23183(26-04-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  23183   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 037.  

          Bogotá,   D.C.,   abril   veintiséis   (26)   de   dos   mil  seis  (2006)   

VISTOS  

La  Sala  se  pronuncia  de  fondo  sobre la  demanda  de  casación  discrecional  presentada  por  el defensor del procesado  JUAN  CARLOS  CLAROS PINZÓN,  contra  el  fallo  de  segundo  grado  proferido  por  el  Tribunal  Superior de  Florencia  el  18  de  agosto  de  2004,  por  cuyo  medio lo condenó a la pena  principal  de seis (6) meses de prisión e interdicción de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo lapso como cómplice penalmente responsable del delito  de  peculado  por  uso,  en  cumplimiento de la sentencia T-673 proferida por la  Corte Constitucional el 15 de julio de 2004.   

La  Procuradora  Segunda  Delegada  para  la  Casación  Penal solicita en su concepto casar la sentencia impugnada y declarar  la  invalidación  del  fallo  proferido  por el Tribunal Superior de Florencia,  para  que  en  su  lugar  sea  esta  la  Sala  la que dosifique y motive la pena  impuesta  a JUAN CARLOS CLAROS  de  conformidad  con la orden impartida por la Corte Constitucional en la citada  providencia de revisión de tutela.   

ANTECEDENTES   

En el mes de septiembre de 2000, miembros del  Departamento  Administrativo  de  Seguridad  (DAS)  establecieron  a  través de  labores  de  inteligencia  que  algunos  bienes  estatales  correspondientes  al  Programa  PLANTE,  eran  utilizados  en  la  campaña  política de JUAN   CARLOS   CLAROS   PINZÓN,  como  candidato  a  la  Gobernación  del Departamento del Caquetá. Tal circunstancia  fue  corroborada  el  26 de septiembre de la referida anualidad por la Fiscalía  Octava  Seccional  de  Florencia  al verificar que una cartelera, un monitor KDS  serie  029600519,  una  impresora  Epson  300, una CPU Acermate 5200 C-64390, un  estabilizador  y  un  mouse  que  pertenecían  a  la  oficina del programa PLANTE, estaban al servicio de la  referida sede política.   

Igualmente   se   estableció   que   dos  motocicletas   de   la  mencionada  dependencia  oficial  eran  utilizadas  para  adelantar  proselitismo  político,  portando  publicidad  alusiva  al candidato  CLAROS PINZÓN.   

La   Fiscalía   declaró   abierta   la  instrucción,  en  cuyo  marco  vinculó  mediante  indagatoria  a  JUAN  CARLOS  CLAROS  PINZÓN,  HUMBERTO LÓPEZ BRAVO, DIANA ROCÍO  BARRIOS   DÍAZ   y   WILSON   GAITÁN   ARTUNDUAGA,  definiéndoles  su  situación jurídica con medida de aseguramiento de caución  prendaria,  a  los dos primeros como presuntos cómplices del delito de peculado  por   uso  y  a  los  dos  últimos  como  coautores  de  la  referida  conducta  delictiva.   

Clausurado el ciclo instructivo, el mérito  del  sumario fue calificado el 15 de marzo de 2001 con resolución de acusación  en  contra  de  los sindicados por el mismo delito y grado de participación que  motivó  la  imposición  de  medida  de  aseguramiento,  providencia que al ser  impugnada   por   el   defensor   de   JUAN   CARLOS  CLAROS   fue   objeto  de  confirmación  el  25  de  septiembre  de  2001  por  la  Fiscalía  Delegada  ante el Tribunal Superior de  Neiva.   

La   etapa   del   juicio   correspondió  adelantarla  al  Juzgado  Segundo  Penal del Circuito de Florencia, despacho que  una  vez  surtido  el  rito señalado por el legislador profirió fallo el 16 de  enero  de  2002,  por cuyo medio absolvió a los procesados de los cargos objeto  de acusación.   

Impugnada  la  anterior  decisión  por  el  Fiscal  Octavo  Seccional  de Florencia, el Tribunal Superior de la misma ciudad  decidió  revocarla el 13 de marzo de 2002 y en su lugar condenó a DIANA    ROCÍO    BARRIOS    DÍAZ   y  WILSON GAITÁN ARTUNDUAGA a  la  pena  principal de doce (12) meses de prisión e interdicción de derechos y  funciones  públicas por igual período como autores penalmente responsables del  delito  de  peculado  por  uso.  En la misma providencia condenó a JUAN  CARLOS  CLAROS  PINZÓN  y HUMBERTO LÓPEZ BRAVO a  la pena principal de diez (10) meses de prisión e interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  igual  término, como cómplices del  citado  comportamiento delictivo y concedió a todos los procesados el subrogado  penal de la condena de ejecución condicional.   

Interpuesto   y   sustentado  el  recurso  extraordinario  de  casación en nombre de JUAN CARLOS  CLAROS  PINZÓN  y  HUMBERTO  LÓPEZ  BRAVO, esta Sala  decidió  mediante  providencia  del  19  de  noviembre  de  2003  inadmitir las  demandas   presentadas  de  conformidad  con  lo  establecido  en  el  artículo  213  de la Ley 600 de 2000.   

         El      ciudadano     JUAN     CARLOS  CLAROS  interpuso  ante  esta  Sala acción de tutela  contra  el  Tribunal  Superior de Florencia en procura de amparo para su derecho  fundamental  al  debido  proceso por estimarlo vulnerado con el fallo de condena  proferido  en  su  contra. Mediante proveído del 4 de febrero de 2004, una Sala  de Conjueces decidió declarar improcedente la acción promovida.   

Entonces,  el  actor presentó a través de  apoderado  otra  acción  de  tutela  contra  el  referido  fallo  condenatorio,  orientada   a  atacar  la  “fijación  del  quantum  punitivo  tasado  para  las  penas”  y esta Sala, a  través  de providencia del 10 de marzo de 2004 la denegó por considerar que el  Tribunal  atendió  los  parámetros  legales  para  la individualización de la  sanción.   

          Las  referidas  acciones  de  tutela  fueron  remitidas  a  la Corte  Constitucional,  donde  la  Sala  Segunda  las  seleccionó  para su revisión y  mediante  auto  del  16  de junio de 2004 dispuso su acumulación, resolviendo a  través  de  fallo  T-663  del  15 de julio de la referida anualidad revocar las  decisiones  del  4  de  febrero  y el 10 de marzo del mismo año, por cuyo medio  esta   Sala  declaró  improcedentes  las  acciones  de  tutela  promovidas  por  JUAN  CARLOS  CLAROS y, en su  lugar,  conceder  el  amparo al derecho fundamental al debido proceso del actor,  en  el  sentido  de  dejar  sin efecto el literal b) del numeral 1º de la parte  resolutiva  de  la  sentencia  proferida  en  su  contra,  dado que se violó el  principio  de  legalidad  de la pena y el derecho al debido proceso, al no tener  en  cuenta  al  momento de individualizar la pena la disminución de la sanción  por  tratarse  de un cómplice y no ponderar la eficacia de la ayuda que prestó  en la comisión del delito.   

Así  las  cosas,  ordenó  al  Tribunal  de  Florencia  que “mediante nuevo fallo en relación con  Juan   Carlos  Claros  Pinzón”  individualizara  la  sanción   que  le  corresponde  como  cómplice  del  delito  de  peculado  por  apropiación.   

         El  Tribunal  Superior  de  Florencia en acatamiento de lo ordenado  por  la Corte Constitucional en la sentencia de revisión de tutela profirió el  respectivo  fallo  el  18  de  agosto  de  2004,  contra el cual el defensor del  procesado   interpuso   y   sustento   recurso   de   casación   por   la  vía  discrecional.   

Mediante  auto  del 2 de marzo de 2005, esta  Sala  admitió  de manera discrecional la demanda de casación presentada por la  defensa,   “en  punto  de  la  protección  de  la  garantía  fundamental  al  juez  natural,  la cual hace parte de la más amplia  noción  del derecho fundamental al debido proceso del doctor JUAN CARLOS CLAROS  PINZÓN”.   

En el curso del trámite casacional se obtuvo  el respectivo concepto del Ministerio Público.   

LA DEMANDA  

Acerca de la temática abordada en el libelo  cuya  admisión  discrecional  dispuso la Sala, el casacionista formula un cargo  contra  el fallo proferido por el Tribunal de Florencia, pues considera que si a  partir  del  primero  de  enero  de 2004 el doctor JUAN  CARLOS   CLAROS   PINZÓN  ostenta  la  condición  de  Gobernador  del  Departamento  de Caquetá, según se encuentra acreditado en la  actuación,  la  competencia  para  adoptar  la  sentencia por cuyo medio se dio  cumplimiento  a la decisión de la Corte Constitucional, en el sentido de dictar  un  nuevo  fallo  respecto  del  referido  ciudadano,  radicaba  en  la  Sala de  Casación  Penal de la Corte Suprema de Justicia de conformidad con lo dispuesto  en  el  numeral  4º del artículo 235 de la Carta Política y en el numeral 6º  del artículo 75 del estatuto procesal penal.   

          Por  ello  considera  que  el  Tribunal  incurrió  en una causal de  nulidad  de  carácter  absoluto, establecida en el artículo 306 del Código de  Procedimiento  Penal, esto es, por carecer de competencia para proferir el fallo  cuestionado.   

Y  agrega que “no  es  posible  ahora  entrar  a  resolver  el recurso vertical intentado contra la  sentencia  por  medio  de  la  cual  el  Juzgado  Segundo  Penal del Circuito de  Florencia  absolvió”  a  su  representado, pues tal  decisión  de  primer grado no admite “recurso alguno  en  razón  de  la  condición  de aforado del doctor CLAROS PINZÓN”   

Con base en lo anterior, el actor solicita a  la   Corte   casar   el   fallo   atacado,  en  el  sentido  de  “dejar   en  firme  la  sentencia  de  primera  instancia”,  como  en  asuntos  similares  se  ha  pronunciado  la  Sala en  decisiones  del  17  de  junio de 1998, radicado 9736; 29 de septiembre de 1999,  con  ponencia  del  Magistrado  Carlos  Mejía  Escobar;  2  de febrero de 2000,  radicado  15547 con ponencia del Magistrado Fernando Arboleda Ripoll; 23 de mayo  de  2001,  radicado  17657  y  8  de  agosto  de 2001, radicado 17308, ambos con  ponencia   del   Magistrado   Herman  Galán  Castellanos;  entre  otras,  cuyos  fragmentos transcribe.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

La  Procuradora  Segunda  Delegada  para  la  Casación  Penal solicita en su concepto casar la sentencia impugnada y declarar  la  invalidación  del  fallo  proferido  por el Tribunal Superior de Florencia,  para  que  en  su  lugar  sea  esta la Sala la que dicte la sentencia de segunda  instancia  de  conformidad con la orden impartida por la Corte Constitucional en  la  sentencia  de  revisión  de  tutela  T-673  del  15  de  julio  de 2004, de  conformidad con las siguientes consideraciones:   

          Inicialmente  la  Delegada  señala  que  en  el  proceso  penal que  culminó  con  fallo  proferido  por  el Tribunal Superior de Florencia el 18 de  marzo  de  2002  contra  JUAN CLAROS CLAROS,  quien  no tenía la condición de aforado para aquél momento, no  se   presentaron   errores  in  procedendo   de   estructura,   garantía,   competencia   o  de  apreciación  probatoria,  como  fue  expuesto tanto en la providencia a través de la cual no  se  admitió  discrecionalmente  el  recurso  interpuesto,  como  en el fallo de  tutela  dictado  por  esta  Sala dentro del procedimiento derivado de la acción  promovida  por  el mencionado ciudadano e inclusive en la sentencia T-673 del 15  de  julio  de  2004,  en  la  cual  se  puntualizó que el proceso no presentaba  defectos  de  apreciación  probatoria,  ni en la garantía de la investigación  integral   y   concluyó   que   al   existir  prueba  razonable  acerca  de  la  responsabilidad  del  mencionado ciudadano como cómplice del delito de peculado  por uso, el fallo fue correcto.   

          Precisa  que la Sala de Revisión de la Corte Constitucional revocó  el  fallo  de  la  Sala  Penal  de  la Corte Suprema de Justicia radicado con el  número  877295  dejando  sin  efecto  el literal b) del numeral 1º de la parte  resolutiva  en  cuanto  dispuso  condenar a JUAN CARLOS  CLAROS  y  ordenó  que  mediante  nueva  sentencia se  determinara  la  pena  que  le corresponde como cómplice del delito de peculado  por uso.   

          Resalta  que  en  verdad  el Tribunal Superior de Florencia erró al  dosificar  la  referida sanción en el fallo dictado el 13 de marzo de 2002 pues  a  los  extremos  punitivos  (1  a 4 años) establecidos en el artículo 134 del  derogado  estatuto  penal,  era  necesario aplicarles la disminución que de una  sexta  parte  a  la  mitad consagraba el artículo 24 del mismo ordenamiento por  tratarse  de  un  cómplice,  caso  en  el  cual,  el  mayor guarismo debía ser  aplicado al límite mínimo y el menor guarismo al límite máximo.   

          Entonces,  a  un  (1)  año,  límite  mínimo  de  la  pena, debía  descontársele  la  mitad,  para  arrojar  un  resultado  de  seis  (6) meses de  prisión.  A  su  vez,  la  sanción de cuatro (4) años debía reducirse en una  sexta  parte,  esto  es,  en  ocho  (8)  meses, quedando el ámbito de movilidad  reglada  con  un  mínimo  de  seis  (6)  meses y un máximo de tres (3) años y  cuatro (4) meses de prisión.   

          Concluye   que   si  el  Tribunal  dijo  que  ante  la  ausencia  de  circunstancias  de  agravación  punitiva,  así  como de antecedentes penales y  dada  la  personalidad  del  procesado  la  pena  principal  debía  disminuirse  “en  una  sexta  parte”,  erró  tal  Colegiatura,  circunstancia  que motivó la orden de protección del  principio  de  legalidad  y  del  derecho  al  debido  proceso  de  JUAN  CARLOS  CLAROS por parte de la Corte  Constitucional.   

          No  obstante,  precisa  que  el debido proceso al que se refirió la  Corte  Constitucional  fue  únicamente el que rige la dosificación de la pena,  dejando   incólumes   los   razonamientos   del   Tribunal   en   punto  de  la  responsabilidad  penal  del  procesado como cómplice del delito de peculado por  uso,    “luego    el   mérito   del   asunto   es  intangible”.   

          Agrega  la  Delegada  que  si  bien el fallo de tutela T-673 de 2004  removió  la  fuerza de cosa juzgada del fallo de condena ejecutoriado, sólo se  volvió  tangible  la sentencia del Tribunal en punto de la pena correspondiente  al  cómplice  del  delito  de  peculado,  sin que ello implique entender que el  fallo  fue  revocado  en  su  integridad,  lo  cual  explica  por qué esta Sala  admitió  el  recurso de casación contra la sentencia que dio cumplimiento a la  orden de tutela.   

          Aclara  que  no  se  trataba  de  un error en la dosificación de la  pena,  sino  de  su  motivación,  sin  que  se  afectaran  los  demás aspectos  vinculantes  del fallo cuyo procedimiento de agotó en las instancias ordinarias  como expresión de la seguridad jurídica.   

          Ahora,  puntualiza  que  si  bien  para cuando se profirió el   fallo  de  condena  el 13 de marzo de 2002, JUAN CARLOS  CLAROS no era Gobernador departamental y por tanto, no  ostentaba  la  condición de aforado, lo cierto es que para el momento en que se  dicta  la  sentencia  de  tutela  T-673  de 2004 (15 de julio de 2004) y la  providencia  a través de la cual se dio cumplimiento a lo ordenado por la Corte  Constitucional  (18  de  agosto  de  2004),  el  procesado  había  alcanzado la  dignidad  de  Gobernador  del Departamento de Caquetá y gozaba de fuero, motivo  por  el  cual, de conformidad con los artículos 29 y 235 de la Carta Política,  la  autoridad  competente  para corregir el yerro en la dosificación de la pena  era la Corte Suprema de Justicia.   

          No  obstante,  indica  que  a  diferencia  de  lo  expuesto  por  el  demandante,  estima que resulta casar el fallo atacado, para que en su lugar sea  esta  Sala  la que proceda a emitir la decisión que corresponda en cumplimiento  del  fallo  de  revisión  de tutela proferido por la Corte Constitucional, dado  que  “sólo  queda pendiente la determinación de la  pena  por  el  defecto  advertido  por la Corte Constitucional, cuya enmienda se  impone”,  sin  que  resulten aplicables los fallos a  los  que  alude  el  censor  con  la  pretensión  de  que  si  bien la Corte es  competente  para conocer del asunto, no puede proferir el fallo de segundo grado  cuyos    apartes    ajenos    a    la    dosificación    de    la    pena   son  inmodificables.   

          Con  fundamento  en  lo  dicho, la Delegada solicita a la Sala casar  parcialmente  el  fallo objeto de impugnación, para que en su lugar profiera la  decisión  encaminada  a corregir el defecto constitutivo de la violación a los  derechos   fundamentales   de   JUAN   CARLOS  CLAROS  PINZÓN,  de  conformidad con la orden impartida en la  sentencia T-673 del 15 de julio de 2004.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Dado  que  según  se  expresó,  la demanda  presentada  por  el defensor fue admitida de manera discrecional “en  punto  de  la  protección  de  la garantía fundamental al juez  natural,  la  cual  hace parte de la más amplia noción del derecho fundamental  al   debido   proceso   del   doctor   JUAN  CARLOS  CLAROS  PINZÓN”,  tal será la temática que corresponde dilucidar a la Sala, en  cuyo marco jurídico se tiene:   

1.         La sentencia impugnada.   

         Es  imprescindible  resaltar  que  el  fallo  objeto del recurso de  casación  discrecional  interpuesto  por  la  defensa,  fue  el  resultado  del  cumplimiento  de  una  orden  de protección de derechos fundamentales impartida  por  la  Corte  Constitucional  mediante  sentencia  T-673  del  15  de julio de  2004.   

1.1.          En  la referida decisión se precisa que  respecto  de la acción radicada bajo el número 859643, por cuyo medio el actor  manifiesta  que el Tribunal Superior de Florencia incurrió en una vía de hecho  por  “graves defectos en la fijación de los hechos,  es   decir,   por   un  error  fáctico  como  consecuencia  de  una  equivocada  apreciación  probatoria  y  de la falta de decretar algunas pruebas que por él  fueron   solicitadas   durante   la   instrucción”,  “del  análisis  de  la  sentencia de 13 de marzo de  2002,  se  encuentra por la Corte que el Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Florencia  –Sala Penal-  dio  por  demostrado  con apoyo en diligencia practicada por la Fiscalía Octava  Delegada  con  sede  en  esa  ciudad  que en la oficina de la sede política del  ciudadano   Juan   Carlos  Claros  Pinzón,  candidato  a  la  Gobernación  del  Departamento      del      Caquetá      fueron     encontrados     ‘una  cartelera,  un monitor KDS, serie  0296005719,  impresora  Epson  300,  CPU  Acermate  5200-C-64390,  estabilizar y  mouse’ de propiedad de las  oficinas   del   Plan   de   Desarrollo   Alternativo,   –  Plante  –”.   

          También   se   afirma   que   el   Tribunal   encontró  acreditado  “en      el     proceso     que     ‘Juan   Carlos   Claros   Pinzón  fue  Coordinador     del     Plan     de    Desarrollo    Alternativo    –Plante -, lo que hizo que los lazos de  amistad   con   Wilson  Gaitán  y  Diana  Barrios  se  consolidaran’;   en  el  hecho  demostrado  de  haberse   retirado   de   ese  cargo  ‘para  poder  iniciar  campaña  proselitista, en aras de alcanzar la  Gobernación  del  Caquetá,  obteniendo  el  apoyo  incondicional  de  sus  dos  subalternos  quienes conscientemente sustraen el aparato de computación junto a  la      impresora,      estabilizador      y      una      cartelera’,  que  fueron  encontrados en la sede  política de ese candidato”.   

Y  se  agrega  que  una  vez  analizados  en  conjunto  los elementos probatorios obrantes en el diligenciamiento, el Tribunal  consideró  que el actor JUAN CARLOS CLAROS  es  penalmente  responsable  como cómplice del delito de peculado  por uso.   

A  partir  de  lo  anterior,  concluye  que  “si   bien   puede  legítimamente  plantearse  una  discrepancia  sobre  la fuerza argumentativa de las conclusiones a que llegó el  Tribunal  y  puede,  de  la  misma  manera, ofrecerse discusión sobre la prueba  indiciaria  objeto  de  análisis por el fallador, lo cierto es que no  aparece de manera ostensible un yerro, grave y protuberante del  sentenciador  de  segundo grado en el proceso penal seguido contra el actor, del  que   pueda   predicarse   que   configura,   sin   duda,   una  vía  de  hecho  judicial,  porque  la  conclusión  del  Tribunal  no  resulta  por  completo  inverosímil,  ni desprovista por entero de motivación,  por    lo   que   no   se   trata,   entonces,   de   decisión   arbitraria   o  caprichosa” (subrayas fuera de texto).   

Decide  entonces  la  Corte  Constitucional  “que,  aún  cuando  es  procedente  en abstracto la  acción  de  tutela contra providencias judiciales cuando el actor considera que  existe  vulneración  del  derecho al debido proceso, en este caso, la  ejercida  contra  la sentencia de 13 de marzo de 2002 proferida  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Florencia –Sala  Penal  -,  no  está  llamada a  prosperar” (subrayas fuera de texto).   

          1.2.                      Respecto  de  la acción de tutela radicada bajo  el  número  T-877295, a través de la cual JUAN CARLOS  CLAROS  expone a través de apoderado que no cuestiona  la   valoración   probatoria   del   fallo   proferido  por  el  Tribunal  sino  “la  fijación  del quantum punitivo tasado para las  penas   principales   de  prisión  e  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas”,  lo  cual  comporta  violación  de  su  derecho  a  la  legalidad de la sanción, precisa la Corte Constitucional que el  principio  de  legalidad  de la pena incluye necesariamente dos aspectos, de una  parte  la determinación legislativa de las penas que correspondan a cada delito  y  de otra, la respectiva aplicación de tales preceptos por el juez al efectuar  la    “dosimetría    de    la    pena”.   

          Entonces,  puntualiza  que si el actor fue condenado por el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Florencia a la pena de diez (10) meses de  prisión  e  interdicción de derechos y funciones públicas por el mismo lapso,  como  cómplice  penalmente  responsable  del  delito  de  peculado por uso, tal  Colegiatura  contrarió  lo  dispuesto  en  los artículos 24 y 134 del derogado  estatuto   penal   y   3º   de   la  Ley  599  de  2000,  pues  “pese  a  la  inexistencia  de antecedentes penales del actor en esta  tutela,  sin que medien tampoco circunstancias de agravación punitiva y sin que  se  encuentre establecido el grado de mayor eficacia en la contribución o ayuda  para  la  comisión  del  delito,  ni  mucho  menos  porque  así  lo indique la  personalidad  del  procesado,  en  lugar  de disminuir la mitad al mínimo de la  pena,  le  redujo  solamente la sexta parte. De esta manera, como la sexta parte  de  doce meses son dos meses, al restarlos de doce meses que es el mínimo de la  pena  establecida para el peculado por uso, al cómplice se le impuso la pena de  prisión  de  diez meses. Esa decisión resulta contraria a Derecho, pues lo que  correspondía  era  en  este  caso  particular  y concreto y por lo ya dicho, la  reducción  de  la  mitad  de  esa  pena, es decir que si la establecida para el  delito  en  cuestión  como mínimo es de doce meses, la mitad es de seis meses,  pena  inferior  a  la  que  resolvió  imponer el Tribunal Superior del Distrito  Judicial      de     Florencia     –Sala  Penal-  al  procesado  Juan  Carlos  Claros  Pinzón.  El  juzgador     para    aplicar    la    pena    que    corresponda    ‘dentro  de los límites señalados por  la  ley’, se encuentra en  el  deber  jurídico de motivar la decisión, es decir, ha de expresar la razón  por  la cual opta por determinar una pena en concreto, y desde luego en la labor  de  dosimetría  que  le  es  propia  como  juzgador  puede señalar la pena con  sujeción  a la ley, linderos que en este caso son los trazados por el artículo  61  del  Código  Penal de 1980, que se consideró por el sentenciador aplicable  en  este  caso, norma que debió hacerse actuar en armonía con lo dispuesto por  los artículos 134 y 24 de ese Código”.   

          Por   tanto,  concluye  que  “asiste  la  razón  al actor, en cuanto a la protección constitucional que impetra, pues el  debido   proceso  fue  seriamente  afectado  por  desconocimiento  evidente  del  principio  de  legalidad de la pena, el cual es de imprescindible aplicación en  nuestro  ordenamiento  jurídico” y en consecuencia,  resuelve  conceder  la  protección  constitucional solicitada, en el sentido de  “DEJAR   SIN  EFECTO  el  numeral  1º,  literal  b) de la parte resolutiva de la sentencia de 13 de marzo  de  2002,  proferida por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Florencia  –Sala  Penal -, en cuanto  en      él     se     dispuso     ‘condenar  a  Juan  Carlos  Claros  Pinzón… a la pena principal de  diez  (10)  meses  de prisión e interdicción de derechos y funciones públicas  por  igual  período’, como  cómplice  del  delito de peculado por uso” y ordenar  a  la citada Corporación “que dentro de las cuarenta  y  ocho  (48) horas siguientes a la notificación de esta providencia, proceda a  iniciar  el  trámite  pertinente  para  que  mediante  nuevo  fallo  en  relación  con  Juan  Carlos  Claros  Pinzón,  se determine la pena que a este corresponda  como  cómplice  del  delito  de  peculado  por  uso”  (subrayas fuera de texto).   

          2.        El caso objeto de estudio.   

Por   elementales   razones   de  método  corresponde  inicialmente  a la Sala ocuparse del alcance del fallo de revisión  de  tutela  T-673  de  2004,  para  a  continuación abordar de fondo la censura  presentada  por la defensa contra el fallo proferido por el Tribunal Superior de  Florencia  el  18  de  agosto  de  2004.  A  ello  se  procede,  de la siguiente  manera:   

          2.1.                      Alcance  del  fallo de revisión de tutela T-673  de 2004.   

Acerca  del  tema anunciado advierte la Sala  que,  tal  como  lo  señala  la  Procuradora  Delegada en su concepto, la Corte  Constitucional  a  través  de la referida providencia no dejó sin efecto en su  integridad  el  fallo  de  segundo  grado  proferido por el Tribunal Superior de  Florencia   el  13  de  marzo  de  2002,  por  cuyo  medio  condenó  al  doctor  JUAN  CARLOS CLAROS PINZÓN a  la  pena  de diez (10) meses de prisión e interdicción de derechos y funciones  públicas   por  el  mismo  lapso,  por  las  razones  que  a  continuación  se  exponen.   

i)               La    Corte    Constitucional    es  suficientemente  clara al expresar que no concede la acción de tutela promovida  por  JUAN  CARLOS  CLAROS en  cuanto  se  refiere  a  la  violación  de  su derecho al debido proceso por una  equivocada  apreciación  de  las  pruebas  que sustentaron el fallo de condena,  pues   encuentra   que   en   la   ponderación   probatoria   del  ad  quem  sobre la materialidad del delito  de  peculado  por  uso  y  la  responsabilidad del accionante como cómplice del  mismo,  no  se  evidencia  un  yerro  protuberante o una actuación arbitraria y  caprichosa, capaz de configurar una vía de hecho judicial.   

          De  lo  anterior  puede establecerse sin dificultad que en cuanto se  refiere  a  la acreditación probatoria de la materialidad del delito por el que  se  procede  y  lo  más  importante,  respecto  de la responsabilidad penal del  procesado  JUAN CARLOS CLAROS  como  cómplice del delito de peculado por uso, la acción de tutela interpuesta  por  éste no prosperó y por ello, es claro que sobre el particular el fallo de  segundo  grado proferido por el Tribunal Superior de Florencia el 13 de marzo de  2002 no fue objeto de modificación alguna.   

          ii)                       Según  se  indica  en los antecedentes de la ya  mencionada  sentencia  de  revisión de tutela, que la pretensión del actor con  la  segunda  solicitud de amparo ejercida a través de apoderado contra el fallo  de  segundo  grado  proferido por el Tribunal Superior de Florencia se orienta a  que  se declare sin valor alguno tal decisión “en lo  que  se  refiere  a  la  fijación  del  quantum  punitivo tasado para las penas  principales    de   prisión   e   interdicción   de   derechos   y   funciones  públicas”,  para lo cual aclara que esta acción es  diversa  de  la  anterior  pues  “no cuestiona en la  segunda  la  valoración  probatoria  a  que  se  llegó  por  el  Tribunal para  condenarlo   sino   la  legalidad  de  la  pena  que  se  le  impuso”.   

          Palmario  resulta  entonces, que si la Corte Constitucional accedió  a  la  protección  del  derecho  a  la  legalidad  y  el  debido proceso y a la  legalidad  del  actor sólo en cuanto comporta la motivación y la dosificación  de  la  pena  que  le  fue  impuesta en su condición de cómplice del delito de  peculado  por  uso,  no  hay  duda  que  ello  no compromete en manera alguna la  declaratoria  de  responsabilidad  penal  efectuada  por el Tribunal, más aún,  cuando  en  la solicitud de amparo se expresa que no se reprocha la ponderación  de  las  pruebas  que  sirvió  al  ad quem para proferir el fallo de condena.   

          iii)                      Si   en   la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  ad quem el  13  de  marzo  de  2002,  se condenó también a Wilson  Gaitán  Artunduaga  y  Diana  Rocío  Barrios  Díaz a la pena principal de doce (12)  meses  de  prisión  e  interdicción  de  derechos y funciones públicas por el  mismo  lapso,  como  autores  penalmente responsables del delito de peculado por  uso,  es incuestionable que la sentencia de revisión de tutela proferida por la  Corte  Constitucional  en modo alguno revocó las condenas proferidas contra los  mencionados  ciudadanos,  circunstancia  adicional para concluir que únicamente  se  dejó  sin  efecto un aspecto puntual del fallo de segunda instancia dictado  por  el  Tribunal, esto es, el referido a la motivación e individualización de  la    pena    impuesta    al   doctor   JUAN   CARLOS  CLAROS,    pues    en    lo    demás    permaneció  incólume.   

          iv)                       Si  de  conformidad  con  lo  establecido  en el  inciso  final  del artículo 23 del Decreto 2591 de 1991, corresponde al juez de  tutela  “establecer los demás efectos del fallo para  el  caso  concreto”,  encuentra  la  Sala  que  así  procedió  la  Corte  Constitucional  al ordenar “que  mediante  nuevo  fallo en relación con Juan Carlos Claros Pinzón, se determine  la    pena   que   a   este   corresponda   como   cómplice   del   delito   de  peculado”, a partir de lo cual se deduce que en todo  lo  demás,  el  fallo  proferido  por  el Tribunal Superior de Florencia no fue  objeto de modificación alguna.   

          v)        Aunque  en  la  orden de tutela impartida se dispone que el Tribunal  Superior  de Florencia dicte “nuevo fallo”,  por  cuyo  medio motive y dosifique la pena que corresponde al  actor  como  cómplice  penalmente  responsable  del delito de peculado por uso,  razonable  resulta  concluir que la novedad de una tal decisión sólo comprende  el  tema  puntualmente destacado, sin que, se reitera, en lo demás la decisión  del    ad    quem   fuera  modificada.   

          Así  fue  entendido  por  el  Tribunal  Superior  de  Florencia  al  expresar  en la providencia por cuyo medio dio cumplimiento a la orden impartida  por  la  Corte  Constitucional,  que “para atender el  fallo  emanado  de  la  Sala  de  Revisión,  la  decisión  que  se va a tomar,  comprende  únicamente  los  aspectos  relacionados con el procesado Juan Carlos  Claros  Pinzón,  accionante de tutela y como solo el capítulo de la pena sufre  modificación,  se  entiende  que  los demás contenidos de la sentencia inicial  conservan  su  integridad  asumiéndolos  en toda su extensión fundamentalmente  como  soporte  para  los  fines  de  la  determinación  de  la pena”.   

          vi)                       Es evidente entonces, que si a través del fallo  de  revisión de tutela se dispuso la remoción parcial de la cosa juzgada de la  cual  está  revestida  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por el  Tribunal  Superior  de  Florencia  el  13  de  marzo  de 2002, al ocuparse de un  elemento  medular  de  la  condena  como es la motivación y dosificación de la  pena  con sujeción al principio de legalidad y al derecho al debido proceso del  doctor  JUAN  CARLOS  CLAROS,  dicho  pronunciamiento,  como  lo  dijo esta Sala en auto del 2 de marzo de 2005  por  cuyo  medio  admitió discrecionalmente la demanda de casación excepcional  presentada  por  la  defensa,  sólo  en  cuanto  se  refiere  a “hacer  explícitas  las  ponderaciones  efectuadas para dosificar la  pena   impuesta   al   procesado   como   consecuencia  de  su  declaración  de  responsabilidad  penal  a  título  de  cómplice tiene el carácter de fallo de  segundo   grado   y   en   dicha  condición,  es  susceptible  del  recurso  de  casación”.   

          En  suma,  considera  la Sala que por virtud de la remoción parcial  de  la  ejecutoria  del  fallo  de  segunda  instancia  dictado  por el Tribunal  Superior  de  Florencia  el  13  de  marzo  de 2002 dispuesta en la sentencia de  revisión  de  tutela  T-673  de  2004,  sólo  puede  ser  objeto de recurso de  casación  por  la  vía  discrecional  el  aspecto  relativo a la motivación y  dosificación  de  la  pena  impuesta al procesado JUAN  CARLOS  CLAROS  como  cómplice penalmente responsable  del delito de peculado por uso.   

          2.2.                      El  cargo  único: Nulidad por incompetencia del  ad quem.   

Dado  que el censor básicamente plantea que  si   a   partir   del   primero   de   enero  de  2004  el  doctor  JUAN  CARLOS  CLAROS  PINZÓN  ostenta  la  condición  de  Gobernador  del  Departamento  de  Caquetá, la competencia para  dictar  el  fallo por cuyo medio se dio cumplimiento a la sentencia de revisión  de  tutela  T-673  del 15 de julio del mismo año radica en la Sala de Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia de conformidad con lo dispuesto en el  numeral  4º  del  artículo  235  de la Carta Política y en el numeral 6º del  artículo  75  del  estatuto  procesal  penal,  y  no en el Tribunal Superior de  Florencia,  Colegiatura  que  profirió  la  sentencia  del 18 de agosto de 2004  ahora   impugnada,   estima  la  Sala  que  como  acertadamente  lo  señala  la  Procuradora  Delegada  en  su  concepto, le asiste razón al demandante, por las  siguientes razones.   

          Mediante  fallo  del  13  de  marzo  de 2002 el Tribunal Superior de  Florencia  revocó  el fallo absolutorio proferido en primera instancia en favor  de  JUAN  CARLOS  CLAROS y lo  condenó  como  cómplice  penalmente  responsable  del  delito  de peculado por  uso.   

          El   doctor   CLAROS  PINZÓN  fue  elegido  por voto popular como Gobernador del Departamento de  Caquetá     para     el     periodo     constitucional     2004    –  2007,  cargo que viene desempeñando  desde el 1º de enero de 2004.   

          La  Corte Constitucional ordenó a través de sentencia de revisión  de  tutela  T-673  del 15 de julio de 2004 que el Tribunal Superior de Florencia  motivara  y  dosificara  de  conformidad  con  los  parámetros  legales la pena  impuesta  al mencionado ciudadano, orden que fue cumplida mediante sentencia del  18 de agosto de 2004 por la citada Corporación.   

          Del  anterior  recuento sucinto de la actuación procesal se observa  sin  dificultad  que  para  la  fecha  en  que el Tribunal Superior de Florencia  profirió  fallo  en  acatamiento a lo dispuesto por la Corte Constitucional, el  doctor   JUAN   CARLOS   CLAROS   PINZÓN  ya  ostentaba  la condición de aforado al ejercer como Gobernador  del  Departamento  de Caquetá y por tanto, de conformidad con lo establecido en  el  numeral  4º del artículo 235 de la Carta Política y en el numeral 6º del  artículo  75 de la Ley 600 de 2000, la competencia para proferir el fallo sobre  la  precisa  temática  definida  por la Corte Constitucional, circunscrita a la  motivación  y dosificación de la pena, radicaba sin lugar a dudas en esta Sala  de Casación Penal.   

Porque es claro, que la regla de competencia  que  radica  en  cabeza  de esta Sala la competencia para conocer de la fase del  juicio  en  los  diligenciamientos adelantados contra gobernadores, dispuesta en  el  numeral  4º  del  artículo 235 de la Carta Política, opera con la escueta  acreditación  de  la  condición del sujeto pasivo de la acción penal, en este  caso,  de  la  calidad  de  Gobernador  que  adquirió  el  doctor  JUAN  CARLOS  CLAROS, a partir de la fecha  de su posesión como tal.   

Así  las cosas, es evidente que carecía el  Tribunal  Superior  de  Florencia  de competencia para proferir la decisión que  acató   el   fallo  de  revisión  de  tutela,  sin  que  resulte  acertado  el  planteamiento  esgrimido  en  aquella  oportunidad  según  el  cual, como no se  asumía  la  labor  de  determinar la responsabilidad del sindicado JUAN  CARLOS CLAROS, sino exclusivamente de  corregir  el  yerro  en  el cual se incurrió al dosificar la pena por fuera del  marco  legal,  la competencia radicaba en dicha Corporación a fin de evitar que  se    presentara    “dualidad    de   funcionarios  independientes   y   autónomos  respecto  de  una  misma  sentencia”.   

En efecto, encuentra la Sala que si el fuero  del    doctor    JUAN    CARLOS   CLAROS,  derivado  de  su  condición  de  Gobernador  del Departamento de  Caquetá  lo adquirió a partir del 1º de enero de 2004, fecha de su posesión,  desde  entonces  tiene  operancia  plena,  por  ser  de rango constitucional, no  quedando  resquitio  alguno para tornar viable el argumento del Tribunal, razón  por  la cual, como inicialmente se dijo, se impone casar la sentencia de segunda  instancia  proferida  el 18 de agosto de 2004 por el referido Tribunal, dado que  violó  la  garantía  fundamental del juez natural del Gobernador, la cual hace  parte  de la más amplia noción de su derecho fundamental al debido proceso. En  consecuencia,  no  queda a la Sala camino diverso a seguir que el de declarar la  nulidad de dicho fallo.   

          Ahora,  como de conformidad con lo establecido en el numeral 1º del  artículo  217  de  la  Ley  600  de  2000, cuando prospera la causal tercera de  casación  y  la invalidación afecta “exclusivamente  la  sentencia demandada”, corresponde a la Sala casar  el   fallo   y   dictar   el   que  debe  reemplazarlo,  a  ello  se  procede  a  continuación.   

          3.        El fallo de reemplazo.   

Impera  precisar, en primer término, que si  bien  el  recurrente  afirma que “no es posible ahora  entrar  a  resolver  el recurso vertical intentado contra la sentencia por medio  de   la   cual   el   Juzgado   Segundo   Penal   del   Circuito   de  Florencia  absolvió”  a su representado, pues tal decisión de  primer  grado  no admite “recurso alguno en razón de  la  condición de aforado del doctor CLAROS PINZÓN”,  a  partir  de  lo  cual  solicita  “dejar en firme la  sentencia  de  primera  instancia”,  como en asuntos  similares  se ha pronunciado esta Sala, sin dificultad se advierte que, tal como  lo  señala  la  Procurador  Delegada  en  su concepto, la referida solución no  corresponde  a  este  asunto,  ni  guarda  semejanza alguna con los antecedentes  jurisprudenciales que sobre el particular cita el recurrente.   

En    efecto,   si   como   in    extenso   se   dilucidó   en   las  consideraciones  de  esta  providencia,  el  fallo ejecutoriado de segundo grado  proferido  por  el  Tribunal  Superior de Florencia el 13 de marzo de 2002 sólo  fue  modificado en virtud de la sentencia de revisión de tutela T-673 del 15 de  julio  de  2004 en cuanto se refiere a la motivación y dosificación de la pena  que  le  corresponde  al sentenciado JUAN CARLOS CLAROS  PINZÓN  como  cómplice  penalmente  responsable  del  delito  de  peculado  por  uso,  es  evidente  que no puede desconocerse, de una  parte,  que  el  fallo  absolutorio  de  primer  grado  proferido por el Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de Florencia el 16 de enero de 2002, cuya firmeza  reclama el demandante, fue impugnado por la Fiscalía.   

Y  de  otra,  que el Tribunal Superior de la  misma   ciudad   lo   revocó,   para   en  su  lugar  condenar  a  JUAN   CARLOS   CLAROS   como  penalmente  responsable  en  calidad  de  cómplice  del delito de peculado por uso el 13 de  marzo  de  2002,  esto  es,  mucho  tiempo  antes de que el procesado tuviera la  condición  de aforado decisión que, salvo en lo relacionado con la motivación  e  individualización  de  la  pena, no ofrece reparo alguno, como en efecto fue  declarado  por la Corte Constitucional en la misma sentencia T-673 de 2004 y por  tanto,  cobró  ejecutoria  al  ser  inadmitida  por  esta  Sala  la  demanda de  casación  presentada  por  la  defensa y ser resuelto el recurso de reposición  que contra tal inadmisión también se interpuso.   

Así las cosas, es improcedente la pretendida  firmeza  del  fallo  absolutorio  de  primera  instancia  y  en  virtud de ello,  corresponde  a  la  Sala, tal como se indicó, proferir el correspondiente fallo  de  reemplazo  de conformidad con lo consagrado en el artículo 217 del estatuto  procesal penal.   

         3.1.                     El  principio  de legalidad y la motivación de  los fallos.   

          El  principio  de legalidad se encuentra reconocido en el inciso 2º  del  artículo  29  de  la  Carta Política, así como en el artículo 6º de la  misma,  en  virtud  del  cual, a toda persona le asiste el derecho fundamental a  ser  investigada,  acusada,  juzgada y sancionada penalmente, exclusivamente por  acciones   u   omisiones   constitutivas   de   delitos   establecidos   en   la  ley.   

En   un   Estado   social   de  derecho  y  particularmente  democrático, participativo y pluralista, como es reconocido en  el  artículo  1º de la Constitución Política, se impone que sólo el órgano  legislativo,  elegido popularmente y que representa al pueblo, tenga la facultad  de  expedir  leyes,  esto  es,  la potestad de determinar qué conductas humanas  quedan  sujetas  a  sanción  penal,  a  lo  cual debe proceder de manera clara,  expresa,  estricta,  escrita,  inequívoca  e  indubitable.  Igualmente es de su  resorte  el  señalamiento estricto de la consecuencia jurídica asignada a cada  caso  y  proporcionar a los operadores judiciales unos criterios de dosifiación  de  las  penas (sean estas privativas de la libertad, pecuniarias o restrictivas  de  otros  derechos),  cuya  ponderación  tiene su momento relevante, cuando el  juez  procede  en  concreto  a realizar labor tan delicada, que no cumplirá los  altos    cometidos    de    la    justicia,    si   carece   de   una   adecuada  motivación.   

Es  por  ello  que  la  Sala, en punto de la  motivación   de   los   fallos   ha  sido  del  reiterado  criterio1,  según  el  cual,  si  bien correspondía a un postulado contenido en el artículo 163 de la  Constitución  de  1886  y  tal  norma no fue reproducida en la Constitución de  1991,  ello  no obsta para concluir que constituye pilar fundamental del derecho  a  un  debido  proceso,  habida  cuenta  que  comporta  una  garantía contra la  arbitrariedad  y  el  despotismo  de  los funcionarios, a la vez que se erige en  elemento  de  certeza  y  seguridad  para  efecto  de  ejercitar  el  derecho de  impugnación  por  parte  de cualquiera de los sujetos procesales intervinientes  en el trámite judicial.   

          Y  también  se ha dicho que el deber de motivar no se satisface con  la  simple  y  llana expresión de lo decidido por el funcionario judicial, pues  menester   resulta   la   indicación   clara,   expresa   e   indudable  de  su  argumentación,  con soporte en las pruebas y en los preceptos aplicados en cada  asunto,  ya  que  no  de  otra  manera se garantizan los derechos de los sujetos  procesales,  a  la  vez  que se hace efectivo el principio de imperio de la ley,  esto es, de sometimiento de los jueces al ordenamiento jurídico.   

          Respecto  de  la  garantía  de  motivación de las decisiones y con  ella,  del  debido  proceso,  el artículo 170 de la Ley 600 de 2000 señala los  requisitos   que   deben   contener   los   fallos,   entre  los  cuales  figura  “la  condena  a  las penas principal o sustitutiva y  accesorias  que  correspondan”, de donde se desprende  que  si  la sentencia carece de motivación en punto de la individualización de  la  pena,  no  sólo se quebranta el derecho de los intervinientes a conocer sin  ambages  los  motivos  de  la  decisión  sobre  tal  aspecto, sino que a la par  imposibilita  su  controversia  a  través de los medios de impugnación, con lo  que,  sin  duda  alguna,  se lesiona el derecho al debido proceso, circunstancia  que  de  conformidad  con  lo  dispuesto en el numeral 2º del artículo 306 del  estatuto  procesal  penal  constituye  causal  de  invalidez  de  la  actuación  viciada.   

En punto de la específica temática abordada  por  la  Sala  en  este caso se tiene que el derogado estatuto penal establecía  ciertos  criterios  que  debían  ser  ponderados  por  el  juez  al  momento de  individualizar  la pena, tales como: i) La naturaleza y gravedad de la conducta,  es   decir,   el   desvalor   de   acción  y  de  resultado,  como  categorías  omnicomprensivas  de  la  forma  de  ejecución  del hecho y del daño o peligro  propios  de  la  antijuridicidad  del  comportamiento,  a  fin  de  brindar  una  respuesta  proporcional  a  la  lesión  del  bien  jurídico.  ii)  El grado de  culpabilidad,  esto  es,  la  intensidad del juicio de reproche predicable de la  conducta.  iii)  La  personalidad del procesado, no a partir de su peligrosidad,  sino  de  la  manera  en  que  ésta  se expresó a través de la ejecución del  delito,   y   iv)   las   circunstancias  agravantes  y  atenuantes  de  índole  genérica.   

          3.2.                      La  motivación  y  dosificación  de  la  pena  impuesta  a  JUAN  CARLOS  CLAROS PINZÓN.   

Una vez efectuadas las anteriores precisiones  conceptuales,  observa  la  Sala  que  en  el  fallo  proferido  por el Tribunal  Superior  de  Florencia  el  13  de  marzo  de  2002, se condenó a Wilson  Gaitán  Artunduaga y Diana  Rocío  Barrios  Díaz  a  la  pena  principal  de  doce  (12) meses de prisión como autores penalmente responsables  del  delito  de  peculado  por  uso,  esto  es,  se  les  impuso “el  mínimo  de  la  pena  contemplada  para este delito”  en el artículo 134 del derogado estatuto penal “al  no  existir  circunstancias  de agravación punitiva”.   

Respecto  de  JUAN  CARLOS  CLAROS dijo el Tribunal que como fue llamado a  responder  en  juicio  calidad  de  cómplice,  atendiendo  los  parámetros del  artículo  24  del  anterior  Código  Penal,  tras  advertir  igualmente que no  concurrían  circunstancias de agravación punitiva, la ausencia de antecedentes  y  su  personalidad, era “viable imponer la   pena  principal  disminuida  en  una  sexta  parte,  concluyendo  con  pena principal de diez (10) meses de prisión e  interdicción    de    derechos    y    funciones   públicas   por   el   mismo  periodo…” (subrayas fuera de texto).   

          En  este  punto  encuentra  la Sala que, ciertamente, el Tribunal se  equivocó  al  rebajar  en  una  sexta  parte la pena mínima dispuesta para los  autores  en  el  artículo  134  del  derogado  Código  Penal, pues a efecto de  imponer   la  menor  sanción  a  JUAN  CARLOS  CLAROS  PINZÓN, corresponde de acuerdo con el artículo 24 de  tal  legislación  tomar  los  extremos punitivos establecidos para el delito de  peculado  por  uso,  esto  es,  de  uno  (1)  a  cuatro  (4) años de prisión y  disminuir  en  la  mitad  el  límite inferior y en una sexta parte el superior,  arrojando  un ámbito de movilidad punitiva de seis (6) meses a tres (3) años y  cuatro meses de prisión.   

          Además,  si  bien  el  comportamiento afectó de manera efectiva la  administración  pública  en  cuanto  comportó  el  retiro  de  algunos de los  elementos  con  los  cuales  se adelantaban las labores oficiales en el Programa  PLANTE,  es  necesario  resaltar que tal conducta sólo tuvo lugar durante cerca  de  dos  (2) meses, sin que se haya acreditado en la actuación que el retiro de  tales  elementos oficiales hubiera imposibilitado el cumplimiento de la función  pública  que correspondía a la mencionada entidad, circunstancias que permiten  establecer  que el juicio de desvalor, tanto de acción, como de resultado de la  conducta, no reviste una especial gravedad.   

Adicionalmente  encuentra  la Sala que de lo  acreditado   en   el   diligencimiento   razonablemente   puede  concluirse  que  JUAN CARLOS CLAROS se limitó  a  permitir  dolosamente  –  dado  que  había  tenido  el  cargo  de  Coordinador  del  Plan  de  Desarrollo  Alternativo  (PLANTE) –, el  uso  de  bienes  del  Estado en pro de su campaña política como aspirante a la  Gobernación  del  Departamento  del Caquetá por parte de ex subalternos suyos,  situación  que  denota  que  su  colaboración  en  la comisión del delito fue  importante,  como que por ello se dio lugar a que se conformara un colectivo que  actuando  ilegalmente  le  reportó un beneficio propio, cual fue el de utilizar  en  favor  de  su  campaña  política  bienes oficiales, razón suficiente para  incrementar la pena mínima de seis (6) meses, en dos (2) meses.   

Finalmente  se  observa  que  si  bien  no  concurren  circunstancias genéricas de agravación de la pena que hubieran sido  deducidas  en  la  acusación,  al  valorar la personalidad del procesado por la  manera  en que se cometió el delito puede concluirse que al haber sido servidor  público   y  aprovechar  tal  condición  para  colaborar  con  sus  anteriores  subalternos  en  la  comisión  del  delito  de  peculado  por uso, el juicio de  reproche  se  intensifica  y ello conduce a que la pena señalada en precedencia  se  incremente  en  dos (2) mes más, para un resultado final de diez (10) meses  de  prisión  e  interdicción  de  derechos  y funciones públicas por el mismo  lapso.   

No  obstante lo anterior, considera la Sala  que  si el fallo proferido por el Tribunal Superior de Florencia el 18 de agosto  de  2004  sólo fue impugnado por el defensor del procesado, se quebrantaría el  derecho  que  le asiste como recurrente único a la non  reformatio  in pejus y por tal motivo, la pena no puede  ser    incrementada    más   allá   de   los   dispuesto   en   la   sentencia  atacada.   

Así  las  cosas, se impone señalar que la  sanción   que   corresponde   a  JUAN  CARLOS  CLAROS  PINZÓN  como  cómplice  penalmente  responsable  del  delito  de peculado por uso, es de seis (6) meses de prisión e interdicción de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo lapso, según fue tasada en la  decisión objeto de impugnación extraordinaria.   

          Por  lo  expuesto, la SALA DE CASACIÓN PENAL DE LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de  la ley,   

RESUELVE  

1.             CASAR   la  sentencia  recurrida  en  el  sentido  de  declarar  su nulidad, por las razones  expuestas en la anterior motivación.   

         2.        SEÑALAR, en consecuencia, que la pena que  corresponde  a  JUAN CARLOS CLAROS PINZÓN  como  cómplice  penalmente responsable del delito de peculado por  uso,  es  de  seis (6) meses de prisión e interdicción de derechos y funciones  públicas por el mismo término.   

Contra  esta  decisión no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Comisión    de  servicio   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Sentencia del 22 de mayo de 2003. Rad. 20756.     

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