19993(16-02-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 19993  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°  008  

Bogotá D. C., dieciséis (16) de febrero de  dos mil cinco (2005).   

V   I   S   T   O  S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  CIRO         ANTONIO         DELGADO         RODRÍGUEZ.   

A  N  T E C E D E N T E  S   

1.  Los hechos fueron sintetizados por  el juzgador de segunda instancia de la siguiente manera:   

“Los que dieron  origen  al  instructivo de la Fiscalía radicado bajo el número 60881, tuvieron  origen  el veintidós (22) de octubre de mil novecientos noventa y nueve (1999),  después  de  descargar  un  viaje  de  gasolina  en  la  bomba  del terminal de  transportes  de  Piedecuesta  y  mientras  limpiaban  el  vehículo  en  que fue  transportado  el  citado  combustible,  fue sorprendido el señor RAFAEL PEREIRA  RODRÍGUEZ  por  un  grupo de entre tres y cuatro maleantes quienes pretendieron  secuestrarle;  empero  en  razón a que éste opusiera resistencia, negándose a  subir  al vehículo dispuesto para tal fin, los delincuentes dispararon armas de  fuego  contra  su  humanidad  causándole  lesiones  que  no obstante haber sido  trasladado  en forma inmediata a un centro asistencial de ese municipio dejó de  existir  minutos  después,  en razón a las heridas recibidas. Los delincuentes  emprendieron  la huida por la vía que conduce a la capital de la República, en  una  camioneta  color  azul  oscuro, doble cabina, de placas BUF-469, al parecer  falsas”.   

2.  El  Juzgado  Primero Penal del Circuito  Especializado  de Bucaramanga, mediante sentencia fechada el 24 de septiembre de  2001,    condenó    a    Ciro    Antonio   Delgado  Rodríguez  a  las  penas  principales de 38 años de  prisión  y  multa  equivalente  a  1.166,67 salarios mínimos legales mensuales  vigentes,  a  la accesoria de rigor y al pago de los perjuicios, como coautor de  los  delitos  de homicidio agravado, secuestro extorsivo en grado de tentativa y  porte  ilegal  de armas de fuego de defensa personal imputados en la acusación.   

3.  Apelado  el  fallo  por el defensor del  procesado  y por el Procurador 54 Judicial, el Tribunal Superior de Bucaramanga,  el  5  de  junio  de  2002,  lo  modificó  en  el sentido de condenar al citado  procesado  a  las  penas  principales  de  33  años  de prisión y multa de 300  salarios  mínimos legales mensuales vigentes. Así mismo ajustó a la legalidad  la    pena   accesoria    impuesta   y   disminuyó   el   monto   de   los  perjuicios.   

LA     DEMANDA     DE   CASACIÓN   

El  defensor  del  procesado  Ciro   Antonio  Delgado  Rodríguez,  al  amparo  de  las  causales primera y tercera de casación, presenta cuatro cargos  contra  la  sentencia  del  Tribunal,  cuyos  argumentos  se  sintetizan  de  la  siguiente manera:   

Cargo primero  

Con base en la causal tercera de casación,  acusa  al juzgador de segunda instancia por haber dictado sentencia en un juicio  viciado  de  nulidad  “que afectó el debido proceso  que  se consolida en las sentencias de primer y segundo grado consecuencia de la  aprobación  y respaldo que obtuvo la malintencionada y parcial intervención de  JUAN  GUILLERMO  MUÑOZ  y  CÉSAR  AUGUSTO SOLANO”,  irregularidad  que  vulneró  los artículos 29, incisos 1°, 2°, 3° y 4°, de  la  Constitución  Política  y  306,  numerales  2°  y  3°,  del  Código  de  Procedimiento Penal.   

Sostiene   que  la  Unidad  de  Reacción  Inmediata  de  la  Fiscalía inició la investigación ordenando la vinculación  al  proceso  de  su  procurado  y,  por  ende,  su  captura,  sin  que existiera  “plena  prueba”  en su  contra.  Así  mismo,  se  recibieron  las  declaraciones  de  Margarita  María  Téllez,  Juan  Guillermo  Muñoz  y  César  Augusto  Solano y se dio inicio al  reconocimiento  en fila de personas de Ciro Antonio Delgado Rodríguez por parte  de los citados testigos.     

Afirma  que  los  testimonios  de Margarita  María  Téllez y de Juan Guillermo Muñoz no fueron correctamente valorados por  los  juzgadores  de  instancia,  quienes  si  bien  acertaron  en la manera como  ocurrieron  los  hechos, no sucedió lo mismo respecto de la autoría imputada a  su  procurado, pues resulta claro que no lo están señalando como partícipe de  las conductas por las que fue condenado.   

Refiere    que    el    “hilo  conductor de la arbitrariedad que llevó a la condena de CIRO  ANTONIO  DELGADO RODRÍGUEZ, fueron las declaraciones de Juan Guillermo Muñoz y  César  Augusto Solano. En verdad ellos fueron la semilla del mal y la desgracia  para  el destino de Ciro Antonio…”, máxime cuando  César  Augusto  Solano  no  concurrió  a  la  audiencia pública con el fin de  corroborar     sus     afirmaciones,     lo    que    demuestra    su    actitud  malintencionada.   

Considera  que  en  este  asunto  no se dio  aplicación  al  principio de investigación integral, transgresión que dejaron  pasar  por  alto  los  jueces  de  primera  y  segunda instancia, situación que  conllevó  a  la  violación  del  debido  proceso y, de manera correlativa, del  derecho de defensa.   

Por  consiguiente,  solicita  a  la  Corte  decretar  la nulidad de todo lo actuado a partir de la providencia que clausuró  la investigación.   

Cargo segundo  

Afirma que se generó nulidad por violación  del  derecho  a la defensa originada en la “falta de  poder  contrainterrogar  al  testigo  César  Augusto Lozano y falta de tener en  cuenta  el informe de la Policía de septiembre 22 del año 2000, donde se puede  analizar  grabaciones  a  los  abonados 65574, ubicado en la calle 12 N° 13-24,  Barrio  San  Luis  del  municipio  de  Piedecuesta, quien había sido amante del  occiso,  también abonado 6797940, ubicado en la carrera 20 N° 19-17 del Barrio  la  Paz  de  Bucaramanga,  donde  allí reside la mujer Elida Monsalve Rojas, ex  esposa  del  occiso, durante el tiempo que estuvieron interceptando los abonados  se  obtuvieron  conversaciones que podrían interesar a la investigación, estos  puntos  nunca  se  analizaron por parte de las instancias primera y segunda, que  le     hubieran     dado     un     vuelco    a    los    fallos    ”.   

Indica    que   tales   irregularidades  infringieron  los  artículos  13  y  29  de  la  Constitución Política y 305,  numerales 2° y 3°, del Código de Procedimiento Penal.   

Argumenta  que el juez de primera instancia  debió  agotar  todas  las  alternativas  para lograr la comparecencia de César  Augusto  Solano  con el fin de obtener la ampliación de su testimonio y, de esa  manera,  proceder a interrogarlo por parte de la defensa. Igualmente, estima que  se  debieron examinar los informes presentados por la Policía y Medicina Legal,  los  que  “dan cuenta como se observa que existieron  unas investigaciones previa y formal”.   

Estima  que  la  vulneración  del  debido  proceso   y   del   derecho  de  defensa  es  tan  grave  que  la  nulidad  debe  “ser     declarada     de     oficio”,   pues   las  citadas  irregularidades  condujeron  a  que  su  procurado    fuera    condenado    por    unos   delitos   que   “jamás cometió”.   

Por  ello,  solicita a la Corte decretar la  nulidad  de  todo  lo  actuado  a  partir  de la resolución que cerró el ciclo  investigativo,  con  el  fin  de poder controvertir la citada declaración y los  informes mencionados.   

Cargo tercero  

Con  base  en  la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  de  casación,  el  defensor  del procesado acusa al Tribunal de haber  violado,  de  manera  indirecta,  la  ley sustancial, consistente en un error de  hecho  en  la apreciación de las pruebas “por falso  juicio  de existencia, falso juicio de identidad y por error de apreciación, lo  que  se  tradujo  en  la  aplicación  indebida  de los artículos 323 y 324 del  Código  Penal  entonces  vigente,  103  y 104 de la Ley 599 de 2000”.   

Manifiesta que el sentenciador no consideró  la  “existencia, en realidad de una indagatoria, de  las     características     morfológicas     de     Ciro    Antonio    Delgado  Rodríguez”,  pues en dicha diligencia se plasmaron  no  solo  los  rasgos  morfológicos  de  su  procurado, sino también los datos  civiles  y  personales  del  mismo,  los  que  transcribe,  información que fue  ignorada  por  los  jueces de instancia, situación que pudo llevar al equívoco  de  tener  al  procesado  como  autor  y  responsable  de los delitos imputados,  máxime cuando los testigos expusieron unos diferentes.   

En  cuanto  al  falso  juicio de identidad,  asevera   que   la   sentencia   acusada  no  “supo  identificar  la  verdad  porque hizo un juicio equivocado sobre lo que dicen las  pruebas”,  como  sucedió  con las declaraciones de  Juan    Guillermo    Muñoz    y    César   Augusto   Solano,   quienes   nunca  estuvieron  en el lugar de  los   hechos,  según  así  lo  afirmó  el  testigo  Gustavo  Orduz Jaimes, motivo por el cual aquellos no  podían ser testigos de lo ocurrido.   

Respecto    de    lo   que   denominó  “error       de      apreciación”,  dice  que  en  el  reconocimiento  en  fila  de personas, la  testigos   Margarita   María   Téllez,   al   preguntársele  si  en  la  fila  “se  encuentra  alguna  de  las  personas  que  ha  realizado     en    su    declaración,    manifestó:   el   número   05   se   parece   mucho,  pero era más  alto”,  afirmación  que,  en  su criterio, no fue  comprendida  por  el  sentenciador,  produciéndose  de  esa  manera  un  juicio  equivocado   sobre   el   significado   de   su   contenido,  pues  no  se  supo  “identificar       la      verdad”.   

Agrega  que tales yerros son trascendentes  por  cuanto  de  no haberse cometido, su defendido habría sido absuelto, motivo  por  el  cual  solicita  a  la Sala casar la sentencia impugnada y, en su lugar,  dictar  sentencia  absolutoria a favor del procesado.   

Cargo cuarto  

Sostiene  el  defensor que el sentenciador  incurrió  en  violación  indirecta  de la ley sustancial originada en error de  hecho  por  “falso  juicio  de  identidad  y falso  juicio  de  raciocinio,  lo  que  se  tradujo  en la aplicación indebida de los  artículo  323 y 324 del Código Penal entonces vigente, 103 y 104 de la Ley 599  de    2000”,    y,  por  ende,  falta de aplicación del “principio  fundamental del IN DUBIO PRO REO, actualmente artículo  7°”.   

Asevera   que   los  falsos  juicios  de  existencia,  de identidad y de raciocinio “causaron  el  ostensible  yerro  que,  por una parte, dejó lo existente sin considerarse,  como  es  a  no dudarlo la falta de individualización del coautor del homicidio  en  Rafael  Pereira  Rodríguez.  A  un  hombre  joven como CIRO ANTONIO DELGADO  RODRÍGUEZ,   ese  error  hecho  lo  vuelve  diferente  a  sus  características  morfológicas”.   

Dice    que    los   citados   errores  “dejaron  aquello  que  la sentencia miró pero no  comprendió,  en un verdadero limbo fáctico que debe revertir en la aceptación  para  el  presente  y dramático evento en DUDA para resolverla como lo manda la  ley  a  favor del procesado. LA DUDA es pues la secuela de la verdad escondida y  no  considerada.  Una  realidad existente, con fuente de conocimiento suficiente  pero  dejada  de  mirar por una parte, falso juicio de existencia; o mirada pero  no  comprendida, falso juicio de identidad de CIRO ANTONIO DELGADO RODRÍGUEZ no  estuvo en la bomba de Piedecuesta”.   

Por consiguiente, solicita a la sala casar  el  fallo  impugnado  y,  en  su  lugar,  absolver a su defendido con base en la  duda.   

ALEGACIÓN    DEL    NO   RECURRENTE   

El   Procurador   54   Judicial   II  de  Bucaramanga,  solicita  a  la  Corte  la  inadmisión de la demanda presentada a  nombre  del procesado Delgado Rodríguez, toda vez que, en su criterio, la misma  no  está  elaborada  con  sujeción a los parámetros técnicos que la ley y la  jurisprudencia han establecido para el efecto.    

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

En   lo   relativo  a  los  dos  primeros  cargos, como lo ha dicho  la  jurisprudencia  de la Corte, la nulidad como motivo para atacar, por vía de  casación,    el    fallo    de    segunda    instancia,    en   “orden  a  la  técnica  propia  de  este  medio  extraordinario de  confrontación  de  la  legalidad de las sentencias, comporta los mismos niveles  de  exigencia  que  son  inherentes  a  las  demás  causales  dada  su especial  naturaleza,  lo  cual  significa  que de modo insoslayable debe especificarse la  causal  o motivo de nulidad concurrente, demostrando el carácter sustancial del  vicio  o  la  irregularidad  acusados  y  particularmente  la etapa o el momento  procesal  a  partir  de  la  cual  se  hace imperativa la anulación, explicando  justificativamente  las  razones por las cuales no media alternativa diversa que  la    de   invalidar   lo   actuado”.1   

Por consiguiente, tratándose del cargo de  nulidad  la demanda no es un escrito de libre confección, toda vez que también  debe ajustarse a los presupuestos formales para su admisibilidad.   

De igual manera, en virtud del principio de  trascendencia  que gobierna la declaratoria de nulidad, según la cual, no basta  con  denunciar  irregularidades  o  que  éstas efectivamente se presenten en el  proceso,  sino  que  se  hace  indispensable  demostrar  que aquellas inciden de  manera  concreta  en  el quebranto de los derechos de los sujetos procesales, se  hace  necesario  que  el  actor evidencie un perjuicio en el yerro in procedendo  denunciado,  pues,  caso  contrario,  la  Corte,  por  razón  del  principio de  limitación, no puede entrar a complementar al censor.   

En  esas  condiciones, observa la Sala que  los  dos  primeros cargos  fundados  en  la  causal  de nulidad se quedaron en el simple enunciado, pues el  actor  no  demostró  cómo  las  irregularidades  invocadas  incidió de manera  ostensible  en  las  conclusiones  de  la  sentencia atacada, al punto que de no  haberse  cometido necesariamente el fallo habría sido favorable a los intereses  del procesado.   

En  otras  palabras, constituía una carga  del  censor indicar a la Corte cómo la “incorrecta  valoración  de  los  testimonios  de  Margarita María Téllez y Juan Guillermo  Muñoz”  conllevaron  a  la  flagrante  violación  “de   la   investigación   integral”  (cargo  primero), y cómo la ausencia de examen por parte del  sentenciador  sobre los informes de policía y de Medicina Legal impidieron a la  defensa  contrainterrogar  al  testigo  César  Augusto  Lozano (cargo segundo),  yerros  que  necesariamente  de  no  haberse  cometido,  por  lo menos, el fallo  habría sido favorable a los intereses procesales de su defendido.   

Además,  no  ilustró  a  la  Corte cómo  dichas   supuestas   irregularidades   afectaron   seriamente   las   garantías  fundamentales  del  procesado  Delgado  Rodríguez, es decir, no indicó y mucho  menos  demostró  cómo  tales yerros vulneraron tanto la estructura del proceso  y,  correlativamente, el derecho de defensa de su procurado, sin dejar pasar por  alto  que  confundió  la  garantía  del  debido  proceso con la de la defensa,  olvidando  que han sido claramente diferenciadas por la ley y la jurisprudencia,  pues  en  la  primera hipótesis se está en presencia de un vicio de estructura  mientras   en   la   segunda  de  garantía,  sin  desconocer  que  hay  eventos  excepcionales  en  que con la irregularidad se quebrantan los dos derechos, pero  sin que demuestre que éste sea uno de ellos.   

En  fin, con apego  en sendos errores  in  procedendo  y  argumentando  que  los  citados  testimonios  “no  fueron correctamente valorados” o  que     “nunca     se    analizaron”  los  mencionados  informes,  pretende  el actor cuestionar la  responsabilidad  del  procesado, lo que constituye un desvío hacia los senderos  del  cuerpo  segundo  de  la  causal  primera,  desconociendo  el  principio  de  autonomía,  según  el  cual,  al interior de un mismo  cargo no se pueden  entremezclar ataques correspondientes a causales distintas.   

Además,  como  también  lo ha dicho la  Corte,  la  simple discrepancia de criterios en torno a la credibilidad positiva  o  negativa que ha debido dársele a las pruebas, no constituye yerro demandable  en  casación,  salvo  que  en  la  actividad  probatoria se hayan vulnerado los  postulados en que se sustenta la sana crítica.   

En  consecuencia,  se  avizora  que en la  formulación   de  las  dos  primeras  censuras  hay  inseguridad,  poniendo  en  evidencia la falta de claridad y precisión para su admisibilidad.   

Respecto    de    los   cargos         tercero        y   cuarto,     los     que    se   apoyan     en    el   error    de    hecho    por   falsos   juicios   de   existencia,  identidad  y   falso  raciocinio  cometidos  en  la  no  apreciación de la indagatoria y en la  valoración  de  los  testimonios  de  Juan  Guillermo  Muñoz  y César Augusto  Solano,  errores que condujeron a predicar la autoría y responsabilidad de Ciro  Antonio  Delgado  Rodríguez  en los delitos por los que fue condenado, también  fueron   construidos   sin   apego  a  la  debida  técnica  que  exige  la  ley  procesal.   

En efecto, si bien es cierto que el censor  acusa  al  sentenciador  de  no  haber  apreciado  la indagatoria del sindicado,  diligencia  en  la  que  se  consignaron la características morfológicas y los  datos  civiles  y  personales  del mismo, lo que, a su juicio, condujo de manera  errada  a concluir en la autoría en la comisión de los delitos, también lo es  que  el  reproche  así  construido  quedó  en  el  simple  enunciado,  pues no  evidenció  la  trascendencia del mismo ni correlacionó tal omisión valorativa  con  los  restantes  medios  de  convicción,  limitándose a afirmar, de manera  general,  que en cuanto a las características morfológicas los “testigos        expusieron       unos       diferentes”.     

En  cuanto  al  falso juicio de identidad  recaído  sobre los testimonios de Juan Guillermo Muñoz y César Augusto Solano  tampoco  lo  evidencia,  esto  es,  que no hubo correspondencia entre lo que las  pruebas  objetivamente  dicen  y  lo  que  el Tribunal manifestó que sus textos  contenían,  en  forma tal que les haya hecho producir efectos que no se derivan  de  su  contexto.  Por  el  contrario,  reduce su disertación, la que centra en  afirmar  que tales testigos no estuvieron presentes en el lugar de los hechos y,  por  lo  mismo,  no  pudieron  ser  testigos,  a  oponerse  a  las  conclusiones  probatorias  de  los  falladores  y  al  mérito  que  les  otorgaron  a  dichas  declaraciones,  sin  percatarse,  como  ya  se  indicó, que esa discrepancia no  configura  desatino  demandable  en casación, pues el juzgador goza de libertad  para  apreciar las pruebas, dentro del método de la persuasión racional, sólo  limitada por los postulados de la sana crítica.    

En  cuanto  al  reconocimiento en fila de  personas,   diligencia  que,  según  el  censor,  no  fue  comprendida  por  el  sentenciador,  también termina siendo una afirmación deshilvanada dentro de su  confuso  escrito,  pues limitándose a decir que el sentenciador incurrió en un  “error       de      apreciación”  y  entendiendo  que acudió al error de hecho, de todos modos  no  precisó el falso juicio que lo determinó, falencia que la Corte, en virtud  del principio de limitación, no puede entrar a suplir.   

Ahora  bien,  si  se  entendiese  que los  reproches  fueron  formulados  bajo los parámetros del error de hecho por falso  raciocinio,  cómo  así  lo  lo  mencionó en el último cargo, de todos modos,  como  era  su deber, no enseñó cuál fue la regla de la lógica, de la ciencia  o  de  la  máxima  de  la  experiencia  vulnerada,  de  qué manera lo fue y su  incidencia   en   la   parte   dispositiva   del   fallo,   labor   que  tampoco  emprendió.   

A  más de lo anterior, olvida igualmente  el  censor  que  el fallo llega a esta sede precedido de la doble presunción de  acierto   y   legalidad,   es  decir,  que  los  hechos  y  las  pruebas  fueron  correctamente  apreciadas  y  el  derecho  acertadamente aplicado, motivo por el  cual,  constituye  una  carga para el demandante entrar a evidenciar el error in  iudicando   o  in  procedendo  invocado,  según  el  caso,  y demostrar su  trascendencia    frente    a    las     conclusiones    adoptadas   en   la  sentencia.   

Por consiguiente, al no reunir la demanda  los presupuestos de claridad y precisión, la Corte la inadmitirá.   

En mérito de lo expuesto, la Corte     Suprema    de    Justicia,  Sala  de Casación Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  Ley,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la    demanda   de   casación   presentada   por   el   defensor   CIRO  ANTONIO  DELGADO  RODRÍGUEZ. En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto.   

Contra  esta decisión no procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                        HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO  GÓMEZ  QUINTERO                                 EDGAR   LOMBANA  TRUJILLO                       

Permiso  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN               JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS                                 MAURO   SOLARTE  PORTILLA   

                TERESA RUÍZ NÚÑEZ   

                     Secretaria     

1  Rad.  20046,  auto  del  11  de  febrero  de  2004,  M.P.  Dra. Marina Pulido de  Barón.     

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