23161(23-08-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  23161   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 063.  

         

Bogotá  D.C.,  agosto  veintitrés  (23) de  dos mil cinco (2005).   

VISTOS  

Resuelve   la   Sala  lo  que  en  derecho  corresponda  en  punto de la admisión formal del libelo de casación presentado  por   el   defensor   del   procesado  MAURICIO  GOMEZ  GONZALEZ,  contra  el fallo de segundo grado proferido  por  el  Tribunal Superior de Pereira el 18 de agosto de 2004, confirmatorio del  dictado  por  el  Juzgado Tercero Penal del Circuito de la misma ciudad el 31 de  mayo  del  referido  año,  por  cuyo  medio  lo condenó a la pena principal de  veintiséis  (26)  años  de  prisión,  como  autor  penalmente responsable del  delito  de homicidio agravado en Samuel Antonio Patiño  Patiño.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          En  las  horas  de  la  noche  del  3  de  febrero  de  2003, cuando  Samuel  Antonio  Patiño  se  dirigía  a  su  residencia  ubicada  en  la  carrera  15  No.  20  –   35  de  Pereira,  fue  herido  con  proyectiles  de  arma  de fuego por dos individuos, a consecuencia de lo cual se  produjo su deceso.   

La Fiscalía Seccional de Pereira dispuso la  apertura  de  la  correspondiente  indagación preliminar y luego de practicadas  algunas  diligencias  profirió  resolución  de apertura de la instrucción, en  cuyo     desarrollo     vinculó    mediante    indagatoria    a    MAURICIO  GOMEZ  GONZALEZ  y  Luz  Miriam  Ortega  Díaz, resolviéndoles  su  situación  jurídica  con  medida de aseguramiento de detención preventiva  sin  derecho  a  libertad  provisional  como  posibles  coautores  del delito de  homicidio agravado.   

Una  vez  cerrada  la  investigación,  la  Fiscalía  calificó  el  mérito  del  sumario con resolución de acusación en  contra  de  los  procesados como probables coautores del punible que dio lugar a  la  imposición  de  la  medida  asegurativa;  decisión  confirmada  en segunda  instancia  por  la  Unidad  de  Fiscalía  Delegada ante el Tribunal Superior de  Pereira el 24 de julio de 2003.   

          La  fase  del  juicio  correspondió  adelantarla al Juzgado Tercero  Penal  del  Circuito de Pereira, despacho que una vez surtido el rito pertinente  profirió  fallo  el  31  de mayo de 2004, por cuyo medio condenó a  MAURICIO  GOMEZ  GONZALEZ y Luz   Miriam   Ortega  Díaz,  a  la  pena  principal   de   veintiséis  (26)  años  de  prisión  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  lapso  de  diez (10) años como coautores penalmente responsables del delito por  el  cual  fueron  acusados.  En  la  misma  decisión los condenó al pago de la  correspondiente indemnización de perjuicios.   

La providencia anterior fue impugnada por los  procesados  y  el defensor de Miriam Ortega.  El  Tribunal  Superior de Pereira la confirmó mediante fallo del  18  de  agosto  de  2004, el cual es ahora objeto de impugnación extraordinaria  por   parte   de   la   defensora  de  MAURICIO  GOMEZ  GONZALEZ.   

LA DEMANDA  

Al  amparo de la causal tercera de casación  la  recurrente  formula  un  solo  cargo  contra el fallo de segundo grado, pues  estima  que  se  violó  el  derecho  de  defensa  de  su  asistido, dado que el  profesional  que  lo  representó  tenía  “intereses  encontrados”  al  defender también los intereses de  Luz          Miriam         Ortega.   

En  cuanto  comporta  la acreditación de la  censura,  aduce que “faltó defensa porque el soporte  de  la  sentencia  condenatoria  solo (sic)   tuvo  de  base  la  declaración  de  DEYANIRA  RIVERA,  amiga  y  confidente  de  MIRIAM ORTEGA quien le confió sus planes criminales y según la  testigo  y  lo analizado en el decurso del proceso, no PARTICIPÓ MAURICIO, pues  cuando  (sic)  un criminal o  sicario  no  va a tener en su poder un arma de fuego, y si MAURICIO hubiera sido  tan  mala  gente  como  lo hace ver la testigo, ¿por qué no tenia (sic)  herramienta de trabajo (revólver) y  apenas  se lo iban a comprar?; todo esto en la película que montó DEYANIRA, en  otras  palabras,  FALTO DEFENSA” para su representado  “toda  vez  que  DEYANIRA  no asumió con firmeza un  interrogatorio   de   parte”,   en   cuanto   ella,  “no  tenía  valor moral para hacer chismes frente a  las personas”.   

          Agrega  que  en  su  criterio  se  violó  el derecho de defensa del  procesado,  pues desde el 30 de enero de 2003, Deyanira  Rivera  sabía  de los hechos investigados pero no los  informó a las autoridades a fin de evitar la comisión del delito.   

También  afirma que el móvil del homicidio  no   fue   otro   que   el   aburrimiento   que   le   asistía  a  Miriam  con  su  esposo  y  que  por  ello  “DEYANIRA  estaba  feliz  con  él  y por eso montó  semejante  video  frente  a  MAURICIO  y vacila sobre la entrega del dinero para  matar  a  SAMUEL  ANTONIO PATIÑO”, de donde concluye  que  las  dos  mujeres mencionadas tenían interés en la muerte de la víctima,  sin  que  sobre el particular se evidencie participación alguna de su procurado  MAURICIO        GOMEZ       GONZALEZ.   

          Comenta  la  impugnante  que su asistido quería quitarse la vida en  razón  a  que  el profesional del derecho que la antecedió no le permitió que  se  defendiera durante la audiencia pública, pese a lo cual lo trasladaron a un  establecimiento  carcelario  lejos  de  su  medio familiar, sin que sus reclamos  sobre el particular hayan tenido respuesta positiva alguna.   

          La  defensa  habría  podido  debatir  los indicios graves, aduce la  casacionista,   para   lo   cual  se  había  podido  demostrar  “qué  clase  de persona era MIRIAM y por qué él como hombre salió  con  ella,  pues  el  no  era  el  primero después de su esposo; pero el dinero  compra  muchas cosas, hubiera probado que una viuda puede salir a divertirse por  la  necesidad  económica  que  viva, pero no le permitieron al procesado probar  que  no  existía  una relación amorosa entre los dos, como si al abogado no le  conviniera   que   dejando   en   libertad  a  MIRIAM,  igual  le  sucedería  a  él”.   

          De  la misma manera se habría podido acreditar que en la actuación  no  existía  prueba  que  condujera a la certeza sobre la conducta punible y la  responsabilidad  del  acusado,  más  aún, cuando en la diligencia de audiencia  pública  “no  existió defensa para él  (el  procesado,  se  aclara), recurrente  irregularidad  que  rompe  la  estructura  formal  del  proceso  y  perjudica su  libertad”,   cuyo   derecho   al   debido   proceso  corresponde asegurar.   

          Con  base  en  lo anterior, la defensora solicita a la Sala casar el  fallo  impugnado  “y  en  su lugar rebajar la pena o  proferir  fallo  absolutorio  a  favor  de  MAURICIO  GOMEZ GONZALEZ”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Acerca de la postulación y desarrollo de la  causal  tercera de casación ha dicho de manera reiterada la Sala que si bien su  acreditación  suele  ser  menos  compleja  que  la  demostración  de las otras  causales,  en  todo  caso  corresponde  al  impugnante  precisar con claridad la  especie   de  irregularidad  sustancial  que  determina  la  invalidación,  los  fundamentos  fácticos  y  los  preceptos  que  considera  conculcados,  con  la  indicación  de  las razones de su quebranto. También le compete especificar el  límite  de  la  actuación  a partir del cual se produjo el vicio, así como la  cobertura  de  la  nulidad, demostrar que procesalmente no existe manera diversa  de  restaurar  el  derecho  afectado  y,  lo  más  importante, acreditar que la  anomalía  denunciada  tuvo injerencia perjudicial y decisiva en la declaración  de  justicia  contenida  en  el  fallo  impugnado  (principio de trascendencia),  habida   cuenta   que   este   recurso   extraordinario  no  puede  fundarse  en  especulaciones,   conjeturas,   afirmaciones  carentes  de  demostración  o  en  situaciones ausentes de quebranto.   

Puntualizado lo anterior advierte la Sala que  la  demandante  incurre  en varias faltas a la técnica casacional, pues señala  que  el  fallo  impugnado  violó el derecho al debido proceso y el derecho a la  defensa  de  su  asistido, sin percatarse que uno y otro corresponden a ámbitos  diversos.  El  primero,  la vulneración del debido proceso, constituye un vicio  de  estructura  (falta  de  competencia, pretermisión de las formas propias del  juicio,  etc.),  en  tanto  que el segundo, el quebranto del derecho de defensa,  engendra  afectación  de  la  garantía,  motivo  por  el  cual  no  es posible  invocarlos  de  manera  sincrónica, en igualdad de condiciones y por los mismos  motivos.   

Adicional a lo anterior se tiene que si bien  la  censora  reprocha  la  actividad  defensiva de su antecesor, no se detiene a  señalar  de  qué  manera una tal estrategia conculcó el derecho de defensa de  su  asistido,  como  que  únicamente realiza vagos e imprecisos comentarios sin  acometer el desarrollo correspondiente al cargo que postuló.   

Es claro que si la crítica de la impugnante  estaba  orientada  a censurar el valor que los falladores otorgaron a los medios  de  prueba,  le  correspondía  formular el reproche bajo la égida de la causal  primera  de  casación, cuerpo segundo, es decir, por violación indirecta de la  ley  sustancial, señalando a la par si se trató de un error de hecho por falso  juicio  de  existencia, falso juicio de identidad o falso raciocinio; o bien, si  se  incurrió  en  un  error  de  derecho  por falso juicio de legalidad o falso  juicio  de  convicción  y  ofreciendo  la demostración inherente a cada uno de  tales yerros, proceder que no emprendió.   

Tampoco la casacionista indica de qué manera  variaría   el   resultado  del  proceso  si  Deyanira  Rivera  hubiera sido sometida a un interrogatorio más  exhaustivo,   a   la  vez  que  omite  precisar  el  efecto  invalidante  de  la  declaratoria de nulidad solicitada.   

Ahora,  en  cuanto  se  refiere  a que en la  actuación  no  se  obtuvo  certeza  sobre  la  materialidad de la conducta y la  responsabilidad  del  procesado,  la  defensora  únicamente  enuncia la queja y  plasma  su  criterio  personal,  pero  no  se  adentra a especificar, como es su  obligación,  qué  aspectos  no fueron debidamente dilucidados y probados en la  actuación  y  dan  lugar  a  la  conformación  de dudas trascendentes sobre la  materialidad del ilícito o la responsabilidad del incriminado.   

          Como  puede  observarse,  es  evidente que la impugnante se limita a  enunciar  de  manera  confusa  lo que en su criterio estima como irregularidades  sustanciales,  pero  no procede a demostrar que en verdad se haya quebrantado el  derecho  de  defensa o el debido proceso de su representado, omisiones que no se  sujetan  a las exigencias dispuestas por el legislador para acceder a este medio  impugnaticio extraordinario.   

          Es  necesario  resaltar  que  en  manifiesto  olvido  de la técnica  casacional,  la  defensora  aduce  que  MAURICIO GOMEZ  GONZALEZ   intentó   quitarse   la   vida   en   el  establecimiento  carcelario  y  que  fue  trasladado  a otro lugar de reclusión  lejos  del seno familiar, circunstancias totalmente ajenas a los motivos por los  cuales  podría disponerse la admisión del libelo de casación, para que previo  el  concepto  del  Ministerio  Público,  la  Sala  emitiera  una  decisión  de  fondo.   

          Similares  consideraciones  pueden efectuarse acerca de la rebaja de  pena  que  para  culminar  solicita  la  recurrente,  pues  lo cierto es que las  diversas  circunstancias  que  expone,  tales como la juventud del procesado, no  son  consideradas  por  el  legislador  como  motivos cuya presentación resulte  viable  a  fin  de  conseguir la admisión de la demanda de casación, en cuanto  viola  el  principio  de taxatividad de las causales que deben ser aducidas para  acceder a este recurso extraordinario.   

Por los motivos expuestos, considera la Sala  que  si la censora no sujeta su libelo a las reglas establecidas para postular y  demostrar  el  reproche  que  presentó  contra  el fallo de segundo grado y, en  virtud  del principio de limitación que rige el trámite casacional la Corte no  se  encuentra  facultada  para  enmendar las falencias de aquél, de conformidad  con  lo  dispuesto  en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000 se impone de plano  su inadmisión.   

          Para    concluir    es    necesario    señalar   que   la  Sala  no  observa  dentro  del trámite o en el fallo impugnado  violación    de    derechos    o    garantías   del   procesado   MAURICIO   GOMEZ,  como  para  que  tal  circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa que sobre el  particular  le  confiere  el  legislador  en  punto de  asegurar su protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  la defensora del procesado MAURICIO  GOMEZ  GONZALEZ, por las razones  expuestas en la anterior motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 187 del Código de  Procedimiento    Penal,    contra    este    proveído    no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                 HERMAN      GALÁN  CASTELLANOS   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN           JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

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