23261(07-12-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23261  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No.095  

Bogotá,  D.C., siete (7) de diciembre de dos  mil cinco (2005).   

VISTOS:  

Procede  la  Sala  a calificar formalmente la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del procesado JULIO CARO PEDRAZA,  contra  la  sentencia proferida el 7 de mayo de 2004 por el Tribunal Superior de  Bogotá,  que  se  modificó  la  sentencia  condenatoria  proferida  en primera  instancia  por  el  Juzgado  6º  Penal  del  Circuito de la misma ciudad, en el  sentido  de  reducir a 10 años la pena accesoria de inhabilitación de derechos  y  funciones  públicas  y  fijar  en  84.04 salarios mínimos legales mensuales  vigentes  los perjuicios materiales y morales ocasionados con la infracción. En  lo  demás  confirmó  la  pena  de  26 años y 6 meses de prisión que le fuera  impuesta  como  autor  de  los  delitos  de homicidio agravado y porte ilegal de  armas para la defensa personal.   

HECHOS:  

Así los resumió el Tribunal:  

“El  señor  JESÚS ÁNGEL GARCÍA MANCIPE,  mediante  contrato  vendió a JULIO CARO PEDRAZA el inmueble ubicado en la calle  71  número 47 A-36 de esta ciudad y que había adquirido a través de un remate  judicial,  por  un  valor  de  cuarenta y un millones de pesos ($ 41’000.000.oo).   

El  2 de julio de 1998, JULIO CARO PEDRAZA se  comprometió  a  cancelar  a  cancelar  la suma de catorce millones de pesos ( $  14’000.000.oo),  representados  en  un  cheque  de gerencia, como parte del precio, razón por la  cual  le  colocó  una  cita al vendedor, quien confiado en que la suma le iba a  ser  entregada  mediante  título  valor,  acudió  sólo  a  la reunión que se  celebraría  en  el  sur  de  la  ciudad  enano de los negocios de propiedad del  comprador.   

Después  de  esta reunión, en la que según  manifestó   JULIO   CARO   PEDRAZA,  entregó  trece  millones  de  pesos  (  $  13’000.000.oo) en efectivo  y  un millón con un cheque a JESÚS ÁNGEL GARCÍA MANCIPE, el último nombrado  desapareció y no se volvió a tener más noticias suyas.   

El  12 de septiembre de 1998, en un inmueble  en  construcción  abandonado, ubicado en la calle 13 número 85 A-82 del Barrio  Santa  Catalina, sumergido en un charco de dimensiones medianas, se encontró el  cadáver  descompuesto  de  un hombre que había sido ultimado con un disparo en  la  región  precordial;  cuerpo que posteriormente logró ser identificado como  el que le perteneció en vida a JESÚS ÁNGEL GARCÍA MANCIPE”.   

LA DEMANDA:  

Primer Cargo  

Con sustento en el cuerpo segundo de la causal  primera  de  casación,  acusa el demandante el fallo de segundo grado de violar  indirectamente  la  ley  sustancial, por aplicación indebida, en razón a   errores de hecho por falsos juicios de identidad.   

En  ese  orden, afirma que el sentenciador no  reconoció  a favor del procesado la duda que emergía de la valoración de todo  el  conjunto  probatorio,  pues  no  es  posible  que JULIO CARO PEDRAZA hubiera  ultimado   de  un  disparo  a  García  Mancipe  en  un  local  comercial  donde  permanentemente  se  atiende  al  público;  y  menos  que  hubiera  guardado el  cadáver  varias  semanas para trasladarlo después al barrio Santa Catalina que  se encuentra al otro extremo de la ciudad.   

Asimismo,   no  considera  de  “recibo        que        -su  defendido-  sea  la  persona  que  hubiere  ideado  el  montaje  para  una  desviación  de  la  investigación  haciendo ver que el hoy  interfecto  estuviese  secuestrado,  pues  ninguna razón, o móvil le asistía,  porque  de  conocimiento  se sabía que el día del pago del dinero, iba a estar  en sus dependencias”.   

En  el  mismo  sentido,  las declaraciones de  Rubiela  González,  la  esposa del sindicado, y el abogado Ermes no comprometen  la   responsabilidad   de   su  defendido  porque  sólo  se  refirieron  a  una  negociación  que  evidentemente  se  llevó  a  cabo;  y menos apunta a ello el  recibo  por $ 14’000.000.oo  aportó  aquél,  como  quiera que “otras personas lo  amenazaron  de  muerte,  como dijera una de sus esposas, la señora Nubia, y con  quien  tenía  conflictos  pasionales”.  Además, se  estableció   que   Jesús   Ángel   García  se  dedicaba  al  negocio  de  la  prostitución  en  Bogotá,  y “como lo dijera una de  sus  esposas,  su  conducta  era  reprochable,  porque  le robaba la plata a las  muchachas  trabajadoras sexuales, además porque trató de violar la niña NUBIA  GARZÓN  VILLAMIL,  concluyendo esta que, estaba amenazada de muerte por ser una  persona que se argot de lenguaje, lo expresaba como un zorro”.   

En  suma, la prueba testimonial, documental e  indiciaria  considerada  por  el  fallador  para  emitir sentencia de condena no  tienen el valor que permita llegar a esa conclusión.   

Sin especificar a qué documentos se refiere,  sostiene  que  la prueba grafológica no determinó que fuera JULIO CARO PEDRAZA  su autor.   

Solicita,  por  consiguiente,  se  case  la  sentencia recurrida y se dicte la que deba reemplazarla.   

Segundo Cargo  

También  al  amparo  de la causal primera de  casación,  pero  en  este  evento  por  motivo  de violación directa de la ley  sustancial,  por  aplicación  indebida  del  artículo  232 del Código Penal y  falta  de  aplicación  del  7º  del  Código  de Procedimiento Penal, acusa el  demandante la sentencia recurrida.   

A  partir  de  esa premisa, asegura que en el  presente  proceso  no  se  probó  que  JULIO CARO PEDRAZA fuera el autor de los  documentos  anónimos  enviados  a la casa de Jesús Ángel García  con el  ánimo  de  desviar  la  investigación; o que no tuviera capacidad para pagar $  14’000.000, o que poseyera  el  arma  con  la que se cometió el delito. A su favor, por el contrario, está  el  hecho  de haber continuado su vida en su entorno comercial y social como una  persona de bien.   

Tampoco   hubo   prueba  que  lo  señalara  directamente  como  autor  del  homicidio  investigado,  y  de las existentes no  emerge   tal   demostración   en   grado   de   certeza.  Sólo  existen  dudas  protuberantes,  que  “… con la sola interpretación  de  los  principios,  de justicia, rectores de procedimiento, con aplicación de  las  reglas  de  la  sana  crítica,  la  lógica,  la  experiencia, con toda la  aplicación  del  principio  de  presunción  de inocencia, el principio de duda  probatoria,  el de favorabilidad, y fundamentalmente huelga repetir ‘en  las  actuaciones  penales toda duda  debe  resolverse  a  favor del demandado’”.   

En   síntesis,   se  vulneró  un  derecho  fundamental del sindicado.   

Con  base en lo anterior, solicita se case la  sentencia impugnada y se dicte una de reemplazo.   

CONSIDERACIONES:  

1. Las sustanciales e insalvables deficiencias  conceptuales  y  argumentativas  que  presenta la demanda presentada a nombre de  JULIO  CARO  PEDRZA  en  punto  de  la dialéctica que le es propia a este medio  extraordinario de impugnación, imponen su desestimación.   

2. En efecto, la presentación y desarrollo de  los  dos  reparos  que  dice  postular  el censor, ponen de presente su completo  desconocimiento  de  los principios básicos que orientan esta especial clase de  impugnación,  pues  no  puede  perderse  de  vista  que  la casación no es una  tercera  instancia.  Se  trata  de  un recurso rogado y reglado, es decir, sólo  procede  a  instancias  de  la parte afectada o con interés en el asunto, y por  las  causales  expresamente  señaladas  en  la ley. Se trata pues, de un juicio  lógico  jurídico  mediante el cual se pretende derruir la doble presunción de  acierto  y  legalidad que ampara a los fallos de instancia, condición que exige  del  demandante  el  cumplimiento  de  ciertas  cargas  mínimas  tales  como la  precisión  y  claridad  en  la  causal  que  se  aduce  y sus fundamentos. Eso,  necesariamente  implica  tener  en  cuenta que cada uno de los motivos de ataque  obedece  a  un  concepto  teórico  diverso,  que  por lo mismo, requiere de una  exposición     demostrativa     que    respete    ciertos    presupuestos    de  lógica.   

3.  En  ese sentido, forzoso resulta destacar  que  tratándose  de  la  causal  primera  de  casación, la violación a la ley  sustancial  bien puede darse de manera directa o indirecta. Si es lo primero, el  presupuesto  sobre  el  que  ineludiblemente  se  debe  afianzar el reparo es el  acierto  apreciativo del fallador de los hechos y de las pruebas, pues de lo que  se  trata  en  estos  eventos  es de demostrar que no obstante eso, a la hora de  aplicar  la  ley  que  regula  el  caso  y  hacerle  producir  sus  efectos,  el  sentenciador   la   excluyó   por   desconocimiento   o  ignorancia  (falta  de  aplicación),   o   recogió  el  supuesto  de  hecho  a  juzgar  en  una  norma  incorrectamente  seleccionada  (aplicación  indebida), o porque, a pesar de que  la  escogida  es  acertada,  los  efectos  que  de  ella se derivaron amplían o  restringen su real contenido y alcances (interpretación errónea).   

4.  Por el contrario, la violación indirecta  de  la  ley se presenta por errores de juicio del sentenciador en la valoración  de  las  pruebas,  y  por  consiguiente, en la concepción que a través suyo se  haga  de  los hechos. En estos eventos, bien pueden presentarse errores de hecho  por  falsos  juicios de existencia por omisión o suposición, falsos juicios de  identidad  por  distorsión, cercenamiento o adición; o por falsos raciocinios,  esto  es,  por  el  desconocimiento  o  atropello  flagrante  a las reglas de la  ciencia, la lógica, la experiencia común o la experiencia.   

De igual manera, los errores de derecho, ya lo  tiene  ampliamente  dicho  la  jurisprudencia, tienen que ver con su capacidad o  aptitud  demostrativa.  Estos se clasifican como falsos juicios de legalidad, si  están  relacionados  con vicios en su producción o aducción; o falsos juicios  de   convicción,   cuando   su   mérito   suasorio   está   señalado  en  la  ley.   

5. En la demanda que ahora ocupa la atención  de  la Sala, es evidente que ninguno de estos básicos conceptos son de claridad  para  el  demandante,  pues  en los dos cargos que dice proponer contra el fallo  impugnado  parte  de  una  premisa  que  no  encuentra  respaldo  alguno  en  su  pretendido  desarrollo.  Las  dos  censuras,  a  la  postre,  se  reducen  a  un  genérica,   insustancial  e  inconexa  crítica  a  la  valoración  probatoria  efectuada  en  la  sentencia,  que se apoya en la escueta afirmación personal e  indemostrada  del demandante, de que es la duda la que debió resolver el asunto  a favor del procesado.   

6.  Obsérvese  entonces,  que  en  el primer  cargo,  acusa  el  censor  el  fallo  recurrido  de violar indirectamente la ley  sustancial  por  errores de hecho por falsos juicios de existencia. Sin embargo,  en  el  desarrollo expositivo al que procede, no sólo no pone de presente cuál  fue  el  sustento  fáctico del fallo, sino que no identifica las pruebas objeto  de  la  distorsión, adición o cercenamiento, y mucho menos cuál la incidencia  que el aludido yerro tuvo en la decisión final.   

En forma abierta afirma que del conjunto de la  prueba  emerge  la  duda,  pero  ningún  esfuerzo  hizo  por demostrar mediante  cuáles  elementos  de juicio se desvirtúa la contundencia de la certeza en que  se  basó  el  juzgador  para  condenar,  o de qué manera, de haberse apreciado  correctamente  las  que  fueron  objeto  del error, la conclusión no podía ser  esa.   

En  suma,  en  este  cargo,  el demandante se  limita  a  lanzar al azar una serie de elucubraciones que no tienen explicación  distinta  a  su  personal  percepción,  y  a  las  que les subyace el ánimo de  oponerse  como  mejores  frente  a  las del sentenciador, sin que logre con ello  poner de presente yerro alguno demandable en casación.   

7.  En  el segundo cargo, el desatino deviene  mayúsculo.  Aduce  una  violación  directa  de  la  ley  que  desde  luego  no  demuestra,  y  menos  desarrolla  conforme  a  los presupuestos teóricos de esa  clase  de errores. Lejos de acogerse a las valoraciones fácticas del fallador y  exponer  razones  de  estricto  derecho, el precario argumento del demandante se  reduce  a reiterar lo expuesto en el cargo anterior, limitándose a afirmar, sin  más,  que  las  pruebas recogidas en este asunto no permitían arribar al grado  de   certeza  que  se  tuvo  para  condenar,  imponiéndose,  en  contrario,  el  reconocimiento de la duda.   

A  la  postre en el aludido segundo cargo, el  demandante  no  propuso  ni  demostró  nada que sea admisible en casación como  ataque a la sentencia.   

Por  las  anteriores  razones  entonces,  se  inadmitirá  la  demanda,  siendo del caso precisar que en el presente evento no  advierte  la Sala la presencia de ninguna circunstancia que imponga acudir a las  facultades  oficiosas  a  las  que  se  contrae  el artículo 216 del Código de  Procedimiento Penal.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

1.   Inadmitir   la  demanda  de  casación  presentada  a nombre del procesado JULIO CARO PEDRAZA, en contra de la sentencia  proferida   el   7   de   mayo   de   2004,   por   el   Tribunal   Superior  de  Bogotá.   

2.  Contra  esta decisión no procede recurso  alguno.   

Cópiese, notifíquese y cúmplase.  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                               ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                                        

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO                             ÁLVARO                              ORLANDO                              PÉREZ  PINZÓN                     

JORGE        LUIS       QUINTERO  MILANÉS                                 YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                                            

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               

MAURO            SOLARTE  PORTILLA                                                   JAVIER ZAPATA ORTIZ   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria    

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