten a  cosa  juzgada  por  su inquebrantable patrimonio moral. Pero que su personalidad  deja  mucho qué desear, claro que es cierto, como bien lo evaluó la instancia,  dado  que  esa  continua  forma  de  incluir  falsamente datos tan importantes y  vinculantes  en  una  hoja  de vida o en un formulario oficial o privado, denota  sin   lugar   a  dudas  esa  voluntad  maliciosa  y  permanente  de  engañar  a  funcionarios  o  autoridades de todo orden con la finalidad de hacerse nombrar e  incluso  tomar  posesión  en  cargos que no le eran permitidos y que excluyó a  profesionales  del  derecho  acceder  a  ellos,  por cuanto una persona sin esas  calidades ya estaba desempeñándolo.   

         Se  concluye  entonces  que  el  juzgador no huyó de la aplicación  normativa,  al  contrario  la  bajó  del  articulado  sustantivo  para  decidir  correctamente el caso sometido a su consideración.   

         En  consecuencia,  la  sentencia  no  debe  ser  casada.           

A  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación   Penal   de   la   Corte    Suprema    de    Justicia,  administrando  justicia  en  nombre de  la República y por autoridad de la  ley,   

RESUELVE:  

NO   CASAR   la  sentencia impugnada.   

En  contra  de  la  presente  decisión  no  procede recurso alguno.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN   

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                    HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                      ÉDGAR LOMBANA  TRUJILLO                       

ÁLVARO      ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN              JORGE     L.     QUINTERO     MILANÉS          

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                               MAURO SOLARTE  PORTILLA                                      

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1  .  Folio 757/1 .   

2  .  Folio 820/1 .   

3   . Folio 821/1 .   

4   . Folio 825/1 .   

5   . Folio 826/1 .   

6   . Folio 827/1 .   

7   . Folio 833/1 .   

8  .  Folio 843/1 .   

9   . Folio 844/1 .   

10  . Folio 28/8 .   

11  . Folio 28/8 .   

12  . Folio 29/8 .   

13  . Folio 29/8 .   

14  . Folio 30/8 .   

15  . Folio 31/8 .   

16  . Folio 34/8 .   

17  “Es esencial para la comisión del delito de estafa  que   el  provecho  ilícito  con  el  correspondiente  perjuicio  de  otro  sea  obtenido   por medio de artificios o engaños que induzcan a la víctima en  el  error.  En  reciente  providencia  la  Corte  ha  precisado  los  siguientes  elementos  como  estructurales  del  delito  de  estafa:  “a) Despliegue de un  artificio  o engaño dirigido a suscitar error en la víctima; b) Error o juicio  falso  de  quien  sufre el engaño, determinado por el ardid; c) Obtención, por  ese  medio,  de  un  provecho  ilícito;  d) Perjuicio correlativo de otro, y e)  Sucesión  causal  entre  el  artificio o engaño y el error, y entre éste y el  provecho  injusto   que  refluye  en  daño  patrimonial  ajeno”.  Y, con  relación  al  artificio  y  al engaño, expuso: “Son fenómenos equivalentes,  expresivos  en  el  fondo  de  la misma cosa. Consisten en todo medio habilidoso  para  transfigurar  la verdad. Son sinónimos de astucia, doblez, ardid, trampa,  artimaña  o  maquinación  empleada para dar apariencia de verdad a la mentira.  El  artificio  o el engaño, con el que se inicia toda estafa debe ser puesto en  acción  por  el  agente  para inducir en error”. De otra parte: “La audacia  del  estafador  debe  ir  dirigida a suscitar un error en la víctima. Ese es el  fin  subjetivo   y  directo  del  ardid.  El  error   es  un  concepto  equivocado  o juicio falso. Ese es el efecto psicológico de la maquinación del  agente  y  debe  ser  de  tal  naturaleza  que determine al engañado a hacer la  prestación  patrimonial  que  se le pide, de tal modo que de no mediar el error  no  accediera  a  ella. Vale decir, el error debe ser determinante y esencial”  (MESA  VELÁSQUEZ,  LUIS  EDUARDO,  “Delitos  contra  la  Vida y la Integridad  Personal  y  Delitos  contra  la  Propiedad”. 1968, Editorial U. De Antioquia,  Medellín,  pág.167).  Entonces,  la  inducción  en  error  exige una serie de  maquinaciones  fraudulentas  previas  –cuando  no  se  trata  de  aprovechar  el anterior error ajeno- las  cuales  deben estar plenamente acreditadas. No puede hablarse de estafa en donde  no  se dé esa condición. Así como tampoco puede  hablarse de este delito  cuando  con  posterioridad  a  la  obtención  del  bien  patrimonial,  surge el  artificio  o  el  engaño tendiente a otros fines”. CORTE SUPREMA DE JUSTICIA,  Cas.  feb.  22  de  1972.   

18  . Folio 63/1 .   

19  . Folio 64/1 .   

20  . Folio 71 y 217/1 .   

21  “La  personalidad  del  procesado, en su fijación,  tendrá  que relacionarse con lo que es él, en sí, en su conducta individual o  familiar  o  social,  en  sus  características  forma de vida (oficios, artes o  profesiones  lícitas)  y  en  sus condicionamientos  comportamentales, que  permitan  confiar   fundadamente, en que resulta más provechoso para él y  la  colectividad  sustraerle  de  la  reclusión  que  efectivizar,  en un medio  carcelario,  la pena privativa de la libertad impuesta. Pues bien, precisado que  el  concepto  de  personalidad que emplea el legislador en los casos anotados es  el  que  está al alcance del sentenciador y de los sujetos procesales, y que se  infiere   de   distintos  factores  como  lo  son  la  conducta  ejecutada,  las  circunstancias  que  la  rodearon,  los motivos determinantes, el comportamiento  social  y  familiar,  etc…”   . CORTE   SUPREMA   DE   JUSTICIA,   auto  feb.   4   de  1997,  M.  P.,  Dr.  RICARDO  CALVETE  RANGEL.     

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