23260(23-08-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  23260   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 063.  

         

Bogotá  D.C.,  agosto  veintitrés  (23) de  dos mil cinco (2005).   

VISTOS  

Procede la Sala a pronunciarse en punto de la  admisión  formal  del  libelo  de  casación  presentado  por  el  defensor del  incriminado    HERNANDO    ORTIZ    CALA,  contra  el  fallo  de segunda instancia proferido por el Tribunal  Superior  de  Bogotá  el  29 de julio de 2004, confirmatorio del dictado por el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de la misma ciudad el 16 de diciembre de  2003,  a  través  del  cual  lo  condenó como autor penalmente responsable del  concurso homogéneo de delitos de hurto.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El  31  de  diciembre  de  1980, los esposos  HERNANDO   ORTIZ   CALA  y  Marta  Elena Valencia Gartner  constituyeron   en   nombre   propio   y   en   el   de   su  hijo  Felipe,    una    sociedad    denominada  Inversiones   Orva   Ltda,   cuya   representación   legal   correspondía   al  primero.   

          Los  mencionados cónyuges adquirieron el consultorio 207 ubicado en  la  carrera  13 No. 93 – 85  de  esta  ciudad,  el  cual  destinaron a prestar servicios odontológicos y fue  dotado  con  aparatos  tales  como unidad odontológica, compresor, instrumental  para endodoncia, aislamiento, cirugía y material especializado.   

          En    diciembre    de    1995    HERNANDO  ORTIZ  viajó  a  Venezuela,  mes en el cual su esposa  presentó  demanda  de divorcio que fue admitida por el Juzgado Trece de Familia  de Bogotá y se notificó al demandado en mayo de 1996.   

El  7  de  noviembre  de  1997, HERNANDO  ORTIZ  cambió  las  guardas del  referido  inmueble  y  retiró  tanto el material como el equipo odontológico y  los  muebles que allí se encontraban. A su vez, el 29 de julio de 1998 se opuso  a  la  diligencia de lanzamiento por ocupación de hecho que su esposa promovió  ante  la  Inspección  Segunda  A  Distrital  de  Policía  e  intentó  cambiar  nuevamente las guardas la noche del mismo día del lanzamiento.   

Con  base  en  la  denuncia  formulada  por  Marta Elena Valencia Gartner,  la  Fiscalía  Seccional  de  Bogotá  declaró abierta la instrucción, en cuyo  marco  vinculó  mediante  indagatoria a HERNANDO ORTIZ  CALA,  resolviéndole  su  situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de caución prendaria como posible autor del concurso  de delitos de hurto simple y hurto entre condueños.   

Cerrado  el  ciclo investigativo, el sumario  fue  calificado  el  23  de  noviembre  de 2001 con resolución de acusación en  contra  del  procesado  como  presunto  autor  del  concurso de delitos de hurto  simple;  providencia  confirmada  en segunda instancia por la Fiscalía Delegada  ante  el  Tribunal  de  Bogotá al conocer del recurso de apelación interpuesto  por la defensa.   

El  juicio  fue  adelantado  por  el Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de  Bogotá, despacho que una vez surtido el rito  correspondiente  profirió  fallo  16  de  diciembre  de  2003,  por  cuyo medio  condenó   a   HERNANDO   ORTIZ   CALA   a  la  pena  principal  de  veinte  (20)  meses  de  prisión y a la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo  lapso,  como  autor  penalmente  responsable  del  concurso de delitos objeto de  acusación.  En la misma oportunidad lo condenó la pago de la indemnización de  los  perjuicios causados y le concedió el subrogado de la condena de ejecución  condicional.   

          Impugnada  la  sentencia  por  la  defensa,  el Tribunal Superior de  Bogotá  la  confirmó  mediante  fallo del 26 de mayo de 2004, el cual es ahora  objeto   de   impugnación   extraordinaria   interpuesta  por  el  defensor  de  HERNANDO ORTIZ.   

LA  DEMANDA   

Con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo  primero,  el actor formula un solo cargo contra el fallo del  Tribunal  por  violación directa de la ley sustancial, por aplicación indebida  del  artículo  239  del  Código Penal y falta de aplicación del artículo 198  del   mismo   ordenamiento.   De  manera  subsidiaria  señala  que  se  aplicó  indebidamente  el  artículo  239  del  estatuto  punitivo,  cuando en verdad el  procesado  se  encontraba  dentro  de los supuestos establecidos en el artículo  200 del Código de Comercio.   

          En  punto de la acreditación del reproche afirma que su asistido no  se  apropió  de los bienes muebles e instrumentos del consultorio odontológico  de  propiedad  de Inversiones Orva Ltda, sino que simplemente los retiró de tal  sitio,   luego   no   hubo   apoderamiento   y   tanto   menos   aprovechamiento  ilícito.   

          Afirma  que si apoderarse es hacerse dueño de una cosa, su asistido  no  realizó  tal  conducta,  pues  no  ha incorporado los referidos bienes a su  patrimonio,  en  cuanto  su intención fue despojar a su esposa del consultorio,  en  venganza  por haber solicitado judicialmente su divorcio y además, informó  en  su  injurada  que  algunos  de  tales  elementos  aún  se  encuentran en el  consultorio.   

          Si  en  el  fallo  de  primera  instancia se dice que el incriminado  acabó  con  el consultorio de odontología para cobrar venganza de su cónyuge,  aduce    el    demandante   que   “acabar   no   es  hurtar”.   

          A  su  vez,  si  en  la  sentencia  de  segundo  grado se afirma que  HERNANDO  ORTIZ  cambió las  guardas  de  acceso  al  consultorio  para  impedir  el ingreso de quienes allí  ejercían  su  profesión  como  odontólogos,  su  comportamiento  se adecua al  delito  establecido  en  el artículo 198 del Código Penal, esto es, violación  de  la  libertad  de  trabajo  respecto  de  su  ex-esposa,  la secretaria y una  compañera de aquella.   

          También   expone  que  tal  comportamiento  puede  adecuarse  a  lo  establecido  en  el  artículo  200  del Código de Comercio, pues por un actuar  culposo  o  doloso  dirigido  contra su ex-esposa, le causó daño a la sociedad  que debe indemnizar.   

          Para  concluir,  el  defensor  indica  que  si  la  intención de su  procurado  no fue la de apoderarse de los bienes que reposaban en el consultorio  odontológico  en  razón  de  la  furia  que  sentía  respecto de Marta   Elena  Valencia,  desconocía  que  allí  hubiera  objetos  de  propiedad de Carmen Sofía  Cuellar  Arbeláez  y  sólo  pensó que se trataba de  cosas  pertenecientes  a  la  empresa  Inversiones  Orva  Ltda,  de  la cual era  propietario  en  un  cuarenta  por  ciento  (40%)  y  ostentaba la condición de  gerente general.   

          Con  fundamento  en  lo expuesto, el censor solicita a la Sala casar  el   fallo  atacado  y  en  su  lugar  absolver  al  procesado  reconociendo  la  inexistencia del delito de hurto.   

          Como      petición      especial      solicita      “aplicar  al  cargo  formulado  las  reglas  1ª,  2ª, 3ª y 4ª del  artículo  51  del  Decreto 2651 de 1991” al resolver  el recurso interpuesto.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Cuestión previa   

          Habida   cuenta  que  el  defensor  solicita  que  en  punto  de  la  ponderación  de  las  exigencias  formales  del  libelo  se  tenga en cuenta lo  dispuesto  en  el  artículo  51 del Decreto 2651 de 1991, baste señalar que al  respecto  ha  precisado  la  Sala  que  de  conformidad  con una interpretación  sistemática,  la  finalidad que debe perseguir y las facultades que permitieron  su  expedición,  el  referido  precepto no comprende el recurso de casación en  materia  penal1.   

Estudio formal de la demanda  

          Dado  que  en  este  asunto se procede por un concurso de delitos de  hurto,  para  cada  uno  de  los cuales el artículo 349 del Decreto 100 de 1980  disponía  una  pena  de  uno  (1)  a  seis (6) años de prisión para cuando se  cometieron  (noviembre de 1997), fecha para la cual regía el artículo 35 de la  Ley  81  de  1993  (Diario  Oficial  No.  41.098 del 2 de noviembre de 1993) que  establecía  la  procedencia  del recurso extraordinario de casación contra los  fallos   de  segundo  grado  sancionados  con  pena  privativa  de  la  libertad  “cuyo   máximo   sea   o   exceda   de   seis  (6)  años”,  es  evidente que de acuerdo con la reciente  posición  jurisprudencial,  en  virtud del principio de favorabilidad se impone  aplicar   de   manera   ultraactiva   esta   norma2.   

En   efecto,  la  mencionada  disposición  procesal  con  efectos  sustanciales,  resulta  más favorable que la Ley 600 de  2000,  vigente  al  momento de proferirse el fallo atacado (26 de mayo de 2004),  pues  esta dispone que procede el recurso de casación por la vía común cuando  se  trate  de  delitos sancionados con pena máxima superior a ocho (8) años de  prisión.   

          Entonces,  acomete  la  Sala  el  estudio  de  la  demanda  a fin de  establecer  si  satisface  las  exigencias  legales  dispuestas  para acceder al  recurso de casación por la vía ordinaria.   

          Tiene  dicho  la Sala que la violación directa de la ley sustancial  se  refiere  exclusivamente  al  yerro  en  el que incurre el juez al aplicar la  normatividad  llamada  a  regular  un  caso  concreto, delimitado por los hechos  materia  de  juzgamiento  y  se  manifiesta  a  través  de tres modalidades. La  primera  se  configura  cuando  no  se aplica la norma que corresponde porque el  juez  yerra  acerca  de  su  existencia, es la denominada falta de aplicación o  exclusión   evidente.  En  la  segunda,  el  sentenciador  efectúa  una  falsa  adecuación   de   los   hechos  probados  a  los  supuestos  que  contempla  la  disposición  y  por  ello  incurre  en aplicación indebida. En la última, los  procesos  de selección y adecuación al caso en cuestión son correctos pero al  interpretar  el precepto el juez le atribuye un sentido que no tiene o le asigna  efectos  distintos  o contrarios a su contenido que es la violación consistente  en interpretar erróneamente la ley sustancial.   

Así,  cualquiera  que  sea  la modalidad de  violación   directa   de   la   ley,   el   yerro   de   los  juzgadores  recae  indefectiblemente  en  forma  inmediata  sobre  la  normatividad,  todo  lo cual  implica  un  cuestionamiento  en un punto de derecho, sea porque se deja de lado  el  precepto  regulador de la situación concreta demostrada, porque el hecho se  adecua  a un precepto estructurado con supuestos distintos a los establecidos, o  porque  se  desborda la intelección propia de la disposición aplicable al caso  concreto;  aspecto  que exige como punto de partida, la  aceptación  incondicional  de una realidad fáctica ya definida e inmodificable  dentro  del  proceso,  lo  que impone la sujeción del  demandante a la realidad probatoria declarada en las instancias.   

Si  lo  que  no  se  comparte  es el resulto  fáctico  logrado por los jueces, tales desavenencias recaen sobre las pruebas y  el  ataque  deja  de  ser  directo  para  convertirse  en indirecto, dado que la  infracción  a la ley sustancial se lleva a cabo de manera mediata, a través de  la  apreciación probatoria, según la índole de los errores que en esa materia  pueden llegar a incurrir los sentenciadores.   

En  el caso objeto de estudio se observa que  si  bien  el  defensor  plantea  la  violación directa de la ley sustancial por  aplicación  indebida  del  artículo  239  del  estatuto  penal  y por falta de  aplicación  de  los  artículos 198 del mismo ordenamiento y 200 del Código de  Comercio,  lo  cierto  es que en el desarrollo de su censura termina reprochando  la  apreciación que de los medios probatorios realizó el Tribunal al reconocer  que  el  procesado incurrió en un concurso homogéneo de delitos de hurto, como  se evidencia en los siguientes apartes del libelo.   

          Dice  el  casacionista que “en verdad, el  procesado  no se apropió de  los  bienes  e  instrumentos  del  consultorio  odontológico de propiedad de la  empresa     INVERSIONES     ORVA     LTDA,    sino    que    los    retiró”  (negrillas  y  subrayas en el  texto) y que por tanto no hubo provecho ilícito.   

                     

También   asevera   que  su  asistido  no  incorporó   los   referidos   bienes  a  su  patrimonio,  pues  “su  intención,  su  factor  psicológico  y  lo  que  al  final él  consiguió  fue  dejar a su ex-esposa sin consultorio, como manera de vengarse o  retaliación,  para  desahogar  su  corazón,  sus sentimientos porque su esposa  cuando   él   estaba   en   Venezuela   presentó   en  su  contra  demanda  de  divorcio”  y  dijo  en su indagatoria que algunos de  tales elementos aún se encuentran en el consultorio.   

          De  los  apartes transcritos puede concluirse sin dificultad alguna,  que  la inconformidad del casacionista no se encuentra orientada a cuestionar un  tema  jurídico-conceptual  que  condujo a la exclusión evidente de un precepto  sustancial,   su   aplicación  indebida  o  interpretación  errónea,  sino  a  reprochar  la  valoración  que  de  las pruebas obrantes en el diligenciamiento  efectuaron  los  falladores,  amén de que se sustrae a la declaración judicial  que  de los hechos se realizó en la referida decisión, circunstancia ajena por  completo  a  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo  primero, esto es, a la  violación directa de la ley sustancial.   

Por  tanto,  es  evidente  que el recurrente  abandona  el  discurso  del cargo que anuncia, para ingresar en la crítica a la  valoración   judicial   de   los   medios  de  prueba,  que  corresponde  a  la  argumentación   propia  de  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  confusión  que  imposibilita  a  la  Sala  declarar  ajustada  la  demanda para  franquear   el   trámite  subsiguiente,  por  virtud  del  cual  interviene  el  Ministerio  Público  a  través  de  concepto  obligatorio  previo  al fallo de  fondo.   

Ahora,  si el vicio denunciado se fundaba en  la  violación  indirecta  de la ley sustancial, debía señalar si se trató de  un  error  de  hecho por falso juicio de existencia, falso juicio de identidad o  falso  raciocinio,  o  de  un error de derecho por falso juicio de convicción o  falso   juicio   de   legalidad,   acreditar  su  trascendencia  y  señalar  su  corrección, técnica que tampoco utilizó.   

En  consecuencia, no hay duda que el disenso  del  actor  se  circunscribe a la ponderación de las pruebas, circunstancia que  no  corresponde  ventilar  en la técnica de esta impugnación extraordinaria al  amparo  de  la  violación  directa  de la ley sustancial, lo cual denota que el  libelo  acusa  una  grave falencia que no puede en modo alguno ser subsanada por  la  Corte,  pues ello lo impide el principio de limitación que rige el trámite  casacional  y,  per se, atrae  para  sí  la  consecuencia  prevista  por  el  artículo  213  del  Código  de  Procedimiento   Penal,   esto   es,   la   declaratoria  de  inadmisión  de  la  demanda.   

          Finalmente  es  oportuno  manifestar  que la Sala no advierte dentro  del  trámite  o  con ocasión del fallo objeto de censura quebranto    de    derechos    o   garantías   del   acusado   ORTIZ   CALA,   como   para   que   tal  circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa que sobre el  particular  le confiere el legislador a fin de asegurar  su protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor del procesado HERNANDO   ORTIZ  CALA,  por  las  razones  expuestas en la anterior motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 187 del Código de  Procedimiento    Penal,    contra    este    proveído    no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                 HERMAN      GALÁN  CASTELLANOS   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN           JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1  Providencias  del  31  de  enero  de  2002.  Rad. 5206. M.P. Dr. Ricardo Calvete  Rangel,  del   21  de  julio de 2004. Rad 20257. M.P. Dra. Marina Pulido de  Barón.   

2 Auto  del  16  de febrero de 2005. Rad. 23006. M.P. Dr. Alfredo Gómez Quintero, entre  otros.     

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