23148(22-06-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  23148   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 051.  

         

Bogotá  D.C.,  junio veintidós (22) de dos  mil cinco (2005).   

VISTOS  

Decide la Sala sobre la admisibilidad formal  del  libelo  de  casación presentado por el defensor del procesado LUIS  ANTONIO  RAMIREZ  OCORO,  contra  la  sentencia  de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Bogotá el  3  de  marzo de 2004, confirmatoria de la dictada por el Juzgado Cuarenta y Ocho  Penal  del  Circuito de la misma ciudad el 22 de octubre de 2003, por cuyo medio  lo  condenó  como  autor  penalmente  responsable  del  concurso  de delitos de  falsedad  material  de  particular  en  documento  público,  agravados  por  el  uso.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Aproximadamente   a  finales  del  mes  de  septiembre  de  1996, el procesado LUIS ANTONIO RAMIREZ  OCORO    entregó    a   la   abogada   Diana   Patricia  Guzmán  Hernández  los  documentos   requeridos   para   que  la  Caja  Nacional  de  Previsión  Social  reconociera   a   favor   de  Alejandrina  Riascos  de  Torres,     Guillermo  Sinisterra,    Emérito  Sinisterra  y  Héctor Torres  Vellaizac  sus pensiones de jubilación como empleados  de  la Contraloría General de la República, entidad en la cual se desempeñaba  el incriminado.   

No obstante, a petición de la Subdirección  de  Prestaciones Económicas de la Caja Nacional de Previsión, funcionarios del  Departamento  Administrativo  de  Seguridad  establecieron  que  los  documentos  allegados,  tales  como los registros civiles de nacimiento, los certificados de  tiempo  de  trabajo expedidos por la Jefe de la División de Registro y Control,  así  como  las certificaciones de sueldos y factores salariales emitidas por la  División  de  Tesorería  de  la  Contraloría  General  de la República y las  diligencias  de reconocimiento de firmas contenidas en los poderes otorgados por  los supuestos solicitantes a la apoderada, eran falsos.   

La  Fiscalía  Seccional de Bogotá declaró  abierta   la  instrucción,  en  cuyo  marco  vinculó  mediante  indagatoria  a  Diana  Patricia  Guzmán  Hernández, Manuel Guillermo  García  Blanco y LUIS ANTONIO  RAMIREZ  OCORO, resolviéndoles su situación jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención preventiva con derecho a libertad  provisional  como posibles coautores del concurso homogéneo sucesivo de delitos  de  falsedad  material  de  particular  en  documento  público agravados por el  uso.   

Cerrada  la  instrucción,  el  sumario  fue  calificado  el  6  de septiembre de 2000 con resolución de acusación en contra  del  procesado  LUIS ANTONIO RAMIREZ OCORO  como  presunto  autor  del  concurso  de  delitos que sustentó la  medida  de aseguramiento. En la misma providencia se profirió preclusión de la  investigación  en  favor  de  Diana  Patricia Guzmán  y    Manuel    Guillermo  García.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Cuarenta y Ocho Penal del Circuito de Bogotá, despacho que una vez  surtido  el  rito  correspondiente profirió fallo el 22 de octubre de 2003, por  cuyo  medio  condenó  al  incriminado  RAMIREZ  OCORO  a  la  pena principal de cuarenta y tres (43) meses de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el mismo lapso, como autor penalmente responsable del  concurso  de  delitos  objeto  de  acusación. En la misma decisión le negó el  subrogado  penal  de  la  condena  de  ejecución  condicional y le concedió la  prisión domiciliaria.   

          Impugnada  la  sentencia  por  la  defensa,  el Tribunal Superior de  Bogotá  la  confirmó  mediante  fallo del 3 de marzo de 2004, el cual es ahora  objeto   de   impugnación   extraordinaria   interpuesta  por  el  defensor  de  LUIS     ANTONIO     RAMIREZ     OCORO.   

LA DEMANDA  

El  actor  formula  cuatro  cargos contra el  fallo   de   condena,   los  cuales  postula  y  desarrolla  en  los  siguientes  términos:   

          1.        Primer  cargo  (Principal):  Nulidad  de  la actuación por falta de  competencia de los falladores.   

Al amparo de la causal tercera de casación,  el   impugnante   afirma  que  si  dentro  del  trámite  se  acreditó  con  la  declaración   de   Rosa   Matilde   de  la  Cruz  de  Murillo  que  la  falsificación  investigada  tuvo su  inicio  en  la  Notaría  Primera  de Buenaventura, la competencia por el factor  territorial  radicaba en los funcionarios de tal ciudad y que por tanto, como la  investigación  y  el  juzgamiento fueron adelantados por autoridades judiciales  de  Bogotá,  se  incurrió  en  la  causal  de  invalidación establecida en el  numeral  1º  del artículo 306 del estatuto procesal penal, en cuanto el delito  de  falsedad  en  documento  público  se  consuma  allí  donde  se  realiza la  falsificación,   sin   que  importe  el  sitio  en  el  donde  tenga  lugar  su  uso.   

          Agrega  que “simultáneamente se violaron  los  principios  del  DEBIDO  PROCESO  y  el  DERECHO  A  LA  DEFENSA,  bajo  la  inobservancia   de   los   principios   de  imparcialidad  y  de  investigación  integral”,  dado  que si la instrucción y el juicio  se  hubieran  surtido  en  Buenaventura, “la realidad  procesal  sería diametralmente distinta”, pues allí  era      posible      identificar      a     “los  suplantadores”  y  a  los  autores  de  los  delitos  investigados.   

          También  aduce  que  los falladores no arribaron a la certeza en el  fallo  de  condena  en  cuanto  sólo  consiguieron la verdad formal, pero no la  verdad  sustancial,  situación  en  la  cual  “no es  permitido  condenar  al  encausado como lo enseña la legislación penal, muchas  veces     aplicando     el     aforismo    in    dubio    pro    reo”.   

          Acerca  de  la  trascendencia  del  cargo  afirma  que además de la  incompetencia  de  los  funcionarios  judiciales  y la violación del derecho de  defensa  y el debido proceso de su asistido, también se vulneraron sus derechos  a  la  honra, libertad personal, buen nombre, presunción de inocencia, trabajo,  etc.   

          2.        Segundo  cargo  (Subsidiario):  Nulidad por falta de motivación del  fallo.   

          El  censor manifiesta que la sentencia atacada carece de motivación  en  cuanto  no  se  analizaron  y  valoraron  los  fundamentos  del  recurso  de  apelación  interpuesto  por la defensa, lo cual contraviene el artículo 13 del  estatuto  procesal  penal,  según  el cual, las decisiones que afectan derechos  fundamentales  deben  ser  motivadas, así como el numeral 4º del artículo 170  ejusdem, que impone analizar  en el fallo los alegatos de los sujetos procesales.   

          Extraña  que el Tribunal haya expuesto que el recurso de apelación  interpuesto  contra  la  sentencia  de  primer  grado no debió ser concedido en  atención  a que la defensa no efectuó algún planteamiento nuevo, sin tener en  cuenta  el  análisis  que  ofreció  al  sustentar  la  referida impugnación y  exigiendo   unos   requisitos   no  establecidos  en  la  legislación  procesal  penal.   

Sobre la trascendencia del reparo asevera el  casacionista  que  se  lesionó  el  derecho  de  defensa  y  la  presunción de  inocencia  de  su asistido, en cuanto debió ser absuelto por los delitos objeto  de acusación.   

En acápite separado, pero destacando que no  se  trata  de  un  cargo  adicional,  el  defensor  solicita  la declaratoria de  prescripción  de  la acción penal derivada de las conductas investigadas, pues  considera  que  en  virtud  del  principio  de  favorabilidad de la ley penal se  impone aplicar el artículo 531 de la Ley 906 de 2004.   

Así pues, plantea que si el artículo 287 de  la  Ley  599  de 2000 “señala una pena de tres (3) a  seis  (6)  años  de  prisión,  la  cual  se  puede aumentar en la mitad por la  circunstancia  de  haber  sido  utilizado el documento, es decir, que la máxima  pena  a  imponer  sería de 9 años de prisión. Con fundamento en lo normado en  el  Código Penal, la prescripción tendría ocurrencia 4.5 años después de la  ejecutoria  de  la  Resolución de Acusación y aplicando el artículo 531 de la  Ley  906  de  2004,  es  decir,  rebajando  a  este  término una cuarta parte y  reconociendo  que  en  ningún  caso  el  término  de  prescripción  puede ser  inferior  a  tres años”, resulta viable solicitar la  referida declaratoria de prescripción de la acción penal.   

          Precisa  que  la  excepción dispuesta sobre el particular en la Ley  906  de  2004  se  refiere  a  delitos  que  afecten  los  intereses del Estado,  situación  que no se presenta en este asunto, pues el patrimonio estatal no fue  efectivamente puesto en peligro.   

3.            Tercer  cargo  (subsidiario): Violación  indirecta    de   la   ley   sustancial   por   error   de   hecho   por   falso  raciocinio.   

          El  casacionista  indica  que  los  falladores  violaron  de  manera  indirecta  el  artículo  29  de  la Ley 599 de 2000, así como el 220 y 222 del  Decreto   100   de   1980,   al   incurrir   en   error   de   hecho  por  falso  raciocinio.   

Para  acometer la demostración del reproche  afirma  que  en  el  fallo  objeto  de  impugnación  advierte  la  presencia de  “yerros in iudicando e in procedendo en que se erige  el  desfase y el equívoco de los operadores judiciales (…) al encasillar unas  sospechas  en  la  categoría  de  indicios necesarios para condenar”.   

Adicionalmente expone que se demostró que el  procesado  fue  quien  entregó  a  la  abogada  Diana  Patricia  Guzmán  un sobre que le fue remitido por un  intermediario    de    apellido    Perea,  el  cual  contenía  los  documentos  de sus paisanos para que se  adelantaran  los  trámites  de  reconocimiento de sus pensiones de jubilación,  entre  los  cuales  se  encontraban  los  poderes  autenticados ante la Notaría  Primera  de  Buenaventura,  pese a lo cual los falladores afirman que ello no es  cierto,  en  procura  de  señalar  a su asistido como la persona que falsificó  tales   documentos,   más   aún   cuando   se   acreditó   que   RAMIREZ  OCORO  no  viajó  a  la referida  ciudad.   

          Estima  que  los  sentenciadores  incurrieron en falso raciocinio al  considerar  que el incriminado sabía que los documentos entregados a la abogada  eran  falsos  y  que  su condición de empleado de la Contraloría General de la  República  habría  posibilitado  su  falsificación,  pues  se  demostró  que  LUIS  ANTONIO  RAMIREZ no se  desempeñó  en  el  Departamento  de  Talento  Humano de dicha entidad y que la  papelería   utilizada  por  los  falsificadores  no  corresponde  a  la  de  la  Contraloría.   

          Adicionalmente  expone  que el favor solicitado por coterráneos del  acusado    a    través    de    un    individuo    de   apellido   Perea,   no   conduce   a   deducir   que  RAMIREZ    OCORO  tenía  conocimiento de la falsedad  de   los   documentos   que   recibió,   como   erradamente   lo   asumió   el  Tribunal.   

          También  asevera  que  en  el fallo se incurrió en “errores   in   indicando  e  in  procedendo”  al  concluir  que si el  procesado  no  suministró  datos  sobre  la  identificación  y  residencia del  referido  intermediario  de  apellido Perea,  era  responsable  de  los delitos investigados, pues lo cierto es  que   la   testigo  Sonia  Patricia  Roa  declaró  recordar  que  a  la  oficina  del  sindicado  llamaba una  persona  con  tal apellido, lo cual descarta que se trate de una simple coartada  y  pone  de  presente  que  se  condenó a su defendido con fundamento en simple  responsabilidad objetiva.   

          Precisando  que  no se ocupa de reprochar el hecho indicador, afirma  que  “lo cierto es que la regla de la experiencia que  nutre  el paso del hecho indicador al indicado, muestra en los fallos materia de  demanda   en   sede   de   casación   unas   muy   subjetivas  apreciaciones  y  consideraciones”   acerca  de  la  autoría  de  su  procurado  por  haber  conseguido  los servicios de una abogada para tramitar el  reconocimiento  de  las pensiones de sus paisanos, informar telefónicamente los  datos  de  la  profesional del derecho para que desde Buenaventura se remitieran  los  poderes  y  no  suministrar  información  alguna  sobre  el  intermediario  Perea,  apreciaciones  que  configuran  falsos raciocinios en cuanto no se tuvo en cuenta que su asistido no  estuvo en Buenaventura.   

          Reitera  que  si en las falsificaciones no se utilizó la papelería  de  la  Contraloría General de la República, ni las máquinas de tal entidad y  que  las  firmas  no  corresponden  a  las  utilizadas  allí,  ello  denota que  LUIS   ANTONIO  RAMIREZ  no  participó  de  manera  alguna en la comisión de los delitos por los cuales fue  acusado,   ello  permite  establecer  el  “error  in  procedendo”    en    el   cual   incurrieron   los  sentenciadores.   

          Entonces  concluye  que  los funcionarios judiciales se apartaron de  los  dictados  de  la lógica, las máximas de la experiencia y las reglas de la  ciencia, fundando el fallo en simple responsabilidad objetiva.   

4.            Cuarto  cargo  (subsidiario):  Falta  de  aplicación  del principio in dubio pro reo.   

         El  recurrente  afirma  que  el referido principio configura una de  las  bases  del  debido  proceso  y  que si en la actuación no se consiguió la  certeza  sobre  la  responsabilidad  del  incriminado,  sino  simples  vínculos  circunstanciales,   era  imprescindible  resolver  las  dudas  en  favor  de  su  procurado.   

         Insiste  en que se demostró que los documentos falsificados fueron  llevados  a la Notaría Primera de Buenaventura para su autenticación, conducta  que    no    fue   adelantada   por   LUIS   ANTONIO  RAMIREZ.  Además,  si  no se utilizó el papel o los  bienes  de  la  Contraloría  General  de la República en la confección de los  documentos  apócrifos,  ello  acredita  que  el procesado no fue quien cometió  tales  comportamientos,  pese  a ser empleado de la mencionada entidad del orden  nacional.   

         También   anota   que   el   sujeto   de   apellido   Perea,  quien  sirvió  de intermediario  para  que los coterráneos del procesado enviaran los documentos si existe, como  en  efecto  fue  reconocido  por  la  Secretaria Sonia  Patricia Roa Bernal.   

         Con  base  en  lo anotado afirma que se imponía resolver las dudas  en  favor  del acusado en aplicación del principio in  dubio pro reo.   

         Finalmente,  el  impugnante  solicita  a  la  Sala  casar  el fallo  impugnado,  para  en  su lugar absolver a LUIS ANTONIO  RAMIREZ  OCORO  por  los delitos objeto de acusación  “o   se   disponga   en   qué   estado  queda  el  proceso”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Cuestión previa.   

En atención a que el demandante solicita en  el  desarrollo  del  segundo cargo declarar la prescripción de la acción penal  derivada  de  los  delitos  por los cuales fue acusado su asistido, ab   initio  se  impone  que  la  Sala  se  pronuncie  sobre un tal planteamiento, pues en caso de prosperar tornaría inane  el estudio formal del libelo presentado, como sigue.   

          El  artículo  220  del  Decreto  100 de 1980 vigente para cuando se  cometieron  los  hechos  investigados  (septiembre de 1996), establecía para el  delito  de falsedad material de particular en documento público una pena de dos  (2)  a  ocho  (8)  años  de prisión, aumentada hasta en la mitad en razón del  uso,  esto es, en cuatro (4) años, para un total de doce (12) años. Por tanto,  de  conformidad con lo establecido en el artículo 80 del mismo ordenamiento, la  acción  penal  derivada  de  tal  comportamiento  prescribía  en la fase de la  instrucción  en  doce  (12)  años  y  de  conformidad  con  lo dispuesto en el  artículo  84  ejusdem, en la  etapa  del  juicio  prescribía en seis (6) años que corresponde a la mitad del  referido término.   

Ahora,  el  artículo  287  de la Ley 599 de  2000,  vigente  a  partir  del  24  de  julio de 2001, dispuso para el delito en  comento  una  sanción de tres (3) a seis (6) años de prisión, aumentada hasta  en  la  mitad  con  ocasión  del uso del documento público falso, es decir, en  tres (3) años, para un total de nueve (9) años de prisión.   

Por tanto, de acuerdo con lo dispuesto en el  artículo  83  del estatuto penal, la acción penal derivada del citado ilícito  prescribe  en  la  fase  de  la  instrucción  en  nueve  (9)  años y según lo  establecido  en  el  artículo  86  ejusdem,  en  la etapa del juicio en cinco (5) años, pues allí se dispone  que   “producida   la  interrupción  del  término  prescriptivo,  éste comenzará a correr de nuevo por un tiempo igual a la mitad  del  señalado  en  el artículo 83. En este evento el  término  no  podrá  ser inferior a cinco (5) años”  (subrayas fuera de texto).   

          Si  bien  el  artículo  531  de  la  Ley 906 de 2004 preceptúa que  “los  términos  de prescripción y caducidad de las  acciones  que hubiesen tenido ocurrencia antes de la entrada en vigencia de este  código    (1º    de   septiembre   de   2004,   se  aclara),  serán  reducidos en una cuarta parte que se  restará  de  los términos fijados en la ley”, es lo  cierto   que   la   misma   norma  expresamente  establece  que  “estarán  por  fuera  del  proceso  de descongestión, depuración y  liquidación  de procesos (…) las actuaciones en las  que   se  haya  emitido  resolución  de  cierre  de  investigación”  (subrayas  fuera  de  texto), como en efecto ha sido reconocido  por  esta  Sala1.   

          Si  en  el asunto objeto de estudio se observa que la resolución de  cierre  de  investigación  cobró  ejecutoria  el 27 de julio de 2000, esto es,  mucho  antes del 1º de septiembre de 2004, fecha en la cual comenzó a regir la  Ley   906   de   2004,  tal  circunstancia  configura  una  de  las  excepciones  expresamente  establecidas  por  el  legislador para que no resulte aplicable el  artículo 531 de la referida normatividad que solicita la defensa.   

Además, si tanto en el Decreto 100 de 1980,  como  en  la Ley 599 de 2000, el término prescriptivo de la acción derivada de  cualquier  comportamiento  ilícito  no puede ser inferior a cinco (5) años, se  impone  concluir que el término de prescripción de la acción penal adelantada  contra  el  procesado  LUIS ANTONIO RAMIREZ   por   el  concurso  de  delitos  de  falsedad material de   

particular en documento público agravado por  el  uso  corresponde  a  tal mínimo, es decir, que se cumple en cinco (5) años  contados  a partir de la ejecutoria de la resolución de acusación proferida en  su contra.   

          Así  las  cosas,  como  el  término de prescripción de la acción  penal  derivada  de  los  referidos  delitos  contra  la  fe pública aún no ha  transcurrido  en  este  asunto,  la decisión que corresponde adoptar no es otra  que  la  de  negar  la  solicitud  presentada  por  el  defensor  del  procesado  MARTINEZ OCORO.   

          Estudio formal del libelo de casación.   

Procede  ahora la Sala a estudiar el aspecto  formal de los cargos presentados por el casacionista, así:   

          1.        Primer  cargo  (Principal):  Nulidad  de  la actuación por falta de  competencia de los falladores.   

Como  el  censor invoca la causal tercera de  casación,  es  pertinente  señalar  que de manera reiterada ha puntualizado la  Sala  que si bien su acreditación es menos exigente que la demostración de las  otras  causales,  lo  cierto  es  que  corresponde  al  demandante  proceder con  precisión,   claridad  y  nitidez  a  identificar  la  clase  de  irregularidad  sustancial  que  determina la invalidación, plantear sus fundamentos fácticos,  indicar  los  preceptos  que  considera  conculcados  y expresar la razón de su  quebranto,  especificar el límite de la actuación a partir del cual se produjo  el  vicio,  así como la cobertura de la nulidad, demostrar que procesalmente no  existe  manera diversa de restablecer el derecho afectado y, lo más importante,  acreditar  que la anomalía denunciada tuvo injerencia perjudicial y decisiva en  la  declaración  de  justicia  contenida  en  el  fallo impugnado (principio de  trascendencia),  dado  que  este  recurso  extraordinario  no  puede fundarse en  especulaciones,   conjeturas,   afirmaciones  carentes  de  demostración  o  en  situaciones ausentes de quebranto.   

En  el  cargo  objeto de estudio advierte la  Sala  que  de manera inconsistente en la demostración de la censura el defensor  afirma  que dentro del trámite se acreditó con la declaración de Rosa  Matilde  de la Cruz de Murillo que la  falsificación   investigada   tuvo   su   inicio  en  la  Notaría  Primera  de  Buenaventura,  cuando  es  lo  cierto que, por el contrario, con la declaración  del  Notario  Segundo  de  la  referida localidad se estableció que el sello de  diligencia  de reconocimiento de firmas que aparece en los poderes apócrifos no  corresponde  al utilizado en la Notaría a su cargo, como tampoco el color de la  tinta  con  la  que  fueron  impresos  los sellos y las huellas y tanto menos su  firma.   

          El  referido  equívoco impide al recurrente acreditar con nitidez y  claridad  la  incorrección  que  denuncia,  a la vez que deja sin demostración  tanto  el  motivo  por  el  cual  considera  que se violó la competencia por el  factor  territorial  en  el  sumario  y  en  el juicio, como su injerencia en el  sentido  del  fallo  (trascendencia), amén que ni siquiera señala la cobertura  invalidatoria del vicio.   

Adicional a lo anterior, advierte la Sala que  en  manifiesto  quebranto  de  las  reglas  casacionales,  el defensor aduce que  “simultáneamente  se  violaron  los  principios del  DEBIDO  PROCESO  y  el  DERECHO  A  LA DEFENSA” de su  asistido,  sin tener en cuenta que uno y otro corresponden a ámbitos diversos y  delimitados.  El  primero,  la  vulneración  del  debido proceso, constituye un  vicio  de  estructura (falta de competencia, pretermisión de las formas propias  del  juicio,  etc.),  en  tanto  que  el  segundo,  la violación del derecho de  defensa,  engendra afectación de la garantía, motivo por el cual no es posible  invocarlos  de  manera  simultánea, en igualdad de condiciones y por las mismas  razones.   

          Ahora,  como también dentro de la misma censura el defensor señala  que  se  violó  el principio de investigación integral, baste indicar que para  formular  un tal reparo no podía ocuparse de la competencia de los instructores  y  falladores,  sino  que  debía  relacionar  las  pruebas  cuya  práctica fue  omitida,  destacando  su  fuente, conducencia, pertinencia y utilidad, así como  su   incidencia   favorable   en  los  intereses  del  procesado  frente  a  las  conclusiones  del  fallo,  proceder  que  no  emprendió y que por tanto permite  establecer que simplemente enunció el reproche.   

Las   razones   expuestas   irrumpen  como  suficientes para que el cargo sea inadmitido.   

          2.        Segundo  cargo  (Subsidiario):  Nulidad por falta de motivación del  fallo.   

De  manera  similar  al  reparo anterior, el  demandante  no  precisa  la  irregularidad  que censura. En esta oportunidad, no  señala    si    el    cargo    se   dirige   a   cuestionar   la   ausencia  de motivación del fallo, bien su motivación incompleta,  ora dialógica o ambivalente, o ya sofística o aparente.   

Además,  ningún  esfuerzo  realiza  por  acreditar  la  trascendencia  de  la irregularidad en el sentido de la sentencia  impugnada,  pues  simplemente  se  duele  de  algunas observaciones que sobre la  sustentación  del  recurso  de apelación del fallo de primer grado ofreció el  ad quem, para concluir, sin  más,  que  su  asistido  debió  ser  absuelto por los  delitos objeto de acusación.   

          Por lo expuesto, la Sala inadmitirá el cargo.   

3.            Tercer  cargo  (subsidiario): Violación  indirecta    de   la   ley   sustancial   por   error   de   hecho   por   falso  raciocinio.   

          En  el  desarrollo  de este cargo, el censor incurre una vez más en  graves  falencias  que contrarían la técnica casacional, pues afirma de manera  sincrónica   que   los   falladores   incurrieron   en   errores   in  iudicando e in  procedendo,  sin  percatarse  que una tal postulación  deviene  en inconsistente, dado que unos y otros emergen de supuestos diferentes  y    por   tanto,   su   alegación   debe   acomodarse   a   motivos   también  diversos.   

En   efecto,   los   errores  in  iudicando o yerros de juicio, deben ser  postulados  al  amparo  de  la causal primera de casación, bien sea por la vía  directa   o   por   la   indirecta,   en  tanto  que  los  errores  in  procedendo o equívocos de actividad o  de  garantía,  deben  ser  denunciados  por la causal segunda si se trata de la  incongruencia  entre  la  acusación  y  el fallo, o bajo la égida de la causal  tercera  de  casación, si el motivo lo configura una causal de invalidación de  la actuación.   

También  observa  la  Sala  que  si bien el  censor  aduce la presencia de errores de hecho por falso raciocinio e identifica  las  pruebas  sobre las cuales estima que se produjo la indebida valoración, no  procede  como  es su deber a determinar el postulado lógico, la ley científica  o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el fallo, tanto  menos  indica  su consideración correcta y, lo más importante, omite demostrar  que  con la enmienda del yerro el fallo impugnado sería sustancialmente diverso  y favorable a los intereses de su representado.   

Por  el  contrario, el casacionista simple y  llanamente  dirige  su  esfuerzo  a  cotejar  su  particular  valoración de las  pruebas   con   la   apreciación   de  los  funcionarios  judiciales,  proceder  inadmisible  en  este  recurso  extraordinario,  dada  la  dual  presunción  de  legalidad y acierto del fallo objeto de impugnación.   

          Para  finalizar  el  análisis  formal de este reproche se encuentra  que  el  demandante  no  especifica  de  qué  manera  se  produjo la violación  indirecta  de  las  normas  sustanciales  que  relaciona,  razón adicional para  inadmitir de la censura.   

          El cargo, por tanto, será inadmitido.   

4.            Cuarto  cargo  (subsidiario):  Falta  de  aplicación  del principio in dubio pro reo.   

Habida cuenta que la pretensión del actor se  orienta  a  reclamar la configuración de duda razonable, era imprescindible que  señalara  la  vía  de  su  impugnación,  esto es, si se trataba de violación  directa  o indirecta. Si postulaba la primera, le correspondía demostrar que el  fallador  reconoció  en  las  consideraciones  de  la  providencia  atacada  la  existencia   de   dudas   trascendentes   de  imposible  eliminación  sobre  la  materialidad  de  la conducta o la responsabilidad del procesado y, pese a ello,  profirió  sentencia  de  condena  con  exclusión  evidente  de la disposición  normativa  que contiene el principio, cuando le correspondía en consonancia con  su    exposición   absolver,   reglas   que   el   defensor   desatendió   por  completo.   

Pero si el vicio denunciado se fundaba en la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, debía señalar si se trató de un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia, falso juicio de identidad o  falso  raciocinio,  o  de  un error de derecho por falso juicio de convicción o  falso  juicio de legalidad, acreditar su trascendencia y señalar su corrección  e    injerencia    en    la    sentencia   impugnada,   técnica   que   tampoco  utilizó.   

          Por  el  contrario,  al  igual  que  en el desarrollo de la anterior  censura,  el  casacionista  únicamente procede a plasmar su criterio personal y  llega  a  insistir,  en manifiesta contradicción con el recaudo probatorio, que  consiguió  demostrarse  que  los  documentos  falsificados fueron llevados a la  Notaría  Primera  de  Buenaventura  para su autenticación, conducta que no fue  adelantada   por   LUIS  ANTONIO  RAMIREZ.   

Advierte  entonces  la Sala que la queja del  impugnante  referida  a que no se obtuvo la certeza necesaria para condenar a su  representado  carece  de especificación y demostración, pues no identifica los  importantes  aspectos dudosos de imposible eliminación que se imponía resolver  en   favor   de   LUIS   ANTONIO  RAMIREZ,  es  decir,  no  señala  los  asuntos  que  no fueron debidamente  dilucidados  y  probados  en la actuación y que dan lugar a la conformación de  dudas  trascendentes sobre la materialidad del ilícito o la responsabilidad del  procesado.   

          De    conformidad    con    lo    anterior    se    inadmitirá   el  reproche.   

Así  las cosas, encuentra la Sala que si el  censor  no  ajusta  su demanda a las reglas dispuestas para postular y demostrar  los  reproches  que  presenta  contra el fallo de segundo grado y, en virtud del  principio  de  limitación  que  rige  el  trámite  casacional  la  Corte no se  encuentra  facultada  para  enmendar las falencias de aquél, de conformidad con  lo  dispuesto  en  el  artículo 213 de la Ley 600 de 2000 se impone de plano la  inadmisión del libelo.   

          Para  concluir  es  necesario  señalar  que la Sala no observa  dentro  del  trámite  o en el fallo atacado violación de  derechos   o   garantías   del   procesado   RAMIREZ  OCORO,  como  para que tal circunstancia impusiera el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa  que  sobre  el  particular le confiere el  legislador     en     punto    de    asegurar    su  protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         1.                      NEGAR  la solicitud de  la  defensa  orientada  a  que  se  declare la prescripción de la acción penal  derivada  de  los  delitos  por  los  que  se condenó al procesado LUIS ANTONIO MARTINEZ OCORO.   

         2.                      INADMITIR  la demanda  de   casación   interpuesta   por  el  defensor  del  mencionado    ciudadano,    por   las   razones   expuestas   en   la   anterior  motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 187 del Código de  Procedimiento    Penal,    contra    este    proveído    no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                 HERMAN      GALÁN  CASTELLANOS   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN           JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

          Salvamento  de voto   

YESID  RAMÍREZ BASTIDAS                             MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

SALVAMENTO DE VOTO  

(Casación No. 23.148)  

He  salvado el voto porque considero que la  Corte  ha  debido  declarar  la  prescripción  de  la  acción  con  base en el  artículo  531  del  Código  de  Procedimiento  Penal  del  2004.  Sustento  mi  afirmación  en  los  siguientes  argumentos, todos ellos orientados a decir que  durante  la  etapa  del  juicio también es aplicable la norma procesal reciente  acabada de mencionar:   

1.  En  los  antecedentes  inmediatos  del  último  intento  de  reforma  constitucional  orientado a la incorporación del  “sistema  acusatorio”  a nuestra legislación, que culminó con la adopción  del  acto  legislativo  03  del 2002, texto con base en el cual fue elaborado el  nuevo  código de procedimiento penal, francamente se lee que una de las razones  -tal  vez  la  más  importante- por las cuales era menester cambiar el estatuto  procesal    era   la   demora   y   la   congestión  judicial.  Y  expresamente se dijo que ese mal estaba  detectado    tanto    en    la    instrucción    como    en   el   juicio.  He  aquí algunas de las frases  que  confirman  lo anterior, de cuyo contenido resaltaremos lo más preciso para  efectos de este escrito:   

i)  Es  necesario  modelar  el juicio   de   tal   manera   que   sea  efectivamente  oral,  público  y  contradictorio  (Acta  No.  1 de la Comisión  Preparatoria del Sistema Acusatorio).   

ii)  Uno de los temas centrales de estudio,  el     primero,    debe    ser    el    relacionado    con    la    congestión,  la  impunidad  y los tiempos promedio de duración de  los procesos penales (Acta No. 4).   

iii)   Hay   que  dotar  al  juez de los instrumentos necesarios para  evitar la dilación del proceso (Id).   

iv)  La  reforma  planteada  es  sobre  la  fiscalía       pero      también      recae      en      los      jueces  y,  por  tanto, estos igualmente  deben ser enfocados (Acta No. 5).   

v)  Se  busca  fortalecer  el  sistema  judicial,  que  ya  hizo crisis  (Acta No. 9).   

vi) La iniciativa de reforma constitucional  tiene  por misión modificar la estructura del esquema  de  procesamiento, para adoptar una de clara tendencia  acusatoria,   “en   donde   el   eje   del   proceso   sea   el   juicio  oral, y por esta vía se respeten  de  mejor  manera  los derechos de los ciudadanos durante la investigación y el  juzgamiento” (Gaceta del  Congreso  No.  134  de  2002,  presentación  del proyecto de acto legislativo y  exposición de motivos).   

vii)   “El   gobierno   nacional  está  convencido  de  la  necesidad  de  asumir  el  reto  de reformar la justicia  penal,  pues cada día es más  dramática  la situación de la rama penal  del  poder judicial, toda vez que la inoperancia del sistema  hace  que,  aún a pesar de los  múltiples     esfuerzos     de     los     funcionarios,    las    decisiones  son  demoradas, es decir, la  justicia  es  ineficaz”  (Id).   

viii)  Por  las  deficiencias que genera el  sistema         actual         –inquisitivo,  mixto-  es  imprescindible incorporar uno acusatorio.  Mientras  el centro de gravedad del sistema inquisitivo es la investigación, el  del  sistema  acusatorio  es el juicio público, oral,  contradictorio y concentrado (Id).   

ix)   Mediante   el  fortalecimiento  del  juicio  público,  “eje  central  en  todo  sistema  acusatorio”,  se  podrán  subsanar  varias de las  deficiencias que presenta el sistema actual Id).   

x)  Uno  de  los  temas  fundamentales  del  proyecto  de  reforma  constitucional es “el fortalecimiento de un  juicio público, oral, contradictorio y  concentrado” (Id).   

xi)  El  gran  número  de  procesos en los  despachos,  “que  generan altos niveles de congestión en el aparato judicial,  tiene  como  consecuencia  el atraso en las decisiones  judiciales      que      deben      ponerle  fin  a  los  procesos penales”  (Id).   

xii) Una investigación ha demostrado que la  parte  procesal  donde  se  presenta  la mayor demora “es durante la etapa del  juicio” (Id).   

xiii)  El  derecho  del  procesado  a  un  juicio   sin  dilaciones  injustificadas es una garantía (Id).   

xiv)  El  gran  número  de procesos en los  juzgados   genera  altos  niveles  de  congestión  en  el  aparato  judicial,  “lo  cual  posterga casi  indefinidamente          la         elaboración         de         sentencias que pongan fin a los procesos  penales”  (Gaceta del Congreso No. 148 de 2002, ponencia para primer debate en  la Cámara de Representantes).   

xv)  Es  necesario  modificar el sistema de  procesamiento   “debido   a   las  deficiencias  que  genera  el  sistema actual” (Id).   

xvi)   El   proyecto  propone  el  ajuste  del juzgamiento penal a los  cánones  internacionales  de  derechos  humanos (ponencia para primer debate en  segunda vuelta, Cámara de Representantes).   

En  los antecedentes inmediatos del Código  de  Procedimiento  Penal se siguió la misma línea. Por ejemplo, se dijo que el  colapso  de  la justicia era  grande,      pues      la     demora     para     tomar     una     decisión    en    los    procesos  podía  ser  de  5  y  6 años  (Gaceta  del  Congreso  No.  44  del  2004,  acta  No.  20);  que  era necesario  descongestionar    la  Sala    Penal    de    la    Corte    Suprema    de  Justicia  (G. C. No. 46 del 2004, acta No. 27); y que  el   Gobierno   reconocía  que  la  depuración  de  procesos  era  importante  para  que  el  nuevo sistema  fuera  operante  (G. C. No. 400. Objeciones del gobierno al proyecto de Código,  relacionadas con el artículo 531).   

Como se detecta con facilidad, en el querer  del  reformador  de  la  Constitución  y  del  creador  del  nuevo  Código  de  Procedimiento  Penal  existía  una  idea  clara:  es  necesario  crear un nuevo  sistema,  porque  el actual no funciona, ni en la etapa de la investigación, ni  en     la     etapa     del     juicio.   

Coinciden en su finalidad, pues, legislador  constituyente  y  legislador común. Y si no coincidieran, sin duda primaría el  querer de aquel.   

La Sala mayoritaria cita unos antecedentes,  pero  tal  como  se percibe en las actas correspondientes, es nítido que cuando  se  hablaba  de  ejecutoria  de  la resolución de acusación o del cierre de la  investigación  se  estaba  pensando  en  los límites  para   el  decreto  de  prescripción,  dentro  de  la  instrucción.  Y  el hecho de que se hayan fijado fronteras a esa declaratoria,  repítese,  dentro  de  la  investigación, no significa que se hubieran cerrado  las    puertas    para    hacerlo    en    sede   de  juicio.   

Para contrarrestar ese argumento basta leer  en  detalle  aquello  que  se dijo, así como tener en cuenta que el 31 de marzo  del  2004,  para  responder  a  inquietudes  que tenían unos congresistas sobre  posibles  impedimentos,  el Fiscal General fue claro al referirse a los procesos  de    depuración    mediante    prescripción   dentro   de   la   causa,  en  el juicio. Así se observa en  la  Gaceta  del  Congreso No. 209, del miércoles 19 de mayo del 2004, Acta 094,  correspondiente a la sesión plena ordinaria  del 31 de marzo.   

El  Código  Civil,  entonces,  mantiene la  vigencia  de su artículo 27: cuando el sentido de la ley es claro, se impone su  tenor  literal  sobre  su  espíritu.  Pero  si no lo es, porque lo acompaña la  oscuridad,   se   puede  recurrir  a  la  intención o espíritu del legislador, sin duda manifestados en  ella misma o en la historia fidedigna de su establecimiento.   

Como  la Sala da a entender que ciertamente  el  artículo  531  no  es  claro,  bien  recibida  es la norma civil acabada de  mencionar.   

En  síntesis,  la  historia  de la reforma  procesal,  incluido  el  cambio del soporte constitucional, indica a todas luces  que  como  el  sistema  procesal anterior no funcionaba, era menester cambiarlo,  particularmente   para   descongestionar   tanto   la   investigación  como  el  juicio.   

2.  El  Libro  VII  del  nuevo  Código  de  Procedimiento  Penal  ha sido bautizado como “Régimen de implementación” y  ha  sido  conformado  con  tres capítulos: disposiciones generales, régimen de  transición  y  disposiciones finales. El primero de ellos fija los “criterios  de       implementación”       –artículo  529-,  dentro  de  los  cuales  se  encuentran  tener en  cuenta   el  número  de  despachos  y  procesos  en  la fiscalía y en los  juzgados penales, así como  la    proyección    del   número   de   salas   de  audiencia requeridas.   

El segundo, en su artículo 531, explica en  cinco  incisos  el  proceso  de  descongestión,  depuración  y liquidación de  procesos.   

El     inciso     1º    generaliza     los    términos    de  prescripción     y     caducidad,     sin    hacer  distinción     alguna     entre     sumario     y  juicio.   

El  2º se ocupa de la prescripción en las  investigaciones          previas.   

El  3º  se  detiene  en  la  prescripción  durante  la  investigación,  la limita al cierre de ésta y establece excepciones.   

El    4º    vuelve    a   generalizar  para  exigir  a  fiscales y  jueces, frente al contenido  de  los  incisos anteriores, es decir, 1º, 2º y 3º, la inmediata adopción de  medidas tendientes a la depuración, descongestión y liquidación.   

Y   el   5º  afirma  que  los  términos  contemplados  en  las  reglas  anteriores  se  aplican en todos los distritos judiciales.   

El   artículo   532,  dentro  del  mismo  capítulo,  apunta  a  los  ajustes  de  planta de personal en varias entidades,  entre    ellas    la    fiscalía    y    la    Rama  Judicial.   

Si todavía rige el inciso 1º del artículo  30  del  Código Civil, de acuerdo con el cual “El contexto de la ley servirá  para  ilustrar  el  sentido  de cada una de sus partes, de manera que haya entre  todas  ellas la debida correspondencia y armonía”, no se entiende cómo pueda  ser  posible  desmembrar  la  norma  para  reducir  su alcance. En efecto, si se  dispone  tomar  medidas  sobre  despachos  y procesos en materia de juzgados;   proyectar   el  número  de  recintos  para  audiencia;  ajustar   la   planta   de   personal   de   la  Rama  Judicial  y referir los términos del artículo 531 a  los  distritos  judiciales,  no  es  concebible la hipótesis de desmontar toda esa estructura constitucional  y   legal   para   decir   tácitamente   que   las   alusiones  a  juzgados,       a      procesos,       a      salas    de   audiencia   y   a  distritos  judiciales,  es  inane,  írrita   e   inútil  porque  la  depuración  sólo  se  refiere  a investigaciones, con exclusión de juicios.   

La  Sala,  así, cercena la ley y en vez de  cumplir         con         el         Código        Civil,        descontextualiza    el    Código   de  Procedimiento Penal.   

         

3.   El  artículo  531  del  Código  de  Procedimiento  Penal  tiene por nombre “Proceso de descongestión, depuración  y  liquidación  de  procesos”.  Ese  nombre,  desde luego, no forma parte del  contenido  esencial  de  la  disposición. Pero es sumamente importante, pues el  rótulo  o  rúbrica se erige como guía, como faro,  como  punto  de  partida de  interpretación de la misma. Y si se refiere a  descongestión,      depuración      y     liquidación     de     procesos,       y      proceso  incluye  también  la  fase  de  juicio, no hay duda alguna  en     cuanto     el     artículo     también     apunta    al    juicio.  Por esta vía, es notorio que a  la  norma  o  enunciado  se  le  puede  atribuir  el  significado que sugiere su  título.           

4. Con el Diccionario de la Real Academia de  la     Lengua     en     la     mano,     se     concluye    que    descongestionar es disminuir o quitar la  congestión;   depurar  es  limpiar,  purificar,  eliminar  lo  disidente,  quitar  a  una cosa lo que le es  extraño,  dejándola  en el ser y perfección que debe tener según su calidad;  y  liquidar  es  hacer  el  ajuste   formal  de  una  cuenta,      saldar,  pagar   enteramente  una  cuenta,  poner  término a  una  cosa  o  a un estado de cosas, romper o dar por terminadas las relaciones personas.   

El  significado  de esas palabras no merece  ningún  comentario.  Ellas  mismas lo hacen cristalino. Pero hay algo aún más  evidente:  como  para que no quedaran dudas, el legislador fue al extremo: no se  trata  sólo  de  reducir,  de  sacar  una  parte  extraña  (descongestionar  y  depurar);  se  trata,  sí,  de terminar, de acabar, de suprimir, de extirpar el  mal  (liquidar).  Y  el  legislador no puede ser entendido tan ingenuo como para  creer  que  pensaba  en erradicar el mal en su totalidad pero dejar por fuera el  juicio,  menos  si  se  recuerda que en los antecedentes quedó claro que en tal  parte    del    proceso    se    hallaba   lo   más   difícil   en   tema   de  congestión.   

Este  ejercicio no es gratuito. No se trata  de  leer  por  leer  Diccionarios.  Se  trata  de  cumplir los mandatos legales,  específicamente,  en este caso, el artículo 28 del Código Civil, pues como el  Código  de  Procedimiento  Penal  no  define  descongestión,  depuración,  ni  liquidación,  estas  palabras  deben  ser  entendidas  en  su sentido natural y  obvio,  según  el  uso  general de ellas. Y el Diccionario es quien seguramente  mejor aporta  ese uso.   

5.      De     los     antecedentes de las reformas resulta que  la   congestión   judicial   se   halla   más   marcada   en  el  juicio. Eso se dijo por los creadores de  los  proyectos  y  se  reiteró en el Congreso de la República. Si se admitiera  que  la  ley  previó  la  descongestión,  la  depuración y la liquidación de  procesos   en  la  instrucción,  dada  la  congestión  de  la  fiscalía,  con  mayor  razón  habría que  admitirlas  en el juicio. Es  lo    que    denominan    argumento    a   fortiori  (ratione),  de  acuerdo  con el cual un precepto debe  ser  aplicado  aún en los casos que no aparecen contemplados por el legislador,  cuando  existen  para ello razones más poderosas que las que han determinado su  establecimiento en un caso especial.   

Si  fuera  cierta la claridad del artículo  531  para  arribar  a la conclusión de que toca solamente a la instrucción, se  impondría, entonces, el argumento mencionado.   

6.  Como  se  sabe, en el juego de reglas y  excepciones,          éstas          deben          estar          expresamente establecidas, como lo hace,  por  ejemplo,  el inciso 3º del artículo 531, al sustraer de la posibilidad de  prescripción   y  caducidad  las  investigaciones  clausuradas  y  determinados  delitos.  Sin  embargo,  la  norma no establece una regla, vgr., prescripción y  caducidad,  y  a  renglón  seguido exceptúa el juicio. Todo lo contrario: fija  una  regla,  prescripción  y caducidad, que comprende diligencias preliminares,  instrucción  y  juicio.  Fácil  le habría quedado al legislador sustraer, por  excepción, los casos ya en estado de juicio. Pero no lo hizo.   

7.  Aprobado  el  Código  de Procedimiento  Penal,  el  penúltimo  inciso  del  artículo 531 aludía a los casos previstos  “en  el  inciso  anterior”. El propio legislador corrigió el yerro mediante  el  Decreto  2770 del 2004, que en su considerando número 30 dijo: “Que en el  inciso  4º  del  artículo  531  de  la  Ley  906 de 2004 se incurrió en error  tipográfico  al  referir en singular la expresión “en el inciso anterior”,  cuando  lo  correcto  es  “en los incisos anteriores” porque al señalar una  función    a    fiscales    y    jueces,  necesariamente  remite  a  los  incisos anteriores”. Y ello es  lógico,  pues  si el inciso 4º mirara exclusivamente el anterior, la remisión  sería  solamente  a  las  hipótesis de instrucción, con lo cual quedaría por  fuera  la  fase  de juicio. Al enmendar y dejar el reenvío en plural, el inciso  4º  comprende  también  el  inciso  1º  y  éste, como se dijo,  incluye  procesos  en  instrucción  y  en  juicio,  sencillamente  porque  si el legislador no distingue, tampoco lo  puede hacer el intérprete.   

8.   Si   el   artículo   531   generara  incertidumbres,  bastaría  acudir  al  principio  in  dubio  pro  reo interpretativo, de acuerdo con el cual  ante   la  perplejidad  hermenéutica  prima  la  interpretación  a  favor  del  procesado.   

9.   Para  culminar,  si  hubiera  dudas,  vuélvase  al Código Civil, a su artículo 32: “En los casos a que no pudiera  aplicarse  las  reglas  de  interpretación  anteriores,  se  interpretarán los  pasajes  oscuros  o  contradictorios  del  modo  que  más  conforme  parezca al  espíritu  general  de  la  legislación  y  a  la  equidad  natural”.   

Uno de los comisionados más asiduos de los  estudios  modificatorios  del  sistema  procesal,  y  desde  hace  tiempos, dijo  –con  palabras que no ha  objetado  ninguno  de los creadores de la nueva legislación- que se buscaba que  la  reforma iniciara su aplicación con carga procesal  cero,   es   decir,   con  fiscales  y  jueces   que   se   estrenan   en   la  investigación  y  conocimiento  de hechos delictivos sucedidos a partir del 1º  de  enero  de 2005 (Mauricio González Cuervo. Sistema  penal  acusatorio:  una  política criminal para la lucha contra la impunidad en  un  marco  reforzado  de derechos. En “Nuevo Código  de  Procedimiento Penal. Ley 906 de 2004”. Bogotá, Corporación Excelencia en  la Justicia, Tomo IV, 2004, página 35).   

Si    ese    fue    el    espíritu  del legislador, la conclusión  es  elemental: toda la justicia, en investigación o en juicio, debe acudir a la  prescripción.  Aparte  de  lo anterior, no tendría sentido descongestionar una  parte y dejar atiborrada otra.   

Y  si  la equidad  natural  es  aquella que esencialmente se funda en la  igualdad,  no se ve motivo  para  decir  que  los  “investigados”  pueden  ser objeto de prescripción y  caducidad  y  que los “enjuiciados” no. Y menos si se tiene en cuenta que el  procesado  no  es  responsable  de hallarse en instrucción o en juicio pues que  esté  en  una  u  otra  fase  del  proceso  depende,  entre otras cosas, de las  posibilidades  de  trabajo  y  de la mayor o menor agilidad de fiscales y jueces  para  el  día  1º de septiembre del 2004. No se puede decir, entonces, que una  decisión       cronológica      –momento   de   la  vigencia  de  la  nueva  ley-  haya  establecido  diferencias  entre  unos  y  otros para beneficiar a los primeros y perjudicar a  los  otros. Mejor dicho, en casos como este no es viable afirmar que no se viola  la  igualdad  porque  esta  se predica sólo de personas en la misma situación,  mientras la ley diversifica: sindicados y juzgados.   

         

Álvaro Orlando Pérez Pinzón  

25. 7. 2005.  

    

1  Providencias  de  8  de  septiembre  de 2004. Rad. 22545. M.P. Dr. Mauro Solarte  Portilla.  29  de  septiembre  de  2004.  Rad.  22676.  M.P.  Dr.  Herman Galán  Castellanos,  27 de octubre de 2004. Rad 21090. M.P. Dr. Alfredo Gómez Quintero  y   9   de   febrero   de   2005.   Rad.  21877.  M.P.  Dra.  Marina  Pulido  de  Barón.     

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